Capítulo 21. Revelaciones inesperadas.
La prensa, de alguna manera o de otra, acabó por enterarse de que la pequeña hija del gran Genzo Wakabayashi estaba enferma de un padecimiento mortal. Si el rumor se había corrido ya en la Wittelsbach iba a ser casi imposible que a alguno de los padres de los estudiantes estirados de esa snob escuela no le soltara la información a cualquier reportero hambriento de noticias. Yo me preguntaba, sin embargo, por qué habría de resultar interesante el hecho de que la hija menor de un futbolista extranjero actualmente retirado estaba enferma pero sorprendentemente así era; desde que Blind, un periódico de quinta categoría experto en propagar o inventar chismes de deportistas de todos los ámbitos, sacó la noticia, varios tablones la reprodujeron y las llamadas telefónicas comenzaron a llegar a la casa a montones, para enorme disgusto de todos. Era obvio que los reporteros buscaban información de primera mano del gran Genzo Wakabayashi pero éste se habría cortado la lengua antes que decir alguna palabra sobre mi hermana.
- ¿Por qué la gente considera que esto es digno de ser comentado?.- preguntó mi padre, bastante molesto, azotando un ejemplar de Blind contra la mesa de la cocina.- ¡Es mi vida privada, con un carajo! Además, mi hija sólo tiene once años, ¿por qué demonios quieren exponerla así al público?
- Porque no tienen consideración, Wakabayashi.- respondió mi tía Lara.- Lo único que los tabloides quieren es vender y cualquier suceso es tomado como una posible mina de oro.
Mi tía preparó café, sirvió un poco en una taza y le agregó una buena cantidad de brandy para ofrecérsela después a mi padre, quien la miró con un gesto interrogativo. Mi papá y mi tía no han tenido precisamente la mejor de las relaciones desde que él se casó con la hermana de ella pero la situación entre ambos se suavizó cuando Lara se casó con Bryan Cruyffort y también, por supuesto, con la enfermedad de Aremy. Lara Del Valle podrá ser ruda y poco sensible pero su corazón no es de hielo así que no pudo evitar compadecerse por mi padre.
- Dime que no lo necesitas.- dijo Lara, dejando la taza en la mesa frente a él.- La cantidad que te serví no te embriagará.
- Supongo que no.- el gran Genzo Wakabayashi tomó la taza y le dio un largo trago a su bebida.- Gracias.
- Aunque para ti no lo parezca.- suspiró mi tía, sentándose en una silla.- El que uno de tus hijos esté enfermo es una gran noticia simplemente porque eres un ex futbolista y alcanzaste cierto nivel de fama.
- Gracias por lo que me toca.- soltó mi padre, con ironía, por lo del "cierto nivel de fama".
- Yo pensé ingenuamente que a nadie le interesaría mi boda con Bryan y no fue así, te consta que batallamos mucho con los reporteros.- continuó Lara, sin inmutarse.- Incluso él me confesó que le costó mucho trabajo mantener oculta la enfermedad de Marianne, fue un verdadero logro conseguir que no se hiciera pública la causa de su muerte.
- Pero el caso de Cruyffort es diferente, su primera esposa era hermana también de alguien muy famoso, mucho más que él, era lógico que el acoso fuese mayor.- replicó mi padre.- Quizás no tanto por Cruyffort como por Medvid.
El cuñado de Bryan Cruyffort, por parte de su primera esposa, es Sasha Ivanóvich Medvid, famoso modelo ruso de talla internacional, muy cotizado en su rubro así que concuerdo con mi padre (¡Milagro!) en que los reporteros muy seguramente querían saber qué le había pasado a Marianne no tanto porque fuera esposa de Bryan Cruyffort sino porque era hermana de Sasha Medvid.
- Tal vez.- mi tía se encogió de hombros.- Pero de cualquier manera la prensa te va a estar acosando, Wakabayashi, te guste o no. Por supuesto, no es obligatorio que respondas a las llamadas, las personas tienen que entender que Aremy merece conservar su intimidad y sufrir su enfermedad en privado.
- Es lo que digo pero los últimos periodistas que han llamado se han puesto agresivos ante nuestras negativas.- gruñó el gran Genzo Wakabayashi, enojado.- Como si fuera mi obligación contestar sus preguntas.
- En ese caso, si sus diminutos cerebros no pueden entender una cuestión tan simple, pueden mandarlos mucho al carajo.- rebatió Lara, con energía.- No eres una persona que dependa ya del favor del público ni del de la prensa y dado que no te están haciendo un favor, mándalos a la mierda o mucho más lejos.
Mi padre soltó una carcajada, cosa rara considerando que siempre que estaba con mi tía Lara solía comportarse muy serio y actuar a la defensiva ya que ella lo atacaba constantemente hasta por el más mínimo detalle. Tal vez ésta era una señal de que la relación entre ellos iba mejorando, menos mal que sólo tuvieron qué pasar dieciocho años de matrimonio de mis padres, cuatro hijos y una enfermedad mortal para que esto sucediera.
- Es en situaciones así en donde me doy cuenta de que te pareces a mi esposa más de lo que ambas creen.- señaló el gran Genzo Wakabayashi, de buen humor.- Es la clase de respuesta que ella me daría.
- Bueno, fuimos criadas por la misma madre.- Lara se encogió de hombros.- Compartimos muchas mañas gracias a ella.
- Creo que así es.- mi padre acabó su brandy con café y llevó la taza al lavaplatos.- Tal vez no era tu intención pero me has levantado la moral, Lara.
- ¿Quién te dijo que no era mi intención, Wakabayashi?.- sonrió mi tía.- Si no podemos unirnos en situaciones como ésta y comportarnos como familia, ¿cuándo lo haremos entonces?
- Gracias.- el gran Genzo Wakabayashi iba a hacer un comentario con respecto a que mi tía se había suavizado gracias a Cruyffort pero se contuvo.- No sólo por esto sino también por el apoyo que le has dado a mi mujer y a mis hijos, a pesar de que tú misma batallas con tu propio embarazo.
- No hay de qué.- respondió Lara.- Pero no te acostumbres a que te consuele diariamente porque me resulta más gratificante molestarte, Wakabayashi. Y el embarazo no es una discapacidad, no me cuesta nada ayudar ahora que Bryan ha contratado a alguien que limpie nuestra casa.
Mi padre quiso saber entonces cómo iba el embarazo de mi tía y ésta le contestó que, a pesar de encontrarse fuera de la edad reproductiva ideal, el bebé iba creciendo bien y sin mucho problema. Lo único que Lara debía cuidar era su presión arterial ya que ésta tendía a subirse con el estrés y a la larga podría ocasionar problemas si no la mantenía bajo control, por lo que mi tío Bryan prácticamente ya no la dejaba levantar ni un plato; a decir de Lara, él la sobreprotegía demasiado. El gran Genzo Wakabayashi volvió a preguntarse cómo había sido posible que alguien tan ruda e independiente como Lara Del Valle acabó casada con el sensible y sobreprotector Bryan Cruyffort.
A partir de ese día, se nos prohibió a los hijos Wakabayashi y a los Kaltz el contestar el teléfono fijo, sólo James o Mine podían hacerlo y tenían la indicación de negar todas las llamadas que procedieran de personas desconocidas o de tabloides reconocidos. Los menores de edad debíamos comunicarnos sólo a través de nuestros teléfonos celulares y por supuesto que estaba vetado pasar los números a alguien que no fuese cercano a la familia (aunque esta regla ya existía desde antes de que se enfermara Aremy). Por supuesto, el barrio en el que vivíamos era muy exclusivo y era difícil que cualquiera pudiera acercarse a las casas porque estaba cerrado y tenía vigilancia las veinticuatro horas del día, así que no debíamos temer que algún reportero indiscreto pretendiera llegar hasta nosotros. Yo creía que todas estas precauciones eran excesivas, no pensaba que a alguien de verdad le pudiera interesar nuestra aburrida vida y eso me puso de peor humor, si de por sí no toleraba que mis compañeros se inmiscuyeran en nuestras vidas mucho menos iba a aguantar que gente a la que no conocía anduviera indagando sobre los progresos de mi hermana, así que dejé de leer periódicos en línea y de agarrar las revistas de fútbol a la que estaba suscrito mi papá, no quería toparme con un artículo dedicado a Aremy porque sabía que eso no lo iba a tolerar y ya no estaba en situación de echar a perder más las cosas en mi vida en general.
Sin embargo, a pesar de que creí que había tocado fondo con la pelea que tuve con Hoffman, al día siguiente descubrí que la mayoría de los estudiantes de la Wittelsbach estaban de mi lado. Los pormenores de nuestra "batalla campal" se distorsionaron al grado de que hubo un punto en el que no reconocí lo sucedido, sobre todo porque a alguien se le ocurrió decir que Margus me había amenazado con un bate de béisbol, cosa que, bien pensada, resultaba ridícula. No fueron los detalles risibles los que hicieron que muchos alumnos me apoyaran sino el hecho de que Hoffman era un conocido acosador que por fin recibió su merecido. Emirett Ferrari, quien había estado presente en el baño de hombres cuando Hoffman me abordó, se encargó de hacerle saber a todo el que quiso escucharlo que yo había intentado manejar el asunto de manera diplomática pero que Margus buscó la forma de hacerme estallar hasta que lo consiguió, exponiéndolo como lo que casi todos ya sabían que es: un acosador escolar que se valía de su fuerza física e influencias para molestar a los demás. Por supuesto, yo no me consideraba un muchacho fácilmente "bulleable" pero muchos compañeros, sobre todo los que estaban conmigo en el club de fútbol, acordaron que eso fue lo que estuvo haciendo Margus conmigo, acosándome porque no podía aceptar que yo le hubiese quitado la titularidad sin necesidad de que terceras personas intervinieran. Así pues, mientras algunos me compadecían por mi triste situación, otros me veían como el vengador que había puesto a un imbécil en su sitio. Vaya que los adolescentes somos raros, pero en cualquier caso fue un alivio ir a clases y no ver la estúpida cara de Margus por los pasillos del colegio.
Cuando llegó la hora del descanso, Mijael ya estaba esperándome afuera de mi salón. No habíamos tenido la oportunidad de hablar después de la pelea y, aunque no somos un par de nenitas que se platican todas sus cosas, lo ocurrido con Hoffman era algo que sí quería comentar con mi mejor amigo además de que también quería hablarle de Jazmín; así pues, nos fuimos a uno de los muchos escondites que tenemos en la escuela para planear maldades sin ser molestados aunque dudaba que hubiera alguien interesado en seguirnos en ese momento.
- De entrada, Chucky, quiero disculparme porque siento que no te apoyé como debía con Hoffman pero Erick se me adelantó.- comenzó Mijael, trepándose a la rama más baja de un árbol que se encontraba ahí.- Cuando quise ayudarte a partirle la cara, Levin se metió y te separó de él y no me escuchaste cuando te pedí que me esperaras.
- No escuché muchas cosas en ese momento.- me encogí de hombros.- Y no te disculpes, estuvo mejor que Erick interviniera, yo me salvé de ser expulsado por un tecnicismo pero tú no habrías salido tan bien librado, Fede, y realmente no había necesidad.
- ¿Y crees que ser expulsado me importa?.- Mijael frunció el ceño.- Habría salido barato a cambio de romperle las piernas a Hoffman.
- Ajá, y si te expulsan, ¿quién va a cuidar de mi hermana?.- pregunté, impulsándome para subirme a otra rama.- ¿Te has puesto a pensar en eso?
- No.- admitió Mijael, tras un leve titubeo.- Bien, sólo por eso agradeceré que Levin me haya cortado la intención, es cierto que alguien tiene que cuidar de Jaz y de ti también.
- Yo no necesito que me cuiden.- repliqué inmediatamente mientras me acomodaba contra el tronco.- Puedo hacerlo solo.
- No seas imbécil, Chucky, todos necesitamos que alguien nos vigile, hasta mi padrino.- me contradijo Mijael.- Si no es de los demás, al menos necesitas que te protejan de ti mismo.
- Touché.- solté; miré mis manos vendadas y no pude menos que reconocer que él tenía razón.- Golpe bajo y bien encajado, camarada.
- Aunque tengo que admitir que cierta pelirroja ojiazul sí que sabe cómo controlarte.- Mijael esbozó una sonrisa ladina.
- ¿Y tú cómo sabes eso?.- sentí que mi cara se ponía del color del tomate; por fortuna, Mijael no alcanzaba a verme desde su posición.
- Porque Giovanna me pidió que la dejara ir a buscarte.- contestó mi amigo, balanceando los pies con parsimonia.- Después de que saliste corriendo cual drama queen, fuimos varios tras de ti y yo te encontré primero pero Giovanna me exigió que le permitiera consolarte, según porque sabría mejor que yo cómo lidiar contigo en tu estado. Y por lo que veo, tuvo razón.
- ¿Ella te pidió que la dejaras ayudarme?.- mi corazón saltó como caballo desbocado.- ¿Por qué hizo eso?
- Porque le gustas, ¿qué no es obvio?.- dijo Mijael, usando un tono de voz que daba a entender que soy un tarado por no darme cuenta de las cosas.
- Claro que no le gusto, sólo me ve como su amigo.- mi estúpido corazón continuaba acelerado, el infeliz.- Me ayudó porque se compadece de mí, nada más.
- Ah, sabía que eres pendejo pero no creí que tanto, Chucky.- Schneider soltó una carcajada.- Desde hace mucho que me di cuenta de que le gustas a Giovanna, sólo que no te lo había comentado porque me gusta fastidiarte.
- Y si eso es cierto, ¿por qué me sigue mandando a la friendzone?.- cuestioné.- Ayer le di a entender que me gusta, estoy seguro de que sí lo captó y me cambió el tema. Si yo también le gusto, ¿por qué hace eso?
- Porque es mujer y las mujeres son complicadas, yo que sé.- Mijael se encogió de hombros.- Tienen unas ideas muy locas sobre el amor, ya deberías saberlo.
- ¿También Jaz?.- solté, sin poder evitarlo.
- No, ella no.- Mijael suspiró.- Sólo necesita tiempo.
- Sí, como no.- puse los ojos en blanco aunque sabía que él no me veía.- Y ya que estamos hablando de Jaz, gracias por detenerla cuando se le fue encima a Hoffman, camarada. Sigo sorprendido por su actitud, jamás la había visto comportarse de esa manera.
- Y no era para menos, Chucky, ya te dije que yo también tengo ganas de partirle la cara a ese estúpido.- replicó Mijael, enojado.- Entiendo cómo se siente Jaz pero no voy a permitir que se lastime por alguien que no lo vale, para eso estoy yo. Por suerte no me costó tranquilizarla aunque no he conseguido disminuir su tristeza.
- Hmmmm.- gruñí.- Ayer nos dijo que decidió no participar en la competencia de baile. Mamá intentó convencerla de que no se saliera del concurso pero Jaz está aferrada a su decisión y yo temo que todo es producto de una depresión. No sé de verdad qué hacer para ayudarla considerando que yo me siento más o menos igual de triste.
- Y me lo dices a mí, que daría mi vida por verla sonreír pero cada vez es más difícil.- confesó Schneider, ciertamente triste.- Me estoy quedando sin ideas, Chucky.
- Pues declárate y con eso la vas a hacer feliz otra vez.- repliqué.- No es tan difícil, Fede.
- Ya te dije que no es el mejor momento.- bufó Mijael con el enojo de un padre que se ha cansado de explicarle algo muy simple a su hijo.- Ella dijo que no quiere tener novio ahora y voy a respetar su decisión, esperaré a que la Pecas mejore.
- Y yo ya te dije que te pasas de tarado y que no te puedes esperar 36 semanas para declarártele a Jaz.- insistí.- ¿Quieres hacerla feliz? Dile que la amas y verás que con eso lo logras.
- Deben existir maneras mejores de hacerla sonreír.- suspiró Mijael.- Algo se me ocurrirá. Voy a convencerla de que regrese a la competencia de baile, eso le ayudaría mucho.
- Ojalá puedas, ayer no quiso que nadie le hablara del tema, ni siquiera Benji pudo mencionarlo sin que Jaz le cambiara el asunto de manera brusca.- acepté, antes de dar un salto para caer al suelo.- Creo que ya va siendo hora de que regresemos, el descanso está por terminar y no estoy tan bien parado en la dirección como para andar saltándome clases.
- No aguantas nada.- Mijael saltó detrás de mí.- Yo he estado castigado muchas veces y no por eso me he convertido en un estudiante ejemplar.
Bueno, que eso es verdad pero yo quería evitar que mis padres volvieran a acudir a la Wittelsbach por culpa mía así que decidí portarme lo mejor que pudiera; además, quince días sin ir a los entrenamientos eran suficientes para mí, no quería agregar más.
- Quizás me meta en líos para que me castiguen también y no pases solo tu primer día de detención.- continuó Mijael.
- No, camarada, no lo hagas.- negué, enérgicamente.- Si nos castigan a los dos, ¿quién va a cuidar de Jaz? ¿Cuántas veces te lo he de decir, Schneider? Si yo no estoy disponible, tú eres mi relevo.
- Maldita sea.- gruñó Mijael, en voz baja.- Más vale que no te vuelvan a castigar porque no puedo portarme bien por siempre, Wakabayashi.
Más tarde, cuando terminaron las clases, Marko se acercó a mí para decirme que el entrenador Kaltz me había estado buscando a la hora del receso para hablar conmigo pero obviamente no me encontró, así que mi amigo había sido elegido para pasarme la información. El italiano se veía nervioso y hasta ese momento caí en la cuenta de que no me había dirigido la palabra en todo el día.
- El entrenador quiere verte, Daisuke.- me dijo Marko.- Me pidió que te dijera que vayas a buscarlo antes de que comience tu detención.
- ¡Ah, cabrón!.- exclamé.- ¿Por qué quiere el señor Kaltz hablar conmigo?
- Por algunos cambios que se hicieron en el equipo debido a lo ocurrido ayer.- contestó Marko, incómodo.- No te estreses, no es algo negativo a mi parecer.
- De acuerdo, iré ahora mismo.- suspiré.- Gracias, camarada.
- Buena suerte, amigo.- Marko me palmeó un hombro después de un leve titubeo.
Volví a notar que Hernández se veía incómodo y hubiera querido preguntarle el por qué pero debía apresurarme si quería ver al entrenador antes de que llegara la hora de detención. Sin embargo, no tardaría en averiguar por qué mi amigo estaba tan inquieto, el mismo señor Kaltz iba a darme la respuesta. Pensándolo detenidamente, fue raro que fuese Marko y no Adler quien me avisara que Hermann Kaltz deseaba hablar conmigo. ¿No sería más lógico que el mánager me mandara a buscar a través de su hijo?
- Me dijeron que quería verme, entrenador.- le comenté al padre de Adler al entrar a su cubículo.
- Siéntate, Daisuke, por favor.- me pidió el señor Kaltz, sonriéndome.- ¿Cómo estás?
- He tenido mejores momentos, sin duda no he actuado de la mejor manera últimamente.- suspiré, dejándome caer en una butaca frente a él.- Pero eso usted ya lo sabe. Y a propósito, quiero disculparme porque por mi culpa el equipo se ha quedado sin porteros para los próximos partidos, seguramente ha de estar pensando que el hijo del gran Genzo Wakabayashi debería de saber cómo comportarse con sus compañeros.
El ahora entrenador Kaltz me miró fijamente durante algunos instantes antes de echarse a reír a carcajadas, de muy buena gana. Yo, que no entendía qué fue lo que dije que le resultó tan gracioso, lo contemplé en silencio sin saber qué decir, muy confundido, hasta que él decidió que ya se había reído lo suficiente.
- Es broma, ¿no?.- dijo el padre de Adler.- ¡Si ni el gran Genzo Wakabayashi sabía cómo comportarse a su edad, no esperaría que tú lo supieras!
- ¿Qué quiere decir con eso?.- cuestioné.- Mi padre siempre ha sido un ejemplo de buen comportamiento en el campo de juego.
- Daisuke, tú nunca has hablado con tu padre acerca de sus épocas de adolescente, ¿cierto?.- el señor Kaltz esbozó una sonrisa torcida.- Cuando él llegó a Alemania y era un adolescente que se sentía la octava maravilla del mundo.
- A decir verdad, no.- negué.- No hablamos mucho de su vida, realmente.
- Bueno, pues deberías de preguntarle sobre esa etapa.- sentenció el entrenador.- Y verás que tu padre, el gran Genzo Wakabayashi como tú lo llamas, también se peleó a golpes con sus compañeros de equipo aunque por motivos bien diferentes a los tuyos.
- ¿Eso es verdad?.- casi salté por la sorpresa.
- Pregúntaselo y lo sabrás.- respondió el hombre.- Pero no te mandé llamar para hablar sobre las peleas que han tenido tu padre y tú con sus respectivos compañeros sino para tratar el tema de los porteros, justamente. Desgraciadamente es cierto lo que has dicho acerca de que el equipo de 14 a 17 años se ha quedado sin guardametas porque el tercero, ese chico de apellido Stark, no está al nivel de juego que necesitamos así que me he visto en la necesidad de tomar medidas drásticas. Sin embargo, antes de decirte cuáles son estas medidas, quisiera que me informaras qué te dijo tu madre con respecto a tus lesiones, ayer no tuve la oportunidad de hablar con ella al respecto.
- Eh, dice que los quince días que tendré de detención serán suficientes para que sanen mis nudillos, siempre y cuando deje de lado mi costumbre de golpear todo lo que se me pone en frente.- contesté, mirándome las manos.- ¿Por qué quiere saberlo?
- Para saber durante cuánto tiempo debo mover a Marko Hernández de su grupo al tuyo para suplirte, Daisuke.- contestó el entrenador Kaltz.- Como ya sabrás, a Marko le falta edad para que pueda cambiarse de categoría sin levantar las quejas de otros equipos pero usarlo de suplente durante quince días no ocasionará problemas.
- ¿Marko va a sustituirme?.- sentí como si me hubieran golpeado en el estómago.- ¿En verdad, entrenador?
- Sí, pero sólo será durante el tiempo que estés lastimado, Daisuke, ya te lo dije.- asintió el ahora entrenador Kaltz.- Cuando te recuperes estará esperándote tu puesto, el que recobraste sin que yo te diera preferencia alguna.
Al decir esto último, el hombre me guiñó el ojo dándome a entender que ya sabía que Hoffman lo había acusado de tener favoritismos conmigo pero eso no me ayudó a recuperarme del golpe que acababa de recibir. Ya lo he dicho antes, siempre he creído que Marko Hernández es mucho mejor portero que yo y quizás no me costó trabajo quitarle la titularidad a Hoffman pero Marko era otro cantar. No estoy diciendo que iba a dejarme vencer pero sí llegué a temer que el ahora entrenador Kaltz se diera cuenta de la superioridad de Marko y buscara la manera de dejarlo en mi lugar permanentemente.
- Así pues, espero que te esfuerces en mejorar porque contamos contigo para ganar el campeonato de este año.- continuó diciendo el entrenador.- Siempre y cuando nuestra pequeña Are esté mejor, por supuesto.
El padre de Adler dijo esto último con tanto cariño y calidez que no pude hacer menos que sonreír a pesar de lo estresado que me sentía. El señor Kaltz sabía cómo levantarme la moral y demostrarme su apoyo gracias a su carácter más bien liviano y bonachón. Él era tan diferente a mi padre que comprendía por qué eran tan amigos, Hermann Kaltz era un buen contrapeso a la personalidad seria del gran Genzo Wakabayashi, mucho más de lo que lo era Tsubasa Ozhora. Quiero mucho a Catrina y a Demian pero creo firmemente que el papá de Adler también hubiera sido un buen padrino para mí, me ha apoyado tanto en las últimas semanas que no me queda duda de ello. En fin, quizás en otra vida o en otro universo paralelo así sería pero en este mundo me sentía afortunado de poder contar con el apoyo del entrenador Kaltz aunque no fuera mi padrino.
Sin embargo, cuando salí del cubículo del mánager me cayó el peso de la noticia de que Marko Hernández iba a sustituirme. A pesar de lo que me había dicho el señor Kaltz, no me tranquilizaba saber que ese cambio sería temporal mientras me recobraba. ¿Y si el papá de Adler se daba cuenta de que Marko me supera con mucho y buscaba la forma de pasarlo a mi grupo? O quizás sólo esperaría el tiempo que faltaba para que Marko cumpliera los catorce años para hacer el cambio y pasarme a mí a la banca. Sería lo más lógico, yo haría exactamente eso de ser el entrenador Kaltz. ¿Para qué conformarse con el hijo del gran Genzo Wakabayashi cuando podías tener al hijo del gran Gino Hernández en la portería? Maldita sea, ¿desde cuando soy tan inseguro? ¿Y no se suponía que no estaba convencido de ser futbolista? Realmente ser un adolescente con poca seguridad es un asco, sobre todo porque yo estaba llevando el asunto al extremo del ridículo. Con esa actitud emo que estaba haciéndose una costumbre en mí, me dirigí al aula en donde cumpliría mi castigo con la sensación de que las cosas estaban saliéndose de mi control otra vez.
Tengo que admitir, con cierto orgullo vergonzoso de nerd, que nunca había estado en detención; había escuchado muchas leyendas urbanas sobre dicho lugar pero Mijael, quien ha estado ahí en más ocasiones de las que él mismo recuerda, me dijo que no es algo de otro mundo y es verdad. Habitualmente a los castigados se les ponía a hacer alguna actividad de provecho para que no anduvieran de inútiles, tales como arreglar los jardines o ayudar con la limpieza y el mantenimiento del gimnasio y de las canchas (estos alemanes funcionan a otro nivel), pero por tener las manos lesionadas yo me quedaría en el aula aunque no podría estar sin hacer nada así que aprovecharía para ponerme al corriente con el francés. Chris había empezado un cuaderno de apuntes con las nociones básicas y me lo había entregado para que repasara desde cero e hiciera algunas pequeñas tareas así que con eso me distraería en mis quince días de detención, al menos podría sacarle algún provecho al castigo. El primer día, sin embargo, tuve un acompañante que fue digno de mención por lo inesperado: Edward Cruyffort había sido sancionado con un día de detención por alguna cosa que hizo y que no quiso confesarme. Qué bueno que Mijael decidió portarse bien o el asunto habría resultado muy incómodo para todos. El estar con Edward esa tarde tuvo algo de provecho también pues me dio una información que podría serme de utilidad en algún momento, si sabía cómo utilizarla.
- Hola, Edward, no esperaba verte aquí.- le dije mientras se sentaba junto a mí.- ¿Qué hiciste para que te mandaran a la celda de castigo?
- Cosas.- respondió Edward, secamente.- Realmente no quiero hablar de eso.
- De acuerdo, camarada.- acepté, dándome cuenta de que él no estaba del mejor humor, para variar.- ¿No vas a hacer labores de mantenimiento como los demás?
- Me torcí la muñeca izquierda hace un par de días y como sólo voy a estar castigado una tarde, el subdirector decidió dejarme aquí.- contestó Cruyffort.- Y ya que vamos a estar solos, Daisuke, me gustaría aprovechar el tiempo para decirte algo que quizás te pueda ayudar.
- ¿Ah, sí?.- me sorprendí.- ¿Qué es lo que quieres decirme?
Espero que no pretenda que me una a él en su campaña anti Mijael Schneider porque eso nunca va a suceder. Aparte de que éste es mi mejor amigo, no estoy de humor para andar con estupideces y cualquier problema que traigan deben resolverlo entre ellos, de cualquier modo.
- Es algo complicado, realmente.- contestó Edward mientras sacaba un libro y lo abría en una página al azar.- Pero finge que estamos estudiando para que el subdirector no nos llame la atención por no estar haciendo algo de provecho.
- De acuerdo.- abrí la libreta de Chris y comencé a hacer anotaciones al azar.- ¿De qué quieres hablarme?
- Seguramente lo que menos deseas en estos momentos es que alguien te recuerde lo que pasa con Aremy pero mi padre acaba de revelarme algo que quizás pueda servirte.- dijo mi primo político, en voz muy baja.- Pero por favor te pido que lo mantengas en secreto.
- Claro, puedes contar con eso.- respondí, muy serio.
- Eh, es un tanto difícil hablarle de esto a alguien, sobre todo porque yo mismo me acabo de enterar pero… .- Edward titubeó, visiblemente incómodo.- Bien, tú eres la causa de que yo lo haya descubierto así que me parece justo que conozcas la verdad. Le hablé a mi padre sobre la pelea que tuviste con Hoffman, incluso lo que éste te dijo de la muerte de Aremy; quizás es por el hecho de que yo sé lo que es que alguien a quien amas se te muera pero lo que Hoffman te dijo me afectó más de lo que me hubiera gustado. Mi padre se dio cuenta de eso y decidió confesarme que mi mamá falleció de cáncer. De leucemia, específicamente.
- ¿De verdad?.- me costó mucho trabajo no gritar. ¡Eso sí que no me lo esperaba!
- Sí.- asintió Edward, mirando incómodo hacia el sitio en donde el subdirector Wolf calificaba algunos exámenes.- Papá nunca me había querido decir de qué murió mi mamá pero después de que le hablé sobre tu pelea él decidió revelármelo todo. No quiso comentarlo cuando se le hizo el diagnóstico a Aremy porque creyó que sería inapropiado y por eso se lo ha callado pero le he hecho ver que quizás debería hablar con ustedes al respecto, sus vivencias podrían ayudarles a tus padres y a ti.
- ¿Quién de tu familia lo sabe?.- quise saber mientras hacía que el lápiz bailara sin descanso sobre la libreta.
- Mi otra madre, nada más.- contestó Edward.- Le prometí a papá que no se lo diría ni a Vladimir ni a Lizzie pero le he pedido permiso para contárselos a Jazmín y a ti, de manera que te pido que no se lo comentes a alguien más que no sean ella y tus padres.
- Claro, ya te lo había prometido.- repuse, trazando algunos kanjis al azar.- Te agradezco mucho tu interés pero confieso que no estoy muy seguro de qué hacer con esta información.
- Bueno, podrías preguntarle a papá qué falló con mi mamá.- sugirió Edward, pensativo.- No sé, al menos podrías hablar con alguien que ya pasó por eso y desahogarte. O quizás él podría contarte su experiencia con los tratamientos, tengo entendido que mi mamá llegó al punto en el que los medicamentos ya no funcionaban y mi tío intentó ayudarla donándole un poco de médula ósea pero el tratamiento fracasó… Eh, creo que mi padre podrá contarte mejor esa historia.
- Supongo que sí.- acepté.- Gracias.
- De nada.- Edward se encogió de hombros.- Espero que te sirva de algo, a mí al menos me ha ayudado mucho el saber de qué murió mi mamá, quizás por fin pueda superarlo.
- Oye, Cruyffort, ¿te molesta si te hago una pregunta?.- inquirí, mirándolo de reojo.- ¿Por qué llamas a mi tía como "mi otra madre"? Estoy consciente de que la detective Lara Del Valle no es tu madre biológica pero te quiere como si lo fuera. ¿Tú no la ves de la misma manera?
- Habitualmente, cuando quieres saber si puedes preguntar algo, esperas a que la persona te responda antes de soltar la pregunta.- bufó Edward, frunciendo el ceño.- Pero te la pasaré por esta vez.
- ¿Vas a contestarme entonces?.- insistí.- Prometo no revelar tampoco lo que sea que me digas.
- Tal vez.- Edward suspiró.- Sí sé bien que Lara ha actuado como una madre auténtica con Vladimir y conmigo, estoy consciente de que ella nos quiere tanto como ama a papá y que de verdad quiere vernos felices pero… No quisiera pasar por eso otra vez…
Antes de que pudiera cuestionarle qué era "eso", Edward clavó la mirada en su libro y se puso a leer, o al menos pretendió que leía porque yo dudaba que en verdad se estuviera concentrando pero entendí el mensaje de que quería que lo dejara en paz y lo hice. Me pregunté qué podría estarle sucediendo a mi primo para que actuara de una forma tan nefasta con Mijael cuando se comportaba tan empático conmigo, el que viniera a sugerirme que hablara con su padre para ver si me sentía mejor era una muestra de que Edward no era un idiota sino sólo un muchacho muy confundido. Y tal vez muy solitario también. De cualquier modo, me agradó que me confiara lo ocurrido con su madre biológica pues quizás mi tío Bryan tuviera la respuesta a algo que llevaba tiempo carcomiéndome y es que el Sueño, que seguía teniendo un día sí y el otro también, estaba indicándome que yo debía ayudar a Aremy aunque seguía sin saber cómo.
Durante unos minutos consideré la posibilidad de preguntarle a Edward cuál era su problema con la vida, por qué su hermano creía que él estaba tomándose las cosas de mala manera y por qué descargaba toda su frustración contra Mijael Schneider, quien a últimas cuentas no había hecho algo en su contra pero me dije que yo no era capaz ni de resolver mis propios problemas y que, por tanto, no debía intentar solucionar los de otros. En esos momentos consideré que era lo mejor porque de cualquier manera Edward era extremadamente reservado, mucho más que yo, y no sería fácil sacarle cualquier tipo de información que él no hubiera decidido darme de antemano; sin embargo, quizás debí haberme preocupado más por él.
Más tarde, mi padre fue por mí a la escuela cuando concluyó mi castigo. De primera instancia me sorprendió mucho verlo ahí pero tras pensarlo un poco concluí que era la opción más lógica considerando que todos mis amigos y hermanos se habían marchado ya y evidentemente mi madre no iba a ir por mí, ya había pasado suficiente tiempo desde la última pelea que tuve con el gran Genzo Wakabayashi y supuse que ella creía que era momento de que nosotros dos reestableciéramos los canales de comunicación; a juzgar por los intentos de mi padre de querer encontrar un tema neutral para hablar conmigo, sin duda que la doctora Del Valle sí le había dicho algo similar.
- Hay dos cosas que quisiera comentar contigo, papá, aprovechando que estamos solos.- me di cuenta de que había temas que sí quería hablar con el gran Genzo Wakabayashi y decidí no darle vueltas al asunto.
- ¿Qué cosas, Daisuke?.- mi padre se tensó al escucharme pues agarró el volante del automóvil con mucha fuerza.
- Hoy hablé con Edward.- omití decir que fue en el aula de castigo.- Me contó cuál fue la causa de muerte de su madre.
- ¿De verdad?.- papá se sorprendió.- ¿Y por qué decidió revelártelo?
- Porque su mamá murió de leucemia.- dije, consciente de que estaba siendo un tanto brusco al soltar in previo aviso esta información.
- Ya veo.- contestó mi padre tras unos breves instantes de silencio.- No tenía idea de que la esposa de Cruyffort también enfermó de leucemia.
- Según lo que Edward me dijo, su padre no nos lo quiso decir antes por temor a ser inoportuno pero, a raíz de lo que pasó con Hoffman, él creyó que podría sernos de utilidad el saberlo.- titubée.- Edward me habló también de que los medicamentos ya no le estaban haciendo efecto a su mamá y que su tío le donó médula ósea para tratar de ayudarla. ¿Crees que eso pueda funcionar con Aremy? ¿Qué alguno de nosotros le pueda donar médula para intentar curarla?
- Me estás haciendo preguntas que sólo tu madre te puede contestar, Daisuke.- me respondió el gran Genzo Wakabayashi, con voz neutra.- A duras penas puedo entender cómo funciona la enfermedad de tu hermana, no me pidas mucho más.
- Sí, ya.- acepté.- El caso es que la idea de Edward, o mejor dicho, de su padre, es que nosotros hablemos con él para compartir experiencias. Digo, el señor Cruyffort podría prevenirnos acerca de qué hacer y qué no hacer, ¿no?
- No lo sé, no estoy muy seguro.- confesó mi padre, pensativo.- Si Cruyffort no quiso revelarnos esta información antes fue por una razón más personal que por el hecho de no querer incomodarnos.
- ¿Crees entonces que no debería de molestarlo, padre?.- cuestioné, un tanto decepcionado.
- Si Edward te lo ha sugerido no veo que haya inconveniente en que tú te acerques a su padre si así lo deseas.- el gran Genzo Wakabayashi escogió con mucho cuidado sus palabras.- Pero te sugeriría que no te entusiasmaras demasiado con la idea, no vayas a creer que Cruyffort te va a dar el remedio mágico que curará a Aremy. De primera instancia, según lo que tu madre me ha explicado, es altamente probable que la madre de Edward haya tenido una variedad diferente de leucemia de la que tiene tu hermana.
- Sí, ya sé.- repliqué, aunque en honor a la verdad no había pensado en eso.- Pero debe de haber algunas similitudes entre ambas.
- Quizás.- admitió mi padre pero no se veía convencido.- No veo algún impedimento para que hables con Cruyffort al respecto pero quiero que tengas en cuenta que él perdió a alguien importante debido a esta enfermedad, no vayas a incomodarlo con preguntas excesivas ni te empeñes en que él te de una respuesta a todo lo que quieres saber, Cruyffort tiene derecho a reservarse aquello que considere demasiado personal como para compartirlo contigo, Daisuke.
- Claro, padre, me comportaré de manera decente con él.- asentí, bastante ofuscado.- No te preocupes.
Lo cierto era que no había pensado en nada de lo que acababa de decirme mi padre; cuando Edward me reveló que su madre tuvo la misma enfermedad que mi hermana, di por hecho que su padre tendría todas las respuestas a mis interrogantes pero, tal y como había dicho el gran Genzo Wakabayashi, era probable que las variedades de leucemia que las aquejaron a ellas fuesen diferentes y que el señor Cruyffort no quisiera contármelo todo. Hablar de la muerte de un familiar siempre es difícil y más cuando éste estuvo previamente enfermo durante mucho tiempo. En cierto modo me compadecí un poco por Bryan Cruyffort pues no sólo había perdido a su primera esposa sino que también perdió a su hermano mayor siendo muy niño, con la diferencia de que el hermano falleció en un accidente automovilístico.
- ¿De qué otra cosa querías hablarme, Daisuke?.- me preguntó el gran Genzo Wakabayashi, sacándome de mis pensamientos.
- ¿Eh? Ah, hoy hablé con el entrenador Kaltz.- respondí, mirando por la ventanilla para evitar que mi padre quisiera mirarme a la cara aunque él iba con la vista fija en el camino.- Entre otras cosas, me disculpé porque mis actos inconscientes dejaron al equipo sin portero y él se rio cuando le dije que seguramente tú nunca te peleaste a golpes con alguien.
- ¿Eso hizo Kaltz?.- mi padre esbozó una sonrisa torcida.
- Sí, y me dijo que si quería saber por qué se rio, que te preguntara a ti.- continué.- ¿Me puedes contestar eso, padre?
El gran Genzo Wakabayashi se quedó mudo durante unos instantes mientras una sonrisa le bailaba en los labios. Seguramente debió acordarse de algo porque puso la expresión de alguien que se divierte rememorando las travesuras que hizo en el pasado, o quizás dudaba entre decirme la verdad o desviar el tema hacia un terreno menos peligroso para él.
- Todos hacemos cosas de jóvenes de las que nos arrepentiremos cuando seamos mayores, Daisuke.- me dijo mi padre, al fin.- Cuando eres adolescente no sueles medir las consecuencias de tus actos y llegas a creer que todo lo que haces está bien pero cuando creces y te conviertes en padre te das cuenta de que hay sucesos que te gustaría ocultarles a tus hijos. Lo que Kaltz te ha mencionado es uno de esos eventos que quisiera que nunca supieras aunque después de lo que ha ocurrido supongo que mereces conocer mi historia.
- ¿Te peleaste a golpes con alguien, papá?.- me costaba trabajo creerlo.- ¿Aparte de aquélla ocasión en la que defendiste a mamá de un borracho acosador?
- He usado los puños en tantas ocasiones que no sé por dónde empezar.- el gran Genzo Wakabayashi soltó una carcajada, larga y sincera.- Cuando llegué al Hamburgo me costó mucho trabajo encontrar mi lugar, me despreciaban por ser japonés y un buen día mis antiguos compañeros de ligas infantiles decidieron tenderme una emboscada y atacarme en grupo, así que tuve que regresarles la cortesía, uno por uno.
- ¿De verdad?.- me sorprendí tanto que abrí mucho los ojos.- ¿También el tío Karl participó en eso?
- No, él no me golpeó pero tampoco hizo algo para ayudarme.- respondió mi padre, torciendo la boca en un gesto de ironía.- Después supe que no lo hizo porque yo debía demostrar que soy capaz de defenderme solo y darme a respetar. Y se lo demostré, a él y al resto del equipo, al atacar por separado a cada uno de los que me habían agredido en conjunto. Me creé muchos problemas gracias a estas peleas, Mikami tuvo que interceder por mí ante la directiva del Hamburgo porque en aquél entonces era mi apoderado y tutor.
- No te lo puedo creer.- repliqué, perplejo.
- Pues créelo porque es verdad, y ésas no fueron las únicas peleas que tuve.- papá le echó un vistazo al espejo retrovisor.- También me agarré a golpes con Kojiro Hyuga por una, eh, digamos "diferencia de opiniones".
- ¿Cómo que te peleaste con el papá del idiota del Kentin?.- salté en mi asiento.- ¿Cuándo?
- Hace muchos años, antes de que jugáramos el Mundial Sub-16.- contestó el gran Genzo Wakabayashi.- Y como te dije, fue una diferencia de opiniones, a Hyuga no le gustó que Schneider arrollara su estilo de juego y yo no estaba dispuesto a permitir que descargara sus frustraciones conmigo. Ese partido fue el primero que nuestra Selección Dorada jugó en Europa y lo hizo contra el equipo juvenil del Hamburgo, del que yo formé parte. Ese encuentro lo perdió Japón po dejó en evidencia lo mal complementada que estaba la Selección y lo mucho que necesitaban mejorar, pero se lo hice ver a Hyuga de una mala manera y éste decidió que podía estampar sus puños en mi cara esperando que yo no pusiera resistencia. Obviamente, no fue así.
Me quedé anonadado. ¿De verdad el gran Genzo Wakabayashi, el Portero Estrella de Japón, el frío y calculador, el que siempre había mostrado un estilo de juego limpio en el campo, se había golpeado a tontas y a locas con sus compañeros de equipo? Bueno, ya había escuchado decir que mi padre es ciertamente irracional en algunas circunstancias y que no temía usar la fuerza física cuando era necesaria (como en aquella ocasión en la que Hugo Ramírez acosó a mi mamá), pero no imaginé que también la utilizaría contra sus propios compañeros de equipo.
- El caso es, Daisuke, que aunque no tuvimos el mismo detonante, los dos hemos peleado a puño limpio contra acosadores.- continuó mi padre mientras estacionaba el automóvil en nuestra amplia cochera.- De acuerdo, Hyuga no fue mi acosador pero me refería a mis compañeros del Hamburgo y a Hoffman, que sí entran dentro de esa categoría. Quizás no actuamos de la manera más racional pero tendrás que estar de acuerdo conmigo en que no había otra manera de solucionar las cosas.
- Totalmente de acuerdo, papá.- acepté; seguramente si mi madre nos escuchara diría que somos hombres idiotas con exceso de testosterona y probablemente tenga razón.
- Por eso es que no he sido rudo contigo por haber reñido con Hoffman, no había otra formar de arreglar las cosas porque él no habría entendido con un simple regaño hecho por un profesor.- dijo el gran Genzo Wakabayashi.- De hecho, estoy orgulloso de ti por haber sabido defenderte, a ti y a tu hermana.
- ¿También estarás orgulloso de mí aún si decido jugar para otra Selección que no sea la de Japón?.- no pude evitar el comentario, así de idiota soy.
- No vamos a tratar ese tema ahora, Daisuke.- mi padre frunció el ceño.- Creí que había quedado claro.
- Padre, acabas de decirme que jugaste en el Hamburgo.- repliqué.- En contra de Japón. Y mamá me contó que jugaste para Alemania alguna vez. ¿Por qué yo no puedo hacer lo mismo? Si hasta tú dudaste en quedarte con Japón, ¿por qué yo no puedo dudar?
- Bien, ¿quieres jugar para Alemania?.- contestó el gran Genzo Wakabayashi, frunciendo el ceño.- Puedes hacerlo pero primero deben convocarte.
- Lo cual no harán si no ingreso a una Academia de Fútbol y me ven jugar.- protesté, procurando no cerrar la puerta del automóvil de un portazo.- ¿De qué me sirvió ir a las pruebas del equipo juvenil del Bayern si al final no diste tu autorización para que ingresara al club? No lo entiendo, padre.
- Porque la Wittelsbach está en estrecho contacto con la Academia de Fútbol y su club es lo suficientemente bueno para entrenarte mientras tanto.- mi padre estaba armándose de paciencia.- Cuando cumplas los quince años podrás entrar en la Academia si mantienes el nivel que has estado mostrando hasta ahora.
- ¿Por qué hasta los quince años? ¿Por qué no antes?.- insistí.- ¿Esperas que aguarde hasta entonces para ser convocado por Alemania?
- Antes de eso podrías jugar para Japón, si tanto te urge.- mi padre se quedó parado en el vestíbulo.- Siempre y cuando no rechaces sus convocatorias, por supuesto.
- Ah, con que se trata de eso, ¿no?.- me enojé aún más.- Lo que quieres es que no pueda jugar para Alemania hasta que no lo haya hecho primero con Japón, para que "me convenza de en dónde está mi lugar" y así desista de mis ideas locas de irme con otra Selección, ¿no? Es eso, ¿no?
- Mira, Daisuke, no voy a seguir discutiendo más sobre este tema pero si quieres jugar para Alemania obviamente tendrás que esperar a que su entrenador te convoque, eso es algo que no podemos cambiar ninguno de los dos.- sentenció el gran Genzo Wakabayashi, cruzándose de brazos.- Y si tienes que esperar hasta los quince años para eso, ni modo, así va a ser porque no voy a dar la autorización para que entres a la Academia del Bayern Múnich antes.
- Bien.- apreté los dientes y los puños, los cuales me dolieron intensamente.- Entonces, ¿no te opondrás a que juegue con Alemania si tengo la oportunidad?
- Por supuesto que no, siempre y cuando no sean partidos oficiales con la Selección Mayor.- mi padre se encogió de hombros.- Quizás un par de encuentros te quiten la idea de cambiar de nacionalidad, tal y como pasó conmigo.
¡Argh! ¿Por qué mi papá siempre acababa comportándose como el gran Genzo Wakabayashi, maldita sea? ¿Por qué nunca podíamos entablar una conversación sin terminar hablando de en dónde debe estar "mi lugar"? ¿Cuándo va a entender que yo no soy él? Decidí entrar a la casa sin responder pues le había prometido a mi madre que respetaría a mi padre costara lo que costara pero lo cierto es que de buena gana le habría contestado a éste de la forma más insolente que pudiera. ¿Cómo fue que una plática decente entre padre e hijo había terminado siendo otro recordatorio de que estoy destinado a ser como mi papá, el gran Genzo Wakabayashi?
Y miren que me había sentido tan feliz cuando me di cuenta de que él se había preocupado lo suficiente por mí como para ir a buscarme después de mi castigo…
Notas:
- Sasha Ivanóvich Medvid y Marianne Ivanova Medvid son personajes creados por Elieth Schneider.
- Dato curioso No. 1: En el manga Captain Tsubasa Rising Sun, Yoichi Takahashi le puso un hermano mayor a Bryan Cruyffort, llamado Stijin, el cual también era futbolista y se mató en un accidente de tráfico múltiple (¿Qué trauma tiene Takahashi con los accidentes de auto?), creando incongruencias con la historia que él mismo había planeado para Bryan en el World Youth.
- Dato curioso No. 2: Sólo para este fanfic, Catrina Mikistli y Demian Krieg son los padrinos de Daisuke ya que estoy apegándome al fic original y necesitaba que la madrina tuviera más peso que el padrino en la historia; sin embargo, los padrinos oficiales de Dai son Hermann Kaltz y Bárbara Schmidt, de ahí que haya hecho la referencia a que ellos son los padrinos de Daisuke en otro universo paralelo.
