La mente del rubio estaba hecho un lío en esos momentos, cualquiera lo notaba pero no se atrevía perturbarlo más de lo que ya se encontraba y nadie le culpaba, cualquiera hubiese estado distraído con la traición de un amigo.

Todo apuntaba a Vorona. Los uniformes, técnicas de batalla, los hombres escoltando los pueblos.

Ya no había duda en la cabeza de Shizuo pero aun no terminaba de creerlo.

No quería creerlo.

El sentimiento de angustia era familiar, semejante al que sintió en su última pelea con Izaya pero mucho menor, Vorona era una amiga e Izaya era el amor de su vida. Nada podría cambiar eso.

Sin embargo, el príncipe Orihara no se convencía del todo con la actitud de su amante. Ver a Shizuo tan preocupado por esa mujer le enojaba mucho, todo escondido tras su faceta traviesa, pero varios miembros de los Dollars podrían haber jurado ver un aura de tonos oscuros sobre el cuerpo de Izaya.

Trataba de controlarse y convencerse a sí mismo de que sólo eran Shizuo y él. No existía ni existió un tercero entre ambos. Pero la mente paranoica de Izaya pensaba en la belleza que poseía la joven rusa, sus riquezas, sus terrenos, su estatus social. Era un muy digno rival de él.

Eso no significaba que él no daría su lucha.

Tendría que sacar la bestia interior del Heiwajima.

Miró su celular, acababa de llegar un mensaje de uno de sus mejores estrategas.

Fue ahí cuando los ojos carmines brillaron con su característico tono demoníaco al generar una grandiosa idea.

Ya tenía a la persona que sacaría a la bestia interior del Heiwajima.

.-Shizaya-.

Todo el personal dentro de esa base estaba ocupado en algo. Desde el rango más alto hasta el más bajo. Nadie tenía tiempo que perder holgazaneando.

Aunque al parecer dicha regla no aplicaba para el jefe de los Dollars y sus acompañantes.

Esperaban pacientemente a que los líderes de sus divisiones decidieran aparecerse en el salón de juntas de ese subterráneo.

Shizuo pasaba el tiempo admirando la habitación; para ser un lugar abandonado y viejo no se veía tan mal. Por lo menos no habitaban tantos insectos como el salón principal. También los asientos eran cómodos y la mesa de manera se sostenía.

Su mirada pasó a los presentes. Según Izaya existían tres divisiones: la división de informantes, que se encargaban de recopilar cualquier dato solicitado; la división de estrategas, que se encargaba de planear cualquier movimiento tomando en cuenta los requisitos y lo que se necesitaba; y la división general, donde la mayoría de los novatos iban para integrarse al grupo o hacer cualquier tipo de trabajo.

Cada división tenía sus líderes, por ahora solo faltaba el líder de la división de informantes. Tsukumoya Shinichi.

Shizuo había escuchado de él incluso antes de conocer a los Dollars. Se decía que él sabía todo. Literalmente, TODO. El mejor informante y se dudaba que fuese humano. Ningún informante se comparaba con él, sería un insulto.

Pero también el rubio había escuchado que Izaya era una de las pocas personas elegidas por Shinichi para conocerlo en persona y llamarlo como un conocido. Eso no le gustaba mucho. Dos sociópatas juntos nunca acababa bien.

Finalmente la puerta de madera se abrió con un rechinido. Entrando sin tocar se dejó ver un hombre con máscara gris, más alto que Izaya pero no tan alto como Shizuo, vestido con ropas casuales. Tomó una silla libre y se sentó sin mirar a los demás.

"Hola Kanra-san ¿O quizás prefiera Orihara-sama?" Dijo el hombre.

"Quítale el "sama", Tsukumoya-san. Además, ya sé que tú sabías quien era en realidad desde el principio."

"Estas en lo correcto, Orihara-san. Conozco a cada habitante de estas ciudades…" El hombre con el rostro cubierto observó a los demás sentados en la mesa y fue el rubio quien le llamó la atención. "Me parece que es la primera vez que nos vemos en persona, su alteza. Soy el líder de la división de informantes de los Dollars, Tsukumoya Shinichi." Dijo extendiéndole una mano en señal de un saludo educado. El rubio tomo la mano, midiendo su fuerza. El ver como alguien además de él trataba con tanta normalidad a Izaya le enojaba un poco pero desechó cualquier pensamiento negativo.

"Es un placer, Tsukumoya-san. Debo admitir que conocía su nombre por su eficiencia como informante."

"Gracias por el cumplido, su alteza. Es raro que Izaya no lo mencione tanto cada vez que hablamos."

El comentario no le gustó para nada a Shizuo. Primeramente por el hecho de que al parecer Izaya y ese hombre hablaban mucho.

Y segundo, Izaya había estado hablando del gran "Tsukumoya Shinichi" toda la mañana.

Calmó su nervios apretando con gran fuerza el borde de la mesa de madera vieja, marcando sus uñas. Nadie lo notó más que el Orihara que escondía una gran sonrisa ladina en su interior al ver que su plan iba con éxito.

Por el resto de la reunión se hablaron de táctica y planes alternativos en caso de que algo tuviera consecuencia malas para el grupo o ambos países. El objetivo principal era causar el menor daño para las víctimas como para el atacante.

Por ejemplo, si se decidía atacar al pueblo de Vorona traería consecuencias con la escases de materiales únicos de las tierras del norte, probablemente se generaría una guerra sin nadie que dirigiese el pueblo ruso. Cualquier decisión debía ser tomada en cuenta dos veces antes de ordenarse.

También hablaron de los que participarían en la operación. No deseaban involucrar a terceros y causar más daños de los necesarios por lo que se decretó que nada más participarían el país Heiwajima, el país Orihara y el país de Rusia.

Estaba casi todo listo para actuarse. Uno cuantos detalles y se darían órdenes para interrogar a Vorona.

Todo iba excelente y de acuerdo a lo que se planeaba.

Excepto una pequeñita cosa…

Shizuo quería destrozar a Shinichi.

¿Por qué?

Porque su prometido había dirigido su vista y atención exclusivamente a él. Ignoraba al rubio o sólo le hablaba para lo necesario.

¡Ni siquiera al acabarse la reunión se había acercado a él para molestarlo! Al contrario, había desaparecido hablando al lado de Shinichi como si se trataran de dos comadres en medio del mercado.

Le molestaba mucho la confianza que se tenían el uno al otro, se sentía aparte.

Una persona normal estaría triste al ver como su amor era arrebatado por otra persona, o se habría enojado y buscaría una manera de lastimar al que le robó a su amado.

Pero Shizuo Heiwajima no era para nada una persona normal.

.-Shizaya-.

"¿Viste como Shizu-chan te miraba cada vez que te hablaba? ¡Era como cuando me odiaba!" Decía con emoción el Orihara.

"Es cierto, era como si me quisiese matar. ¡Pensé que saltaría hacia mí en medio de la junta!" Contestó entre risas el otro.

"Nuestro plan va bien, sólo falta que ese protozoario venga y haga la segunda fase."

"Al paso que vamos yo tendré algo lastimado y tu no podrás caminar por unos días."

"Valdrá la pena~"

Como si lo hubiesen invocado, el rubio tomó al Orihara del brazo y se lo llevó lejos. Shinichi sólo se despidió de Izaya diciéndole un leve "Suerte" y se fue a un lugar más alejado, no disfrutaba mucho escuchar gemidos de otras personas.

Shizuo jalaba con fuerza de la extremidad de su prometido, ignorando todos los insultos que salían de la boca de este y las miradas de los demás Dollars que veían a su jefe ser arrastrado por su prometido. Ellos sabían que lo mejor era no entrometerse.

Llegaron hasta la entrada. Donde se aparentaba que era una vieja cabaña abandonada a la mitad del bosque.

El Heiwajima no perdió ni un solo segundo y aventó a la cama de ahí, haciendo que esta rechinara con tan brusca acción. Izaya soltó un quejido por el dolor de su brazo y el de su espalda al caer.

No tardo mucho para que el rubio se subiera encima de él y comenzara a desvestirlo, arrancando cada prenda de su amante y poco importándole si era lujosa o no. A Izaya no le molestaba nada de lo que le estaba haciendo Shizuo, por fin le estaba dando lo que él pidió a gritos.

Su cuello fue invadido por la boca de Shizuo y en vez de dar lengüetazos dulces y suaves como lo hacía de costumbre, dejaba mordidas por toda la piel e incluso algunas de ellas dejaban escapar sangre.

El dolor le encantaba a Izaya, era un masoquista en secreto. Siempre había fantaseado con que Shizuo no le temiese a lastimarlo y utilizase su fuerza, ahora la bestia violenta en el interior de Shizuo había salido a flote.

Sin darse cuenta una mano ya estaba sobre su miembro, Izaya gimió ante el contacto. Shizuo comenzó un ritmo rápido al masturbar a su pareja mientras dejaba marcas en el cuello de este, cuidando de que fuesen totalmente visibles.

Cuando el rubio se aburrió, se movía a los brazos, a las piernas. Que todo quedase marcado para que supieran que Izaya tenía dueño, nada más que el.

"Mío." Escuchó susurrar al rubio Izaya y un temblor lo invadió por un instante al escuchar la voz ronca de su amante, había descubierto que amaba esa voz.

La mano que anteriormente lo masturbaba decidió moverse más abajo y meter dos dígitos en el interior de la entrada del pelinegro. Izaya soltó un pequeño grito de sorpresa, por lo general Shizuo le avisaba pero al ver lo orbes dorados de este supo que estaba en una especie de trance posesivo.

Tal vez se había pasado pero no se arrepentía.

Bastaron unos milisegundos para que los dedos en su interior buscaran más espacio, tijereando, haciendo movimientos circulares, entre más cosas que llevaban al borde del placer al Orihara. Movía las caderas para que el rubio llegase a tocar aquel punto que lo mandaba al paraíso.

Los gritos de Izaya subieron en un instante cuando Shizuo encontró "ese" punto. El rubio sonrió con malicia y arremetió contra ese nudo de nervios sin piedad hasta que el menor se corrió.

Sin darle tiempo de recuperarse, Shizuo puso en cuatro a su amante y se adentró en él.

Preguntándose cómo era posible, los gemidos de Izaya eran más fuertes al igual que las estocadas del rubio. Se movía con fuerza a la vez que sujetaba las caderas de Izaya, dejando dos grandes marcas, demostrando que sus manos se posaron ahí.

Izaya estaba disfrutando como nunca, le encantaba el nuevo comportamiento de su prometido. Era un poco doloroso pero el placer era más, cada movimiento dentro de él era como un fuego que quemaba pero a la vez calentaba. Le encantaba sentirse lleno por la persona que amaba.

Luchaba por mantenerse firme pues el placer se intensificaba con cada embestida de Shizuo, haciendo que sus piernas temblasen pero finalmente cedieron cuando el miembro del rubio acarició su próstata de nuevo.

"¡Mas! ¡Fuerte…shi-shizu!" trataba de pedir Izaya pero las palabras de su boca no salían con perfección sin embargo Shizuo entendía claramente el mensaje.

"¿Eh? ¿Hasta ahorita dices mi nombre? Pronúncialo bien y te daré lo que quieres. Anda pronuncia el nombre de a quien le perteneces."

Izaya quiso reír al ver que si había causado celos en el rubio pero trató de cumplir su pedido.

"T-te pertenes-co S-Shizuo…" Dijo Izaya.

Eso fue lo único que necesito el rubio para entrar completamente en su prometido.

Izaya lloraba de placer al sentir como su entrada estaba siendo abusada, era una sensación única y extremadamente placentera, sin mencionar que otra vez ese punto especial en él estaba siendo torturado.

Finalmente lanzó un grito de placer alto, su cabeza se movió hacia arriba y un hilo de saliva salió de sus labios al sentir uno de los mejores orgasmos de su vida. Shizuo le siguió el paso al sentir como Izaya apretaba sus paredes interiores y derramó su semilla dentro de él.

Tomó unos minutos el relajarse. Shizuo salió de su amante y casi vuelve a ponerse duro al ver como su semen salía de la entrada del pelinegro. Izaya estaba demasiado ocupado relajándose para notar tal hecho.

El rubio se tiró en la cama y de repente ambos hombres se asustaron al sentir como la cama cedía y caía con las patas de esta destrozadas.

Shizuo e Izaya se rieron a carcajadas al ver como había resultado su sesión de ejercicio. Habían destrozado una cama.

Cuando ambos se calmaron se acostaron en lo que quedaba del mueble, abrazados.

"Eres mío pulga."

"Lo sé protozoario. Shinichi no intentaba nada, yo le dije que actuara así~" Canturreó Izaya. Shizuo alzó una ceja en señal de confusión.

"¿Querías ponerme celoso? Si es así, lo lograste idiota."

"Es que Shizu-chan llevaba varios días pensando en… "esa"." Dijo con un puchero el pelinegro, sin ganas de decir el nombre de la rusa.

Shizuo rió, tal parecía que no era el único celoso.

"Así como tú eres mío Izaya."

Los ojos carmines del Orihara se iluminaron con lo que dijo Shizuo.

"Osea… ¡eso significa que Shizu-chan es mi esclavo!" Dijo con emoción Izaya. Shizuo sólo golpeo la cabeza de este en señal de reproche para después dormir.

Lo último que pensó Izaya fue en lo mucho que le agradecía a Shinichi aun si mañana no caminaría.

.-Shizaya-.

Una joven veía desde su caballo la cabaña que unas horas antes fue habitada con personas, probablemente al ser horas nocturnas ya no había nadie.

"Que mal, parece que me han descubierto." Vorona se fue del lado contrario, no era su momento de atacar.

.-Shizaya-.

Lo logré…

Aun es domingo en mi país pero si no es así en el suyo les traigo lemon.

Me gustó escribir un lemon brusco, de ese tipo "duro-contra-el-muro" XD

Bien, más malas noticias. El siguiente capítulo vendrá el enfrentamiento con Vorona y tardaré más pues es la única parte de este fanfic que está en constante cambio, no se me dan mucho este tipo de situaciones pero lo lamento.

Aparte de que tengo otro fanfic que actualizar, en serio lo lamento.

Espero que les haya gustado el capitulo, perdonen si me tardo mucho. Por favor dejen reviews, les permito hasta maldecirme por tardarme ;w;

EDIT: Puede que muchos no lo sepan pero "Tsukumoya Shinichi" no fue un personaje creado por mi. Él es un personaje que sólo aparece en las novelas (creo que desde el volumen 4). Este tipo es un informante disponible las 24 horas del día los 7 días de la semana, Izaya dice que o es un ser sobrenatural como Celty o que también puede ser un grupo de personas. Las personas hablan con él a través de su chat. Como sea, él lo sabe TODO, más que Izaya. No traten de buscar imágenes de él, no se sabe como es.

Sayo!~