Lamento el retraso pero la vida estudiantil me exploto a lo grande.
Les invito a leer miss otra historias nacido en la oscuridad y la ascensión al poder, comenten y muchas gracias.
Capitulo 21 Cuesta arriba.
El santuario. – Esas habían sido las primeras palabras que escaparan a los labios del rey de los dioses una vez que sus pies tocaron los territorios de la diosa de la sabiduría y la guerra justa.
En ese momento el dios del rayo se encontraba observando con ojos cansados la mesa espléndidamente servida frente a él, que contenía numerosos platos que expedían un olor exquisito aun para él que era un dios y que se negaba a comer la comida de los mortales, pero esa idea comenzaba a replanteársela por la diversidad de colores y olores que degustaban sus dos sentidos, mientras el gusto le rogaba por que los probase.
-Padre. – Levanto el rostro, al escuchar la voz de Athena encerrada en el cuerpo de aquella joven griega, de finos cabellos lilas y profundos ojos azules, que le miraban con atención. - ¿Cómo te sientes? – Athena está sentada frente a él, recargada sobre sus codos en la mesa, mientras apoyaba su mandíbula sobre sus dedos entrelazados.
-Aún me siento débil. – Admitió tranquilamente mientras tomaba la poca ambrosia que Athena había guardado en el santuario desde la época mitológica y que gracias a Urano la joven griega había recuperado esa memoria hacia unos meses. – Pero es prioritario detener a los titanes, no podemos permitir que gobiernen en el Olimpo ni que destruyan la tierra.
-Eso lo sé padre. – Saori se recargo en el respaldo de la silla y giro su rostro hacia el horizonte del santuario donde contemplo la estatua dedicada a ella, justo en ese momento un ligero resplandor celeste se manifestó en aquel lugar, dejándoles contemplar ha Anfitrite.
-Buenos días. – Saludo la peli verde, que llevaba puesto un vestido largo de color rosáceo que contrastaba fuertemente con sus ojos azules y su cabello haciéndola ver más joven. – Veo que aún no se han presentado los otros dioses.
-Hermes ha ido a por ellos. – Repuso tranquilamente Athena indicándole que podía sentarse en alguno de los asientos a los lados de la mesa y que podía degustar de cualquier platillo en ella. – No sabíamos que Cronos no solo planea dirigirse al Parnaso si no que también terminar sellando las almas de Dionisio y Hefestos.
-Es lamentable lo que ha ocurrido, pero puedo asegurarte que el sacrificio de mi esposo no ha sido en vano. – Contesto Anfitrite, sus ojos azules chocaron contra los celestes de Athena.
-Tenlo por seguro que lo sé y reconozco que sin su ayuda, la situación hubiese sido más drástica. – Saori admitió humildemente y agacho con melancolía su mirada, no tanto por la pérdida de Poseidón si no porque aquello le había recordado que ese día no solo habían caído dioses y titanes, si no uno de sus mejores guerreros y un padre para ella.
-Lo lamento. – Los ojos de Anfitrite llenos de tristeza se llenaron de comprensión para la deidad de la sabiduría.
-Pero afortunadamente no todo fue en vano. – La voz de Hermes cruzo el aire, rompiendo aquel momento conciliador entre ambas deidades, un centello rojizo se manifestó y permitió ver al dios mensajero acompañado de Hestia y Afrodita. – Mi intervención oportuna saco algo de provecho a la situación. – Menciono arrogantemente el dios, dejándose caer con pereza en uno de los asientos al lado su padre.
-Solo aprovechaste la situación que otros abrieron para ti. – Artemisa descendió con unos destellos azules dorados tras de ella y miro a sus hermanos. – No hay nada que festejar en la situación que enfrentamos. – Menciono pesimista la deidad, sus ojos mieles mostraban una tristeza extraordinaria una que Athena no había visto en su hermana desde la muerte de Orión por sus propias manos.
-Estamos todos aquí reunidos. – Zeus respiro tranquilamente comprobando los semblantes decaídos de los dioses que le rodeaban a excepción de Hermes que se mantenía jovial a pesar de la situación. – No venceremos a los titanes si no les separamos… - Comenzó.
-Tenemos que destruir a Ares. – Propuso rápidamente Afrodita ganándose las miradas recelosas de las diosas de la sabiduría y la luna.
-Y a Persefone. – Contesto Hestia apaciguablemente.
-Debemos de deshacernos de todas las ayudas que los titanes están recibiendo de los dioses y para ello tenemos que terminar con la diosa del inframundo y el dios de la guerra. – Athena les indico a sus invitados que podían comer de aquella deliciosa merienda, pero rápidamente vio el recelo en algunos rostros principalmente el de Afrodita y Artemisa, que intercambiaron una mirada entre ellas. Sin embargo Hermes relajo su mirada y estiro su mano hacia uno de aquellos platillos.
-Pensar con el estomago vacio es molesto. – Refuto tranquilamente el dios, llevándose hacia la boca una pieza de aquel exquisito plato que humeaba, las miradas aterradas de Artemisa y Afrodita le observaron, sin embargo a su lado Anfitrite y Zeus, hicieron lo propio con aquellos platillos. – Esta delicioso Athena.
-Lo sé. – Menciono tranquilamente. - Los humanos son tan ingeniosos, jamás dejan de sorprenderme.
-Y ten por seguro que jamás dejaran de hacerlo. – Apoyo Zeus a su hija, notando como la mirada azulacea de Saori Kido le miraba agradecida. – Ahora regresemos al punto de partida, encargarnos de Persefone y Ares no será una tarea sencilla.
-La diosa del inframundo es mía. – La voz fría y calculadora de Artemisa rompió el aire, ganándose la atención de sus iguales, quienes la miraron con sorpresa. – Ella me visito antes de que Cronos lo hiciese intentándome convérseme de estar de su lado, estoy segura que ella le dijo que tanto Apolo como yo estábamos en el templo del sol, al haberme negado. – Los ojos de la diosa de la luna centellaron solo por unos segundos un profundo odio, que fue sustituido rápidamente por su semblante indiferente. – Yo terminare con los espectros de Hades y con la diosa Persefone.
-Sería conveniente que algunos de mis santos te acompañasen. – Sugirió Athena, llevándose una mano hacia el largo cabello lila que caía por su hombro. – Persefone aun tiene varios espectros a su disposición y a un dios menor de su parte, mis santos y tus ángeles podrían acabar con ellos y de esa forma tú te encargarías en persona de ella.
-¿Estás segura de querer tomar esa encomienda hija mía? – Los ojos de Zeus, observaron el semblante calmado de la rubia, que parecía estar viendo el vacio, pero el dios del rayo la conocía y sabia que Artemisa luchaba a duras penas por contener todos los sentimientos en su interior, dando el mismo aspecto frio a sus iguales, tal y como la luna lo hacía, siempre mostrándose fría y dura aunque inspirase en su interior un conjunto de emociones vagas que iban desde la tragedia hasta la pasión.
-Así es. – Artemisa miro la comida frente a ella aún con desagrado pero atino a probar un poco del vino que estaba frente a ella. – Yo me hare cargo y acepto cualquier ayuda que me ofrezcas Athena.
-En ese caso yo la llevare, solo yo puedo entrar al inframundo y salir de él. – Hermes expreso una mueca divertida, parecía que el dios de los juegos se estaba divirtiendo al probar las diferentes comidas mortales frente a él, pues estas parecían provocarle un sinfín de sensaciones placenteras. –Una vez que entremos saldré de nuevo a ayudar en la tierra y regresare una vez acabes tu misión ahí.
-Bien. – Athena agacho suavemente su cabello, que resbalo por su hombro derecho tan perfectamente que la deidad de la sabiduría pudo atisbar una mirada recelosa por parte de Afrodita.
-Yo me encargare de Océano, se que quieren terminar con los otros dioses, pero yo primero tengo que acabar con lo que mi esposo inicio, espero y lo comprendan. – Anfitrite hizo un leve gesto y se inclino hacia los que se consideraban los dioses mayores en una señal de respeto, los cuales asintieron sin ni siquiera replicar.
-Como la diosa de la guerra justa yo me hare cargo de Ares, el debe pagar por los crímenes cometidos contra mi santuario. – Athena clavo su filosa mirada zafiro en todos sus iguales, pero principalmente en la diosa de amor, no sabía el por qué algo en Afrodita le hacía desconfiar y tener recelo de ella e incluso hasta cierto punto culparla de el inicio de aquella guerra.
-En ese caso, hija mía, bendigo tu camino y el de todos ustedes. – Los ojos azules y cansados de Zeus por aquella épica lucha que estaba por sobrellevarse se posaron con amor y calidez en sus hijos y parientes, intentando infundirles todo el amor y fuerza que podía.
- Athena, yo velare por los humanos ahora que los titanes intentaran atacar, yo les cuidare en tu lugar. – Hestia agacho la cabeza en una señal profunda de respeto hacia Athena la cual le sonrió armoniosamente, de esa forma la diosa del hogar aceptaba el valor y el duro cuidado que Athena tenía hacia los mortales.
-No puedo hacer mucho, pero velare por el santuario de Athena, ya que ahora es el único lugar en toda la tierra capaz de hacerle frente a los titanes. – Zeus estiro su brazo derecho hacia el cielo del cual broto una potente luz dorada que golpeo el centro del campo celestial y se dirigió hacia diferentes puntos, abriendo como si de una flor dorada se trátese un potente escudo que cubrió a todo el santuario e incluso los pueblos aledaños a él.
…
-¡Alto ahí señorita! ¿De dónde vienes? – Gruño la peli verde enfurecida con su hermana cuando la vio entrar a la cabaña. - ¡Te vas como si… ¿Geist? – Shaina guardo silencio de pronto e interrumpió su regaño cuando vio el semblante decaído de su hermana menor, que casi se movía a puntillas por la cabaña y que paso a un lado de ella sin ni siquiera mirarla.
-Ahora no Shaina. – La pelinegra entro en su habitación y le cerró la puerta casi en la nariz, algo como aquello la alerto de inmediato, Geist no solia ser así y menos tenia cambios tan drásticos de humor, desde que había regresado a la vida su hermana menor se mostraba un poco más jovial, pero después de la última batalla le había observado consternada y hasta cierto punto algo preocupada, pero ahora le veía sinceramente decaída.
-¿Geist? – Llamo a la puerta dando leves golpecitos con sus nudillos pero no pudo escuchar ningún ruido en el interior. Abrió la puerta intentando evitar a toda costa el ruidoso chirrido que comúnmente ocurría cada vez que la abría y observo a su hermana recostada en su cama dándole la espalda hecha un capullo y fue cuando descubrió que la pelinegra a pesar de ya no ser una niña seguía siendo su hermanita. -¿Geist qué ocurre?
Se detuvo en seco al escuchar un sollozo de Geist que la congelo en su lugar, jamás había visto a su hermana llorar, la vio acurrucarse en su cama haciéndose un ovillo y aquello le rompió el corazón, atravesó la habitación en zancadas olvidándose porque iba a reclamarle a su hermana, le acaricio suavemente el brazo y se sentó en la cama, cercano a ella.
-Geist. – Le llamo dulcemente, acariciando su brazo blanquecino como ella recordaba que solia hacerlo su madre, aquel era un gesto que siempre permanecería en su memoria, pues era de los pocos recuerdos de aquella hermosa mujer italiana a la que llamo por algunos años madre. – Geist ¿Qué ocurre? Puedes confiar en mi hermana.
La observo removerse algo incomoda y le vio limpiándose las lagrimas que abandonaban sus ojos azules, su nariz y mejillas estaban enrojecidas y la pelinegra se veía mas pálida de lo normal, pero antes de que ella pudiera pensarlo, Geist se levanto y la abrazo fuertemente hundiendo su rostro en el hombro de su hermana, mientras su cabello negro caía a los lados de su cara cubriendo su rostro, Shaina correspondió el abrazo de quien fuera su hermana menor y comenzó a acariciarle el cabello.
-Estoy cansada de ser fuerte… - Y Geist rompió a llorar en su hombro desconsoladamente, no supo por cuánto tiempo la peli negra estuvo llorando, dando ligeros temblores, pero cuando la sintió despejarse de ella y pudo observar su rostro, se preocupo inmensamente, le acomodo el cabello negro detrás de los oídos y miro aquellos ojos zafiros con una impresionante angustia. – Shaina… tengo miedo… de perderlo a él.
-¿A quién? – Fue lo único que atino a decir, mientras la incomodidad que sentía de ver llorar a Geist desaparecía, siendo sustituido por un fuerte sentimiento fraternal.
-Shura está muy mal Shaina… y yo… yo le amo. – Dos gruesas lagrimas abandonaron sus grandes ojos como si de perlas se tratasen y rodaron por sus mejillas hasta su barbilla surcando por la expresión de dolor que tenia la joven amazona, desprendiéndose del acantilado que hacia su mentón cayendo hasta sus manos. – Es al único hombre que he amado… y lo estoy… tengo miedo de perderlo… - Escapo en un susurro de sus labios mientras su voz volvía a romperse y gruesas lagrimas caían de nuevo.
La ola de emociones que sintió la rubia en ese momento fue indescriptible, pues parecía que al fin había descubierto lo que su pequeña hermanita había escondido de ella durante tanto tiempo y sin embargo cualquier sentimiento de enojo o disgusto quedo sellado en su interior al verla llorar de ese modo, que en cierta forma le recordaba a Marín cuando Aioria había muerto en el muro de los lamentos.
-Tranquila, él va a estar bien. – Recordó como el cosmos del ibérico había desaparecido durante la batalla del Monte Parnaso, pero su hermana le confirmaba que si bien Shura no había muerto estaba tremendamente herido y en la línea límite entre la vida y la muerte.
-Shaina, él me ama… me lo había dicho en cuanto revivimos… y ahora esto, parece que el destino nunca nos ha querido juntos. – Aquellas palabras la alertaron pues no solo le indicaron que los sentimientos de su hermana eran correspondidos por el santo de capricornio si no que aquella relación furtiva era más antigua de lo que ella había imaginado, lo que la hizo suponer que tal vez Shura y Geist hubiesen tenido una relación cuando ambos eran aprendices o un poco después de que ambos obtuvieron sus puestos.
-¿Por qué nunca me lo dijiste? – Los ojos azules de Geist enrojecidos por llorar se encontraron con sus ojos mieles. - ¿Sabes? Eso no importa ahora, Shura de capricornio es uno de los santos dorados más fuertes y te aseguro que él estará bien.
-Fue herido… por el Keraunos. – Aquellas palabras le provocaron un escalofrió que recorrió todo su cuerpo y apago cualquier esperanza pues el destino de Shura se tiño de oscuridad al saber lo que aquello significaba. – Si él muere… yo…
-Escúchame bien. – La tomo por los hombros y limpio las lagrimas que caían de sus ojos. – Él no va a morir tan fácilmente, si se algo de los santos dorados es que ellos jamás mueren postrados en una cama, ellos mueren en el campo de batalla y Shura es uno de ellos, capricornio aún tiene un deber con Athena y sé que él jamás moriría sin despedirse de ti. – Abrazo fuertemente a su hermana, que derramo algunas lágrimas más en su hombro, Geist podría parecer una amazona fuerte pero no dejaba de ser una mujer enamorada y a la cual habían golpeado en su punto más débil. - ¿Quién está con Shura?
-Hui cuando sentí el cosmos de Athena acercarse. – Susurro suavemente la pelinegra, volviéndose a recostar sobre la cama, mientras sus cabellos negros la cubrían con suavidad, como si estos le acariciaran y protegieran.
-Athena no permitirá que Shura muera… ella les ha llegado a apreciar y hará cuanto esté en sus manos para salvarle…
…
Los dos estaban con una rodilla hincada en el frio suelo de mármol, como en la antigüedad lo habían hecho, uno al lado del otro, hombro a hombro. La oscuridad de la sala les mostraba el estado de ánimo del patriarca, que se mantenía en silencio sentado en aquel trono de piedra, las velas iluminaban tenuemente la noche sin luna y proporcionaban de algo de luz al recinto. La puerta principal se encontraba cerrada y el aire hacia un silbido al colarse por las pequeñas aberturas.
-¿Así que Prometeo ha sido liberado de su encierro? – Shion sobo sus sismes mientras los ojos esmeraldas de ambos santos brillaban en la oscuridad, cubiertos de la vergüenza de haberse vistos derrotados por los titanes, los que había cobrado la vida de Dokho.
-Así es gran maestro. – Refuto en un murmullo apenas perceptible Aioros que agacho el rostro de nuevo al suelo y empuño sus manos ante el coraje.
-Creo que designare a los santos de bronce para que terminen con Prometeo. – De los labios de ambos santos no salió ninguna palabra pero sus ojos expresaron el sentimiento que pasaba por su mente. ¿Era a caso que habían defraudado a Shion?
-Patriarca acerca del gran maestro… - Inicio Aioros, pues parecía que a Saga se le había hecho un nudo en la garganta, ya que el gemelo mayor no sobrellevaba muy bien las derrotas.
-No tienen nada que explicar acerca de eso. – La voz fría de Shion les hizo reprimir cualquier pensamiento y ambos agacharon el rostro cuando le escucharon levantarse y caminar hacia ellos. –He designado a los santos de bronce para esa misión porque quiero darles a ustedes un respiro, han sobrellevado pelea tras pelea con valor, pero cualquier alma guerrera necesita un descanso y ustedes no son la excepción.
Ambos sintieron como las manos de Shion se apoyaron sobre su cabeza y removió juguetonamente la cabellera castaña como la azul violácea de Saga como antiguamente el patriarca solía hacerlo cuando eran niños y regresaban de una travesura descubierta o de un mal entrenamiento, aquella era la forma en que el peli verde solía demostrarles su cariño y que Shion hubiese hecho en aquel momento les quito un gran peso de encima, mientras las lagrimas de ambos santos amenazaron por salir ante tantos sentimientos encontrados, habían acudido al salón principal pensando que Shion les regañaría pero había sido todo lo contrario, habían encontrado el consuelo que necesitaban.
-Muchas peleas se ganan, otras pierden y nos permiten volvernos más fuertes. – Shion dejo de enredarles la cabellera y les indico que se pararan uno al lado del otro de forma que estuvieran rozándose hombro con hombro frente a él y fue cuando los ojos violáceos del antiguo santo de aries miraron los ojos de aquellos santos orgullosos y poderosos que para el seguían siendo los pequeños niños que habían llegado destrozados al santuario. – Ante la desesperación la meta más grande es encontrar la calma y ante una derrota es encontrar la fuerza. Lo que ocurrió en el Monte Parnaso ha sido una estrategia para la cual no estábamos preparados y Dokho se dio cuenta de ello a tiempo y gracias a él ustedes han podido regresar con bien trayendo casi intacta a nuestra diosa.
-Si creen que alguien cometió un error, ese solo fui yo que no preví que los titanes también tendrían otros aleados, mi obligación era adelantarme un paso sobre ellos, así que ustedes no tienen porque sentirse culpables. – Shion retrocedió unos cuantos pasos, aun contemplando ambas miradas verdes que se posaban sobre él en silencio, pero aquellos pares de ojos solo le mostraban a dos santos arrepentidos.
-Maestro yo de verdad lo lamento. – Y ahí iba Aioros con su dejo sentimental, mientras Saga a su lado se esforzaba por permanecer neutral, aunque el único que creyera eso fuera el mismo santo de géminis, tanto sagitario como él conocían a la perfección lo que la mirada de Saga escondía y lo que sus labios callaban.
-No hay nada que lamentar respecto al comportamiento de ambos, acataron la orden de un superior aun cuando esta golpeara duramente su orgullo y han traído no solo a su diosa, si no que han traído a sus compañeros heridos en batalla. – Susurro suavemente, regresando a paso tranquilo hasta el trono donde se dejo caer.
-Pero si abandonamos a uno. – La voz ronca de Saga se abrió paso en la penumbra y se dejo oír claramente a sus oídos. Sus ojos violáceos chocaron contra los esmeraldas de Saga que se mantenían inmutables ante aquel duro análisis.
-Ya lo he dicho Saga, cumpliste una orden y más te valía cumplirla porque aun en ese momento desesperado estoy seguro que analizaste cualquier posibilidad para intentar salir todos de ahí pero no la había y por ello tanto tu como Aioros, obedecieron sin remedio, pues las consecuencias hubiesen sido peores de lo que fueron. – Murmuro tranquilamente, a pesar que sentía como su alma se destrozaba no solo por el recuerdo de Dokho si no porque parecía que cada batalla, cada maldita pelea destrozaba las almas de sus pequeños, dejaba laceraciones incurables en su orgullo y carácter y algo como aquello lo destrozaba, hubiese dado todo por haberles evitado cada herida, cada golpe y que derramaran sus lagrimas pero el destino de cada uno de ellos había estado marcado desde el primer momento en que respiraron por primera vez.
-Entiendo. – Refuto al fin Saga, aún no sabía cómo pero Shion siempre había podido leer sus pensamientos y sentimientos como un libro abierto y gran parte de ello es porque el antiguo lemuriano siempre había sido un padre para él.
Shion se sobo las sisnes una vez más y les indico a ambos que podían retirarse, miro como intercambiaron una rápida mirada y le hicieron una reverencia, se alejaron en silencio uno al lado de otro, sin intercambiar ninguna palabra y ello se debía a que sus palabras estaban siendo tremendamente analizadas por ambos, pero aún así, conocía que ambos ocupaban un dejo de aliento que les impulsara, la mayoría de los santos se apoyaban en Saga y Aioros como sus líderes, porque para ellos eran aptos para ese puesto ya que habían fungido como hermanos mayores desde su juventud, pero sabía que tanto géminis como sagitario se apoyaban en él y era por ello que a pesar del dolor que sentía por la muerte de Dokho, no podía derrumbarse, ni tampoco cobrar venganza contra Cronos.
-Saga, Aioros. – Les llamo deteniéndolos a ambos en la puerta que rápidamente se giraron hacia él. – A pesar que sus compañeros han crecido y se han vuelto en fieros y valerosos guerreros, la gran mayoría de ellos por no decir que todos, ve en ustedes a un prototipo de héroes, por ello no pueden permitirse caer en esta guerra, ninguno de los dos. – Aioros asintió en silencio conteniendo con dificultad las lagrimas, mientras Saga dejo escapar un ligero "si" al ver la ausencia de las palabras de Aioros. – Estoy muy orgulloso de ambos, hijos míos.
…
-¡¿Qué hiciste qué?! – El rugido de sorpresa de Aioria destrozo la tranquilidad del lugar, lo que le arranco una carcajada de sorpresa a Milo que reía divertido ante la cara del león dorado, mientras Camus le miraba fríamente, pero con un dejo de sorpresa en sus ojos que solo el octavo guardián pudo distinguir. - ¡Puedes darte por castrado alacrán! – Rio de buena gana el león.
-Solo fue un beso, ya sabes algo así como un intercambio de venenos pero más personal. –Se carcajeo Milo, alzo sus brazos y lo puso detrás de su cabeza, mientras miraba el techo de escorpión donde había citado a Camus y Aioria. – Además ella también lo disfruto.
-También va a disfrutar dejarte sin descendencia idiota. – Se burlo Aioria, mientras Camus reprendía a los dos con la mirada.
-¿Y cuál es la finalidad? – La voz frívola de Camus, ocasiono que ambos dejaran de reírse pues el francés no aprobaba del todo que su amigo estuviera jugando con la amazona de la cobra. – Porque ese interés no es habitual en ti.
-Pues… - Dudo Milo por unos segundos, mirando entretenidamente el cielo del octavo templo, mientras pensaba en aquella linda chica peliverde. – Es muy linda, eso no puedo negarlo. Seiya fue un miope por no decir que un idiota al rechazar a alguien del calibre de Shaina.
-Me huele amor. – Se carcajeo Aioria, pero tuvo que agacharse para evitar que un cojín lanzado ágilmente por el escorpión impactara en su rostro, mientras Camus permanecía en silencio, mirando fijamente a su amigo. - ¡Milo no sabía que te gustara que te pegaran! ¡Sabia que te gustaba que te trataran mal pero acaso no te basto con Camus! – Volvió a burlarse ganándose esta vez la mirada asesina de ambos caballeros de oro.
-Vuelve a bromear con eso y tu culo saldrá congelado y perforado de Escorpión. – Amenazo fríamente Milo. Pero rápidamente se relajo cuando volvió a centrarse en el tema de aquella reunión.
-Vamos Milo ¿Qué quieres con la cobrita? – Insinuó Aioria llevándose a los labios la copa de vino tinto que estaba sobre la mesa y dio un ligero sorbo. – No te perdonara que juegues solo con ella, no como lo has hecho con cientos de doncellas.
-Me levantas falsos. – Bromeo tranquilamente Milo acomodándose en el sillón. – Digamos que solo la orillo haber hasta donde sede su feminismo y cae loca por mí, pero eso es inevitable.
-Sigues siendo un inmaduro, no deberías jugar con los sentimientos de ella. – Camus negó con desaprobación y se levanto para retirarse pero la mano del griego peli azul le detuvo.
-¿A dónde vas? – Milo le soltó cuando vio la fría mirada de su amigo, que le reprendió duramente con la mirada. – Vamos Camus, no te pongas así.
-Sabes de sobra que no apruebo que se le falte el respeto a una mujer. –
-Qué propio. – Rio alegre Aioria empinándose el último trago, pero una mirada severa de acuario, bajo la temperatura y congelo la copa a los labios de leo que soltó un gruñido de disgusto y elevo su cosmos para lograr despegársela.
-No puedes irte. – Camus alzo una ceja ante el infantil semblante de su amigo. - ¿Vas a dejar que el zopenco de Aioria me de consejos? Necesito de tu sabiduría mi amigo. – Milo sonrió ampliamente para intentar convencer al francés, que se detuvo y reflexiono acerca de ello.
-¿Qué? – Dijo el aludido con sorpresa, viendo como Camus volvia a sentarse dándole la razón a Milo. – Yo puedo dar muy buenos consejos.
-Lo dice quien tardo toda una vida para declarársele a Marín. – Se burlo el escorpión dorado ganándose una pequeña descarga eléctrica por parte de Aioria. – ¡Auch! ¡Maldito gato!
-¡Cállate bicho prepuberto! – Contraataco Aioria.
-¡Te pasaste! ¡No lo soy! – Milo se le arrogo animadamente a Aioria, ambos volcaron el sillón hacia atrás e intercambiaron unos cuantos golpes amistosos, mientras rodaban por el suelo, pero de repente la mano fría de Camus halo a Milo por la capa y le hizo sentarse.
-Lo eres, aún no has madurado. – Camus se giro dejando tirado a Aioria, que continuaba riéndose, apretándose el estomago.
-¿Tú de qué lado estas? – Gruño Milo jalando su capa para que Camus la soltara, pero el escorpión vio un dejo de diversión en el galo, por lo que le saco la lengua y aparento un puchero. Pero como respuesta solo tuvo una mirada llena de enfado por parte de su mejor amigo.
-Ya Milo, hablando enserio me vas a negar que Shaina te gusta. – Aioria se incorporo, sobándose la cabeza mientras sonreía ampliamente.
-A ti que te importa. – Contesto. – Si tu, siempre negabas que te gustara Marín. – Pero aquel cambio de carácter en el escorpión le demostró tanto a acuario como leo que el griego era muy probable que sintiera algo por la italiana. – Camus como te decía, antes de que llegara la gata de chismosa, necesito tu ayuda.
-¿Para? – Camus se cruzo de brazos frente a él y alzo una ceja inquisidoramente.
-Milo estas… -
-Cállate gato. – Milo volvió a tomar a Aioria del cuello con tal de hacerlo que guardara silencio.
Aioria dejándose caer en el sillón en la espera de que el escorpión dorado le soltara, sus ojos observaron como Camus volvió a su antiguo lugar, cruzo sus brazos sobre su pecho y cerro sus ojos, arrugando ligeramente el entrecejo. – Oye Camus. – El francés abrió los ojos y le miro. – Ahora si tienes que ponerte celoso, te bajaron a Milo.
El galo no respondió absolutamente nada, simplemente su cosmos se desplego causando una ola helada que inundo todo escorpión y congelo el cuerpo de Aioria, a excepción de la cabeza, mientras una sutil sonrisa se dibujaba en los labios del francés, que miro complacido como Aioria dejo escapar un grito de sorpresa al sentir la corriente helada congelar su entrepierna y comenzó a tiritar de frio.
-Es…esto… no… es … gra…gracio…so, Ca…mus. –
-Te lo advertí. – Repuso Milo soltando su agarre y se sacudía la escarcha de su brazo, aunque no lo admitiera abiertamente había comenzado a sentir algo por Shaina, sabía que Camus sospechaba algo pero era tan noble que no le insistiera en confesar algo que aun no estaba listo para decir, lo cual le agradecía por montones al galo, sin embargo el asunto con Aioria era muy diferente, el guardián de Leo se estaba vengando de todas las que él le había hecho desde que se entero de que Aioria amaba a Marín.
-Me voy. – Menciono tranquilamente Camus incorporándose del sillón y dirigiéndose a la salida.
-¡Cam te espero hoy en la noche en el lugar de siempre! – Miro sobre su hombro a su amigo asentir débilmente, sus miradas azules chocaron unos segundos y Camus continuo su camino.
-Eso se escucho muy comprometedor. – Refuto Aioria intentando contenerse la risa, mientras rompía los trozos de hielo que apresaban sus manos. Su compatriota peli azul negó divertidamente, mientras sacaba su aguijón de su mano izquierda.
-Aguja escarlata. – Susurro despacio, tres haces rojizos golpearon las manos de Aioria entumiéndoselas, mientras Milo se levantaba del asiento dispuesto a irse a dar un baño, dejando tirado a Aioria. – En cuanto recuperes tu movilidad, lárgate a tu casa gato o en todo caso grita hasta que Shaka o tu hermano vengan a recogerte.
-¡Milo! ¡No puedes dejarme así! – Se sacudió frenéticamente, pero lo único que logro fue rodar por el suelo, mientras sentía sus manos entumidas y la mitad de su tronco aun continuaba congelado, miro al octavo guardián salir de su cuarto con su toalla echada al hombro. - ¡Te voy a freír alacrán! ¡En cuanto me libere te electrocutare, maldito bicho!
-Si continúas así, lo único que harás será trapearme con tu cuerpo el suelo de escorpión. – Rio alegremente Milo cerrando la puerta en las narices de Aioria que había detenido su incesantes sacudidas al escuchar su última frase, así que al final lo único que resonó en el octavo templo fue la risa alegre de Milo
…
-Dailos. – Susurro una cálida voz dentro de Cancer, pero tanto Mascara de la muerte como Afrodita que descansaban después de un arduo entrenamiento en la sala del cuarto templo alcanzaron a percibir, Afrodita levanto la cabeza que tenia recargada en el respaldo del sillón, mientras Mascara se sentó en el sillón en el que estaba recostado.
-¿Qué ha sido eso? – Afrodita inquirió a su amigo, levanto una ceja y le indico con una mirada que fuera a ver.
-Dailos. – Se volvió a escuchar el suave susurro, pero esta vez alcanzaron a percibir las suaves pisadas del intruso en cáncer. – Dailos.
-¿Qué esperas? – Le apresuro Afrodita. – Este es tu templo, no saldré a defenderle yo.
-Relájate florecita, si fuese un enemigo no entraría susurrando, ellos nunca hablan por lo bajo en general llegan gritando lo fuerte que son. – Se levanto de mala gana, lanzándole un cojín a su amigo, que continuo sentado, se acomodo el cabello y estiro un poco su ropa de entrenamiento y camino desganado por el pasillo.
-Dailos ¿Qué haces aquí? He estado como loca buscándote por todo el santuario. – Aquello le llamo la atención, alzo una ceja con curiosidad y se acerco cautelosamente por detrás de una pilastra para poder observar al intruso, que claramente era una mujer por el suave tono de su voz.
-Hermana, ¿Qué haces tú aquí? Mi maestro no va a permitirte el vivir aquí… tienes que irte. – Escucho a su alumno responderle, asomo su vista azulada pudiendo distinguir a una joven arrodillada de cabellera rojiza que le daba la espalda a él y tenia frente a ella a Dailos tomado de los antebrazos sacudiéndolo con dulzura, llevaba un vestido blanquecino atado a la cintura y unas sandalias que se amarraban hasta su pantorrilla de color cobre, por lo que descubrió que aquella chica era una doncella al servicio de su diosa.
-¿Cómo que tu maestro? Dailos no, no, no. ¿Sabes en que casa estas? Es cáncer. – Aunque la chica hablaba en susurros podía distinguir el tono alarmado y preocupado en su tenue voz. – El cuarto templo pertenece a Mascara de la muerte y él… tenemos que irnos ahora. – La chica se levanto y halo a su hermano por un brazo pero el niño opuso una férrea resistencia.
-No. – El chico zafo el brazo del agarre de su hermano y retrocedió unos cuantos pasos. – Quiero ser un santo dorado en un futuro y nadie en las barracas podrá prepararme para eso. Mi maestro él…
-Dailos. – Salió detrás de la pilastra sobresaltando no solo a su alumno si no también a la doncella que brinco asustada y se interpuso entre él y su alumno, escondiendo al niño detrás de ella. Pero no solo el semblante de terror que se dibujo en su rostro llamo su atención si no unos profundos ojos azules que realzaban más su piel blanquecina como si fuese una tersa perla y su cabello rojizo que caía hasta su pecho.
-Por favor déjame llevármelo, es tan solo un niño, por favor. – Suplico la chica mientras retrocedía asustada y estiraba su mano para indicarle que se detuviera, pero Mascara de la muerte sonrió mordazmente, al percibir que aun tenia aquel toque de aterrorizar a las personas, lo que posiblemente asusto más a la chica.
-Hermana suéltame. – El niño logro zafarse y corrió hacia donde Mascara de la muerte le esperaba.
-¡Dailos! – La chica tuvo intenciones de ir tras él pero se detuvo al ver como su hermano se puso detrás del caballero dorado de la cuarta casa. – Es tan solo un niño, le jure a mis padres que le protegería de cualquier peligro y…
-Yo y mis compañeros éramos más jóvenes cuando iniciamos nuestro entrenamiento para santos, incluso a su edad algunos ya habían conseguido la armadura. – Mascara se acerco tranquilamente a la joven que tembló. – Dailos – Llamo a su alumno.
-¿Si maestro? – El joven salió a su lado y le miro con cierto temor.
-¿Ella es tu hermana? – Dailos asintió y Mascara se llevo ambos brazos hacia la nuca, entrelazando sus manos por detrás de su cabeza. - ¿Quieres irte con ella? – Los ojos azules de la chica se abrieron ante la sorpresa mientras el niño a su lado negó.
-¡No quiero maestro! ¡De verdad deseo convertirme en un santo dorado! ¡Quiero proteger a mi hermana y a todas las personas a mí alrededor! Por favor maestro no me eche… - Aquello el niño lo dijo en un débil susurro, la pelirroja hizo intento de acercársele pero se detuvo, Mascara la miro de soslayo y se agacho hasta quedar al nivel de su alumno, le tomo por el hombro y le sacudió un poco.
-He enano… - Le sonrió cuando los ojos del pequeño le miraron. – Ella solo se está preocupando por ti, después de todo la casa de cáncer siempre ha pertenecido a asesinos. – Soltó con algo de dureza, el niño agacho el rostro y cerro sus ojos con fuerza. – Pero si tú quieres puedes cambiar eso, como aprendiz y santo siempre debes tomar decisiones y el ser mi alumno depende solo de ti.
-¡Dailos! – Su hermana tomo valor y se acerco hasta ellos, tomo a su hermano por los brazos y se arrodillo frente a él. - ¡Dailos por Athena mírame! ¿Estás seguro de hacer esto hermano? ¡Yo prometo cuidarte, lo juro, nada malo nos ocurrirá te lo prometo no es necesario que te conviertas en un santo… - El niño se zafo de los brazos de su hermana y retrocedió unos cuantos pasos hasta donde Mascara le esperaba ya de pie. – Dailos. – Murmuro.
-Lucia, hermana quiero protegerte, el otro día casi te hieren por mí, quiero ser fuerte y ayudarte. – El niño corrió y se abrazo a la cintura de su hermana que le cubrió con sus brazos, mientras sus ojos azules marinos chocaban contra los del italiano.
-Dailos. – El joven regreso con suavidad la mirada hacia su hermana pequeño lo abrazo con ternura.
-Dailos. – Mascara se cruzo de brazos y maldijo mentalmente a Mu, a los gemelos y Aldebarán por permitirle a la doncella subir hasta cáncer. – No pretendo alejarte de ella, tu hermana puede venir a visitarte cuando quiera. – Mascara se giro dispuesto a regresar a la parte privada del cuarto templo. "Dudo que se atreva" pensó para si mismo.
-Maestro… - Susurro Dailos viendo la espalda de su maestro, introducirse en las tinieblas de cáncer.
-Muchas gracias. – Escucho el suave susurro de la joven.
Entro en la parte privada de su templo y miro a Afrodita recargado en la pared, tenía los ojos cerrados y tenía en su mano una rosa roja que olía con fervor, pero cuando el santo de piscis se percato de su presencia abrió los ojos y le lanzo una mirada afilada.
-¿Por qué permitiste que continuara viendo a su hermana? Tu maestro la hubiese matado a penas mencionara la razón por la que estaba aquí. – Afrodita descruzo sus brazos y camino hasta él.
-¿Acaso el veneno te llego al cerebro? – Menciono enfurecido el italiano y es que para él era imposible enojarse cada vez que le recordaban al santo de cáncer pasado.
-No tienes porque ponerte así, ha sido solo una pregunta, pero veo que ese encuentro te dejo algo sentimental. – Contraataco el pisciano dirigiéndose hacia la salida.
-Es su hermana, en un futuro ella podría hacerlo entrar en razón y mantenerlo en el camino del bien. – Mascara se dejo caer con pereza en su sillón y se costo mirando el techo oscurecido de Cáncer. – No quiero que ningún santo de mi constelación sea como yo o como mi antecesor y el hecho de que Dailos tenga a alguien cercano e importante para él le hará ver que la fuerza no es la justicia absoluta.
-Tú no eres como tu maestro Mascara y sé que forjaras un alumno admirable. – Menciono Afrodita, mientras pensaba en lo mucho en que su amigo había cambiado desde las 12 casas Mascara de la muerte no era el mismo asesino a sangre fría y desde la guerra santa el italiano había mostrado al caballero que se mantuvo oculto por los 13 años del reinado de Ares.
-¿Cómo puedes decir eso? – Espeto el italiano con frustración cubriéndose el rostro con un cojín.
-Porque si volvemos a morir mi amigo, no caerás de la misma forma que el maldito de tu maestro. – Afrodita se recargo unos segundos en el marco de la puerta y miro hacia el salón de batallas de cáncer que mostraba impecablemente limpias sus paredes que por años estuvieron cubiertas de la vergüenza del verdugo y la sangre de las víctimas. – Además se de sobra que la maleza puede permitir crecer los mejores frutos de la tierra, protegiéndoles.
El sueco miro a su amigo una vez más y salió de la parte privada de cáncer. Al tiempo que Mascara de la muerte se quitaba el cojín del rostro y miraba sorprendido como su amigo se alejaba, tal vez tanto él como el santo de piscis habían cometido innumerables errores, pero de que estaban aprovechando la nueva vida que Athena les había dado para redimirse lo estaban haciendo
….
La noche había cubierto todo el manto celestial y la penumbra invadido cualquier parte de la tierra que ahora se encontraba en completo silencio a causa del poder de Cronos que detuvo la vida en la tierra, congelando a todos sus habitantes en el tiempo; sin embargo una fracción muy pequeña de ella se encontraba alumbrada y proporcionaba una llama de esperanza. Las barracas del santuario estaban rebosantes de sus protectores, aún así las doce casas se encontraban sumidas en la más completa oscuridad y el silencio perduraba por sus pasillos, ya que sus guardianes se encontraban ante su diosa.
La sala patriarcal estaba iluminada por una docena de candelabros que iluminaban las paredes rugosas y grisáceas del recinto, proporcionando no solo luz si no una amigable calidez para aquella fría noche griega, los doce santos dorados estaban apostados a los lados de un pasillo recubierto por una alfombra rojiza, sus primeros 6 guardianes desde Aries hasta Virgo se encontraban de lado derecho mientras a su lado izquierdo solo se encontraban desde escorpión hasta piscis y supliendo el lugar de Dokho se encontraba Kanon, al fondo de la habitación justo donde la alfombra terminaba y se encontraba el trono donde Athena estaba sentada meditabunda y a su lado el patriarca se mantenía sereno a pesar de las adversidades que ya se habían enfrentado.
-Buenas noches mis santos agradezco que hayan acudido a mi llamado. – Athena se levanto del trono, sus cabellos lilas rodaron por sus hombros hasta su espalda, sus ojos azules recorrieron con pasividad los rostros de sus guardianes, al tiempo que dejaba caer sus manos a los lados de su cuerpo. – Esta batalla debe de llegar a su fin antes de que cobre más vidas. Los demás dioses han tomado la decisión de intervenir pero necesitan de ustedes, ellos reconocen el cosmos que corre por sus venas y la fuerza que arrogan con sus puños. Necesito a 6 de ustedes.
Las miradas entre los doce se intercambiaron rápidamente, a pesar de que aún no conocían de que trataría aquella misión, ni a quien se enfrentarían sus corazones les demandan el luchar para poder vengar al antiguo maestro de Libra, su cosmos rugía en su interior para poder salir y destrozar a su enemigo y de esa forma disminuir el dolor que sentían ante la pérdida del sexto guardián.
-Necesito que 4 de ustedes acompañen a Artemisa al inframundo, pues necesitamos deshacernos de dioses que impidan el camino para volver a encerrar a los titanes y tanto Persefone como Ares han intervenido. – Athena se acerco plausiblemente a sus santos, sabia a la perfección que cualquiera de ellos moriría por ir al inframundo y derrotar a sus enemigos, mermar las líneas de los titanes y los dioses enemigos hasta el grado de que ellos pudieran enfrentarles y hacerles ver la fuerza de un santo dorado.
Pero cuando dirigió su vista a Mu supo al instante que ninguno de ellos debía ir, tenia un discípulo y que le dejaran para ir al inframundo significaba un trauma para él, pues en aquel lugar Kiki había perdido a Mu, entonces dirigió sus ojos a los gemelos que se mantenían indiferentes a aquella situación.
-Quiero mandar a cuatro de ustedes porque hay dos jueces del infierno esperándoles y una docena de espectros protegiendo a Persefone, si llegase a ocurrir alguna eventualidad deseo que haya otro santo dorado, pues nuestra última pelea nos demostró que el numero de santos que vayan si importa. – Sus ojos azules contemplaron al resto de sus guerreros en espera de que dijera los 4 nombres que irían al inframundo.
-Aldebarán, Mascara de la muerte, Milo y Aioros serán los encargados, recuerden que tienen que acabar con todos los espectros, Triptolemos y Radamanthys. – Completo en un suspiro. – Acompañaran a Artemisa y ayudaran a sus ángeles.
-¡Excelente Athena! Al final voy a poder vengarme de ese cejudo. – Celebro Milo desde su lugar, lo que le saco una pequeña sonrisa. – Te vas a quedar Aioria. – Se burlo el escorpión dorado.
-¿Y quien dijo que tú te enfrentarías a Radamanthys, Milo? – Cuestiono divertido Aioros, poniéndose las manos a la cintura y saliendo a la defensa de su hermanito.
-Cuando dijeron su nombre Athena me miro a mi. – Sonrió gustoso Milo pero Kanon le golpeo bromista la nuca.
-Fue una mirada de lastima, ya que no tenía a nadie más apto para mandar con nosotros. – Corrigió Mascara con una sonrisa sarcástica y esperando la contestación de los demás que no tardo en llegar.
-¡Hey! ¿Qué quieres decir? – Aioria gruño, apuntando con un dedo amenazador al italiano.
-Lo que oíste, gato. –Kanon se unió a la trifulca. Tanto Athena como Shion miraban aquellas discusiones amistosas como un avance en la unión de su orden dorada, pues de otra forma tanto Mascara de la muerte como Aioria ya se estarían atacando a morir. Levanto una mano para indicarles que continuaría con la reunión y rápidamente el silencio y el orden retorno a sus guerreros.
-Antes de ir a por Ares deseo poner fin a Febe, la titanide que libero los poderes de sus hermanos, para ello ocupo que dos de ustedes me acompañen y creo que Saga y Shaka serán suficientes. Espero que los demás resguarden los templos y corrijan cualquier eventualidad que ocurra cerca del santuario. – Los ojos azules de Athena recorrieron los semblantes de sus guardianes de Aries, Leo, Acuario y Piscis que asintieron al tiempo que los ojos del guardián y los de su diosa se encontraban.
-Pueden retirarse. – Shion ordeno, los santos dorados hicieron una última reverencia hacia la joven griega que les respondió con una sincera sonrisa y un asentimiento, cuando los 12 la observaron salieron, algunos meditabundos, otros continuaron bromeando entre ellos. Sus ojos se fijaron en la intranquilidad de su diosa, que se mantenía mirándoles alejarse y salir por aquella puerta, vio como la pelilila se mordía el labio inferior y se llevaba una mano empuñada sobre su pecho.
-Le aseguro que ellos estarán bien, han tenido un férreo entrenamiento desde jóvenes, los límites de su cosmos pueden superar a los de un dios y sus golpes pueden destruir a un titán. – Shion se coloca a su lado y miro como Aioros y Saga eran los últimos en salir como cubriendo la retaguardia a sus compañeros, sintió la mirada de Saori sobre él y se giro para ver como Athena tenía sus ojos enrojecidos mientras luchaba para contener las lagrimas.
-No quiero perderles Shion, ya no soportaría perder a nadie más, no sabes el miedo que tengo cada vez que miro esa puerta y me pregunto si será la última vez que les vuelva a ver. – Sintió como los brazos del patriarca la rodearon y le permitió esconder el rostro en su pecho, mientras gruesas lágrimas cristalinas abandonaban los ojos azules de Athena, algunos débiles gemidos escapaban de su garganta. – Shion perdóname…. Lo de Dokho… yo lo siento… debí hacer algo y ahora sé que estas sufriendo internamente y que no te permites derrumbarte por los muchachos, porque necesitan de alguien que les guie y… - Shion sintió como la joven Athena se aferro fuertemente a sus vestiduras, mientras la escuchaba llorar y revelar sus sentimientos, la tomo dulcemente y acaricio su largo cabello paternalmente.
-Athena, no necesita disculparse por lo que paso, yo comprendo perfectamente las circunstancias en las que estuvo y los sacrificios que eran necesarios tomar. Dokho se sentiría mal si la viese llorar por él. – Guardo silencio pues su voz estuvo a punto de traicionarle y quebrarse, al tiempo que sentía que un nudo se formaba en su garganta y sus emociones se arremolinaban dentro de él, sin embargo logro controlarse aun le era difícil hablar de su mejor amigo y que algo tan funesto viniese a su mente, pues los recuerdos llenos de nostalgia le embargaban.
-Shion yo también lo comprendo, pero no por ello deja de dolerme. ¡Quería que vivieran tranquilamente se los debo a ellos pero tú y Dokho han sacrificado tanto por mí, me han sido fieles por tanto tiempo que ver como el destino me los vuelve a arrebatar frustra tremendamente mis deseos hacia ustedes y la única forma que tengo para reconfórtales. – Shion la tomo por los hombros y la separo de él, dibujo una sincera sonrisa en sus labios y limpio con su dedo índice las lagrimas perlinas que se asomaban por aquellos hermosos zafiros.
-Athena usted cree que fue un sacrificio esos 243 años después de la guerra santa del siglo XVIII pero nos otorgo tanto a Dokho como a mí la posibilidad de volverla a ver y no solo eso sino que nos permitió forjar a la generación que destruiría a Hades y su reino, otorgándoles descanso a las almas de nuestros antepasados y las de mis compañeros. – Shion volvió a abrazar a la deidad, volviendo acariciar el terso cabello lila de Saori pero en esta ocasión planto un suave beso en su cabeza. – Jamás derrame lagrimas por nosotros, se que Dokho preferiría verla sonriendo antes de que llorara por él, siempre que piense en mi mejor amigo, hágalo con calidez y amor, no permita que la tristeza la venza a usted. Permítame acompañarla hasta su dormitorio mi diosa debe descansar.
Athena asintió débilmente y mostro una sutil sonrisa a Shion que le miro paternalmente. El patriarca le hizo una señal para que le siguiera por los pasillos que conducían a su templo, pero a pesar del silencio y de la oscuridad que había podía sentir la calidez del espíritu de Shion y como tornaba aquella incomodidad por la ausencia de las palabras en una estancia agradable, cuando llegaron hasta la puerta de su habitación, el ariano mayor abrió amablemente la puerta y le sonrió.
-Mi diosa Athena se que usted no tiene una fecha de cumpleaños pero hace 16 años usted llego a los pies de su propia estatua como ha estado predicho desde tiempos mitológicos y hoy primero de septiembre se cumple un aniversario más de cuando volví a verla después de 243 años, permítame entregarle un regalo. – Shion saco una cajita negra de su túnica y observo los ojos emocionados de su diosa, que parecieron centellar ante aquella sorpresa por parte de su patriarca, pues ella sabía que los únicos enterados de su verdadero cumpleaños eran los santos de bronce de ahí en más nadie conocía que aquel nuevo día a las puertas de la medianoche ella cumplía años como mortal. – Jamás olvidaría este día, cuando volví a contemplarla después de nuestra despedida tan abrupta, Athena permítame entregarle esto.
-Shion abrió la cajita, mirando como Saori la observaba emocionada y daba unos ligeros brinquitos ante aquel obsequio, en el interior de esta se encontraba una pulsera de oro, pero llevaba justamente trece dijes que semejaban a las doce constelaciones que la protegían con ferocidad, desde Aries hasta Piscis representadas por sus signos zodiacales pero en medio de estas surgía un dije un poco más grande que era un diminuto Nike donde llevaba un hermoso diamante. Saori la tomo suavemente entre sus dedos cuando Shion se la extendió y la analizo en la palma de su mano, observando asombrada los finos detalles de aquel obsequio, no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas, pero sin embargo esta vez sus labios se curvaron en una sonrisa.
-Shion… esto es hermoso. – Le devolvió la pulsera al patriarca y puso su mano para que se la abrochara a la muñeca. - ¿Cómo lo supiste? – Sus orbes azules siguieron a las de Shion.
-Athena ya se lo dije, jamás olvidaría el día en que volví a verla. – Shion tuvo que ponerse firme porque en ese momento Athena le brinco al cuello, dándole un fuerte abrazo y agradeciéndole todo lo que había hecho por ella, Shion no era solo su patriarca, o la sombra que siempre había cuidado y esperado su llegada, era como un padre para ella, uno que jamás había tenido.
…
Su vista azul estaba clavada en la luna, miraba aquel astro con detenimiento, contemplando cada cráter que se había formado en su contorno como una forma caprichosa a cada embate que había recibido y la luz zarca que la rodeaba aquella media noche que bañaba el balcón donde él se encontraba parado. Y sonrió tristemente al pensar la similitud que Artemisa tenia con su astro protector, pues desde la muerte de Orión, la luna velaba la pasión escondida de los amantes como su fiel protectora, sin embargo no dejaba de representar aquella melancolía que se visualizaba en los ojos ambarinos de su hija.
Zeus camino unos cuantos pasos pero se detuvo apoyando su mano sobre el balcón al sentir un fuerte mareo a causa de los poderes de los que había sido desprendido por su padre y que a pesar de llevar la sangre del dios principal del Olimpo aun no había podido recuperarse por completo.
-Te aún te vez mal… - Reconoció al instante aquella voz melodiosa y se giro lentamente para encontrarse con Mnemosine de pie, a su vista no escapo que la titanide llevaba en sus manos una vasija de color negro que llevaba impactado en su exterior una flama pintada de oro y arriba de llevaba marcado en un griego antiguo el nombre de Gea. – Jamás pensé que ellos recordarían lo ocurrido en la edad del mito.
-Sabes muy bien que la capacidad mental de tus hermanos va más allá que el entendimiento de un dios. – Contesto Zeus acercándose a paso lento hasta la titanide, que soltó una de las orejas de aquella urna para acariciar el rostro del dios y plantar un delicado beso en los labios de este.
-Esta guerra debe parar antes de que cobre más vidas, pero conozco a mis hermanos y se de sobra que ellos no se detendrán hasta acabar con todo y tener a los dioses bajo su yugo. – Mnemosine se alejo unos cuantos pasos de él y deposito la urna en el suelo. – Entrégasela a Athena pronto la necesitara, el fin de esta guerra está más cerca de lo que piensan. – Y sin más la titanide volvió a desaparecer.
….
Camus se encontraba leyendo un libro en la biblioteca de Acuario, aprovechando los rayos solares que se filtraban a través de la ventana, cuando sintió que una presencia entraba a su templo intentando esconder su propio cosmos, suspiro con cansancio y deposito el libro que hacía unos segundos le entretenía sobre el escritorio frente a él, recorrió la silla donde se hallaba sentado hacia atrás diplomáticamente y se levanto. Avanzo desde la estancia privada del onceavo templo hasta el salón de batallas con calma, pues aquella presencia se había detenido justo en aquel salón que presencio miles de batallas de sus dueños por siglos.
Afilo su mirada al observar que la figura estaba detenida justo a la mitad y le daba la espalda, llevaba puesta una capucha que ocultaba quien era, pero cuando avanzo los primeros pasos y su cosmos elevado inundo el lugar congelando las paredes del onceavo templo, la figura frente a él comenzó a darse vuelta hacia él.
-Es un placer encontrarte Camus de Acuario. – La figura esbelta frente a él se viro completamente y una voz femenina abandonaron los labios del intruso, una mano blanquecina se asomo por una de las mangas de la capucha y bajo el gorro que cubría su rostro, Camus se mantuvo impávido ante la persona frente a él, cuando miro aquellos serenos ojos azules cielo que le miraban con fijeza y aquel delicado cabello lacio color peli verde que cayó sobre el hombro izquierdo de la deidad.
-Diosa Anfitrite, a que debo el honor de su visita. – Camus hizo una ligera inclinación de respeto hacia la aliada de su diosa, mientras la emperatriz de los mares regresaba este gesto.
-Necesito de tu ayuda santo, pues dentro de poco marchare con los generales marinos de mi emperador a la batalla contra Océano y necesito de tu valerosa ayuda. – Camus le miro gélidamente sin mostrar ninguna emoción en su rostro a pesar del desconcierto y la inquietud que le causaba esa petición. – No quiero comprometerte en ningún problema con Athena, simplemente vengo a pedirte un favor, santo.
-Le escucho. –Fueron las únicas palabras que escaparon a los labios fríos del galo, que disminuyo su cosmos sintiendo como la temperatura de la onceava casa comenzaba a aumentar.
-Como te mencionaba, iré a vengar a mi esposo y tengo entendido que tú fuiste el maestro de Isaac de Kraken, quisiera pedirte que le entrenes una vez más, pues mi fiel guerrero necesita perfeccionar sus técnicas para enfrentar a Océano y tu eres el candidato para algo como aquello. – Anfitrite se acerco al mago de los hielos que le miraba con sosiego. – No tienes ningún motivo para ayudarme u obedecerme, lo sé santo, pero no te lo pido como deidad si no como una amiga que se preocupa por sus guerreros, es muy probable que Isaac sea el candidato más apto para parar los ataques de Océano y si él no llegase a tener la capacidad, no quiero ni siquiera pensar en las consecuencia de aquello.
-Isaac no es un santo más de Athena. – Repuso fríamente Camus.
-Te lo pido acuario, debes ayudarlo de otra forma no podría cumplir con la voluntad de mi esposo, que es mantener a los generales marinos con vida, entiendo el que te niegues porque Isaac de Kraken abandono las líneas de Athena para convertirse en una marino, pero tú también debes entender que Poseidón salvo su vida y por ello el también le guarda fidelidad. Camus de Acuario ya le dejaste morir casi una vez, no permitas que esta vez vuelva a ocurrir, sin el poder de su dios tras ellos, sus poderes se ven disminuidos.
-Entonces ¿Por qué les llevas a una batalla sin sentido? – Camus contesto. – Si sabes que las consecuencias de algo como aquello solo resultaría en la perdida de tus 7 generales marinos.
-Porque Poseidón dejo una brecha para derrotar a Océano, su sacrificio no ha sido en vano. – Anfitrite puso su mano en el rostro de Camus e inmediatamente el santo de acuario vio como los ojos de la deidad marina se pusieron completamente azules y lo siguiente que sintió fue como si una ola le revolcase pues un mareo tremendo le sobrevino, mientras a su mente acudieron algunas de las imágenes de la batalla ocurrida en el monte Parnaso y después Anfitrite le mostro el plan que Poseidón había formado para sus 7 generales marinos e incluyendo entre ellos a Kanon, retrocedió unos cuantos pasos alejándose de la deidad y de aquellas imágenes que revolotearon aun en su mente. - ¿Ahora me crees santo?
Camus no respondió al instante pero asintió, pues aun podía sentir aquel tipo de descarga psíquica que la deidad había utilizado en él para mostrarle los últimos deseos de Poseidón y lo que el emperador de los mares había ocasionado en Océano, sacudió su cabeza para alejarse de las imágenes que aun persistían en su mente y miro a la peli verde que se mantenía serena.
-Jamás he dicho que no le crea, ni tampoco me he negado a entrenar a mi alumno, Isaac puede pertenecer al dios que quiera pero eso jamás impedirá que me preocupe por él. – Camus acoto bruscamente, mientras Anfitrite sonreía.
-Lamento haber actuado de esa forma Camus, pero pensé que te estabas negando ya que en tu rostro no se puede visualizar ninguna de tus expresiones o lo que estas pensando. ¿Te encuentras bien? – Anfitrite le miro preocupada, pues había usado súbitamente una explosión de cosmos en el cerebro del santo para mostrarle algo como aquello sin previo aviso, por lo que muy posiblemente tomo al maestro de Isaac desprevenido, hiriendolo.
-Me encuentro bien no se preocupe. – Camus respiro profundamente y le miro. – Aun cuando ayude a Isaac a perfeccionar las técnicas que le enseñe en su juventud, el plazo que marco Poseidón es muy corto por lo que necesito entrenar con mi alumno en la brevedad posible antes de que marchen.
-Lo entiendo y te estoy enormemente agradecida. – Refuto la diosa haciendo una inclinación de respeto y gratitud hacia el santo. – Agradezco tu ayuda.
-Sin embargo diosa Anfitrite, el hecho de que le preste mi ayuda no significa que Kanon vuelva a hacerlo, ni que el vuelva a portar la armadura de Dragón Marino, Kanon de géminis es un santo dorado.
-Yo le entiendo, pero de la misma forma en que tú te preocupas por Isaac se que Kanon lo hace por el resto de mis guerreros, pues él fue el maestro de todos ellos. – Anfitrite se despidió educadamente de Camus y abandono la sala de batallas de acuario dejando demasiado pensativo a su guardián, si lo que la diosa Anfitrite le había mostrado era cierto, había una posibilidad de vencer a Océano.
…
Se removía incomodo en su propia cama, se sacudió el cabello para medio despertarse y se froto los ojos con frustración, se levanto mal humorado de la cama y arrogo la almohada hacia la pared. Tenía que terminar con todas las ideas que daban vuelta en su cabeza y una de ellas desde que había vuelto a la vida era; Saga. Desde que había solucionado sus problemas con Shura por la muerte de Aioros, Saga había sido el punto inicial de su furia contenida, pues si bien el santo de capricornio le obedeció creyendo que era el patriarca, Aioria culpaba a Saga por dejarse manipular por Ares, eso era imposible, el santo de leo le acusaba por jamás haber alzado la voz para pedir ayuda a tiempo. Si el gemelo mayor se lo hubiese dicho a Shion, Aioros o incluso Shura, estaba seguro que aquellos trece años, la batalla de las doce casas y el tramo de la guerra santa del santuario no hubiesen ocurrido.
Se metió a la ducha con aquellos pensamientos y sintiendo que todo el estrés de la guerra lo estaba canalizando hacia Saga y él se conocía a si mismo que si no solucionaba ese problema posiblemente reaccionaria de una forma impulsiva, una que no le dejaba pensar con claridad por lo que cuando cerro las llaves del agua se propuso ir en busca de Saga para ello debía de cerciorarse que Kanon no estuviera en géminis, que Aioros no se acercara a Leo o en busca del gemelo mayor y que por obvias razones Milo y Shaka se quedaran en sus casas y no fueran de metiches a leo por la alteración que se podía percibir en su propio cosmos.
Así que se vistió a la brevedad posible y se dirigió a la cocina por su humilde desayuno que consistió en unos huevos con jamón y tocino y un vaso casi de a litro de jugo de naranja, los cuales les engullo con velocidad, observo cómo sus manos temblaban de la ira contenida, así que sin levantarse miro de reojo la alacena y comprobó que tenia té.
-Si a Shaka le sirven para andar medio drogado todo el día. – Tamborileo con sus dedos la mesa hasta que el te estuvo listo, pero por las prisas sintió como se quemo la lengua por lo que arrogo la taza al fregadero que se resquebrajo en mil pedazos y la observo con un profundo odio.
-Al diablo con esperar, no me importa si esta el mismo patriarca en géminis, Saga y yo tenemos asuntos que arreglar. – Cruzo la estancia privada de leo a zancadas y lo mismo ocurrió en el salón de batallas del quinto templo, cuando menos pensó ya se encontraba bajando las escaleras que llevaban a cáncer.
Comprobó que el cosmos de Aioros se encontraba en la enfermería, probablemente al lado del santo de capricornio, gracias a Athena, Milo continuaba en escorpio probablemente dormido y por su parte Shaka estaba en la casa de Aries, así que si pretendía ir en ayuda de Saga, Mu probablemente le detendría y para la suerte del león dorado Kanon estaba cerca al coliseo así que en ese momento no habría nada que se interpusiera entre el gemelo mayor y el. Pero su sonrisa se borro cuando vio a Mascara de la muerte a la entrada de Cáncer.
-¿A dónde vas? – Le pregunto amistosamente, el santo del cuarto templo estaba recargado en una pilastra, cruzado de brazos.
-Por ahí. – Intento sonar lo más normal, pero vio que la sonrisa sardónica de Cáncer se amplio.
-Entonces te acompañare. – Afirmo impulsándose con la mano y desentumiéndose con movimientos largos.
-¡No! – Error la sonrisa de cáncer se amplió mucho más, pero Aioria le vio que se volvió a sentar en las escaleras de su propia casa y sonrió melancólico. – Bueno yo…
-No importa Aioria. – Repuso tranquilamente, apoyando el brazo en sus rodillas y recargando su barbilla en la mano. – Solo quiero decirte que Saga esta en géminis, pero tú sabes que Saga no es el único culpable, incluso yo creo que él ha sido la victima mayor de todo este teatro.
Aioria bajo unos cuantos escalones y se detuvo al escuchar la confesión de cáncer, asintió para indicarle que tomaría en cuenta sus palabras sin embargo su furia no disminuyo, se despidió amablemente de él y comenzó a bajar las ultimas escaleras que le separaban de géminis.
-"Yo aquí te atoro a los chismosos" – Le menciono Cáncer cuando estaba a punto de entrar a la casa de los gemelos. Empuño sus manos para intentarse controlar y elevo su cosmos en un intento amigable para que Saga saliera al salón de las batallas del tercer templo, cuando sintió que le respondió por medio del cosmos, se sintió impaciente y la ira comenzó a consumirlo, en realidad el no era un hombre de muchas palabras, el actuaba con justicia en el momento exacto, pero…
-Aioria. – La voz ronca del gemelo resonó en el templo. Aioria le vio tan imponente como en la guerra santa a pesar de que el gemelo mayor no llevaba su armadura, pero cuando los ojos verdes de Saga chocaron con los de Aioria, instantáneamente el tercer guardián se tenso y apretó su mandíbula con fuerza adoptando la indiferencia característica.
-Saga. – El solo pronuncia su nombre, se sorprendió el mismo del odio con la que lo menciono apretó su mandíbula con fuerza y sintió como la sangre salía de sus palmas de las manos a causa de la presión que ejercía sobre ella e incluso articular alguna palabra en ese momento se le hizo difícil. – Saga. – Respiro profundo. – Dame una buena escusa para no acabar contigo, normalmente yo te atacaría pero esta vez quiero utilizar el dialogo.
Saga guardo unos segundos silencio, realmente sabia que él no le debía ninguna explicación al hermano menor de Aioros, realmente quiso responderle que no, pues el perdón de Athena y Aioros le habían quitado un peso de encima, pero se contuvo si quería que Aioria liberase toda esa ira era explicándole lo que había ocurrido, algo que el castaño menor solo había escuchado de sus perseguidores y aquellos que intentaron humillarlo.
-¿Qué quieres saber Aioria? – Su voz sonó ronca más de lo normal, el mirar hacia aquel pasado no le complacía.
-¿Cómo pudiste fallar? – Aquello fue tan solo un susurro que indicaba el fin de la calma de Aioria. -¡Como diablos pudiste Saga! ¡Nos fallaste a todos! Me fallaste a mí. –Aioria prácticamente se le acerco con todas las intensiones de golpearlo. – Debiste decírselo a Aioros o al patriarca, debiste confiar en nosotros.
-Aioria. – Saga pensó que le reclamaría acerca de los trece años que había hecho realmente sufrir a Aioria, pero el que el castaño le echara en cara algo como eso, le sorprendió. – Fue orgullo, creí que podría manejarlo, que la maldad que embargo a Kanon no podría conmigo, pero incluso la mía supero a la de mi hermano. No tengo una escusa, reconozco mi responsabilidad en eso, no debí haberme callado pero lo hice y no tienes una idea de lo mucho que desearía volver a ese día y cambiarlo.
Aioria se silencio al escuchar aquellas palabras sin embargo, un aspecto de penumbra rodeo a Saga que se había quedado inmóvil y le miraba fijamente a los ojos.
-Pero no solo fue orgullo, también tuve miedo de que todo el trabajo, todo por lo que había luchado se destruyera, al final lo hizo pero temí mucho tiempo por ello, además sentía que si hubiese tan solo pensado el decirle a Aioros o Shion algo, Ares me poseería antes y les mataría.
-Al igual les mataste. – Aioria camino hasta una pilastra y se dejo caer por ella, resbalando desbastado por aquella confesión de Saga, jamás imagino que el gemelo mayor viera todo su pasado nublado de aquella manera, que ni siquiera extrañara su infancia y que tan solo deseara volver a ese día para hacer otra cosa y tal vez cambiar el destino.
-Jamás tuve la oportunidad de disculparme contigo Aioria, de verdad lo lamento, pues yo destruí tu vida en ese momento tal y como Ares acabo con la mía. – Saga se agacho en cunclillas y por primera vez dejo que Aioria observara toda la tristeza que embargaba su alma, todo lo que sentía la indiferencia y la rigidez de su semblante se fueron y le permitieron a Aioria sentir que trataba con el Saga que era casi su hermano hacia más de 13 años.
-Saga, eres como un hermano para mí y cuando murió Aioros de verdad te necesite, creía que estabas en una misión importante o que habías muerto haya y que también me habías abandonado como Aioros, yo de repente me vi solo, tu y Aioros muertos, porque ahora lo sé Saga el que Ares te poseyera fue como si en realidad hubieras muerto y Shura fue a la única persona que dirigí mi odio y… -
-Aioria no importa, quiero que me escuches, yo si me merezco tu odio, tú encontraste el punto clave para hacerme culpable, el que no hubiese hecho absolutamente nada. – Saga desvió su vista hacia el templo de Athena y respiro profundo. – Cambiaria todo por volver al pasado y hacerlo de otra forma, pero no podemos lamentarnos Aioria.
-Venia con todas las intensiones de golpearte Saga y poder obtener una venganza que en realidad tú no puedes darme, fuimos víctimas del mismo dios, Ares llego en el momento oportuno, justo cuando tu no mostrarías ninguna debilidad frente al patriarca ni te dejarías vencer por mi hermano, debemos recordar que Ares es el dios de la estrategia y utilizo las controversias a su favor.
Aioria guardo un profundo silencio y Saga le imito, adoptando de nueva cuenta la seriedad típica de su carácter, ambos se levantaron al mismo tiempo y se miraron, sintiendo el cosmos de Aioros dirigirse preocupado hacia géminis y aquello les hizo sonreír a ambos.
-Piensa que voy a golpearte. – Sonrió cansadamente Aioria, sintiendo como el hablar con el hombre que había culpado durante años de todas sus desgracias le había quitado un enorme peso de encima.
-Esa era tu intención ¿No? – Saga le respondió calmadamente.
-Era, tú lo has dicho Saga. – Aioria se dio la media vuelta dispuesto a irse, sintiendo la mirada de Saga en su espalda pero de pronto se detuvo y miro hacia Saga. – Ya no quiero más conflictos contigo, en el pasado fuiste como mi hermano Saga y yo…
Aioria se quedo callado, pero avanzo decidido hacia Saga y lo abrazo con fuerza, aquel era el abrazo que Aioria hubiese esperado recibir cada vez que vio su vida fallar y creía que Saga estaba muerto o cumpliendo una misión y que anhelo por mucho tiempo. Cuando Aioros murió, el día que iba a pelear por leo, cuando comprobó que Aioros estaba en lo correcto y que enfrento a Athena. Necesitaba aquel abrazo desde hacía más de 13 años.
Saga cuando lo vio venir pensó que Aioria había cambiado de opinión y que le golpearía, pero cuando sintió los brazos de castaño menor rodearle, su corazón se rompió en mil pedazos, aquel frente a él había sido a quien peor le fue durante su patriarcado y que estuviera abrazándole le mostraba el corazón noble que se escondía bajo la impulsividad de leo.
-Saga eres como mi hermano y aquella noche no solo perdí a Aioros también te perdí a ti. – Aioria le estrujo con más fuerza y Saga respondió a su abrazo y comenzó a llorar. Al final sentía que todos sus errores, que sus peores pecados y todo lo que había ocurrido habían sido perdonados y el yugo y el peso que cargo durante años al fin había desaparecido.
…
Continuara…
Como SORPRESA les regalare un adelanto del siguiente capítulo: Cronos va a volver al santuario y en esta ocasión se enfrentara a dos santos y cobrara la vida de uno de ellos. Por otro lado Milo no va a poder ir al santuario porque la vida de Shura va a depender de la de él, pero en el camino de regreso un dios que suplanto a su diosa por trece años se interpondrá en su camino…
Aclaraciones:
-Lucia significa luz y que mejor nombre y persona para iluminar la oscuridad de cáncer.
-Así es, ayer fue cumpleaños de nuestra Athena pero lamentablemente no pude subir el capitulo.
Comentarios:
Beauty: Que bueno que te guste el capitulo y gracias por los ánimos. Tenlo por seguro que habrá más Milo –Shaina.
Joana: Me alegra mucho haber sabido de ti, si la historia te aseguro que esto va a mejorar.
Carlos: Que bueno que te haya gustado la parte de Saga con Athena, si comparto contigo la idea de que Saga es uno de los protagonistas. Y ten seguro que los guardianes de sagitario y géminis se van a juntar más.
Gabrielle Alle: Que bueno que te guste la historia y que te haya gustado los capitulos.
Serrae: Que bueno que te haya gustado mi historia y que te hayas ánimo a comentarme, espero seguir sabiendo de ti y que aportes ideas o comentarios futuros..
Persefone X: Me alegra que te haya gustado el capitulo. Yo siempre leo los comentarios y pienso en como complacerlos. Y si Athena olvido a sus ordenes de plata y oro mientras complacía a los de bronce, tenlo por seguro que Hades si llego a despertarlo va a ser malo y le dará la espalda a los suyos. Gracias por comentar.
LadyMadalla-Selene: Que bueno que te hayas animo a comentar mi historia y que hayas sentido todo lo que he querido expresar. Llorado con mis ideas locas, reído con mis ocurrencias y gritado con mis locuras.
Gaby: Perdón es que estuve muy ocupada.
Yadi9927jus: Gracias por tu comentario, espero tener noticias de ti.
503: Shion a adquirido la sabiduría desde hace mucho tiempo, así que él sabe cómo comportarse de acorde a la situación, pues es la cabeza de la orden. Saga ya se ha liberado de todos sus pecados este capítulo. Shiryu debe levantar el rostro pues sus técnicas están basadas en dos honorables santos dorados. Mi Milo es todo un pícaro pero de los buenos. Y ten seguro que Anfitrite y los marinos van a vengar a su dios y cumplir su última voluntad. Y espera un poco porque dentro de poco Shaka va a mostrar su verdadero poder. Gracias por tu comentario y tus ánimos, de verdad la agradezco de todo corazón.
Derama17: Solo soy un poquito cruel mi amiga olvidadiza jajaja, pues no quiero que te confíes que el hecho de haber perdido a Apolo, otros dioses, Dokho, que Shura esté en la cuerda floja, significa que van a ser los únicos que se despidan de este mundo, el siguiente capítulo te va a Sorprender esto se va a poner bien HARD! Gracias por tu comentario y espero saber de ti en el próximo capítulo.
Darkmiss01: Mi Athena es fuerte pero no puede sola pobrecita, así que ocupa ayuda. Eres la ÚNICA! Que me ha dicho que lamenta la pérdida de Hera. Dionisio jajaja eres una contradicción. Y si comparto la idea de que Afrodita debe de morir, es una convenciera. Ker se la va a ver negras cuando le toque enfrentar a Ares. Y si lo malo ya inicio el trabajo es que empiece el primero porque de ahí le siguen los demás. La plática Athena se la debía a Shion de ley.
Tepucihuatl-Shun: Ya he visto que has leído varios de mis capítulos de la historia y dejado comentarios, la verdad eso me agrada mucho. Antes que nada te agradezco el tiempo que te tomas para dejar un comentario y me muero de ganas porque llegues al capítulo 21 para que te pongas al corriente con la tarea jajaja, pero mejor no te platico la historia y espero a que llegues hasta el momento.
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