Todos los personajes son creados por Stephanie Meyer, los créditos de esta historia son todos para la autora Amethyst Jackson, la traductora de los capítulos del 1ro hasta el 26 es Ana Fluttersby. Yo traduje y edite del capítulo 27 hasta el 41, agradeciendo a las chicas de Elite fanfiction que tradujeron 38-39-40.

Capítulo Veintiuno


—Lo estás haciendo de nuevo —Bella rió.

—¿Haciendo qué? —pregunté sin abrir los ojos. Estaba contento donde estaba, con los dedos de Bella recorriendo mi brazo de arriba abajo, trazando mis venas vacías.

—Ronroneando —dijo Bella. Podía escuchar la amplia sonrisa en su voz y abrí los ojos para verla.

—Es una respuesta involuntaria —me defendí.

Bella se rió de nuevo. —Lo que sea que sea, me gusta. Es adorable y sexy a la vez. Y me gusta que lo hagas por mí.

—No creo haberlo hecho nunca antes de ti —admití.

—¿Hay muchas cosas que son así para ti? ¿Me refiero a involuntarias? —preguntó contemplativa, dibujando garabatos sobre mi piel.

Me encogí de hombros. —Los vampiros somos muy instintivos, supongo. Dependemos de nuestro instinto animal para cazar, para alimentarnos, para sobrevivir. Debemos desconectar nuestro lado humano a veces tan sólo para mantenernos con vida.

Bella frunció el ceño, pero sus ojos miraban hacia abajo, dejándome sin pistas sobre sus pensamientos. —¿Pero tu lado humano está ahí todavía, verdad? ¿Tienes el mismo tipo de pensamientos y sentimientos?

Ah, así que estaba preocupada por mi capacidad emocional. Me sentí un poco herido. ¿Podía estar dudando de mí, incluso ahora?

—No siempre fue así… por mucho tiempo perdí el contacto con mi humanidad. Reconocía las emociones que miraba en el mundo humano por lo que eran, pero yo mismo no las sentía. Hasta ahora… ahora todo está resurgiendo gracias a ti. Y en cuanto a los pensamientos… bueno, son esencialmente los mismos, pero los cerebros de los vampiros tienen menos limitaciones… podemos pensar en muchas cosas a la vez y nuestra memoria es perfecta.

—¿Perfecta?

La expresión de Bella era más relajada ahora, simplemente escéptica e inocentemente curiosa.

—Recordamos todo, para siempre. Cada insignificante detalle. Podría recitar cada palabra de un periódico que leí hace cincuenta años.

Bella sacudió la cabeza. —Tan sólo tratar de comprender eso hace que me duela la cabeza.

Me reí entre dientes. —Bueno, sólo estás usando el diez por ciento de tu cerebro, humanita.

Bella volteó los ojos. —Qué in-evolucionado de mi parte.

Se recostó de nuevo y apoyó su cabeza en mi hombro. Luego de un rato de silencio, su voz me sobresaltó.

—Hay algo más que me estaba preguntando —el tono de su voz sugería que pensaba que me iba a desagradar su pregunta. Me preparé.

—Continúa.

Se mordió el labio. —Bueno, la forma en que hablas de… alimentarte hace que suene como si no puedes hacerlo sin matar… me preguntaba por qué era eso.

Estudié su expresión. Evadió mis ojos, pero vi más que simple curiosidad en la expresión de su frente. Me preocupaba lo que no estaba diciendo ahora que estaba consciente de cuánto era capaz de ocultar.

—Hay dos razones. La principal es que cuando probamos la sangre, humana o no, nuestros instintos se activan. Se requiere una enorme fuerza de voluntad para parar. Incluso si lograrnos detenernos, la… víctima no viviría. Por una parte, es muy… desastroso. No tenemos colmillos como los vampiros de las películas para dejar pequeños y nítidos agujeritos. Nuestros dientes son simplemente muy filosos. El otro problema es que somos venenosos.

—¿Qué, cómo una culebra?

Me reí entre dientes. —Más o menos. Al principio, el veneno causa un dolor agudo y paralizante… pero, si paramos de alimentarnos, el veneno se introduce en el resto del cuerpo y convierte a la víctima en vampiro.

—Veneno… eso es interesante. Supongo que tiene sentido. ¿Es esa la única manera de convertirse en vampiro?

—Es la única manera que yo conozco —le dije. Arrugó las cejas, mirándome con algo parecido a la preocupación.

—Así que un vampiro debe haberte mordido. ¿No recuerdas quién? ¿Cualquier cosa sobre esa persona?

—Sólo recuerdo el dolor —dije. Estaba callada. Aún con el ceño fruncido y tuve que preguntar—. ¿En qué estás pensando?

Sonrió. —Realmente te molesta no saber, ¿verdad?

—Me vuelve loco —admití, encontrando su diversión contagiosa. —Pero, ahora de verdad quiero saber.

—Me preguntaba qué tipo de criatura pudo haberte dejado de ese modo. Más allá de la crueldad requerida para abandonarte así… no tiene sentido, ¿no? ¿Para qué tomarse la molestia de dejar de alimentarse si sólo iba a dejar ahí a la persona…?

Sus ojos estaban llenos de frustración y por primera vez sentí lo que era ser amado. Se miraba como si estaba lista para enfrentarse a mano limpia con vampiro que me convirtió, si hubiera podido.

—Me he hecho esas mismas preguntas un millón de veces o más. Quizá el vampiro debió para abruptamente para prevenir ser expuesto… no lo sé. Probablemente nunca lo sepa.

—Eso es horrible —dijo, haciendo una mueca—. No saber me volvería loca.

—No tienes ni idea —reí entre dientes. Se estaba poniendo cada vez más molesta por cosas que nada tenían que ver con ella. Era adorable. Pasé una mano por su columna, esperando tranquilizarla. No funcionó.

—Hay otra cosa que me he estado preguntando… pero he tenido miedo de escuchar la respuesta.

¿Y ahora qué? ¿Qué más podría preguntarse? —¿Qué cosa?

Se reclinó sobre sus codos, acostada sobre su estómago y respiró profundamente. —Si no fuiste tú… quien mató a esa chica del periódico… ¿entonces, quién fue?

Oh, eso. Hice una mueca de dolor. ¿Debería decirle la verdad? ¿Se asustaría? Pero ella estaba viéndome con un entrecejo fruncido por la determinación y sospechaba que no se conformaría con nada menos que la absoluta honestidad.

—No sé con exactitud. Uno de mi especie. No sé si deba estarte diciendo esto, pero Alice Cullen puede… ver el futuro. De acuerdo a sus visiones, tres de ellos se dirigían a Forks, pero no sabía qué camino…

—¿Forks? —gritó, tensándose— ¿Van hacia Forks?

—Sí… Bella, ¿qué pasa? —pregunté, viéndola luchar contra las sábanas en que estaba enrollada. La visión de las millas de piel desnuda mientras buscaba su ropa me hizo ansiar arrastrarla de regreso a la cama, pero no comprendía por qué se había levantado, para empezar.

—Mi papá está en Forks —dijo, haciendo un gesto dramático que se volvió más interesante porque acababa de levantar sus calzones rotos—. Hay gente que quiero allá, y podrían estar en peligro…

—Bella, cálmate —dije, sentándome rápidamente—. Probablemente ni siquiera han llegado a Forks todavía. Además, ¿qué piensas que vas a hacer al respecto?

—No lo sé. Yo… tallaré estacas. Tengo que hacer algo… No puedo sentarme a ver que alguien que amo corra en peligro.

Me di cuenta de que estaba hablando en serio y tenía las opciones de convencerla de lo contrario o de seguirle la corriente. Sabía cuál opción era más fácil.

—Espera, Bella, ¿OK? Primero que todo, no vas a matar a un vampiro con una estaca o agua bendita o cualquier cantidad de ajo. Todos esos son mitos. Hay muy pocas criaturas lo bastante fuertes como para vencer a un vampiro y los humanos no están entre ellas. Segundo, el sol aún brilla. Si quieres ir a Forks, iremos a Forks, pero no puedo salir por al menos una hora más y no voy a dejar que salgas de mi vista hasta que estos vampiros dejen el área.

Bella ya había manejado ponerse sus jeans y mi camisa y cruzó los brazos encapsulados en mangas que eran demasiado grandes para ella. —¿No me dejarás ir?

—Bella, este no es el momento de defender tu independencia. Voy a protegerte, aunque me lo hagas difícil. Si insistes en ir a Forks, te seguiré, de una forma o de otra, sería más fácil y mucho mejor para mi paz mental si esperaras a que pudiera acompañarte. Además, si yo conduzco llegaremos más rápido.

La postura de Bella se había relajado un poco y sabía que estaba cediendo. —¿Por favor, Bella? Nos iremos tan pronto como se ponga el sol, te lo prometo.

—Bueno —suspiró, sentándose pesadamente al borde de la cama. Tenía su espalda hacia mí, previniéndome ver su rostro y eso me preocupaba.

—¿Bella, estás bien?

—Estoy bien —dijo, volteando con cierta renuencia hacia mí—. Es sólo que… cuando empecé a pensar en vampiros, principalmente pensé en nosotros… No pensé en cuántos habrían por ahí o en las ramificaciones que tendría. De pronto, hay una nueva amenaza contra la cual estoy totalmente indefensa… y me asusta.

—Estaría sorprendido si no estuvieras asustada —dije, acercándome. Quería tomarla en mis brazos y darle tranquilidad, pero no sabía si apreciaría eso ahora—, pero, Bella… tienes la misma posibilidad de ser atacada por un vampiro que de que te caiga un rayo y no vas por ahí preocupada por eso, ¿o sí?

Bella arrugó la frente. —Edward, puedo mencionar a siete vampiros sin pensarlo mucho.

Me reí entre dientes. —Bueno, probablemente tú seas un mal ejemplo. Tú pareces un imán para los problemas. Afortunadamente para ti, tiene a tu propio vampiro guarda-espalda personal. Pero las otras personas por las que te estás preocupando, tu padre, tus amigos, es muy poco probable que alguna vez se crucen en el camino de un vampiro que los lastimaría. Incluso los vampiros que están en el área, es improbable que entren al pueblo en sí. No querrán interactuar con humanos.

—Pero tú interactúas con humanos y los Cullen también —Bella señaló, aún intranquila.

—Nosotros somos la excepción a la regla —expliqué con paciencia—. Carlisle y su familia pueden vivir juntos en un lugar porque sus hábitos de cacería no dejan evidencia. Y yo… bueno, yo soy extraño, para un vampiro. Simplemente prefiero vivir en el mundo humano a una existencia nómada. Pero la mayoría de los vampiros son como animales, se entregan completamente a su instinto. Se retraen ante la exposición a la humanidad.

—¿Intentas decirme que ustedes tienen más miedo de nosotros que nosotros de ustedes?

Me carcajeé. —No, no creo que algún día encuentres a un vampiro que le tema a un humano. Pero tendemos a evitarlos.

—Supongo que eso ya es algo —suspiró—. Aún así, no puedo evitar preocuparme.

—Te mantendré segura —juré, y hablaba en serio.

Sonrió, enrollándose a mi lado. —Sé que lo harás. No es por mí que estoy preocupada.

No lograba sentir la obligación que ella sentía por esta gente, pero reconocí que lo que era importante para Bella debía ser importante para mí ahora… así que la acompañaría a Forks, aunque realmente prefería que se quedara lejos del peligro. Pero seguramente nada pasaría. ¿Cuáles eran las posibilidades, después de todo? Estos vampiros sentirían la presencia de los Cullen y evitarían el territorio, entendiendo que estaba reclamado. Con suerte, podría llevar a Bella ida y vuelta a Forks sin incidente alguno.

—¿Edward? Estás frunciendo el ceño —Bella dijo, codeándome.

—Lo siento —forcé una sonrisa—. Sólo estaba pensando en algunas cosas.

Asintió comprensiva. —Y, ¿qué quieres hacer mientras anochece?

Le lancé una mirada incrédula. Se carcajeó.

—Sí, esa fue una pregunta estúpida.

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El sol se puso un poco después de las seis, temprano, ahora que el otoño se acercaba. Bella me sacó por la puerta tan pronto como pudo e insistió en dirigirnos directamente a Forks sin pasar buscando ninguna de sus cosas. Traté de decirle que estaba exagerando, pero no me hizo caso.

Pronto estábamos volando por la carretera, Bella apretando sus ojos para evitar ver el paisaje pasando a toda prisa. Podía ver que la velocidad la molestaba, pero mantuvo su boca cerrada dado su sentido de urgencia. Chica loca.

—¿Y qué va a decir tu padre cuando aparezcas sin previo aviso conmigo detrás de ti? —le pregunté para distraerla.

—No tengo idea. Ya pensaré en algo que decirle, supongo.

Mi teléfono empezó a vibrar al momento que sus palabras dejaron su boca. Lo pesqué de mi bolsa y no me sorprendió nada, considerando todo, ver el número de Alice en la pantalla.

—¿Hola?

—Pregúntale si le gustaría quedarse con nosotros este fin de semana —dijo emocionada, sonando más como una chica adolescente que como una madura vampira.

Suspiré y miré a Bella, quien me miraba con curiosidad y desconcierto, sin duda preguntándose quién se molestaría en llamarme.

—Es Alice Cullen —le dije, volteando los ojos—. Quiere que nos quedemos en su casa este fin de semana.

Los ojos de Bella se abrieron de sorpresa. —¿Cómo supo… oh, claro, ve el futuro. Uh, si realmente quieren que lleguemos… supongo que sería más fácil que explicarle a Charlie… siempre y cuando no nos vea allá…

—Su casa es en medio de la nada —le aseguré.

—Y dile que ayudaremos a proteger a Charlie —Alice dijo al teléfono—. Lo último que necesitamos es que el Jefe de la Policía muera misteriosamente y atraiga atención hacia los fenómenos del pueblo.

Mi boca se retorció un poco, desesperada por reír. —Dice Alice que ellos estarán felices de ayudar a cuidar a tu padre.

—Oh… eso es muy amable de parte de ellos —Bella dijo, a la vez que un poco de su preocupación se escurría de su rostro—. Supongo que deberíamos quedarnos con ellos, ya que están siendo tan amables.

Podía escuchar a Alice celebrando su victoria y esperé a que cesara antes de intentar hablarle.

—Eso es excelente, no puedo esperar —dijo Alice efusivamente —. No puedo ver dónde están los otros vampiros ahora, pero Jasper y Emmett están patrullando los alrededores del pueblo intentando interceptarlos, si fuera necesario.

—Bien. Creo que puedo llegar allá en una hora o menos. Oh, y gracias por la advertencia oportuna, por cierto —añadí en tono irónico.

Alice sólo se rió. —Si te hubiera advertido, las cosas no hubieran salido tan bien, confía en mí. Los veremos pronto.

Escuché el click cuando cerró el teléfono en lugar de un adiós. Sacudí mi cabeza mientras metía el celular de nuevo en mi bolsillo.

—Eso fue… raro —Bella comentó, aún viéndose un poco confundida—. ¿Ella… hace eso a menudo?

—Si te refieres a que me llame al azar e interfiera con lo que sea que estoy haciendo, entonces, sí. Esa es una fuerza de la naturaleza.

—¿Cómo son los otros Cullen? —Bella preguntó— Conozco al doctor, claro, pero nunca he conocido a su esposa y nunca hablé realmente con los otros en el colegio.

Le describí a los Cullen lo mejor que pude, explicando cómo cada uno de ellos llegó a ser parte del extraño clan e intentando describir sus personalidades con lo poco que sabía de ellos. Bella escuchó atentamente, como tratando de memorizar todo lo que le decía.

Estábamos a unos veinte minutos de Forks cuando mi teléfono empezó a sonar insistentemente de nuevo. Estaba seriamente considerando ignorarlo cuando la decisión me fue arrebatada de las manos en la forma de algo saltando, totalmente de improviso, frente a mi carro.

Bella gritó cuando apreté los frenos, las llantas chillaron dolorosamente mientras el vehículo se deslizaba hasta detenerse. Miré inmediatamente a Bella para constatar que estuviera bien. Estaba respirando agitadamente y su corazón latía con fuerza, pero parecía estar ilesa. Volví mis ojos hacia el camino para ver a la criatura que había sido lo bastante suicida como para saltar frente a un vehículo que iba a cien millas por hora.

A primera vista, era tan ordinario que parecía humano. Cabello castaño, estatura promedio, contextura promedio. Pero las diferencias eran evidentes para mis ojos. Era un vampiro… y si sus irises negros eran buen indicador, estaba sediento.

Consideré con rapidez mis opciones. Si intentaba irme, me perseguiría y dudaba que tuviera muchos problemas deteniendo mi carro si se lo proponía. Con Bella dentro, tan fácil de lastimar, no podía optar por eso.

Quizá si hablaba con él, se iría. Quizá no tenía idea de que había un vampiro en el carro que detuvo, quizá si comprendiera lo que era y que Bella era mía, ser retiraría. Y si no… si no, le arrancaría la cabeza.

—Quédate en el carro —ordené a Bella mientras abría la puerta—. Sin importar lo que pase, ¿estamos claros?

Bella asintió despacio y mi empedernido corazón se estrujó ante el miedo que había en sus ojos. Tendría que tranquilizarla cuando esto terminara.

Permanecí cerca del carro después de bajarme a enfrentar al otro vampiro. Un rápido escaneo de sus pensamientos me dijo todo lo que necesitaba saber: Sabía con exactitud lo hacía cuando me detuvo. Sabía que Bella era mía y simplemente por eso, estaba decidido a tenerla.

—¿Tenemos un problema? —pregunté, observándolo con atención. A la vez, mantuve mis sentidos alerta por los otros, era probable que él fuera uno de los tres que Alice había visto y eso significaba que sus amigos no estarían lejos.

—Para nada —se acercó tranquilamente con una sonrisa perezosa—. Sólo que capté tu olorcillo y el de tu pequeño tentempié y pensé que podrías compartir.

—Yo no comparto —gruñí. Él simplemente se río entre dientes.

—Interesante. Diría que eres meramente territorial si no parecieras tan apegado a la humana. Su olor... te cubre por completo. Y ciertamente ella no parece ansiosa por huir de ti. ¿Exactamente, qué has estado haciendo con la chica?

—Eso no es de tu incumbencia —gruñí.

—Tienes razón… lo único que me incumbe es probarla.

Saltó rápidamente hacia el lado del pasajero donde se sentaba Bella observando. Brinqué tras él, derribándolo sobre la carretera, pero me empujó rápidamente. Agarré su tobillo cuando se puso de pié y lo jalé hacia abajo. Su cabeza golpeó contra mi carro con un crujido y solté un furioso rugido. Eso iba a dejar una abolladura.

Los humanos ojos de Bella finalmente captaron lo que ocurría y la escuché dar un alarido, pero mantuve mi atención en el vampiro que venía hacia mí mostrando sus dientes, mismos que luego se enterraron en mi brazo mientras desviaba su asalto a mi yugular. Maldije. El veneno de vampiro dolía en puta.

Estaba a punto de morderlo cuando fue súbitamente arrancado de encima de mí. Una voz femenina gritó: —¡James, detente!

Me puse de pie y vi a una pelirroja guindada del brazo del otro vampiro, pero viéndome fijamente a mí.

—¡Sabía que eras tú! —se carcajeó encantada— ¡James, es el chiquillo enfermo que no me dejaste conservar!

Me petrifiqué. —¿Qué?

Pero no necesitaba preguntar. Estaba reviviendo sus recuerdos ahora: Yo, prácticamente arrastrándome por las calles de Chicago, consumiéndome de fiebre… ella, llevándome a un callejón y mordiéndome, decidida a conservarme… James, furioso, alejándola a rastras…

Inicialmente, James no había hecho la conexión entre ese chico humano y yo, pero ahora entendía y estaba más determinado que antes a matarme. Grandioso.

—Eras una cosita tan adorable —arrulló la mujer, como si yo hubiera sido un cachorrito en ese entonces—. Yo estaba tan aburrida… Pensé que sería divertido tener a un neófito cerca. Pero James no quiso saber nada al respecto y debí dejarte. Me alegra saber que has logrado sobrevivir por tu cuenta. ¿Quizá te gustaría venir con nosotros ahora?

—No, gracias —dije, apretando los dientes.

—Lástima —suspiró—. Nos hubiéramos divertido. Pero parece que tú te has estado divirtiendo bastante con esa pequeña humana. Sólo hay una forma de impregnarte del aroma de alguien de ese modo… una única forma divertida, al menos.

—Victoria —James siseó, jalando su brazo—. Es hora de irnos.

Escuché lo que lo había alarmado al tiempo en que ella lo hizo. Dos vampiros se acercaban rápidamente. Oí las voces mentales de Jasper y Emmett y me sentí profundamente aliviado.

—Vamos —James insistió y ambos salieron como flechas a través del camino hacia los árboles. Momentos después, Jasper y Emmett aparecieron.

—¿Ya se fueron? —preguntó Emmett, sonando decepcionado.

—Sí —suspiré. Estaba a punto de contarles más cuando escuché la puerta de carro abrirse detrás de mí y me volteé a tiempo para que Bella se me tirara encima.

—Pensé haberte dicho que te quedaras en el carro —le dije mientras la agarraba.

—Cállate —dijo con voz forzada. Me di cuenta que estaba llorando.

—Bella, ya pasó… —dije, sobando su espalda inútilmente.

—¡Pudiste haber muerto! —lloraba, alejándose lo suficiente para mirarme con furia, como si era mi culpa.

—Pero no morí —le recordé suavemente— y tenemos amigos aquí ahora.

—Alice nos envió cuando los vio cruzarse en su camino —explicó Emmett y luego añadió convencionalmente: —Es bueno verte de nuevo, Bella.

Ella forzó una sonrisa en beneficio de él. —Hola, Emmett, Jasper.

—¿Qué pasó, entonces? —Jasper preguntó— Parece que te mordieron ahí.

—Era sólo el hombre, primero. Se lanzó hacia Bella y lo ataqué, me mordió en el proceso. La mujer se apareció justo después de eso y lo detuvo.

—¿Lo detuvo? —preguntó Bella, haciendo eco de la confusión en la mente de los otros.

—Te explicaré en el carro, pero deberíamos irnos. Si se encuentran con el tercero, puede que sean tan locos como para atacarnos de nuevo.

—Correremos a la par de ustedes —dijo Jasper, ya perdiéndose entre los árboles. Emmett se movió hacia el otro lado del camino, por donde los otros vampiros habían desaparecido. Conduje a Bella de regreso al carro y volví de prisa al asiento del conductor.

—Está bien, explícame —ordenó Bella cuando apreté el acelerador—. Si esos dos estaban juntos, ¿por qué iba ella a impedirle a él que te lastimara a ti?

—Porque… aparentemente… ella fue la que me convirtió.

Podía escuchar la incredulidad en mi propia voz.

—¿Qué?

Le dije a Bella lo que había visto en su mente, sintiéndome de pronto drenado. Esperé un largo tiempo para descubrir el misterio de cómo me había vuelto un vampiro y, ¿eso era todo? ¿Sólo una chicuela aburrida y su compañero celoso? Y lo peor de todo, parecía que la cosa no acababa aún.

—¿En serio? —se sorprendió Bella— ¿Estaba aburrida? Eso es… tan… egoísta. ¡Y dejarte como si nada! ¿Cómo pudieron ellos hacer semejante cosa?

—Ellos son egoístas. Egoístas, posesivos y avaros. Esa es la forma exacta en que los vampiros bebedores de sangre son… la forma en que yo era —admití—. Y no han cambiado. Ella aún está decidida a tenerme y él aún está decido a deshacerse de mí. Desafortunadamente, esta vez, yo tengo algo que él quiere, lo que le da más razones para perseguirme.

—¿Perseguirte? ¿De qué hablas? ¿Qué quiere? —Bella preguntó, casi histérica.

—Bella, el hombre, James, se deleita en el poder. Necesita establecer su dominio sobre lo que tiene y se emociona por arrebatar lo que pertenece a otros. Aquí, él tiene el perfecto juego de poder: Deshacerse de la amenaza que percibe que soy y en el proceso, obtener a la humana por quien lucho por proteger. He visto a su tipo antes… es despiadado. Nada menos que la muerte lo detendrá ahora.

Bella se estremeció, el aire del carro se saturó con el olor de su miedo. —¿Qué hacemos ahora?

Sacudí la cabeza, deseando tener una respuesta. —Ya lo resolveremos cuando lleguemos donde los Cullen.

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