N/A: Esta semana me he organizado un poco mejor y he conseguido escribir el fic (y dejarlo en la parrilla de salida, listo para poder subirlo hoy desde el móvil si hace falta). Siento mucho este parón, más aún cuando prometí seguir subiendo capítulos. Pero estoy teniendo unas semanas de locos y me tengo que acostumbrar a este nuevo ritmo de vida para poder escribir con regularidad. A parte que hay días en los que mi querida inspiración, harta del frío de la ciudad nada propio en estas fechas, ha decidido abandonarme e irse a la playa a disfrutar del sol. Como siempre.

Disclaimer: Aún sigo buscando ese disclaimer divertido y original que diga en una frase que no soy Oda.


Loguetown parte 2: el primer encuentro.


Hacía bastante tiempo que había llegado a Loguetown; la ciudad del Alfa y el Omega, la ciudad donde había empezado la Gran batida, la ciudad de nacimiento de Gold D Roger. Ciudad que todo buen pirata quería pisar al menos una vez; bien en su camino para ir al Grand Line, bien por pasear por las mismas calles que aquel pirata tan famoso, o solo por curiosidad. A él le daba igual. Era una ciudad en la que los piratas afloraban cada dos por tres y era muy fácil capturarles. Le habían destinado ahí por sus méritos, y aunque en un principio no le había hecho mucha gracia la idea de volver a casa, pronto le vio las ventajas. Él se había criado ahí, conocía cada calle, cada rincón como la palma de su mano, y era muy fácil saber dónde podían intentar esconderse los piratas, lo que le faltaba a la ciudad era una buena organización, nada más. No sabía por qué los altos mandos se habían puesto tan pesados con el tema. Pero una vez ahí, había sido coser y cantar el organizar que ningún pirata se le escapara. Se había organizado tan bien que se había hecho famoso, famoso y temido. Pero a él le daba igual, la única pega que le pondría a su nuevo puesto es el tener unos subordinados tan gritones, que se alarmaban por cualquier cosa. Y la peor de todos era la Teniente Tashigi.

Nada más ver cómo se caía del barco en cuanto llegó, supo que su paz y su tranquilidad se iban. Casi las podía ver cómo se despedían de él entre risas. Iba y venía a su antojo, los horarios eran algo inexistente para la chica; por no hablar de su obsesión por las espadas. Como hubiera un pirata que tuviera una espada que estuviera en la lista, ya podía darse por muerto. La chica había derrotado a todo aquel que se le había cruzado por el camino. Poco a poco había ido ganándose el respeto de sus hombres por ello. Si él no había dejado escapar a ningún pirata, ella no había perdido una sola batalla.

Claro que la gente de Loguetown a veces exageraba un poco. Como ese padre que no hacía más que disculparse por que se había chocado con su hija y le había tirado el helado. La pobre iba haciendo malabares con un helado de tres bolas y él se lo había cargado nada más salir de la heladería. Puede que el ser tan alto, llevar dos puros y el ser tan serio le hicieran parecer una persona fría y distante, pero tampoco era mala persona. La niña tampoco tenía la culpa de que él tuviera un dolor de cabeza tremendo por culpa de los gritos de sus subordinados. Así que le tendió una moneda a la niña y siguió su camino, tenía un pirata que capturar.

Monkey D Luffy. A ver si esta vez habían puesto una recompensa a la altura del pirata en cuestión.

Pero en el puerto no había nadie. Bueno, había un intento de pirata al que había derrotado en menos de un minuto, casi quiso darle una buena colleja a su subordinado cuando le felicitó por "acabar con el pirata Luffy", ¿cómo podía pensar que esa mierdecilla tenía una recompensa de treinta millones?

De la nada salió un chico gritando de la frustración. Iba vestido con ropa informal, pantalones piratas azules, camiseta sin mangas rojas y un sombrero de paja que no pegaba ni con cola. Pero se alegró mucho de verle y se acercó con una gran sonrisa preguntando por el patíbulo. Smoker le observó, como norma general, todo aquel que quería ver el patíbulo era un pirata, pero el chico no tenía pinta de serlo por mucho que le observara. Tenía una cara de niño bueno y un sentido de la orientación abismal.

-¿No eres de por aquí verdad?-acabó preguntando finalmente.

-No, acabo de llegar a esta isla. La ciudad me parece enorme, nada que ver con el pueblo en que nací.

Smoker se apuntó el dato de que había llegado hoy. No era la primera vez que una banda de piratas tenía un miembro un tanto rato, así que bien podría estar dentro de la banda del tal Monkey D Luffy. Y si le indicaba dónde estaba el patíbulo, bien podría acabar yendo la tripulación al completo en algún momento.

-¿Para qué quieres ir al patíbulo?

-Pues para ver el lugar en el que ejecutaron al Rey de los Piratas.

La respuesta le pilló desprevenido. Nadie nunca había afirmado con tanta sinceridad y simplicidad la razón de ver el patíbulo, que para la mayoría de los piratas era obvia. El chico estaba siendo sincero, de eso no había duda. Pero tampoco podía arrestarle por querer ver el monumento histórico de la ciudad. También había mucha gente que lo visitaba como símbolo de la caída del Rey de los Piratas. De todas formas, si se armaba algún follón por la ciudad, ya sabía por dónde empezar, así que le indicó el camino. El chico se lo agradeció y se fue con alegría. Smoker le miró, no sabía por qué, pero tenía una extraña sensación. Como si ese chico fuera más de lo que aparentaba en un principio. No obstante, llevaba semanas aburrido sin conseguir capturar a un pirata que valiera la pena, así que bien podía estar viendo fantasmas donde no los había.


Al final no había ni rastro del pirata, por lo que decidió ir a beber al bar del viejo a aplacar su sed y frustración. El viejo le caía bien, puede que en otras circunstancias hubieran llegado a ser buenos amigos, pero el viejo era un gran amigo de los piratas, todos los que pasaban por el patíbulo hacían un pequeño alto en su local al ser el último que había visitado Gol D Roger antes de zarpar a Grand Line. Por lo que había ido muchas veces a pillar a bucaneros por ahí, y en consecuencia el viejo estaba en la ruina. Era tozudo y cabezón hasta la médula y no aceptaba a otro tipo de clientela más que a bucaneros, por lo que Smoker se dejaba caer de vez en cuando a beber lo más caro que tenía en grandes cantidades. Puede que el viejo no fuera un pirata, pero su negocio y él sufrían como si lo fueran, así que Smoker iba a beber cuando podía. La mayoría de veces solo, aunque alguna que otra vez había ido con Tashigi, no muchas ya que se la había tenido que llevar en brazos de lo borracha que iba (no le extrañaba que no aguantara el alcohol), pero si que habían pasado un rato agradable. El viejo y Tashigi sí que habían hecho buenas migas y Tashigi bebía mientras el viejo le contaba historias, Smoker solo escuchaba mientras se terminaba las copas que la chica era incapaz de beberse a parte de las que él se pedía.

Además, hoy hacía 22 años que le habían ejecutado, seguro que el viejo estaba solo acompañado de sus recuerdos y no le vendría mal hablar con alguien, por mucho que fuera el marine causante de su ruina, como bien le gustaba recordarle cada vez que se dejaba caer por ahí.

Como cabía esperar, el viejo le asesinó con la mirada nada más entrar, le dio la espalda y no se inmutó cuando le preguntó por su visita. ¿Un pirata tal vez? ¿Acaso el famoso Monkey D Luffy que ya no estaba en el puerto? No, seguro que no, hubiera sido demasiada casualidad. Descorchó una botella y bebió a la salud del Rey de los Piratas. Mucha gente se equivocaba al pensar que él consideraba a todos los piratas por igual, era cierto que la mayoría no merecían ni un minuto de misericordia, como los ladrones o los asesinos. Pero había otra clase de piratas, de esos que tenían su propio código y lo seguían a rajatabla, aunque esos también se merecían la horca por tomarse la justicia por su mano (o hacer lo que quisieran con ellas), al menos se les tenía un poco de respeto. Smoker estaba seguro que Gol D Roger era uno de esos, por como hablaba la gente que le había conocido de él tenía que serlo, pero veintidós años después de su muerte, dudaba que aún quedaran piratas de esa clase.

Su mente voló en el tiempo, a aquel día de bochorno que recordaba tan bien. La figura del Rey Pirata le había parecido la de un hombre tranquilo, orgulloso y feliz con su vida. Y sus últimas palabras, ningún pirata había muerto así jamás. Smoker no sabía si lo había hecho por orgullo, para quedar en la memoria de todos o si había sido sincero, pero el caso es que esas palabras se quedarían en su memoria para siempre. El oro, el poder y la fama, todo lo había conseguido, y ahora era recordado como el mejor de los piratas de su época. Los de ahora eran todos escoria en comparación, el bar estaba empapelado de pruebas, todos famosos piratas que habían sido arrestados por él.

-Viejo, aquí traigo un cartel. Pongo donde se vea bien-dijo una voz desde la puerta.

Uno de los cadetes acababa de llegar, alejando la calma que se había instalado en el bar después de su llegada, y su grito había sido doblemente molesto. El cartel en cuestión era de Monkey D Luffy, un chico flacucho, de pelo negro y cicatriz en el ojo izquierdo, con un sombrero de paja que no pegaba nada con él. ¡El chico del puerto!

-Viejo, quédate con el cambio.

Le soltó una bolsa hasta arriba de dinero y se marchó corriendo hacia el patíbulo. No hizo caso de las protestas del viejo hablando de no sabía qué sobre la caridad, ni de los gritos del cadete preguntándole a donde iba. Sabía que ese chico tenía algo, sabía que podía ser un pirata. Y si su instinto no le fallaba, puede que esta vez el pirata sí que valiera la alta suma de su recompensa.


En cuanto se deshizo de sus subordinados, queriendo ir en masa a todos lados a protegerle como siempre (¿es que no habían aprendido nada?) se presentó en la plaza del patíbulo en unos pocos minutos. Cualquier pirata con dos dedos de frente iría medio oculto mientras observaba el monumento. Pero no, Monkey D Luffy estaba intentando escalarlo, a la vista de todo, armando un follón y atrayendo toda la atención sobre él. Lo que no se creía es que cuando le preguntó quién era, el chico le contestara que estaba un poco ocupado para hablar con él. Con lo despistado que parecía, bien podrían no saber quién era él, eso tenía un pase. Pero su uniforme gritaba "marine" por todas partes y eso debería haberle dado una ligera idea del peligro en que se encontraba. Pero el chico seguía hablando como si nada, intentando negociar con él y explicándole las razones por las que no podía ser detenido. Al final tuvo que ponerse serio con amenazas para que el chico reaccionara. Su cara pasó de amabilidad a sonrisa de satisfacción cuando le dijo:

-Así que ningún pirata puede salir de esta isla sin derrotarte. Pues prepárate a perder.

-Eso se verá-dijo Smoker, separó un poco las piernas y los brazos, listo para parar el ataque del chico. No llevaba ningún arma encima, por lo que era muy probable que hubiese comido una Akuma No Mi y dependiera de ella para la pelea. Estaba preparado para lo que se le echara encima, para lo que no estaba preparado era para que el chico en vez de ir hacia él, cayera cuan largo era hacia abajo, botando ligeramente. Un hombre de goma. ¿Qué clase de utilidad podía tener la goma en una pelea? Parecía más un engorro que otra cosa.-¿A qué esperas para empezar la pelea?

Maldito pirata de goma insufrible. Estaba haciéndole perder la paciencia a un ritmo alarmante. Ni siquiera Tashigi en sus mejores días había conseguido cabrearle tanto en tan poco tiempo. Pero el pelele ese consiguió soltarle y atacarle estirando el brazo para intentar asestarle un puñetazo. Tarde. El chico se movía con agilidad, eso tenía que reconocerlo, y sabía lo que hacía. Así que hacía tiempo que había comido la Akuma No Mi, no obstante no era lo bastante rápido para él. Un par de intentos de puñetazo por parte del pelele de goma y unos de verdad por la suya y ya estaba en el suelo. No se podía creer que la marina se hubiera vuelto a equivocar con el precio, se estaba planteando seriamente el escribirles una carta de reclamación.

-Cuando ejecutaron al Rey hace veintidós años yo estaba ahí. Irradiaba soberbia y gallardía. Era el más digo corsario que jamás hayas visto.-El pelele de goma cayó al suelo dándose un buen golpe.-¿Con que el Rey de los Piratas, eh? ¡No digas estupideces! Ni siquiera vas a llegar a Grand Line, olvídate del tema.

Pero el pelele de goma se volvió a levantar, se quitó la suciedad de la boca con la mano y volvió a poner esa sonrisa. Esa sonrisa que ponen los que se creen vencedores.

-Lo siento amigo pero tú aún no me conoces.

Estiró la pierna. Smoker se preparó para bloquear el ataque y usarlo en contra del pelele de goma y arrestarle por fin, cuando la pierna del chico se enganchó con la fuente y la inercia hizo el resto: el resto del cuerpo fue hacia la fuente y el chico salió volando por los aires. Lejos de Smoker, de la pelea y del patíbulo. Smoker se quedó unos segundos asimilando lo que había pasado.

-Será fantoche.

Tenía que escribir una carta de reclamación y mandarla a Marine Ford pero ya.


¿Y bien? ¿Qué tal ese primer encuentro entre Smoker y Luffy? Personalmente lo adoro, además con el paso del tiempo siguen igual (o peor) e.e

Recordad que un fanfic con reviews es un fanfic feliz :3