Epílogo
Un año después
-¿De verdad, papá? -preguntó Scorpius mientras miraba a su padre, y agitaba aquella pequeña cajita de terciopelo.
Las vacaciones de verano habían ya llegado a su fin. Al día siguiente, Scorpius subiría nuevamente al Expresso de Hogwarts, y en esta ocasión, una vez en el Gran Comedor, se sentaría bajo el Sombrero Seleccionador, para ser sorteado en una casa.
Sin embargo, por el momento, Scropius se encontraba en casa, ayudando a su padre a poner la mesa para la cena que tendrían en menos de una hora. Habían invitado a los Granger a cenar, una última comida todos juntos antes de que los tres chicos regresasen al colegio, y tuviesen que esperar hasta las vacaciones de invierno para volver a ver a sus padres.
Durante aquel último año, Scorpius había continuado siendo un amigo muy cercano de Rose Granger, y también de Hugo Granger, quien era dos años menor que él, y que iniciaría Hogwarts aquel año. También había tenido oportunidad de convivir con Hermione Granger, la novia de su padre, durante las pasadas vacaciones de invierno, y aquellas recientes de verano. Sin lugar a dudas, era una dama como ninguna. Inteligente, con un carácter fuerte, pero al mismo tiempo con un sentido muy agudo de la justicia y el deber, era sin lugar a dudas, el complemento perfecto para su padre. Si a Draco Malfoy se le hubiese ocurrido preguntar a su hijo la opinión sobre la castaña, Scorpius no hubiese dudado en afirmar que era la mejor opción para su padre. Pese a seguir amando a su mamá, sabía que su padre era inmensamente feliz con Hermione Granger, y eso, a su vez, lo hacía feliz a él.
Sin embargo, el encontrar aquella cajita de terciopelo negro, lo tomaba completamente por sorpresa, pues aquello involucraba el llevar el noviazgo de su padre con la señora Granger, a un nivel mucho más alto.
Los Malfoy se encontraban de pie en el recibidor de la casa, dispuestos a salir para recoger a los Granger, y traerlos de vuelta consigo, para la cena. Sin embargo, mientras Draco Malfoy se ponía el abrigo, aquella pequeña cajita de terciopelo negro cayó desde uno de sus bolsillos, y rodó por el suelo alfombrado, sin hacer ruido, hasta detenerse a los pies de Scorpius Malfoy.
El niño, inclusive antes de tomarla, ya sabía lo que contenía.
-¿De verdad, papá? -repitió el niño, agitándola una vez más.
-Devuélvemelo -pidió Draco con voz firme, una vez que recuperó el habla.
-¿Cuánto tiempo llevas con esto encima? -y sin escuchar el reclamo de su padre, abrió la cajita.
La piedra verde brilló delante de él, así como aquel delicado grabado de plata que simbolizaba una delicada enredadera. Scorpius no pudo evitar abrir la boca, asombrado.
-¿Desde cuándo lo tienes planeado? -preguntó esta vez, aún incapaz de quitar los ojos de encima de semejante anillo-. ¿Te das cuenta de que esto ya tiene polvo? No sería mala idea que de mes en mes lo limpiases…
-¡Graciassss! -exclamó Draco, quitándole la caja a su hijo, cerrándola a toda velocidad, y guardándosela nuevamente en uno de los bolsillos del abrigo.
-¿De verdad, papá? -preguntó Scorpius por tercera ocasión, rodando los ojos-. ¿Vas a llevarlo contigo?
-Siempre lo llevo conmigo -fue la respuesta de Draco, al tiempo que le daba la espalda a su hijo, fingiendo acomodarse la corbata en el espejo del pasillo. Sin embargo, Scorpius, quien era una fiel copia de sí mismo a su edad, se detuvo detrás de él, y lo miró por encima del hombro.
-¿Cuánto tiempo lo llevas planeando?
-Lo suficiente -fue la seca respuesta de Draco.
-Hablo enserio -insistió Scorpius-. El comprarlo y llevarlo a todos lados no es planear nada. ¿Alguna vez piensas dárselo?
En un veloz movimiento, Scorpius volvió a sacar la cajita de terciopelo negro del bolsillo del abrigo de su padre, y volvió a abrirla, con lo que la piedra brilló tímidamente bajo la luz del recibidor.
-Te lo digo en serio, una limpieza no le vendría mal. Esta esmeralda ha visto tiempos mejores…
-Gracias por el dato… -Draco volvió a quitarle la cajita a su hijo, pero en esta ocasión, antes de guardársela, se tomó su tiempo para pasarle la varita, y con ayuda de un hechizo, limpiar aquella capa de polvo que se había asentado sobre el anillo, y la caja.
-¿Ya estás contento? -dijo el rubio, sarcásticamente, pero solo consiguió que Scorpius sonriese satisfecho.
-¿Entonces? -preguntó alegremente el muchacho-. ¿Cuándo lo harás?
-No estoy seguro de tener el valor de hacerlo -respondió Draco, lo que provocó que su hijo volviese a rodar los ojos.
-¿Temes que Hermione te diga que no?
-Hey -exclamó severamente-, es la señora Granger para ti.
-Tranquilo papá -dijo Scorpius, levantando las manos en señal de defensa-, ella misma me ha dado permiso. Aunque quizá lo mejor fuese el comenzar a practicar para llamarla mamá. Eso, si tienes el valor de algún día ofrecer ese anillo…
Draco no respondió. Se limitó a mirar la cajita. Sí, había comprado el anillo hacía más de un año, y día tras día, le había faltado el valor de ofrecérsela a Hermione, y pedirle que se casara con él. Pero es que ya había quedado claro que a él le faltaba aquel valor idiota de un Gryffindor…
-Lo peor que te puede pasar es que te diga que no -la voz de Scorpius lo trajo de regreso a la tierra, con lo que miró a su único hijo, quien sonreía despreocupado-. Y por cómo van las cosas, lo que tú tienes ya es un "no" permanente, así que… ¿qué es lo peor que puede pasar? Creo que lo mejor sería que se lo propusieras hoy mismo…
-¿¡Hoy!? -repitió Draco. Scorpius se encogió de hombros.
-¿Por qué no? Lo has limpiado ya. Cenaremos hoy; si quieres intimidad, Rose, Hugo y yo podemos desaparecer durante un momento… Sí, creo que hoy sería buena idea.
Sin dejar que su padre dijese nada más, Scorpius se acomodó el cuello del abrigo, y se apuró a salir de la casa. El frío viento del otoño lo recibió en el rostro, con lo que volvió a acomodarse el abrigo, al tiempo que bajaba la escalerilla.
Aún no muy convencido de que fuese buena idea, Draco también salió de la casa, cerró la puerta tras de sí, y siguió a su hijo, quien lo esperaba ya junto al auto.
El viaje se ocurrió en silencio. Scorpius sabía que no tenía necesidad de seguir insistiendo en el tema. Conocía a su padre demasiado bien, y el seguirlo presionando solo ocasionaría el efecto contrario de lo que quería que ocurriese. Era mejor plantarle una idea en la cabeza, y dejar que él mismo se consumiese, pensando el qué hacer. Además, lo que ahora le preocupaba, era el cómo convencer a Rose y Hugo de que lo mejor que les podía pasar en la vida, es que se convirtiesen en sus hermanos, además de convencerlos de que le ayudasen a crear el ambiente perfecto para que le proposición se llevase a cabo aquella misma noche.
Si, Scorpius conocía bien a su padre. Durante el trayecto de veinte minutos hasta la casa de los Granger, el hombre rubio no podía pensar en ninguna otra cosa que no fuese aquel anillo, y aquella proposición que no se había atrevido a hacer. Se la había imaginado muchas veces: presentando el anillo a Hermione a media cena en un restaurante lujoso, o invitándola de vacaciones a algún lugar exótico donde presentaría aquella deslumbrante piedra… En todas sus imaginaciones, la pedida siempre ocurría rodeada de lujo y ostentosidad, y Hermione, con una sonrisa de oreja a oreja, y sus ojos brillando ante la visión de semejante esmeralda, se dejaba caer en sus brazos y juraba amarlo por siempre, al tiempo que extendía el dedo para verse ya dueña de aquel costoso anillo… Frunció el entrecejo, disgustado consigo mismo. Aquella no era la Hermione Granger que él conocía: ella nunca reaccionaría así. Durante aquel año que habían estado saliendo, había comprobado en más de una ocasión que la castaña no caía rendida a los lujos y regalos costosos. Y entonces, quizá y solo quizá, la idea de Scorpius no fuese tan mala: confesar sus intenciones de vivir por siempre a su lado, en una sencilla comida familiar, para demostrarle a la castaña que quería que sus vidas estuviesen eternamente ligadas…
Detuvo el auto frente a la casa, y apagó el motor, al tiempo que Scropius abría su puerta, y se apeaba del vehículo. Dejó que el chico se adelantase por el caminito de piedra, pero no fue hasta que él le hizo compañía en el portón, que el muchacho pulsó el timbre.
-¡Son ellos, son ellos! -se escuchó el grito de Hugo, al otro lado de la puerta.
-¡Hugo ponte la corbata! -Scorpius tuvo que hacer su mejor esfuerzo para contener la risa, pero no pudo evitar sonreír exageradamente cuando la señora Granger, Hermione, abrió la puerta, y recibió a ambos Malfoy con una expresión apenada.
-Pasen, por favor. Hugo aún tiene que ponerse la corbata y Rose no encuentra sus zapatos…
-Descuida, Hermione, no tenemos prisa -respondió Draco, adentrándose a la casa, seguido por Scorpius.
-Puedo ayudar a Hugo… -exclamó el pequeño rubio, y antes de que Draco o Hermione dijesen nada, Scorpius se adentró en la casa, subiendo las escaleras a toda velocidad.
-¿Esperamos en la sala? -preguntó Hermione después de dar un beso en los labios a su novio, con lo que ella y Draco se dirigieron al final del pasillo.
-Aquí estás.
-Scorpius, sé un caballero y sal de mi habitación. Soy una dama, necesito privacidad.
-Rose, por favor… -exclamó Hugo, y con la corbata en mano, entró a la habitación de su hermana mayor, mientras Scorpius lo seguía, sonriente.
-¿Qué quieren los dos? -preguntó la Ravenclaw, de pie frente a su espejo de cuerpo completo, probándose unos sencillos zapatos negros.
-Necesitamos hablar sobre mi papá -Scorpius se apuró a responder, mientras sentaba a Hugo delante de él, y se disponía a arreglarle la corbata-. Piensa pedirle matrimonio a Hermione.
-¿Qué? -espetaron los dos Granger al tiempo-. ¿Lo dices en serio? -agregó Hugo, visiblemente sonriente.
Scorpius se limitó a asentir.
-He visto el anillo. La piedra es enormemente verde. Esmeralda y plata, algo muy típico de los Slytherin…
-¿Y cuándo planea hacerlo? -esta vez fue el turno de Rose de preguntar, al tiempo que ella también se sentaba en la cama.
-Eso es lo que no sé -respondió el rubio, frunciendo el entrecejo, y volviendo a concentrarse en la corbata de Hugo-. Lleva tiempo con esa cosa encima, pero parece ser que no se atreve a hacer la pregunta… Listo -dijo al tiempo que alisaba la corbata.
-Gracias -respondió Hugo, y sin esperar ni un segundo, se apuró a aflojarse el nudo. Scorpius no pudo evitar fruncir el entrecejo nuevamente-. ¿Qué? -se defendió el pequeño pelirrojo-. Me aprieta.
-Eso no es lo importante ahora -intervino Rose, golpeando el colchón para llamar la atención de los chicos-. ¿Qué vamos a hacer nosotros?
-¿A qué te refieres con qué vamos a hacer? -se apuró a preguntar el rubio-. Es decir, ¿no están de acuerdo en que mi papá quiera casarse con…?
-¿De qué hablas? -intervino Hugo-. ¡Claro que queremos! -y se giró para mirar a su hermana-. ¡Imagínalo, Rose!
La niña se limitó a asentir.
-El señor Malfoy es lo mejor que le ha pasado a mamá, en mucho tiempo -dijo la chica-. Si ella es feliz, lo seremos también nosotros.
-Entonces, ¿cuál es el plan? -insistió Scorpius.
-No deberíamos de ir a la cena -se apuró a responder Hugo, y estaba por deshacerse el nudo de la corbata, si no fuese porque Scropius lo detuvo-. Sería perfecto que cenaran solos y a la luz de las velas, tu papá sacase el anillo… -fingió que presentaba la cajita a Scorpius, quien se limitó a reír por lo bajo-, y mi mamá dijese que sí. Regresaría a la casa contándonos la noticia, loca de felicidad.
-Suena como una buena idea, pero…. Y por favor, Scorpius no te ofendas -dijo Rose a toda velocidad-, creo que tu padre necesitará que estemos cerca, en caso de que necesite nuestra ayuda.
-Sí, Rose tiene razón -accedió Hugo al final-. Eso, y creo que ella quiere estar presente para verlo con sus propios ojos.
-¡Hugo!
-¿Están listos, niños?
Los tres ahogaron un grito al ver a Hermione de pie en el umbral de la puerta.
-Listos, Hermione -dijo un sonriente Scorpius, al tiempo que salía de la habitación a toda velocidad, y del mismo modo, bajaba las escaleras, para dirigirse con su padre.
-Sí, listos -repitió Hugo, intentando aflojarse una vez más el nudo de la corbata.
Rose siguió a su hermano menor, sin decir nada, y con Hermione pisándole los talones, los tres Granger bajaron al recibidor, donde los Malfoy los esperaban ya.
No se entretuvieron mucho. Después de que los tres Granger tomasen sus abrigos, todo el grupo salió al frío exterior y los cinco subieron al vehículo, con lo que se dirigieron de vuelta a la residencia Malfoy.
-Scorpius y yo hemos contado con un poco de ayuda esta tarde -explicó Draco, una vez hubieron dejado sus abrigos en el recibidor, y entraron a la amplia cocina.
Allí, dos pequeños elfos domésticos se entretenían en mezclar los contenidos de diversas sartenes y ollas que se cocinaban a fuego bajo en la estufa, así como en cortar un poco de pan y queso, para ofrecerlos como aperitivos.
-¿Deberíamos ayudar? -preguntó Hermione, ligeramente alarmada. Draco sonrió al tiempo que rodaba los ojos, y llamando a los elfos por sus nombres, les indicó que podían retirarse.
No quedaba mucho por hacer. Los elfos domésticos habían hecho un trabajo excelente, por lo que solo restaba poner la mesa y llevar los platos a la misma. Los niños se encargaron de acomodar los cubiertos para los cinco lugares que se ocuparían esa noche, al tiempo que Hermione (con ayuda de su varita) llevaba los guisados después de traspasarlos de las sartenes a unas hermosas fuentes y soperas, y Draco se entretenía escogiendo un buen vino de elfo para los adultos, así como cervezas de mantequilla para los niños.
-Ay… -dijo Hugo por lo bajo, al tiempo que miraba a Rose. La niña, fingiendo que no había hecho nada, se apuró a igualmente dar una patada a Scorpius, por debajo de la mesa.
El rubio, al igual que el pelirrojo, emitió un débil quejido, pero comprendió inmediatamente el motivo de aquella acción, y mirando a Hugo, con un leve movimiento de cabeza, se apuró a mirar a su padre.
-¿Podemos retirarnos ya?
-¿Ya? -repitió Draco, mirando a su hijo, visiblemente sorprendido-. Pero no hemos comido el postre…
-No tenemos tanta hambre -intervino Hugo, dejando su servilleta en la mesa-. ¿Podemos mamá?
-¿Y a dónde piensan ir?
-Estaremos en mi habitación -respondió Scorpius-. Papá me ha comprado unos libros y quería que Rose los viese…
La niña se apuró a asentir a toda velocidad, con lo que, sin sospechar las intenciones de los niños, Hermione no tuvo reparo alguno en permitirles marcharse. Y así, quedando ella y Draco completamente solos en el comedor, la castaña igualmente se puso de pie, dispuesta a limpiar la mesa.
-Puedes dejar eso allí… -dijo Draco, emitiendo un puchero-. Llamaré a los elfos y…
-Ni hablar -respondió la leona, agitando la varita para alzar las copas y dirigirlas a la cocina-. Somos perfectamente capaces de hacer esto solos.
Entre los dos, se las ingeniaron para llevar todo a la cocina, y coordinarse para (con unos sencillos movimientos de sus varitas) lavar, enjuagar, secar y guardar todos los cubiertos, en sus respectivos lugares. Una vez que la mesa del comedor estuvo perfectamente limpia (tanto que parecía que nadie había comido allí con anterioridad), Draco se dirigió al refrigerador, y de allí, extrajo una nueva botella de vino blanco.
-¿Lo bebemos en la sala? -preguntó el ex Slytherin, al tiempo que le ofrecía la botella a la castaña.
Hermione asintió, y tras tomar igualmente un par de copas, salió de la cocina, con dirección a la estancia, mientras Draco se entretenía buscando en el refrigerador algo para picar.
Se decidió por un bowl con ensalada de frutas, y lo cubrió con un poco de crema batida. Tomando un par de tenedores, igualmente el rubio salió de la cocina, dispuesto a alcanzar a su novia. Sin embargo, al salir al pasillo, no pudo evitar mirar al fondo de éste, donde los abrigos que se habían quitado para entrar a la casa, descansaban en un perchero. Frunció el entrecejo al recordar que, en uno de los bolsillos de su abrigo, esperaba aquella cajita de terciopelo negro.
Recordó las palabras de Scorpius. De nada serviría que siguiese retrasando lo inevitable. ¿Qué podía ser lo peor que pudiese pasar si le pedía a Hermione que lo hiciese el hombre más feliz del mundo? ¿Qué dijese que no? Una negativa no significaba que su relación terminase, sino que simplemente no estaba lista para volverse más formal.
Sorprendido de encontrarse a sí mismo al final del pasillo, se guardó aquella cajita en el bolsillo del pantalón, y escuchando la lejana voz de su novia que lo llamaba, regresó sobre sus pasos y finalmente entró a la sala.
-Disculpa la demora -dijo al tiempo que dejaba el bowl con fruta en la mesilla baja, y se sentaba frente a la castaña, en el alargado sillón de tela blanca-. Había unos cuantos cupcakes, pero pensé que lo mejor sería dejarlos para los niños…
El comentario quedó en el aire, al tiempo que tomaba aquella copa de vino blanco que Hermione le extendía. Al tiempo que la iluminación en la sala se atenuaba mágicamente, el rubio dedicó una sonrisa a la castaña, y presentó su copa, proponiendo un brindis. El suave tintineo del cristal produjo un eco al no escucharse nada más, una vez hubieron bebido, y vuelto a poner las copas en la mesa.
-Esta es una noche especial, ¿no lo crees? -preguntó Hermione, mientras se inclinaba sobre la mesa, y tomaba un par de uvas-. Es el año de la selección de Scorpius. Ha de estar muy nervioso. Y no solo Rose y Scorpius regresan a Hogwarts, también es el primer año de Hugo… Finalmente sabré lo que es tener la casa para mí sola, vacía…
-No necesitas quedarte en tu casa tú sola -se apuró a responder Draco, mientras miraba como la castaña comía sus uvas, de manera pensativa-. Qué dirías sí… ¿te mudaras aquí, conmigo?
-¿Qué?
-Es decir… -se apuró a corregirse el rubio-. Yo estaré solo, ya estoy acostumbrado… Pero para ti será la primera vez que tus dos hijos tengan que marcharse para irse a Hogwarts. ¿Por qué quedarte sola, si sabes que aquí eres bien recibida? A decir verdad, lo había estado pensando desde hacía un tiempo, pero no había encontrado el momento correcto para proponértelo.
-¿Lo dices en serio? -preguntó la castaña, sorprendida-. Es decir, ¿quieres que viva contigo mientras los niños no están, o…?
-Quiero que vivas conmigo para siempre -interrumpió Draco, y antes de que perdiese aquella oportunidad de oro que acababa de presentársele, se levantó del sillón, metió la mano en el bolsillo de su pantalón, se hincó frente a la castaña, y presentó aquella cajita de terciopelo negra, abriéndola lentamente-. Hermione, quiero que vivas conmigo para siempre -repitió al tiempo que clavaba sus ojos azules en los castaños de ella, casi sin parpadear-. Quiero que seas mía para siempre. Quiero... Hermione Granger, quiero pedirte que seas mi esposa. ¿Te casarías conmigo?
La castaña no pudo evitar ahogar un grito, tapándose la boca con ambas manos. Miró a Draco, el anillo, y a Draco nuevamente, al tiempo que hacía un esfuerzo sobrehumano para no llorar. Pero no pudo evitarlo. Sus ojos lentamente comenzaron a llenarse de lágrimas, y un par resbalaron por sus mejillas, mientras ella seguía ocultando su rostro tras sus manos.
¡Cuánto tiempo había esperado por escuchar aquellas palabras! Le importaba en lo más mínimo el anillo, la curiosa selección de colores (tan Slytherin), el tamaño de la piedra o el costo que hubiese tenido… Lo importante era la persona que se lo ofrecía. El hombre que más la hacía feliz, en todo el mundo; aquel con quien estaba dispuesta a pasar hasta el último de sus días, la persona que siempre sería dueña de su corazón.
Sin poder contener su felicidad, y las lágrimas, Hermione finalmente retiró sus manos de su rostro, y sonriendo como nunca antes lo había hecho, asintió lentamente, al tiempo que susurraba:
-Sí… Sí, ¡Sí! -gritó finalmente, y mientras la sonrisa de Draco igualmente se ensanchaba, no pudo evitar abalanzarse sobre él, haciéndolo caer de espaldas contra la alfombra de la sala. Quedando arriba de él, en aquel reducido espacio que se formaba entre la mesita y el sillón, Hermione rodeó su cuello con sus brazos, y lo besó en los labios, no una, sino varias veces, al tiempo que no podía dejar de repetir:
-¡Sí, sí, Draco! ¡Sí quiero casarme contigo!
Draco la abrazó de vuelta, rodeando su cintura con sus fuertes brazos, para atraerla hacia sí, teniéndola lo más cerca de sí, incapaz de creer que aquello se estuviese ocurriendo de verdad. Y la besó del mismo modo, incapaz de contener su felicidad.
-Bueno, creo que eso nos dice que mamá ha dicho que sí.
-¡Hugo! -exclamó Hermione, al tiempo que su cabeza surgía por atrás del sillón.
-Mamá, ¿qué te ha pasado en el pelo? -preguntó Rose.
-¡Fuera de aquí! -exclamó Hermione, visiblemente avergonzada, mientras intentaba arreglarse el cabello.
-Ya escucharon a su madre -dijo Draco, mientras volvía a abrazarla, y la jalaba consigo; la cabeza de Hermione desapareció cuando el rubio volvió a acostarse en el piso, besándola nuevamente.
-Bueno, ya escucharon a nuestro padre -sonrió Scorpius, mientras apuraba a Rose y Hugo fuera de la sala-. Será mejor que les demos un poco de intimidad.
Hugo y Rose no opusieron resistencia, y mientras escuchaban como Hermione y Draco se comían a besos, volvieron a subir para dirigirse a la habitación de su ahora medio hermano, al tiempo que sonreían y se alegraban por sus padres, de todo corazón.
El anillo plateado con aquella enorme esmeralda encontró su lugar en el dedo de Hermione, mientras ella no podía dejar de ver a su ahora prometido, y volvía a besar su mejilla. Aún acostada sobre él, clavó sus ojos castaños en los azules de él. Esos ojos que durante tantos años la habían perseguido en sueños, ahora estaban disponibles para que ella los mirase cuando quisiera.
-Te amo, Draco Malfoy -dijo en un susurro. Y es que no tenía ninguna otra forma de expresar todo lo que sentía por él, todas aquellas emociones y pensamientos que el rubio evocaba en ella.
Draco le sonrió, y acomodando un mechón rebelde de su castaño cabello, detrás de su oreja, él le susurró de vuelta:
-y yo te amo a ti, Hermione Granger.
-Hermione Malfoy -corrigió ella al instante, al tiempo que contenía una risita-. Como siempre debió haber sido.
¡Finalment aquí está el epílogo!
Justo a tiempo para las navidades y todo eso. ¿Les ha gustado? Estoy enamorada del hecho de que la participación de los niños haya sido tan activa. En especial Scorpius. Creo que su personalidad es lo único rescatable del libro del Legado Maldito, por lo que tenía que incluirlo aquí. Espero y les haya gustado tanto como a mí.
¿Fue este el final de "y vivieron felices para siempre" que habían estado esperando durante años? ¿Fue como lo imaginaban? ¿Era todo lo que querían? Espero y la respuesta sea afirmativa. Yo sé que se los venía debiendo desde el 2011, así que las expectativas eran grandes... Espero y no haberlxs decepcionado.
Les dejo el comentario aquí, contenta a más no poder de haber contado con ustedes para apoyar este fic. Todos esos reviews, follow, favorites, muestras de afecto y aliento. De verdad, significa mucho para mí.
Me despido de ustedes, por el momento. El 2018 está a la vuelta de la esquina, y quién sabe que sorpresas nos traiga. No les prometo un Dramione (pues ya saben que la inspiración es caprichosa), pero les aseguro que seguiré por aquí, por si algún día gustan seguirme leyendo.
¡Abrazos y besos para todos! Sigan bellos
-Ribonette~
