Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a S.M, solo la trama es mía (:

Rehacer Nuestras Vidas.

Capítulo 21 ― Miedos.

Edward's Pov.

A la mañana siguiente, me levanté más temprano de lo habitual, pues cuando yo me duchaba, Bella hacía el desayuno y viceversa. Pero hoy se veía tan preciosa durmiendo, que decidí no despertarla. Y ahora mucho más; tenía que estar bien por esa pequeña vida que venía en camino. Sabía que cuando se levantara, me iba a reñir por no haberla despertado antes, pero es que se veía tan guapa.

Me metí en el cuarto de baño sin causar alboroto a la hora de coger la ropa del trabajo. Me duché sin ninguna prisa, ya que me sobraba el tiempo; sabía de sobra que Lise y Alex no se iban a levantar más temprano, implorando por el desayuno.

Como tenía previsto, ni Lise ni Alex se levantaron antes de tiempo, por lo que cuando se despertaron, ya lo tenía todo listo en la mesa para desayunar.

―Buenos días ―Lise y Alex aparecieron por la puerta, ya arregladas.

―Buenos días. Id desayunando mientras que voy a despertar a vuestra madre ―Le dije.

Entré despacio en nuestra habitación y me dirigí al lado de la cama en el que dormía Bella. Me senté en un hueco que había allí y le acaricié lentamente su mejilla.

―Bella, cariño ―Murmuré y al instante ya se estaba removiendo bajo mi mano.

―Mmm, ¿Qué hora es? ―Murmuró con voz ronca debido al sueño.

―Van a dar las siete y media.

Y como bien había mencionado yo antes, empezó a rechistar que por qué no la había levantado antes. Se puso tan histérica que se mareó al levantarse frenéticamente y la tuve que estabilizar poniendo ambas manos en su cintura. Cuando se duchó y se vistió, Lise, Alex y yo ya habíamos terminado de desayunar y hablábamos tranquilamente en la mesa de la cocina. Bella llegó como un torbellino y se puso a comer una manzana mientras que nos incitaba a salir de la casa.

―Desayuna despacio, mamá ―Aconsejó Lise.

―Sí, papá dice que es malo. Y aquí el médico es él ―Secundó Alex.

―Escucha a tus hijas, Bella. Tienen razón. ¿Por qué no te sientas y desayu…?

―Te he dicho que no, Cullen. Y entiende que nunca, ni una sola vez, he llegado tarde a trabajar y esta mañana no será la excepción.

―¡Pero si todavía queda media hora para que empiece las clases! ―Informó Alex―. Tienes tiempo de sobra para desayunar y repetir.

Bella me había dejado bien claro que no había persona más cabezota en la faz de la tierra; cuando se le metía algo entre ceja y ceja, era muy difícil sacárselo. Y al final, solo se llevó a la boca esa manzana.

Las dejé en el instituto, y con las prisas de Bella no le dio tiempo ni a decir un simple «Adiós, papá» o un «Nos vemos». El caso es que, ella tampoco se despidió. Solté un suspiro cuando entraron al instituto y me dirigí hacia el hospital.

Bella's Pov.

―Wow, Bella, ¡muchas felicidades! ―Me felicitó Kristen cuando le conté que estaba embarazada en el recreo.

―Gracias, Kristen ―Le agradecí con una sonrisa.

―¿Y tú que quieres que sea? ―Preguntó Claire, profesora de preescolar. Kristen, ella y yo siempre estábamos juntas en los recreos, a no ser que a alguna le tocara guardia en el patio. Eran muy buenas, a decir verdad.

―Sinceramente, me da igual. Solo espero que venga sano ―Respondí, encogiéndome de hombros.

―Brian y yo lo estamos hablando ―Comentó Kristen―. Él quiere que sea una mujercita que se pareciese a mí, pero por otro lado quiere a un chico al que le guste jugar al fútbol…

―Pero eso es muy relativo, Kristen. Porque tú puedes tener una chica y que le guste jugar al fútbol o viceversa.

―Eso lo sé perfectamente, Claire, pero ya sabes cómo son los hombres ―Rodó los ojos.

―Cierto ―Corroboré―. Pero a mí me gustaría más varón. Edward se va a volver loco con tantas hormonas disparadas en la casa.

Claire soltó unas risitas, mientras que Kristen fruncía en entrecejo.

―¿Por qué dices eso?

―Yo tengo las hormonas disparadas por el embarazo; no llevo ni tres día enterada de lo del embarazo, y ya me he puesto histérica con él dos veces por ser tan protector conmigo. Lise está loca de amor y ya mismo entrará en la etapa «no quiero saber nada de nadie a no ser que sean mis amigos» y sé que eso le aterroriza. Y Alex está demasiado sensible, por lo que…

―¡Oh! Se nos hace mayor ―Rió Claire.

―Cuando Karla llegue a esa edad, no te reirás tanto ―La fulminé con la mirada.

―¡Ay, Bella! ¡Solo tiene seis años! ―Rodó los ojos.

―Solo te quedan cuatro.

Sonó el timbre de finalización del recreo y me marché de la sala de profesores hasta mi próxima clase.

Era una clase de primero de bachiller, por lo que no tenía mucho de qué preocuparme a la hora de si hablaban o no. De todas formas, se pondrían a estudiar para los exámenes finales. Yo ya había terminado de hacer exámenes, y las correcciones me dejaban agotada. Ya no tenía nada que corregir, por lo que me ponía a hacer algunas fichas para los de primero, o leía algo de mi librería, pero con las bullas de esta mañana, no había tenido opción alguna de coger algún libro.

―Buenos días ―Saludé cuando entré en la clase.

Pasé lista y no había faltado nadie. Le dije que se pusieran a hacer cualquier cosa, a lo que ellos aceptaron gustosos mientras sacaban sus libros.

Rebusqué en mi bolso, por si casualidad tenía algo con lo que entretenerme. Pero no, no había nada; solo un paquete de clínex abierto, una libreta pequeña, un bolígrafo y mi móvil. No tenía más remedio que ponerme a mirar el clima de Forks. Debido al mes en el que estamos ―finales de Junio―, el clima de Forks había mejorado un poco. Ya no llovía, y casi siempre había un cálido sol. Pero no lo suficientemente «potente» como para coger color. Vale, admito que eso de «potente» no ha quedado muy elegante. De todas formas, las temperaturas habían ascendido un poco y ya podíamos llevar mangas cortar.

Lo que hace el aburrimiento. Cogí el móvil y por hacer algo, miré qué hora era. Nada más que habían pasado cinco minutos. Me lo metí en el bolsillo delantero de mi pantalón y fijé mi vista en los alumnos que no despegaban la vista de sus respectivos libros.

―Perdone, profesora ―Me llamó Natalie, con un libro bastante grueso entre las manos, acompañada de Nina―, ¿usted sabe de Biología? ―Preguntó, mientras ponía el libro sobre el escritorio.

―Mm, la verdad es que no. Las ciencias no son lo mío, aunque me puedes decir la duda e intentaré disiparla ―Soltamos unas risitas.

―Bien, es sobre la anidación ―Me contestó esta vez Nina.

―Me suena de algo, pero ahora mismo no caigo. Lo siento, chicas ―Eso lo había dado en secundaria, como ellos, pero yo ahora estaba como para acordarme.

Tal vez podría llamar a Edward para que me lo dijese, pero a lo mejor estaba en algo importante y no quería interrumpir. En ese momento, mi móvil vibró desde mi pantalón. Lo saqué y vi que Edward me había mandado un mensaje. ¿Qué quería ahora?

Sé que estás en clase y espero que tengas el móvil en silencio, pero mañana tienes cita con el ginecólogo para hacerte una ecografía. Creo que tienes una hora libre, ¿no es así?

Te dejo, estarás dando clase.

Te amo, Edward.

Con que mañana tenía una hora libre. ¿Era así? Ya no sé ni en el mundo en el que vivo. Mmm, ¡Claro! La clase que se va de excursión. Vaya con mi memoria.

Oh, está bien. Me viene perfecto, y estoy empezando a creer que vigilas mis clases. Y no, no estoy dando clase, están estudiando como los buenos alumnos que son. Además, están con los finales y más les vale aprobar.

Oye, cariño, ¿Qué es la anidación? Dos alumnas me han preguntado por Biología y ¡no tengo ni idea!

Te amo, Bella.

La cita con el ginecólogo me venía estupendamente bien. No podía dejar de pensar en escuchar su pequeño corazón, latiendo, con vida. También sabía que era demasiado pronto como para determinar el sexo del bebé, aunque eso lo tendría que hablar con Edward. Todavía queda un largo camino que recorrer; solo iba por el segundo mes y todavía quedaban siete. Tenía tiempo de sobra para hablar con Edward al respecto.

Bien, sabía que estarías de acuerdo. Nah, solo le echo un vistazo a tu agenda, nada más… Es broma, ¡eh! Ya sabes que no soy un novio psicópata ni nada por el estilo. Ajá, y de mientras, ¿te entretienes con tu novio, el cual está trabajando y hablando por mensajes contigo a hurtadillas? Pues muy mal, Isabella.

¡jaja! Tenía que haber estado allí cuando te preguntaron por Biología. Diles que si quiere puedo ir y darles una clase suplementaria… no, que no me pagan.

En fin, la anidación es el proceso en el cual, una vez que el embrión llega al útero, penetra en la mucosa uterina, donde finalmente se implanta en el ovario. ¿Lo entiendes? No creo que te pueda escribir nada más. ¡Ah! Ahí viene mi padre, seguramente para regañarme. Por cierto, Carlisle te manda saludos.

Parece que te he escrito la Biblia, pero aún así Te amo, Edward.

PD: Hoy no os puedo recoger, llamaré a Jasper para que os recoja a las cuatro.

¡Dios! Este hombre ni se enrolla escribiendo. Total, con tanto escribir me había mandado dos mensajes a la vez de lo largo que era. Lo releí otra vez y empecé a recordar las clases de Biología. Sí, ahora estaba cien por cien segura de lo que era. Decidí llamar a Natalie y a Nina para que ellas leyeran el mensaje directamente.

―Natalie, Nina, venid aquí un momento ―Las dos chicas se levantaron rápidamente y vinieron hacia mí―. Ya sé lo que es la anidación, pero es mejor que lo leáis vosotras.

Les enseñé el mensaje a las dos chicas. Leyeron un momento y después de unos segundos, levantaron la cabeza; Nina tenía las mejillas rosas y Natalie una sonrisa en sus labios.

―¿Qué pasa? ―Pregunté al ver que no me quitaban la mirada de encima.

―Parece que usted tiene un novio bastante atento… ―Murmuró Natalie mientras que Nina volvía la cara con una sonrisa en los labios.

―O-Oh, vaya ―Y no hace falta decir que yo estaba sonrojada―. Sí, Edward es un tanto… protector con nosotras.

―¿Con las cuatro? ―Preguntó Nina.

―Mmm, ¿cuatro? ―Dije un poco confundida; en la casa solo éramos tres y con él cuatro.

―Sí, en el mensaje pone «llamaré a Jasper para que os recoja a las cuatro»

―¿C-como? ¿Eso es lo que pone en el mensaje?

―Sí…

―No puede ser. El muy… ¡ya le ha colocado sexo! ―Chillé histéricamente.

La clase entera me miró con los ojos bastante abiertos, y a algunos se les escapó alguna que otra risita; las ignoré mientras que un sonrojo subía hasta mis mejillas. ¡Había gritado a toda la clase que Edward le había puesto sexo a algo! Pero estos niños no son tontos y seguro que se habrán dado cuenta. Porque, ¿A qué otra cosa que no sea un bebé le vas a poner un sexo? Esto es bastante vergonzoso como para vivirlo si quiera.

―¿Le pasa algo, profesora? ―Preguntó Thomas, mientras que se incorporaba.

―Mm, sí, no os preocupéis. Solo es que estoy un poco alterada ―Me senté para ver si se me quitaba el pequeño mareo que se había instalado en mi cabeza.

―Entonces, profesora… ¿A qué se refería su novio cuando dijo eso? ¿Y usted con lo del sexo? ―Preguntó Nina, sin querer ser cotilla. Yo sabía diferenciar bastante bien cuando una persona es una cotilla y cuando no. Por ejemplo, no me mira con malicia.

―Venid aquí… ―Se escucharon quejas al llamar yo a Natalie y a Nina, pero volví a ignorarlas. Cuando estuvieron lo suficientemente de mis labios, susurré―: Estoy embarazada.

Natalie y Nina soltaron grititos y empezaron a saltar por alrededor de mi escritorio. Los demás alumnos, al no comprender nada, les preguntaron.

―¿Qué es lo que pasa? ―Preguntó otra chica, Catherine, la novia de Thomas. Parece que la cotilla soy yo.

Las dos chicas me miraron esperando mi consentimiento para que se lo dijeran a toda la clase. De todas formas, algún día me tendría que dar de baja por maternidad y se acabarían enterando así que…

―¡La profesora está embarazada! ―Gritaron al unísono.

Los demás alumnos se levantaron y las alumnas hiperactivas ―Las que me recordaban a Alice― empezaron a dar brinquitos. Los alumnos, por otra parte, me sonreían tímidamente desde la distancia. Yo llevaba años aquí, es más, había estudiado aquí, y por eso yo les tenía tanto cariño y ellos me lo tenían a mí; por eso no me importó nada cuando me felicitaron los chicos.

Pero llegó un momento, en el que todo lo vi negro.

Edward's Pov.

El tono y la vibración me alertaron de una llamada, mientras que me tomaba cinco minutos en la cafetería con mi padre.

―Atiéndelo, yo te espero aquí ―Me dirigió una sonrisa y me alentó con la mano para que saliera de la cafetería.

Cuando ya estuve fuera del bullicio de gente, miré el identificador de llamadas. ¿Bella? ¿No estaba dando clases apenas hace diez minutos? ¿Le había pasado algo? ¿Y si le había pasado algo a Lise o a Alex? Dejé de interrogarme una y otra vez y contesté.

―¿Bella? ¿Pasa algo? ―Pregunté alertado.

Disculpe que lo moleste, Sr. Cullen ―Dijo la voz de una chica, bastante alterada; parecía como si estuviera llorando.

―¿Quién es usted? ¿Bella está bien, le ha pasado algo?

Y-yo soy Natalie, una alumna de Bella. Ella se ha d-desmayado…

―Voy para allá, Natalie.

Y colgué inmediatamente. Me dirigí a la cafetería para decirle a mi padre que me tenía que ir y subí a mi consulta a por mis cosas.

El hospital de Seattle quedaba bastante lejos de Forks, pero no me importó ir a mayor velocidad que el permitido; si tenía alguna multa, me daría igual. Ahora solo me importaba ver a Bella. Llegué a los doscientos cincuenta kilómetros por hora y los coches de ambos lados de la carretera me miraban como si estuviera loco. Y me daba igual.

Me dirigí a la clase de primero de bachiller pero choqué con una persona. Y esa persona resultó ser Lise. Ay, por Dios. Lo que me faltaba.

―¿Papá? ¿Qué estás haciendo aquí? ―Preguntó mientras depositaba un trozo de papel en la papelera.

―Ahora mismo no te lo puedo explicar. Vete a tu clase y después hablamos.

Empecé a correr de nuevo hacia la clase, pero Lise me seguía y no podía hacer nada para que volviera a su clase. Entré en la clase y vi a algunas chicas llorando, mientras que algunos chicos las consolaban. En el suelo, se hallaba Bella, con algunos alumnos con ella. Tenían su cabeza apoyada en el regazo de una chica mientras que un chico le abanicaba con un abanico.

―¿Tú eres Edward? ―Preguntó una chica mientras que me arrodillaba al lado de Bella.

―Sí, ¿Qué ha pasado? ―Pregunté cuando saqué todo lo que me hacía falta. Un sollozo desgarrador me llegó a los oídos… Lise―. Por favor, que alguien vaya a por agua.

Dos chicos salieron por la puerta y me fijé que una chica pasaba un brazo por los hombros de Lise y se los frotaba.

―Usted le mandó un mensaje a la profesora y se puso un poco alterada porque al parecer usted le dijo que su bebé iba a ser una niña ―Explicó el chico que la abanicaba―. Después nos dijo que estaba embarazada y la felicitamos. A los pocos segundos, vi que se desvanecía pero llegué a cogerla.

―¿Se ha despertado o algo?

―Sí, durante la media hora que usted ha tardado en llegar, ha abierto los ojos un par de veces y después lo cerraba.

Asentí mientras la chica me lo explicaba.

―Bella, cariño. Despierta ―Le dije mientras le daba unas palmaditas suaves en su mejilla. Solo había sido una pequeña bajada de tensión. Suspiré aliviado cuando Bella abrió los ojos.

―¿E-Edward? ―Preguntó, intentando incorporarse.

―No, no te incorpores. Te has desmayado por una bajada de tensión, nada grave ―Le expliqué al ver el interrogante en su cara―. Ahora te voy a dar una pastilla para el mareo y todo bien, ¿vale?

Asintió todavía desde el regazo de la chica. Le ayudé a incorporarse y se abrazó a mi cintura.

―¿Quién ha sido la chica que me ha llamado? ―Pregunté con una sonrisa.

―Yo, he sido yo ―Respondió una chica con el cabello moreno y ojos grises―. Lamento si lo he molestado, pero creímos que era lo más apropiado.

―Para nada, Natalie. Habéis hecho lo correcto ―Les volví a sonreír.

Íbamos saliendo de la clase cuando gritaron:

―¡Felicidades, Dr. Cullen! ―Mi sonrisa se ensanchó y salimos hacia el exterior del aula.

―¡muchas gracias, de verdad! ―Les respondí a mi vez. La puerta de la clase de enfrente se abrió, mostrando a un profesor con cara de malas pulgas. Lise, inmediatamente, se escondió tras mi espalda.

―¿Qué es todo este alboroto?

―Disculpe, pero Bella ha tenido un desmayo y los alumnos se han puesto alterados al ver que se había desmayado.

―¿Elizabeth? ¿Qué haces ahí? ―Preguntó de nuevo mirando a Lise por mi hombro.

―Verá, pero al ver a su madre en tal estado, no se pudo contener y estuvo a su lado en todo momento.

―Cuando Elizabeth se sienta preparada para retomar la clase, que pase. Que te mejores, Isabella ―Y sin más se volvió a meter en la clase.

Lise y yo soltamos unas risitas al ver que Bella miraba a la puerta con desagrado.

―Ese profesor nunca me ha caído bien ―Murmuró mientras apoyaba la cabeza en mi hombro.

―Lise, es mejor que retomes la clase. Yo iré ahora a casa y cuidaré de tu madre. Llamaré a Jasper para que os recoja a ti y a Alex, ¿de acuerdo? ―Ella asintió y miró hacia el suelo.

―Y no le digas nada a Alex ―Advirtió Alex. Lise volvió a asentir; nos dio un beso a cada uno y volvió a retomar la clase.

Cuando Bella avisó que se iba por encontrarse mal, llegamos al Volvo.

Cuando llegamos a nuestra casa, llevé a Bella hasta nuestro dormitorio. La dejé en la cama y fui a por unas pastillas para el mareo. Cuando se las tomó, se intentó levantar para ponerse el pijama. Pero no la dejé; en lugar de eso, cogí yo su pijama y se lo puse. Se sonrojó tiernamente.

Después de eso, llamé a Jasper para ver si podía ir a recogerlas, pero no podía, por lo que llamé a Emmett. Él sí podía, alegando que tenía que ver la luz del sol, pues su pequeño no le dejaba tiempo para nada. Me comentó que nos la traería ya cenadas y todo, para que así Bella se recuperara mejor. Pero, ¿acaso esos dos ángeles se portan mal? Sí, y solo suceden cuando están con Emmett.

Comí yo solo, pues desperté a Bella por si quería comer, pero declinó la oferta y siguió durmiendo. La tarde la pasé metido en la cama con Bella a mi lado. Durante todo el tiempo que Bella estuvo durmiendo, mi mente no dejaba de dar vueltas. ¿Debía o no debía pedírselo? Sentía que Bella aún no estaba preparada; y seguro que las niñas estarían encantadas. Pero después de lo que tuvo que pasar Bella con Mike, me daba mucho en lo que pensar. Saqué la pequeña cajita de terciopelo de mi cajón y contemplé el diamante, brillando entre la oscuridad.

Sí, estaba decidido. Bella y yo habíamos pasado por muchas cosas; ella había tenido que superar los maltratos de Mike y yo tuve que contenerme por no matarlo. Vale, eso no era una escusa, pero los sufrimientos de Bella son mis sufrimientos. Y los sentía de la misma forma. Por otro lado, si me dijera que no… todo seguiría igual que antes, ¿no? Digo, tenemos dos hijas maravillosas, uno viene en camino, una casa, un hogar… Todo esto no se podía venir abajo por una tonta proposición. De todas formas, yo había tomado una decisión y se lo iba a pedir, teniendo muy claro que me podía decir que no.

―Edward ―Murmuró Bella desperezándose por toda la cama―. Tengo hambre.

―Voy a preparar algo ―Reí y salí de la habitación, besándole la frente.

Preparé algo no muy elaborado, a pesar de que yo quería que fuera una cena romántica. Pero dada las condiciones, era lo mejor que teníamos. Preparé espaguetis con salsa carbonara. Puse los platos en una bandeja y me dirigí a la habitación.

Cenamos en un agradable ambiente; yo trataba de manejar los nervios que me recorrían por todo el cuerpo. Ahora estábamos tumbados, mirándonos a los ojos intensamente, sin decir palabra alguna.

―Bella, tengo algo que decirte ―Le dije, mirando sus preciosos ojos cafés.

―¿De qué se trata? ―Preguntó alarmada.

―No se trata de nada malo, mi amor ―La tranquilicé―. Es solo que… te tengo que decir algo muy importante para mí y no sé cómo decirlo.

―Dilo como te salga de tu corazón. Déjate llevar ―Aconsejó.

―Bella, sabes que el amor que yo siento por ti es algo demasiado fuerte ―Respiré hondo―. Sabes que mi vida sin ti, no tiene sentido; sin ti y sin Alex y Lise. Vosotras tres y la vida que viene en camino es lo mejor que me ha podido pasar a lo largo de mi vida. Nunca he sonreído como lo hago cuando estoy contigo como cuando Alex no entiende matemáticas y se enfada porque no lo entiende. Sois mi razón de vivir; también sé que lo has pasado muy mal con Mike y aunque ya sabes que yo no soy igual, tengo miedo de que algún día salgas por la puerta huyendo de mí. Solo pensarlo me da escalofríos. Sé que este no es lugar más apropiado, yo hubiese preferido una cena romántica, pero me da igual en el sitio en el que me encuentre, porque estoy contigo. Por eso, Bella, ¿Te quieres casar conmigo? ―Terminé mi discurso abriendo delicadamente la caja.

―Edward…

Cerré los ojos, esperando lo peor.


¡Hola!

¿Cómo estais? Yo estoy ya desestrasada al fin y feliz por poder actualizar de nuevo :)

Espero que os haya gustado el capítulo; tengo que decir que solo quedan dos capítulo como máximo.

Bueno, si alguien me quiere seguir en Twitter: SandyPattz

No tengo nada interesante que decir ._. solo que mañana empieza el festival de cine de Málaga y viene Mario Casas (jeje:$) ¿Sabéis quien es? Ö Es el prota de Tres metros sobre el cielo... jeje :$

En fin, Antonio Banderas también estará por ahí 8-)

¡Nos leemos pronto! Y gracias por los reviews :)

Robert Ashley Cullen Swan (:

Mira la vida que regala todas las flores que tiene, aunque algunas las arranque con dolor..