Intervenciones inesperadas III

Lavender no tuvo que mirar hacia atrás para saber quién se acercaba a ella, por lo que prefirió concentrar su atención en aquel alto pelirrojo, que aún y contra su voluntad, conseguía acelerar aunque fuera un poco los latidos de su corazón. Ron se alejaba con paso desgarbado y los hombros echados hacia adelante, como si cargara con un gran peso en su espalda. Lavender reconocía bien ese andar, porque era el mismo que ella había adoptado, en aquellos días amargos de su sexto año, cuando su relación con Ron había terminado: perder a la persona que se quiere no es fácil y ella tenía experiencia. Porque aunque todos pensaran que era una rubia tonta, que sólo se preocupaba por las apariencias y la Adivinación, nadie tenía el derecho de decir que no había amado en ese entonces a aquel chico larguirucho y torpe, que una tarde de verano había enrojecido al admitir que jamás había besado a nadie.

La joven se pasó la mano por el espléndido cabello rubio, preguntándose como Hermione podía ser tan idiota. Le parecía increíble, que teniendo a su lado a una de las personas más maravillosas que había conocido en toda su vida, pudiera haberlo dejado ir como si nada. Ron no merecía sufrir de esa mirada, no era justo que la tristeza y el dolor se asomaran a esos hermosos ojos azules, como lo había visto durante toda la noche. Desde el momento en que Hermione había empezado a bailar con ese chico, Terry Boot, la actitud de Ron había cambiado por completo: la risa desapareció, para ser reemplazada por una mandíbula tensa y unos ojos que no se cansaban de seguir a la otra pareja. Por lo que ella, Lavender Brown, estaba dispuesta a hacer lo que fuera para borrar la tristeza del rostro de Ron. Así que lo que esa tarde había iniciado como el simple deseo de querer bailar con un exnovio al que aún guardaba cierto afecto, había degenerado en un plan para ver a Ron feliz de nuevo y de enseñarle a Granger a valorar lo que había perdido por su propia estupidez. Y para que negarlo, una pequeña parte de su conciencia lo aprovecharía para pagar cuentas sin saldar y, no estaba de más decirlo, ella terminaría divirtiéndose un poco.

¿Acaso la mirada asesina de Hermione sobre ellos no le había sacado más de una sonrisa aquella tarde?

El golpe sobre su hombro, que claramente no indicaba gentileza sino hostilidad, le indicó que la otra participante de su pequeño juego, había al fin decidido tomar parte de él. Con una sonrisa un tanto insolente, Lavender se dio la vuelta; para realizar la primera jugada.

-¡Hermione Granger! ¡Es un enorme placer verte!

La expresión en el rostro de Hermione hacía difícil no reírse. La joven apretaba los labios con fuerza y casi parecía echar fuego por los ojos, por lo que Lavender, tuvo que recordarse que cualquier paso en falso, echaría todo a perder.

-No seas hipócrita, Lavender- respondió Hermione, sin muestras de educación.

Lavender sonrió para sus adentros: tenía a Hermione justo donde quería.

-Esa no es forma de saludar a una ex compañera de colegio, Hermione.

- Deja de hacer el idiota- espetó Hermione- No sé que le hayas dicho a Ron para que saliera, pero no va a funcionar. Te lo advierto: si te acercas a él durante el resto de la noche, te vas a arrepentir.

Lavender lanzó una risita, para darle mayor efecto dramático a la conversación.

-¿Celosa?-

Cuando observó la manera en que Hermione apretaba los labios y rodaba los ojos, exasperada, no pudo dejar de aplaudirse a si misma. Sabía que Ron era celoso, pero le costaba creer que la tranquila Hermione, también lo fuera en el mismo grado que el muchacho. Ciertamente, esto estaba saliendo mejor de lo que había planeado.

-Nada más te lo advierto, Lavender- amenazó la joven.

-¿Me adviertes qué, Hermione?- preguntó Lavender, con la ceja arqueada-Ron y yo sólo estábamos bailando.

La expresión en el rostro de Hermione era de completa indignación e incredulidad: Lavender acababa de anotar otro punto.

-Cómo si no supiera tus verdaderas intenciones- soltó Hermione, mordaz.

-No sé de que estás hablando. Pero juguemos a que tienes la razón así que ¿cuál es el problema?- inquirió Lavender- Según lo que me han contado, Ron y tú ya no están juntos, así que no veo por qué te importan tanto lo que consideras mis verdaderas intenciones.

Lavender observó como en el rostro de la chica, el dolor se reflejaba durante unos segundos, tras los cuales recompuso el gesto en una fachada impasible. Típico de Hermione Granger, siempre tratando de enseñarle a los demás la cara de chica dura, a la que no le gusta que los demás se den cuenta de lo que está sintiendo.

-Lo que pase entre Ron y yo no es de tu incumbencia- dijo Hermione, con el enojo reflejado en cada palabra- Pero si tanto te interesa saber cuánto me importa, no pienses que te dejaré el camino libre. Tuviste a Ron una vez, pero dos no.

Lavender negó con la cabeza: Hermione se lo estaba poniendo muy fácil. Con el rabillo del ojo, notó las miradas de Harry Potter y Ginny Weasley fijas sobre ellas. Lavender les dirigió una sonrisa, mientras recordaba que no era Hermione la primera que le había advertido que no se acercara a Ron.

-¿Por qué tan a la defensiva, Hermione? – preguntó Lavender con tono dulce- Si estás tan segura de lo que dices, por qué sigues hablando aquí conmigo. ¿O es que te da miedo que Ron me vuelva a escoger?

Durante toda la conversación, esa fue la primera vez en la que Lavender reconoció el miedo en los ojos de Hermione. No todo se reducía a simples celos, sino que realmente tenía miedo de que Ron la eligiera a ella.

-Ron jamás lo haría-

-¿De verdad no lo haría, Hermione?- inquirió ella, en tono retador- ¿No crees que Ron es capaz de buscar en otra parte lo que su novia no le quiere dar?

Hermione apretó los puños, como si estuviera conteniendo las ganas de golpearla. Fue desconcertante ver, como la chica considerada el mayor cerebro del mundo mágico, no tenía, por primera vez en su vida, la respuesta a una pregunta.

-Es la primera vez que te veo quedarte sin palabras, Hermione-

La joven continuó en silencio, como si sopesara, lo que debía decir, pero al final las palabras nunca llegaron.

-¿Sabes algo, Hermione? Estoy segura de que Ron es capaz de hacerlo-

-No tienes idea de lo que dices- dijo Hermione, en tono áspero.

-Sí la tengo- afirmó Lavender, con total decisión- Si soy totalmente sincera, Ron no parecía nada dolido mientras bailábamos. Nadie diría que te extraña por la manera en que se reía de mis bromas y por la forma en que me abrazaba, como sino quisiera soltarme nunca.

El ligero temblor en el labio inferior de Hermione, no le pasó desapercibido. La chica estaba sufriendo, tal y como quería. Por fin se daba cuenta del tamaña de su error y que no necesariamente Ron estaría esperando por ella el resto de su vida. Lavender se dispuso a darse la vuelta, para dejar a Hermione sola con su dolor, cuando un simple gesto de la muchacha, que no esperaba, la hizo detenerse: Hermione se llevó la mano a los ojos, con discreción, como si trataran de limpiar algo. Lavender observó con atención cómo los ojos marrones que solía odiar en la escuela, tomaban una consistencia cristalina.

Hermione Granger estaba llorando.

Una sensación extraña se apoderó de ella, algo que normalmente no sentía, y que pudo reconocer porque era la misma sensación que la asaltaba cuando devolvía al baúl de Parvati las ropas que había tomado sin permiso: culpa. Lavender se llevó la mano al cuello, donde sus dedos toparon con la fina tela de la bufanda, que a todas horas cubría las horribles heridas que Fenrir Greyback le había ocasionado aquella fatídica noche. Ciertamente, Hermione estaba sufriendo y ella se había divertido, pero faltaba un pequeño detalle: saldar cuentas pendientes.

Con el entrecejo fruncido, rebuscó en su pequeño bolso de cuentas, hasta que dio con lo que buscaba.

-Toma-

Hermione, que trataba de ocultar sin éxito alguno, las lágrimas que asomaban a sus ojos, miró boquiabierta la mano extendida de Lavender.

-¿Qué se supone que estás tratando de hacer?-

Lavender bufó, exasperada.

-Deja de ser tan orgullosa y tómalo de una vez-

Tras varios segundos de duda, Hermione tomó el objeto que Lavender le tendía: un hermoso pañuelo de seda, que ella y Parvati habían comprado en la India, varios meses atrás. La joven se limpió las lágrimas con rapidez y devolvió el pañuelo a Lavender, sin dejar de mirarla, sorprendida.

-Ya quita esa cara de sorpresa, por favor- pidió Lavender, incómoda.

-No entiendo, Lavender- dijo Hermione, confusa.

- Ni yo lo entiendo- espetó Lavender- Sólo quería que sufrieras por haber sido lo suficientemente estúpida para perder a Ron..

-¡Hey!- exclamó Hermione, indignada.

-…y de repente empiezas a llorar- continuó Lavender, como si nada- Entonces me sentí culpable y fue cuando tuve que darte el maldito pañuelo.

Hermione lucía completamente indignada.

- ¿Y por qué te crees con el derecho de hacerme sentir celosa?-

-¡Porque es hora de que alguien le de una lección a la gran Hermione Granger!-

Lavender no se percató de que el tono de su voz fue lo suficientemente alto, como para que las personas más cercanas a ellas (donde se contaban Dean, Seamus, Harry y Ginny) los escucharan. Un poco sonrojada, moduló el volumen de su voz hasta que este fue aceptable de nuevo.

-Mira Hermione, la noche de la batalla de Hogwarts tú fuiste la única que mostró interés por que yo viviera. Así que aceptémoslo: eres la razón de que yo esté aquí.

-Lavender, yo…-

-¡No me interrumpas!- soltó Lavender, impaciente. Hermione le lanzó una mirada asesina, que ella ignoró por completo- Así que lo próxima lo repetiré una sola vez: Ron te extraña, así que deja el orgullo de lado y ve tras él.

Por la expresión de Hermione, Lavender supo que la joven estaba completamente anonadada: abría la boca una y otra vez sin saber que decir, como pez fuera del agua. Pero Lavender no podía culparla: ella misma estaba sorprendida. No estaba tratando de hacerse la noble, pero sabía, en el fondo, que esto era lo correcto. Durante la noche en que pudo haber muerto, Hermione no dudó en salvarla, así que ella tampoco dudaría en insistir para que reflexionara sobre su error.

-Gracias, Lavender-

Las palabras de Hermione destilaban tanta sinceridad, que Lavender no pudo menos que sonreír. Pero casi al instante, mudó su rostro en una mueca de seriedad.

-Que quede claro, Hermione- dijo Lavender- No me caes bien y no creo que lleguemos a ser amigas nunca, pero estoy segura de que ya no tenemos cuentas pendientes.

-Nunca quise que consideraras aquello una cuenta pendiente, Lavender- replicó Hermione.

Lavender, sabiendo muy bien a que se refería, se ajustó la bufanda, incómoda.

-No me importa, yo lo consideré así- aclaró ella- Pero lo que importa ahora, es que dejes de estar parada como una pasmarote y vayas a hacer lo que tienes que hacer. Ron está muy dolido y te puedo aconsejar algo: pídele disculpas, pero un lsencillo lo siento no bastará.

Hermione asintió con la cabeza, dispuesta a marcharse, pero las últimas palabras de Lavender la detuvieron:

-Si quieres saber, lo que le dije antes de que saliera, fue: Dale otra oportunidad-

Atónita, por tercera vez aquella noche, Hermione escuchó las palabras de Lavender retumbar en su cabeza.

Dale otra oportunidad.

¿Se la daría Ron? No había respuesta segura para esa pregunta.

Su mente racional, trataba de buscar explicación a las acciones de Lavender, pero decidió que eso quedaría para más tarde. Por ahora, tenía que encontrar una manera espectacular de pedirle perdón a Ron. Paseó la mirada por la habitación, hasta que su vista recayó sobre Ginny y su mente se iluminaba: tenía un plan.

Con paso decidido, caminó hacia donde estaba la pelirroja, en compañía de Harry.

-Necesito la varita y el libro-

-Ya te dije que no te los daría, Hermione. Y ahora cuéntame que hacías con Lavender-

Hermione negó con la cabeza.

-Después te lo diré. Ahora dame lo que te estoy pidiendo-

-No-

-Dáselos, Ginny-

Hermione miró a Harry con una enorme sonrisa y descubrió el entendimiento en sus ojos. Tras varios años de amistad, era algo inevitable que Harry siempre supiera cuando tramaba algo.

Ginny, indecisa entre, le entregó a Hermione lo que pedía.

-Y ahora, Ginevra, acompáñame a hablar con Dean-

Ron caminaba en silencio, con las manos entre los bolsillos y sin rumbo fijo. Aunque a decir verdad el patio de la casa que Dean y Seamus compartían no era muy grande, así que no tenía demasiadas opciones de rumbos distintos que pudiera seguir. Suspirando, fijó la vista en el cielo, tratando de que el hermoso paisaje nocturno borrara de su mente la imagen de Hermione bailando con Terry.

Durante toda la fiesta había tenido unos deseos enormes de triturar cada uno de los huesos de Terry y cuando se atrevió a besarla en la mejilla, estuvo a punto de mandar la decencia al infierno y propinarle un sonoro golpe, pero había conseguido contenerse. La actitud de Lavender, para su desconcierto, había sido maravillosa, lo que lo había llevado a sentirse arrepentido por haberla usado de manera detestable en sexto año, pero como había dicho la chica "lo pasado, ya fue". Era una lástima que eso no pudiera aplicarse a él y Hermione, porque ella era la mujer que amaba por sobre todas las cosas, no algo que se pudiera dejar simplemente en el olvido.

El tiro te salió por la culata, Weasley.

Y así era. Había tratado de recurrir al mezquino juego de los celos para que Hermione supiera de lo que se estaba perdiendo, pero a ella no parecía haberle importado. Aunque Lavender hubiera dicho que la chica no hacía más que seguirle el juego, a él no le daba esa impresión. Hermione lucía demasiado feliz envuelta entre los brazos de Terry, alguien inteligente como ella, que comprendía sus ideales, alguien que entendía que el trabajo estaba por encima del amor. Alguien que estuviera al nivel de Hermione, otro Krum, no un Ron.

¿Qué pasaba con él? Tenía que dejar de lado esos pensamientos de lástima hacia si mismo. Tras muchos años de sentirse menos que el resto, era hora de aceptar que valía tanto como los demás. Había conseguido muchas cosas sin ayuda de los demás, por primera vez era reconocido como Ron Weasley, el Auror, y no como la tercera rueda de un trío de adolescentes. No había hecho nada malo, al contrario, había tratado de hacer las cosas demasiado bien, pero al final Hermione no había sabido apreciarlo.

Dale otra oportunidad, Ron.

¿Era tan fácil como decía Lavender? ¿Le daría otra oportunidad a Hermione?

No lo sabía. Porque siempre estaba la duda lo que ocurriría en caso de dársela. ¿Qué sucedería si a Hermione, tras unos tiempos juntos, el trabajo le volvía a resultar más importante que él? Estaba seguro de que no lograría sobrevivir otro infierno como el de las semanas pasadas. No conseguiría soportar que le robaran la ilusión de nuevo.

No eran más que situaciones hipotéticas, claro está. Hasta el momento, Hermione no había intentado un sólo acercamiento y eso era lo que más dolía, porque lo único que le daba a entender era que ya no le importaba. Al menos no como ella le importaba a él, hasta el punto de ansiarla tanto, que le dolía el cuerpo entero por no tenerla a su lado.

Por Merlín, cómo la extrañaba.

Y por más que quisiera arreglar las cosas entre ambos, no estaba entre sus manos conseguirlo. Por primera vez, no era él quién metía la pata.

El viento sopló con fuerza y las hojas de los árboles se movieron a su compás. Ron se frotó las manos porque empezaba a hacer frío y quizá era hora de volver a casa, a la dura existencia sin Hermione.

La luz de la luna dibujaba el contorno los árboles y se reflejaban sombras en el suelo. De repente el viento dejó de soplar, apagando el rumor de las hojas. Ron disfrutó el silencio por unos minutos, hasta que el entrechocar de las hojas lo interrumpió de nuevo.

Pero no había viento. Y sino había viento ¿qué diablos provocaba el sonido de las hojas? Y esa sombra en el suelo no era de un árbol, se movía demasiado, en realidad parecía una persona….

-¡RON!-

Su corazón empezó a latir con más fuerza. Conocía esa voz, pero no tenía idea de adónde provenía y no entendía por qué gritaba.

-¡Arriba, idiota!-

Esa otra voz también la conocía.

-¡Ron, arriba! –

Y esa otra, también.

-En el nombre de Merlín, hombre, ¡no seas tan lento!-

Ron miró a su alrededor, y descubrió la figura de Dean Thomas a pocos metros detrás de donde él se encontraba. Y al lado de Dean estaban Harry, Ginny y prácticamente toda la gente invitada a la fiesta.

Excepto Hermione.

-No me vuelvas a llamar lento, Thomas-

-Por amor de Dios, Ron- chilló Ginny- Sino quieres que te golpee, mira hacia arriba-

-¿Para qué?-

-¡Ronald Weasley, mira hacia arriba!-

La primera voz que había escuchado gritaba de nuevo. Inconscientemente, Ron miró hacia arriba y cuando vio lo que vio, su mandíbula estuvo a punto de ir a dar contra el suelo.

-¡¿Se puedes saber qué haces ahí arriba, Hermione?!-

Hermione Granger, miembro del Ejército de Dumbledore, Prefecta, Premio Anual, Miembro del trío de oro, Héroe de guerra y una de las trabajadoras más prominentes del Ministerio, se encontraba a varios metros de altura, aferrada a una escoba y con un voluminoso libro bajo el brazo, libro que reconoció como el de Historia de Hogwarts, regalo de Harry.

-¡Necesitaba hablar contigo!-

Ron se pasó las manos por el cabello, furioso.

-¿Y no podías hacerlo como la gente normal?- gritó.

-Hermione no es normal, Ron- susurró Ginny.

Allá arriba, Hermione rodó los ojos, mientras trataba de mantener el equilibrio.

-¡Te escuché Ginny!- gritó- ¡Y las vas a pagar!

-¡Hermione! – vociferó Ginny- ¡Es la verdad!

-Ginny, en serio…

-¡Cállense las dos!- soltó Ron.

Eso estaba rayando en lo ridículo. Si entre las dos pensaban humillarlo, pues lo estaban consiguiendo. Ron fijó la vista en Hermione y preocupado, observó cómo esta mantenía un precario equilibrio en la escoba.

-¡No sé que estás tratando de hacer, pero baja de una buena vez!- gritó Ron- ¡Todos sabemos que odias volar!

-¡Ese es el punto!- chilló Hermione, al tiempo que la escoba daba una sacudida- ¡No importa que me dé miedo volar Ron, haré lo que sea por ti!

Ron sintió que el corazón le daba un vuelco en el pecho. Por más eufórico que lo pusiera lo que Hermione acababa de decir, tenía que buscar al genio al que se le había ocurrido esa idea.

-¿De quién es la escoba?-escupió entre dientes.

-De nadie- se apresuró a decir Harry.

-¿De quién es la escoba?-

-Es mía, Ron- se adelantó Dean, avergonzado- Pero Hermione amenazó con dañar partes muy importantes de mi anatomía sino se la daba.

-Eres un hombre muerto, Thomas- espetó Ron-Es una lástima que este sea tu último cumpleaños.

Dean palideció por completo, pero Ron no continuó prestándole atención. Tenía que bajar a Hermione antes de que saliera malherida por tamaña idiotez.

-¡Iré por ti!-

-Ni lo intentes- gritó Hermione.

La escoba se descontroló, subiendo unos metros más. Hermione dio un chillido de miedo, mientras Ron buscaba como histérico alguien que le prestara una escoba.

-¡Escúchame Ron!- gritó la joven, una vez que hubo retomado el control de la escoba- ¡Lo siento! ¡Fui una completa idiota! ¡Eres lo más importante en mi vida! ¡Más que cualquier libro o que mi trabajo!

La escoba, probablemente sintiendo la inseguridad de la persona que llevaba sobre ella, empezó a moverse hacia atrás y hacia adelante, provocando que Hermione estuviera a punto de resbalar.

-¡Hermione!-

Si a Hermione llegaba a sucederle algo, Ron jamás se lo perdonaría. ¿Pero por qué tenía que ocurrírsele esa idea? Hermione era brillante la mayor parte del tiempo y aunque Ron no podía dejar de considerar todo lo que estaba haciendo para disculparse, definitivamente no consideraba esta una de sus mejores ideas. Una parte muy pequeña de su cerebro, no estaba concentrada en el hecho de que la mujer que amaba se encontraba a varios metros en el aire y que bien podía matarse si se caía, sino que repetía, una y otra vez, las palabras, maravillosas palabras que la joven gritaba.

Dale otra oportunidad, Ron.

La duda de nuevo. ¿Era tan fácil?

Hermione empezó a gritar de nuevo y Ron se apresuró a escucharla.

-¡Nunca tuve que haberte pedido un tiempo, Ron! ¡Es lo más estúpido que he hecho, porque la única verdad es que no puedo estar sin ti!-

El corazón de Ron palpitó con más fuerza. Desesperado, su vista vagó por la multitud de personas, enternecidas y asustadas, que observaban la escena. Sus ojos se cruzaron con otros azules, más claros que los suyos.

Dale otra oportunidad, Ron.

Tal vez Lavender tuviera razón.

Tal vez no.

Sus ojos se apartaron de los azules de la muchacha y miró hacia Hermione de nuevo. La escoba se movía cada vez con más violencia y la chica lucía aterrorizada.

- ¿Nadie tiene una escoba?-

-Iré por la mía- dijo Harry

-¡Espera, Harry!- gritó Hermione- ¡Aún no termino!-

Ron estaba a punto de responderle que no fuera tan necia, pero lo que Hermione hizo a continuación lo detuvo: la muchacha sacó de debajo del brazo el libro que llevaba y para sorpresa de todos, empezó a arrancar las hojas, una por una.

Todo el mundo se quedó en silencio, cubiertos por una lluvia de hojas. Nadie podía creer lo que estaba sucediendo: Hermione, la mayor amante de los libros que debía existir sobre la tierra, estaba destrozando uno, y no cualquiera, sino su libro favorito. Ron no sabía qué hacer o qué decir, limitándose a quedar paralizado. Su mente aún no era capaz de procesar lo que Hermione estaba haciendo y aún seguía sin entender cuál era el punto de todo aquello. Una mano sobre su hombro lo arrancó de sus pensamientos. Sorprendido, tomó la hoja de papel que Terry Boot le tendía…y leyó. En tinta verde, que bien sabía era la Tinta indeleble de Sortilegios Weasley, hecha para que ni el más avanzado limpiador mágico pudiera borrarla, estaban escritas las dos simples frases "Te amo, Ron. ¿Me perdonas?".

El muchacho se quedó sin habla por unos instantes. Levantó el rostro y sus ojos se encontraron con los de Hermione. No estaba seguro de lo qué debía responder. O quizás sí, pero tenía miedo de lo que podía pasar después.

De la mente de Ron se borró todo pensamiento, cuando vio que la escoba de Hermione se movía con más fuerza. La muchacha se aferró con las dos manos al mango, pero daba la impresión de que en cualquier momento se caería. Ron dio la vuelta y apremió a Harry para que fuera a buscar su escoba, temiendo que fuera muy tarde. Harry se dispuso a ir, pero para sorpresa de todos, Hermione logró dominar una vez más la escoba , consiguió dirigirla, aunque con poca elegancia, al suelo.

Ron observó, poco a poco, cómo la joven perdía altura. Cuando al fin Hermione logró aterrizar, soltó una bocanada de aire, que no sabía que estaba conteniendo. Los primeros pasos de la muchacha sobre el suelo fueron torpes, pero finalmente logró recuperar la estabilidad. Cuando levantó el rostro, las miradas de ambos se conectaron.

-¿Ron?-

El joven se quedó momentáneamente con la garganta seca. Sus piernas no respondían, y de repente había olvidado cómo se caminaba. Para su suerte, al parecer Hermione sí lo recordaba, porque no le tomó demasiado tiempo llegar hasta él.

-¿Me perdonas?-

Dale otra oportunidad, Ron.

Los segundos pasaron, pero no fue capaz de contestar. No hasta que su mente puso a trabajar los engranajes de su memoria y recordó, como hace varios, había abandonado a sus amigos y cómo Harry Hermione le habían dado una segunda oportunidad .

-Sí-

-Lo siento- dijo Hermione, con el rostro surcado por las lágrimas.

Ron levantó la mano y acarició la mejilla de la muchacha. Pero ese simple gesto, no fue suficiente. Impulsado por días de separación, de corazones rotos y el deseo de sentir de nuevo el maravilloso olor de Hermione, el muchacho la tomó entre sus brazos, levantándola del suelo. Sus labios buscaron ansiosos los de ella y al instante todo desapareció, eran sólo Ron y Hermione, los suaves labios de Hermione sobre los suyos, entremezclada con el sabor a chocolate y el salado de las lágrimas. Cuando se separaron, jadeantes, Ron observó, embelesado, el semblante sonrojado de ella y sus labios un poco hinchados, diciéndose que jamás la había visto tan hermosa.

-Yo también te amo- susurró Ron, logrando que la sonrisa en el rostro de Hermione se ensanchara aún más.

-Es como estar en la Sala de los Menesteres otra vez-se quejó Harry.

Ron, Hermione, y todos los presentes se echaron a reír con ganas, porque todos estaban al tanto del trauma que Harry sufría por haber sido el único testigo del primer beso entre sus mejores amigos. El pelirrojo estrechó a Hermione entre sus brazos con más fuerza,dispuesto a no soltarla nunca más. Por encima del hombro de la chicas, su vista se topó con un animado Terry Boot que conversaba y reía con Lavender.

Ron sonrió para sus adentros. Fuera la primera o la segunda o la tercera, muchas cosas podían pasar cuando se concedían oportunidades a otras personas. De eso no tenía duda.