Capítulo 21: SOLEDAD. LA DECISIÓN DE JAKE.
(Voz de Alex)Otra carta de declaración de enemistad... Con esta eran ya más de 14. Uno a uno todos los aliados que había tenido me estaban declarando enemistad.
Suspiré, cada día me llegaban noticias de más gente, al parecer nadie apoyaba lo que pretendía hacer, en la escuela incluso se habían intentado negar a prepararme el veneno que necesitaba.
La mayoría de gente no era tan... extremista como había sido Edgard, pero sí que no les gustaba la idea que por ahora pensaban que era un rumor.
"¿Malas noticias?" Me preguntó Jacky entrando en mi despacho en silencio.
"Algo así." Afirmé. "Más gente que me retira su apoyo por los rumores que han oído..."
"Vaya." Me dijo. "Eso es malo."
"Jacky, necesito que me prometas algo... igual llega el momento en que no sé si voy a poder seguir protegiéndoos... tu hermano y tú sois los hombres de la familia, no sé cuál de los dos nació antes así que... en el caso de que yo desapareciese, vas a tener que encargarte de tus hermanos pequeños ¿vale?"
"Sí, vale." Me dijo. "Pero deja de hablar así, parece... parece como si te fueses a morir en dos días."
"Venga ya, aún tengo mucho trabajo que hacer antes de pensar en eso." Afirmé.
"Así que planeas morir." Me dijo.
"Algún día, espero que dentro de mucho tiempo." Afirmé.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Carlisle)
"Toc, toc..." Dijo una voz familiar desde la puerta de la casa. "¿Se puede?"
"¿Qué haces tú aquí?" Le dije yo poniéndome en actitud de alerta mientras los chicos le rodeaban y Bella y las chicas rodeaban a Charlie protegiéndole del intruso.
"Venga, venga, que no vengo a eso." Dijo el rubio sonriendo con ironía. "No tiene buen aspecto, las prefiero diferentes, no sé si me seguís."
"Largo de aquí." Le dijo Emmet. "Aquí no eres bien recibido."
"Ya, bueno... es que han llegado unos rumores bastante raros sobre mi prima, y como sé que aquí 'papi Carlisle' es amiguito de total confianza de la chica, supongo que él podrá darme más detalles."
"¿Rumores?" Dijo Alice confusa. "¿Qué rumores?"
Creo que nadie más que Edward y yo sabíamos a qué se refería; posiblemente, Bella como Esme también lo supiesen porque él se lo había contado igual que yo se lo había contado a Esme y que ella había prometido guardar en secreto.
Confiaba en la sabiduría de la chica, pero también es cierto que sé que el amor es algo muy fuerte, mucho más fuerte que la razón... igual tan fuerte como para hacerle dar el último mazado a sus principios...
"Sorien, vete." Le dije yo. "Aquí no eres bienvenido, no queremos oírte ni una gota más."
"Está bien... estaré en el hotel de la playa, por si alguien tiene interés en hablar conmigo." Afirmó.
"Otro que ha perdido la cabeza." Afirmó Jasper. "¿Por qué iba a querer nadie hablar con una rata como él?"
La verdad es que me di cuenta de que Edward sí que hubiese querido hablar con él, le vi seguirle con la mirada y entonces me miró.
"No debes hablar con él." Le advertí con la mente. "Es una serpiente, no debe manejar ningún tipo de datos que puedan darle ningún tipo de poder sobre el resto de gente."
"Lo sé, pero sabes que lo podrá adivinar solo." Me dijo él estrechando los ojos. "No entiendo cómo puedes protegerla así."
"¿De qué va todo esto?" Preguntó Rosalie. "Porque comienzo a estar hasta el moño de estos secretitos entre vosotros."
"Nada." Dije yo.
"Que sepas Carlisle que si esto va a más y sigues defendiéndola me olvidaré de que seamos familia." Me dijo Edward.
"¡Edward!" Le dijeron las chicas y sobre todo Bella con cara de miedo.
Sí, ella lo sabía también... por eso tenía esa cara de miedo, tenía miedo a lo que su marido pudiese hacer.
"Edward, no seas loco." Le dije. "No quisiera perder a un hijo."
"No lo vas a perder si dejas de intentar justificarla." Afirmó él.
Desde la noticia que nos había dado a los dos Isabella, ahora reinaba una atmósfera de malestar y ruptura entre los dos. Edward me estaba comenzando a desafiar, y yo me seguía manteniendo en un punto intermedio. No estaba de acuerdo con la decisión, pero entendía qué motivos la guiaban a ello, por tanto me situaba en un punto intermedio.
"¿Y qué vas a hacer tú si esta locura sigue adelante?" Me dijo Edward. "Ya veo..." Dijo cuando no le pude contestar.
"No hagas nada estúpido." Afirmó Alice preocupada.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Sorien)
Era tarde, tenía a unas chicas que había conseguido encontrar por la calle en mi cuarto y me disponía a echarle un mordisco a una de olor bastante apetecible cuando llamaron a la puerta, desde dentro.
Levanté la mirada para ver al chico mayor de la familia Cullen allí parado.
"Vaya, veo que tendré que dejar el tentempié para otro rato..." Murmuré.
"Lo que haces es algo barbárico." Me dijo.
"Ya, pero es alimentarme, la chica no va a morir y esto está permitido." Afirmé. "Una cosa sabia por parte de mi querida... primita lejana. Te ofrecería algo de beber, pero creo que no te agrada."
"¿Están...?" Me preguntó Edward.
"Están bajo un hechizo." Afirmé ofreciéndole asiento. "Se nos permite alimentarnos de humanos pero no matarles. Tonterías si quieres mi opinión. Claro que esto es más divertido."
"Es vomitivo." Afirmó manteniendo su posición recelosa de mí. "No pareces sorprendido de verme."
"Sabía que vendrías." Afirmé alcanzándome una copa y echándome sangre de 'plástico'. "Si los rumores son ciertos, esta vez alguien la ha cagado a base de bien."
"¿Qué has oído?" Me preguntó.
"Que alguien pretende hacer algo prohibidísimo." Afirmé. "Y por lo que veo, tú tampoco estás de acuerdo ni tienes muy claro las cosas o no habrías venido; los dos sabemos que no soy muy bienvenido entre vuestro bando."
"Tenemos cientos de razones para ello." Afirmó él.
"Bueno... yo ya te he dicho algo, ahora te toca a ti." Afirmé dando un sorbo a la sangre de 'plástico'. "¿Qué hay de verdad en todo esto?"
La verdad es que esa sangre no sabía muy bien que digamos, para un humano sería como comer guisantes de la planta o comérselos de esos congelados que llevan tiempo en el fondo del cajón del congelador. Sin embargo, a falta de sangre de joven debía contentarme con eso, y luego cuando ese niñato idiota se fuese, podría seguir con lo de alimentarme de las chicas que tenía allí; igual una combinación de dos a la vez... Genial, debía parar o me acabaría lanzando al cuello de alguna, y eso no me convenía teniendo a un vegetariano riguroso enfrente y del que pretendía sacar cierta valiosa información.
"Lo que quiero decir es... ¿verdad, mentira?..." Le dije cuando se puso a dar vueltas sin entrar en detalles.
Le costó contestar.
"No lo sé, confío en que solo sea una locura." Afirmó.
"¿Y si no lo fuese?" Le pregunté tanteando el terreno mientras me echaba otro trago de esa mezcolanza cutre que me veía forzado a tomar. "Si pretendiese morder a ese chucho sería algo realmente... no puedo imaginarme tamaño sacrilegio. Es..."
"¿Repulsivo?" Me dijo. "Lo sé."
Ja, era curioso que usase esa palabra, sobre todo viniendo de alguien cuya mujer era una conversa de hacía relativamente poco. Convertir a humanos, eso también era algo repulsivo, no podía imaginarme algo así. Los humanos servían para alimentarse de ellos, los licántropos ni siquiera para eso.
No, debía darle seguridad; un tío tan inexperto, alguien que podía leer la mente y que tenía acceso a su hermana de comuna que veía el futuro; eso sí que era una buena adquisición, si tan solo pudiese ponerlo de mi parte...
"Sí, repulsivo." Afirmé dándole la razón. "Ya era algo decepcionante que alguien de su linaje se casase con un chucho como para que ahora nos venga con esas... Es una niña malcriada."
"Estoy de acuerdo." Afirmó Edward. "Hasta ahora me había parecido alguien digno de respeto, tenía unas ideas más o menos buenas, eso está demostrado, ahora hay menos ataques..."
Para desgracia nuestra, era divertido ir a buscar un licántropo de vez en cuando y pelearme con ellos. Matarlos era ya casi un éxtasis; mataba uno y salían dos más de debajo de las piedras en poco tiempo para buscar venganza. Era divertido.
"... pero es que lo de intentar siquiera convertir a uno de ellos en uno de los nuestros... es algo repugnante." Afirmó el chico.
"Estoy de acuerdo." Afirmé feliz de que el muy idiota hubiese caído de lleno en mi engaño. "Y desde luego, cuando llegue el momento te aseguro que no voy a quedarme de brazos cruzados. No señor algo tendremos que hacer, digo yo."
"Si hace falta llegaré a una guerra para detenerla." Afirmó el muchacho.
¡Bingo! Aquello era muchísimo mejor que lo que esperaba. No solo me había dado algo de información valiosa, menos de lo que esperaba; también me acababa de dar una magnífica coartada para llevar a cabo mis planes.
"Entonces cuenta conmigo para ayudarte." Le dije sonriéndole. "A mí tampoco me hace ninguna ilusión que tenga oportunidad siquiera de intentarlo."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jacob)
Era muy temprano cuando me desperté, al principio me asusté un poco porque estaba solo en la cama, y entonces recordé que igual mi mujer estaba abajo ocupándose de esas misteriosas cartas que últimamente le llegaban a patadas.
Tenía que contestarlas todas, una por una, y eso era algo que le llevaba un tiempo.
Después de varias vueltas en la cama decidí que no tenía mucho sentido que siguiese dando vueltas en la cama intentando dormir cuando era evidente que no podía.
Me dispuse a vestirme y le preguntaría a ella si quería acompañarme a entrenar un poco antes de comenzar un nuevo día.
Abajo solo estaban nuestros hijos que no dormían tampoco. Ni rastro de ella.
"Hola niños." Los saludé. "Buenos días."
"Buenos días." Me dijeron.
"Hoy no has dormido bien." Me dijo Eddy suavemente. "Es muy temprano, normalmente te levantas más tarde."
"Me he asustado al despertarme solo." Afirmé. "Normalmente vuestra madre está ahí, descansando."
Eso les hizo sonreír mientras tomaban lo que parecía leche.
"Me alegra ver que ya no os causa malestar." Afirmé apreciando que eran unos tazones de desayuno.
"Sí, hemos acabado aceptando la lactosa también." Afirmó Jacky.
"Bueno ¿sabéis dónde está vuestra madre o qué?" Les dije.
"Se ha ido a Volterra, dijo que tenía cosas muy importantes que hacer." Afirmó Eddy.
"Pero dijo que volvería para la hora de comer." Afirmó Jacky.
"Ah, vale." Les dije.
No podía ocultar que me daba un poco de pena, ya me había hecho ilusiones de ir a entrenar con ella.
"Por cierto, hemos oído algo de que una vez le pediste a mamá que te convirtiese." Me dijo Eddy sin levantar la vista de la taza del desayuno.
Así que se habían enterado... Un momento. ¿Cómo se habían enterado?
"¿Quién os ha dicho eso?" Les dije.
"Es un rumor." Afirmó Jacky. "Además, alguna vez nos hemos alimentado de mamá, no siempre ha cerrado la mente."
Claro lo de los recuerdos que se trasmitían con la sangre a los vampiros...
"Sí, bueno... fue algo del pasado." Les dije.
"¿Ya no quieres ser inmortal?" Me dijo Jacky mirándome mientras le daba otro trago a su leche.
"Veréis, fue decírselo y tomar ella la decisión de irse así que... si hablando de ello voy a conseguir que se vaya lejos prefiero ser mortal y que se quede conmigo hasta que me muera." Les dije.
La verdad es que aún quería ser inmortal, eso significaría estar con ella una vida entera, por siempre y eternamente. Pero si se lo volvía a pedir, ella volvería a huir, y el motivo de querer no morir en parte era no envejecer y sobre todo, no separarme de ella.
"¿Pero sigues queriéndolo o no?" Me preguntó Jacky.
"Sí, pero no quiero que vuelva a huir." Afirmé. "Así que... mejor nos olvidamos de la idea y nunca hemos hablado aquí de ello."
De pronto, ambos parecieron medio sonreír. Esos dos eran realmente un poco... raritos. Sonreían por cosas que no entendía muy bien por qué eran, parecían saber secretos que no eran para mí... y eran unos enanos.
"¿Qué es tan divertido?" Les dije cogiéndome un bollo de la despensa que tenía alto para que Billie no los cogiese por su colesterol.
"Naaaadaaaaa." Dijeron sincronizados.
"Me ocultáis algo." Afirmé. "Jovencitos... ya estáis empezando a hablar."
"Es que como baje Billie y te vea cogiendo eso se va a poner celoso." Afirmó Jacky sonriendo con ironía.
No, aquí había algo más de lo que parecía.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Alex)
"Eh, venga." Le dije al prisionero. "Estoy deseando que me digas ya por qué has puesto enfermo a todo un pueblo."
De nuevo me escupió a los pies y yo cerré los ojos, iba a haberle dado yo pero Felix se adelantó y le dio un golpe que le hizo saltar una costilla haciéndole una herida en un costado por la que asomaba un trocito del hueso roto.
"Te repetiré la pregunta por qué has puesto enfermo a todo un pueblo." Le dije. "¿Qué has hecho?"
El caso me había alarmado en cuanto había recibido la noticia esa misma mañana, Royce había ido a buscarme en coche y eso me había permitido mirarme algunos detalles mientras llegábamos a la ciudad mientras aún era de noche.
Un pueblo entero enfermo de algo desconocido... muchos habían muerto ya antes de que los encontrasen, hasta que habían llegado los refuerzos que yo envié, había muerto más gente. Pocos eran los supervivientes, se podían contar con las dos manos...
"¿Qué has hecho?" Le pregunté.
"Ne razumem ničesar. (No entiendo nada.)" Afirmó en otra lengua. "Ne vem o tem. (No sé hablar eso.)"
"Quietos." Les dije a los otros. "No entiende lo que le decimos, habla esloveno."
"¿El qué?" Me preguntó el otro guardián.
"Esloveno, es es una lengua eslava meridional hablada principalmente en la República de Eslovenia, así como en zonas adyacentes de Italia, Austria y Hungría en las que viven minorías históricas de eslovenos." Les dije. "Yo sé eslovaco, confío en que siga hablándolo bien..." Carraspeé un momento antes de intentarlo. "Nachádzate sa pýtať, prečo ste urobil, že ľudia celý chorý. (Te preguntábamos que por qué has hecho enfermar a todo un pueblo.)"
"Ako sa máte? (¿Cómo lo has hecho?)" Le dije.
"Nedostal som sa tam chorý ... (Yo no los hice enfermar...)"
"Ay, OK! (¡Ay, vale!)" Dijo cuando le di un golpe que le rompí el brazo. "Les otrávená, pretože ma zabil. (Les envenené porque ellos me mataron.)"
"Ako sa máte? (¿Cómo lo has hecho?)" Le dije de nuevo.
"Ja neviem, (No lo sé,) proste všetko, čo bol otrávená, že sa dotkol ... (símplemente se envenenó todo lo que tocaba...) Chcel zabiť a ja neviem, ako všetko, čo je otrávené.( Deseaba matarles y no sé cómo se envenenó todo.)" Balbuceó el hombre.
Siguió explicándonos un poco las cosas, sin embargo, a mí me llamó más la atención su don. Estaba claro que había que matarle, no era posible controlar su don, era peligroso... Sin embargo, teníamos a más peligrosos en la escuela, igual podría hacerse algo...
No, su intención era mala desde el principio.
"Yo me encargo." Afirmé.
"Creo que deberíamos..." Me dijeron.
"Puedo." Afirmé.
"Nos quedaremos a verlo." Afirmó Royce.
Yo solo asentí; me daba igual que estuviesen presentes. Podría hacerlo con o sin espectadores del proceso.
Me incliné hacia el hombre, me saqué la capa de latex que llevaba a forma de guante trasparente sobre mi propia piel desde hacía ya años. Debía escoger el don preciso, y en este caso, sabía cual era.
Me hizo daño, pero solo lo demostré en una ligera mueca en mis labios y un poco de fruncimiento de mis cejas.
Me quemaba la mano, cuando estaba medio muerto ya, me incliné sobre él y le mordí, un solo golpe, en plena yugular, fue algo rápido, sin embargo, fue como si estuviese bebiendo fuego... Saqué hasta la más mínima gota de su sangre envenenada...
Entonces, me aparté y le dejé colgando flácido de la pared. Di dos pasos atrás mientras me frotaba la boca con la mano desnuda y entonces miré a los hombres.
"Deshaceros de él." Les dije.
"¿Estás bien?" Me preguntó Royce.
Iba a contestarle cuando me di cuenta que no solo él parecía preocupado por mí.
"Sí, traerme un poco de comida afirmé saliendo y yendo al salón donde teníamos una plaga de ratas." Allí me senté en el asiento que había y me senté a esperar.
Tan pronto como tuve unas uvas hice un gesto de mano para que me dejasen en paz. Cuando se cerró la puerta, cogí un grano de uva y lo dejé en el suelo, pronto una rata se había acercado cautelosa y lo había cogido. Olfateó alrededor en busca de más, le eché otro grano de uva y se lo comió.
Y entonces, deseé que muriese envenenada, una muerte rápida y sin dolor. Le tiré el grano de uva que tenía en mis manos. Al olor de la fruta madura habían llegado más ratas.
Recogí un puñado de uvas; esos bichos eran realmente irritantes, deseé que se quedasen todas quietas, que se durmiesen que se paralizasen... que dejasen de estar de aquí a allí, todo el día... que sangrasen y se pudriésen rápidamente...
No había mayor incordio que aquellos roedores inmundos... No, no era por los pobres animalitos, era por la gente y su intransigencia...
"Iiik!" Dijo la rata que cogió la segunda uva que había tirado a la vez que tiraba el resto de uvas que rodaron por el suelo en todas direcciones.
Aún se retorció unos segundos antes de quedarse tiesa en el suelo ante mi atenta mirada, en el mismo segundo que varias ratas caían desplomadas en el suelo...
"Vaya..." Murmuré mirando las ratas a las que había comenzado a sudar sangre y a salirles por la nariz y por todos los orificios posibles. "Así que funciona así..."
Con cuidado me volví a poner el guante que me había quitado cuando maté al tipo de antes. Para mí era peligroso andar por ahí con las manos desnudas... más aún si acababa de recibir un poder como era el caso.
"Venenos en mi mano... venenos de todo tipo a mi voluntad..." Murmuré mirándome la mano con la funda de latex de nuevo pegada a mi piel haciéndome de segunda piel, tanto era así que nadie se había dado cuenta aún. "Que peligroso..."
Ahora era cuando venía la parte de que debía entrenar de nuevo, como cada vez que absorbía cualquier habilidad que fuese peligrosa por uno u otro sentido.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Aro)
"Buenas noches, Aro." Me dijo Isabella entrando tras llamar a la puerta y mientras la enfermera se bajaba la manga tras ponerse una venda en el mordisco. "Lo siento, no sabía que interrumpía."
"Ya hemos acabado." Le dije sonriendo. "Pasa, pasa. ¿Tienes noticias nuevas?"
"Ya he acabado todo." Me dijo. "Me voy a volver a casa, hoy los gemelos vienen antes, así que me gustaría tener su comida preparada."
"Tú y tus vástagos mestizos..." Le dije haciéndola sisear. "Tranquila... no tengo nada en contra de ellos. Mis nietos... ¿qué tal están los chicos?"
"Tienes más nietos que solo Jacky y Eddy." Me contestó.
"Sí, pero Sari será la cabeza de los Valerius." Le dije.
"Son 5, no 3." Afirmó ella antes de salir por la puerta. "Por cierto, los otros dos gemelos se llaman Alexiel y Carrick, y tienen 9 años también."
Así que tenía más hijos, otros dos gemelos... me preguntaba si ellos también habrían cogido su esencia vampírica aunque fuese como mestizos como la mayor de sus hijos...
"Son unos niños preciosos." Afirmó mi enfermera sonriéndome. "Morenos como ellos, son bastante alegres y ágiles."
"Hum." Dije. "¿A quién se parecen más, a la madre o al padre?"
"No lo sé, no conozco al padre." Afirmó ella. "Pero aunque se parecen a su madre, yo creo que se parecerán más al padre."
Chuchos, tenía unos nietos chuchos... Bueno, al menos podía presumir de 3 nietos vampiros.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jacob)
"Niños... os tenemos dicho que no toquéis la cocina..." Afirmé mientras regresaba de correr un poco por los alrededores y tras recoger a nuestros hijos pequeños del colegio como los otros padres.
"Llegáis justo a tiempo." Nos dijo Isabella sonriendo. "La comida está lista."
Eso había pasado hacia un rato ya, no la había esperado tan pronto, sin embargo, allí estaba. Ahora era ya por la tarde, los niños se iban a ir con Billie al pueblo y yo llevaba horas dándole vueltas a por qué ella parecía un poco en su mundo de problemas que solucionar.
"Sé que quieres preguntarme algo." Afirmó cerrando la puerta tras los niños con mucha suavidad.
"¿Otra vez leyéndome la mente?" Le pregunté. "Eres una tramposa."
"Me estabas gritando." Afirmó ella rascándose un oído. "De todas formas... yo tengo una pregunta..."
"¿Eh?"
"¿Aún recuerdas nuestros últimos días en la isla?" Me preguntó.
"Sí." Afirmé suavemente. "¿A qué viene esto?"
"¿Recuerdas lo que querías entonces?" Me preguntó.
"Claro..." Murmuré un poco confuso del rumbo que estaba tomando aquello.
Era algo que me hizo ponerme en guardia; primero se había indignado y asustado, pero ahora... parecía querer recordar aquello ¿por qué?
"A qué viene esto." Le pregunté.
"¿Tanto deseo tenías de convertirte?" Me dijo casi susurrando con una sonrisa triste.
¿Qué debía decir?. ¿Qué era lo que ella quería que dijese?
Me daba miedo responderle sinceramente, si lo hacía podría estar poniendo en peligro esa balsa de felicidad que hora teníamos...
"Sí." Afirmé.
Sinceridad, siempre nos habíamos prometido eso.
"Sí, deseaba convertirme." Afirmé.
"Dijiste que era porque no querías envejecer." Me dijo con el mismo tono susurrante.
"Sí, lo dije." Afirmé de nuevo. "Pero también fue por miedo. Desearía una vida junto a ti, por una eternidad, pero soy mortal. Un día, pronto, yo desapareceré y tú volverás a quedar sola... no quiero causarte dolor."
Entonces sonrió y tiró lentamente para hacerme seguirla hasta un sofá donde se sentó. Me senté junto a ella y entonces ella se reclinó hasta poner su cabeza en mi hombro.
"Dime..." Acabó rompiendo el silencio. "¿Ya sabes lo que me estabas pidiendo?. ¿Sabes lo que ser vampiro conlleva?"
"Vida sin color, soledad, frío, ver el mundo cambiar sin tú cambiar, no dormir, no soñar, no poder encontrar descanso en nada que antes me lo diera..." Le dije recordando todo lo que les había oído decirme. "Convertirme en una bestia sedienta de sangre y tener que luchar contra mis instintos..."
Una a una le fui diciendo todas y cada una de las causas que entre todos me habían dicho que conllevaba ser vampiro.
"Te olvidas de estar encadenado a mi de por vida." Afirmó suavemente.
"Precisamente es lo que deseo." Afirmé suavemente para darle un beso. "Deseo estar contigo siempre... Aunque sé que no es posible..."
"¿Y si fuese posible?" Me dijo tan suavemente que hasta me costó oírla. "¿Si hubiese una posibilidad entre un millón de poder hacerlo... la tomarías también?. ¿Aún sabiendo que hay muchísimas probabilidades de que algo saliese mal y tú murieses?"
Aquello me dejó helado, sentí como si estuviese desnudo y me hubiese caído en un mar de hielo, como si estuviese dentro de un cubito de hielo enorme.
Ella estaba en silencio, cuando salí de la congelación, me fijé que me miraba por el rabillo del ojo, sin moverse un milímetro pero expectante. Esperaba mi respuesta, entonces cerró los ojos medio sonriendo.
"Sí." Afirmé. "Aunque fuese una posibilidad entre un trillón de billones; la tomaría."
Eso hizo que ella abriese los ojos de golpe, asustada.
Por un segundo me pareció que le había pillado desprevenida.
"Mi deseo es estar contigo toda la vida." Afirmé. "Y si existe la más remota posibilidad de hacerlo... entonces quiero correr ese riesgo."
Y entonces, ablandó el gesto y volvió a cerrar los ojos apoyada en mi hombros suavemente.
"Sea pues." Susurró casi ininteligiblemente pero con voz segura y decidida.
