Capítulo XX
Arnold salió de la ducha sintiéndose un hombre nuevo. En realidad, le gustaba hacer tareas manuales, se sentía útil y cuando no era por medio de chantajes, como solía pasar con los inquilinos, era una actividad interesante. Aun recordaba cuando de niño, había arreglado diferentes cosas en la Casa de Huéspedes junto a Gerald. En ese entonces no había entendido cómo es que su amigo había encontrado divertido todo eso. Ahora, años después, se sentía satisfecho.
- Buen trabajo. –la voz de Helga lo tomó por sorpresa, dado que la chica había abierto la puerta del walk in closet y estaba apoyada contra el marco de la puerta.
- No me gusta alardear, pero se bañarme. –bromeó el chico.
Su novia también se había dado una larga ducha después de dedicarle horas a un cuadro con relieve que seguramente dejaría el aroma impregnado en las sábanas de la cama por días. Arnold se hizo una nota mental: Cuando vivieran juntos iban a necesitar un estudio exclusivo para ella, un taller, de preferencia fuera de la casa, donde ella pudiese abrir todos esos frascos pestilentes sin temor a que la memoria de su aroma viviera más que el producto artístico final.
- Me refiero a los arreglos que hiciste. –la chica rodó los ojos- Gretel me lo contó todo. No lo va a admitir, pero estaba orgullosa.
- ¿Eh…? –Arnold detuvo su búsqueda de algo que ponerse.
- Hay algo muy atractivo en un hombre que sabe usar sus manos. –Helga se encogió de hombros- Claro que eso ya lo sabía yo. Pero es divertido ver la cara que pone cuando se da cuenta.
- ¿Se da cuenta?
- Que eres un hombre muy carismático y buen partido. –la chica soltó una carcajada al notar la sorpresa en los ojos de Arnold- Hey… estoy halagándote aquí, deberías decir algo bueno.
- ¿Gra-gracias? –susurró, sin estar muy seguro y retomó su atención hacia las prendas de vestir.
Al final, decidió que sería una noche algo acalorada, así que se puso unos pantalones holgados, con varios bolsillos verde oliva y una camiseta sin mangas, color negra. Más le valía a Gretel no ponerse quejosa. Esa ropa estaba en el armario ¿No? Así que era para que la usara. El verano europeo era caluroso, aun en la noche.
- ¿A quién planeas seducir hoy? –preguntó Helga, entrando a la habitación y deslizando sus dedos por los brazos ligeramente fornidos de su novio- ¿Has estado entrenando?
Como si ella no le viera los brazos todos los días…
- Estoy en el equipo de básquet ¿Recuerdas? –le sonrió, ajustándose el cinturón.
- Oh, verdad… -una suave sonrisa se formó en los labios de la chica- Mejor no salimos hoy y nos quedamos a puerta cerrada.
- ¿De la habitación? –bromeó Arnold, tomándola por la cintura sin poder evitarlo.
El movimiento fue arrebatador, la distancia entre ambos se redujo rápidamente hasta tenerla contra su cuerpo.
- Bueno, diría que no salgamos de la casa, pero la reunión es aquí. –ella rodeó con sus brazos el cuello masculino, deslizando sus dedos por entre los cabellos rubios- Así que tendríamos que permanecer en este pequeño espacio.
- Una verdadera lástima… -susurró Arnold, acercándose a los labios femeninos que tenían un curioso olor a cereza acaramelada que deseaba probar en ese momento con más deseo acorde los segundos pasaban.
- Podríamos enviar nuestras disculpas y no asistir. No nos van a extrañar.
Arnold no podía verle los ojos. No en ese momento que tenía su boca tan cerca, pero podía jurar que lo miraba, divertida. Aunque eso era lo de menos a comparación de la manera en que estaba apoyando su pecho sobre el de él, tan descaradamente.
Tan tentadoramente…
- Tal vez yo también deba dejar de leer esas novelas románticas victorianas. –era casi un murmullo innecesario, Helga lo sabía, estaban tan cerca que parecía absurdo seguir hablando.
- Bueno… -Arnold sonrió y bajó sus manos hacia las caderas femeninas, al peligroso borde de sus jeans ajustados blancos- Obviamente tienen buenas ideas, podríamos buscar a Marinette y ella entregaría nuestras disculpas.
- Una actitud muy apropiada para esas novelas. –ambos se rieron bajo, disfrutando al alargar el momento aunque era innecesario.
Pero aun así, era increíblemente grato. Arnold no podía negarlo, sentía un hormigueo por todo su cuerpo, mientras sus párpados caían, lentamente, saboreando el momento en que podría besarla. Sus dedos acariciaron la espalda baja femenina y luego cayeron con total naturalidad por la tela del jean hasta cerrar su agarre con impaciencia. Le encantaba eso, la idea de que fuese natural apretarla contra él, de la misma manera en que Helga sabía cómo ponerlo al límite, con solo presionarse contra su pecho, retándolo a mirar por el escote en forma de corazón y al mismo tiempo acercándose tanto a su rostro que le era imposible hacerlo.
Tentadora…
Simplemente tentadora.
Ella se mordió el labio inferior, expectante y no se pudo contener. No era necesario. Arnold acortó toda la distancia que los separaba, dispuesto a invadirla sin una pisca de delicadeza, porque valía la pena hacerlo.
- Oh…
Y Arnold besó… No, ligeramente lamió y casi mordió la mejilla de Helga cuando ella giró el rostro, en búsqueda de la voz.
- La puerta estaba abierta. –se excusó Jaimie, completamente roja- Y esta puerta también. –señaló a la del walk in closet, como si fuese necesario hacer una demostración- No sabía…
Helga se soltó, seguramente contando hasta diez.
Y había que darle crédito por eso.
Arnold sonrió, sonrojado. Por supuesto, la reunión. No podían escapar. Por mucho que fantasearan con hacerlo…
- Gretel me pidió que les avisara. –Jaimie enmarcó una de sus cejas, analizando todo- Aunque sospecho que esa sonrisa que me dio se debía a que sabía qué me encontraría.
- ¿No es aterrador que ella sepa cuando te portas bien y cuando te portas mal? –bromeó Helga, buscando unos botines blancos que fueran a juego con su blusa.
- ¿También sabe cuándo duermes y cuando estás despierta? –bromeó Jaimie.
- ¿Por qué de repente Papa Noel me suena increíblemente aterrador? –meditó Arnold en voz alta, poniéndose unos zapatos cafés increíblemente pesados, podría jurar que eran para escalar o algo así.
Las dos rubias soltaron una risa cómplice.
Porque Jaimie estaba usando una peluca de un rubio casi blanquecino, que le llegaba hasta el mentón, con las puntas hacia adentro, además del cerquillo sobre sus cobrizas cejas. Ese tono le quedaba, pensó Arnold, sorprendido, para ser pelirroja y de piel tan clara, por alguna razón, le iba bien ese rubio pálido, tan albino. Tal vez fuese porque hacía juego con su enorme sonrisa cuando estaba feliz. Y en ese momento lucía resplandeciente.
No le extrañaba que le gustara a Will.
- ¿Nerviosa? –preguntó Arnold, solo para hacer conversación, mientras Helga terminaba de prepararse.
- No. –admitió- Después de tantos años en festivales y reuniones. No me puedo poner nerviosa. En el último Festival de Woodstock, mis amigos tardaron en llegar unos días y Ray, mi hermano, estuvo enfermo. Así que me uní a unos chicos que acaba de conocer y nos perdimos. Después de eso, nada me pone nerviosa.
Helga dio un ligero respingón, sorprendida.
- ¿Has ido al festival más grande de congregación hippie?
Arnold se rio, discretamente y señaló al collar de Jaimie.
- Creo que ella es hippie.
- Exacto. –Jaimie sonrió, jugando con su colgante- Y también he ido al Burning Man. –su mirada brilló, entusiasta- Y estoy segura que te encantaría. –señaló a Arnold.
- ¿Y a mí por qué? –parpadeó, sorprendido.
- Porque se nota que te gustaran las aventuras. –se encogió de hombros- Una experiencia única en la vida. Hay tantas cosas pasando al mismo tiempo, tantas curiosas personas, se celebra la vida y la muerte con tanta alegría ¿Sabías que mucha gente se casa ahí? Hay muchos grupos paganos que se unen a la festividad y realizan uniones espirituales.
- Oh… Ahora que te miro bien… -Helga se acercó a Jaimie y la tomó del brazo- Gretel y tú tienen cuerpos muy parecidos.
- Discúlpala. Su prima le está pegando la mala costumbre de invadir el espacio personal de la gente. –bromeó Arnold, aunque se movió por la curiosidad- Es verdad. –admitió, mirando a su invitada discretamente.
Jaimie, de cerca, tenía un cuerpo muy atlético. Sus brazos eran tonificados y dado que se había aferrado con una mano al marco de la puerta, Arnold pudo notar sus bíceps suavemente esculpidos. Nada exagerados y muy femeninos en realidad. En ese momento ella le recordó a las super-heroínas en los posters de Gretel. También, Jaimie tenía un torso plano, como el de Gretel. Aunque no era bajita, tampoco era muy alta, pero se notaba que su cuerpo estaba marcado por el ejercicio; sus piernas eran entalladas y delgadas, ocultas en largas medias, una lila y otra celeste. Además, Arnold debía ser sincero y no solo objetivo, el short blanco entallaba el redondeado trasero de la chica. Y cualquier persona con dos dedos de frente sabría que esa era la característica que primero había visto Helga cuando comparó a Jaimie con Gretel.
La chica tenía una figura similar a la alemana, tal vez más tonificada, lo que la hacía preciosa junto a su inocente rostro, en perfecto equilibrio. Además, su encantadora y amistosa personalidad tenía muchos matices iguales a Lila. Jaimie era única, obviamente, pero tenía una mezcla entre esas dos.
¿Will se habría dado cuenta de eso cuando se interesó en la chica…?
Arnold negó en silencio y jaló a su novia, antes de que se parara a menos de un milímetro de la invitada, solo para seguirla examinando. Desde que Helga había decidido iniciarse en el mundo de las novelas, a veces era increíblemente descarada a la hora de ver a la gente que creía que podían inspirar algún personaje. Y que un rayo lo partiera, pero la mirada de Helga indicaba que ya estaba poniéndole nombre al personaje inspirado en Jaimie.
- Bien ¿Vamos? –animó Arnold, buscando apartar la atención.
Jaimie sonrió agradecida y asintió, entusiasta.
- ¿Y cómo son estas reuniones? Todos parecen emocionados, para bien o para mal.
- Ya vas a ver. –Helga rodeó con su brazo los hombros de la chica y la agitó, mientras caminaban- Nadie te tendrá consideración por ser la invitada.
- Scott también lo es y se veía notoriamente feliz. –apuntó la chica- Entretenido, como si fuese a ver una película que había estado esperando…
- Oh, bueno… -Arnold rodó los ojos- digamos que él tiene sus propios planes.
- Y es un invitado recurrente. –completó Helga, burlona, mientras bajaban los escalones- Tú hiciste un salto de fe al venir con nosotros.
- Solo quería molestar un poco a Ray y poner distancia de su novia. Ya sé que solo los conozco desde esta mañana, pero no soy suicida. –la chica se encogió de hombros- Además, se defenderme y por sobre eso, Gretel y tú tienen buenos antecedentes, Ágata habla bien de ustedes dos.
- Bueno, espero que al final de esta reunión sigas pensando cosas buenas de nosotros. Porque… -Helga observó a Arnold- digamos que uno de los requisitos de estas reuniones… -meditó la chica, abriendo la puerta trasera que daba a una piscina y junto a esta una pequeña casa estilo cabaña de donde provenía música animada- El requisito es quitarse las correas y las cadenas de persona civilizada.
- ¿Tu prima tiene una de esas…? –bromeó Arnold, cruzándose de brazos- Eso es nuevo.
- ¡Oye! –Helga se rio, sin poder evitarlo- Tú debes admitir que ella era mil veces peor cuando recién te conoció. Will y ella, a su respectiva forma, no tenían límites. Gretel quería ver como reaccionarías a lo mejor y peor de ambos.
- Oh… -el rubio parpadeó un par de veces- Espera… -se detuvo, recordando la forma ligeramente, pero si, diferente, de Will y Gretel- Mas bocazas, menos moderados, muy descarados…
- ¿Ves….?
- Solo recordar la tortura de ese entonces… -se lamentó Arnold, con cierto tono exagerado y miró a Jaimie- ¿Estas segura que no quieres volver a casa? Ahora estoy lamentando por tu seguridad.
- Y yo estoy más intrigada que nunca. –la chica enmarcó una de sus cobrizas cejas- Por lo que estoy entendiendo ¿Ellos te tendieron una trampa para que salieras con tu actual novia?
- ¡Hey! –Helga abrió los ojos y fingió dolor justo sobre su corazón, apoyando su mano ahí- Estoy aquí ¿Saben?
- Me dieron caza. –Arnold fingió no escuchar a la menor de los Pataki, era extremadamente extraño que alguien se inclinara hacia él para hacer bromas junto a él- Me pusieron trampas y todo.
- Oh, pobre, pobre criatura. –Jaimie lucía sinceramente divertida- No tuviste opción.
- Ni por un segundo. –bromeó el chico- En realidad, su prima y ella se fueron a vivir a mi casa.
- ¡Hey!
- Me atrincheraron. –continuó Arnold.
Jaimie cubrió su boca para no reír con demasiada fuerza y lanzó una divertida mirada a Helga.
- Eso en varios estados es acoso. –jugó- Y penado por la ley.
- Oh…. Ustedes dos no deberían unir fuerzas antes de este juego. No deberían molestar a quien podría ser su próxima torturadora. –juró Helga, mientras ingresaban a la cabaña.
Algunos años atrás, la casa de visitas había sido un cobertizo donde se guardaban varias herramientas de mantenimiento. Pero cuando Gretel llegó a la adolescencia y comenzó a invitar gente a su casa, el Almirante hizo algunas remodelaciones para no tener que preocuparse de que algún adolescente descuidado rompiera una antigua reliquia familiar o se disparase a si mismo con un rifle de caza. Así, la Casa de Visitas, si bien no tenía una sola habitación para dormir, si disponía de una amplia sala, un mesón, una cocina, dos baños y un armario grande.
Arnold encontró el lugar agradable, en el mesón había jarras con diferentes bebidas y algunas botanas ya habían sido movidas hacia la sala. Will y Lila estaban ordenando el lugar, mientras Scott y Gretel se entretenían con las jarras, creando en cada una algún coctel explosivo pero delicioso. La música provenía de una pequeña laptop con grandes parlantes, era algún tipo de remix y por el tipo de ritmo debía ser del género chill out. Aunque Arnold encontraba divertido que la música relajante llegase a ser tan animada con solo un par de notas electrónicas de fondo.
- ¡Hasta que llegan! –Gretel se apoyó sobre el mesón, con una amplia sonrisa- No saben cuánto los he esperado a ustedes dos. –le lanzó una mirada a Jaimie- A ti también, pero oh… a estos dos… en especial a la desgarbada… -se relamió los labios- Por fin puedo vengarme.
- ¿Qué? –la aludida se cruzó de brazos- No recuerdo que nos hayamos quedado pendientes de algo.
- ¿No? –la alemana dio un brinco sobre el borde del mesón y se sentó en este, a pocos milímetros de una jarra que por fortuna no tumbó- ¿No recuerdas la regla?
- Oh no…
- Ya la hablé con Lila y está de acuerdo…
- Oh no…
- ¿Qué regla? –Arnold se cruzó de brazos.
- Yo… -Helga sonrió de costado, ligeramente apenada y se rascó la nuca- Bueno… Gretel… nosotras… yo… ella… Tú… has visto cómo son estos juegos, sus retos y demás ¿No, cabeza de balón? Digamos… que… la primera vez que decidimos hacer este juego teniendo Gretel novia… yo puse una regla…
- La Regla. –Lila detuvo su trabajo para apoyar sus manos sobre sus caderas y mirar fijamente a Helga- No puedo creer que fueras tan mala con las antiguas novias de Gretel.
- No… fue… -la menor de los Pataki observó el techo- Solo me pareció divertido….
- Helga… ¿Qué regla? –Arnold la tomó del rostro para que lo mirara- ¿Qué hiciste?
- La Regla dice que los retos y verdades no cambian por el simple hecho de tener pareja. Ningún reto puede ser realizado con tu pareja y si uno o ambos miembros de la pareja se ponen celosos o enojados, el participante deberá repetir el reto con otra persona hasta que ya no haya celos. –se rascó la mejilla- Así que debes confiar con las personas que juegues… porque es un todo se vale.
- ¡Y por fin la desgarbada tiene novio! La Regla cae sobre ella. –Gretel sonrió ampliamente- ¿Cómo se siente saber que bien podría hacer que Arnold bese a Lila? ¿Eh? O ¿Cómo fue ese reto que me pusiste una vez? Oh si… haré que el señor lobito le ponga su bóxer de sombrero a Jaimie.
- ¡Helga! –el aludido observó a su novia, con sorpresa- ¿Tú hiciste ese tipo de retos a tu prima estando con novia?
- ¡Solo estaba jugando! –juró, observando a todos lados- Nunca pensé que… se me regresaría.
- Vas a pagarme el terapeuta al final del día. –juró Arnold, masajeando su entrecejo- No puedo creerlo…
- Realmente se divierten ¿No? –Jaimie se había acercado al mesón para probar un poco de las bebidas dispuestas ahí- ¿En qué consiste el juego?
- Oh… eso me recuerda. –la alemana se arqueó hacia atrás para tener el rostro cerca del de su invitada- El juego de hoy tiene dos vírgenes en esto. Lila y Jaimie. Así que explicaré esto de la forma más dulce posible.
- Si, porque cuando fue con Gerald, Phoebe y conmigo, nos lanzaste al abismo.
- Oh, lo amaste, señor lobito. –Gretel se bajó del mesón y observó a todos- El juego es simple. –sacó una baraja de cartas- Todos nos sentamos en círculo. La persona que tiene la baraja es el juez y el resto los participantes; siguiendo la dirección de las agujas del reloj, el juez pone una carta frente a la persona de su izquierda, esta debe adivinar si la siguiente carta será mayor o menor. Si adivina, el juez pasa a la siguiente persona pero si pierde, debe beber un vaso entero de tu jarra y escoger verdad o reto. El juez escoge qué pregunta o qué reto y sin importar qué sea, el participante debe responder o realizar el reto. Al final, la persona que respondió el resto se vuelve el juez y se continúa el juego. –señaló hacia las jarras- Cada uno tendrá su propia jarra. Todos son cocteles diferentes pero rondan más o menos la misma cantidad de alcohol. Los retos no deben romper ninguna ley de Alemania y pueden ser retos que se deban realizar dentro de unos días. Si aceptan jugar –golpeó la baraja de cartas sobre el mesón- aceptan las reglas. Y si, contando la estúpida norma que Helga inventó años atrás. La mejor forma de jugar es desinhibirse, quitarse las correas sociales. –sonrió a Jaimie- Están en buenas manos.
- Se te sale la loba interna. –bromeó Scott y extendió las jarras de diversos colores- Así que, pueden escoger su veneno.
- Las damas primero. –invitó Will- No es nada letal.
- Peligroso… -Gretel se apoyó contra Jaimie- Pero no letal.
- Hasta ahora me parece todo amigable. –acordó la chica, espiando por entre las jarras hasta tomar una de un colorido claro y fuerte aroma al limón.
- Esto es un salto de fe. –Lila tomó una jarra con contenido azul y tuvo que abrazarla al ser tan pesada- Esto es más de un litro.
- Creo que son cuatro. –Helga tomó una jarra rosada que olía a un fuerte aroma a durazno y cereza- ¿Ustedes creen que nos vamos a acabar esto?
- Yo creo que van a regar la mayoría eventualmente. –Gretel se agarró de una jarra burbujeante y de contenido oscuro, encaminándose hacia la sala, sentándose en el suelo- Ya ha pasado, piscinas de colores y alcohol. La jarra solo garantiza más posibilidades de ropa mojada y cuerpos atractivamente pegajosos. De-nada.
- Bien… -Will le hizo una señal a Arnold para que escogiera primero una jarra y él se quedó con una burbujeante y anaranjada- Ni siquiera preguntaré lo que ocurría en las antiguas reuniones que tenían aquí.
- Tal vez sea información táctica. –comentó el rubio, sentándose con cuidado en el suelo, entre Helga y Jaimie y probó un poco de su jarra, confirmando que ese tono oscuro rojizo se debía a cerveza roja con algo como granadina y ¿Whisky? Tal vez…
- Lo mejor es no pensarlo. –propuso Scott, sonriendo de lado y apoyó su mano libre sobre la de Gretel, probando de su jarra color ámbar- Las mejores cosas se hacen sin pensarlas.
- Algunas cosas son mejor pensarlas. –contradijo la alemana- El plan, la espera y la victoria, son deliciosos juntos. –comenzó a bajar el mazo- Voy a iniciar como la juez, para que vean más o menos a qué atenerse. –sacó un cuatro de diamantes y observó a Lila, junto a ella- ¿Mayor o menor?
- Mayor. –la pelirroja se movió suavemente, curiosa, hasta que cayó una J de corazones negros.
- Bien. –Gretel se inclinó hacia Lila y le dio una ligera mordida en la punta de la nariz antes de fijarse en Will y poner un As de trébol en el suelo- Oh… venga… cuenta como uno, en todo caso.
- Mayor.
- Obvio…
Cayó un tres de corazones y sin esperar, la chica puso otra carta, en esta ocasión un diez de corazones que apareció justo frente a Jaimie.
- Menor. –contestó la chica y abrió los ojos con sorpresa cuando una K de corazones negros cubrió la anterior carta.
Así que siguió las reglas y se tomó un vaso de su bebida.
- ¿Verdad o reto?
- Reto. –Jaimie movió sus cejas de forma juguetona- Quiero saber en qué me voy a meter con ustedes.
- En algo muy divertido. –prometió Gretel, mirando el techo, dejando que la música la meciera suavemente y luego le lanzó una larga mirada a la chica- Sí que eres linda.
- ¿Eh?
- Muy linda… -le lanzó una larga y descara mirada de arriba hacia abajo- Tierna y bonita… ¡Auch!
Gretel se agarró el costado, sorprendida. Arnold abrió los ojos, sin poder creerlo, mirando fijamente a una Lila completamente tranquila pero si alguien la observaba bien, tenía su codo ligeramente salido, muy cerca de la cintura de la alemana. Scott soltó una divertida carcajada, al parecer él también había notado el sutil regaño de la pelirroja.
- ¿Eso cuenta como incumplimiento de la regla? –consultó el gitano- Porque no eras tú la participante, pero sería hilarante hacerte halagar a otro de esa forma.
- No, no cuenta. –Helga lucía ligeramente perdida del chiste- No se incumplió nada.
- Bien… -la alemana simuló el dolor de su costado y observó a Jaimie- Baila para nosotros, el mejor baile que puedas darnos. Tú sabes, para conocernos mejor. –le lanzó una mirada a Will- Pero ten cuidado, aquí hay algunas personas que han visto maestrías en el baile, así que deberás esforzarte. La madre de Will es muy buena y el señor lobito es el único que ha podido seguirle el ritmo.
- ¿Puedo cambiar la música? –la chica se levantó, estirándose y se acercó a la laptop, inclinándose para buscar una canción.
- Hey, Gretel. –Scott le lanzó una larga mirada- Casualmente, solo para hacer conversación: ¿Eres una chica que prefiere senos o trasero?
- ¿Me creerías que soy más de piernas? –la alemana deslizó su mano casualmente por el muslo de Lila, metiendo ligeramente los dedos por debajo de la falda- Unas largas y tonificadas piernas pueden conmigo.
Scott señaló hacia Jaimie, que seguía dándoles la espalda y gracias a sus shorts cortos se notaban sus tonificadas piernas.
- Si, lindas, pero me gustan más así. –Gretel cerró su agarre, haciendo que Lila diera un ligero brinco contra Will, buscando apartarse.
- No hagas eso… -rogó la sonrojada chica, escondiéndose en el brazo del pelirrojo.
- ¿Y tú, princesa? –Scott intervino antes de que la pelirroja continuara- ¿Eres una chica de senos o trasero?
- Yo… -Lila observó a su alrededor, ligeramente sonrojada y mucho más cuando notó que la mayoría la observaba con expectativa- Yo… -se mordió el labio inferior y pareció tener una lucha personal, acorde sus manos estiraban su falda, buscando esconder su nerviosismo.
- Si, tú. –continuó el gitano- No es una pregunta muy difícil.
- Bueno… -Lila levantó la mirada, aferrada al valor que tenía dentro de ella- ¿Trasero…?
- Dale un respiro. –intervino Will, acariciando la mejilla de la apenada chica- Ella es nueva en todo esto. –bebió un poco de su vaso- Yo prefiero traseros, piernas también. Al final, son las partes que importan realmente para ciertas… actividades. –bromeó- ¿Y tú?
Scott lanzó una larga mirada entre los presentes, deteniéndose en cada uno, desde Helga hasta en Jaimie, indiferente a lo que ocurría a sus espaldas.
- Trasero y piernas. Gretel físicamente es mi tipo pero su personalidad me repele. –bromeó.
- Muérdeme. –la alemana rodó los ojos.
El gitano se inclinó peligrosamente hacia ella, pero en un parpadeo Lila había atraído a Gretel contra ella, ligeramente defensiva, terriblemente territorial. Scott soltó una carcajada burlona, mordiendo el aire con cierta maldad.
- ¿Y tú, lobito? –continuó la alemana, deslizando su nariz por el fino cuello de su novia, pero manteniendo sus ojos fijos en su cuñado- ¿Senos o trasero?
- Muy difícil. –el chico observó a Helga - Creo que importa más el cómo los usen que la herramienta en sí.
- Diplomática respuesta. –premió Will- Y no hay como preguntarle a Pataki…
- Perdóname por ser heterosexual y chica. –ironizó la rubia.
- Estas perdonada. –bromeó el pelirrojo.
- ¿Y tú, Jaimie? –Gretel se arqueó un poco para buscar el rostro de su invitada- ¿Eres una chica de senos o traseros?
- No me gustan las chicas. –explicó- Lo intenté, iba a citas dobles con mi hermano, pero al final nunca funcionó. Pero en los chicos me gustan sus ojos. Aunque el exterior es lo de menos cuando realmente importa… creo que es estremecedor cuando el hombre es más alto que tú o parece dominarte con su presencia.
- ¿No es gracioso? –preguntó Scott- Casi asumir que solo a Helga no le gustarían las chicas.
- Si, asumir que soy la única rara del grupo. –miró a Will- Entonces, dada la igualdad y neutralidad de este tipo de preguntas –ironizó- ¿Qué te gusta en los chicos? ¿Eh? ¿Qué te parece atractivo en un chico, zanahoria?
- Su trasero. –respondió inmediatamente, sin dudarlo y dando un ligero golpe con su puño sobre la palma de su otra mano- Si me gustaran los chicos iría atrás de los que tienen trasero lindo. –le guiñó un ojo a Arnold- Así que aun tienes oportunidad.
- ¡Oh Dios! –el rubio observó el techo, entre divertido y aterrorizado- Tengo el increíble deseo de agradecerte el halago y lanzarte algo al mismo tiempo.
- Pero ya agradeces. –Lila sonrió ligeramente- Eso es nuevo.
- Si, ya caes en las garras de Will. –bromeó Helga- Me voy a poner celosa. Él tiene algo que yo no tengo, me hace sentir incompleta. –ironizó.
- Eso es algo psicológico ¡Algo social! –jugó Gretel- Los hombres nos hacen sentir castradas. –completó, con sarcasmo- He ahí tu sentir incompleto.
La risa de Jaimie los tomó por sorpresa, la chica lucía francamente entretenida, mirándolos divertirse tan naturalmente.
- Oh, sigan… creo que es muy atractivo ver chicos tan seguros de su identidad sexual que pueden bromear tan libremente entre ellos. –se explicó- No es muy común.
- ¿No has visto esto ni en todos tus festivales hippies ni eventos locos? –preguntó la alemana, con un brillo intenso en su mirada.
- No. –la chica sonrió divertida- Así que puedes acreditarte que en tus reuniones tienes eso mejor.
- ¡Si! –Gretel dio un brinco sobre su asiento- Perfecto. Ahora, superado eso ¡Baila! –alentó, con una sonrisa ladeada.
- Oh… pensé que lo habían olvidado. –bromeó la chica dulcemente, dejando que sonara la música- Escogí algo de swing, es Tape Five, la canción se llama "Bad Boy Good Man"
Un ritmo de piano apremiante y antiguo resonó rápidamente.
Y Jaimie pareció envolverse dentro del ritmo, sus pies se deslizaron por el piso, moviendo sus caderas de un lado a otro, rápidamente, su top holgado pareció agitarse como un vestido censurable sobre sus caderas. Las piernas de la chica, cubiertas por sus vistosas medias, se movían de un lado a otro, girándola rápidamente y haciendo que su cuerpo fluyera por el ritmo, deslizándose por el piso, entre giros y movimientos ágiles que se enmarcaban por el vaivén de su estrecha cintura. La chica dio un ligero brinco, subiendo a uno de los asientos del mesón y en un parpadeo estuvo sobre la mesa, empujando y contrayendo sus caderas, deslizándose de un lado a otro sobre el fino mármol y deteniendo su cuerpo antes de caer, inclinándose en la dirección contraria y regresando a los movimientos de sus pies, rápidos, como fuego. Todo su cuerpo parecía una marea peligrosa, que agitaba el ritmo de la música en lugar de ser esta la que llevara sus paso. El top subía y bajaba sobre sus caderas femeninas, exponiendo su vientre bien definido y volviendo a ocultarlo como un telón de flores.
- ¡Ven, Arnold! –animó la chica, extendiendo sus manos hacia el chico- ¿Puedes seguir este paso? –preguntó, riéndose, sumergida en la música con la dicha en sus poros.
El aludido se sintió embriagado por la música, el ritmo que le recordaba al jazz aunque con un tono mucho más atractivo y animoso. Antes de darse cuenta saltó sobre sus pies y se acercó a la pecosa mano, jalándola del mesón hacia su dirección. Jaimie se deslizó contra su cuerpo, enganchando su pierna en la espalda del chico, como si fuese un tubo por el que deslizarse, permitiéndola girar hasta pisar el suelo.
- No se bailar esto, te advierto. –le comentó Arnold, tomándola de las manos, mirando los ágiles pies mientras seguía su ritmo, moviéndose de derecha a izquierda sin tregua- Esto es… complicado… -jadeó, intentando no golpear a la chica acorde se movían de un costado a otro.
- Un poco como el Rock & Roll, solo levantas, sacudes y haces volar a tu pareja si así quieres. –invitó Jaimie, girando rápidamente alrededor de él, levantando sus brazos al cielo, dejando a la vista su vientre y delicada cintura antes de agitar sus caderas a cada costado- Feel like dancing? Dance with me. First dance is always free. –canturreó la letra, extendiendo la mano hacia Arnold- ¿Con ánimo para una vuelta gratis?
Y el chico le tomó la palabra, agarrándola firmemente por la cintura con una mano, siguió el ritmo de la música, girando juntos hasta que sintió que volaban y la levantó por las caderas, hacia arriba para luego deslizarla por su costado. Jaimie se movió fluidamente, así que, dejó que el impulso la llevara y se apoyó contra la espalda masculina para dar un salto hacia el otro lado. Entre risas, había pasado de derecha a izquierda, usando la espalda del chico como baranda de apoyo para saltar. Arnold se enderezó rápidamente y volvió a tomarla entre sus brazos, haciéndola girar rápidamente para luego deslizarla entre sus piernas hasta el suelo y levantarla hasta que ella lo rodeó con sus piernas por las caderas y luego se bajara en un salto. Muy suavemente el ritmo pareció ir más despacio y ellos también, girando cada vez más lento hasta que Jaimie cayó en sus brazos, levantando una de sus piernas en el aire, lo más alto, como una bailarina.
Una oleada de aplausos sonó, mientras ambos se enderezaban y Arnold se rio abiertamente al notar la sorpresa que tenían todos. Realmente había sido difícil y eso que Jaimie le había guiado sutilmente, pero podía jurar que era un ritmo que implicaba movimientos mucho más difíciles.
- Eso fue increíble. –Helga abrió los ojos, sorprendida.
- Hay unos pasos que se hacen con dos hombres y una mujer. –Jaimie respiró hondo, para retomar su aliento- Algún día debo intentarlos.
- Hablando de intentar. –Will se levantó y retrocedió un poco la canción antes de acercarse a la chica- ¿Puedo…?
- Claro. –la chica se sonrojó ligeramente y tomó las manos del chico.
Al inicio ambos se movieron al ritmo, de un lado a otro, sin ir demasiado rápido hasta que Will la tomó por las caderas y la levantó en el aire. Naturalmente, Jaimie se aferró a la cintura del chico con sus piernas pero él la volvió a impulsar hacia arriba, con fuerza y antes de darse cuenta, la chica se encontró parda de manos, agarrada de los hombros de Will con sus dedos, sintiendo como él recorría con sus palmas su cuerpo, manteniéndola enderezada hasta que ella golpeó con sus pies el techo, teniendo como único apoyo sus manos sobre los hombros del pelirrojo y las manos del chico sobre su cintura. Antes de poder percatarse, ella se dejó caer en los brazos del chico, sorprendida.
- Así que si se puede… -susurró el pelirrojo, con una sonrisa ladeada- Interesante.
- Oh Dios… -Jaimie se bajó, temblando, sorprendida- Realmente eres fuerte.
- Aunque a veces… -Scott se levantó rápidamente y besó a Jaimie en la mejilla, de forma juguetona- es mejor ser ágil y diestro que fuerte y atrevido. –bromeó, solo por jugar y se acercó a la laptop, retomando a la música que habían estado escuchando antes.
- Muy impresionante. –Gretel aplaudió, complacida y le extendió las cartas a Jaimie cuando todos volvieron a sentarse.
La chica barajó el mazo un par de veces y dejó caer un siete de diamantes frente a Arnold.
- Menor.
Un ocho de corazones sustituyó a la anterior carta, sorprendiéndolos a ambos.
- Bien, mientras recupero el aliento… voy a escoger verdad. –Arnold se bebió un vaso de su coctel y observó a Jaimie.
- Bien… -la chica meditó en voz alta- ¿Tienes algún lugar en donde fantasees tener relaciones sexuales? –preguntó, con sus brillantes e inocentes ojos centelleando.
- Tú sí que eres inesperada.
- Lo tomaré como halago, Arnold. –la chica sonrió- Pero soy curiosa, así que… -se inclinó, curiosa- ¿Qué respondes?
- En el aula de química, sobre una de las mesas del laboratorio. –el rubio contestó tan naturalmente, sin meditarlo, que cuando notó como el grupo lo miraba con curiosidad, él se sonrojó- Si, lo he pensado mucho. Me distraigo mucho en esa clase y llegué a esa idea ¿Felices?
- Voy a mantener mi distancia de ti en esas clases. –bromeó Helga, aunque tenía una sonrisa algo perversa en sus labios.
- Bigby no deja estudiar al señor lobito. –ronroneó Gretel.
- ¿Bigby? –preguntó Jaimie, curiosa.
- Big Bad Wolf. –respondió Lila, algo apenada por el nombre- Gretel gusta de ponerle sobrenombres a las personas.
- Bueno, te queda. –halagó la chica, extendiendo las cartas hacia él.
- Me halagas.
Arnold descubrió un As de corazones frente a Helga y cuando ella escogió mayor, cayó una Q de tréboles. El chico contuvo un suspiro pesado y miró a Scott, dejando un nueve de corazones negros frente a él.
- Menor.
Y una J de corazones venció. Scott bebió de su coctel y sonrió de costado.
- ¿Qué quieres saber de mí? –invitó, sonriendo de lado, peligrosamente.
Arnold sintió la garganta seca, pero se mantuvo firme.
- ¿Qué es lo más vergonzoso que has vivido?
Algo debía haber malo en él. No, no malo. Una debilidad. Si, una amplia debilidad que lo hiciera más humano y menos príncipe demoniaco ¿Verdad?
- Una vez, en Ámsterdam, fui a una fiesta que se excedió de festiva. Yo invité a un grupo de amigos a una casa que mi padre tenía en la ciudad y no estaba lejos. Ahí seguimos la fiesta y después de un juego y otro… -el chico deslizó su lengua por el borde afilado de sus dientes superiores- Digamos… que la ropa y la moral desapareció.
- ¿Lo hicieron entre todos? –la voz de Jaimie, curiosa y sorprendida, expresó la latente pregunta en la mente de todos los oyentes.
- Exactamente. –Scott coincidió, quitándole importancia- Fue la primera vez que hacía algo así. Si quieres saberlo, linda, no sabes cuándo acabará, parece que manos y bocas te llevan de un placer a otro. Cuando por fin recuperas el aliento por haber tocado el Nirvana, alguien, desesperadamente, te guía para que ahora seas tú quien le abra las puertas y le haga caer, pero cuando eso ocurre no tienes tiempo de disfrutarlo porque otros labios, otras manos, otros cuerpos ya te están extasiando, rogándote. –el gitano sonrió entretenido al notar el visible sonrojo en Jaimie- Tú mismo te embriagas en la experiencia. –se encogió de hombros- En un punto, estaba sobre este lindo chico holandés y mi amiga también estaba sacando provecho de él… cuando la puerta se abrió. No solo mi padre, sino mis tíos y tías, todos miembros respetables de mi familia y del Consejo de mi gente, estaban ahí. Mirándome.
Gretel soltó una carcajada sin poder evitarlo. El resto estaba posiblemente más involucrados en imaginar la escena que en encontrarla divertida.
- Yo estaba tan sorprendido que al parecer les dije "¿Podrían volver en una hora?" y no paré lo que estaba haciendo. Mi padre, igual o más sorprendido, cerró la puerta. Claro que en ese momento todo terminó y por suerte, porque volvieron a los quince minutos. –negó- Y después de hablar entre ellos, decidieron que mi castigo lo escucharía completamente desnudo, frente a sus ojos severos, mientras me reducían a un crío irresponsable, un imberbe que no sabía controlar sus hormonas ni respetar a otros. Realmente humillante. Pero valió tanto la pena. –le lanzó una mirada a Arnold, con perezoso gusto- Algo gustosamente repetible, sin importar el castigo que podría llegar después ¿Me entiendes?
El rubio decidió que eso, por alguna razón… no lo había hecho más humano. Peor, confirmaba que posiblemente fuese un demonio.
El gitano, indiferente, comenzó su ronda de juez, Gretel venció fácilmente y cuando llegó el turno de Lila, esta perdió. El pelinegro sonrió de lado y miró a Arnold para luego clavar su oscura mirada en la chica.
- Oh… princesa, esto será divertido. –juró.
¡Saludos Manada! ¿Lo están disfrutando?
La canción es "Bad Boy Good Man" de Tape Five.
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Reglas de la Manada: Cazar no es un deporte ni un juego. Cazar requiere espera, estrategia y gran cantidad de ferocidad para llegar hasta el final. Así que es mejor ser sabio al escoger qué presa cazar y cuales dejar atrás.
¡Nos leemos!
Nocturna4
