.
Lazos sangrientos
"Cuando hay sangre de por medio, las cosas alcanzan un significado, que va más allá de lo mundano"
—Muy bien, intento ser buena, intento tener paciencia y ser comprensiva, y créeme que estoy consciente de la gran dificultad que se te da el articular palabras. Pero, tu compréndeme a mí, te lo advertí ¿No es así?... En cierto modo, tú eres tan responsable como yo de esto, incluso me atrevería decir que la culpa es toda tuya. Pero como dije, intento ser buena, de lo contrario ya te hubieran pasado muchas cosas malas. Sabes, yo no creo que la vida premie a los ponies buenos, pero tampoco a los malos. La vida es indiferente a la felicidad, a las tristezas, a lo que es justo e injusto. Pero, si fuera lo contrario, creo que privarte de tu pene sería acorde a tu forma de actuar.
Atado a una silla con cadenas que Geisterritter facilito con su magia, se hallaba atado contra su voluntad aquel semental gris que estaba a punto de abusar de Fírima. Frente a él Winter Snow lo sometía a un interrogatorio, teniendo de base lo que Fírima dijo al recuperar fuerzas tras los brutales golpes que le propinaron. El semental solo dijo dos cosas, primero su nombre para que se dirigieran a él como Blade, y segundo, confirmo las palabras de la maltratada pony terrestre. Al parecer Galvorn fue secuestrado por un grupo de ponies de traje negro y corbata, los cuales, se barruntaba Fírima, pertenecían a la reconocida familia Gant Noir; a los que por desgracia el comerciante debía dinero. Geisterritter, revisando el traje negro que Blade previamente había colgado en un perchero para que este no se ensuciara con la sangre de Fírima, encontró un porta-retrato. Se podía distinguir que estaba hecho de plata de muy buena calidad, pero, eso no era ni de lejos lo más atrayente del objeto, sino lo que revelaba. Madre e hija, ponies muy lindas sonriendo en un jardín.
—Interesante —comento Geisterritter, llamando la atención de la pegaso blanca, cuyos oídos se pusieron en punta.
—Déjame ver eso —le pidió la pegaso, tomando el porta-retrato que el unicornio levito hasta ella—. Vaya, vaya… Así que, Blade… ¿Cuándo pensabas decirnos que tenías familia? ¿Tu esposa sabe que te gusta violar a yeguas inocentes cuando sales de casa?
El corcel gris, si bien tenía el rostro deforme e hinchado por los golpes de Winter, logro transmitir la suficiente preocupación y sorpresa, como para que su interrogadora tomara una aventurada determinación.
—Sabes, hoy me siento un poco solidaría —confeso Winter Snow en un tono sarcástico, poniendo el retrato familiar frente a los ojos del semental, para que la imagen de aquellos, quienes son sus seres queridos, absorbieran su buen juicio—. Te haré un favor Blade. Ya que a ti te gusta abusar de yeguas, tras golpearlas hasta medio matarlas, te daré la excusa perfecta para hacerlo. Yo sé un poco de eso.
Fírima al escuchar a la pegaso hablar de esa manera, no pudo sino entrar en cólera, a pesar de aun sentirse débil. El unicornio enmascarado lo conoció hace apenas una hora y ya le agradaba mucho más que Winter Snow, incluso atendió sus heridas usando magia muy efectiva que la hizo sentirse mucho mejor. La pony terrestre estaba por alzar la voz en protesta, ya que el hecho de que le hablaran de manera tan cordial a su agresor era simplemente indigesto, pero, lo que escucho a continuación por parte de la pegaso, simplemente la enmudeció y le heló la sangre.
—Voy a buscar a tu esposa, le voy a meter la punta de mi espada en la abertura que seguramente visitaste muchas veces durante su celo, y entonces… Voy a girar mi espada lentamente, arruinando para siempre su capacidad de hacerte sentir placer… ¡Un momento! ¿Qué digo?, incluso ya ni si quiera podrá ir a hacer sus necesidades sin sentir dolor.
Las palabras de Winter Snow se clavaron como espinas en el corazón del semental gris, estallando este en furia, tratando de desatarse para así hacer que la pegaso se trague sus asquerosas palabras una por una. Pero era inútil, y Winter todavía no había terminado con él.
—Estando ella en esa condición, creo que será comprensiva contigo si buscas satisfacerte con un orificio ajeno —le dijo la pegaso de manera comprensiva, pero volvió a su semblante anterior al echarle una segunda ojeada al porta-retrato—. Que tonta soy… Aquí también veo una potrilla. No quisiera que abusaras de ella, así que creo que le tendré que hacer lo mismo que a la madre. Solo espero que no chille mucho cuando la destroce por dentro, mis oídos son un poco sensibles.
Llegados a este punto, Blade comenzó a ignorar el dolor que implicaba moverse encadenado contra la silla, y solo se dejó llevar por la rabia. Era demasiado insoportable imaginar que eso le pasara a su familia, ¡No si estaba en su casco el poder evitarlo!... Solo tenía que liberarse, solo eso, la pegaso lo pillo desprevenido, él no esperaba que fuese tan fuerte y que lograra dominarle con tanta facilidad. Ahora sabía cuál era el nivel de su rival ¡Solo tenía que liberarse! ¡La seguridad de los suyos dependía de él, era todo o nada!
—Claro que no tendría que hacer nada de eso, si tan solo me dijeras donde está mi pequeña rata comerciante —clarifico Winter Snow, logrando que su prisionero se tranquilizara consternado, con los ojos abiertos a más no poder—. Oh… ¿Ya te diste cuenta, no es así?, eres muy estúpido al creer, que estas protegiendo a tu esposa e hija al guardar silencio. Yo soy mucho más peligrosa que tus jefes. Yo puedo hacerte a ti a los tuyos cosas que no te imaginas Blade, pero que estaría dispuesta a traer al plano real, si se me provoca… ¡Y en estos momentos me estas provocando!
—Ingenioso —pensó Geisterritter.
—Enfermizo —pensó Fírima.
—Maldita sea… —pensó Blade.
—Aun te quedan dientes, así que… habla cuanto puedas —le ordeno Winter Snow—. ¿Dónde está Galvorn?
El semental, moviendo lentamente sus ensangrentados labios, se dispuso a escupir todas las palabras que pudiese modular.
—Yo… no sé, don-donde lo llevaron —admitió, trasmitiendo el martirio que significaba hablar en cada silaba.
Winter Snow volvió a plantar el porta-retrato contra la cara del semental.
—En tu esposa e hija hay más de un solo orificio, que puede darte placer, así que, será mejor que me digas la verdad, sino quieres que ellas pasen el resto de su vida, comiendo cosas previamente molidas para que las puedan tragar y expulsar sin problemas.
—Es… verdad. Yo me iba a encargar de la yegua… —confeso Blade—. Iba a llevarme su cuerpo en bol… bolsas de ba… basura, pero antes de partir su cuerpo en el baño, quería aprovechar que aun es…es…estuviera en una sola pieza. Sus restos los iba a llevar a un almacén, don… donde trabajo con distintos ácidos.
—¿Por qué te pidieron hacer eso, si el asunto era con Galvorn?
—Ella, lo salvo la primera vez que los Gant Noir lo secuestraron para cobrarle. Yo solo soy un peón contratado para este asunto en específico, en realidad, soy un independiente. Desaparezco ponies. No tengo idea de donde lo pudieron llevar, los matones de esa familia.
Los ojos de Winter eran como los de un lobo siberiano cazando en la nieve, y los había clavado sobre el semental gris, intimidándolo con su frialdad. Sin embargo, ella no detecto grano de mentira en su expresión, así que decidió concluir con su interrogatorio. La bestia ya no tenía razón para querer su carne, ya que había devorado su alma. Winter Snow lo puso al borde del abismo, le hizo ver al monstruo que vive en sus profundidades y luego se alimentó de su miedo, dejándolo como un cascaron vacío.
—También estaba esta servilleta en su traje —comento Geisterritter, levitando el objeto hasta la pony alada, donde estaba escrita la dirección del hotel y el numero de la habitación donde se encontraban actualmente.
—Ya sé donde estamos, necesito saber donde esta Galvorn.
—¿En serio lo necesitas para continuar con tu viaje? —le cuestiono el unicornio.
—Claro que sí, a ti te odio.
—Y yo te odio a ti —le comento Fírima a la pegaso.
—Sí, esa es la otra razón —dijo Winter Snow rodando los ojos—. Al menos al pequeño le agrado un poco.
Cuando Fírima vio la servilleta se quedó tiesa como una tabla. Sus ojos estaban fijos en ella, sin mover ni un solo musculo, casi parecía una estatua viviente, pero al menos seguía respirando. No obstante, antes de que alguien pudiese preguntar algo, esta comenzó a moverse muy lento, arrebatándole la servilleta a Winter Snow para mirarla más de cerca, buscando cualquier indicio que le dijera que no es lo que aparentaba ser, cuando es evidente lo que es. ¡Oh, sí que lo es… no hay ninguna duda al respecto!
—Yo, escribí sobre esta servilleta —recordó Fírima.
Oscuridad, solo oscuridad por donde se mire. No hay luz, no hay escapatoria. Pero si hay frío, de eso sobra hasta para regalar. Pero entonces Galvor levanta su cabeza y mira a su hermana, ahí, en un rincón no tan apartado, ya que el espacio donde están tampoco es muy grande. Las provisiones se acaban, Galvorn sabe que se agotan, pero aun así muestra más optimismo que su hermana mayor, al creer que la comida durara lo suficiente hasta que los encuentren. Pero bueno, el hambre podía ser tolerable hasta cierto punto. Sin embargo no era el mismo caso de la cordura. La cueva los ponía a prueba cada vez que abrían los ojos al despertar, les susurraba cosas polvorientas al oído, diciéndoles que en las paredes de piedra escribirían sus nombres al encontrar sus cadáveres. Quizá, de no ser por una lámpara que convenientemente Galvorn tenía, ambos hermanos ya hubieran caído en la completa desesperación, al no poder si quiera verse a la cara.
—¿Estas despierta? —le pregunto Galvorn a su hermana.
—Sí, no saber si es de día o de noche, me hace dudar si debo dormir o no —le contesto Fírima, hundiendo la mitad de su rostro contra la tierra, mirando una montaña de guijarros que hizo, para pasar el rato—. Deberíamos estar felices que hayas obtenido tu cutie mark, hace… uhm… ¿Siete días?
Galvorn miro una pared a su izquierda, donde se podían ver varias líneas dibujadas sobre la superficie.
—En realidad han sido ocho días —dilucidada la duda de su hermana, Galvorn acerco un reloj de bolsillo a su derecha, para ver la hora—. Puedes dormir, es de noche.
—Como sea, el punto es que es injusto. Yo cuando obtuve mi cutie mark, la estuve presumiendo el mes entero.
—La época más insoportable de mi vida —le comento Galvorn, sonriendo con timidez, a la vez que con nostalgia. El corcel se apiado de su hermana mayor al verla temblar de frío, y, de unas alforjas a su izquierda, saco una manta azul la cual estiro sobre el cuerpo de su hermana.
—Es tuya —señalo Fírima, mostrándose recia para que Galvorn abandonara su iniciativa.
—Tú siempre has sido más sensible a las temperaturas que yo. Eso lo heredaste de mamá. Así que por favor, no me hagas ponerme como tu cuando yo me pongo testarudo.
Desde que la privación de libertad comenzó, Fírima había hecho hasta lo imposible, para así ser la hermana ideal, en donde Galvorn pudiera descargar los pesares de tan difícil situación. Sin embargo, ella tenía un límite. No podía aparentar no sentir frío, cuando su cuerpo es el que tiembla por ello, sin poder darle freno. La pony se dejó arropar en su cama de tierra, recibiendo el gratificante calor por parte del abrigo que tanto se hacia falta. Sin embargo, sobraba suficiente manta como para que Galvorn también se cubriese con ella, si se apegaba lo suficiente a su hermana, así que decidieron compartirla abrazándose para así transmitirse más calor.
—¿Crees que todavía nos buscan? —le pregunto Fírima, en un tono de voz que transmitía preocupación y miedo al mismo tiempo. Era aterrador imaginar que nadie allá afuera los estuviera buscando ¡Era horrible verse a sí mismos en unos meses, como esqueletos!
—Que este sea nuestro lugar secreto, no significa que nadie lo conozca. Alguien tiene que conocer la cueva, no está muy lejos del pueblo después de todo.
—Quizá están usando el pequeño río como línea limite, de dónde podríamos estar. De lo contrario, no me explico cómo es que todavía no dan a parar a este lugar.
—Quizá ellos ya están ahí afuera, solo que el derrumbe puso muchas rocas de por medio y por eso no los escuchamos aún.
Aferrándose a esa esperanza y dándose más palabras de aliento, ambos hermanos lograron conciliar el sueño, esperando sentir los rayos del sol acariciar sus caras, al despertar.
¡Agua fría! ¡Agua fría sobre las heridas abiertas!
El semental color almendra abrió los ojos, regresando del mundo onírico que tanto gusta de recrear recuerdos. Su visión no era la mejor, pero al menos lograba diferenciar los ponies frente a él, de los muebles. El sitio era bastante bonito, era inútil negarlo, lo feo ahí era él. Sus ropajes sufrieron desgarros de tela, y lo que aún tenía puesto estaba manchado con la sangre de sus múltiples heridas. Sentía la boca salada, y el percatarse de que le faltaban un par de dientes, hizo que entrara en pánico… ¡La imagen de un comerciante es algo vital en los negocios!
Galvorn intento moverse pero no lograba levantarse, una soga lo tenía atado contra una silla que irónicamente era muy cómoda. El pony que le arrojo el balde con agua, quien era uno de esos matones de traje negro que lo golpeo con anterioridad, se alejó haciendo un gesto de repudio.
—El señor Lars Gant Noir —nombro Galvorn tratando de ignorar sus labios rotos—. ¿No suele enviar advertencias antes de hacer este tipo de cosas?
Desde el fondo del salón, donde el lastimado semental se hallaba prisionero, comenzó a escucharse una canción, reproducida por un mueble tocadiscos de dos enormes bocinas. "La Campanella" de Franz Liszt hacia el ambiente ligeramente más grato para Galvorn, ya que el hecho de que doce sementales lo miraran fijamente, no era algo particularmente tranquilizador cuando se está atado sin la posibilidad de defenderse; a pesar de ser un fiasco en lo que respecta a repartir golpes. Recuperando más de sus facultades visuales, es que pudo distinguir más cosas del cuarto. Desde grandes ventanales de cortinas rojas, hasta pinturas preciosas y refinados muebles de roble. Las paredes estaban tapizadas de rojo y el suelo era baldosas negras, pero lo que más llamaba la atención de Galvorn era una chimenea a su izquierda, la cual estaba adornada con varios trofeos que reposaban sobre ella.
—Esperaba que le dieran la golpiza que le dieron, si se negaba a pagarme —dijo una voz femenina desde el fondo del salón –Ahora, no me queda de otra que ofrecerle algo mucho peor, como opción.
Aquella presencia femenina camino lentamente, provocando que los sementales le abrieran paso. Una unicornio, una muy hermosa y agraciada yegua, de pelaje rosa, melena azul y ojos violetas. Vestía una mezcla entre traje de negocios y vestido de señorita, de tonalidades purpuras, rosa pálido y blanco. Su semblante manifestaba su completa indiferencia por el estado de Galvorn, al igual que su gran determinación en conseguir lo que quiere.
—Buenas noches, mi estimado deudor. Seguramente esperabas encontrarte con el señor Lars Gant Noir, o por lo menos con uno de sus representantes en este tipo de asuntos —inquirió la unicornio en un tono de voz bastante educado, de pausas perfectas y un acento muy sofisticado. Se podía apreciar la costosa educación en sus gestos para con el corcel—. Pero, lamentablemente, el señor Lars Gant Noir, mi respetable padre, ha fallecido siendo víctima de un ataque al corazón a sus noventa y nueve años. De ahí que yo, Suomi Gant Noir, este hoy aquí, en esta providencial noche de invierno, con usted como acreedora de la deuda con meses de retraso; que hasta la fecha mantiene.
La agraciada yegua frente a Galvorn parecía demasiado joven como para estar a la cabeza de una familia criminal, probablemente ella haya sido instruida desde muy pequeña para llevar toda clase de negocios turbios, pero aun así, era mucho mejor que lidiar con ella, que con Lars Gant Noir. Los jóvenes suelen ser más flexibles que los rígidos ancianos, solo esperaba que ella no fuese una excepción como Winter Snow.
—Señorita Suomi, yo…
*¡BOFETON!*
El semental fue callado al instante por la pesuña de la refinada yegua, quien no dudo en darle una fuerte bofetada a Galvorn; a pesar de su estado.
—Suomi Gant Noir —le corrigió la unicornio, para acto seguido limpiarse su pesuña levitando un pañuelo bordado—. Haga el favor de dirigirse a mí, siempre por mi nombre completo. A penas podía decir, que somos conocidos.
Galvorn se dio unos segundos para hallar las fuerzas que necesitaba para hablar nuevamente. Probablemente una bofetada le resultaría casi insignificante en otras circunstancias, pero ahora, recibir una significa el más intenso de los dolores. Era un ardor casi insoportable sobre su mejilla, que tenía que ignorar para así modular correctamente.
—Señorita Suomi Gant Noir, de verdad siento mucho el prolongado tiempo que ha tardado mi pago. Sé que su familia no tiene la culpa, de lo que ocurrió con el precio de los tulipanes. Pero le ruego comprensión, tengo un gran negocio entre cascos, un negocio que me permitirá devolverle todos los bits prestados, con mucho porcentaje de interés.
Suomi arqueo una ceja, dándole el pañuelo, ahora sucio con el que limpio su casco, a uno de sus guardaespaldas.
—Creo que usted me ha comprendido mal. Cuando mis sementales allanaron la habitación del hotel que compartía con su hermana, registraron el cuarto y no encontraron ni un solo bit —comenzó a explicar la unicornio, caminando alrededor de Galvorn, como animal que acecha a una presa—. Esperaba que mis fieles corceles, me lo entregaran a usted con algunos sacos de monedas, sin embargo… está aquí sin ni un solo bit.
—¿Qué le hacía pensar, que tenía sacos llenos de bits conmigo?
—Bueno, según tengo entendido. —La unicornio levito un pequeño pergamino que reposaba sobre uno de los muebles del salón—. Usted detesta los bancos y llego a Canterlot sin su fuente de sustento, o sea, su carreta. Por lo que, hay dos posibilidades. Usted vendió su carreta con todos los objetos en ella, o la dejo en otro lugar.
—¿Qué la hace plantearse semejantes posibilidades?
—Tengo mis informantes. Pero eso no es tema de conversación en estos instantes. Lo importante aquí, es que esperaba conseguir aunque sea un porcentaje de lo que usted me debía, ya sea en bits o en objetos de valor. Sin embargo me lo trajeron hasta aquí sin ninguna de las dos cosas, y un deudor que no paga con absolutamente nada, solo sirve de ejemplo para los otros deudores.
—¿Qué quiere decir con eso?
—Quiero decir, que usted será un ejemplo perfecto para quienes osen no pagar sus cuentas pendientes —aclaro Suomi, dándole la espalda a Galvorn—. Nagra, córtale una oreja.
Un robusto unicornio de pelaje negro y melena gris hizo a un lado a sus compañeros, para acto seguido levitar una navaja desde uno de los bolsillos de su traje. Su semblante duro como una piedra, daba a entender que tal acto no significaba nada para él, y que podía hacerlo sin ni un remordimiento.
—¡Un momento, le pagare, juro que le pagare! —afirmo con premura el semental, consiguiendo que la unicornio detuviera al matón a punto de cortar su oreja.
—¿Cómo?
—Trottingham, tengo una propiedad en Trottingham que puedo vender para ustedes. De hecho, si quieren se las regalo, no me importa. Cubrirá una parte de la deuda por ahora, eso es mejor que nada ¿No es así?
Suomi Gant Noir miro de reojo al desesperado corcel. Ciertamente para ella resultaba muy desagradable tener a alguien en ese estado tan deplorable, en una de las casas más envidiables, que poseían los Gant Noir en Canterlot. La unicornio quería profundizar en el asunto de la propiedad, pero, algo dentro de ella le impedía considerar la propuesta en serio. No es que fuese una mala oferta del todo, a una propiedad siempre se le puede dar alguna buena utilidad, en el gran mundo de los negocios turbios. No obstante, la primera vez que los Gant Noir retuvieron a Galvorn, el padre de Suomi, acepto concederle un par de días más para pagar la deuda. Cuando el plazo venció de nuevo, se le retuvo a la fuerza en Manhattan y este escapo con ayuda de su hermana mayor. Ahora, el comerciante estaba ahí de nuevo, y era como ver una escena de una mala película repetida.
—Usted perderá la oreja izquierda —sentencio Suomi.
—¡No, esperen!
—Rómpanle la cara para que no vuelva a hablar.
—Puede que en estos momentos, te parezca la peor pony del mundo. Y la verdad es que en cierto modo, no estarías tan errado con esa suposición; en un juicio podrías usar los libros de historia como prueba. Pero en estos momentos creo que estoy en una causa, que muchos considerarían justa. Después de todo Galvorn no es un mal pony, al menos a mí no me ha tratado mal, a pesar de saber la clase de pony que soy… —dijo Winter Snow, para luego hacer una pausa y añadir—. ¡Oh, que tonta soy! Pero si tú eres su amigo, deberías saberlo mucho mejor que yo.
Frente a la pegaso blanca se hallaba Tuis, atado a una silla en el sótano de su taberna. El lugar era polvoriento y estaba repleto de estantes con botellas de licor, además de barriles de cidra de manzana. En una esquina se podía ver una lámpara, que era la única luz que daba algo de claridad en la penumbra, ya que la bombilla de techo estaba descompuesta. Fírima miraba uno de los estantes con botellas, tratando de no mirar a su amigo a los ojos, ya que no soportaba la idea de que este fuese en parte responsable, de que su querido hermano menor fuese secuestrado. Tuis no era un mal pony, pero tenía deudas que pagar por las reparaciones de su local. Los Gant Noir conocían superficialmente la relación que el tabernero tenía con Galvorn, así que, no dudaron en ofrecer una considerable disminución de su deuda, a cambio de información verídica del paradero del comerciante. De ahí que, cuando Fírima escribió la dirección del hotel y el número del cuarto en aquella servilleta, él se halló en la más pesada de las encrucijadas, haciendo que los días venideros fuesen los más tortuosos que haya experimentado jamás.
—Yo no le deseaba el mal a Galvorn, en serio lo he llegado a querer como si fuese un hermano, pero voy a ser padre. Y esos perros codiciosos, ya comenzaban a amenazarme para que les pagara —se excusó Tuis.
—¡Tú no tienes derecho, a considerarte su hermano! —le grito Fírima encogiéndose de hombros clavando su mirada en el suelo. La tristeza no tardo en apoderarse de ella, y comenzó a llorar por verse envuelta en una situación tan lamentable como trágica—. Nosotros te queríamos mucho, Tuis. Si nos hubieras dicho la verdad desde un principio, créeme que no hubiéramos dudado en ofrecerte nuestra ayuda, para tratar de hallar alguna solución.
—Tenía miedo, compréndeme por favor. La taberna no genero los bits mensuales que creí que generaría para así pagar el préstamo. Solo los Gant Noir prestan dinero a apuestas inseguras, y para aceptar el dinero, tenía que ignorar sus métodos. Fue un grave error, ahora lo sé.
—La deslealtad aflora como rosas en primavera, en los tiempos modernos —comento Geisterritter, que si bien no simpatizaba con ninguno de los ahí presentes, le era imposible no reaccionar a lo opuesto de su virtud más destacable.
—No me interrumpan —les ordeno Winter a sus acompañantes –¿No ven que todavía tengo que sacarle donde esta Galvorn?
—¿Qué van a hacer cuando lo encuentren? —les pregunto Tuis, en un tono de voz bajo.
—Rescatarlo y eliminar todo lo que se interponga —le respondió Winter Snow—. No me hagas perder tiempo, dime donde está.
—Hazme lo que quieras, si los Gant Noir descubren que se los dije, estaré en problemas —dijo Tuis—. Por la forma en que me sometiste y me ataste, yo diría que tú no eres ninguna actriz, sino una soldado. Y el tipo de la máscara de metal parece un guardia nocturno, así que, no podrán proteger a mi familia.
—¿Tan poca fe le tienes a las autoridades? —le pregunto Geisterritter.
—Si las autoridades tuvieran el poder, que deberían. Ponies como yo no tendrían que temer a ponies como los Gant Noir. La alta burguesía siempre ha sido privilegiada, y protegida por la autoridad —dichas estas palabras Tuis hizo una breve pausa, se sentía un cobarde por negar la ubicación de su amigo, y ver a Fírima incapaz de mirarlo simplemente le destrozaba. Sin embargo, se justificaba a sí mismo teniendo presente, las consecuencias que podrían caer sobre su futura esposa y posible hija o hijo—. De verdad estoy sufriendo por Galvorn, pero sufriría más por mi familia si algo les llegase a pasar. Háganme lo que quieran, no diré ni una sola palabra.
—Oh, no te haremos nada —le dijo Winter Snow—. ¿No es así, mi deforme amigo?
—Yo no soy deforme, ni soy tu amigo —le corrigió Geisterritter.
—Como sea, el punto es que por tu integridad física, no tienes que temer. Es comprensible hasta cierto punto, tu abstinencia a revelar la ubicación de Galvorn.
—Aquí va de nuevo… —pensó Geisterritter.
—Sabes, un día, iba yo paseando por mi pueblo, Mirra —comenzó a relatar Winter—. Y, me entere de la terrible noticia de que, un grifo oculto en una granja, había atravesado el vientre de una yegua embarazada tras esta descubrirlo. Luego se supo, que de hecho había sido el mismo esposo de la pony, ya que había ayudado a un grifo herido del que se enamoró.
Tuis no entendía el objetivo de aquella historia, pero conforme continuaba más lo perturbaba.
—Durante un asalto a una de las ciudades minotauro, recordé este lamentable suceso al ver a una minotauro preñada. Y, cegada por la curiosidad decidí hacer el experimento de atravesar su vientre con mi espada, solo para ver cómo se abría la carne, o si salía más sangre estando en ese estado.
—¿De nuevo interpretando el papel de la generalísima? —inquirió el tabernero, arqueando una ceja, pero Winter no dio señas de que fuese así. De hecho, se escuchaba como si de verdad estuviera contando una vivencia suya del pasado, pero esto lo atribuía a que además de ser una soldado, también actuaba muy bien.
—Lo triste de esto, es que, si bien fue una experiencia bastante peculiar y excitante, no pude preguntarle a aquella minotauro que fue lo que sintió al ser atravesada por mi espada. Ya que murió antes que le pudiese preguntar —termino de relatar la pegaso, con una sonrisa—. ¿Crees que tu prometida tenga la suficiente resistencia, para poder preguntarle qué se siente?
Tuis se quedó pasmado, estupefacto a más no poder. Intento articular algunas palabras, pero no lograba hablar correctamente. Solo cuando su mente se enfrío es que pudo sacar conclusiones y la más fuerte, era que la pegaso blanca solo quería asustarlo y nada más.
—Tu no serías capaz —replico el semental.
De repente se escuchó la puerta de la planta alta abrirse, para acto seguido escucharse unos cascos dar pasos tranquilamente por el local.
—¿Tuis? ¿Estás aquí? ¿Por qué tienes las luces prendidas, si tienes cerrado? —pregunto una dulce voz femenina.
—¡¿Strawberry?! —exclamo el corcel, cuyo hocico fue tapado por uno de los cascos de Winter Snow.
—No quería tener público, pero bueno, supongo que no estaría mal que vieras con tus propios ojos lo que sucede cuando alguien va en contra de mi voluntad —le susurro la pegaso, sonriéndole con malicia—. Geisterritter, trae a esa yegua aquí. Demostrémosle a nuestro buen tabernero, que teme a los ponies equivocados.
El unicornio asintió con la cabeza y comenzó a caminar hacia las escaleras. Tuis no podía decidirse en quien de los dos, era mayor amenaza para su prometida. Por un lado Geisterritter tenía un aspecto muy intimidante, pero al menos se veía tranquilo, y por otro lado Winter Snow parecía una completa sádica y lo estaba por demostrar. De ahí que suplico con la mirada que no hicieran nada en contra de Strawberry, y su interrogadora no fue indiferente a sus suplicas.
—Espera —le ordeno Winter Snow al unicornio—. Creo que nuestro estimado amigo, finalmente hablara.
Geisterritter lo miro unos segundos, y sin decir ni una palabra regreso al rincón donde estaba. Winter Snow aparto su casco de la boca del corcel y dejo que este le dijera al oído una dirección que estaba dentro de Canterlot, y que seguramente Fírima o Geisterritter podrían ubicar sin problemas.
—¿Es verídica?
—Me lo dijo uno de esos matones, en estado de borrachera. Y los ebrios nunca mienten.
—Si no es cierto, concebiré el peor de los finales para ti y tu prometida.
—Sé que lo harías, por eso te dije la verdad.
—Tuvimos que llegar a esto, para obligarte a prestar una mínima ayuda a tu amigo —comento Fírima—. Olvídate de nosotros para siempre, Tuis.
Cuando Winter Snow se dispuso a distanciarse del corcel, para revelar la dirección a sus acompañantes, este la detuvo estirando su extremidad inferior derecha, para así dirigirle unas últimas palabras en voz baja. Se trataba de una petición que por su peso y significado, era imposible que una enojada Fírima la llevara a cabo. No obstante, Tuis tenía la pequeña y rara esperanza de que Winter si, a pesar de mostrarse tan sanguinaria.
—Y dile a Galvorn que lo siento —le susurro el corcel.
La pony alada y Tuis intercambiaron miradas, para acto seguido ya no decirse ni una sola palabra.
—Fírima, lo siento de corazón —se disculpó Tuis—. Espero que tú y Galvorn algún día logren perdonarme, aunque no lo merezca.
La yegua no dijo ni una sola palabra, y tras oír la dirección que Winter Snow consiguió, se apresuró rápidamente a la escalera. Tanto ella como Geisterritter conocían donde quedaba aquel lugar.
—Si quieres adormezco a la yegua —le ofreció Geisterritter a la pegaso blanca, mientras la seguía de cerca, subiendo la escalera.
—Es una mejor opción que noquearla, así que hazlo si puedes.
Fírima al oír tal respuesta, se giró hacia la pegaso deteniéndola en seco, antes de abrir la trampilla que daba a la planta superior.
—Quiero saber algo, que me ha estado reconcomiendo desde el hotel —confeso Fírima—. Eres la peor pony que he conocido en mi vida, y todavía sigo creyendo que eres una genocida. Pero tengo que saber… ¿Hubieras cumplido esas amenazas que diste? ¿Le hubieras hecho esas cosas horribles a esas ponies?
Winter bufo, haciendo un gesto de repugnancia.
—Claro que no, estúpida —respondió ella, rodando los ojos—. He hecho muchas cosas terribles, sin embargo asesinar preñadas y destrozar potrillas por dentro nunca ha sido lo mío.
—¿Entonces por qué dijiste esas cosas?
—Existen dos formas de destrozar la voluntad de alguien. La primera consiste en romperlo físicamente, sumergiéndolo en el sufrimiento. La otra forma, y la que más me ha costado desarrollar, es tomar sus sentimientos y temores, para usarlos en su contra. Durante unos minutos me convertí en la verdugo de Tuis. Le podía quitar todo, sin tocarle ni un solo pelo.
—¿Qué hay de la historia?
—Esa historia tiene algo de verdad. Durante un asalto a una ciudad minotauro, la esposa embarazada de uno de los capitanes enemigos, capitán Klaus, murió. No estoy segura como pasaron las cosas, pero invente que la asesine personalmente, atravesando su vientre, para que me buscara e intentara matarme.
—¿Por qué? —le pregunto impactada la pony.
—Me había propuesto a asesinar a los líderes más carismáticos del reino minotauro, para así bajar la esperanza de la plebe en la victoria. Y también, que necesitaba un reto para volverme más fuerte. —Winter Snow hizo a un lado a Fírima, para abrir la trampilla ella misma—. No espero que me comprendas, en esos tiempos trataba de cumplir mi deber como generalísima y mi sentido de misión al mismo tiempo. A veces, el cargo y mi filosofía se combinaban, haciendo que moviera hilos para satisfacer ambas cosas en un solo gran acto.
Sensación de pérdida. ¿Cuánto se ha perdido? ¿Cuánto sigue siendo como figuraba en los recuerdos?... El mundo se convirtió en rocas, rocas que dejan entrar el aire, pero no el sol. El reloj y la lámpara seguían funcionando, así que podían agregar una línea más, a la pared que señalaba los días que habían transcurrido. Desafortunadamente, habían pasado ya lo suficiente, como para que la comida desapareciera por completo. No toda logro ser ingerida, simplemente se pudrió antes de eso, por lo que resulto incomible, y termino uniéndose al rincón de los desechos. Poco de lo que estaba podrido fue tolerable para comer, tristemente casi todo era fruta. Ahora solo quedaba agua y una que otra cascara de manzana, más o menos en buen estado. Y para agravar la situación Fírima enfermo, quedándose inmóvil la mayor parte del tiempo, solo moviéndose cuando tenía que ir al "baño". De no ser, porque aún tenían varias botellas con agua, Galvorn posiblemente ya hubiera perdido la esperanza.
—Bebe despacio —le sugirió el corcel a su hermana, quien se encontraba recostada frente a él, con un paño moderadamente húmedo sobre su frente. Él no sabía decir exactamente lo que tenía Fírima, solo sabía que tenía que cuidarla a como dé lugar—. No tienes que usar fuerzas en vano.
—¿En serio me vas a empezar a decir lo que debo hacer? —pregunto Fírima con ironía.
—Tú lo hacías cuando yo enfermaba —replico Galvorn.
—Exacto, yo, porque se suponía que debía hacerlo. Después de todo, era la mayor, tenía que darte el ejemplo para cuando tuvieras que cuidar de alguien.
—Y fue un buen ejemplo. Pero, de mí no recibirás tantos reproches.
—¿Reproches?
—¿Crees que no me daba cuenta, cuando ponías la mayor parte de la manta de mi lado?
Fírima guardo silencio, de verdad esperaba que su hermano, confundiera los movimientos que ella hacia al dormir, con simples pesadillas o sueños inquietos. Posiblemente si se hubiera asegurado mejor, hubiera pasado desapercibida. Pero, prefería sentir frío ella, antes que su hermano.
—Sigo siendo tu hermana mayor… tengo que darte el ejemplo.
—¡Despierta maldita sea!
Galvorn abrió los ojos recibiendo una cubeta de agua fría, junto con la imagen de una histérica Suomi Gant Noir. Ahora con más heridas y una oreja cortada, el agua se sentía mucho peor que antes, pego un enorme grito de dolor, retorciéndose en la silla donde aún estaba atado. Solo podía ver con su ojo derecho, el cual estaba impregnado en sangre. La unicornio solo estaba con dos de sus matones escoltándola, y, aunque el herido corcel no podía entender mucho de lo que esta le decía a sus siervos, podía distinguir que lo hacía con gestos corporales que denotaban furia. El enojo de Suomi incluso la llevo, a abofetear a uno de esos rudos sementales, el cual ni siquiera se inmuto ni mostró enojo alguno.
—¡Si esa pegaso llega aquí y lo ve así, me matara a mí también! —especulo Suomi—. ¿Cómo es posible que no puedan contra una yegua? ¡Una sola! Explícamelo Nagra.
—También está siendo acompañada por un tipo con un disfraz de la Nightmare Night —objeto Nagra.
—Pero él no hace nada, solo la acompaña de cerca al igual que una yegua terrestre de pelaje naranja —añadió su compañero ahí presente.
—No se preocupe jefa, mandamos a un pegaso mensajero a la mansión de su padre, cuando vimos que nuestros sementales eran insuficientes. Llegará en cualquier momento con los guardias de ahí, dudo que esa yegua pueda con sesenta de los nuestros —informo Nagra—. Por ahora, creo que deberíamos entregar al comerciante.
—¿Pero es que no ves como esta? ¡Solo míralo!... Cuando vea que casi lo matamos, no le temblara el pulso —replico Suomi, levitando una docena de navajas desde uno de los muebles—. Espero que esos imbéciles lleguen pronto, la mansión de mi padre no esta tan lejos para un pegaso, intentemos negociar con esa intrusa para hacer tiempo.
Una de las puertas dobles del salón cayeron al suelo, tras estas desprenderse de las bisagras, producto de una patada. Los dos robustos sementales rápidamente se colocaron a la defensiva, interponiéndose entre el intruso y su ama. Winter Snow cruzo el umbral de manera tranquila, clavando su mirada en aquellos matones en el primer segundo. Muy de cerca la siguió Geisterritter y Fírima, esta última al ver el estado de su hermano, reacciono queriéndole prestar auxilio de inmediato, pero Geisterritter la detuvo en seco.
—¡Déjame pasar! —le exigió Fírima.
—Si galopas hasta el en este instante, no solo pones en riesgo la vida de tu hermano, sino la tuya.
—No me trataron con mucha hospitalidad, al llegar —comento Winter Snow, de manera mordaz—. Y veo que no fueron los mejores anfitriones, con mi pequeño comerciante.
Suomi levito una de sus navajas hacia el cuello de Galvorn, rozando la superficie de su yugular.
—Ni un solo paso más, intrusa. Sino, ya no habrá comerciante del que hablar aquí —le advirtió la unicornio rosa—. Invades una de mis propiedades, asesinas a casi todos mis guardias y te presentas frente a mí, rompiendo una de mis puertas ¡¿Cómo te atreves?! ¿Acaso no sabes quién soy yo? ¿Lo que podría hacerle a ti a los tuyos, con solo una insignificante orden? ¡Yo soy Suomi Gant Noir! ¡Heredera de la gran familia Gant Noir!
—Que tierno, de verdad, es muy adorable —dijo Winter en un tono burlesco—. Tristemente, no eres nada en comparación conmigo.
—Aquí va de nuevo…—pensó Geisterritter.
—Yo soy la generalísima Winter Snow. La pegaso más fuerte de todo el grandioso reino de Equestria. Servidora devota del sol, amante del conflicto y los campos de batalla… ¡La apodada pony de hierro por mis enemigos y aliados! ¡Yo soy quien empujo a los grifos al otro lado del océano, la que quito todas sus llanuras a los minotauros, la pony que hizo posible colonias en las lejanas tierras cebra! ¿Y tú, te atreves a considerarte superior a mí por tener unos cuantos sacos de monedas más que yo?, Dame lo que es mío y quizá perdone tu vida.
—Nunca nadie me había hablado así…—murmuro con enfado Suomi—. ¿Escucharon eso? Quiero una presentación así de asombrosa en mi escritorio, si alguno de los dos sobrevive.
Para sorpresa de los presentes, un cansado pegaso de color azul entra al salón, su respiración era prueba del gran esfuerzo físico que empleo en el cumplimiento de su deber para con su jefa.
—Ya vienen… vienen detrás de mí —informo el pegaso—. Yo… necesito agua.
—¡Perfecto! —exclamo Suomi, ignorando el hecho de que su subordinado se desmayó producto del agotamiento—. La charla termina aquí, ustedes, desagradables intrusos, pagaran por lo que hicieron. Mientras hablamos, sesenta de mis mejores sementales están llegando aquí. Y por cierto, el título de "generalísima" actualmente no existe, la próxima vez inventa una mentira mejor ¡Oh, lo siento, no habrá próxima vez!
—Geisterritter —hablo Winter Snow, dirigiéndose al caballero fantasma de manera solemne—. No podemos seguir nuestro camino si esos ineptos de los que habla esta potra, nos interrumpen.
El unicornio solo asintió con la cabeza y lentamente se retiró del salón, para dirigirse por el pasillo a la entrada de la gran casona. En el jardín delantero observo a docenas de unicornios, ponies de tierra y pegasos llegar, todos con traje negro y mostrándose hostiles de manera casi instantánea, al ver al enmascarado salir por la entrada principal. Ahí, el caballero fantasma, usando su propia versión de la voz real de Canterlot de la princesa Luna, decidió dirigirse a los ponies que querían adentrarse en la mansión a pesar de que estos, no lucieran muy dispuestos a escuchar.
—¡ATENCIÓN PONIES, BAJO LA JURISDICCIÓN DE LA NOCHE ORDENO SU SOMETIMIENTO AHORA MISMO! DE LO CONTRARIO ENTENDERÉ DE QUE SON ENEMIGOS DE LA NOCHE.
El cuerno de Geistterritter se encendió y el infierno se desato.
—Bombardeo…
Decenas de esferas de energía resplandeciente hicieron del jardín delantero un campo de batalla, donde miembros cercenados volaban de aquí para allá en todas direcciones. Los afortunados que lograban sobrevivir, ya sea por algún hechizo o muy buena habilidad en vuelo, solo retrasaban su muerte, ya que al acercarse a aquella temible arma con cascos y cuerno, nada podían hacer contra la guadaña de doble hoja del caballero fantasma. Cabezas rodaron a las macetas y a las raíces salientes de los arboles aun erguidos. Desde el salón la masacre solo se veía como un espectáculo de luces blancas, pero podían escuchar los agonizantes alaridos de los ponies, y también, sentir las vibraciones de las explosiones. Al ver tan descomunal poder mágico la mayoría de los esbirros de los Gant Noir tiraron su lealtad a la basura y huyeron, minimizando el numero de muertos.
—Sabes…—dijo Winter Snow—. Normalmente, para hacer que me des lo que quiero, tendría que decirte lo que soy capaz de hacer. Sin embargo ¡Y gracias a las diosas!, esta vez puedo usar a alguien más como amenaza... ¿Quieres ver de lo que es capaz el caballero fantasma?
—¡Esta bien! —grito Suomi—. Toma al desgraciado, te lo regalo, ya no lo quiero… ¡Solo no me hagan daño!
La unicornio libero a Galvorn de sus amarres y lo levito a los cascos de Winter Snow, quien de inmediato lo deposito sobre las pesuñas de una casi inconsolable Fírima. La yegua abrazo a su hermano, cuidando de no lastimarlo ni tampoco de ahogarle con sus lágrimas de preocupación.
—Le han cortado la oreja… ¡Le cortaron una de sus orejas! —grito horrorizada la pony terrestre.
Winter Snow giro su cabeza lentamente hacia Suomi. Los dos sementales que la protegían rápidamente se pusieron más a la defensiva, mientras la unicornio rosa se disponía a salir a toda prisa del salón.
—Y afortunadamente, soy una muy buena mentirosa.
Antes que los corceles de traje negro pudieran reaccionar, se vieron presa de afiladas navajas disparadas de entre las plumas de Winter Snow. Siendo invadidos por el dolor cayeron al suelo y la pegaso emprendió vuelo, siguiendo a Suomi por el pasillo. Esta al intentar salir por la salida principal choco contra Geisterritter, a quien arrojo la docena de navajas que levitaba muy de cerca con su magia. Este no se inmuto, al tener una magia mucho más poderosa de su parte, lo único que tuvo que hacer es contaminar el aura mágica de Suomi con la suya, para detenerlas en el acto sin que le llegaran si quiera a rozar.
—Us… us… ustedes son unas bestias —musito Suomi, arrastrándose hacia atrás, sobre la valiosa alfombra con el escudo familiar de los Gant Noir—. No me pueden hacer daño, yo soy Suomi Gant Noir, heredera de la fortuna y negocios de los Gant Noir.
—Gant Noir esto… Gant Noir lo otro… —se burló la pegaso blanca, teniendo a la unicornio a los cascos –No basta con alcanzar el poder, querida… También tienes que ser capaz de ejercerlo tú misma.
Winter Snow levanto su casco de hierro y golpeo el agraciado rostro de Suomi, tirándole un par de dientes y rompiéndole la nariz en el acto.
—¡Mi cara! —grito la delicada y refinada yegua, retorciéndose de dolor mientras cubría su rostro con sus cascos delanteros—. ¡Mi boca, mis dientes… Diosas!
—Ya vayámonos —pidió Geisterritter en un tono cansado—. Arrebatarle la vida a tantos ponies por motivos tan estúpidos, hace que se me revuelva el estomago.
—Tienes razón, este es uno de los motivos más estúpidos por los que he peleado —admitió Winter Snow—. Pero, esto paso bajo mis narices… y eso no lo soporto. Ahora supongo que tendremos que llevar a Galvorn a un hospital, pero el encontrar uno sera tarea de ustedes, ya que Canterlot no es como la recuerdo.
—La princesa Luna me puso al tanto de todo. En mil años pueden cambiar mucho las cosas —comento el unicornio—. Entiendo que estés desorientada, antigua generalísima de Equestria.
—¿Me odias? —le pregunto Winter, de manera intempestiva (considerando el momento y lugar).
—No.
—¿Por qué? ¿No crees en lo que dicen de mí los libros de historia?
—Por el tono de tu voz, supongo que leíste uno y quedaste sorprendida de la cantidad de falacias que encontraste —infirió Geisterritter, posicionándose a la derecha de Winter—. Sobre ti mi opinión es vaga, solo te respeto como guerrera y nada más. No me importan en lo más mínimo los muertos de hace mil años.
—Dile eso ultimo al Conde Mefistófeles.
Dichas esas palabras Winter volvió a golpear a Suomi, esta vez reventando uno de sus ojos al está tener cubierta la mitad de su cara. De más está decir el calvario que significo perder un ojo de una manera tan brutal, llorar dolía, y mucho.
—Que eso cuente por la oreja de Galvorn —le dijo la pegaso, mientras se retiraba junto a Geisterritter. Pero, a los pocos metros de alejarse se detuvo en seco. Un susurro que había llegado a su oído, empaquetado como petición, volvió a escucharse una vez más. Y entonces Winter se giró hacia la lastimada pony.
—¡Por cierto!, tus subordinados deberían ser más cuidadosos. No se percataron de que los seguimos hasta este lugar, ni tampoco que los estuvimos vigilando esperando el mejor momento para atacar —mintió Winter Snow, para al instante añadir—. Ahora me voy, pero recuerda mis palabras, que yo llegara aquí fue responsabilidad de tus sementales, lo que hace de esto algo muy irónico…
Después de la última palabra Winter siguió su camino sin mirar atrás.
"Por favor, halla la forma de que no me involucren en la revelación de la ubicación de Galvorn. No por mí, sino por Strawberry. Te lo suplico."
Ya no hay luz, solo figuras negras en la oscuridad. Tampoco había tiempo, ya que se necesitaría de visión nocturna para ver el reloj. ¿Cuánto había transcurrido ya? Galvorn tenía más o menos una cifra aproximada, pero nada con certeza. Fírima, quien aún estaba enferma, solo podía escuchar a su hermano menor caminar de un lado a otro, dándole de vez en cuando agua y cambiando su paño húmedo sobre la frente. El cuanto apreciaba sus cuidados, no se podía medir en números, ya que simplemente era incalculable. Y aunque no hubiera luz, Galvorn logro encontrar espárragos en el fondo de sus alforjas, que, aunque no estuvieran muy frescos, se conservaron relativamente bien envueltos en un pañuelo. Sin embargo no eran muchos, así que los hacían rendir, pese a tener el deseo latente de comerlos todos, para saciar su hambre. Aunque fuese Fírima la única de los dos que manifestara este deseo a viva voz.
—¿Ya comiste el que te corresponde diariamente? —le pregunto Fírima a su hermano, quien la arropaba con cariño.
—Sí —contesto Galvorn, en un tono cansado.
—¿Cuántos quedan?
—Uhm… Puedo contar por lo menos doce todavía —respondió el corcel—. Hasta ahora, mis cascos han cumplido bien la función de ojos, encontrando esto.
—No sé cómo no te percataste antes, de que tenías eso guardado —le reprocho Fírima—. Pero que bueno que los encontraste, me he sentido mejor estos últimos días o noches, gracias a eso.
—¿Qué quieres que te diga? Simplemente olvide que había guardado esos espárragos en mis alforjas.
—Sabes, imagine que iban a estar secos como heno cuando me habías dicho que los encontraste. Pero no, están muy jugosos después de todo.
—Los moje un poco con agua, para que —Galvorn hizo una pausa inesperada—. Supieran mejor.
—No deberías gastar el agua que nos queda todavía en eso, no moriré por comer espárragos secos. Espero que nos encuentren antes que estos se acaben, no sé si soportaría la falta de comida de nuevo. El hambre no me deja dormir.
—A veces, temo dejar de oír tu voz, Fírima —confeso el corcel, en un tono de voz más bajo de lo usual—. Estas enferma, y… no tengo con que alimentarte para que te recuperes.
—¿Estas bien Galvorn?
—No me pasa nada. Solo, que creo me contagiaste el no poder dormir sin saber si es de día o de noche.
*CLANCK*
—¿Escuchaste eso? —pregunto Fírima alarmada.
*CLANCK*
*CLANCK*
—Son como golpes… —identifico la yegua—. Creo… ¡Yo creo que viene detrás de las rocas que obstruyen la salida!
El sonido acentuaba su volumen, y adjunto a este se escucharon rastros tenues de lo que parecían ser voces. Fírima levanto la mitad de su cuerpo tan emocionaba, que ignoro por completo su frágil estado actual. Apego la mitad de su cara al muro de piedras que tenía al lado, lastimándose por no poder medir con exactitud la distancia que había entre la superficie rocosa y su rostro. Sin embargo, esto último también lo paso por alto, lo único que importaba eran las esperanzas olvidadas, que resurgían fuertes y resplandecientes una vez más, con mucha más intensidad que antes. La alegría se manifestó en su rostro, y lágrimas de felicidad recorrieron irremediablemente sus mejillas.
—Galvorn, hermano… ¡Misericordiosa Celestia, por fin nos has escuchado!
Una pequeña abertura, de no más de dos centímetros de diámetro, fue la ventana abierta que necesitaba un pequeño rayo de sol, para colarse en la oscuridad de la cueva y plantar su dominio después de días de brillar por su ausencia ahí. Fírima saboreo la felicidad en toda la extensión de la palabra, era la luz dorada más bella que sus ojos hayan contemplado jamás y su calor era una delicada caricia, que amablemente secaba sus lágrimas. Nuevas fuerzas, brindadas por la esperanza, le dieron energías para seguir gritando a viva voz.
—¡Estamos aquí! ¡Por favor sáquennos! —grito Fírima, lo más alto que sus pulmones en tan polvoroso ambiente le permitían—. Galvorn, tú también alza la voz conmigo.
—¿Escucharon eso? —dijo una voz femenina al otro lado de las rocas—. Rápido, sigamos adelante.
—¡Aquí, por favor! ¡Estamos atrapados! —volvió a gritar Fírima, sin embargo tras la última silaba tosió, llevándose uno de sus cascos a la garganta. La yegua no entendía porque su hermano menor no gritaba con ella para que los ayudaran, sin embargo, solo tuvo que voltear su cabeza hacia atrás, para saber los motivos—. ¿Hermanito…?
El joven corcel se encontraba en el suelo, con una botella de agua casi vacía cerca de él. Lo único que podía definir a su condición era la palabra "deplorable", Galvorn no era ni la sombra de lo que recordaba Fírima antes que fueran condenados a vivir en la oscuridad. Su cuerpo estaba marchito, tanto, que sus costillas parecían horribles tumores en su abdomen. Sus ojos estaban idos, y sus labios se encontraban secos… un momento ¿Secos? Pero si había agua para ambos. Fírima bajo la mirada lentamente, al ahora suelo más iluminado y vio las botellas de las que habían estado tomando agua. No obstante, la botella que estaba cerca de Galvorn era la única que todavía tenía algo de agua en su interior.
—Me la ha estado dando solo a mí —concluyo Fírima, arrastrándose hacia su hermano menor. Aquella felicidad que previamente la había invadido, fue reemplazada por el más punzante de los sentimientos de culpa, que se pueda concebir.
El engaño por parte de Galvorn hacia ella no servía de excusa ¡Ella debió haberse dado cuenta! ¡Debió percibir algo raro en él, aunque fuese con la oscuridad cegando su visión! ¡Diosas, ella le había hecho eso a su hermano, ella lo había estado matando con su impotencia y enfermedad! Pero, solo cuando estuvo lo suficientemente cerca de Galvorn para poder tocarlo con su casco, es que todo se derrumbó para Fírima, su mundo se hizo añicos cuando vio de donde su hermano saco los "espárragos".
—No… no… por favor, no… hermanito… no… dime que no es cierto…
Casi la mitad de dicha extremidad carecía de piel, como si le hubieran arrancado tiras de carne, haciendo líneas más o menos uniformes. Entonces, Fírima recordó la contextura de los espárragos que había estado comiendo los días anteriores. Fibrosos y suaves al mismo tiempo, con un sabor extraño que Fírima en su momento, solo podía atribuir a las condiciones en las que estuvieron guardados tanto tiempo. El tema de que eran jugosos, se lo "aclaro" Galvorn diciéndole que los mojaba con agua para que supieran mejor. Ahí cerca la pony logro distinguir una piedra brillante y afilada, con sangre en su retorcida punta. No había duda, la yegua había estado comiendo la carne de su propio hermano menor. Fírima sintió asco y se alejo un poco para poder vomitar, el acto era una abominación pero esta solo logro ver los hechos y las circunstancias, poniéndose en el lugar de Galvorn. Ella enfermo hasta un punto en el que el agua no bastaba, mucho menos los paños húmedos, después de todo, su cuerpo necesitaba nutrientes para poder combatir la enfermedad.
Fírima abrazo a su hermano menor, apoyando su cabeza sobre su regazo. Este la miro con un débil semblante de preocupación, mientras las tibias lágrimas de ella caían sobre su cara. Sus corazones estaban en completa sintonía, aunque latieran más lento de lo normal.
—¿Por qué? ¿Por qué te sacrificaste así por mí? —le pregunto Fírima, mientras la luz dentro de la cueva se hacía más potente.
—Porque… es lo que tú harías.
Las palabras del semental hicieron que Fírima se entregara a un llanto incontrolable, porque era cierto... ¡Ella también lo hubiera hecho!
—Nos encontraron finalmente. Cuando esos ponies rescatistas nos vieron, les suplique que ayudaran a Galvorn antes que a mí, viendo el estado en que él estaba, era imposible que se negaran. Nos llevaron sobre sus lomos al hospital del pueblo, nuestros padres no tardaron en llegar ahí, la noticia no tardó mucho en llegar a sus oídos. También nos estaban buscando, solo que en los bosques cercanos ya que nosotros solíamos explorarlos bastante. Nos alimentaron, nos dieron medicinas, y aunque yo logre mejorar, Galvorn no lo tuvo tan fácil. Estar tanto tiempo ahí dentro daño mucho nuestro organismo, pero solo él presentaba una peligrosa deshidratación, sin olvidar que el tener heridas abiertas tantos días sin tratamiento, hizo que estas se infectaran. Al final, tuvieron que amputarle casi la mitad de la pata derecha a mi hermano»
Cuando Fírima termino de relatar su historia, sostuvo uno de los cascos de su hermano, y lo apego a su mejilla. Para acto seguido mostrar a Winter Snow que tanto la pesuña como un poco de pelaje de la pata del semental color almendra, eran una imitación artificial muy bien disimulada. Él estaba recostado sobre una camilla de hospital, durmiente y conectado a un respirador y a otras máquinas; gran parte de su cuerpo se hallaba enyesado y tres de sus extremidades estaban suspendidas en el aire con ganchos. Un viento nocturno que se colaba a través de la ventana abierta de la habitación, movía un mechón de cabello, que se escapaba de los vendajes de su cabeza. Los doctores informaron que Galvorn tenía varias fracturas internas, pero que estaría bien, aunque tenga que padecer secuelas muy dolorosas después. Fírima no podía retener las lágrimas, al sentirse primera responsable del deplorable actual estado de su hermano. Simplemente en su cabeza no cabía otro culpable, o tal vez, ella no quería verlo.
—Gracias por ayudarme a encontrarlo Winter —dijo Fírima consternada en voz baja—. No me quiero imaginar, como hubieran dejado a Galvorn, después de retenerlo un día entero. El peso de mi fallo, no me hubiera dejado vivir.
—¿A qué te refieres?
—Cuando él me revelo la verdad sobre ti, y el trato que tenían, debí haber intentado sacarlo de ahí. Ese fue el camino que nos trajo a Canterlot, donde esas ratas tenían su nido. Me deje llevar por la ambición, mi papel como comerciante viajera predomino sobre mi rol de hermana. Esto no debió pasar, estando yo para impedirlo.
—Lo dices como si pudieras ver el futuro, y eso es estúpido —le reprendió Winter Snow, quien a diferencia que la pony terrestre, se hallaba bastante calmada—. Si Galvorn buscaba una solución que le permitiera pagar su deuda, y la encontró en mi armadura, entonces hizo bien en seguir ese camino.
—Tú no lo entiendes, él me advirtió sobre Canterlot y yo no le hice ningún caso —confeso Fírima encogiéndose de hombros—. Sabía cómo eran los Gant Noir, y aun así deje que Galvorn fuera a la boca del lobo frente a mis ojos. Creí que contigo a su lado, nada podría tocarlo.
—¿Te contó lo que paso en el bosque? —infirió la pegaso
—Sí, debí agradecerte por eso antes. Pero, estaba demasiado enfadada contigo… no todos los días secuestran a tu familia, al darte media vuelta solo unos minutos.
—Supongo que… podría haberme explicado mejor en su momento. Estaba muy confundida, veía ese extraño nuevo lugar, con ponies extraños y lo único que quería en ese instante, era algo de orientación. Tenía tantas preguntas y nadie que me las contestara satisfactoriamente, que termine por tratar de conseguir respuestas por la fuerza.
—No sé si hubiera actuado de la misma manera, de haber estado en una situación parecida. Pero, no puedo negarlo por completo —dijo Fírima, girando su cabeza hacia Winter Snow—. Te comprendo, y te perdono… ¿Tú me perdonas por… ya sabes, intentar matarte?
—No eres la primera que lo ha intentado. No te guardo rencores, yo si hubiera reaccionado como tú en esa situación, estoy segura.
—Bien, ¿entonces estamos en paz?
—La paz es el estado en que la voluntad perece y la debilidad florece.
Fírima rodó los ojos con fastidio.
—Tomare eso como un sí —dijo Fírima, volviendo a plantar su mirada sobre su hermano—. Ahora, espero que Galvorn logre perdonarme a mí, por no poder protegerlo.
—Creo que él estaba bastante consciente de lo que hacía. Culpa a los Gant Noir por no querer esperar, ahora no obtendrán nada.
—¿Y crees que se quedarán así, sin obtener nada?
—Tenemos a Geisterritter, estoy segura que esa potra llamada Suomi correrá la voz del miedo en las esferas de poder, en las que está involucrada.
—Quizá tengas razón. Por cierto, ¿Dónde está él?
—Le di un mensaje, para que se lo entregara a la princesa Celestia. Necesito que venga aquí para pedirle un favor. El caballero fantasma es un soldado y como tal, responde a la autoridad sin chistar, aunque esa autoridad sea yo.
—¡¿Vendrá aquí?! —exclamo Fírima sorprendida—. La princesa… la mismísima princesa Celestia aquí… no puede ser, ella vendrá… ¡Tengo que practicar mis reverencias!
—¡Buenas noches! —saludo la princesa Celestia, entrando a través del umbral de la ventana—. Siento la tardanza Winter Snow, no estaba segura que el lacayo de mi hermana dijera la verdad.
A los pocos segundos, Geisterritter entro por la puerta de la habitación, en completo silencio sin saludar a nadie, para posicionarse al lado de un masetero donde sobresalía una flor de pétalos morados.
—Su majestad, gracias por acudir a mi llamado —dijo Winter, haciendo una reverencía.
—Su…su majestad, es un honor estar en su… su presencia —dijo Fírima muy nerviosa, imitando a la pegaso a su lado—. Mi nombre es Fírima, estoy a su disposición para lo que desee.
—Levántense mis ponies —les pidió Celestia mirando de reojo a Geisterritter y Galvorn—. Es un placer conocerte Fírima. Díganme que ha sucedido.
—Sígame por favor, le contare todo en el pasillo. Es un poco largo de explicar y si es posible, necesitare que mueva algunos hilos dentro de la guardia real para que se encargue de tapar algunos… hechos un poco bochornosos —dijo Winter Snow.
—Puedes pedirme lo que quieras —afirmo Celestia sin dilación.
Las dos yeguas de pelaje blanco salieron de la habitación, dejando a Fírima en compañía de Geisterritter, cuya presencia era el equivalente a una nevera. El único sonido en el cuarto era el tintineo que hacía la máquina que registraba los signos vitales de Galvorn.
—Oye, ¿Cuál es tu nombre? —le pregunto Fírima al unicornio, tratando de romper el hielo.
—No es importante —contesto el corcel—. Le dije a Winter Snow que solo se dirigiera a mí por mi título conferido a mi por nuestra majestad de la noche, Geisterritter. Lo mismo va para ti.
—Está bien, Geisterritter… Uhm, gracias por ayudarnos.
—De nada.
—Cuando llegaste a la habitación, no tenía mucha confianza en ti, aunque tampoco la tenía en Winter. Pero ahora, creo que podría hasta confiarte mi vida por lo que hiciste.
—Ayudar a tu hermano nunca estuvo en mis prioridades. Si Winter Snow hubiera decidido continuar su viaje sin él, a mí no me habría importado en lo más mínimo. La princesa Luna quiere estar al tanto de lo que haga Winter Snow y lo que busca. Si para averiguarlo tengo que enfrentar uno o mil obstáculos, lo haré.
—Independientemente de los motivos, eso no afecta el resultado. Así que no dejare de sentirme agradecida contigo —estas últimas palabras Fírima las dijo con una tímida sonrisa. Geisterriter, que hasta el momento no la había mirado, lo hizo repentinamente.
—¿No sientes nada por los ponies, que tuvieron que morir para poder salvar a tu hermano?
La pregunta corto a Fírima como si se tratara de un cuchillo.
—¿A qué te refieres?
—Quizá todos ellos tenían familia también. Y todos ellos ahora están muertos para el lamentar de sus familiares… ¿No sientes nada por ellos?
—¿Qué hay de ti? Yo no mate a nadie. Tú asesinaste a muchos ahí ¿Qué sentiste? ¿Cómo te sientes ahora tras haberlo hecho? —interrogo Fírima, eludiendo la pregunta que le había hecho el unicornio.
—Nada —le respondió secamente Geisterritter—. ¿Y por qué? Porque soy igual de monstruoso que Winter Snow en ese sentido, solo que yo no tengo ideas imbéciles para justificarlo. En cambio tú… tú parecías una buena pony. Creí que sentías algo, pero veo que no los recordaste hasta que yo te los mencione.
—Mi hermano es mi prioridad. Y ellos lo lastimaron, así que no merecen mi compasión —dijo la pony terrestre con firmeza en sus palabras—. ¿Tienes familia?
Geisterritter guardo silencio unos segundos, para reflexionar. En cierto modo, fuera de lo usual, consideraba a alguien como su familia. Aunque ese pony posiblemente no lo sentía a él como tal.
—Sí. Mi madre.
—¿Qué sentirías si alguien le lastimase así? ¿Qué le harías a los ponies que le infringieron tanto daño?
—Una noche, una parte de ella murió. Nunca les hice nada a los responsables.
—¿Por qué?
—No importa, olvídalo —le respondió Geisterritter, bajando la mirada al suelo—. La princesa Celestia ya viene.
La monarca del sol abrió la puerta de la habitación usando su magia, acompañada de Winter Snow. Acto seguido ambas ponies de pelaje blanco se acercaron al borde de la cama donde Galvorn aún se encontraba durmiente. Celestia miro unos instantes a la pegaso y luego al inconsciente corcel, esta sonrió antes de inclinar ligeramente su cabeza y conjurar un hechizo. El cuerno de la alicornio del día comenzó a destellar y pequeñas luces se adentraron en el cuerpo de Galvorn, provocando sobresalto a Fírima y Geisterritter. Sin embargo, este último reconocía la magia que estaba usando Celestia, ya que fue la misma que uso la princesa Luna en él para curar sus huesos rotos. De ahí que los signos vitales del corcel comenzaran a mejorar, hasta el punto de que este pudiese abrir los ojos. Fírima apenas podía asimilar lo que había sucedido, la princesa Celestia en persona había venido a ayudar a su hermano menor, haciendo que este reaccionara.
—Galvorn… —musito Fírima tratando de contener las lágrimas de felicidad—. Hermanito… ¿Me puedes escuchar? ¿Me oyes?
El semental bajo la mirada lentamente, y vio a su hermana, Winter Snow y la princesa Celestia en el borde de una cama, en la que aparentemente él estaba reposando. Galvorn escucho las palabras de su hermana mayor, pero, su pensar fue aprisionado, impidiendo que le prestara atención a Fírima. Su prisión era invisible. Su carcelera no le hablaba, solo lo miraba, y eso bastaba para él porque el brillo de sus ojos le decía tantas cosas interesantes, que era imposible no perderse en ellos, como en océano lleno de misterios y aventuras. Su postura, su cuello… esos labios que parecían de terciopelo, ella no necesitaba llaves para la celda de Galvorn, él estaba consciente de que si se liberaba no podría ver tan encantadora y femenina pony nunca más.
—Hermosa…
Los presentes clavaron sus miradas sobre el convaleciente de manera inquisitiva. Entonces, miraron a Winter Snow, quien era la pony a la que le había dedicado el halago, cuyo semblante revelaba que no sabía cómo reaccionar. Entonces la pegaso miro a la princesa, y esta ultima guiada por el sentimiento de arrepentimiento que aun sentía por Winter Snow, se llevó su casco derecho a la boca fingiendo pudor.
—Bueno, no es el primero que se expresa hacia mi de esa manera. Me siento halagada, mi estimado súbdito.
—Galvorn, no deberías decirle esas cosas a la princesa de manera tan directa, tonto —le dijo Fírima, secándose una pequeña lagrima de la mejilla, mientras sonreía.
—¿Qué paso? ¿Cómo llegue a este lugar? ¿Esa es la princesa Celestia? —pregunto débilmente el pony terrestre, identificando de inmediato el cuarto como una habitación de hospital.
—Te rescatamos hermanito… nosotros, te hemos salvado justo a tiempo y te trajimos al hospital Heart With Wings. Y si, esa es la princesa Celestia, Winter la trajo para que curara tus huesos —le contesto Fírima, sosteniendo el casco derecho de su hermano—. Ya no tienes que preocuparte de nada.
—Muchas gracias princesa —dijo Galvorn—. ¿Quién es el sujeto que esta al lado de la planta?
—Oh, el es Geisterritter, nuestro nuevo acompañante —le aclaro Winter Snow—. Me intento asesinar, pero ahora nos llevamos bien.
—No es cierto —le contradijo el unicornio.
—Ya veo. Bien... no es la primera vez que alguien lo intenta de todos modos. Y si dices que esta bien, no tengo objeción —condescendió el semental color almendra –¿Dónde están mis ropas? Las necesito.
—¿Por qué te importa eso ahora? Si tenías bits en ellas, créeme que son lo último en lo que deberías pensar en estos momentos– Le dijo Winter Snow, a manera de reproche.
—Por favor, tráiganmelas… yo no puedo ir por ellas, ¿O sí?
—No, solo repare tus huesos, tienes otras heridas que necesitan sanar —informo Celestia.
Fírima suspiro y pidió a una de las enfermeras las ropas de Galvorn, y esta aunque le resultara inusual la petición, tratándose de la hermana mayor del paciente no se le negó. En una canasta la enfermera llevo las prendas del corcel, y está casi se cae de espaldas cuando lo ve despierto y con la facultad de incluso hablar, aunque con mucho esfuerzo. No obstante, este hecho no eclipso la presencia de la princesa Celestia en el cuarto, y esta le pidió, mientras la enfermera hacia reverencias, que por favor les dejasen solos una hora antes de que tenga que avisar al doctor. Cuando finalmente la pony medica se retiró, Galvorn reviso sus rasgados y sucios ropajes con la única extremidad que podía mover. La sorpresa no se hizo esperar en los semblantes de cada uno de los ponies, excepto Geisterritter cuyas expresiones faciales eran un misterio a lo largo del día.
—Compre esta casetera para ti, Winter, antes de que esto pasara —comento Galvorn—. Me dijiste que te gustaba Wagner, y recordando tu reacción a la música electrónica, pensé que esta sería la mejor manera de que solo escucharas lo que a ti te gusta.
—¿Qué cosa? ¿Qué es una casetera? —pregunto Winter Snow confundida—. ¿Cómo voy a escuchar la música que me gusta con esa caja pequeña y rectangular? ¡¿Acaso me mentiste sobre eso de las ondas de radio… con lo que me costó entenderlas?!
—Tu ignorancia a veces es muy molesta —comento Fírima—. Te lo pondré fácil. Eso es como una radio individual, cuyos "parlantes" son tan pequeños que los puedes poner en tus oídos. Así, solo tú puedes escuchar la música que selecciones, y que puedes comprar en cualquier tienda.
—Pero está rota, esos matones debieron romperla junto conmigo —señalo Galvorn sacando desde uno de los bolsillos de sus demacradas ropas unos casetes—. Me habías mencionado Rienzi, Parsifal, El holandés errante y la Valquiria. Las encontré sin problemas.
—Yo podría reparar esa casetera, si me lo permites claro, joven súbdito —ofreció Celestia.
—Se lo agradecería mucho, princesa, solo tengo palabras de gratitud para usted.
El cuerno de Celestia brillo envolviendo en su aura mágica a la rota casetera. Las grietas que tenía en su exterior y los daños en su interior, se vieron rápidamente arreglados sin ningún problema. Esta era la primera vez que Celestia ejecutaba su magia de reparación en artefactos electrónicos y de verdad esperaba, que fuese un éxito. Galvorn no tardo en poner uno de los casetes para comprobarlo, escogió "La valquiria" porque el concepto le recordaba a Winter Snow. El corcel decidió adelantar hasta el tercer acto, antes de que Celestia levitara los audífonos a los oídos de la pegaso, notando cierta inquietud de su parte al hacerlo. Pero, cuando la música del tercer acto comenzó a sonar en sus oídos, toda inseguridad desapareció… ¡El mundo se había vuelto expresión de voluntad! ¡El espíritu guerrero impregnaba el aire y la pasión la obligaba a reaccionar de manera extravagante! ¿Qué estaba escuchando? ¿Qué era eso que aceleraba su corazón y hacía a sus músculos bailar de excitación?
—Ritt der walküren
Winter Snow se levantó sobre sus patas traseras y elevo sus extremidades delanteras, siendo devorada por su entusiasmo, ¡Tenia que dirigir su orquesta! ¡El ardiente fuego de la inspiración y el danzante instinto de pelea tomaban las riendas de la pony de hierro! ¡Oh musa de las batallas! ¡Oh caudillo de la guerra, como lo disfrutas! El mundo bailara al compás de la guerra, con Winter Snow dirigiendo la obra, los ejércitos levantaran sus estandartes y cruzaran sus espadas. En los bosques, en las montañas, en las praderas, pueblos, villas y ciudades escuchan el llamado, se levantan en armas, gritan y cantan al campo de batalla. Winter Snow posa su casco derecho sobre su corazón, y entonces gira apuntando su pesuña izquierda al techo, deteniéndose con la música. Su respiración era agitada y su mirada sugestiva, estaba sonriendo, ella probo un poco de felicidad pura unos instantes y le gusto bastante. Pero, cuando volvió al mundo real, tuvo que enfrentar los observadores ojos de sus compañeros y la princesa.
—Bien, al menos ya no necesitamos preguntarle si le gusto o no el regalo —comento Fírima.
—Si… recuérdame tener una de esas cámaras que usan para hacer películas, para la próxima vez —dijo Galvorn provocando una pequeña risa por parte de la princesa.
Winter, ya con sus cuatro cascos sobre el suelo, se secó un poco de sudor de la frente y se dirigió hacia el borde de la cama del corcel.
—Gracias, este aparato es increíble —le dijo Winter desviando la mirada, avergonzada de que la vieran haciendo eso, sobre todo por la princesa—. ¿Me… me enseñas cómo funciona?
—Claro… ¿Ves este botón de en medio? Bueno, ese es para reproducir, pero antes tienes que presionar este de aquí para abrir la tapa y colocar el casete que quieras– Comenzó a explicar Galvorn, indicando la función de cada uno de los botones.
Fue en ese instante, que la princesa Celestia se percató de algo inquietante, pero a la vez, fascinante. No estaba muy segura de lo que era, pero si veía un gran potencial aquello. De hecho, se trataba de lo que quizá estaba buscando para así obtener el apoyo de su hermana Luna, respecto a Winter Snow, así que, con bastante premura, Celestia pidió prestada a la pegaso unos minutos para discutir asuntos extraoficiales. La monarca la llevo al pasillo y cerró la puerta, para acto seguido mirar a ambos extremos del blanco corredor.
—¿Tiene que decirme algo importante princesa?
—Sí, pero necesito que no me hagas preguntas cuando terminemos aquí por favor. Lo sabrás todo en su momento —le contesto sin dilación, haciendo aparecer un orbe azul del tamaño de un balón de fútbol, entre ellas—. Confía en mí, así como yo estoy confiando en ti en estos momentos.
—Mi lealtad siempre ha estado con usted.
Celestia sonrío y la esfera brillo intensamente, haciendo que Winter se cubriera los ojos unos segundos con su casco de metal.
Habían pasado varios minutos y los hermanos comerciantes, junto con Geisterritter ya se estaban preguntando que tanto hablaban Winter Snow y la princesa Celestia. Cuando la puerta se abrió solo la pegaso blanca atravesó el umbral, cerrando la puerta tras de sí. Fírima fue la primera en tomar la iniciativa y atreverse a preguntar:
—¿Donde esta la princesa Celestia?
—Se tuvo que marchar, les manda disculpas, pero tenía asuntos de suma importancia que atender en el palacio real.
—Es comprensible, seguramente debe tener una agenda muy ocupada, con los tiempos que corren —comento Galvorn.
—Yo… me voy también.
Tanto Galvorn como Fírima quedaron con la boca abierta, sin saber que decir exactamente. La relación que había entre ellos y Winter Snow no era exactamente la de una amistad, pero, se sentía raro tener que despedirse de ella luego de todo lo que a pasado. Los hermanos comerciantes son de los pocos quienes conocen su verdadera identidad, Galvorn era el pony que más tiempo había pasado con ella, y, aunque le costara un poco reconocerlo, le agradaba mucho Winter, más allá del hecho de que se tratara de un personaje histórico. Con la pegaso tuvo algunas de las conversaciones más interesantes, que él haya experimentado hasta ahora, le hizo considerar ideas que puede nunca hubiera concebido de no haberla conocido. Y ahora Winter Snow se iba, a pesar de todavía no cumplir con todos sus objetivos. Finalmente, la curiosidad termino venciendo a uno de los dos, y ese fue el semental color almendra.
—¿A dónde irán? ¿Qué hay de nosotros?
—Ustedes se quedan aquí, Geisterritter me acompañara. Cuando regrese, si aun deseas seguir con nuestro trato, veremos que hacer.
—Claro que quiero seguir con nuestro tratos —se apresuro a decir Galvorn—. Pero… ¿A dónde van?
—Iremos a un lugar peligroso, pero, te prometo que volveré —juro Winter Snow—. Yo siempre regreso, aunque la muerte a veces guste de afirmar lo contrario.
—¡Espera! Me siento mejor, creo que puedo levantarme… —afirmo Galvorn, tratando de levantarse de la cama—. Ayúdame Firi.
—¡Deja de hacer lo que estás haciendo en este instante! —le exigió Fírima obligándolo a que permaneciera recostado.
—Por cierto, Tuis dice que lo siente mucho. Espera que lo perdones algún día.
—¿Tuis? ¿Qué tiene que ver Tuis en este asunto? —pregunto Galvorn confundido, pero Winter ya había abierto la puerta para marcharse.
—Explícale todo y cuida de él, Fírima —le pidió la pegaso, cruzando la puerta conforme Geisterritter se unía a su lado—. Tú tenías razón sobre él.
Cuando Winter Snow abandono la habitación en compañía de su unicornio siervo de Luna, comenzó a subir por las escaleras a la azotea del edificio. Para el unicornio enmascarado era obvio que planeaba salir por el techo, pero el destino que Winter había decidido para ellos, seguía siendo un misterio.
—A mí sí me vas a decir a donde vamos, ¿cierto?
—Primero echaremos un vistazo a los viejos cuarteles de mis valquirias, necesito saber si hay algo todavía ahí, que me pueda explicar mis dudas —indico Winter Snow—. Nuestro segundo destino, probablemente sea nuestra tumba. He estado pensando mucho sobre la situación del reino, lo que le sucedió a Galvorn no hubiera sucedido bajo las penas que imponía a tales actos, durante mi rol como comandante suprema de Equestria. La fraternidad entre los ponies era uno de los pilares de mi gran obra, y, a diferencia de otras cosas, no me arrepiento de haber impulsado esta reconciliación entre las clases sociales. Quiero de nuevo estar en el poder, para hacer las cosas bien esta vez, pero, para eso necesito mostrar a los ponies una muestra de mi valía como líder.
Las últimas palabras de la pony, hicieron que, casi de inmediato, a Geisterritter le viniera el nombre de una ciudad a la cabeza.
—Oh, imagine que querrías ir allá tarde o temprano, antigua generalísima de Equestria —dijo el unicornio, ya barruntándose el lugar al que se dirigirían.
—Vamos a hacerle una pequeña visita, al mezquino ser que amenaza mi reino. Que la ciudad nocturna de Targoviste, se prepare para recibir a… ¿Cómo había dicho él? Oh, ya recuerdo… ¡La máxima exponente de la maldad diurna!
Like si te gusta la historia a mi pagina de Facebook: Mond Dunkel MLP.
Recuerden echarle una ojeada a los fics del universo "Requiem Equestria" (links en la información de perfil), ya que hay mucho que contar en este universo. Por eso mismo que los invito a pasarse por "Angel Of Music" de mi amigo y escritor Graf Kohlenklau, cuya historia se desarrolla en el mismo universo y cuyos personajes "Mefistófeles y Valkane" son sus creaciones.
*↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓No olviden dejar su reviews con su opinión aquí abajo↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓*
Su apoyo hace posible que siga escribiendo.
