Inglaterra decidió que era hora de hacer amigos. No era que le molestara, pero hacía algún tiempo estaba demasiado aislado de los demás países. ¿Acaso era por su comida? Sabía que la gente de ese mundo no comprendía las cosas especiales y originales.

Primero trató de ser amigo de Alemania.

Fue a su casa, con un ramo de flores, dispuesto a pasar un buen rato con su futuro nuevo amigo. Tal vez saldrían a tomar cerveza. Le gustaba la cerveza. Tal vez le pondría algo a la cerveza del alemán. Seguramente, el fornido se volvería un poco menos hosco.

Alemania abrió la puerta, con desinterés. Al ver al inglés, inmediatamente buscó a tientas una escopeta.

— ¡Espera! —Exclamó Inglaterra, antes de que el rubio tomara el arma—¡Quiero que seamos amigos!

— ¿Amigos? —repitió, sorprendido.

—Sí, amigos~—confirmó, con una gran sonrisa en la cara.

—No.

— ¡Por favor!

—Pedir las cosas "por favor" siempre ayuda, pero en este caso, no.

— ¡Vamos! Si no lo haces por las buenas, ¡tendré que obligarte!

—Oh, ¿y qué harás, pequeño? ¿Me vas a lanzar flores? —preguntó sarcásticamente, al ver como el británico rebuscaba algo entre el presente que traía consigo. Inmediatamente, sacó un bisturí— ¿¡Un bisturí entre las flores!? Eres oficialmente peor que Italia. De todas formas, no seré tu amigo.

—Te cortaré la lengua~.

— ¡Aléjate, psicópata! —gritó Alemania, intentando apartar a Inglaterra.

— ¿¡Quién hace tanto ruido desde tan temprano!? —exclamó Italia, asomándose detrás del alemán.

Cualquier persona normal vería al inglés intentando cortar al alemán con un bisturí. Italia veía a Reino Unido intentando tirarse encima de Alemania.

Y su celosa persona no lo toleraba.

—Aléjate de él—gruñó el italiano, amenazadoramente.

—No quiero~. Quiero que sea mi amigo—se quejó Inglaterra, y luego se volvió hacia el castaño— ¿Tú quieres ser mi amigo?

—No—respondió en seco Italia del Norte, tomando la escopeta que el alemán buscaba segundos antes—Ahora, apártate de ese alemán fornido antes que te vuele tus sesos se pirata.

—Le preguntaría a Francia si quiere ser mi amigo, pero…—murmuró Inglaterra para sí mismo, alejándose de la casa del alemán—Yo no quiero que Francia y yo seamos amigos. ¡Debemos ser más que amigos! Ser amigo con alguien de la triple alianza es imposible. No sería amigo de Finlandia y los bálticos porque creen que soy rarito, y yo pienso lo mismo de ellos. España…—dudó un momento—No, me volvería a meter en problemas con otro italiano celoso—se estremeció al recordar en sonido de la escopeta que Italia había disparado—Holanda y Bélgica… ya fui con ellos, y no.

Y así siguió. Hasta que encontró su única oportunidad de hacer un amigo. La única nación que sería capaz de soportarlo.

Japón.

Acomodó las flores (ésta vez sin armas blancas escondidas), y tocó la puerta. Aunque tenían muchas diferencias entre ellos, confiaba en que el japonés aceptaría ser su amigo de buena gana.

Se equivocó.

— ¡Hola! ¿Quién eres~?—saludó el inglés, observando al hombre que tenía delante de él.

—Yo debería preguntarte eso, eres tú el está parado en mi puerta con un ramo de… flores—finalizó el dueño de la casa, con cierto desprecio en su voz.

—Soy el Reino Unido de Gran…—comenzó, pero el japonés lo cortó.

—Ah, sí, ya sé quién eres. Soy Japón.

—Así que tú eres Japón. Para estar más aislado que yo, no pareces tan feo como imaginaba~.

El asiático frunció el ceño, y estaba a punto de cerrarle la puerta en la cara al británico, pero éste último lo detuvo a tiempo.

— ¡Espera! ¡Eso era un cumplido! —se defendió Inglaterra—Quiero que tú y yo seamos amigos. Te traje flores~.

—…Eso sólo hace que tenga más ganas de rechazarte.

A pesar de todo, Japón terminó haciendo pasar a Inglaterra. Después de todo, el también estaba buscando aliados (no utilizaría la palabra amigos), y tal vez una alianza con la isla europea no le vendría mal. Sobre todo desde que sus relaciones con Rusia estaban tensas. Ya se imaginaba usando al británico como escudo humano contra el ruso…

El superior de Japón los observaba.

—Maldición—murmuró el hombre—Parece que será amigo de Inglaterra. Y a nosotros nos conviene hacernos amigos de Rusia.

El superior de Japón no aprobaba esa amistad sin sentido.

Inglaterra se dejó caer en su sofá, notablemente de buen humor. La había pasado muy bien con su nuevo amigo, a pesar de que el japonés lo hubiera perseguido alrededor de la casa con una espada, a causa de que el británico había "tocado accidentalmente" las regiones vitales niponas.

¡Y para estar todavía más feliz, Francia le había dejado un mensaje de amor en el contestador de su teléfono!

"Maldito psicópata, ¿porqué no me atiendes? Seguramente estás fuera. ¿Acaso fuiste a envenenar gente inocente por ahí? Eres malo para el mundo, Hooligan. Cuando llegues a tu casa, llámame. Debemos hablar sobre asuntos políticos. Po-lí-ti-cos. No te ilusiones. Insisto, ¡nuestra charla será meramente profesional!".

Sí, como había dicho, todo un mensaje de amor. Pero claro, no todo podía ir color rosa, a pesar de que Inglaterra adorara ese color.

Uno de los soldados ingleses le entregó un mensaje terrible.

— ¡Tenemos un problema! ¡Parece que el jefe de Japón ha hecho una visita a Rusia!

— ¿¡Rusia!? ¡Pero si… si…! ¡Rusia siempre se llevó bien conmigo, pero ahora somos enemigos! ¿¡Porqué Japón me traicionaría con Rusia!?

—Señor, no es cosa de Japón, fueron sus superiores…

— ¡¿Acaso estoy destinado a estar solo?! ¡¿Acaso ese mensaje de Francia no era con intenciones románticas?!

El joven se retiró lentamente de allí, mirando al inglés preocupado, como si de un momento a otro se fuera a transformar en un loco sediento de sangre.

El aislamiento del británico no parecía acabar allí.

Continuará~.


Si dejas un review, Francia le deja más mensajes de "amor" a Iggy.