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"– ¡Bun…ny! Tú… ¿cómo es posible?" –consiguió expresar bastante confuso y paralizado por la sorpresa.
"– Ella lleva semanas organizando este viaje para sorprenderte, –dijo Mauricio aclarando sus dudas– de no ser por ella, ninguno de nosotros estaríamos aquí."
Armando la observaba en silencio; tenerla tan cerca de él, a escasos metros, con sus miradas conectadas… jamás imaginó que pudiese sentir tanta felicidad en un solo momento. Todos a su alrededor estaban en silencio, esperando su reacción; nadie se movía. Habían esperado el estado de confusión por parte de Armando; para él aquello era algo inesperado por lo que no juzgaron su reacción.
Bunny seguía mirándolo directamente a los ojos, y cuando amplió la sonrisa de su boca, él ya no se contuvo más, su necesidad se desató. Avanzó rápido hasta ella y tomándola entre sus brazos, la pegó a su cuerpo para instantes después, capturar sus labios en un fogoso y hambriento beso. El choque entre ambos fue intenso; Bunny apenas tardó unos segundos en reaccionar, respondiendo torpemente al desesperado movimiento de la boca de Armando sobre la suya. Aquella sensación desconocida para ella, la rodeó dándole el valor para responder con más ímpetu a su reclamo y pasando sus brazos por el cuello de Armando, se pegó más a su cuerpo. Saboreó el dulce y suave toque de sus labios mientras aspiraba su aroma envolvente. Jamás había sentido algo como aquello, ningún chico con el que hubiese estado en el pasado había despertado tales sensaciones ni de tal intensidad.
Totalmente ajenos a lo que les rodeaba, tras saborearse profundamente, terminaron el beso con ternura y lentitud. Sus miradas fijas en los ojos del otro estaban cargadas con todo el amor que sin verse, se tenían y por primera vez intercambiaban en persona.
"– Perdóname,… estaba deseando hacerlo…" –susurró alterado él, rozando suavemente su boca con sus labios.
"–…Deseaba que lo hicieras… –respondió entrecortadamente Bunny–…te los tenía reservados, ¿recuerdas?" Armando sonrió feliz mientras la apretaba un poco más contra su cuerpo. Entonces alguien a su alrededor carraspeó y se separaron un poco avergonzados.
"– ¡Paga! Has perdido, –dijo juguetona una voz junto a ellos– te dije que la besaría antes de entrar."
"– ¡No es justo! Yo también dije que lo haría, sólo que esperaría a presentarnos." –dijo Taiki molesto por haber perdido la apuesta.
Todos rieron, dejando abochornados a Bunny y Armando, los protagonistas de aquella situación.
"– Creo que deberíamos entrar, –dijo Mauricio todavía riendo– si sigues así, tendremos que llevarte al hospital por congelación, amigo." Armando en ese momento se dio cuenta que tenía frío, había salido de casa sin ponerse su chaqueta; como únicas prendas de abrigo llevaba su jersey, y la bufanda y los guantes que Bunny le había regalado.
"– ¡Taiki! ¡Yatén! –gruñó enojada Bunny– ¡No me puedo creer que apostaran!". Ambos hermanos Kou sonrieron pícaros mientras Yatén chocaba los cinco con su hermano.
"– ¡Vamos adentro! –invitó Armando tirando suavemente de Bunny por la cintura– Estaremos más calientes en casa, pero me temo que no puedo ofreceros gran cosa." Algunos de los recién llegados sonrieron maliciosos.
"– ¡Por eso hemos venido preparados! –exclamó Mina– ¡Chicos, las bolsas, por favor!" Dijo mirando a Taiki, Yatén y Fernando, un chico alto y moreno, con apariencia desaliñada que estaba con Rei. Los tres se dirigieron a una furgoneta aparcada a unos metros y comenzaron a sacar varias bolsas. Habían hecho los deberes y habían ido de compras para celebrar una pequeña fiesta sin ocasionar mucho gasto al sorprendido e improvisado anfitrión.
Armando condujo al interior de la casa a las chicas, sin soltar ni un momento a Bunny. Algo dentro de él se negaba a alejar su cuerpo del suyo. Guio a sus inesperados invitados al salón; era un amplio espacio que fácilmente podría darles cabida a todos. Sin perder demasiado tiempo en ello, hicieron unas rápidas presentaciones. A las chicas las conocía por las fotos y cartas de Bunny, pero de sus novios, a excepción de Mauricio, sólo conocía el nombre.
Minutos más tarde, habían dispuesto las compras en la gran mesa central; Patricia, Mina y Fernando habían tomado posesión de la cocina de la casa, mientras el resto despejaban el espacio para desplegar la mesa y colocar las sillas alrededor. Armando había dejado un momento a Bunny cuando fue a buscar copas y platos para la cena, pero ella sintiéndole alejarse, había reaccionado como buen polo opuesto de un imán… le había acompañado para ayudarlo. Él sacaba unas cajas de la parte alta de un armario mientras Bunny iba sacando lo que iban a necesitar de ellas, pasándoles un paño para eliminar el polvo. Armando se quedó mirándola embelesado.
"– Bunny…" –susurró él mientras ella limpiaba una copa.
"– ¿Mmm?…" –respondió sonrojada ella. Él sólo negó con una sonrisa en sus labios mientras terminaba de descender los últimos peldaños de la escalera.
"– Bunny…" –volvió a susurrar, ella seguía conectada a su mirada sin conseguir apartarla. Él comenzó a inclinarse levemente sobre ella. Sabía lo que quería en ese momento, lo que necesitaba y no se resistió a conseguirlo.
"– Armando…" –musitó mientras acortaba la distancia, comprendiendo las necesidades de ambos.
"– ¡Iros a un hotel!" –gritó alguien riéndose tras ellos, ambos se separaron rápidamente. Se escucharon más risas procedentes del resto de la casa.
"– Mauricio, por favor…" –murmuró Bunny más avergonzada todavía.
"– ¡Vale! ¡Vale! Sólo venía a ayudar." –comentó alegre Mauricio tomando los platos que ya habían limpiado y apilado en una mesa– pero será mejor que estéis tranquilitos si no queréis ser el centro de nuestras bromas… más todavía." Y tras esto, les hizo un guiño y salió de la habitación. Ellos se quedaron callados mirándose, Bunny no se había tranquilizado después del beso que Armando le había dado al verse. Respiró profundamente tratando de buscar un poco de sosiego en su estado.
"– ¡Lo… siento!" –dijo Bunny en un momento de valor.
"– ¿Por qué? –preguntó extrañado Armando– no has hecho nada malo,… Bunny."
"– Es que… es culpa mía que estén tan pesados,… –explicó nerviosa– llevaba semanas organizando esto, bueno… realmente se me ocurrió cuando verifiqué que nuestro Mauricio era tu Mauricio… y tuve que confesarles el porqué de mi insistencia… para querer organizar esto…"
"– No te preocupes,… –consoló él afectuoso– conozco a Mauricio y sé que no desaprovecharía ninguna ocasión para meterse conmigo, y más si sabe que tú y yo nos hemos comunicado más que yo con él. A fin de cuentas, nos conocemos desde hace muy poco comparándolo con él."
"– Sí,… me dijo que sois amigos desde secundaria, pero no quiso decirme tu nombre y yo tampoco le pregunté." –expuso ella.
"– Yo le hablé de ti. –dijo Armando. Bunny le miró sorprendida y todavía ruborizada– Hace meses, cuando me di cuenta de… mis sentimientos. Él me animó a decírtelo, pero no sé si por aquel entonces ya sabías que él era mi amigo."
"– Entonces debo agradecerle a él, ¿no?" –murmuró ella apoyando su cabeza en el brazo de Armando.
"–… En parte, sí,… –susurró él elevando la barbilla de Bunny con la mano e inclinándose a la vez hacia ella– pero… ya tenía pensado decírtelo por aquel entonces. Únicamente que cuando conociste a Seiya y sus acciones después, lo aceleraron un poco."
"– Calla… no me lo recuerdes…" –y ella se puso de puntillas, eliminando la distancia que los separaba de tocar brevemente sus labios. Apenas fue un suave roce cuando Mauricio entró de nuevo y se separaron rápidamente. No dijo nada, sólo los miró riendo mientras tomaba las copas y salía de la habitación nuevamente. Armando la miró con ternura.
"– Será mejor que vayamos,… –dijo con una sonrisa pero sintiéndose insatisfecho– si vuelve a entrar voy a empezar a pensar mal de él y creer que le gusta mirar. No me extrañaría que la próxima vez que entrase, trajese palomitas para ver la función." Bunny rio y asintió.
Cuando se reunieron con los demás en el salón, este había cambiado completamente su disposición. Ahora aquel gran espacio era invadido por una gran mesa plagada de bandejas y recipientes con la comida más variada que pudo imaginar; desde una simple ensalada hasta un increíble solomillo de cerdo con compota de manzana en hojaldre. A pesar de no conocerlos, Armando se sintió muy a gusto rodeado de aquellas personas. En cierto modo, sí que los conocía. A las chicas por ser amigas de Bunny, ella se las había presentado en sus cartas, a los hermanos Kou también, pero más habían hecho las revistas musicales que nada, Mauricio le había hablado de su novia, Patricia y aunque a Fernando, el novio de Rei, no le conocía absolutamente, le pareció una persona muy amable y divertida.
Las chicas habían dispuesto los asientos permitiendo que cada pareja se sentara enfrentada, excepto a ellos dos; Bunny y él estaban sentados uno al lado del otro y aunque participaban de las animadas conversaciones del grupo, en más de un momento, se quedaron en silencio… mirándose, había algo que no habían averiguado, había una muda incógnita que les invadía y no sabían qué era. Aquella sensación intranquilizaba a Armando y ponía muy nerviosa a Bunny, ninguno de los dos sabía a qué era debido. Necesitaban algo y no sabían qué.
Cuando estaban por tomar los postres, Armando ya no contuvo más un impulso que le sobrevino. Por debajo de la mesa, acarició la rodilla de Bunny quien se sobresaltó ligeramente en su asiento. Su mirada celeste cargada de bellas sensaciones se centró en él, y ella acompañó su caricia poniendo su mano sobre la de él, enlazando sus dedos. Mientras se deslizaban suavemente por su piel, los dedos de Bunny transmitieron unas intensas ráfagas de excitación por sus cuerpos que acallaron aquella incomodidad que sentían.
Bunny tomó aire profundamente mientras Armando apretó su mano contra la pierna de Bunny. Se miraron extrañados pero cada cual entendió; la sensación que los incomodaba había sido aplacada cuando se tocaron… tanto el calor como la suavidad de sus manos calmó sus sentidos, reemplazando lo incomodo por lo placentero.
Cada una de estas muestras de interés y afecto no pasaba desapercibida por quienes los rodeaban, quienes discretamente les observaban de tanto en cuanto. Cuando la recién reunida pareja no participaba de la conversación, habían estado conspirando para llevar a cabo un maquiavélico plan. Vieron clara su oportunidad tras terminar el postre.
"– ¡Chicas! ¿No les apetecería tomar un té? –Comentó animado Mauricio, las chicas asintieron sonrientes– ¡Eh! Armando, haz de anfitrión, ¿quieres?; las chicas han cocinado, ¿prepararás un poco de té para todos?"
Mauricio se había confabulado con las chicas pues sabía que Bunny se ofrecería a ayudarlo, después de haber confirmado que ella no quería alejarse de él. La reacción no se hizo esperar, pero fue Armando quien le pidió que le acompañara y ayudará. Sorprendió a todos el verlos levantarse de la mesa ya tomados de la mano.
Cuando la pareja salió del salón, entrando en la cocina, sus intrigantes y confabuladores amigos lentamente se fueron levantando, tratando de no hacer ruido con las sillas ni el resto de mobiliario. Mantenían sus despreocupadas conversaciones al mismo nivel pues si hubiesen dejado de hablar súbitamente, aquello habría atraído la atención de la pareja que tanto querían engañar. Mauricio escribió rápidamente la 'sentencia del jurado' en un papel antes de irse.
"– Bunny, ¿me podrías acercar aquella bandeja?" –pidió señalando hacia una estantería mientras él tomaba la tetera y la llenaba de agua.
"– Sí, ¿dónde tienes el azúcar? A Patricia le gusta dulce, como a Mina y a mí –dijo mientras abría un armario cerca de la vitrina donde vio las tazas– ¡Ah! Ya lo encontré." Bunny tomó el azúcar y lo dejó sobre la mesa. Se acercó y tomó la bandeja para dársela a Armando.
"– Gracias; veo que te desenvuelves bien, –comentó gratamente sorprendido– parece que te movieses habitualmente en mi cocina."
Bunny lo miró sonrojada; en un instante se imaginó esa misma escena en su mente: Armando y ella… juntos… compartiendo un único espacio… siendo una pareja normal… besándose casualmente mientras preparaban la cena e intercambiaban caricias, más besos,… sus cuerpos… Bunny frenó en seco esos pensamientos, su cuerpo se sacudió visiblemente. Armando se dio cuenta y rápidamente se corrigió pensando que Bunny había malinterpretado sus palabras o peor aún, que no deseaba esa complicidad y confianza.
"– Perdona, no quise decir nada extraño… –se excusó él– es que… te desenvuelves tan bien que…" Bunny ruborizada lo miró y negó suavemente.
"– Es que… he pensado que… ahora… –murmuró avergonzada– ahora…". Armando dejó de preparar el té y fue donde ella se encontraba, tomándola por la cintura y acariciando su mejilla con la mano libre.
"– ¿Qué ocurre?" –preguntó preocupado apretándola contra él.
"– Ahora… –dijo nerviosa mientras alzaba la vista–… parecíamos una pareja normal… que se conoce… que comparte su tiempo y… –Armando contuvo la respiración y su naciente excitación ante la cercanía de sus cuerpos–… me ha gustado la sensación."
Armando sonrió aliviado expulsando el aire retenido y tomando en sus manos las sonrosadas mejillas de Bunny, apoyó su frente en la de ella.
"– Yo también lo he pensado, Bunny, –murmuró pegándose a ella, que se apoyaba en el mostrador de la cocina–… es extraño pero me gusta, quiero que te sientas cómoda conmigo… que no te extrañe nada de mí."
"– Nada en ti es extraño, Endimión, –dijo sonriéndole alzando su rostro– te conozco y… quiero estar contigo."
Aquella frase despertó el ansia adormecida que Armando trataba de controlar. Algo dentro de él le instó a que la reclamase en aquel mismo momento… ella quería estar con él… pero si no era así, si sólo era por las circunstancias, ella podría pararlo en cualquier momento.
Famélico de ella, devoró sus labios con desesperación. Lo que consiguió controlar, no sabe cómo, cuándo se vieron por primera vez, ahora se expandía libre en su interior, avivando las llamas de su deseo. Ardía por ella aunque apenas unas horas antes había visto su fotografía por primera vez. Era su alma lo que reclamaba en primer lugar, de ella se había enamorado. Su calor aunque nuevo, le resultaba tan familiar que no se preguntó nada más. Era ella, a ella era a quien quería, su esencia, y su deseo crecía por momentos al sentir la respuesta de Bunny y su piel contra la suya.
Armando la apretó firme contra su cuerpo, clavando cada centímetro suyo en la curvilínea forma de Bunny, que luchaba por obtener más de él. Sonrió internamente, 'ella me desea, tanto como yo a ella' susurraba su mente dándole alas a su ardiente apetito por ella.
Sus labios hambrientos habían dado paso a la batalla interna en que no había vencedor ni vencido. Ansiosas, sus lenguas se acariciaban con intensidad, con firmeza. Los gemidos escapaban erráticos de sus bocas cuando Armando la sentó sobre el mostrador y ella rodeó inconscientemente sus caderas con sus piernas. El contacto, aun a través de la ropa, los hizo gemir contra sus bocas ante la nueva sensación. No se conocían sexualmente pero sus cuerpos se llamaban, el deseo era palpable entre ellos.
De repente sus gemidos y suspiros era lo único que escuchaban, y eso les hizo detenerse. Bunny recuperando un poco la compostura dirigió su mirada hacia la puerta tras separar sus labios de los de Armando. No había nadie, por fortuna. Él igualmente miró, respirando más tranquilo. Se miraron un instante, sonriendo tras su acalorado momento de sensual intimidad.
"– ¿No crees… que está todo muy silencioso? –dijo él frunciendo el ceño– Hace rato que no escucho nada más que… a nosotros." Ella asintió. Armando la ayudó a bajar del mostrador, estaban tan cerca el uno del otro que ella se rozó contra su cuerpo tan íntimamente que sintió a la perfección el estado de excitación de Armando. Él se disculpó con la mirada; Bunny negó sonriendo avergonzada y tomó la mano de él poniéndola sobre su corazón, latía frenético y todo por él.
"– Me siento igual…" –musitó ella. Armando le robó un beso rápido y para no caer más en la tentación, fue al salón a averiguar que pasaba. Bunny lo esperó en la cocina terminando de sacar las tazas de la vitrina frente a ella. No se escuchaba nada y eso era muy extraño pero Bunny continuo con su tarea.
Escuchó pasos tras ella y al girarse, esperando ver a su sonriente amor, se quedó sorprendida al verle, sí, pero con la cara ruborizada y el gesto preocupado y descolocado. Él llevaba un pedazo de papel en la mano, éste se sacudía ligeramente; Armando estaba temblando. Bunny preocupada se acercó deprisa hacía el.
"– ¿Qué ha pasado, Armando? –pregunto intranquila– ¿Qué es ese papel?" Él se lo extendió para que lo leyese y mientras ella lo hacía, él le resumió.
"– Se han… ido,… –balbuceo con dificultad– nos han dejado… solos…" Bunny agrandó su mirada a la vez que sus labios se iban separando formando una gran 'O' con ellos. Su labio inferior tembló.
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Queridos tortolitos,
Imaginamos que no estaba entre vuestros improvisados planes el tenernos acompañándoos esta noche de carabinas.
Hemos decidido, por votación popular, que empleéis esta noche para acostumbraros a vuestra recién estrenada 'situación', ya que hemos visto enseguida que queríais 'poneros al día' en cuanto a caricias, mimos y resto de arrumacos se refiere (no entraremos en más detalles).
Pasaremos por vosotros mañana a medio día, porque ¡inexorablemente necesitamos un guía! (o tal vez no, jajaja).
En cualquier caso, avisadnos si no os ha dado tiempo suficiente para… eso.
¡Pasadlo bien esta noche! ¡Tomad precauciones!
No hagáis nada que yo no haría (eso sólo elimina de la lista hacer salto base y saltar en paracaídas desde una avioneta).
Con alevosía y premeditación,
Mauricio & el club de la conspiración judeo-masónica (Ami, Rei, Patricia y Mina).
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Bunny dejó caer lánguido su brazo con el papel entre sus dedos. Su sangre se había arremolinado en sus mejillas y un ligero temblor se había apoderado de ella. Sabía perfectamente que querían decir las socarronas palabras de Mauricio… sus nervios se incrementaron sabiéndose a solas con él, ¿podría ser que Armando hubiese tramado que los dejasen solos? Pero, de ser así, ¿¡cuándo!? No se habían separado ni un instante desde que se encontraron horas antes en la calle y al ser todo aquel viaje una sorpresa, él y Mauricio no habían tenido contacto de ningún tipo. Con los nervios a flor de piel, alzó la vista lentamente esperando no encontrar un gesto malicioso dibujado en su rostro, y por fortuna, no fue lo que se encontró. Armando estaba tan ruborizado como ella, la observaba temeroso y expectante. Parecía estar esperando la reacción de ella, rezando para que no se lo tomase a mal.
"– Armando,… ¿ellos se han… ido?" –consiguió decir ella mientras se giraba hacia la puerta.
"– S…i, me temo." –dijo tragando saliva preocupado y respirando hondo para tratar de tranquilizarse. Despacio fueron al salón; lo encontraron vacío, ninguno de sus amigos estaba allí. Bunny algo más rápido se dirigió hasta la puerta de la casa, salió al exterior y miró donde minutos antes había estado aparcada la furgoneta que había alquilado Mauricio para llevarles hasta la casa de Armando. Éste había salido con ella y observó el estacionamiento vacío, en la nieve se veía claramente el camino de pisadas amontonadas que se dirigía del edificio al lugar donde había estado el vehículo. Volvieron a entrar deprisa en la casa y Bunny sorprendida vio que su maleta, estaba apoyada en una pared del recibidor.
"– ¡Malditos… traidores! –dijo ella enojada aproximándose a su equipaje– hasta en esto han pensado." La vergüenza volvió a inundar el rostro de ella, Armando no había perdido detalle, tomó aire y se acercó a Bunny.
"– No te preocupes, –explicó más calmado él– hay espacio de sobra en casa, mi compañero de piso no está por lo que puedes estar tranquila." Ella lo miró interrogante.
"– ¿Armando, no tienes coche?" –preguntó ella. Él sólo pudo pensar que ella no deseaba tanto su compañía como él. A Armando ni se le había pasado por la mente que esa noche sucediese nada entre ellos, a fin de cuentas, apenas unas horas antes se había besado por primera vez, y aunque muy placentero y deseado, no iba a acelerar la situación con ella obligándola a hacer algo que obviamente ella no deseaba y era muy pronto para plantearse. Él creía que Bunny sólo deseaba alejar la posibilidad de esa intimidad que no deseaba con él, a pesar de que había llegado a pensar, por la intensidad de su entrega, que también ella lo deseaba.
"– Sí, Bunny, –afirmó él– lo comparto con mi compañero pero lo cogió para ir a ver a su familia durante las fiestas." El tono de Armando fue triste y estaba cargado de decepción. Aquellos sentimientos se reflejaron en su rostro, aunque trató de disimularlos y apartó su mirada; Bunny se dio cuenta que él había mal interpretado su pregunta y ella trató de explicarse.
"– No me malinterpretes, cariño, –susurró cerca de su cuerpo– no es que no quiera pasar tiempo contigo, es solo que… así…" Él la miró aliviando la preocupación que sentía por sus palabras.
"– Así parece que tengamos la obligación o justificación de hacer 'algo' por las palabras de nuestros amigos, ¿no?" –comentó Armando mirando a Bunny. Ella asintió avergonzada.
"– No te agobies, cariño, –dijo él acariciando su mejilla sonrojada– tú puedes dormir en mi cuarto y yo dormiré en el sofá del salón, no te preocupes." Bunny sonrió aliviada, y Armando suspiró tranquilo; ambos querían pasar tiempo juntos, pero sin la presión de verse empujados a una intimidad que no sabían si el otro deseaba o estaba preparado. Y así era, ambos por un instante, habían deseado verse solos para entregarse al otro. La llama de la pasión había sido iniciada por las chispas de aquel primer beso que bajo la fría nieve, nada habría sido capaz de apagar.
"– Yo… confío en ti, Armando, –dijo ella con seguridad– en quien no confío es en nuestros amigos."
"– No pienses en ello, ¡anda! Vamos, te acompaño y así llevamos tu maleta." –dijo con amabilidad y ya más repuesto Armando. Ella sonrió y le siguió mientras subían por las escaleras. Aquella casa, para ser para estudiantes, era muy grande y sólo la compartía con otro estudiante, según sabía Bunny.
Armando la guio hasta una puerta en mitad del pasillo, entraron y Bunny se quedó sorprendida por el orden y pulcritud de la habitación. No había mucho mobiliario pero todo estaba tan cuidadosamente colocado como las habitaciones de exposición de las tiendas de muebles. Una gran cama de matrimonio en color crema en el centro con una manta color chocolate a los pies, que a Bunny no le pasó desapercibida, mesillas de noche de caoba a cada lado, a la derecha una estantería repleta de libros, un escritorio para estudiar con su respectivo sillón, un portátil sobre la mesa y un gran ventanal y en el lado opuesto lo que interpretó como un armario empotrado.
"– ¿Qué ocurre?" –preguntó Armando al ver la cara de sorpresa de Bunny.
"– Nada, es que… estoy sorprendida." –exclamó ella mirando a todos lados.
"– ¿Es que un chico no puede ser ordenado?" –dijo escéptico mientras dejaba la maleta sobre un banco a los pies de la cama.
"– No, no es eso… –se excusó avergonzada– si vieses mi habitación entenderías mi sorpresa; soy un desastre para ordenar. Tengo muchas cosas por el suelo: libros, ropa, calzado,… mi madre amenaza con tirar todas las cosas que estén fuera de su sitio si no hago limpieza y lo dejo ordenado. ¡Oye! ¿Y Artemis? Esperaba encontrarle aquí."
Armando se rio ante su explicación pero no dijo nada.
"– Por Artemis no te preocupes, aparecerá en cualquier momento; suele esconderse cuando hay mucha gente haciendo ruido." –explicó tranquilo. Después se dirigió a su armario y abriendo la primera puerta, le dijo: "– No sé si has traído pijama, –dijo señalando su pequeña maleta– pero en el segundo cajón tengo algo de ropa deportiva que te puede servir. En este estante tienes toallas por si quieres tomar una ducha, el baño es la puerta más cercana a las escaleras. Creo que no me olvidó nada."
Bunny sonrió agradecida permaneciendo quieta donde estaba. Armando decidió tomar sabanas para su estancia en el sofá del salón. Ella se acercó a la cama y tomó una de las dos almohadas y lo acompañó abajo. Cuando él lo vio, sonrió agradecido, no lo había pensado.
Dejaron la tarea de preparar el sofá para después y se pusieron a recoger la mesa del salón; por fortuna se apañaron rápido y bien, y en menos de 20 minutos el salón volvía a tener el mismo aspecto pulcro y ordenado, los platos, vasos y cubiertos estaban dentro del lavavajillas y sólo restaba secar las copas de cristal que tuvieron que limpiar a mano. Aquella cotidiana escena fue un bonito desenlace para aquella improvisada celebración; habían compartido en pocas horas situaciones a las que en el contexto de ser una pareja normal, no les habrían concedido el valor que tenían. Para ellos todo fue nuevo y especial, aunque visto desde fuera nadie lo habría juzgado de extraordinario.
De improviso, llegó un invitado sorpresa.
"– ¡Miaau!" –maulló un precioso gato blanco que entraba por la cocina lentamente.
"– ¡Artemis! ¡Por fin apareces, amigo! –exclamó Armando feliz tomándolo en sus brazos y acariciándolo– ven, te voy a presentar a alguien." Armando se aproximó a Bunny que miraba emocionada al hermoso gatito en brazos de su amado.
"– ¡Hola precioso! –dijo suavemente ofreciendo su mano para que el gato la oliese– soy Bunny." Armando y Bunny esperaron a ver la reacción del gato, que olió su mano un poco desconfiado. "– Mejor no forzarlo, me acaba de conocer." –explicó Bunny al ver que Armando se lo ofrecía para tomarlo en brazos. Él asintió y lo dejó en el suelo.
Artemis se estiró en el suelo y comenzó a olisquear a su alrededor; algunas migajas habían caído al suelo y aprovechó para inspeccionar los nuevos olores.
"– Ya se me acercará cuando mi olor no le resulte desconocido." –dijo Bunny dejando la última copa seca en una bandeja. Minutos más tarde, con todo colocado y el lavavajillas trabajando, abrieron el sofá que sería la cama de Armando.
"– Me siento mal por desplazarte de tu cama, –expuso avergonzada– soy yo la que debería dormir aquí."
"– De eso nada, eres mi invitada; –exclamó Armando mientras metía la sabana por debajo de los cojines del sofá– si habéis viajado hoy, estarás cansada. Prefiero cederte mi cama, es mucho más cómoda que este sofá."
"– ¡Ahora sí que me siento peor! –exclamó preocupada– Si tan incómodo es, no puedo permitirlo."
"– No, tranquila, incomodo no es, –explicó Armando calmado– he dormido muchas siestas en él e incluso mi compañero ha dormido noches enteras cuando han venido sus padres, pero comparando, la cama de mi habitación es más cómoda."
"– Esta bien, –dijo recelosa– te creeré. Pero si mañana te quejas lo más mínimo, te sepultaré debajo de toda la nieve de ahí fuera, he sido bien entrenada y puedo pedir refuerzos." Tras esta fingida amenaza, Armando comenzó a asegurar puertas y ventanas, como era su costumbre. Bunny esperó al pie de la escalera a que terminase. Él se acercó despacio y la tomó suavemente de la mano, la acercó a sus labios y la besó. Bunny sonrió enternecida.
"– ¡Buenas noches, 'Serenity'!" –susurró contra su mano.
"– ¡Qué tengas dulces sueños, 'Endimión'!" –dijo ella capturando suavemente sus labios durante un instante, para subir las escaleras sin dejar de mirarle. Armando la observó hasta que desapareció de su vista.
"– Será una noche muuuuy larga… pero no creo que consiga dormir contigo arriba, mi amor." –susurró tras escuchar cerrarse la puerta de su habitación. Suspiró con pesar, no estaba seguro de poder dormir, sobre todo por saberse a solas con ella y sentir todavía despierto su cuerpo tras los infructuosos asaltos de pasión que habían compartido. Miró su entrepierna, la cual sobresalía con una naciente erección. 'Tendrás que bajarte, amigo, tenemos que tratar de comportarnos como caballeros… los dos' le dijo mentalmente a su miembro.
Tras quedarse únicamente con los bóxer negros puestos a modo de pijama, se tumbó sobre las sabanas de su improvisado lecho. No tenía ni pizca de sueño, su cuerpo estaba más que despierto y deseoso de otro tipo de actividad que se realiza en la cama… pero no solo.
Por otro lado, Bunny, muy nerviosa había abierto su maleta en busca de su cariñoso y cálido pijama de conejitos, pero ahogó un grito al ver el desorden que reinaba dentro de su maleta… y para colmo, ¡su abrigador pijama había desaparecido! siendo reemplazado por un mini conjunto de raso y encaje de camiseta de tirantes y pantalón corto en color burdeos, sujeto con un gran lazo negro.
"– ¡Maldita Mina! Esto seguro que lo compraste tú. –balbuceó entre dientes tratando de no destrozar el suave tejido– Creo que aceptaré el ofrecimiento de Armando, me niego a ponerme esto." Tras decirse eso en voz baja, fue al armario y revisó el contenido del cajón que Armando le había indicado. Cualquier prenda le quedaría enorme así que sacó la primera que encontró: una gran sudadera deportiva que le llegaba hasta mitad del muslo. '¡Con esto será suficiente!' se dijo mentalmente mientras se cambiaba de ropa.
Cuando se metió en la gran cama de Armando, su olor la invadió… nunca había deseado más que en ese momento que sus brazos la rodearan para impregnarse del atrayente aroma de él. Abrazó la almohada con fuerza, deseando que fuese Armando en su lugar lo que abrazaba. Ese olor intenso, varonil, picante… su cuerpo se inflamó al respirarlo profundamente.
"– ¡Para, Bunny! –se dijo en voz baja hundiendo la cabeza en la almohada– ¡deja de pensar en eso,… en él!" Se acurrucó nuevamente, respirando hondo varias veces. Estuvo así un buen rato pero el sueño no le venía y maldita sea, si no lo necesitaba; apenas había conseguido echar una cabezada en el vuelo de ida, los nervios la noche anterior no la habían dejado dormir demasiado. Lo peor es que ella quería estar descansada para verse guapa para él y más cuando sabía que Armando ya habría recibido las fotos en las que ella aparecía.
Durante lo que le pareció una eternidad, estuvo dando vueltas en la cama y nada, el sueño no le venía y no se dormía. De repente sintió una presión sobre ella; alzó la vista sorprendida y vio el esponjoso y peludo cuerpo de Artemis que avanzaba hacia ella. Se irguió para acariciarlo.
"– Hola, Artemis –saludó ella suavemente– ¿tampoco puedes dormir, gatito?" Ella lo acarició amorosa mientras el gato le daba cabezaditas contra la mano que lo tocaba.
"– ¡Miaaau! –maulló el gato tras lamerle los dedos con insistencia– ¡Miaau!". Volvió a maullar. Ella conocía perfectamente esa petición, su Luna hacía lo mismo cuando no había comido y por la noche tenía su cuenco vacío. Sonrió al reconocer el mismo comportamiento en el gato de Armando.
"– ¿No serás familia lejana de Luna, verdad? –preguntó riendo, tomando entre sus brazos a Artemis y levantándose de la cama– Vamos a darte de comer, seguro que encontramos algo rico que darte."
Cuando salió al pasillo, ya toda la casa se encontraba en completa oscuridad, salvo por las luces de la calle que iluminaban levemente el interior de la casa a través de las ventanas. No se escuchaba nada aparte de sus amortiguadas pisadas sobre el suelo. Puso a Artemis sobre su hombro mientras le aseguraba con una mano para que no se cayese.
"– ¿Estás seguro ahí?" –preguntó Bunny cuando el gato se enroscó alrededor de su cuello y se apoyó en su hombro. La misma posición en que Luna se ponía cuando estaba en casa buscando su comida. Con la mano que le quedó libre, iba tanteando para no tropezarse. Recordaba la ubicación de la cocina: al pie de la escalera a la izquierda. Trató de no hacer ruido al entrar pues las puertas del salón estaban abiertas. Se aproximó a la nevera confiando en encontrar alguna lata de comida de Artemis ya abierta en su interior. La cocina se iluminó con la luz de la nevera, permitiéndole ubicar además los recipientes de comida de Artemis. Encontró al fondo su bote de comida, pero un ruido la sobresaltó. Se asomó por detrás de la puerta de la nevera sin cerrarla y vio a Armando en el umbral de la puerta vestido únicamente con lo que parecía un pantalón corto y una camiseta.
"– Bunny, ¿no podías dormir?" –preguntó Armando entrando en la cocina. Ella, más respuesta del susto, lo miró sonriente.
"– Artemis tiene hambre, me pidió que lo alimentase." –dijo mostrando el bote de comida a través de la puerta de la nevera mientras rascaba la barbilla del gato que seguía encaramado a sus hombros.
"– ¿Te pidió…?" –exclamó Armando aproximándose a ellos sin verles todavía.
"– Sí, bueno; mi gata hace algo parecido a lo que me hizo él cuando no ha comido en todo el día, –explicó ella– cuando no paramos mucho por casa, sobretodo. Y por lo que veo, tiene el cuenco vacío." Bunny señaló en dirección al suelo, donde los recipientes se encontraban.
"– ¡Ah! Entiendo. –dijo Armando agachándose a tomar el recipiente del suelo. Alzó la vista un instante y se quedó boquiabierto ante la visión de las piernas desnudas de Bunny. Sus ojos la recorrieron detenidamente entonces: ella llevaba una de sus sudaderas y… nada más que se apreciase. Todo su cuerpo vibró ante la visión de ella y el cuenco casi se le cae de las manos. Bunny cerró la puerta de la nevera llevando al mostrador el bote de comida del animal y un paquete de pechuga de pavo que estaba abierto.
Armando la observaba embobado y excitado, tratando de controlar la reacción de su cuerpo ante su pequeña y sensual invitada. Su encendido cuerpo, antes más calmado, ahora volvía a arder ante la visión arrebatadora de Bunny llevando sólo una sudadera como única prenda que la cubriese.
"– Si no te importa, le daré una compensación por la espera, ¿te parece bien?" –dijo Bunny mostrándole el paquete de fiambre a Armando. Él tragó con dificultad y tomó aire sonoramente. Asintió, no podía decir mucho más. Bunny preparó la comida de Artemis y volvió a meter los alimentos en la nevera. Observaron en silencio comer al animal hambriento, aunque Armando no dejaba de recorrer con la mirada el cuerpo de Bunny. '¡Contrólate!' se decía una y otra vez Armando, pero la respuesta de su cuerpo no se detenía, daba gracias por haberse puesto una camiseta cuando vio la luz de la nevera desde el salón. De no haberlo hecho, su semi-erección habría sido más que evidente. El tenerla ahí, tan ligera de ropa, hacía arder su sangre y acelerar la respuesta de su sangre… sólo podía pensar en ella, en tomarla.
"– Bun…ny, ¿qué llevas puesto? –se aventuró él a preguntar. El rubor acudió rápido a las mejillas de Bunny. Lentamente ella le miró algo avergonzada.
"– Verás… yo,… me parece que las chicas… –consiguió decir nerviosa–… hicieron algo en mi equipaje, porque no encontré mi pijama. ¡Estoy segura de haberlo metido! pero… sólo encontré un mini conjunto de lo más provocativo e insinuante, ¡para nada mi estilo!". Ella se cubrió con vergüenza la cara tratando de ocultar su estado.
"– Estás preciosa con… esa ropa… –murmuró él suavemente acercándose a ella, en un arrebato de valentía– deberías llevarla más tiempo." Bunny se sobresaltó. Armando tomó una de las manos con las que ella ocultaba su rostro y se la llevó a la boca para besarla. Ella lo miró confundida.
"– Bunny, lo siento,… –susurró él pegándose más al cuerpo de ella– ya no puedo controlarme más."
Y tras decir esto, atacó ferozmente la boca de Bunny. Ella gimió ante la agresividad de su ataque pero respondió igualmente. Lo deseaba tanto.
"– Armando… –consiguió decir ella un segundo que se separaron–… yo tampoco puedo." Ahora fue él quien gimió contra la boca de ella. Sus bocas batallaban con intensidad, acariciando cada centímetro de su interior. Sus lenguas se conocían íntimamente abrazadas, bailando la una con la otra, arrancando jadeos y gemidos que morían en la boca del otro.
Armando la levantó del suelo pegándola más a su cuerpo y sin grandes problemas comenzó a caminar en dirección al único sitio donde esa noche la soltaría… la cama. Su excitado miembro se presionaba contra ella provocativamente y ella comprendió el alcance de la excitación de él. Bunny le abrazó con fuerza y rodeó con sus piernas la cintura de Armando, que gimió al sentir sus centros del placer tan cercanos, pero estaba agradecido por la maniobra, pues le permitía sentir más a Bunny y llegar más rápido a su habitación. No dejaron de besarse apasionados hasta que llegaron a la puerta del dormitorio de Armando. Estaba tan excitado que no pensaba; presionó contra la pared del pasillo a Bunny, arrinconándola y frotando su erección contra ella. Bunny, excitada, no podía dejar de gemir ante las novedosas sensaciones que aquel contacto estaban produciendo en su cuerpo. Él separó sus labios de la boca de ella, bajando por su cuello, besando, lamiendo, recorriendo su cálida piel con su aliento, que la excitaba más.
"– Bunny,… –susurró él cerca de su oreja– no quiero forzarte a nada, yo… te deseo muchísimo… pero si no quieres, me detendré." Bunny consiguió asimilar sus palabras entre jadeos y le respondió con igual intensidad.
"– Te deseo tanto… –dijo excitada entre suspiros– no… no te detengas."
Armando volvió a capturar hambriento sus labios con energías renovadas. Se separó de la pared y entró al dormitorio, cerrando de un golpe la puerta tras él. Cuando llegó a los pies de la cama, se inclinó soltando el cuerpo de ella sobre la mullida superficie. Se separó lo suficiente para observar a la mujer que tenía frente a él. Con el rostro ruborizado, la mirada expectante y sus labios rojos por sus besos, era un espectáculo tan erótico que le costó asimilar que fuese real y sólo para él.
"– Bunny, eres tan hermosa,… –dijo acariciándola el rostro tras quitarse la camiseta que llevaba– me muero por estar contigo." Bunny se mordió levemente el labio inferior como quien observa su postre favorito antes de devorarlo. El cuerpo de Armando era perfecto, un dios hecho hombre, su piel le gritaba que lo tocara y se moría por hacerlo.
Ella le miraba ansiosa desde su cómoda posición, sentada sobre la cama; podía distinguir claramente la excitación en el cuerpo de Armando, así como sentir su rápida respiración, que era idéntica a la suya. Lo deseaba tanto que haciendo acopio del escaso valor que la penumbra de la habitación le concedía, se quitó la sudadera de Armando que la cubría, quedando, únicamente con un pequeño culote de encaje negro. Los ojos de Armando se agrandaron y un gemido salió de su boca sin control. Bunny extendió, temblorosas, sus manos hasta el bóxer de Armando, que inmóvil la observaba. Cuando se lo quitó dejando visible su gran miembro erecto, ella recorrió su abdomen delimitando sus músculos con esmero con una mano, mientras con la otra acariciaba muy suave y levemente aquella palpitante parte del cuerpo de Armando que pulsaba a cada caricia. Armando gemía intensamente, tratando de no abalanzarse sobre ella, pero era una lucha que sabía tenía perdida.
"– Soy tuyo." –dijo Armando afectado tomando la mano de Bunny. Ahora fue el turno de ella de gemir cuando Armando apretó fuerte contra él, la mano de Bunny; ella sintió el ardor de su endurecido miembro contra su pequeña mano. Guiada por la mano de él se dio cuenta del tamaño del sexo de su amado y se asustó pensando si sería capaz de recibir en su cuerpo semejante tamaño.
Armando se separó unos centímetros de ella buscando algo de cordura, el sentir su mano sobre él le había excitado bastante más de lo que esperaba.
"– ¿Qué ocurre, cariño? –preguntó ella preocupada– Háblame.". Ahora en su rostro no había ni rastro de la vergüenza, sólo excitación ante la previsión de lo que iba a ocurrir.
"– Cielo, ¿has estado antes con alguien?" –preguntó algo serio estudiando su rostro. Ella suspiró con pesar pero sin perder la dulzura en su mirada, le respondió.
"– Yo… sí…, no soy… virgen –confesó apesadumbrada– pero no es un hecho del que presuma, no fue una experiencia digna de ser recordada…". Su mirada se tornó amorosa mientras acariciaba su rostro con la mano. "– Sí hubiese sabido que iba a conocerte, habría esperado… habría sido contigo y sólo contigo,… mi primera vez." Aunque le hubiese gustado ser el primer hombre de ella, también se sentía aliviado por no ir producirle aquella primera y traumática penetración. Y tras decir esto, lo atrajo firmemente con ambas manos y lo besó con pasión. Armando no se resistió ni un ápice y respondió con ímpetu a su beso, ofreciendo su lengua para recorrer la boca y labios de su amada. Sus manos no paraban quietas y un profundo gemido gutural salió sin control de su garganta cuando sintió nuevamente ser apretado su miembro con intensidad.
"– Bunny, por favor… no podré contenerme si sigues,… –gimió al separarse un poco mientras ella sujetaba la mano de ella contra su pulsante miembro– estás llevándome a la locura." Armando separó su mano tras pocos segundos, de haberla mantenido más tiempo, habría estallado con tan sólo ser tocado por ella. Llevó su mano hasta su boca y la besó, mientras se deslizaba descendiendo por su cuerpo. Fue bajando a la vez que leves gemidos de placer salían del pequeño cuerpo de Bunny. Paseó su lengua por su pecho y ella se estremeció arqueando pronunciadamente su espalda. Lo saboreó con deleite, deslizando su húmeda lengua por la areola y el pezón erguido de ella. Era tan sumamente sensible que las respuestas de su cuerpo, cada vez más intensas, lo excitaron hasta niveles que desconocía. Siguió descendiendo hasta llegar al valle de su vientre. Ella se revolvía y presionaba contra él al sentir como su piel la acariciaba. Trataba de acariciarle pero su mente estaba tan nublada y confusa por lo que sentía que no era capaz de darle la orden a sus manos para tocarle. Él introdujo su lengua en su ombligo y ella se arqueó conteniendo una carcajada, recuperando algo de cordura. Bunny lo miró con anhelo mordiendo de nuevo su labio inferior y él le devolvió la mirada con una sonrisa traviesa mientras depositaba un beso en su ombligo.
Armando descendió por su cuerpo acariciando su piel con exquisita devoción, hasta detenerse a tan sólo unos centímetros de su sexo. Comenzó a mimar aquella húmeda zona con sus dedos, recibiendo inmediatamente la demostración de que sus acciones; eran bien recibidas y placenteras.
Bunny se sentía aturdida con cada beso y caricia que él le daba mientras recorría su intimidad. Se aproximó poco a poco, inspiró intensamente su aroma y se inclinó sobre ella… ya no podía ni quería controlarse más… Armando acercó su lengua a ella… la deslizó desde su entrada hasta su clítoris con dedicación, una y otra vez, haciendo que los músculos de Bunny se tensaran por tales sensaciones. Sin ningún control de sí misma, ella sujetaba el rostro de él entre sus muslos. Él se entregó simplemente a su placentera tarea… y entonces, la siguiente vez que su lengua tuvo contacto con ella, se adentró en su interior. Bunny no pudo controlarse y gritó; arqueó su espalda y se sujetó a las sabanas de la cama tratando de contener el placer que la dominaba… y de disfrutarlo lo más que pudiera.
"– ¡Aaa…aaaahh! –Gemía frenéticamente ella– es tan… Armando… yo… no…".
"– Disfrútalo, no te contengas… siente… déjate llevar." –susurró Armando deteniendo unos instantes su tarea para reanudarla sin dilación. Despacio Armando comenzó a pasear su lengua por su interior, salía y entraba en ella, mientras con sus dedos atormentaba su clítoris en círculos; sus movimientos lentos y sensuales se volvían rápidos y desesperados, así como los gemidos de Bunny se iban incrementando… hasta el punto en que Armando, sin poder hacer nada para controlarlo, estaba gimiendo y jadeando con ella contra su centro de placer.
Antes de que pudiera darse cuenta, había alcanzado un agresivo orgasmo gritando el nombre de su amado. Su cuerpo convulsionaba, sus músculos internos se tensaron en torno a los dedos de Armando, su espalda se arqueó pronunciadamente. Su respiración agitada; su corazón queriendo salirse de su pecho y ella totalmente sonrojada; así estaba y se sentía avergonzada por lo que se había dejado hacer, por los gritos que sabía había dado, pero lo había disfrutado mil veces más por ser con él con quien lo hacía.
Él ascendió por su cuerpo hasta que, cerca de sus labios, la besó con ternura; ella sintió su propio sabor mezclado con la boca de Armando… y no le desagradó. Se besaron mientras rozaban sus cuerpos íntimamente, ella sentía perfectamente sobre su vientre como el palpitante, duro y caliente miembro de Armando deseaba estar dónde instantes antes, su lengua había entrado. Sólo de sentir la presión contra su caliente cuerpo, su miembro latió dolorosamente. Sentía su necesidad de estar dentro de ella, no creía poder aguantar mucho más.
Ella sintió su sexo pulsando acelerado con cada latido de su corazón. Sentía la excitación de él como propia. La besó profundamente de nuevo y acarició con devoción sus labios. Recorrió su rostro suavemente con sus dedos, deslizando su otra mano sobre su cuerpo; pellizcando con delicadeza sus pezones, sintiendo como con cada caricia se excitaban más y más. Armando percibía sus intensos gemidos ante las caricias y besos que le daba. Sintió como su miembro se impregnaba con los jugos de ella, estaba colocado justamente en ese increíble lugar de su anatomía. Pero de pronto, una pizca de sentido común acudió a su mente y se quedó inmóvil sobre ella, Bunny lo notó detenerse y se alarmó.
"– Armando… cielo, ¿qué sucede?" –preguntó suavemente cautelosa. Él se separó unos centímetros de ella y Bunny pudo ver que tras la excitación que su rostro reflejaba, había cierto grado de vergüenza. "– Háblame, ¿qué ocurre?".
"– Bunny… yo… lo siento… no podemos continuar,… –murmuró avergonzado– no había previsto esto y no tengo…". Bunny entendió y suspiró aliviada.
"– No te preocupes, amor, –comentó con una leve sonrisa en sus labios– hace meses que me estoy cuidando en ese sentido. 'Órdenes del médico'… según mi ginecóloga, lo necesito para regularme." Armando la miró, primero sorprendido y más tarde, aliviado al saberlo. La besó con ternura, delicadamente, en la frente, para instantes después descender a sus labios y fundirse nuevamente con ella en un intenso y apasionado beso.
Ella lo atrajo firmemente con ambas manos y lo besó con más pasión si cabe. Armando respondió con igual ímpetu y devoró su boca. Acarició su cuerpo con apremio, recuperando la excitación que la interrupción había reducido, sin mucha provocación se encontraron nuevamente gimiendo y jadeando entre suspiros y caricias.
El pulsante miembro de Armando dio su aviso; estaba duro e hinchado, listo para fundirse con ella y así se lo hizo saber cuándo Bunny lo acarició con sus dedos.
Armando comenzó a empujarse lentamente en su interior, obteniendo más sonidos placenteros por parte de ella. Él se sentía en el cielo; era tan estrecha y húmeda, tan cálida, tan acogedora… Apenas había comenzado a adentrarse cuando ella se tensó en segundos, su rostro reflejaba la excitación que sentían pero también algo más… ¿incomodidad?, ¿dolor? ¿Cómo podía ser? Bunny le había confirmado que no era virgen, entonces ¿por qué?
"– Cariño, ¿qué te sucede?" –dijo él besándola dulcemente.
"– No te preocupes, sólo es que… –dijo devolviéndole el beso–… eres grande,… más de lo que esperaba." Armando se sintió en parte orgulloso y en parte avergonzado, pues aunque no creía tener nada del otro mundo, podía no ser placentero para Bunny si tenía que recibirle siendo ella tan estrecha. Ella estaba muy húmeda y muy excitada, pero él quería que estuviese lo suficiente lubricada para que estuviese bien. Bajo una de sus manos a su pecho acariciándolo y la besó apasionadamente, haciendo que gimiese ante ambos ataques. Ella se mecía desesperada con sus caricias mientras él la recorría con sus manos, todavía sobre ella. Bunny no podía controlar la respuesta de su cuerpo, cada vez estaba más excitada y deseaba sentirle no sólo parte dentro, sino que ansiaba sentirse totalmente invadida por él. Con sus piernas rodeó la cadera de Armando y lo animó a seguir. Él comprendió y reanudó su penetración. Gruñó profundamente cuando la hubo penetrado totalmente, ella jadeó con intensidad. Armando la sentía muy húmeda y resbaladiza, como seda contra su ardiente piel, de eso no había duda y ya no sería el problema. La besó tiernamente durante unos instantes, mientras ella se habituaba a su invasión…
Su entrada le había excitado muchísimo, tanto que pensó que estallaría tan pronto como se enterró dentro de ella.
Con la cabeza al lado de la suya, le dio suaves besos en la frente, en el pelo, en la sensible piel bajo su oreja; acariciando su piel con la punta de la nariz y con sus labios, el rostro de ella.
"– Sigue, cariño." –susurró Bunny tímida mientras depositaba un beso en los rojos labios de Armando. Después, ella se acercó a su oreja y le susurró sensual: "– Hazme completamente tuya… déjame sentirte en cada centímetro de mi ser, ¡dámelo todo!" –y tras estas palabras deslizó su lengua por el borde de su oreja y apresó con sus labios su sensible lóbulo. Una gran descarga lo invadió desembocando en su miembro, que enterrado en su interior, seguía totalmente erecto y duro pulsando dentro de ella.
Poco a poco, comenzó a darle pausadas y suaves embestidas; se movía suavemente, era como mimarla desde dentro, acariciando aquella piel que sólo íntimamente tocaría.
El placer y la excitación comenzó a inundarle nuevamente, su vista se volvía confusa, estaba perdiendo el control de sus sentidos, sólo podía sentirla, sentir placer, y solamente pensaba en una cosa… en ella, su amada, su Bunny; que había hecho lo posible por estar con él, aunque aquello no fuese planeado, se había esforzado por llegar a donde se encontraban en ese momento, presas del placer que el encuentro de sus cuerpos les estaba provocando.
Poco a poco sus embestidas se volvieron más delirantes y apasionadas. Ella gemía y suspiraba su nombre tras cada acometida y él gemía contra ella descontrolado.
Al principio era como un susurro, pero ahora lo oía con claridad: "– ¡Armando!… ¡mi amor! sí… ¡Aaahh!… cariño…" – Ella se dejaba llevar, estaba gozando de su encuentro, y él empezaba a sentir como las paredes del interior de Bunny le aprisionaban su excitado miembro. ¡Era tan fuerte lo que sentía que no duraría mucho!
"– Bunny… cariño… ¡Te amo tanto!" –jadeó él a medida que incrementaba la velocidad de sus ataques. Escucharla decir su nombre lo había encendido increíblemente. Sentía el calor de sus paredes internas estrecharse más… estaban tan cerca, pero no quería terminar sin que ella lo hubiese alcanzado; quería darle el más intenso y demoledor orgasmo que pudiese. Se inclinó para besarla, capturando su labio entre los suyos, paseando su mano por sus duros pezones y pellizcándolos para excitarla más. Bunny respondía a todas sus caricias como si fuesen fuego contra hielo, sus reacciones eran muy intensas. Éstas conseguían que se encendiese más, con nuevas energías para penetrarla más y más fuerte. No podía ni quería parar; ella comenzó a decir sílabas de su nombre mientras la onda de energía explotó en su interior con violencia. El orgasmo la golpeó con fuerza, fue brutal, demoledor. Bunny contuvo la respiración mientras se agarraba desesperada a los brazos de Armando. Se arqueaba para no sucumbir ante la arrolladora fuerza de su estallido. Las paredes de ella se tensaron y estrecharon tanto que le provocaron a él el suyo; un ardiente y violento orgasmo que no vio venir. Sus cuerpos convulsionaron inundados por el placer. Gritó con desesperación al sentir el placer inundar y recorrer su cuerpo, y sintió como explotaba, derramándose en el interior de ella… ambos alcanzaron sus clímax, separados por unos escasos segundos. Mientras él lo disfrutaba seguía dando pequeñas embestidas y gimiendo con cada placentero espasmo, Bunny seguía revolviéndose bajo él, disfrutando los últimos trechos de su orgasmo.
Armando poco a poco paró sus movimiento para desplomarse extenuado sobre el ardiente cuerpo de Bunny. Estaban exhaustos, agotados por tan frenética demostración de amor. Ambos lo sintieron así,… amor… puro amor… Era la primera vez que hacían el amor, aquello no había sido sexo. Se habían entregado el uno al otro… y lo recordarían siempre como si de su primera vez se hubiese tratado.
