Capítulo 21: Zocurité, tercera parte
—Lo siento —dijo Kénan.
El ruido había llamado la atención de varios zetas que estaban por los alrededores. A pesar de haber intentado huir de la zona, se habían visto de pronto rodeados por un número demasiado considerable como para acabar con todos. En su carrera habían conseguido llegar a un parque con una pequeña muralla de ladrillo. Con cierto atino, habían conseguido mover un par de coches a modo de barricada.
Ahora una barrera de metal no muy convincente les separaba de una horda, y estaban estudiando la mejor forma de salir de allí. Pero Yumi se había asomado por encima de la tapia y lo que había visto no era muy halagüeño.
—No te preocupes. A cualquiera nos podría haber ocurrido —respondió Magné. Calculó la munición que llevaban encima. No era viable para nada dispararlos—. Concéntrate mejor en salir de aquí. Tiene que haber un modo.
—Si hubiéramos traído algún explosivo podríamos llamar su atención —gruñó el soldado.
—Lo peor de todo esto es que empieza a oscurecer —dijo Yumi—. Y a refrescar. Tenemos que llegar a Zocurité cuanto antes.
—Podría distraerlos yo —propuso Ulrich—. Salto por encima de la valla, llamo su atención, y salgo corriendo. Ahí aprovecháis para salir corriendo.
—Y una mierda —respondió la japonesa. No estaba dispuesta a tolerar un sacrificio semejante, y menos por parte del alemán—. Deja que piense algo. Saldremos de esta. Juntos.
Pero los minutos pasaban cada vez más rápidamente mientras el día iba dando paso a la noche. Aunque llevaban provisiones y podrían cenar ahí, no era el mejor de los escenarios posibles. Ni siquiera sabían si los coches aguantarían, y Kénan hubiera jurado que se habían movido un poco.
—Magné, escucha un momento —dijo Ulrich, acercándose al sargento.
Yumi estuvo tentada de acercarse, quería conocer el plan. Pero la imagen de Kénan la detuvo. El soldado, por primera vez en el poco tiempo que le conocía, parecía preocupado. Siempre había tenido un semblante serio, como si no tuviera emociones, pero en aquel momento se le veía hundido.
—Kénan…
—Os sacaré de aquí, ¿de acuerdo? Aunque tenga que ir acabando con todos esos zetas uno por uno yo mismo.
—No es eso, es que… te veo mal.
—La he cagado —atajó Kénan—. Le he fallado a Magné.
—No es para tanto…
—¡Sí lo es! Magné ha sido el único de todos los que me tomó en serio cuando me alisté. Me tomó bajo su tutela, y me prometí a mi mismo que no cometería el más mínimo error. Ha sido muy difícil… pero lo había conseguido hasta hoy. Por mi culpa estamos aquí encerrados.
—No digas eso —Yumi suavizó el tono de su voz—. Mira, yo no tengo ni idea sobre el ejército… pero lo que sí estoy segura es que no os han preparado para algo como esto. Lo has hecho muy bien durante todo este tiempo, pero a veces es normal cometer errores. Eh, escúchame —Kénan había apartado la mirada—. Sin ti podríamos estar muertos. Nos ayudaste a acabar con ese maníaco de Emerick, llegamos a Zocurité contigo. Y vamos a salir de esta contigo. Vamos, creo que es hora de acabar con esa horda.
Kénan hizo un gesto parecido a una sonrisa, pero las palabras de la chica habían tenido cierto efecto reconfortante. Justo en ese momento se acercaban Magné y Ulrich. El alemán parecía muy serio. Yumi le miró.
—Hemos pensado en cómo podemos salir de aquí —informó el joven—. Será un poco arriesgado, pero… no hay mejor salida.
—¿Qué habéis pensado? —preguntó Yumi. Se puso colorada. El chico le había tomado de las manos.
—Es peligroso… Yumi, si no salimos de esta… te quiero.
Los labios de Ulrich se encontraron con los de Yumi. En un gesto discreto Kénan y Magné se dieron la vuelta a contemplar el escenario apocalíptico de muertos que suponían su peligro. Yumi se dejó envolver por los brazos de Ulrich. Aquella muestra de afecto tan esporádica… Había podido con ella.
—¿Vamos? —preguntó la japonesa en un susurro cuando se separaron. Aunque no le apetecía tanto moverse como seguir allí con él.
—Vamos —afirmó Ulrich.
Y sin poder hacer nada por evitarlo, Yumi se vio sujeta en aquel momento. Magné se había deslizado tras ella, atrapándola por la parte superior del tronco y por el vientre, incluyendo los brazos, impidiendo su movimiento.
—Lo siento —dijo el chico.
Y ante la mirada horrorizada de la chica, Ulrich salió corriendo a uno de los muros, lo trepó en dos saltos y saltó al otro lado del mismo. Le oyó gritar llamando al grupo de zetas, que poco a poco se empezaron a mover, incluyendo aquellos que les estaban bloqueando la salida.
Apenas se vio libre del sargento, Yumi se giró y le soltó un puñetazo en la mejilla. Este la miró con resignación, pero volvió a tocarla. Se apresuró en cargar a sus hombros su mochila, y la que había dejado el alemán.
—Me pidió que te mantuviera con vida —comentó Magné—. Tenemos la oportunidad de salir. Os voy a dejar en la carretera principal, y luego volveré a por él, ha sido el acuerdo.
—Bastardo… —murmuró Yumi—. No me puedo creer que lo hayas permitido…
—Lo siento… la prioridad son las provisiones.
—¿Y con eso estás contento?
—No.
Sin decir nada más, Magné empezó a moverse. Kénan le siguió, con su bolsa cargada a la espalda. Yumi intentó sacar al alemán de sus pensamientos en ese momento. Estaba vivo, tenía que estarlo. Si no, habría escuchado… Siguió a los dos militares, subió por el capó de los coches con cierta facilidad, cuchillo en mano.
Se desplazaron con facilidad. Gran parte de los monstruos habían salido de la zona para perseguir al chico, por lo que les resultaba más sencillo acabar con los pocos zetas lentos que no se habían desplazado con la masa.
La japonesa descargó su machete con rabia contra varios de aquellos monstruos. Cada vez que su arma atravesaba uno de los cráneos sentía que vengaba aquella situación que estaban pasando. Los sonidos no llegaban claros a sus oídos. Magné estaría gritando órdenes, o alertas, o cualquier cosa, pero ella no lo entendía. Sólo sentía una cosa. Rabia. Una furia intensa.
—¡Por aquí! —oyó de pronto. Kénan había tirado de ella en el último momento. Había estado a punto de ir en dirección contraria, donde un grupo de unos quince zetas habrían podido dar cuenta de ellos.
Oyó el sonido de unas balas. Miró a Magné, que había sacado el arma y estaba abatiendo más monstruos. Tomó el aire. "Vamos, Yumi… te juegas mucho", se recordó. "Tienes que sobrevivir".
Con la mente de nuevo clara, corrió a por los monstruos. Uno, dos, cuatro, ocho… notó sus manos impregnadas en los restos de aquellos monstruos, pero le daba igual. Tenía que acabar con ellos. A su lado, Magné y Kénan también luchaban contra aquellos monstruos. En apenas sesenta segundos habían conseguido abrirse paso por la calle y acercarse a la linde del pueblo. Ya casi estaban allí.
Oyó un grito de terror a su lado. Un zeta había atacado a Kénan por la espalda, derribándolo. Magné estaba en ese momento ocupado con otro monstruo, por lo que giró sobre si misma, abalanzándose a por el cráneo de aquel ser. Lo derrotó con facilidad, y ayudó a Kénan a incorporarse. Corrieron por el asfalto mientras se apagaban los ruidos de la ciudad. Finalmente se echaron a un lado del camino, a recuperar el aliento, echando al suelo las bolsas con las provisiones. La japonesa miró a Magné. Este estaba intentando volver a controlar su respiración. Y no había enfundado el arma. Miraba enrededor todo el rato. Cuando logró reponerse, dijo:
—Kénan, carga con dos bultos. Yumi, espero no pedirte mucho si te digo que cargues los otros dos. Yo voy a regresar a por…
—¡Ulrich!
El alemán había aparecido de pronto por entre unos árboles. Parecía tener varios arañazos, y estaba agotado. Llegó hasta ellos al trote, como pudo, y se derrumbó entre los brazos de Yumi. La chica intentó levantarlo, pero le costó. Estaba muy cansada por aquella inesperada huida. Con el cuidado que pudo, le dejó en el suelo.
Inmediatamente, le levantó la ropa. Tenía que saberlo. Ulrich no podía haber sido mordido, no podía… le dio la vuelta, y continuó su examen concienzudamente. Vio una especie de mancha de sangre en su cuello… pero al tocarla comprobó que la sangre no era de él y que no había heridas.
—No vienen —informó Kénan, que se había acercado a la zona por donde había aparecido Ulrich—. Es un máquina, ha conseguido huir de ellos sin que le hicieran daño…
"Vete a la mierda", pensó la japonesa. Al fin y al cabo, se había preocupado por aquel hombre… pero este únicamente parecía interesado en su trabajo, sus resultados, no en las vidas humanas en sí. Al igual que Magné. Y Ulrich… se quedó a su lado mientras este se reponía.
A varios kilómetros de allí, Patrick no estaba en su mejor momento. Después de un largo día de trabajo había descubierto que su tía, la madre de Jeremy, había llegado a Zocurité. Tras un momentáneo reencuentro, se había visto en la obligación de darle la noticia del fallecimiento de Jeremy. La señora Belpois había estallado en lágrimas, abrazada a su sobrino, rota por el dolor.
No era la única persona presente en la sala, pues Aelita también estaba allí. No podía dejar a solas a Patrick, como tampoco se atrevía a ignorar su papel en la caída del chico en los orígenes de la pandemia. De modo que allí estaba, en silencio contemplando la escena sin animarse a acercarse más de la cuenta. Lèa les había cedido el gran salón que usaban como ayuntamiento para aquel encuentro.
Por su parte, Walter Stern había salido de la sala y se encontraba en el exterior mirando al cielo estrellado. Por lo que había sabido, su hijo había llegado a aquellas instalaciones completamente a salvo. Y sin embargo, por alguna razón, aquel sistema de gobierno consideraba apropiado que el chico acompañase una expedición para ir a buscar más víveres.
Había visto a los amigos de su hijo por ahí. Por lo general no había aprobado dichas amistades. Pero tenía que reconocer una cosa. Habían aprendido a sobrevivir y lo habían conseguido por mucho tiempo, mientras que él… habían perdido a bastantes personas en el camino, tantas como para al final hacer un fuerte y salir solo cinco de ellos a lo desconocido. Y aún así había perecido una persona más.
—Creo que esto no ayuda, pero ya deberían estar de vuelta —dijo una voz a su lado.
Miró a su izquierda. El rubio de pelo punta que compartía habitación con su hijo estaba allí. En un esfuerzo por no sonar demasiado agresivo, trató de entablar una conversación con él. Quería conocer los detalles de su aventura, saber como se había comportado Ulrich. Siempre le había tratado con dureza, pero tenía claro que no podía continuar así. Era un superviviente, y estaba orgulloso de él.
—Dime. ¿Cómo os las habéis apañado para llegar hasta aquí con vida?
Odd tomó aire y empezó a narrar los primeros sucesos acaecidos desde el comienzo. Cómo tuvieron que salir corriendo de Kadic, salir de L'Ermitage, aventurarse por la carretera… intentó hacer especial hincapié en todo lo que había hecho su amigo. Obviamente, era la única vida que le importaba a Walter. Apenas estaba narrando cómo encontraron a Milly cuando de pronto, se oyeron unos gritos al otro lado del muro.
Corrieron para allá, seguidos por Lèa, en lo que los centinelas abrían a toda prisa el gran portón que les separaba de la muerte.
Un total de seis figuras se dirigían a buen paso hacia ellos. Los guardias mantuvieron los rifles en alto, y dos disparos después, solo eran cuatro los que se acercaban. A la luz de la luna llena, Odd alcanzó a identificar el rostro de su amigo. Iba apoyado en Yumi, cubiertos a su espalda por Magné y Kénan. Lo habían conseguido.
Las puertas se cerraron rápidamente tras la llegada de los expedicionarios, que por fin pudieron parar a tomar el aire. Apenas el alemán había recobrado el conocimiento, se habían visto perseguidos por algunos zetas que se las habían apañado para salir de la ciudad. Habían gastado parte de la munición en acabar con ellos, pero no tenía sentido salir a por provisiones y balas si debían gastar la mitad en sobrevivir.
—Yumi… —dijo Ulrich, aprovechando que ahora disponían de un momento a cubierto—. Perdona, yo sólo quería que estuvieras a salvo…
No pudo continuar. La japonesa le había dado una bofetada. Más sonora que dolorosa, pero aquel gesto le infligía más daño que cualquier lesión. La chica, con los ojos bañados en lágrimas, dejó caer la bolsa con las provisiones se marchó de allí a grandes zancadas. Quería ir a ver cómo estaba su hermanito y Milly, quería alejarse de él por un largo rato. Ese imbécil había osado a dejarla atrás en un estúpido y egoísta acto de heroísmo. Si le hubiera perdido…
—Habéis tardado muchísimo. Dime qué ha pasado —pidió Lèa a Magné. Ignoró las bolsas con las provisiones en ese momento.
—Tuvimos un percance y los zetas… perdón, los monstruos se acercaron en un grupo muy numeroso —explicó Magné. Había olvidado que Lèa no soportaba el término "zeta"—. El chico… se arriesgó para que escapáramos con las provisiones, salió ileso pero muy cansado… Hemos traído todo lo posible, pero aún quedaban cosas allí… Lo que ya no creo es que sea seguro volver a entrar en el pueblo.
—El local quedó a salvo —intervino Kénan—. Si volvemos, todo estará allí.
—Nadie va a volver allí en un grupo tan pequeño. Tenemos que defendernos de los que vengan a por nosotros, no buscar problemas. Kénan, esta noche te relevo de tu función en la radio, ve a descansar —le indicó—. Magné, ayúdame a llevar esto al almacén y retírate por hoy también —le pidió—. Ulrich… mira quién ha llegado —le dijo al alemán, suavizando el tono de su voz.
El chico, que aún no estaba repuesto del tortazo de Yumi, miró donde Lèa miraba. Y no se lo pudo creer. Su padre estaba allí. Había sobrevivido al apocalipsis. Y por primera vez en muchos años, se vio atrapado por un abrazo de su progenitor.
—Habéis sido muy valientes —dijo la señora Belpois. Finalmente había logrado reponerse de aquella noticia—. Me alegro de que estéis vivos…
—Escuche… siento mucho lo de Jeremy… —intervino Aelita, con cierta timidez—. Sin él, probablemente todos estaríamos muertos…
—Me duele pensar que no lo consiguió —continuó la mayor—. Pero si realmente os ha ayudado a llegar aquí…
—Tía, ¿qué estábais intentando hacer? —preguntó Patrick—. El mundo es peligroso como para ir por ahí…
—Nos terminamos juntando muchas personas en una serie de casas a medio construir. Hicimos una fortificación. La idea que teníamos muchos era avanzar… todos teníamos familias por distintas partes del país. Acordamos en dividirnos en pequeños grupos intentando llegar a otros sitios… y volver si encontrábamos una zona segura más. Yo tenía que ir a por mi hijo, y saber si estaba bien. Fui allí donde coincidí con los Stern…
Continuó narrando la historia, hasta que Lèa volvió a aparecer. Proponiendo que el día había sido lo suficientemente intenso, les indicó que fueran a cenar. Habían preparado alojamiento para los cuatro nuevos integrantes de la comunidad, y allí que fueron.
Ulrich, Walter, Aelita, Patrick y la señora Bolpois cenaron en casi completo silencio. La jornada había sido agotadora, mermando sus fuerzas. Los demás ya habían cenado, por lo que se sorprendieron mucho al ver aparecer a Sissi, que tomó una bandeja y cargó un poco de pan y algunas cosas más.
—¿Por qué no te quedas con nosotros? —le preguntó el alemán. La morena negó con la cabeza—. ¿Ocurre algo? —preguntó, temiéndose que tal vez Marco considerase que ambos no podían hablar.
—No es para mi, es para Yumi, la pobre no ha cenado, y me ha pedido que le llevara una bandeja.
—Puedo llevársela yo —se ofreció Ulrich—. Supongo que estarás cansada también…
—Ulrich… no sé cómo decirte esto suavemente… —él la miró inquisitivo—. No quiere que te acerques por allí esta noche. La he visto mal, está enfadada… mañana será mejor día, pero hoy no.
—Joder… Sissi, lo único que hice fue…
—Me lo ha contado. Pero la que se ha enfadado es ella, no yo —le recordó—. Creo que has sido valiente al hacer eso. Pero podrías haber pensado en decírselo antes de actuar por tu cuenta.
Si la bofetada de Yumi le había herido, las palabras de Sissi se sintieron como un puñal perforando su estómago. Volvió a la mesa sin apetito. Suspiró. Pero bueno, al fin y al cabo, tenía que hablar con su padre. Si esa noche no podía compartirla con Yumi, podría ponerse al día con él sobre las aventuras que habían pasado.
Moïse estaba en su habitación. Teóricamente, debía trabajar. Pero se había quedado embriagado con el aroma de Salvin, impregnado sobre su almohada. El doctor era el primero que le había hecho sentir algo. Algo más allá de un deseo físico. Pero era el primo de su enemiga. Debía tener mucho cuidado. El doctor nunca podría saber que él sería quien arrebatase la vida de Lèa.
—Entre —dijo cuando alguien llamó a la puerta. Se incorporó de un salto y se sentó a la silla antes incluso de que la persona entrase en la estancia—. Ah, Magné, buenas noches.
—Señor, perdone por la hora intempestiva —se disculpó el sargento. A Moïse se le hizo muy raro verle vestido con un pantalón vaquero y una camiseta. Siempre le había visto con el uniforme.
—No se preocupe. Estoy en un cargo de disponibilidad completa, me temo —comentó Moïse, quitándole importancia—. ¿Quería algo?
—Entregarle esto —respondió el sargento, poniendo una cajetilla de un medicamento sobre la mesa—. No sé si conoce el reporte de nuestra aventura, pero olvidé que llevaba esto encima hasta que me he quitado la ropa para ir a dormir.
—Perfecto —comentó Moïse, muy despacio. "Controla la voz", se reprendió—. Esto me será muy útil, amigo mío. Gracias.
—Tenemos más medicamentos de la expedición, si necesita alguno…
—Con esto me será suficiente. Nos has ayudado mucho.
—Gracias, señor. Me retiro.
Moïse asintió. Esperó a que Magné se marchara, y abrió los cajones de su mesa. Por fin disponía de todos los ingredientes. Su plan sería como lo había planeado. Silencioso. Una caída inesperada de la líder, que lo eregiría a él con ayuda del ejército. Más despierto que nunca, empezó a trabajar.
¡Hola a todo el mundo! He dicho tantas cosas sobre mis prolongadas ausencias que no tiene caso decir alguna excusa más xD Simplemente me faltó inspiración.
Moon-9215: Aún no tengo decidido qué hará William... una cosa es que fuera sospechoso y otra es que las dudas recayeran sobre él, ¿no? ;)
Alejito480: Siempre pensé en que algunos de los padres aparecerían antes o después xD Originalmente serían los Ishiyama... pero cambié de idea según planificaba el capítulo :P Veremos el plan para liquidar a Lèa ;)
Pues pronto más y mejor. Creo. Espero. No sé. Zombie rules!
