Capítulo 20.
Más tarde, cuando las copias estuvieron listas y entregadas a Yukimura-san, volví a mi lugar de trabajo, hice las cosas de forma automática y silenciosa, no podía pensar en alguna otra cosa, mi cabeza estaba inundada de una sola idea. Tengo que descubrir si los chismes son reales, pero… ¿cómo? A ver, piénsalo bien Kuga ¿Qué harías si ella fuera tu… prometida? Lo normal sería ir a verla, estar con ella, y Fujino vive sola, podría recibirme como una visita o vivir juntas, no… debe ser lo primero… ¡Por eso el olor extraño! Tuvo sentido en ese momento, la había ido a visitar y aún quedaba rastro de aquel idiota… no, no, puede ser también una coincidencia, después de todo son amigos de la preparatoria, sería normal visitarla ¿no?... pero, ¿después de tanto tiempo?
Como sea, en el caso de que sea verdad, tendría que visitarla, obviamente fuera del horario de trabajo, ya sea que la invita a salir o la visita así que, tengo que espiar a Fujino, no queda otra opción. Tengo que empezar desde hoy; puedo hacerlo, tengo que salir casi al mismo tiempo que ella del trabajo, nada de horas extras y debía empezar cuanto antes. Justo en ese momento termino mi horario. Mi corazón brinco, deje todo como estaba, me sacudí y agarré mis cosas para salir echando humo.
-Kuga-san -ay no, era Yukimura-san -había olvidado preguntarte ¿ya tienes pasaporte? - ¿Qué? ¿para eso me molestaba?
-eh… no, no tengo -intente ser educada y paciente. En ese momento, olvide por completo el que me había hecho Sugiura antes.
-rayos ¿de verdad? Hay que tramitarlo y cuanto antes, ojalá quede antes de la fecha –¿Por qué me estaba hablando? ¿y porque me estaba quedando? ¿Por qué? -mira, tráeme estos papeles para mañana -me extendió una hoja que guarde descuidadamente en el bolsillo de mi pantalón.
-sí, está bien, nos vemos, adiós -dije de forma rápida y salí con prisa para llegar al estacionamiento y descubrir que el auto de Fujino aún estaba ahí. Bien, eso es perfecto.
Subí a mi motocicleta y me largué, sentía las palpitaciones de mi corazón retumbándome en la cabeza, necesitaba encontrar un lugar donde pudiera espiar la salida de Fujino, pero dada la hora, lo tuve que hacer rápido, por suerte, el callejón que me había servido la vez pasada, me ayudo esta vez también, era lo suficientemente oscuro como para cubrirme. Me metí con todo y moto a esperar el momento en el que apareciera. Después de una hora de espera, asumí que hizo horas extras. Estaba casi durmiéndome cuando vi las luces de un auto, fije los ojos en el conductor cuando paso de lado y resulto ser ella. Dejé que el auto se fuera hasta que ya cuando me llevaba cuatro calles, encendí la motocicleta y comencé a seguirla.
La "sorpresa" de aquel día, es que Fujino se paró en un minisúper a comprar té, luego, llego a su departamento, seguida por mí, obviamente, y espere, estacione mi motocicleta a la vuelta del departamento y me escondí lo mejor que pude entre unos arbustos y espere… y seguí esperando. Nada paso hasta la una de la mañana. Esa noche no hubo suerte… o simplemente es que no existía el prometido… ¿y si se lo preguntas? ¿Qué pasaría si se lo preguntara directamente? ¿me respondería con sinceridad? Pero si no te lo ha dicho antes… bueno, pero es posible que no sea verdad, entonces ¿Cómo podría habérmelo dicho? Sin embargo… si se daba la casualidad de que fuera verdad y no me lo había dicho… ¿Por qué no me lo habría contado? Todavía no pienses en eso Kuga, aún no hay nada seguro, esperemos por unos días, si yo fuera su prometido, trataría de verla cada día, eso si es que hay sentimientos de por medio.
Regresé a mi departamento, comí un cereal y me fui a dormir. Tendría solo unas horas de sueño, pero era necesario sacrificarlas para poder salir de dudas. Horas más tarde, cuando sonó la alarma de mi despertador, francamente me sentí con verdaderas ganas de no levantarme y mandar todo a la mierda, pero no podía hacerlo, necesitaba pagar la renta. Al principio fue difícil, el mero hecho de mantener los ojos abiertos me costaba, sin embargo, luego de lavarme la cara con agua fría, volví a ser yo. Me senté a desayunar otro cereal mientras meditaba mis métodos.
Para esta misión, lo adecuado sería ponerme ropa poco llamativa, negra de preferencia y que mi motocicleta no destacara, lo último sería difícil, porque no quería pintar mi motocicleta… quizás si le pusiera un plástico o cambiara de vehículo. No, eso ultimo será imposible. Si no puedo pasar completamente desapercibida para Fujino, quizás solo debería espiarla en su departamento, salir inmediatamente de la planta e irme a espiar su departamento. Si, esa era la mejor solución. De esa forma podría saber cuándo llega, si la visitan y quien la visita, y por cuanto tiempo, si sale con alguien, si llegan por ella o si se va sola y a donde va. Bien. No volvería a perseguir a Fujino, pero estaré al tanto de todo su movimiento.
Termine mi cereal y decidí empacar un pantalón negro por si acaso y me lleve puesta una chaqueta negra. Cuando llegue a trabajar, Yukimura-san pregunto por los papeles que me había pedido y con vergüenza admití que los había olvidado, obviamente Yukimura-san me llamo la atención. Trabaje todo el día con una sola cosa en la mente, largarme cuanto antes para ir a espiar que sucedía en el departamento de Fujino, por lo que, cuando termino mi horario, salí con bastante prisa del taller. Monte en mi moto, cheque que Fujino aún no hubiera salido antes que yo y conduje hasta su departamento, al llegar di un recorrido visual para encontrar el escondite perfecto, pero no fue nada fácil, había montones de edificios departamentales que hacían difícil el espionaje. Fruncí el ceño y me mordí una uña, debía haber una solución ¿pero cuál? Mire insistentemente a los edificios, si tan solo pudiera mirar desde el techo de alguno… ¿y porque no? Mire al que estaba frente al de Fujino, vamos, no era tan alto como el otro, y, si fuera un humano común sería prácticamente imposible, solo si fuera un humano común. Kuga Natsuki es más que un mediocre humano.
Estacione mi motocicleta en un callejoncillo que quedaba entre uno y otro edificio, mire la pared, lisa en su mayoría, pero con bordes, balcones y ventanas. Eran como diez pisos del suelo hasta el techo, pero a estas alturas Kuga Natsuki no se rinde. Me frote las manos y concentre toda mi fuerza en bíceps y antebrazos, tarde un poco sí, pero con esfuerzo y paciencia llegue hasta el techo trepando como una autentica araña.
Aquel día mi estrategia fue buena, logre ver el momento exacto en el que Fujino llego, estaciono su auto y entro a su edificio, luego me di cuenta de que necesitaba mirar más de cerca a todos los que entraban o salían, ya que no tengo visión del halcón. A las doce con once minutos ya no podía con mi alma así que regrese. No hubo ninguna visita, quizás eran puros rumores después de todo. Nada más poner la cabeza en la almohada deje de saber de mí para que mi conciencia se perdiera. Al otro día, volví a repetir la misma rutina y esta vez sí lleve los mentados papeles a Yukimura-san, además antes de llegar a espiar al edificio de enfrente, compre unos binoculares ¿Quién lo habría pensado? Jamás imagine que compraría una de esas cosas.
Con binoculares en mano, me dedique a espiar a cada persona que llegaba a los alrededores. Me di cuenta que estar vigilando un sitio puede ser sumamente cansado, miras a un lado, a otro, abajo, más abajo, y siempre hay un lugar de donde llega alguien, nunca puedes descansar de aquello, estas poniendo toda tu atención constantemente en cada detalle, o al menos yo lo hacía. Una hora más tarde, vi el momento exacto en el que llego Fujino, imagine que haría lo mismo que el día anterior pero no fue así. Salió de su auto y se quedó ahí unos minutos, en seguida fruncí el ceño. Venia de hacer horas extra, seguramente quería tomar un baño caliente, cenar y acostarse, pero no, estaba ahí, en medio de la noche, con frio, esperando algo. Exhale, y tanto yo, como Fujino esperamos hasta que llego un auto plateado que estaciono justo al lado de Fujino, dirigí mis binoculares a enfocar a la persona que manejaba el auto, no supe quién era hasta que bajo del auto y pude notar el repugnante rosto de Kanzaki. Apreté los dientes y sentí una presión en la sien.
Eso no significa algo Kuga, no significa algo, solo son amigos, siempre han sido amigos. Me repetí eso como un mantra hasta que Kanzaki abrazo a Fujino y yo casi reviento en rabia, ¿Cómo se atrevía ese sucio humano a ponerle sus repugnantes manos encima? ¿¡Como!? Apreté los dientes con rabia y continúe mirando. Ellos hablaron un poco y luego se dirigieron al edificio. Mastiqué miles de groserías hasta que por la ventana de Fujino, vi como el interior se iluminaba. Ya no quedaba duda de que el olor que había percibido la vez pasada, pertenecía a Kanzaki. Lo voy a matar, que no quede duda, lo matare.
El muy infeliz se quedó en el departamento de Fujino DOS horas. Casi no pude soportarlo, tuve unas monstruosas ganas de subir e irrumpir el departamento para matarlo ahí mismo y echarlo por el balcón con la esperanza de que no sobreviviera la caída de cinco pisos, pero no lo hice, hice muchas respiraciones profundas para ayudarme a conservar la calma. Sin embargo, casi me aviento desde el techo del edificio cuando vi como salían ambos del edificio ¿Por qué lo acompañaba hasta su auto? ¿Por qué? Y luego, ese infeliz, asqueroso, hijo de mala madre se atrevió a querer darle un beso. Por suerte Fujino lo evito con una sonrisa y algo le dijo que hizo que ese idiota de mierda se quedara a gusto, luego subió a su estúpido auto y se fue.
Fujino regreso a su departamento en calma, pero yo, yo ya no tenía más dudas, era verdad, los chismes eran verdad… ¿Por qué? ¿Por qué no me lo había contado? ¿Por qué tuve que enterarme con un chisme? ¿Por qué tuve que averiguarlo de esta forma? Respire hondo y deje los binoculares a un lado, ya no volverían a servirme porque no volvería a espirarla, las cosas ya estaban hechas y las preguntas contestadas. Lo que ahora correspondía hacer… fruncí las cejas y apreté los dientes con decisión… es matar a Kanzaki.
La rabia comenzó a inundarme, pensamientos negativos y de cierta manera enfermos por el odio comenzaron a llegar a mí. Respire profundamente mientas sentía de todo. Definitivamente no dejare que ese grandísimo imbécil se case con Fujino, ella jamás se casara con alguien que no sea yo. Si no es mía, que no sea de nadie, matare a cada pretendiente que tenga por el resto de mis días, hasta que al final, me elijas a mi Fujino, solo a mí. Tú… yo… si vas a ser esposa de alguien, has de ser solo la mía. No hay ni un camino más.
Eran casi las once de la noche y decidí marcharme, era poco probable que ahora sucediera algo más en el departamento de Fujino. Monte en mi moto y conduje a elevada velocidad, en casi treinta minutos llegue a mi departamento, me quite los zapatos y en automático me prepare un cereal. Me senté a comerlo en silencio mientras decidía la mejor forma de deshacerme de Kanzaki. Una de ellas podría ser seguirlo a su casa luego de que visitara a Fujino, por lo que tendría que volver a vigilar el departamento de Fujino. Me lleve una mano al mentón, no, no lo seguiré a su casa, no me tomare demasiadas molestias, en el pecado llevara la penitencia.
Iba a necesitar algunos preparativos especiales, dependiendo de cuanto tardaran serían los días que le queden de vida a Kanzaki. Al día siguiente, nada más salir de la planta, fui a un taller mecánico, había escuchado buenas críticas de el así que podía confiar en que tratarían bien a mi bebé, pedí que le hicieran mantenimiento, le cambiaran el tubo de escape y le pusieran un silenciador, necesitaba sigilo.
El mantenimiento y la instalación duraron casi tres días, ya que la había llevado en sábado, así que debía estar lista el próximo lunes, por la tarde tal vez. Fujino y yo habíamos quedado de ir el domingo a un onsen en el barrio Sumida, me vi tentada a cancelar, pero ¿Qué tan bueno sería cancelar? Definitivamente voy a matar a Kanzaki, si cancelo ¿despertaría algún tipo de sospecha? Lo pensé el resto del sábado, con la frente pegada a la mesa. Al final decidí ir por pleno compromiso, no porque realmente lo quisiera, si, era Fujino en ropa interior, Fujino en toalla, Fujino enjabonándose, Fujino lavándose el cabello, simplemente Fujino, pero también la imaginaba con ese imbécil, la imagen regresaba a mi mente vívidamente, así que no pude ni siquiera voltear a verla, pase casi toda la visita en las nubes, pensando, imaginando, ideando la manera de matar a Kanzaki con el mayor sufrimiento que se merece…
Estuvimos un rato en el onsen, yo me encontraba taciturna y Fujino tampoco hizo mucho esfuerzo por entablar una conversación ¿Qué pensaría ella? No lo sé… tal vez estuviera pensando en ¡como decirme que se va a casar! La realidad es que no fue así. Seguramente estaría pensando en todos los preparativos de su estúpida boda. Comencé a sentirme rabiosa, así que me levante y fui a secarme, termine en una sala de estar, fuera de los baños, bebiendo una gaseosa, entonces llego Fujino. Quizás se diera cuenta de que me sucedía algo, quizás no, ojalá y no. Fuera como fuese, me llevo de regreso a mi departamento y no dijo ni pregunto nada. Carajo, no le importo de nada… quizás no noto nada extraño en mi… ¡porque está pensando en Kanzaki, pedazo de idiota! Joder, eso me fastidiaba, mi propia mente actuando en mi contra. Fujino se fue y yo subí por el elevador, recargada en el muro, cansada y fastidiada de todo y de todos. Al final, pase la tarde metida en el kotatsu.
El lunes por la tarde, recogí mi moto, cuando volví a encenderla, en comparación con antes era notoriamente más bajo el ruido que emitía, realmente una gran diferencia, no supe que sentir, por un lado, servía para mis planes y por otro, no tenía ese rugido de siempre… bueno, ya, tranquilízate, se lo volverás a cambiar. Pagué los servicios y me fui. Podría haberlo hecho yo, pero no tengo las herramientas adecuadas, aunque tomarlas prestadas de la planta era una opción tentadora, sin embargo, si se enteran podría haber consecuencias no muy gratas.
Luego conseguí un mono de un azul oscuro, y finalmente una buena maleta. Guantes y botas ya tenía. A la mitad de la semana las preparaciones estuvieron listas y volví a vigilar el departamento de Fujino. Me queda semana y media para irme de viaje, así que debía hacerlo en esta o la siguiente. Quizá lo más conveniente es hacerlo en esta semana, si lo hago muy seguido de mi viaje podría ser sospechoso ¿Para quién? Para Fujino, a pesar de que ella debe creer que yo aún no lo sé.
Espié la noche del miércoles, el jueves y el viernes, no hubo nada, ¿Dónde rayos se había metido aquel imbécil? ¿es que acaso no le importa Fujino?
-hey Kuga -Sugiura se sentó conmigo en el almuerzo del sábado.
-hey -le dije mientras continuaba pensando en donde estaba ese grandísimo idiota, tengo prisa.
-no te había visto, ¿has estado muy ocupada en el taller? ¿le diste algo a Fujino por el catorce? -tuve que cortar el hilo de mis pensamientos.
-no… no le di nada -lo había pensado pero dados los hechos… además, Fujino tampoco me había dado algo, y era lógico en dicha situación, a quien seguramente le habría dado algo es al estúpido de Kanzaki, rechine los dientes del coraje.
- ¿Por qué? podría ser una buenísima oportunidad -me quede mirando a Sugiura en silencio, sopesando las ventajas e inconvenientes de contarle mis más recientes descubrimientos.
-pensé que sería molesto para ella -no me decidí rápido.
- ¿molesto? A nadie le molesta que le regalen cosas -Sugiura tiene una moral flexible, pero ¿sería tan flexible como para estar de acuerdo con un asesinato?
-sí, molesto, después de todo me rechazo -moví la lengua inquieta dentro de mi boca, quería decírselo, pero mis instintos me decían que no, esto debía ser un asunto solo mío, quizá eran solo imaginaciones mías, quizá hasta me apoyara y me consiguiera armas, pero decidí seguir mis instintos.
-mmm… -se oía que no estaba muy conforme con mi decisión, pero se lo callo - ¿quieres ir a beber al rato? -piensa una excusa buena para decir que no.
-no, quiero llevar mi ropa a la lavamatica -esa excusa no involucraba a gente que posiblemente conociera Sugiura. Sorprendentemente, Sugiura no insistió.
El almuerzo termino y continúe mi trabajo un poco de mal humor. Salí temprano, obviamente porque trabajo solo medio día y me largué a mi posición de espionaje. Estuve atenta durante dos horas hasta que el auto plateado llego. Me alegraba y a la vez me molestaba. Me mordí los labios, seguramente… seguramente la invito a salir, o la llevara a algún lugar. Él y sus sucias manos seguro querrán aprovecharse de ella. Lo voy a matar… lo voy… lo… apreté los puños y respiré profundo, no pierdas el control justo ahora Kuga. Recuerda: mente fría. Me volví a poner los binoculares y miré cuando Fujino subió al auto plateado y se fue con Kanzaki a quien sabe dónde. Decidí no seguirlos porque si los seguía mirando más tiempo juntos reventaría de coraje y me aventaría a matarlo en cuanto pudiera, claro que, quizá el no haberlos seguido fue peor que realmente verlos, porque en mi cabeza imagine todo tipo de situaciones que me hacían rabiar. Fujino tocándolo, abrazándolo, besándolo, intente no enloquecer ni dar rienda suelta a mi rabia. A veces tu propia imaginación puede ser tu peor enemiga.
Cuatro horas después el auto plateado entro en el estacionamiento del edificio. ¡Ya era hora, hijo de puta! En cuanto vi que estaciono salí corriendo de mi sitio y bajé lo más rápido que pude del edificio, colgándome y saltando, tratando de ser sumamente silenciosa, eran las ocho de la noche, debía tener cuidado. Cuando finalmente toqué el suelo encendí la motocicleta que apenas y emitía un suave susurro. Salí del callejón y me situé casi cuadra y media de la salida del estacionamiento en el que estaba Kanzaki. Si mis cálculos eran correctos, Fujino lo despediría en el estacionamiento, ese imbécil subiría a su auto y se iría, pero no fue así, espere quince minutos a ver salir el auto y nada mas no sucedió. Mastique groserías, apague la moto y me baje, caminando me adelante a mirar el estacionamiento, el auto seguía ahí mismo, apagado. ¡Desgraciado hijo de mala madre! ¡Subió al departamento!
Regresé masticando maldiciones para Kanzaki y subí a mi moto, tuve que esperar casi dos horas ahí hasta que finalmente vi salir el particular auto plateado. Ahora me las vas a pagar todas. Espere que se adelantara dos calles más, eso me daría tiempo para que Fujino entrara a su edificio y no me viera. Cuando el auto llego casi a la tercera calle encendí la moto y comencé la persecución a buena distancia. Al principio iba por calles muy concurridas, pero luego de veinte minutos comenzó a meterse en lugares cada vez más privados y, por lo tanto, solitarios. Kanzaki se había dado cuenta de que lo seguía. Apreté el manubrio y me adelanté hasta quedar casi detrás de su auto. Recorrimos así un par de calles hasta que se detuvo en la entrada de un parque público y bajo del auto, vaya, que valiente. Mi corazón empezó a latir furioso. También baje de la motocicleta, quedamos a escasos tres metros uno del otro.
- ¿Quién eres? -me espeto. Tan solo oír su voz me enojaba. Me quite el casco y lo mire con el ceño fruncido, el alzo las cejas -Kuga Natsuki…
-me las voy a cobrar todas -le dije sin ocultar mi molestia –tuviste suerte hace unos años, hoy no.
-así que es eso -él sonrió -no te tengo miedo Kuga, en ese momento francamente me asustaste, pero hoy no, las cosas no son iguales a aquellos días.
-lo mismo puedo decir -sentí como la sangre ardía en mi cuerpo -eres esa piedra en el zapato Kanzaki, una piedra muy molesta.
- ¿te he causado molestias? ¿acaso por Shizuru? - ¿Cómo se atrevía a llamarla por su norme? ¡Qué descarado! Eso avivo la furia que sentía.
-ya cállate -apreté los dientes, aun no pierdas la calma.
-nunca ha sido para ti, jamás lo será Kuga, sabes, me di cuenta de que te enamoraste a primera vista en aquel festival, hace ya tantos años, pero se va a casar conmigo, tengo el permiso de sus padres y de ella misma -sonrió, burlándose -sabes, incluso ya hemos vivido juntos ¿sabías que estuvo en corea dos años? -se me desencajo la boca -vivió cada día conmigo, en la misma habitación, en la misma cama -sentí como algo se clavó en mi pecho.
-basta Kanzaki -pero en lugar a detenerme a sufrir el dolor, me concentré en sentir la rabia esparciéndose por todo mi cuerpo, quemando -solo incrementaras tu sufrimiento -di el primer paso hacia él y como la rata cobarde que era, se metió al parque, tratando se evadirme por medio de los arboles -eres un cobarde de mierda.
-claro que no -de pronto salió de detrás de un árbol -solo que no quiero quedar expuesto a cualquier persona que vaya pasando.
Respiraba pesadamente, deje fluir la rabia en mi cuerpo y sentí como mis músculos se ponían tensos, el cambio a la primera transformación quedo listo en apenas unos segundos, luego, fui corriendo hasta él, pero me dio una sorpresa, detuvo mis manos que iban a golpear directamente su rostro, pero en sí, eso no fue lo único sorprendente, sus ojos habían cambiado hasta ser pupilas verticales, propias de felinos o reptiles, su estatura había cambiado, al igual que el volumen de sus músculos. Él era un cambiante, la sorpresa me duro poco, tenía sentido que un cambiante quisiera a un humano con sangre sobre natural, la quería para que tuviera a todos sus hijos. Eso incremento la rabia en mí.
- ¿Quién te crees que soy? -le escupí, cambiando inmediatamente en medio del forcejeo a mi segunda forma, el pelo broto en un dos por tres, las garras y los colmillos se hicieron presentes, pero lo mejor es que pude ver como la cara de Kanzaki pasaba de ser una segura al auténtico pánico.
-eres… eres… -no le di tiempo a decir más, la diferencia de fuerza ahora era colosal, le rompí los huesos de las manos y luego puse las mías en su cuello -me rindo… -alcanzaba a decir, machucando las palabras -por favor… -palabras que solo me hacían enfurecer más, si tanto la quería debía luchar más, así que no la merecía, no merece nada de ella -piedad -su patética actitud me impulso, solo ejercí un poco de más fuerza en su cuello, me costó solo unos segundos más de lo que creí romperle el cuello.
-búrlate ahora, pedazo de mierda -deje caer el cuerpo al suelo y yo volví a mi autentica forma -mis guantes están arruinados… -al igual que mi mono azul, por suerte cubría aun lo necesario, aunque las botas no tuvieron tanta suerte.
Gracias a Kanzaki, todo ocurrió entre los árboles, seguramente creyó que eso le favorecería a su transformación, pero en realidad me ayudo a mí. Regrese hasta donde había dejado mi motocicleta y de un compartimiento saque otro par de guantes que había comprado algún tiempo atrás, luego tome la enorme maleta que recién había adquirido, únicamente para esta ocasión. Regrese donde seguía lo que había sido Kanzaki, tuve que utilizar una fuerza considerable y romperle varios huesos para que el cuerpo lograra entrar en la maleta. Tomé las llaves de su auto y me dirigí al vehículo plateado. Arroje la maleta en el asiento trasero. Antes de entrar al auto me coloque mi casco, cuidando de agarrarme muy bien el cabello. Cuando todo estuvo preparado, encendí el auto y me dirigí a los muelles.
Estando ahí, me escabullí en una terminal de contenedores y tome una pesada barra de metal que encadene a la maleta, luego cuidándome de uno que otro vigilante, tire la maleta con Kanzaki y barra al mar. Fueron solo unos segundos hasta que el paquete se perdió de vista en el oscuro fondo, dejando solo unas burbujas de rastro, que minutos después, se acabaron. Por fin se había acabado la amenaza de Kanzaki, por fin. Una ola de adrenalina me hizo temblar. Esto lo había deseado tanto, tanto tiempo, casi se sentía irreal, pero no era así, porque podía recordar la sensación de cómo le rompí el cuello con mis propias manos; sin armas, sin pistolas o cuchillos, sino con mis propias manos.
Di la media vuelta, ahora solo faltaba deshacerme del auto. Regrese a donde lo había dejado parado y lo encendí, mire largo rato la terminal de contenedores hasta que halle una calle al extremo sur del lugar, cuyo final daba al mar, en algo que parecía una entrada para los buques. En el mayor silencio que pude lo conduje y me detuve cuando casi llegué al final del concreto. Apague el auto, lo deje en neutral y me baje a empujarlo desde la parte trasera. Hizo mucho ruido al caer al agua, pero, luego de que voltee a ambos lados, todo estaba silencioso y sin un solo testigo. El auto plateado se hundió en cuestión de segundos.
Estaba hecho, el trabajo estaba hecho. Sin testigos y sin evidencias, un trabajo perfecto. Bien por mí. Regrese caminando hasta el parque donde continuaba mi moto estacionada, esperándome. Al final, termine llegando a mi departamento casi a las dos de la mañana. Me quite con cierta lentitud el mono hecho jirones y me metí a bañar, donde me lave con una parsimonia impropia de mí, pero mientras tallaba, recordaba cada minuto de aquel evento, cada reacción, cada palabra; había sucedido tan rápido, me pareció sorprendente el descubrir, que apenas unas horas atrás existía Kanzaki y ahora ya solo quedaba en el pasado, como un mal recuerdo, un obstáculo que fue finalmente eliminado.
Luego de lavarme, me metí a la tina, era una tina pequeña, pero peor era nada. Suspire sosegada, había cierto estado de tranquilidad en mí, casi inexplicable, y digo casi porque ahora que Kanzaki había dejado de existir, podía relajarme un poco. Ahora solo me quedaba continuar al lado de Fujino… ¿podré hacerlo? Más bien ¿lo lograre sin decir palabra alguna de lo sucedido hoy? ¿podre guardar bien el secreto? ¿podre callar mis sentimientos? ¿podré olvidar algún día, que ella quiso casarse con ese idiota? Me quede en silencio durante largo rato, sin pensar en la respuesta, sin buscarla. Lo intentare, me dije ratisimo después, lo hare por ella, porque sé que mis sentimientos son puros, son verdaderos. Podre haber cometido una gran falta, un delito quizás, pero no tengo dudas de que mis sentimientos son los correctos, por lo tanto, no debo sentir de ninguna forma culpa. Sin culpa alguna ya que, habíamos luchado en condiciones casi iguales, él era un cambiante, igual que yo, más o menos débil, pero cambiante al final, con las mismas oportunidades de combatir, o casi las mismas, lo cierto es que el resultado es indiscutible, yo predominé la situación, fui más apta. Además, sin duda alguna, de haber tenido la oportunidad, él me habría asesinado, tal como yo lo había hecho.
Suspire. Quien lo hubiera imaginado, ese imbécil un cambiante que por unos momentos me dio batalla. Fruncí ligeramente las cejas, recordando. Las pupilas de Kanzaki, en un momento, cambiaron hasta ser verticales, como las de algunos reptiles o felinos… ¿sería un felino? He escuchado que hay muchos tipos de cambiantes felinos, quizá por eso, se asustó tanto cuando vio mi forma de guerra, donde es indiscutible mi naturaleza lobuna. Ja, estúpido gato, se lo tiene bien merecido.
Minutos después abandone la bañera para pasar a vestirme y finalmente meterme al futón. Me costó un poco dormir, podía decir que estaba tranquila, hasta convencida de eso, pero la verdad era un poquito diferente, luego de taparme hasta la barbilla y apagar las luces, comenzó un cosquilleo por mi espalda, algo parecido a quizás… cierto miedo, miedo a que de un momento a otro alguien entrara por la puerta y me acusara de asesinato, ¿pero quién? Eso no podía ser. Cerré los ojos, convenciéndome de que nadie podía saber lo que había hecho, no había testigos, no había evidencias, había sido perfecto, no hay nada de qué preocuparse, pero sobre todo, Fujino jamás lo descubrirá. No sé en qué momento me quede dormida, pero gracias a eso dormí hasta las dos de la tarde y cuando me levante me dolían algunas partes del cuerpo ¿Cómo era posible? Quizá por los cambios tan bruscos de una forma a otra, quizá porque no estaba acostumbrada, o quien sabe por qué. Comí cereal y miré la programación el resto del día con mis patitas en el kotatsu.
Al otro día, sinceramente llegue a la planta un poco nerviosa. Nadie sabía lo que había hecho, nadie podía saberlo, relájate. Baje de mi moto y cheque la entrada. Había cierta paranoia en mí, y trate por todos los medios de que no se notara absolutamente nada. Camine hasta el taller, rezando por no encontrarme a Fujino, creo que aún no estaba preparada para mirarla a los ojos. Cuando llegue a mi sitio de trabajo respire tranquila, no me la había topado. Comencé con mis labores, al principio un poco desconcentrada, pero a medida de transcurría el tiempo y nadie irrumpía en el taller acusándome de asesinato, comencé a enfocarme.
A la hora del almuerzo dude en ir, pero mi estómago me exigió comida. Rece para no encontrarme a Sugiura, pero esas suplicas no fueron escuchadas. Minutos después de sentarme a comer, apareció ella, trate de actuar normal, ¿Cómo se actúa normal? Sin embargo, creo que todo estuvo bien, Sugiura se quejó del aburrido fin de semana que tuvo y me pregunto por el mío, le dije que dormí hasta tarde y mire la programación, me dijo que debía haber hecho algo más entretenido, si supiera… me encogí de hombros y seguí comiendo.
-bueno, nos queda el próximo sábado -y me guio un ojo.
Tal parecía que Sugiura iba a hacer lo que fuera para desquitar el aburrimiento. Suspire. Le dije que sí y entre una u otra cosa el almuerzo termino. Continúe trabajando por la tarde hasta llegar al final de mis horas de trabajo. Salí del taller fijándome por ambos lados, no podía tener tanta suerte de encontrarme a Fujino, o eso creí, porque llegando al pasillo de la salida, vi en la puerta como Fujino checaba la salida, me quedé a la vuelta del pasillo, oyendo con mis sofisticados oídos como las zapatillas de Fujino se alejaban cada vez más hasta llegar a su auto, luego se encendió el motor y finalmente se fue alejando el ruido de su auto. Salí de mi escondite, por hoy me había salvado, pero ¿y mañana?
Tienes que encontrar la forma de que no se note que estás pensando Kuga, no te delates frente a ella… rayos, pero es que cada que me mira a los ojos me siento completamente transparente. Cheque salida y me fui a mi departamento. Frunce el ceño Kuga, si permaneces con el ceño fruncido jamás se dará cuenta, ceño fruncido e imperturbable, con la cabeza fría. Sí, eso debía ser.
Tuve la suerte de no encontrarme a Fujino hasta el jueves, cuando Yukimura-san me mando a entregar unos documentos para el viaje que ya se aproximaba la siguiente semana. Entre a las oficinas que estaban cerca de la del gerente e inevitablemente me encontré a Fujino. Sin embargo, no fue la situación catastrófica que pude haber fantaseado. Ella estaba mirando unos documentos con una secretaria, al momento que la vi, creí que se daría cuenta de mi presencia, pero no fue así. Fui con la persona a la que debía entregarle mis documentos y Fujino seguía igual de concentrada en su trabajo. Me los recibieron y me despacharon rápidamente. Pronto me sentí como un estorbo, estaba en aquellas oficinas ya sin un motivo, preguntándome que debía hacer ¿saludar a Fujino? ¿hacerme notar? ¿simplemente irme? A cada segundo que pasaba sentía como si todo mundo me mirara ahí, de pie, sin razón alguna. Voltee a verla discretamente, seguía igual de ocupada. Mejor lárgate Kuga, y no hagas el ridículo.
Y así, mis estimadas, me fui de aquel lugar, con una sensación extraña, ya que me había encontrado a Fujino, pero simplemente no había pasado nada de lo que había imaginado que pasaría. Debía estar feliz pero no lo estaba. Después de todo, quería hablar con ella, quería verla, ver esos preciosos ojos, esa boca, la línea de su mandíbula, su cabello, su olor… exhale. Por hoy no Kuga.
El pasaporte ya estaba listo, había aclarado que ya tenía pasaporte, así que mis documentos ya estaban en forma, para el viernes, todo estaba en regla, listo para que yo simplemente abordara el avión y me largara a Italia. Pero era viernes y aun no hablaba con Fujino, quería por lo menos despedirme. El día laboral transcurrió dolorosamente lento hasta la hora de salir, donde ya sea que fuera el destino o los dioses, me encontré a Fujino en la salida. Mi corazón se agito, sentí como mis latidos retumbaban en mis oídos. Paso su tarjeta y yo me adelante unos pasos, estirando la mano para pasar la mía rápidamente, quizás no se diera cuenta de mi presencia, o quizás sí y me estaba evitando, pero ella siguió su camino a el estacionamiento, no, no iba a permitir que se fuera, mi tarjeta fue aprobada y estire brazos y piernas hasta ponerle una mano en el hombro, entonces ella volteo sorprendida.
-Kuga… -dijo con las cejas alzadas en sorpresa.
-Fujino -enseguida admiré sus ojos, sus pestañas, sus labios, su cabello, me derretí por dentro.
- ¿Qué… que sucede? -me dijo. Mi cerebro hizo cortocircuito y de momento no supe que responder.
-eh… eh… este yo… -mire al suelo, pensando ¿Qué le iba a decir? ¿le iba a decir algo? Ahhhhhhhhhh, si -no te había visto.
-lo siento… -momentáneamente miro a otro lado -han sucedido algunas cosas -rápidamente fruncí las cejas ¿ya lo sabría? ¿habrían descubierto el cuerpo ya? ¿Cómo? Era una barra muy pesada…
- ¿puedo preguntar qué ha pasado? -pregunte con precaución para que así, tal vez, Fujino dijera algo.
-son… problemas familiares -apreté la mandíbula, ¿consideraba a Kanzaki como de su familia? ¿o era porque ya no se iba a casar y tenía problemas con su familia a causa de eso?
-entiendo -dije sin querer, con una voz más grave -disculpa la pregunta… no debí -sin que lo hubiera querido, sí, me ofendí un poco y lo demostré, pero solo un poco, aunque no tenía razón de ser, después de todo, soy nada para Fujino ¿Por qué me tendría que contar? Si no me dijo que se iba a casar, menos que su ex-prometido estaba muerto.
-no lo tomes a mal… -dijo inmediatamente ella, obviamente se había dado cuenta -es solo que… -se llevó una mano a la frente -esto es difícil para mí… -y para mí también lo era.
-está bien, está bien, lo entiendo… -le dije, suavizando la voz -soy muy torpe en esto, olvidémoslo, solo quería decirte que me voy de viaje el domingo en la mañana, quería despedirme de ti -abrió los ojos sorprendida -te he buscado -mentira -para poder decírtelo, pero solo hasta hoy te he…
-es verdad… discúlpame, lo había olvidado -claro que lo has olvidado, prefieres al estúpido de Kanzaki; rata asquerosa, hasta muerto da problemas.
-está bien, no importa -respire profundo, calma tus ansias Kuga Natsuki -debo irme, tengo que comprar… -inventa algo, inventa algo ¡por favor! -algo que pueda cenar… y que no sea cereal… -últimamente el cereal me tenía fastidiada.
- ¿puedo ir contigo? -alce una ceja… ¿Qué no estas preocupada por Kanzaki? Lárgate con él, ah, no, no puedes porque está muerto ¡bien muerto!… pensé indignada… no, no, serénate, actúa como si no supieras nada.
-claro… pero… ¿y tus asuntos…? -le dije siendo considerada.
-está bien… no se resolverán inmediatamente… -tuve ganas de decirle que ya no fuera conmigo, pero me mordí la lengua, no te dejes llevar por ese tipo de pensamientos Kuga, mantén la cabeza fría.
-de acuerdo entonces -me giré un poco y rápidamente pensé a donde ir - ¿te veo en Sabor Latino*?
-podrías dejar tu motocicleta en el departamento y de ahí irnos al supermercado -esa semi-sonrisa en su boca me convenció.
-sí, claro, está bien -me gire para subir a mi moto y adelantarme rápidamente a mi departamento.
Hicimos tal como había sugerido Fujino, llegando al supermercado en el auto de Fujino. Recorrimos el área de abarrotes, ella me decía a cada rato, compra esto, compra lo otro ¿para que los iba a comprar si sabía hacer básicamente, nada? Claro que no le dije eso, sino que se echarían a perder en el refrigerador por las tres semanas que estaría ausente, obviamente me dio la razón y termine comprando algunas cosas en baja cantidad. Al final me devolvió a mi departamento. Era poco lo que había comprado, pero aun así me acompaño a subir a mi piso, inmediatamente pensé: ¿limpié la cocina? ¿esta ordenada la sala? ¿lave los platos? ¿recogí la toalla? Recuerdo que deje los binoculares junto a la pantalla… ¡rayos! ¿Qué va a pensar? ¿Qué me gusta espiar gente? Tenía que esconderlos nada más entrara al departamento.
El elevador se detuvo y caminamos los cortos metros hasta mi puerta, abrí y me fije rápidamente en la pantalla, pero ahí ni a sus alrededores estaban los binoculares, respire tranquila. Luego me fije en el orden o desorden, la toalla tirada, revistas regadas junto al kotatsu, platos en el fregadero, cereal abierto… voltee a ver a Fujino con vergüenza.
-no te fijes en el desorden… -ella enseguida dio un vistazo ¿¡que le había dicho!?
-no esta tan mal -decidí no enojarme y dejar que entrara.
Obviamente y bajo la mirada de Fujino, me puse a levantar todas las cosas y a poner un poco de orden ¿Por qué justo cuando venía ella? ¿Por qué? El destino es tan cruel. Al final hice un poco de orden y ella se sentó conmigo alrededor del kotatsu, en ese momento maldije no haber comprado té, o no consumirlo, porque no tenía nada que ofrecerle, me quede ahí con las manos vacías, aunque no significó nada ya que, cuando la mire directo a los ojos, ella descansaba la mirada en algún punto de la pared. Suspire, debería irse mejor, así yo no me molesto ni ella está en otro mundo. Iba a decírselo ¿Por qué no se lo dije? Bueno, peor es nada, supongo.
-debí haber comprado té -comenté para llamar su atención y llamé su atención.
-no importa -contesto, más rápido de lo que imagine -Kuga, ¿has viajado fuera del país antes? -me pregunte si debería decirle sobre aquella vez que fui con Sugiura a Isla de Navidad.
-una vez -solo debía omitir ciertos "detalles".
- ¿de verdad? -pregunto con interés - ¿Dónde?
-Sugiura me pidió que la acompañara a una investigación a Isla de Navidad, al suroeste de Indonesia.
- ¿Indonesia? -aja, esta vez si la sorprendí -eso está realmente lejos y… con Sugiura he… -alce una ceja, ¿Qué era ese tonito?
-sí, con ella, es un sitio un exótico y de difícil acceso -y luego con el minúsculo detalle de los tiburones…
- ¿Por qué fuiste con ella? - ¿Qué? ¿cómo? Enseguida fruncí las cejas.
-me lo pidió -obviamente no le iba a contar el chantaje que me hizo.
- ¿de verdad, nunca ha habido nada entre ustedes? -obviamente recordé aquella vez… aquella única vez en la que me acosté con Sugiura, desearía nunca haberlo hecho para poder decir con sinceridad que no.
-claro que no -lastima, tendría que mentir.
-pero ella te ha insinuado algo… -dijo, no como pregunta, sino afirmándolo.
-por supuesto que no -acostarnos una vez no significaba absolutamente nada, Sugiura amaba a alguien más.
- ¿de verdad? -la mire con las cejas aún más fruncidas, pero que ultraje.
-que no, te digo -estaba comenzando a irritarme ¿¡Qué le pasaba!? -somos amigas.
- ¿Cómo tu y yo? -entorne los ojos, siento que esa pregunta era engañosa…
-sí, supongo que si… -respondí dudosa.
-pero yo te gusto -mi corazón dio un vuelco, sabía que había trampa, lo sabía.
- ¿no quedamos acaso, que seriamos únicamente amigas? -le dije, recordando aquella minúscula conversación -además, no es lo mismo con Sugiura, ella ya ama a alguien y a mí no me gusta -le dije, a ver si de una vez por todas le quedaba claro ¿Por qué tanta insistencia con Sugiura? Sostiene que hay algo entre ella y yo desde la preparatoria, pero que necedad… ¿no estaría… celosa? Noooo puede, seeeer.
-a veces… -y si, antes de que se diera la revelación del año, el teléfono de Fujino sonó, instantáneamente tuve ganas de quitarle el aparato y romperlo con mis propias manos y decirle: ¡continua donde estabas! - ¿si? ¿tío?
-necesito que vengas, me ha llegado la convocación -le escuche decir a una envejecida voz por la bocina del teléfono.
-si tío, ya voy -Fujino colgó rápidamente; tal como había sucedido la llamada, la actitud de Fujino cambio por completo, se volvió nerviosa y distante -tengo que irme Kuga -inmediatamente se levantó y yo con ella.
-te acompaño al estacionamiento -asintió brevemente, tomo su bolsa y salió con rapidez del departamento.
Fujino no volvió a hablar después de eso, quedando así la conversación anterior, en el infinito olvido. Rayos, estaba tan cerca de algo que parecía importante, o al menos que daría pie a algo… quien sabe. Sin embargo, aquel comentario del dichoso tío de Fujino, llamaba bastante mi atención ¿convocación? ¿de qué convocación hablaba? ¿sería en referencia a Kanzaki? ¿me vería involucrada? Me empezó a latir rápido el corazón, no, relájate, lo hiciste todo bien, es imposible.
Una vez que llegamos al estacionamiento, Fujino se despidió muy vagamente de mí y subió a su auto, era obvio que Kanzaki era ahora su prioridad. Suspire profundamente una vez que se fue Fujino. Bien, está bien, tarde o temprano lo superará, le daré tiempo y al final Fujino será mía, solo debo ser paciente, muy paciente, todo lo bueno se obtiene con la espera adecuada y en la medida correcta.
El día siguiente, era prácticamente mi último día en el país, y debía pasarlo trabajando. Si, bueno, era solo medio día, pero, aun así. En toda la mañana espere encontrarme con Fujino y enterarme de algo, pero no sucedió, llego el almuerzo, se fue, llego la hora de salida y no la vi, eso sí, me encontré a Sugiura en la salida, checando su salida, aunque sospecho que en realidad me estaba esperando. Exhale, ya que podía hacer. Deje que me acompañara a mi departamento luego de comprar una caja de cervezas. Pase el resto de la tarde con Sugiura, ayudándome a empacar y sugiriéndome llevarme tal o cual cosa.
-así que ya usas sujetadores normales -dijo manoseando mi ropa que le arrebate en seguida.
-sí, ya -le conteste con cierta apatía.
- ¿y pantis? -la mire con los ojos entornados.
-si -comencé a sentirme fastidiada, ella solamente me molestaba.
- ¿desde cuándo? -bueno, mi paciencia se acabó.
-no sabía que debía darte cuentas de mi ropa interior -ella soltó una carcajada.
-por cierto ¿ya te despediste de Fujino? -ah sí, el dedo en la llaga.
-la vi ayer, pero hoy no… obviamente le dije que me voy mañana.
- ¿y? -fruncí las cejas.
- ¿y qué? -debería ser más específica.
- ¿vas a dejarlo así? Déjame decirte que no estás haciendo el intento Kuga -apreté los dientes, molesta.
-estoy haciendo lo que puedo con lo que tengo -le respondí, sin embargo, enseguida traté de calmarme.
-pues deberías esforzarte más -inmediatamente muchos pensamientos se acumularon en mi mente y no supe que contestar al instante.
-tú no lo entiendes -dije al final -tengo que actuar con cuidado, si no podría obtener el resultado contrario, haciendo que Fujino me repudie.
-eres un bombón de chocolate ¿Por qué te repudiaría? -bueno, si se entera de que me cargue a Kanzaki, me repudiara sin pensarlo y con toda la razón, pero, puede ocurrir no solo por culpa de ese idiota.
-porque ya me ha rechazado, si insisto demasiado será molesto para ella, hasta podría evitarme y desencadenar en cosas aún peores -Sugiura suspiro.
-yo creo que exageras.
-yo creo que me estas fastidiando.
Pronto Sugiura cambio de tema y terminamos la conversación ahí, ya que la discusión podría alcanzar mayores y absurdas dimensiones. Una vez que la maleta estuvo hecha, nos sentamos a mirar la programación. Fue, de cierta forma, una tarde aburrida. Solo miramos la programación y Sugiura bebió cerveza, como si de verdad fuera necesaria para su sistema, para su bienestar, en cambio yo me quede con la misma lata que me había ofrecido, negándome a beber más de la cuenta, seria horrible subir al avión cruda o aun ebria.
Por la noche, a eso de las once y tantos minutos, decidimos irnos a dormir. Sugiura venia preparada porque traía ropa con la que se podía cambiar, claro que no traía un una almohada o una colchoneta donde acostarse, mucho menos un futón, así que insistió en dormir conmigo, pero la mande a dormir al kotatsu, apestaba a borracho.
Debo confesar que incluso en ese momento, cuando ya estaba acostada y bien tapada, tenía la fantasía de que en cualquier momento Fujino me marcaba para despedirse de mí, una llamada de despedida de quizás unos minutos, o quizás solo un mensaje por teléfono, pero demostrándome que me tenía en cuenta, que pensaba en mí, que no era cualquier persona dentro de sus conocidos, lo cierto es que mis fantasías jamás se hicieron realidad. Fujino no me llamo, ni siquiera me mandó un mensaje, ni esa noche, ni la mañana siguiente, y mucho menos antes de que hubiera abordado el avión. Fue un golpe fuerte. Y aunque no lo quise conscientemente, me enoje, pero me enoje porque en el fondo me dolía su indiferencia, lo poco que le importaba. Está bien, me lo merezco, quizá, tal vez; después de todo, asesine a su estúpido prometido.
Descansé la cabeza en el respaldo del asiento. Ya había abordado y ahora debía tener paciencia para soportar el largo viaje. Por la minúscula ventanilla, podía ver aun a lo lejos a Sugiura parada detrás del vidrio que había en la sala de espera, me despedí con la mano y ella igual. Al parecer, tenía resaca, pero ahí estaba ella. Las preguntas de Fujino resonaron en mi mente y luego, el avión se encendió y comenzó a moverse. Estas pensando estupideces, así que olvídalo Kuga. Me coloqué los audífonos y cerré los ojos.
Había tomado el vuelo a las diez de la mañana, así que llegue a las once y media de la noche… de Japón, había pasado más de trece horas aplanándome las nalgas en el asiento y ahí, en Italia, eran las 4 y tantos de la tarde. Era como si hubiera regresado en el tiempo, fue casi mágico. Una vez que puse una pata en suelo italiano revisé mi celular. ¿Resultado? Nada. Luego de bajar del avión, yo junto con otros tres sujetos más, que venían de la misma planta que yo, fuimos recibidos y atendidos por una linda señorita, hablaba inglés por supuesto, de ojos azules y cabello rubio, todo el prototipo de mujer europea. Ella sería la que estaría al tanto de nuestro equipo ¿equipo? Oh si, resulto que había dos compatriotas que habían llegado antes, al parecer, venían de otra planta, en otra ciudad, obviamente.
La señorita Searrs cordialmente nos llevó al hotel donde nos hospedaríamos. Una vez que llegué a la que sería mi habitación, me tire en la cama. Te odio Fujino, te odio. Te odio por esperar cosas de ti que ya sé que no tengo que esperar, te odio por ser tan guapa y tan perfecta, te odio por preferir a ese idiota, te odio y aun así…
Suspire, estoy cansada. Cansada de toda esta mierda de sentimientos, cansada de sentir, cansada, muy cansada. Me di una ducha muy rápida y me metí a la cama. Dormí el resto de la tarde y por la noche solo me levanté para pedir la cena. Al otro día, a las siete de la mañana, la señorita Searrs estaba tocando mi puerta, debíamos irnos ahora mismo si queríamos llegar a tiempo. Obviamente ya estaba preparada y lista para todo. Nos reunimos los seis individuos que éramos y bajamos silenciosamente por el elevador, luego desayunamos y finalmente, fuimos fuera del lobby, donde se suponía que la furgoneta ya debía estar esperándonos, pero no fue así, por eso la señorita Searrs se vio en una contrariedad. Apenada nos pidió esperar un poco.
-no sabía que fueran tan rubias -dijo un compañero que conocía solo de vista.
-por lo menos tiene buenas nalgas -dijo otro, enseguida voltee a ver el trasero de Searrs, no está mal, pero Fujino es mejor, nada como lo nacional, sí señor.
Un par de minutos después llego la furgoneta junto con la señorita Searrs, luego de eso, pudimos partir. Italia era un lugar completamente diferente, todo es muy amplio, con algunas calles de piedra, con enormes edificios abrumadoramente artísticos, estaba deseando ya que fuera fin de semana para lanzarme a las calles y conocer un poco de todo. Sin embargo, por ahora, la furgoneta siguió su camino hasta llegar al lugar donde nos impartirían el curso, un edificio laboriosamente construido, de tres pisos con enormes ventanas, muy tradicional, por así decirlo, ya que en realidad no se notaba muy antiguo. Sin embargo, por dentro estaba perfectamente equipado para todas nuestras necesidades. Fueron apenas unos minutos para que empezara el curso y se podía oír alemán, francés, italiano e inglés, por supuesto. Sin embargo, aunque al principio pude ver puro europeo, de un momento a otro y para sorpresa mía, había otros japoneses, cuando puse realmente atención, había muchos compatriotas míos, quizás más que europeos.
Aunque en realidad, no debía sorprenderme tanto, después de todo, Japón posee las mejores marcas de esta industria. Todos tomamos asiento y el curso comenzó. ¿Qué puedo decir? Es como si hubiera regresado a las clases de la universidad, tomar notas y notas, si creen que, por haber terminado la universidad, ya no hay que hacer algo similar esta uno completamente equivocado. Por suerte había llevado mi portátil y ahí hacia los montones de apuntes. Al medio día llego la hora de la comida y sinceramente no estuvo mal. Me burle mentalmente de las palabras de Tokiha. Después de la comida volvimos a nuestros lugares y continuamos por un par de horas más.
Cuando termino el curso, me sentí francamente exhausta, hacia tanto tiempo que no practicaba el inglés que me dolía la cabeza, además de que había mucha terminología a la que aún no terminaba de adaptarme. El camino de regreso lo pase con la frente en las palmas de mis manos, sentía punzones por varias partes de mi cabeza, pero más que nada en el lóbulo occipital. Al llegar al hotel, la señorita Searrs me pregunto si todo estaba bien, le dije que todo estaba bien, solo tenía dolor de cabeza, me despedí y fui a ducharme para meterme a la cama y no volver a salir, a pesar de lo temprano que era.
Recién salía de la ducha cuando oí como tocaron a mi puerta. Genial, alguien estaba molestándome, el dolor de cabeza aumentaba mi mal humor, avente la toalla a un sofá y fui a abrir la puerta con mis peores modales, resultando que era la señorita Searrs, al instante de mirar su actitud amable y la sonrisa en su boca se borró mi ceño fruncido.
-Kuga-san -dijo mi nombre con el honorifico en japonés, pero con ese notable acento, quizá para agradarme, que se yo -me tome la libertad de traerle una pastilla para su migraña - ¿migraña? ¿yo?
-oh, muchas gracias -le conteste de igual forma en inglés. Entonces se dio algo curioso, Searrs se quedó unos segundos ahí, de pie, en mi puerta, me pregunté si debía darle dinero o que quería entonces, estuve a punto de preguntar cuando ella dio un paso atrás.
-cualquier cosa estaré en la puerta de al lado -creo que debí darle propina -hasta luego -y camino rápidamente a la habitación contigua.
Un poco confusa cerré la puerta de mi habitación, me quité la bata de baño, me vestí y me metí a la cama, lo siguiente que supe, era que Searrs (seguramente) tocaba mi puerta. Me levanté como cucaracha fumigada y abrí la puerta, era la hora de la cena. Me puse unos zapatos y fui a cenar porque había ido Searrs a pedírmelo, no porque quisiera levantarme.
- ¿se alivió su migraña Kuga-san? -parpadee rápidamente para tratar de quitarme el sueño.
-oh un poco si, muchas gracias, eres muy atenta -solo quería volver a la cama ya.
El día siguiente, fue casi lo mismo, y sí, me dio migraña. ¿Por qué me sucedía esto a mí? Jamás me había pasado antes, yo no soy del tipo que sufre dolores de cabeza, entonces ¿Por qué?... Y bueno, obviamente, Searrs volvió a llevarme medicamento, al día siguiente fue igual.
- ¿será estrés? -me dijo luego de darme el medicamento.
-no lo sé, quizás -me encogí de hombros, realmente no me importaba.
-debería tomar un masaje, el hotel cuenta con… -la interrumpí.
-no quiero personas desconocidas mirándome, me quedare así -obviamente no iba a dejar que mirarán mi tatuaje, en mi país no está bien visto tener tatuajes, ¡si mis compañeros se enteran…!
- ¡pero…! –trato de protestar Searrs, inútilmente, ay, tenía cierto encanto.
-gracias Señorita Searrs, pero me niego, hasta la cena -me metí a mi habitación, tomé la pastilla y me recosté, si sigo así esto puede afectar mi rendimiento.
¿Y qué creen? Lo hizo. Al terminar la semana estaba ya harta de las pastillas, me dolía la cabeza y el cuerpo, tal vez iba a morir ahí. Ok, no, exagere. Llegado el sábado de aquella semana, todas las ganas que tuve de salir a conocer la ciudad al principio se fueron, quería quedarme en esa cama por siempre, durmiendo. Tal vez estaba deprimida y no lo sabía, tal vez mi dolor de cabeza también se debía a eso… ¿será posible? De un momento a otro oí como tocaron la puerta de mi habitación. Suspire cansada ¿Quién y por qué? ¡es sábado! ¡sábado! ¡denme un respiro! Me levante arrastrando los pies.
-Kuga-san -dijo uno de mis compañeros de planta -vamos a ir a recorrer la ciudad y luego a comer ¿vienes?
-me duele la cabeza -a pesar de todo y contra cualquier pronóstico, comencé a llevarme bien con ellos.
-sigues con eso he, descansa entonces.
Inmediatamente volví a la cama y encendí la pantalla. Todo estaba en italiano así que era fastidioso mirar la programación, debía aprender italiano… recorrí los canales hasta que pasaban una película en ingles subtitulada, la miré un rato y luego me aburrió; entonces volvieron a tocar mi puerta. Rayos, creí que ya se habían ido. Volví a suspirar con fastidio. Al abrir la puerta, encontré a la señorita Searrs. Fruncí las cejas, extrañada.
-Kuga-san, ¿Cómo se siente hoy? -soy yo, o ella quiere algo y no es dinero.
-bien, con un ligero dolor, solo necesito descansar -ella sonrió.
-imagine que podría decir ello, pero creo que lo que de verdad necesita es despejar su mente -espera ¿Qué? -por eso mismo, creo que debería salir, he ideado un recorrido para usted -como que algo no estoy entendiendo…
- ¿recorrido? Ah… que linda… en realidad -bien, tenía que pensar en cómo zafarme.
-el auto ya nos está esperando, cámbiese y la veo en el lobby -y se fue, sin darme opción de replicar.
Ella tiene suerte de que sea guapa y agradable, y sobre todo atenta. Cerré la puerta de mi habitación y busqué entre mis cosas un simple pantalón y una blusa, bastante corrientes, a decir verdad. Me puse unos tenis y bajé al lobby en el elevador, al llegar, Searrs ya estaba ahí, con un vestido azul pastel. Subí al auto con Searrs siguiéndome ¿planeaba acompañarme? Mis sospechas de que está detrás de mis huesitos se hicieron cada vez más grandes… esta tipa quiere sexo pensé, estúpidamente.
Me mantuve con el ceño fruncido solo al inicio, lo cierto es que hoy no tenía dolor de cabeza, solo quería holgazanear, pero ahora ya no podía. No hubo mucho que ver por el tiempo, pero el chofer nos llevó a ver La Fontana de Trevi y luego el Coliseo Romano, este último completamente necesario de ver. Con esas visitas se me fue el mal humor, a pesar de que fueron pocos los lugares, después de todo se necesita más tiempo para verlo todo. Searrs la hacía de guía, contándome alguno que otro dato curioso, en especial sobre los gladiadores. ¿Cómo es posible, que el sudor de un gladiador se vendiera como perfume, porque pensaban que poseía cualidades afrodisiacas? Uno de esos datos que son difíciles de creer… al final, se hizo tarde y mi estómago rugió, ella quiso llevarme a no sé qué lugar, pero me negué, estoy en Italia, quería pizza y tuve mi pizza. Por la tarde paseamos por el Trastevere, un barrio bastante simpático y completamente diferente a todo lo que hay en Japón.
Terminamos regresando cuando anochecía. Searrs me acompaño hasta mi habitación. Estoy segura, le gusto a esa chica… la mire de reojo cuando subíamos en el elevador. Cálmate, su habitación está al lado de la tuya, que vaya contigo no significa nada. Las puertas se abrieron y caminamos hasta mi habitación, pasé la tarjeta y estuve a punto de despedirme.
-Kuga-san, hay algo de lo que me gustaría hablar -mierda… esta tipa va en serio. Me sentí contrariada al instante ¿Qué debía hacer? La verdad es que es muy guapa y bueno, ¿a quién no le gustaría acostarse con una extranjera? pero mi mente y mis sentimientos pertenecían a Fujino, sin embargo, ella no piensa en mí, mira nada más, es sábado, ha pasado una semana y no me ha llamado ni para saber si llegue bien, ¡Una maldita semana! ¡le valgo un pepino! ¡Ya está Kuga! ¡qué más da! ¡tírate a Searrs!
-está bien, pasa por favor -permití que entrara y luego cerré la puerta con seguro - ¿Qué sucede? -comencé a quitarme los zapatos, esto se va a poner rico.
-no sé muy bien como decir esto -me dijo, acercándose a la ventana, dándome la espalda; seguramente no sabía cómo decirme que quería sexo duro y salvaje -en toda esta semana lo he estado pensado Kuga-san -pensando en lo sensual que soy, si, ya lo entiendo -nunca había estado en esta situación, así que no te asustes - ¿me quito la ropa yo, o espero a que ella me la quite?
-solo… solo di lo que necesitas -decidí no ser tan impaciente.
-bien… yo… soy un garou, un cambiante de lobo - ¿Qué? -igual que usted - ¿Qué, que?... espera… ¿Qué?... Me quede de piedra ¿Qué está diciendo esta chica? ¿un qué? ¿un cómo?
-un… un… ¿un qué? -le dije todavía sin procesar la información.
-una persona capaz de transformar su cuerpo en el de un lobo -casi se me cayeron los calzones - ¿está usted bien? -repentinamente sentí como mi cuerpo se puso frio y mis latidos se oían muy fuerte en mis oídos.
-un… ¿un cambia formas? -le pregunte, ya para asegurarme… ¿pero es que como?
-sí, algunos así nos dicen también… Kuga-san, ¿pertenece a la rama asiática? ¿o a alguna tribu en especial? -por mi mente pasaron muchas respuestas que podía dar, todas obviamente falsas.
- ¿tú a dónde perteneces? -si no mal recordaba, hay trece facciones, dependiendo de cuál respondiera, podía darle o no mi confianza. Ella se quedó en silencio por unos momentos, quizá pensando también si soltaba prenda o no, después de todo, dada nuestra naturaleza debemos ser sumamente precavidos.
-S… Señores de las Sombras -dijo con firmeza al final, después de angustiantes segundos, yo sentí que un peso se me quitaba de los hombros.
- ¿segura? ¿de verdad? No me gusta que me mientan –a decir verdad, una chica tan rubia, que pertenezca a aquella facción es… rarísimo.
-lo juro -y levanto la mano, jurando. Respire un poco más tranquila, pero aun no satisfecha.
-necesito que lo pruebes -fruncí las cejas, para darme seriedad.
- ¿probarlo? ¿Cómo? -la vi, me vio, quizá entendió lo que quise decir - ¿quieres que me transforme? ¿aquí y ahora? ¡pero qué barbaridad! -quizá hacerlo en un lugar como este sería imprudente… tenía un buen punto.
- ¿entonces cómo? ¿Qué sugieres? -nos quedamos pensando un tiempo.
-tengo un fetiche* -dijo luego de un rato -pero aun no puedo usarlo, requiere más poder y… es un recuerdo -suspire.
-esto es tan extraño -fui a sentarme al colchón -en fin, si estás diciendo la verdad… espero que estés diciendo la verdad.
-no tengo porque decir la verdad, pero lo estoy haciendo -se encogió de hombros -solo porque estoy segura de lo que eres -bueno, ya lo había dicho, en realidad, ya había dado algunas pruebas, cosas que un humano común no sabría. Resople.
-creí que estaba en problemas… pero -ella decía pertenecer a una facción amiga y emparentada con nosotros -físicamente… no encajas con lo que se esperaría de un miembro de los Señores de las Sombras -suspire.
-lo sé, mi cabello es demasiado rubio -asentí en silencio y me estiré en la cama para recuperarme de la impresión.
-yo creí que ibas a intentar seducirme… -suspiré -no esperaba esto para nada.
-bueno… ese es otro tema muy diferente -alce una ceja… ¿aun tenia oportunidad? -debo irme, es tarde.
La rubiecita salió pitando de mi habitación… eso fue extraño. Quizás, y solo quizás, yo le atraía y sí quería tener sexo salvaje conmigo, pero se sentía tan avergonzada que prefería evitarme y cortar toda la conversación de tajo, sin embargo, no pudo limitarse a no decirme nada y por eso se descubrió a si misma… eso si es característico de los Señores de las sombras, a menos que ellos lo quieran, uno no puede saber quiénes son en realidad, punto para Searrs. Bueno, quizás no habría nada de acción por el día de hoy. Me quedé tirada en mi cama, viendo pasar el polvo hasta que decidí bañarme y meterme a la cama.
Esa noche tuve sueños raros, soñé con Searrs y con Fujino, soñé que Fujino nos encontraba en la cama y me reclamaba… pero bueno, eso no puede ser, una semana y no sé nada de ella, ¡ni que no tuviera señal y no pudiera recibir llamadas! Ah claro, seguro está ocupada con el asunto de Kanzaki, ojalá ya que se termine el asunto y deje estar en paz, aun desde el otro mundo está ahí fastidiando. Claro que… quizá es normal que quieran hacer todas las investigaciones posibles, es decir, si se me perdiera alguien que es cercano a mí, quizás lo haría… carajo, eso solo me hace pensar en lo mucho que Fujino quería a ese imbécil y termina por fastidiarme… es que, en serio ¿Qué le veía? ¿Qué? Bueno Kuga, quizás porque era un cambia-pieles, y Fujino tiene sangre sobrenatural y seguro, muy, muy seguramente buscaban tener hijos… pero primero muerta, que bueno que está muerto el desgraciado, porque no le iba a dejar ponerle un solo dedo a encima. Me levante de mal humor y me lave la cara, luego mi teléfono comenzó a sonar.
- ¿Qué quieres? -le dije sin ganas.
- ¿así me hablas después de una semana? ¡Qué ingrata! -rodee los ojos.
-es muy temprano -mire el reloj, las nueve con catorce de la mañana -hubieras llamado al medio día.
- ¿temprano? Son las cuatro de la tarde -cerré los ojos y suspiré.
-hay siete horas de diferencia idiota -le dije con fastidio.
-aun así, no es tan temprano, oye, que si yo no te hablo, ni te acuerdas de mi -suspire.
-si iba hacerlo, pero me ganaste -mentira, ni me había acordado.
-seguro ¿Cómo te está yendo? -recordé el asunto de Searrs.
-nuestra guía es una cambiante -oí como escupió algo por la bocina -me lo dijo ayer, casi se me caen los calzones.
- ¡no juegues! ¿y qué más? -pregunto, ávida de información.
-nada más, no quedamos en más… pero creo que quiere sexo.
- ¿contigo? -pregunto estúpidamente.
-no, con la pared… idiota -sí, bueno, hoy no tenía buen humor.
- ¿y? ¿te vas a animar? -me frote la barbilla, pensándolo.
-mmmm…
Con la nueva información acerca de Searrs, claro que no me iba a acostar con ella, después de todo, es una cambiante como yo, no podemos hacer eso… espera ¿Por qué no podría? Si fuera como mujer no pasaría nada… ¿no? El problema es cuando hay el riesgo de concebir alguna criatura que resulta monstruosa… exhale profundamente. Quizás sí me acueste con Searrs.
-aun me quedan dos semanas Sugiura, quizá lo logre -le conteste, imaginando que podría hacer para seducirla.
-aprovecha lo que te den… por cierto… y sé que quizás no quieras hablar de eso… pero… -ya podía hacerme una idea de que quería decir - ¿has hablado con Fujino? -torcí la boca.
-no, para nada -inmediatamente me fastidie -ella no me ha llamado.
- ¿y tú que esperas para llamarla? La vi una vez en la semana, lucía un poco… creo que tiene problemas -rápidamente supe que problema sería -puedes usar eso a tu favor, ofrecerle tu hombro, un abrazo, una palabra de aliento.
-no voy a llamarla -sí, era una buena idea la de Sugiura, pero el solo imaginar que me hablaría de ese idiota me enfurecía -si ella no me busca, yo tampoco voy a rogarle, tengo dignidad.
-el amor no se basa en la dignidad Kuga, es sacrificio -fruncí las cejas.
-jamás he dicho que la amo.
- ¿te vas a poner así? -dijo molesta.
-así y por montones, tengo que ir a desayunar, adiós -y colgué dramáticamente, no quería seguir escuchándola.
Me vestí informalmente y bajé a desayunar. Sugiura no sabía lo que yo había hecho, ni sabía todo lo que yo había descubierto, sus opiniones estaban fuera de contexto, no se ajustaban a la situación actual, no valía la pena escucharlas ni razonarlas. "El amor no se basa en la dignidad, es sacrificio" arremede en mi mente… ¿¡pero qué le pasa!? ¿acaso cree que debo arrastrarme por ella? ¿Olvidar mi orgullo, mi dignidad, por ella? …Quizás lo haría si supiera que va a funcionar, pero con Fujino preocupada por Kanzaki, solo perdería tiempo y esfuerzo en algo inútil. Debo ser paciente, debo esperar.
*Sabor Latino: Es un súper mercado (o en mi opinión un minisuper) en Nakatsu, Aikawa, Prefectura de Kanagawa, y lo he puesto porque me ha hecho gracia.
*No se si por el Trastevere o en algun otro lugar vendan pizza o haya algo asi, asi que sinceramente me lo he inventado, se que hay alguien de Italia siguiendo el FF y no quiero parecer idiota afirmando algo que no se.
*Y no, aquí Alyssa Searrs no tiene nada que ver con Kuga.
*Garou: por si no lo habia dicho, asi le dicen a los cambiantes de lobo en el juego de rol, Hombre-Lobo El Apocalipsis.
*Fetiche: en este contexto no se refiere a una parafilia, sino mas bien, un objeto al que se le atribuye una cualidad sobrenatural.
Lamento la tardanza, he tenido problemas personales, mi situación cambio por completo en tan solo unos días, así que bueno... que mas puedo decir.
Muchas gracias a todas por sus comentarios, me gustaría agradecerles a todas personalmente (como hago últimamente), pero con sinceridad me siento pésimamente, no tengo los suficientes ánimos, así que por esta vez, solo por esta vez sera así.
Nos leemos en el siguiente.
