Capitulo XXI
Aquella semana, Kagome cuando se encontraba con Inuyasha por las noches, tendía a ser dominante y fría, y todo desde que el profesorcito había llegado.
Que problema. Como rayos se iba a imaginar que la joven lo llegaría a conocer. Justo a ese, al ultimo tipo presentable que llego solicitando el empleo de profesor. Ahora ella se enteraría como él tuvo que ver en secreto en la selección de profesores, dejando a vejestorios con mentalidad de cavernícolas para ellas, mientras que él eliminaba a los jóvenes que podían desempeñar a la perfección lo solicitado.
Si ella se enteraba, el trato entre ellos quedaría disuelto, por lo que las visitas nocturnas serian dejadas... demonios ¿Cómo evitaba aquello si es que no ha ocurrido? ¿Matando al escuálido profesor con rostro de niña? Esa seria una excelente opción. Algo descabellada, pero excelente. Así Kagome dejaría de andar bajo su compañía, cosa que le provocaba una ulcera intestinal de solo verlos conversar.
Debía hacer algo, y pronto. Ya que una noche, para su mala fortuna, ardiendo en celos luego de que, en la cena, se le ocurriera nada mejor que pedirle a la joven que cantara algo, creyendo que lo haría, ya que según él, ella estaba a sus pies. Kagome con un cortante "no canto", dedico su completa atención al paliducho "señor Godwin". Y ahora le exigía una explicación ante tanta amistad. Sospechando que ella no sabía nada, ya que no se había ausentado en ninguna noche.
- ¿Qué tienes que ver con ese sujeto?
Kagome se acomodo en la cama, y con lentitud se giro hacia él. La ceja enarcada no se dejo esperar y mucho menos la respuesta tronante que dejaba en claro que él no tenia ningún derecho mas allá de lo que acababan de hacer.
- Lo que tenga que ver con Elton, no es de tu incumbencia.
Se levanto, y sin darle la cara, se vistió y se marcho.
No sabia porque, pero este sujeto aparecido, aparte de provocarle una sensación extraña a causa de su comportamiento tan… educado, por así decirlo, y la forma sobre protectora en como Kagome lo cuidaba, era preocupante, demasiado preocupante, y no tenia demonio idea que hacer para cambiar aquello. En cierto modo, este tipo era un intruso que le estaba robando parte de la atención de la joven que se había ganado a punta de desangre.
Se echo para atrás en la cama, y cubriéndose los ojos con uno de sus antebrazos intento dormir pensando en lo estúpido que había sido al exigirle alguna explicación, cuando ellos eran solo acompañantes nocturnos de un par de minutos u horas, últimamente. Amantes, para él, y Dios sabe, para ella.
¡Jesús! Solo quería que ella tuviera ojos para él y nadie más. ¿Qué malo puede tener aquello? Lo malo, es que esa exigencia le costaría caro, ya lo sabía.
Kagome, llego a su habitación sin siquiera percatarse de que pudiera haber habido alguien en el pasillo. Tal era su irritación, que poco le habría importado, en todo caso.
Con fuerza tiro su bata sobre los pies de la cama. Se saco las zapatillas de levantarse y se recostó en su cama.
Esos últimos días andaba de muy mal genio, y el enterarse de que Inuyasha saboteaba su selección de profesores, dejando los vejetes, "por Dios sabe el motivo", le provocaba unas ganas de estrangularlo seriamente.
Perfectamente pudo haber roto el trato ante la falta de Inuyasha a este. Es solo… que no podía. Andaba sensible y necesitaba en verdad sus caricias luego de... Por tal razón se quedaba junto a él unos minutos más luego de hacer el amor, solo un poco, lo suficiente como para no quebrar su palabra y no llegar al punto de desear pasar la noche entera a su lado, o, toda la vida…
Y aquella última noche, si él no hubiera abierto la boca, habría roto el trato que ella misma impuso para que fueran… ¿Qué eran? ¿Acompañantes nocturnos? Si, eso. Acompañantes nocturnos.
Estaba bien, ya lo había roto desde el momento en que se entero de lo que hacia. No podía ser que tuviera tan poco carácter como para no cortar toda relación con él. Y no es que existieran sentimientos de por medio, era solo deseo, y el inmenso placer que Inuyasha sabia despertar en ella, hasta con una simple mirada.
Entre sus brazos se sentía tan bien, que era imposible de negar. Aquellos momentos era cuando sentía que eran uno, y el modo en que la acariciaba y besaba su cabello, con tanta dulzura, la hacia olvidar de todo y de todos. Cosa que deseaba y necesitaba esa noche.
Pero, el atreverse a infringir las reglas del juego otra vez, y con algo tan importante, como lo es su independencia, hizo que enardeciera y deseara hervirlo vivo.
Resoplo molesta. Abrazo su almohada, no sin antes haberle dado su buena cantidad de golpes, supuestamente, para acomodar las plumas.
En la obscuridad de su habitación, con su vista perdida en un punto fijo, su mente la llevo a pensar. No sin antes musitar molesta:
- Okamanche.
Estaba molesta. En verdad lo estaba. El que Inuyasha se atreviera "exigir" algún tipo de explicación con respecto a su amistad con Elton, la hacia desear matarlo. Dudaba de ellos, de ¡ellos! Cuando su nuevo amigo ni aunque le bailara desnuda le levantaría ni un cabello. Y aunque si existiera algo mas que amistad, no tenia derecho siquiera de pensarlo, y peor aun, de decirlo.
Por esto, podía mandarlo al demonio. Pero… si no lo había hecho luego de enterarse de la selección, menos lo haría por esto ¿o si? Debía pensar seriamente la decisión que tomaría.
Silencio sus propios pensamientos, y analizo con detalle lo anterior.
¿Pensar? ¿Qué lo debía pensar? ¿Qué rayos le estaba sucediendo? No había nada que pensar. El trato había sido bien claro: Ella no se metería en su vida, y él, menos en la de ella. Cosa que Inuyasha ha infringido ¡DOS VECES!
La solución, era clara… sin embargo, no lo solucionaría esa noche. Tal vez, al día siguiente, y si no, el que le sigue. Rolo los ojos ante su propia indecisión. Quizás no sabría cuando, pero de que lo haría, lo haría.
Se acurruco entre el cobertor, y siendo vencida por el cansancio, sus ojos se cerraron dándole paso al sueño.
Para su sorpresa, al abrirlos, dio con la claridad del día, y al comprobar la hora, se había dado cuenta que había dejado plantado a los tíos.
Se cubrió por completo con el cobertor quedándose así por unos segundos. Con un solo movimiento, de golpe abrió la colcha y a regañadientes se levanto.
Durante el día intento ayudar a George en lo que era la organización de la fiesta de cumpleaños de Jack. Cosa que tuvo que dejar en las capaces manos de Jade, ya que no se sentía con ánimos de nada.
En la clase de piano, solo participo como oyente, y con suerte eso. Ya que la mayoría del tiempo su mente se quedaba en blanco. Así que, antes de seguir sometiéndolos a su "animosa compañia" se marcho a su habitación. Se encerró con llave, y tirándose sobre la cama, el cansancio la venció.
Durante la noche le pareció oír suaves golpes en su puerta, y al oírse llamar, comprendió que se trataba de Inuyasha.
Se levanto para abrirle, pero al no sentirse con ánimos, y al recordar el por que de su desvelo la noche anterior, se desvistió y se coloco su camisón de dormir. Se metió a su cama, y escuchando los constantes golpes a su puerta intento dormir. Cosa que no se le hizo tan difícil.
Por algún extraño motivo estaba cansada. Al extremo, de querer solo dormir.
A la mañana siguiente, se sentía incomoda, cansada y con inmensas ganas de volver acostarse. Cosa que hizo al ver que no había nada que se lo impidiera. Ya había vuelto a dejar a los tíos plantados, así que, se acomodo en la cama y por instinto, se llevo las manos al vientre, realizando un suave masaje. Este estaba levemente hinchado, causándole cierto malestar tan típico cuando una esta…
Se sentó con rapidez. Sujeto las mantas con ambas manos, y con fuerza las corrió a los pies de la cama.
Sentía miedo, y este aumento cuando con lentitud comenzó a separar sus muslos esperando estar equivocada ante lo que suponía.
Una mancha de sangre se extendía por la cara interior de sus muslos, dejándole en claro, que lo que había imaginado, y luego deseado de todo corazón, había sido solo eso, nada más que su imaginación.
Su corazón entristeció, provocando que lagrimas se agolparan en sus ojos, que ahora opacados por la desilusión, derramaron un par de aquellas saladas gotas.
Con entero pesar se recostó y lloró en silencio por perder las ilusiones que en secreto fue cultivando. La noticia la sentía igual, que si hubiera perdido el bebé que en realidad, nunca existió…
Aquel día no bajo a desayunar ni almorzar, y mucho menos a la cena.
Jade constantemente, preocupada la iba a ver, llevándole siempre una bandeja con comida, cambiándola por la que había dejado con anterioridad. Ya que Kagome, ni siquiera toco bocado.
Buena parte del día ni siquiera se había movido de la cama, y su voz, se convirtió en silencio.
Jade ya la había visto en ese mismo estado con anterioridad, cosa que sucedía cuando la joven Higurashi atravesaba una gran tristeza ¿Qué pudo haberla dejado en tal estado? Nada bueno, podía asegurar Jade. Nada bueno.
Para cuando la joven árabe volvió a ingresar a la habitación, luego de la cena, con una nueva bandeja; enorme fue su sorpresa al ver a Kagome en pie desesperada dando vuelta todo en su habitación. Por lo visto, buscaba algo.
- ¡Ala, Kagome! - exclamo Jade - ¿Qué haces?- se acerco a uno de los muebles y sin quitar la vista hacia la joven, dejo la bandeja.
- es que… no lo encuentro - le dijo con voz cansada - ¿lo has visto?
- ¿Qué cosa?
- el broche.
Kagome se arrodillo aun lado de la cama, y levantando el cobertor observo por debajo de esta.
- ¿Cuál? - pregunto mientras la seguía con preocupación.
- el de rosas de plata.
- ¿el que era de tu madre? - la joven asintió mientras seguía hurgando entre el desorden que había armado.
- estaba en tu joyero… - Jade la detuvo, y mientras esta se movía impaciente, le observo el rostro - Kagome, estas pálida - le toco la frente y luego el rostro completo- ¡Ala! Estas hecha un tempano.
- tengo… un poco de frio. Sin embargo estoy… estoy bien. Ya me tomare las hierbas, y veras que no demoraran en hacer efecto.
No era necesario preguntar el porque de su estado; ya había visto en el cuarto de baño la ropa ensangrentada… su corazón se sentía tranquilo al ver que su adorada "hermana" no se encontraba en estado. Bastantes rezos realizaba por ella al saberla amante de Inuyasha, y todo se empeoraría si una criatura viniera en camino.
Kagome siguió con su búsqueda, y Jade volvió a detenerla.
- siéntate, yo lo busco…
Kagome dudo un poco. El mantenerse en movimiento impedía que pensara en las desagradables molestias que parecían aumentar. Sin embargo al ver que lo único que hacia era empeorar todo al desordenar cada vez más, asintió y se fue a ganar sobre el taburete de su tocador.
A los minutos después la joven musulmana se acerco a ella tendiéndole el broche, que sin demora, había encontrado.
- toma - le dijo Jade. Kagome al recibirlo, lo acaricio y observo con cariño - ¿te sientes mejor? - pregunto al verla aun pálida.
- si… - musito.
Jade con una agilidad digna de ella, en un abrir y cerrar de ojos ya tenia la habitación prácticamente ordenada. Y como Kagome estaba pendiente de darle los últimos detalles a la cajita de regalos que preparaba, ni cuenta se había dado.
- ¡listo! - exclamo Kagome alzando el paquete para poder apreciarlo mejor - ¿Qué opinas? - pregunto a su hermana mostrándole el envoltorio.
La pequeña cajita en la que se encontraba el broche, estaba cubierta por una tela de suave tono rosa, con un moño de cinta de raso blanco.
- bastante bien, considerando que lo hiciste tu - contesto Jade sin para de reír.
Por lo que Kagome con una mueca, dijo:
- ja, ja, ja. Que gracioso.
Jade sonrió y se acerco a ella, para luego tomar el pequeño paquetito.
- esta bonito ¿es para Jack?
- así es - contesto orgullosa.
Reconocía que las cosas manuales no era algo de ella, por lo que siempre lo dejaba en las capaces manos de Jade. Es solo que esta vez sentía que el presente debía ser totalmente de ella. Y ahora que lo observaba, no le había quedado tan mal.
Lo único que no pensaba lo mismo, era el vestido de donde arranco la tela para envolverlo. Pero, que importaba, vestidos tenia varios, y ese no era su favorito.
- sabes… - Kagome se volvió hacia Jade al oírla - cuando la veo, me trae recuerdos de cómo eras cuando te conocí.
- si, puede ser… es un poco extraño lo que me sucede con ella.
- ¿extraño, en que sentido?
- no se. La verdad es que no puedo evitar sentir una fuerte conexión, y no solo con ella, con toda la familia.
- y en especial con… con Inuyasha…
- no es lo mismo. Con él es diferente - aclaro a la defensiva. Cosa que provoco que las molestias aumentaran.
- ¿diferente? - pregunto Jade con amplio interés - ¿en que sentido?
- no lo se, solo diferente. Es algo mas profundo… es como si… es como si pudiera ver dentro de él, es algo… no se como explicarlo… es algo que trasciende lo físico… - y al darse cuenta de lo absurdo e inentendible de lo que decía, en un suspiro dijo:
- ¡Dios! Debo estar loca.
- no, claro que no. Lo entiendo. Lo de ustedes trasciende… lo físico. Lo de ustedes es algo espiritual. Ya sabes, como el amor…
- ¡claro que no! - alzo la voz al interrumpirla - yo ya no lo amo. ¡ASÍ QUE NO LO VUELVAS DECIR!
Kagome exasperada se levanto y se apoyo en uno de los pilares de su cama tratando acumular fuerzas, ya que no se estaba sintiendo nada de bien.
- esta bien, perdón. Ustedes… ya sabes… siguen…
Mas calmada, Kagome boto el aire de sus pulmones y volviéndose a ella, respondió lo que tanto incomodaba a la joven árabe preguntar.
- si, seguimos. Todas las noches.
- ¿todas las noches? Supongo… que hoy no lo iras a ver ¿cierto?
- lo haría, si no fuera algo tan incomodo y desagradable.
- ¡ala! - exclamo escandalizada - ¡Haram, Kagome! Por el amor de Ala. Ni siquiera lo pienses.
- ¿de que hablas, Jade?
- ¡el estar cerca de un hombre cuando tu sangre ha bajado! Estas impura; lo mancharas con solo tenerlo cerca. Ala…
- por Dios Santo, Jade. Las cosas que dices. En tal caso, todos los hombres de la finca y del pueblo, incluso los Cherokees están manchados. Y en estos tres años no e visto que a nadie se le abra el suelo en el que caminan y sean enviados al infierno por solo estar en mi presencia en mis días.
- pero… eso es lo que se me enseño. Guardar distancia y no mirarlos a los ojos si no quiero esparcir la corrupción por sobre la tierra.
Jade apretó el vestido que tenia en sus manos para guardarlo, y como siempre agacho la mirada.
- mi dulce, Jade - le sonrió con dulzura.
¿Como hacerla ver que las cosas no son tan terribles, como se lo han contado durante gran parte de su vida? No tenia idea. No obstante, aun así hacia el intento.
- ¿lo has vuelto a ver?
- no, desde antes de ayer.
- supongo, que inventaste algo. No hay nada peor que un hombre sepa cuando estas en tus días.
- no, Jade. Solo deje de visitarlo.
Se acomodo en la cama, e intento calmar sus molestias mentalmente.
- ¿y no ha dicho nada?
- vino a buscarme, pero, no le conteste, así que, debe estar creyendo cualquier cosa. Para lo que me importa…
Se abrazo con fuerza a la almohada en vuelta en sus pensamientos y en su malestar, sin deseos de seguir tocando el tema. Cosa que Jade pudo ver, por lo que agrego:
- ya veo. Descansa. Iré a prepararte las hierbas.
Luego de que su apreciada hermana le trajera la infusión que contenía ajenjo, manzanilla y milenrama; intento descansar. Pero el dolor a mitad de la noche fue casi insoportable, y el hecho de que Inuyasha golpeara otra vez su puerta, no la ayudaba a calmarse. Pero, aun así, no le contesto.
Aguanto lo mas que pudo, sin embargo los espasmos se volvieron incontrolables a temprana mañana. Intento levantarse, pero sus piernas cedieron, haciéndola caer aun lado de su cama. Y sin ánimos y fuerzas de levantarse, se quedo ahí mismo, recibiendo el frio que acompañaba el alba.
A la hora después, sintió como el cerrojo de su puerta emitía el mismo sonido que si le estuvieran sacando el seguro que le pidió a Jade que colocara.
Por lo que supuso que debía ser Jade, y como lo agradecía, ya que se sentía morir.
- Kagome - se escucho llamar desde la puerta - Jade me dijo que anoche no te sentías bien.
La señora Taisho al verla, de inmediato corrió hacia ella para auxiliarla.
- ¡por el amor de Dios! - exclamo George - querida ¿Qué te sucede? - le tomo una de sus manos y al sentirla tan helada como si se tratara un pedazo de hielo, con urgencia le toco el rostro, que estaba igual o peor de helado - ¡pediré que busquen un medico!
- no… - logro pronunciar entre sollozos - ya pasara. Por favor…
- como quieres que no lo haga, si mira como estas.
Trato ayudarla a levantarse, y cuando observo la cama empapada en sangre, el pánico la inundo.
Llevo la vista al camisón de Kagome, y pudo per como este estaba igual de manchado en la parte baja.
- ¡Buen Dios! - exclamo asustada, corrió hacia la puerta y desde ahí grito al pasillo - ¡AYUDA!
James que salía de su habitación, corrió donde ella.
- ¡por Dios Santísimo! - exclamo Lord Taisho en el preciso instante en que atravesó la puerta de la habitación al dar con impactante escena - iré por un medico.
Se estaba girando para correr por el doctor, cuando las palabras de su apreciada Kagome en suplica le hablo.
- no, tío, por favor… ya pasara. Por favor - James frunció el ceño, no asintió aceptando lo que la joven le pedía, ya que de todos modos iría por uno.
- ¡KAGOME! - grito Jade al ingresar a la habitación con una nueva dosis de la infusión, la cual dejo en un mueble y se dirigió hacia ella con rapidez, dispuesta a ayudarla a levantarse - porque no me llamaste, o mandaste a buscar ¡Cualquier cosa! Gritado aunque sea.
Jade le acaricio el rostro, y sin ocultar su aflicción comenzó a sollozar.
- A decir verdad - comenzó a decir para calmarla - estaba bastante cómoda ahí.
Ambas se largaron a reír.
- ¡Dios, muchacha! - dijo James sorprendido - bromeas aun estando así.
Kagome le sonrió, pero esta se vio nublada por las molestias.
La ayudaron a sentarse en la cama y George se encamino hacia su marido para solicitarle que saliera de cuarto. Mientras que este, sin dejar de mirar con seriedad a la joven, dejo paso para que la ceja enarcada se presentara.
- ¿Qué sucede? - le pregunto su esposa al ver su estado.
- que me parta un rayo ahora mismo, George, si es que esta muchacha acaba de perder una criatura.
Su señora esposa con rapidez se volvió hacia la joven, quien con tranquilidad intentaba sonreír ante las atenciones de la que es su hermana.
- no lo creo. No se vería tan tranquila a pesar de su estado enfermo.
- bueno, habrá que corroborarlo.
Comenzó a caminar hacia ella, sin embargo George lo sujeto del brazo impidiéndole continuar, y con seriedad le dijo:
- no cometas ninguna imprudencia, James. Puede que este así por otros motivos.
- ¿así? ¿Cómo cuales?
- bueno… e sabido de mujeres que sufren en sus "días", en donde las hemorragias son interminables, y por lo visto, a Kagome le sucede eso.
James con una mirada intimidante se quedo meditando en ello.
A él le había tocado presenciar casos como este, con su fallecida hermana Melissa, y con la hija de esta, Regina. Otra coincidencia que no le agradaba.
Luego de esta comparación, ya no sabia que era peor, si creer que la coincidencia que acababa de descubrir dándole mas puntos a la posibilidad de ser una Taisho, o que ella este así por que estaba de encargo.
Soltó un gruñido comprendiendo cual era peor, a su criterio.
- espero que sea eso, George. Por que si no, el idiota que la embarazo no vivirá para contarlo.
- ¡James!
- ¡¿Qué? Si no lo hago yo, ten por seguro que Tony, o peor aun, Charles lo hará cuando se entere ¡y con mi ayuda!
- buen Dios… - musito su esposa a sabiendas que tal amenaza era dicha con deseos de cumplirla - déjame hablar primero con ella. Ahora sal, para poder cambiarla.
El señor James gruño, y con largas zancadas se retiro del cuarto, hacia el mueble de licores que se encontraba en el salón, dispuesto a beberse todo lo de la habitación.
Jade ayudo a la joven a lavarse, mientras que George, buscaba ropa de cama limpia para cambiarla por las manchadas. La ayudaron a cambiarse, y la llevaron a recostarse en su cama.
- ¿no pasa? - le pregunto Jade a la joven Higurashi al verla encorvarse apenas se sentó en una orilla.
Kagome negó.
- va ver que aumentar la dosis de manzanilla - le pidió Kagome, y Jade asintió.
- ¿siempre sucede lo mismo? - se atrevió a preguntar George.
- si… - respondió con voz cansada - por desgracia, solo… mes por medio tengo descanso - intento sonreír, sin embargo solo salió una mueca de dolor - pensé, que ya había parado. Hacia tres meses que no sufría molestias. Por lo visto, cante victoria muy pronto. Lo único malo, es que no podre asistir a la fiesta de Jack…
- ella entenderá. No te preocupes, yo le explicare.
George se levanto, recogió un par de prendas que yacían en el piso, dejándolas luego en uno de las sillas del rincón.
- señora George - esta, al escucharla se volvió - perdón. No quería preocuparlo…
La señora Taisho se acerco, se sentó a su lado y la abrazo intentando darle fuerzas.
- pero ¿Qué dices? - la estrecho con mas fuerza - esto no es tu culpa. Tranquilízate, y descansa… sobrina.
Kagome la observo con sorpresa. George le beso la coronilla, y con cariño, le tomo el mentón a Jade que sonreía con dulzor, dejándole en claro que aquello de "sobrina" era para ella también.
James, durante toda la celebración se mantuvo en un rincón de la habitación sin ganas de ser cordial con nadie, ya que andaba con un humor de los mil demonios.
Nadie, absolutamente nadie se atrevía siquiera hablarle, ya que pareciera que fuese asesinar a cualquiera que se le atravesara por enfrente, ya sea mujer, hombre o niño. Y todo porque George aplazaba constantemente el tema de Kagome, ya que supuestamente estaba ocupada con la endemoniada fiesta.
Situación que lo hacia empeorar a cada segundo. Ya que su imaginación se daba el gusto no precisamente de traerle a la mente cosas buenas con respecto a lo que presencio en la mañana. Y un posible embarazo, era lo de menos.
Anthony, como siempre a cuadras de distancia percibía cuando su hermanito estaba en tal estado. Por eso, siempre opto por la prudencia en esas instancias.
Así que, durante toda la fiesta, como cual animalito que siente a su depredador, se quedo a una distancia prudente. Solo lo suficiente como para que su humanidad no se viera brutalmente afectada, cosa que suele suceder en todos los casos.
Hasta Inuyasha, en una ventana que se formo en sus pensamientos sobre la joven Higurashi, al ver a su padre, procuro adoptar la misma actitud de su tío.
Pero, no solo fue el desagradable humor de su padre lo que alcanzo apreciar, si no también el de su apreciada hermanita.
Jack estaba triste. Se limitaba aun simple "gracias", "bienvenidos", o aun escueto "si" o "no". Y la jovencita apenas encontraba la oportunidad, se alejaba de la puerta de entrada para sentarse en la escalera.
- George - su madrastra entre saludos a los invitados le indico que lo escuchaba - ¿que le sucede a Jack?
Se volvió hacia su hija, y suspiro.
- esta así, porque Kagome no asistirá.
Inuyasha enarco una de sus oscuras cejas, y un poco reacio a creerlo, pregunto:
- ¿no asistirá? - George asintió - ¿porque?
- esta un poco… indispuesta.
- ¿indispuesta?
George volvió asentir.
¡Indispuesta! Resoplo. Se volvió hacia la escalera llevando su vista al segundo piso.
Había escuchado excusas mejores.
Acaricio los cabellos de su hermana, y dando largas zancadas avanzo hacia el segundo piso, con una habitación en su mente.
Kagome se retorcía del dolor. Sin poder aguantarlo, lagrimas recorrían sus mejillas, mientras que como modo de soportar el dolor, se encorvo, cosa que de todos modos no ayudo.
- ¡Ay, Kagome! Nunca te había visto tan mal.
La joven Higurashi intento sonreír, sin embargo, tuvo que dejarlo cuando una nueva contracción hizo que cambiara su expresión, por una de completo dolor.
Aguanto la respiración, y estrangulo la almohada con todas sus fuerzas. Y Jade, al verla relajarse, pregunto:
- ¿mejor?
Kagome asintió.
- iré a prepararte… no se, algo. Una nueva dosis de infusión.
Nuevos espasmos comenzaron, y Jade en pánico, se acerco a auxiliarla, pero, Kagome con una mano en su vientre y a otra extendida hacia la joven árabe, trataba calmar su respiración.
- ya paso. Ve. Estaré bien…
Jade en cosa de segundos salió de la habitación, dejándola en completa soledad.
Se levanto de su cama, y se dirigió a la saliente del ventanal, en el que había un cojín para sentarse. Pudo ver como llegaban los últimos invitados, Y como salía gente de la casa. Suspiro entristecida por el hecho de no haber podido asistir…
Sintió como la puerta se abría de golpe, para luego ser cerrada de manera estrepitosa.
No fue necesario que se girara para ver de quien se trataba, ya que este al instante, lo dejo saber.
- me puedes decir ¡¿Qué demonios te sucede? - bramo Inuyasha adentrándose a la habitación - Jack, esta abajo, deprimida debido a que tu no estas ¿Cuál es tu problema? Si me quieres evitar, BIEN. Pero, no le hagas esto a ella, que no se lo merece, y tu bien lo sabes. Así que deja el berrinche y baja. Ya es hora de que te comportes como una mujer, no como una niñita malcriada.
Inuyasha se acerco al armario de la joven, busco entre los vestidos, y cuando dio con el que consideraba apropiado, lo saco y lo lanzo sobre la cama.
- ¡colócatelo! si no quieres que te lo coloque
No la vio siquiera mover un dedo. Estaba ahí, sentada. El único cambio que pudo apreciar, fue como cerró los ojos y como su respiración se volvió más fuerte.
Estaba molesto. Ella lo había dejado de ir a ver de un momento al otro, sin siquiera una explicación. Tenia claro el porque, pero necesitaba que ella se lo digiera, para así hacerla cambiar de opinión. Pero Jack, la adoraba, y que Kagome estuviera dispuesta a no asistir a la fiesta, solo para no tener que verlo, lo tenia apunto de estallar. Su hermana no se merecía este desprecio.
Al ver que nada iba a sacar, exasperado, dijo:
- ¡Jesús! ¿Qué demonios quieres? ¿Qué me arrodille? ¿Qué suplique tu perdón ante mi falta? - Kagome no se movió - esta bien. Reconozco que rompí el trato. No una ¡si no dos veces! ¿Por qué? No tengo idea del porque - mientras continuaba con su monologo, comenzó a pasearse de un lado al otro sin dejar de hablar ni un momento - La sola idea de imaginarte con alguien que te pudiera agradar más allá que como un simple profesor ¡me hace hervir la sangre! Por eso lo hice - suspiro, y paso su mano por sus cabellos, tratando así calmarse - Así que si quieres terminar el trato, hablémoslo luego de la fiesta. Ahora, por favor vístete para que bajemos.
Si el nuevo espasmo no hubiera capturado su atención, habría sonreído ante la confección de celos de Inuyasha, pero, lo único que hizo, fue llevar una mano a su sien y luego la bajo a su costado.
- ¿terminaste? - musito. Sin siquiera mirarlo, guio levemente la cabeza hacia él.
Inuyasha, por primera vez, desde que entro, pudo ver su rostro pálido y cansado.
- estas enferma - afirmo.
La joven, agotada, no le presto atención, estaba demasiado cansada concentrándose en intentar mitigar el dolor que con cada nueva contracción era peor. Las molestias se estaban volviendo tan seguidas, que ya creía que el dolor era uno y constante, pero aguanto estoica.
Llevo la mano a su vientre, y con suavidad lo sobo intentando darle calor.
Inuyasha al verla hacer aquel movimiento, la observo con pánico, y su pregunta lo demostró.
- ¡¿estas embarazada?
Kagome con lentitud volvió el rostro hacia él, y sin poder aguantarlo, casi se atraganto de la risa.
- te aseguro, que si lo estuviera, no estaría así.
Se irguió, respiro profundo y con lentitud boto el aire. Con un poco de dificultad camino hacia el asiento de su tocador. Cerró los ojos, y se concentro dejando su mente en blanco. Empuño con fuerza su mano, y susurraba una y otra vez en Cherokee: "yo controlo mi cuerpo".
Inuyasha, queriendo saber que decía, con el entrecejo fruncido, agudizo su oído. Logro saber lo que decía, sin embargo para él, era palabras sin sentido. Pero, lo que lo sorprendió, y bastante, fue verla erguirse como si nada
- ¡Kagome! - escucharon ambos, luego de que la puerta se abriera de improvisto - ¿Cómo te sientes? - pregunto la pequeña Taisho acercándose hacia la joven, que sorprendida, no dejaba de mirarla.
- ¡Jacqueline! - se oyó que la llamaba George entrando a la habitación.
- Jack… - musito Kagome con voz cansada - ¿Qué haces aquí? Deberías estar abajo.
- quería verte - contesto apenada.
- estoy mejor. No es nada. Mañana, estaré como nueva… ya veras.
Jack sonrió tranquila, y Kagome intento regalarle una sonrisa.
Inuyasha había permanecido callado, solamente observando la escena. Si no hubiera sido por que George examino con la vista la habitación, ni cuenta se habría dado de su presencia en el lugar.
- Inuyasha - dijo sorprendida su madrastra - ¿Qué haces aquí?
- eh… vine a ver como esta Kagome.
- valla. Que considerado - George le sonrió agradecida, a la lo que Inuyasha solo soltó una mueca, que se suponía, debía ser una sonrisa.
Inuyasha, sin interés en dar más explicaciones, llevo la vista hacia Kagome, quien, por lo visto, intentaba disimular su dolor. Su labio inferior tiritaba cuando dejaba de hablar, y su mano la empuñaba contra el taburete en el que se encontraba sentada.
- te tengo un obsequio - le dijo Kagome a Jack.
- ¡¿en serio? - exclamo entusiasmada la jovencita.
Con la vista, Kagome busco el paquetito que con tanto esmero había envuelto la noche anterior.
- ¿Dónde esta…?
Inuyasha, se apoyo contra uno de los muebles, y antes de colocarse en su típica posición (brazos contra el pecho), paso a tocar un objeto suave. Al girarse a mirarlo, se dio cuenta que se trataba de un paquetito envuelto en una tela de raso rosa, con un tierno moño blanco. Por lo que supuso, debía de tratarse del famoso regalo que Kagome aun intentaba encontrar.
- creo - le dijo Inuyasha - que buscas esto.
La joven, levanto el rostro, y pudo ver como Inuyasha le tendía la pequeña cajita. Así que, temblorosa la recibió.
- gracias… - musito.
Se volvió hacia Jack, que la miraba expectante.
- ábrelo.
Jack intentando calmar su ansiedad, lo abrió con lentitud. Quito la cinta, luego la tela, hasta que solo quedo una cajita de terciopelo rojo. Levanto la tapita, dejando ver su contenido. George al ver que su hija no salía del asombro, se acerco a ella intentando ver en que consistía el presente.
- Kagome - dijo George - ¡es maravilloso!
- espero que te guste - le dijo la joven Higurashi a la pequeña - perteneció a mi madre. Ella se lo regalo a Antonia a sus diez, y ella me lo obsequio a mis diez.
- es muy valioso - dijo Jack no muy segura de aceptarlo - ¿estas segura de obsequiármelo?
- muy segura… piensa, que te lo obsequio tu hermana mayor, ya que yo lo veo así.
Jack sonrió radiante, y de un brinco, la abrazo.
- gracias… hermana - le susurro al oído.
Kagome con delicadeza la separo. Había aguantado gran parte de la conversación, sin embargo, la última contracción, hizo que no pudiera ocultar su estado.
- ¿estas bien? - pregunto Jack preocupada.
- si… ve. Deberías estar abajo. Es tu fiesta. Ve, y espero que mañana me cuentes como estuvo, con lujo de detalles.
La muchachita asintió, y se dirigió donde su hermano. Le mostro el broche, que consistía en tres rosas, unidas desde la flor y los tallos de estas las rodeaban dejando ver las espinas y hojas a su alrededor. Era un prendedor hermosísimo.
Inuyasha le acaricio la mejilla. Y cerrándole un ojo, con un movimiento de cabeza le indico a su hermana que saliera de la habitación.
- Inuyasha - lo llamo George desde la puerta - ¿no vienes?
- eh… esperare a Jade llegue. Luego bajare.
- si, es lo mejor… - medito - los dejo. Trata de hacerla recostarse. No es bueno que este en pie.
Inuyasha asintió.
Luego de que quedaron solo, el joven Taisho se acerco a ella en silencio.
- deberías acostarte.
Kagome respiro hondo, y con un leve movimiento de cabeza, asintió.
Se levanto con cuidado, pero se tuvo que detener cuando las molestias no le permitieron continuar.
- ¡oh Dios! Maldición… - soltó en un sollozo mientras se apoyaba en uno de los pilares de la cama y se dejaba caer al suelo.
No alcanzo a tocarlo, ya que sin darse cuenta, Inuyasha la alzo en brazos y con cuidado la recostó en la cama.
Kagome tomo una de las almohadas y sin dejar de presionar, la mantuvo en el vientre.
Estaba helada y sudorosa, su rostro estaba tan blanco, como si de papel se tratara. En ese instante, sintió la fuerte necesidad de recostarse a su lado, para abrazarla con fuerza, y así poder darle calor.
Se estaba levantando para rodearla cama, y así ganarse a su lado, cuando la puerta se abrió, dando paso a Jade que ingresaba con una bandeja.
Kagome se coloco en posición fetal, e intentando dormir, cerró sus ojos.
- joven Inuyasha - dijo Jade - ya puede bajar. Yo me quedare con ella - bajo en rostro y con rapidez se acerco a Kagome.
Inuyasha asintió para si. Pero antes de salir, se quedo observando como Jade, con delicadeza la hacia beber lo que suponía debía ser algún medicamento, ya que las palabras en suplica que dijo la joven después, para que esto hicieran efecto, se lo hacia creer.
Durante lo que quedaba de fiesta, intento mostrarse tranquilo. Sin embargo, su mente y su vista se iban constantemente en dirección a la una de las habitaciones del segundo piso. Específicamente, en la habitación de Kagome, deseando estar allí con ella, en ves de intentar disfrutar algo que no lo llenaba.
Ya mas tarde, en su habitación, se debatía en ir. Tal vez, la puerta se encuentre cerrada, para variar.
Trajo recuerdo del escándalo que le armo hacia unas horas. Se sentía tan estúpido, tan… Okamanche. Sonrió al recordar las veces en que la joven lo llamaba así.
Bebió un poco mas del contenido del vaso que mantenía en sus manos. Lo dejo sobre la mesita de licores, y con rapidez, sin darse tiempo de siquiera meditar en que si lo que iba hacer estaba bien, salió de su habitación. Nunca ha sido aficionado al convencionalismo, y no lo seria ahora. Así que, que importaba si lo descubrían echando abajo la puerta de Kagome si era necesario.
Para su alivio, la puerta estaba sin el cerrojo pasado; así que, ingreso evitando ser escuchado. Se acerco a la cama, pudiendo apreciar como el rostro de la joven permanecía contraído a causa del dolor, mientras soltaba constantes sollozos.
Rodeo la cama, y con cuidado se metió en ella. La joven al sentir el contra peso, asustada intento levantarse, sin embargo, Inuyasha se lo impidió al pasar su brazo por su cintura.
- ¿Qué haces? - dijo asustada - sal - le ordeno.
Él se apego a ella y la estrecho con fuerza, intentando evitar que siguiera retorciéndose para soltarse.
- no, no me moveré de aquí - le dijo - Si quieres, grítame, golpéame, has lo que quieras; ni aun así, me sacaras… - suspiro - ¿sabes? La mejor forma de hacer que un cuerpo recupere la temperatura, es haciendo esto, y un buen trago - agrego.
Se acomodo, para poder abarcarla mejor en el abrazo. Paso sus piernas entremedio de las de ella, y con sus pies, restregándolos en los de ella, comenzó aplicar calor a causa de la fricción.
Kagome al sentir el calor que provenía de Inuyasha, dejo de moverse. Se apego más a él, y metiendo sus manos debajo de la camisa de él, intento darles calor. No pudo evitar sonreír al sentir como contrajo el abdomen con el contacto frio de sus manos.
Y recordando sus palabras, Kagome le dijo:
- un trago, no me vendría mal.
Inuyasha rio.
- ni a mi, querida - Ambos rieron despacio - No obstante, dudo que te haga bien.
Kagome resoplo.
- no creas… - le dijo la joven - que por esto, dejare de pensar que eres un Okamanche.
Él sonrió de medio lado y la acaricio entre el abrazo.
- no te preocupes. Esto es solo una tregua por esta noche.
- me parece aceptable.
Paso una de sus manos hacia la espalda de él abrazándolo, y se acomodo.
Lentamente fue entrando en calor, y así mismo fue sintiendo como las contracciones se volvían más lejanas unas con otras, permitiéndole dormirse a ratos, hasta que finalmente, vencida por el cansancio, sus ojos se cerraron con tranquilidad.
Le era tan agradable verla así, tan indefensa, y mucho mas al verse necesitado por ella. Le beso la coronilla, y acaricio sus cabellos con dulzura. Permaneció observándola gran parte de la noche, velando sus sueños y maravillándose con delicadas las líneas de su rostro. Se quedo junto a ella hasta que encontró que era hora de dejarla.
Llego a su habitación satisfecho consigo mismo, sin embargo, apenas se acomodo en su cama, no le agrado el vacio que se sentía en esta…
Continuara…
N/A: NEW CHAPTER! Lamento la demora, pero este capitulo se que lo compensa. Tiene un toque de ternura que me encanto jejejeje
Bueno, amigas mías, espero que les haya gustado, tanto como a mi.
Si nada más que decir, aparte de gracias chicas por los reviews, y de agradecer a Dios por permitir que los 33 mineros salieran sanos y salvos, las dejo con el avance, que se viene de lolos! Yija!
Avance:
- ¿me concede esta pieza? - oyó decir a su lado, y al girarse, estaba Inuyasha, realizando una exagera venia.
Levanto una ceja, y sin responderle se volvió hacia la pista de baile. Incluso, hizo inexistente su presencia.
- señorita Higurashi - Kagome al oírse llamar, y al ver en quien se trataba le sonrió con cordialidad.
Provocando que Inuyasha, sin darse cuenta, algo tan típico en ella, la famosa mirada inescrutable.
- señor Melbourne - con una leve inclinación de cabeza y de rodillas, lo saludo.
- vengo por la pieza prometida… - apenas el joven llego a su lado, cayó ante la presencia de Inuyasha. Por lo que se irguió y pegando sus palmas a sus costados le realizo una venia - señor Taisho, no había visto… - Inuyasha corrió la vista, dándole a entender que su presencia no era de su agrado, cosa que Albert Melbourne dejo pasar colocando toda su atención en Kagome.
- espero que no le moleste - le dijo a Inuyasha - pero, la señorita Higurashi me lo había concedido al inicio.
Kagome simplemente se limito a sonreír. Había olvidado aquello. Dios, que complicado. Justo cuando había decidido dejar de crearle ilusiones. Aunque, bailar no tenia nada de malo…
- si me molesta - soltó secante Inuyasha.
- no deberías estar tan molesta - le dijo el joven Taisho - solo quería bailar, y se que tu lo deseabas. Tómalo, simplemente como: "dos personas que deseaban bailar, y que al notarlo, decidieron cumplirlo".
- "forzado", querrás decir - hablo por primera vez la joven provocando que este riera al oírla.
- eso es un pequeñez. Simplemente necesitabas un empujón, cosa que te di.
- un "tirón", permite corregirte - Inuyasha rio - no entiendo tu fascinación por jalarme el brazo en lugares públicos. Eres un verdadero cavernícola, Inuyasha Taisho.
- por las noches no oigo quejas al respecto. Incluso, eres tu, querida, la que pareciera ser sacada de alguna Era primitiva. Cosa que no me molesta en lo absoluto, todo lo contrario. Lo encuentro de lo mas excitante.
- te pasarías si te quejaras.
- te aseguro, querida mía: No hay queja alguna. Todo lo contrario - se acerco a su oído y respirando con fuerza en el, en un susurro volvió a decir - todo lo contrario...
NOS LEEMOS…
