Antes que nada, mil perdones por la demora de actualizar la historia. Un mes o más sin publicar y siento mucho y de corazón todo lo que han esperado. Espero que les guste el capítulo.
Capítulo 21
_ Vaya, así que esta es la famosa cabaña del amor. – el chico de mohawk comenta cuando todos se bajan de su camioneta ya estacionada frente al lugar.
_ ¿Enserio, Puckerman? ¿"Cabaña del amor"? – lo mira con su ceja en alto – Juntarte tanto con Hummel está sacando tu lado cursi. – hace una mueca de asco.
_ Oye… - se queja pero la porrista pasa totalmente de él para empezar a fijarse a través de las ventanas - ¿Hay algo?
_ No puedo escuchar nada y todo está muy tranquilo. – suspira y mira con dureza a Puck – Trata de abrir la puerta. – ordena y el chico la mira interrogante.
_ ¿De verdad piensas entrar a la fuerza acá?
_ ¿Se te fue lo rebelde de la sangre o qué? ¿Se te ocurre acaso otra idea? – se cruza de brazos casi gruñendo y el chico solo levanta sus manos en forma de rendición.
_ De acuerdo, lo hare. – responde.
Se dirige a su camioneta para buscar algunos instrumentos y regresa a la puerta dispuesto a hacer su trabajo. Mientras él y la latina se centran en la puerta principal, Brittany y Finn recorren los alrededores para ver alternativas de entradas. Los minutos pasan y el de mohawk resopla con fastidio al no obtener ningún resultado.
_ ¿Puedes apartarte de una vez de la puerta? No sabes ni siquiera violar el seguro. – Santana empuja al chico hacia un costado y se saca un broche del pelo.
_ ¿Cómo sabes destrabar puertas? – Puck se cruza de brazos mientras se recargaba en la pared.
_ Soy de Lima Heights Adjacent ¿todavía no te enteras? – le gruñe totalmente concentrada en su labor.
Le basto solo dos giros de su broche antes de escuchar el click de la puerta y mira con suficiencia al chico.
_ ¿Ves? No fue tan difícil. – el futbolista rueda los ojos pero guarda mejor sus comentarios.
_ Vamos, entremos. – empuja más la puerta para ingresar y sus ojos no tardan en inspeccionar todo el ambiente de su alrededor.
_ Por dios, este lugar desparrama solo su asqueroso amor. – comenta Santana formando una mueca de asco.
_ ¿Por qué lo dices? – sigue mirando a los lados con el ceño fruncido.
_ Tan solo mira con atención las estanterías y las paredes. – avisa y el chico le hace caso, sus cejas levantándose con sorpresa al encontrar un montón de retratos – Se nota que Quinn ha sobrecargado su cámara con un montón de fotos. – agarra una en donde solo aparecía Rachel con una pequeña Beth de seis meses en sus brazos - ¿Enserio nunca te diste cuenta de que Berry estaba presente en la vida de tu hija? – voltea a verlo, incrédula.
_ Ahora que lo piensas… - se asoma a su lado, sonriendo de medio lado al ver a su pequeña en la foto – A veces cuando iba a verla, ella balbuceaba algo como el nombre de Rachel pero yo lo atribuía a que Shelby le hablaba de ella o no sé. – se encoge de hombros.
_ No puede ser que hayas sido tan lento, Puckerman. – sacude su cabeza de forma negativa y vuelve a dejar el cuadro en el mueble.
_ No es mi culpa que no entienda al cien por ciento lo que ella diga. – se defiende.
_ ¿Pudieron entrar? – la voz de Finn interrumpe la futura contestación de la latina quien rueda los ojos.
_ Creo que la respuesta es bastante obvia. – murmura ella antes de seguir su recorrido por las habitaciones.
El chico alto aprieta los labios con fuerza para no discutir con la porrista e ingresa, Brittany por detrás de él. La rubia pasea con más confianza por los rincones, su sonrisa ampliándose con cada foto que registra a su paso.
_ No creo que vayamos a encontrar algo que nos ayude a decir donde están, ni siquiera se ven rastros de ellas dos. – dice Puck.
_ Si no están acá, tengo una ligera sospecha de donde podrían estar ahora mismo. – antes de que el chico pueda interrogarle, escuchan como algo de la planta de arriba se rompe.
Ambos suben con prisa siguiendo los ruidos estrepitosos y llegan a lo que ellos suponen ser la habitación de Quinn.
_ ¿¡Que crees que haces Finnepto!? – grita con cólera y Puck entra con rapidez para agarrarle la muñeca antes de que tire otro cuadro al piso - ¿Estás loco o qué?
_ ¿Qué diablos te pasa amigo? – lo agarra bien de los brazos para bloquearle cualquier movimiento.
_ ¿Acaso no ves? ¡Me engañaron a mis espaldas! – toda su cara y cuello es de un tono rojo por la ira – Acá es donde las dos se revolcaron, seguramente burlándose de mí. – señala la cama donde todas las sabanas estaban desgarradas debido a sus acciones violentas – Me vieron la cara de idiota, mas Rachel en cada vez que me decía que no estaba lista y que quería esperar hasta los veintitrés años.
_ Seguramente los dedos de Quinn la complacían mucho más. – comenta al aire Santana, recibiendo un leve codazo de parte del chico del mohawk y una furiosa mirada del alto - ¿Qué? Es totalmente cierto.
_ Cállate… - protesta, bajando la mirada hacia uno de los cuadros rotos donde ambas jóvenes aparecían compartiendo un beso esquimal.
_ Si tanta rabia te da esto ¿Por qué decidiste venir en primer lugar? – le pregunta la latina – Ni pienses que vamos a arreglar todo este desastre que provocaste. – le señala mientras mira toda la habitación a su alrededor – Y más te vale que pagues lo que has roto, no saldrás de aquí hasta que todo esté en orden como antes. – demanda con seriedad.
_ Santy mira… - Brittany irrumpe en el cuarto con una foto en sus manos, dándoselo finalmente a la morena quien frunce su ceño.
_ ¿Qué pasa? – los otros dos tratan de mirar y la mandíbula de Puck se cae ligeramente.
_ ¿St. James?...
…
4 de marzo de 2011
_ Definitivamente esta criaturita es idéntica a ti. – habla Hiram mientras movía constantemente el sonajero frente a la bebe quien miraba con mucha atención el juguete.
_ Lo único diferente que tiene es la nariz. – comenta Quinn mientras sujetaba a su hija sentada en la isla de la cocina.
Era viernes por la tarde cuando Shelby le dio a Quinn tarjeta verde para quedarse con Beth el fin de semana. La ex porrista no había podido ocultar su felicidad al recibir la noticia y se lo había demostrado con un gran abrazo y un montón de gracias, uno tras otro. Obviamente el fin de semana pensaba también compartirlo con su pequeña morena que en ese momento estaba en su clase de baile sin estar enterada de ninguno de esos planes.
Además de eso, su relación con su suegro había mejorado considerablemente. Podían compartir mucho tiempo juntos sin tener un silencio incomodo o tenso entre medio, incluso bromeaban sobre algunos temas y Rachel miraba con recelo en algunas ocasiones su interacción.
_ ¿Tu relación con el padre de Beth es buena?
_ Supongo que lo normal. – se encoge de hombros – Cuando estaba embarazada intentamos tener una relación pero simplemente no funcionamos como lo esperábamos.
_ Habías ido a vivir con él ¿no? – curiosea con la cabeza inclinada hacia un lado.
_ Luego de que Finn me corriera, estuve unas dos semanas en su casa pero me fui a vivir lo de Mercedes… no sé si la conoces.
_ Oh si, ella junto con Kurt venían con mucha frecuencia a casa. Hace mucho que no los veo por acá. – responde y se voltea para encender la cafetera.
_ Creo que le estoy quitando tiempo con sus amigos. – baja la mirada con pena.
_ Eso no es lo que dije, Quinn. - le corrige.
_ Aun así… - forma una mueca y cuando el hombre decide agregar algo, escuchando que la puerta principal se abre.
_ ¡Estoy en casa! – la voz de Rachel llega a ellos y la silueta de ella no tarda en aparecer en la cocina, su cara iluminándose cuando ve a ambas rubias.
_ Bienvenida a casa, cariño. – recibe su padre.
_ ¡Beth! – grita con emoción, soltando su bolso en el suelo y acercándose con prisa a la bebe quien ya tenía sus pequeños brazos extendidos hacia ella y con una sonrisa dibujada en sus labios.
Rachel la alza entre sus brazos, llenándole el rostro de besos en forma de saludos y repartiendo cosquillas por su cuerpo. Los tres sonríen ampliamente al escuchar las leves carcajadas que suelta la bebe.
_ ¿Me extrañaste, cariño? – la morena pregunta a la pequeña, ambas inmersas ahora en su mundo.
_ Vaya, nunca imagine que se llevaran así. – comenta el hombre con sorpresa al ver la interacción de su hija con la bebe.
_ Siempre es así. Como Rachel ha ido a casi todas mis visitas a lo de Shelby, Beth se ha encariñado mucho con ella. Hasta hay veces en que obedece más a Rachel que a mí. – suspira en derrota e Hiram se ríe por lo bajo.
_ Acéptalo, Quinn. Las Fabray no se me pueden resistir. – la morena se acerca a ella, besándole la mejilla y sentándose en el taburete a su lado con Beth en su regazo.
La rubia rueda los ojos con una divertida sonrisa y ambas jóvenes reciben el café que les tiende el mayor.
_ Por cierto… ¿Shelby te dejo traerla? – pregunta la morena.
_ No solo eso, me dejo cuidarla todo este fin de semana. – notifica y la sorpresa se hace presente en los ojos de Rachel.
_ ¿E-enserio? – la rubia asiente sin borrar su gran sonrisa – Así que te tendremos con nosotras ¿escuchaste eso, bebe? – le pregunta a la pequeña, haciéndole cosquillas debajo de los brazos y obteniendo la risa de la pequeña.
_ ¿Van a estar aquí o en tu casa, Quinn? – pregunta Hiram.
_ Papa, recién soy notificada de este hecho, no hemos planificado nada para el fin de semana. – recuerda la diva.
_ Tal vez podamos quedarnos hoy y mañana por la tarde ya nos vamos para mi casa, seguramente mama quiera pasar tiempo con Beth. – propone Quinn y la morena mira a su padre quien se encoge de hombros.
_ Sabes que con o sin mi consentimiento siempre se queda Quinn en casa. – responde y ambas chicas bajan la mirada con vergüenza – Solo tenemos que ver donde dormirá Beth. – continua.
_ Iré por la cuna que está en el ático y la pondremos en mi cuarto. – su padre sube la ceja en advertencia y ella suspira – Dormiremos juntas papa, dejaremos la puerta abierta.
_ Hiram, nunca faltaría el respeto en su casa. Además, estará Beth en la habitación. – agrega, compartiendo una cómplice mirada con la morena.
_ Bueno, supongo que lo podre pasar… por hoy. – termina y su hija lo mira seriamente mientras que Quinn se tapa la boca para ocultar su divertida sonrisa.
_ Cambiando de tema… el jueves que viene quisiera hacer una reunión con todos los chicos del coro.
_ ¿Por qué el jueves y no viernes? No estarán pensando faltar al día siguiente ¿no? – mira a ambas pero la rubia se nota confundida.
_ Yo no estoy enterada de nada de eso. – mira a la morena.
_ Lo hable con Puck cuando terminó Glee. – el ceño de la ex porrista se profundiza aún más – Es más que nada para inspirarnos en la creación de nuevas canciones, prometo que no se nos saldrá de las manos.
_ Cuando empiezas a jurar es que será totalmente lo contrario. – suspira el mayor y Rachel busca ayuda en su novia.
_ Hiram, puede estar seguro de que mantendremos la casa en orden y no faltaremos a clases. – cubre la rubia y ambas jóvenes utilizan su inocente sonrisa para convencerlo.
_ Necesito hablarlo primero con Leroy cuando llegue del trabajo. – resopla rendido y su hija aplaude con entusiasmo.
_ Bien, creo que ya es la hora de que Beth duerma su siesta, si nos permite. – se excusa Quinn parándose y haciéndole un gesto a la morena para que la siga.
_ ¡Puerta abierta! – es lo último que logran escuchar del hombre antes de perderse por la segunda planta.
_ ¿Cómo es que aceptaste la propuesta de Puck? – murmura entre dientes al entrar al cuarto.
_ Quinn, nadie ha venido a mi casa y quisiera tener una mejor relación con los chicos. Quiero encajar mejor en el grupo. – bufa mientras se sienta en la cama y recostando a la bebe en mitad de ella.
_ Sabes que las "reuniones" de Puck involucran alcohol ¿no?
_ Quinn, podre ser capaz de controlarlo por si lo dudas. Es mi casa y no dejare que hagan cosas fuera de lo permitido. – responde con firmeza y la rubia rueda los ojos, suspira para tratar de calmarse y se arrodilla frente a Rachel, agarrándole de las manos.
_ No es que dude de tu capacidad de ser responsable por las cosas, cariño. – le dice de manera que la diva no esté a la defensa – Pero ambas sabemos que Puck hace lo que sea cuando se lo propone y estoy bastante segura de que traerá alcohol aunque sea a escondidas.
_ Le daré un largo sermón de advertencia si piensa hacer eso.
_ A Puck le entra por un oído y le sale por el otro, Rach. – sonríe de medio lado contagiando inevitablemente a la morena.
_ No sé cómo me voy a contener de tener mis manos lejos de ti ese día. – el buen ánimo decae al pensarlo y Quinn forma una mueca en sus labios.
_ Prometo que cuando me sienta lista se lo diremos a los chicos ¿de acuerdo? – picotea sus labios y escuchan una ligera risa, ambas bajan la mirada hacia Beth que las miraba fijamente con una amplia sonrisa - ¿Y tú de que te ríes, pequeña? ¿Te gusta espiar como nos besamos? – se acerca a su hija, propinándole unas cuantas cosquillas y sonriendo ampliamente cuando escucha las carcajadas de la bebe.
_ Debe de estar feliz de que no hayamos discutido. – comenta Rachel, acostándose al lado de Beth.
_ No le gusta que sus mamis discutan. – murmura y capta la mirada confusa de la otra chica - ¿Qué?
_ Quinn, no creo que a Shelby le agrade ese término.
_ Soy su mama después de todo. – levanta su ceja y la morena asiente en acuerdo, estira su mano para relajar su ceño fruncido.
_ Lo sé, no estoy diciendo que no lo seas pero mi relación con respecto a Beth es muy complicada. – la rubia le cuestiona con la mirada – Soy hija de Shelby, se supone se sea su hermanastra pero salgo también contigo. Eso es muy raro y la confundiría un montón. – Quinn se queda pensativa ante esto último dicho – Además… ¿estas segura de que ella me vea como su mama? ¿Qué pasa si en unos años no estamos juntas?
_ ¿Te imaginas un futuro en el que estamos separadas? – inclina su cabeza y sonríe cuando Rachel niega fervientemente con la cabeza – Entonces no tienes que preocuparte por eso, no creo que pueda estar lejos de ti sabiendo que eres quien me hace feliz.
La diva baja la mirada, sonriendo tímidamente y alcanza la mano de su novia que reposaba en la barriguita de la bebe quien empezaba a bostezar. Quinn se levanta para apagar la luz y agarra la manta que estaba al final de la cama para tapar sus cuerpos. Una sonrisa se dibuja en sus labios cuando logra escuchar el suave canto de cuna de Rachel hacia Beth que ya parecía ceder al sueño.
_ ¿Estas segura de que no tiraste un hechizo a Beth para que te haga más caso a ti? – susurra y medio segundo después se ríe por lo bajo cuando siente una leve patada.
_ Ya te dije que las Fabray no se me resisten. – la rubia niega con diversión y se asoma para picotearle los labios - ¿Lo ves? – sigue juguetona en un susurro.
_ Mejor duérmete, Berry. – gruñe entre dientes pero sin sonar molesta.
Rachel sonríe triunfante y ambas sucumben al sueño luego de ver que la bebe entre ellas se ha quedado totalmente dormida.
En la noche es muy difícil que las dos chicas quiten a Beth de los brazos de un fascinado Leroy. La morena se tapaba la cara con vergüenza cuando su padre sacó el álbum de fotos donde era bebe y se lo mostraba a su novia que sonreía con ternura ante las fotos.
La cuna la bajaron del ático y la limpiaron enteramente antes de armarla y prepararla al lado de la cama de la diva. Los Berry ya habían dado las buenas noches, Leroy un poco reticente ya que había visto como ambas jóvenes tenían problemas para hacer que la bebe se acostumbre a su nueva cama.
_ Por favor Beth, es hora de dormir. – trata por séptima vez consecutiva haciendo amague de dejarla en la cuna y los sollozos de la pequeña se intensifican cuando esto pasa.
Quinn hace una mueca y la mece entre sus brazos para volver a calmarla; Rachel, recostada en la cama, mira con preocupación a sus dos rubias.
_ ¿Y si le preparo leche caliente? Tal vez así se quede. – sugiere la morena.
_ Tal vez ayude. – se acerca a donde esta ella – Voy a prepararlo ¿te encargas? – pide con ojos suplicantes y Rachel le sonríe de manera tranquilizadora, agarrando a Beth en sus brazos.
_ Tratare de calmarla, ve tranquila. – le da un corto beso y Quinn corresponde pero sienten el constante movimiento de la bebe entre ellas.
_ De acuerdo… de acuerdo, iré por tu leche, celosa. – la ex porrista dice, desordenándole el corto pelo a su hija.
Lo último que escucha antes de irse por el pasillo es la leve risa de su novia. Quince minutos son los que tarda en calentar y poner en buena temperatura la leche en el biberón. Regresando a la habitación, sus oídos no tardan en captar el leve canto de la morena y sonríe internamente al saber que su pequeña estará seguramente hipnotizada por su voz.
Everytime I try to fly
I fall without my wings
I feel so small
I guess I need you baby
And everytime I see you in my dreams
I see your face, it's haunting me
I guess I need you baby
Rachel cantaba con parsimonia mientras acariciaba suavemente la barriguita de la bebe que la miraba sin pestañear. La barrera de la cuna había sido quitada para poder tener más accesibilidad. Quinn se acerca en silencio y le alcanza a la morena el biberón quien, con cuidado, se lo da a Beth. Ambas sonríen triunfalmente cuando ven que ella va cediendo al sueño.
_ ¿Cómo lo hiciste? – susurra colocándose detrás de Rachel y abrazándola por la cintura.
_ No fue fácil, lloro bastante cuando la deje en la cuna pero cuando vio que le quitaba la barrera y me acostaba en la cama a su lado, empezó a calmarse. – relata en voz baja, no queriendo perturbar el sueño de la pequeña.
El biberón es retirado y ambas siguen velando por ella. Quinn le besa el cuello a su morena y se levanta para apagar la luz.
_ Te quiero tanto. – le dice en el oído, provocándole un estremecimiento – Siempre me sorprendes cuando se trata de Beth. – se acurrucan más cerca debajo de las sabanas.
_ Eso es porque me estuve instruyendo de mucha información acerca de bebes, cuando me dijiste de estar presente en el crecimiento de Beth, empecé a buscar todo tipo de información para poder estar al día con sus humores. – explica y recibe un montón de besos, uno tras otro - ¿Y eso? – pregunta con una sonrisa.
_ Simplemente trato de decirte lo maravillosa que eres. – responde con una caricia suave en las sonrojadas mejillas de Rachel tras recibir el cumplido.
_ Solo trato de estar a la altura de las situaciones. – se encoge de hombros y vuelve a darle la espalda a Quinn para que la abrace por la cintura.
_ Buenas noches…
Seis de la mañana cuando la alarma del celular de Rachel empieza a sonar, ella lo alcanza con rapidez para no molestar el sueño de la pequeña. Voltea hacia la cuna para solo comprobar que la bebe sigue durmiendo pacíficamente, suspira con alivio y le reacomoda la manta.
_ Menos mal que tienes el sueño pesado de tu mami. – susurra, depositándole un suave beso en la cabeza.
El brazo de Quinn se aferra a su cintura cuando ella trata de levantarse y ella la mira solo para reír internamente al encontrarla dormida.
_ Totalmente pesado. – niega con la cabeza y se sale del fuerte abrazo con que la mantenía la rubia.
En silencio comienza con su rutina de todas las mañanas, cuidando de no despertar a ninguna de las dos. La casa está en completo silencio mientras ella baja para el sótano y empezar con la elíptica, se coloca los auriculares para escuchar la música de su reproductor y así pasa la hora entrenando su cuerpo.
Agarrando su toalla para secarse el sudor, sube a la primera planta cruzándose con su padre Leroy que le canta los buenos días mientras toma de su taza de café.
_ ¿Vas a desayunar? – pregunta cuando recibe el beso en su mejilla por parte de ella.
_ Voy a bañarme y bajo a desayunar. – es su rápida respuesta, yendo hacia las escaleras.
En menos de veinte minutos está totalmente aseada y perfumada, cepillándose el pelo escucha los leves quejidos de Beth y se asoma por la puerta del baño para registrarla solo para ver como la pequeña se remueve incomoda en la cuna y empezando a sollozar.
_ Oh no, no, no. – se acerca con rapidez para que Quinn no se despierte y la alza entre sus brazos para arrullarla – Mami todavía está durmiendo, bebe. – le propina caricias en su rubio cabello y en la espalda, logrando tranquilizarla.
La pequeña suelta un pequeño bostezo y se acurruca en el cuello de la morena, buscando más calor. Rachel acomoda mejor a la bebe entre sus brazos y busca en el bolso preparado para Beth su cambio de ropa.
_ ¿Nos cambiamos y preparamos el desayuno para tu mami? – Beth se remueve en sus brazos solo para continuar con su sueño.
Aceptando eso como una afirmación, la cambia de ropa en el cuarto de huéspedes y luego de peinar su corto cabello, baja hacia la cocina.
_ Oh, buenos días a la pequeña princesa. – Leroy saluda con voz rara y Rachel revolea los ojos.
_ No le hables de esa manera, papi. – reprende y se la da en brazos para que se pueda encargar del desayuno – Por cierto ¿compraste el tocino para Quinn? – pregunta mientras abre la heladera.
_ Lo hice y no puedo creer que cada semana tenga que ir a comprarlo siempre por el hambre voraz de mi nuera. – niega con la cabeza con un suspiro.
_ Aunque no me guste, es el favorito de ella. – responde volteando a verlo ya con el paquete en mano.
_ Esa chica te dejara pobre por el tocino. – se burla y su hija tiene que ocultar su risa.
Los balbuceos de Beth llaman su atención que estaba estirando sus brazos y sus ojos fijos al paquete de tocinos. Rachel lo mueve de un lado a otro con la mano, alzando sus ojos en sorpresa cuando ve que los ojos verdes de la pequeña siguen el objeto.
_ No Beth, tu no. – suplica la morena después de ver estas acciones, su padre suelta una carcajada.
_ Ratifico, estas dos chicas te van a dejar pobre. – comenta, recibiendo una mala mirada por parte de su hija.
_ Completamente Fabray. – niega suspirando y empezando a preparar el desayuno.
_ Por cierto cariño… - rompe el silencio formado hace minutos - El miércoles bien temprano tengo una reunión en Columbus y ya había hecho reserva en un hotel cercano para el marte. – su hija lo mira con atención – Hiram también tiene que estar presente pero ahora que nos comentaste esto de la reunión con tus amigos acá en casa, no sabemos si necesitas que estemos para ayudarte en alguna cosa o…
_ Papi, puedes hacer el viaje tranquilo. – le corta – No estaré sola, Quinn me ayudara a tener todo listo y en orden.
_ ¿Estas segura? Puedo llamar a mi jefe e inventarle alguna excusa.
_ ¡Papi! – chilla con indignación – No voy a permitir que faltes a tu trabajo, confía en mí. Puedo manejarlo todo por mí misma. – bufa con fastidio – No sé porque no se fían de que puedo tenerlo todo bajo control.
_ Yo no dije eso, cariño. Solo quería estar seguro, nada más. – trata de calmar mientras mece a la bebe en sus brazos quien se mueve con incomodidad.
_ Buenos días. – entra una adormilada Quinn a la cocina, besándole la mejilla a Rachel – Algo huele muy bien. – comenta sin dejar de oler el aroma del tocino y voltea a saludar a su suegro, alzando a su hija que pedía por su atención - ¿Cómo está mi princesa? – le besa la punta de la nariz, ganándose una leve risa – Parece que bien… Buenos días Leroy. – se sienta en la banqueta de al lado.
_ Buenos días, querida. ¿Pudieron dormir bien anoche?
_ Rachel logró calmarla con una canción así que gracias a su talento pudimos dormir sin problemas el resto de la noche. – responde con una sonrisa dirigida a la morena quien se sonroja y vuelve a su tarea.
_ Entonces ya puedes ir viendo que tendrán todo bajo control cuando tengan a sus niños. – ambas jóvenes se desequilibran tras este comentario y sus caras toman un tono bastante rojo.
_ ¡Papa! – le grita y el hombre suelta una sonora carcajada.
_ Solo estaba bromeando chicas. – le da leves golpes en el hombro a Quinn quien aún trataba de volver a su color natural.
_ No lo vuelvas a hacer, papi. Eso…eso…eso. – termina, mordiéndose el labio inferior y revoloteando los ojos, mira de soslayo a su novia.
Se quedan unos minutos en silencio, solo los balbuceos de Beth llenan el ambiente hasta que Leroy sonríe con diversión.
_ Aunque me hace mucha ilusión lo de ser llamado "abuelo". – suelta nuevamente.
_ ¡Papa!
…
10 de marzo de 2011
_ ¡Fiesta en lo de mi sexy judía! – grita a todo pulmón Puck en el pasillo mientras pasa su brazo sobre los hombros de la morena.
_ Noah, se supone que solo será una reunión con los chicos del coro, no quiero que todo el alumnado este en mi casa. – Rachel le dice entre dientes mirando a su alrededor.
_ Vamos, Rachel. Sera tu primera noche de rebeldes, esta puede ser la noche en la que puedas subir de rango en popularidad. – la morena se queda pensativa – No te lo niegues, ambos sabemos que lo quieres… especialmente para conseguir de nuevo a Finn. – rueda los ojos y la diva lo mira con confusión.
_ Noah, eso no es…
_ Puckerman… - Lauren los interrumpe y le hace una seña al jugador con la intención de hablar.
_ Perdón pero el deber llama. – le da leves golpes en los hombros y la abandona en su casillero.
…
Rachel daba vueltas constantemente por todo el living mientras que Quinn registraba todos los últimos detalles del sótano.
_ No estés nerviosa, cariño. Ya amenace a Puck con que no traiga bebidas alcohólicas, todo saldrá bien. – le frota los brazos, sonriéndole de manera tranquilizadora.
_ Es que Puck es el que me preocupa. – murmura aun con nervios, mordiéndose el labio.
_ ¿Por qué? ¿Qué te dijo? – le agarra del rostro para mirarla directo a los ojos pero la joven niega con la cabeza.
_ No, deben ser solo cosas mías. – la abraza, picoteando sus labios con muchos besos - ¿Ya te vas? – susurra, cambiando de tema totalmente.
_ Estaré aquí en dos horas de vuelta ¿sí? – vuelve a besarla con más intensidad, haciendo difícil que la morena la suelte.
_ ¿Por qué no decimos que solo llegaste temprano y listo? – trata de convencer, sujetándola más fuerte por la cintura.
_ Además de eso, no traje la ropa adecuada para la ocasión. No tardare mucho. – responde y le besa la frente - ¿Me puedo ir? – bromea al ver que todavía está envuelta en los brazos de la morena.
_ Solo si prometes volver. – sigue la broma con una sonrisa pícara en sus labios y recibe un beso como respuesta.
_ De ti no voy a escapar nunca. – es lo último que dice antes de desprenderse de sus brazos, agarra su bolso y chaqueta para irse a su casa finalmente.
Una vez que Rachel escucha la puerta principal cerrarse, se derrumba en el sillón agarrándose la cabeza con exasperación.
_ Espero Noah Puckerman que no hayas hecho lo que me has dicho. – dice por lo bajo para ella misma.
…
Lo único que pasaba por la cabeza de Quinn antes de llegar a la casa de su novia es que iba a ser una larga noche sin poder estar cerca de ella para no ser descubiertas por sus compañeros pero lo menos y nunca pensado fue que al llegar viera todo un rejunte de personas dentro y fuera de la casa, la música y los gritos de todos los estudiantes retumbaban hasta sus oídos. Su mandíbula no daba abasto de tanto que había caído y se frotaba una y otra vez los ojos para que la imagen que se presentaba ante ella no fuera real.
Tras salir del shock decide buscar a su novia dentro de todo ese escándalo, empujando a su paso a todo aquel que se cruzaba en su camino. Forma una mueca de disgusto al ver que hay vasos de plástico tirados por todo el piso, por algunos rincones puede ver a los chicos de Glee con sus respectivas bebidas en mano.
_ Hey… - los saluda e investiga cada una de sus caras para ver la que ella desea.
_ Quinn, al fin llegas. – Sam la saluda y trata de pasar su brazo sobre sus hombros pero ella se aparta.
_ ¿Qué paso aquí? ¿No íbamos a ser solo nosotros? – pregunta sin rodeos.
_ Íbamos hasta ayer… - Mercedes responde – Pero Puck difundió hoy por toda la escuela que iba a haber fiesta acá así que aquí estamos. – sube su vaso para chocarlo con los demás y Quinn reprime un gruñido.
_ ¿Dónde está Rachel? – sigue mirando a sus alrededores.
_ La última vez que la vi, tuvo su ataque de diva, gritándole a Puck cosas que no pudimos entender y luego desapareció. - mueve su mano en el aire como restándole importancia – Como sea, únete a nosotros. – le ofrece otro de los vasos.
_ Eh… voy a ir primero al baño. – se excusa para escapar.
Su camino hacia las escaleras lo hace a grandes y apresurados pasos, su mal carácter aumentando a cada segundo. Se para frente a la puerta del dormitorio de Rachel y antes de entrar, suelta un largo suspiro para poder controlarse.
_ ¿Rachel? ¿Me puedes abrir por favor? – pide luego de tratar de abrir la puerta.
_ ¿Quinn? – se asoma por la puerta y se lanza a sus brazos una vez que la ve.
La rubia las empuja dentro para poder hablar con tranquilidad sin tener que escuchar la tortuosa música.
_ ¿Qué significa todo eso de ahí abajo? – le pregunta seria, agarrándola por los hombros para separarse.
_ No es culpa mía. Noah divulgo el chisme de que tendría la casa vacía y de un momento a otro llegaban grupos de chicos con millones de cosas en mano. Cuando llegó Noah le grite un millón de barbaridades y trate de amenazarlo para que saque a toda esta gente extraña que trajo. – empieza a dar vueltas por toda la habitación – Me dijo que me esté tranquila y que sea una buena anfitriona, que así podría dar más buena impresión a todos y ganar más popularidad…
_ Espera, espera… - le detiene, arqueando una ceja – Antes de que yo me vaya, ¿tu ya sabias de esto? – un largo silencio es lo que recibe a parte – Rachel... ¿lo sabias?
_ Te lo iba a decir. – murmura por lo bajo y Quinn se pasa la mano por todo el rostro.
_ ¿Cuándo se supone que me lo ibas a decir? ¿Cuándo encontrara toda la casa patas arriba? Ah no, perdón. ¡La casa ya está patas arriba! – ironiza alzando la voz y la morena se encoge en su posición, bajando la mirada.
_ No había tiempo, juro que te lo quería decir pero pensé que podría tenerlo bajo mi control.
_ Se supone que nos tenemos que decir las cosas, Rachel. Le prometí a tu padre que te ayudaría a cuidar de esta casa y lo primero que veo cuando llego es todo este desastre. – empieza a elevar cada vez más la voz.
_ Yo no fui quien divulgo el chisme de que haría una fiesta, Quinn. No me puedes culpar por esto. – posa sus manos sobre los lados de su cadera.
_ Podríamos haber evitado esto si me lo hubieras dicho bien temprano. – replica a su favor y la morena aprieta su mandíbula – No puedo creer que Puck te haya dado la excusa de que con esto podrías subir tu popularidad.
_ ¿Es eso? ¿Te molesta que esta fiesta se relacione con mi popularidad? – suelta con una mirada desafiante pero Quinn la mira totalmente confundida.
_ ¿De que estas hablando? No tiene nada que ver con eso, Rachel. Lo que te quiero decir es que esas personas que ahora invaden tu casa ni deben saber que tú eres quien hace la fiesta. Todo el mundo piensa que el anfitrión acá es Puckerman, no tú. – refuta pero la morena no la escucha.
_ Te voy a demostrar que puedo ser una buena anfitriona y mañana cuando entres a la escuela, escucharas mi nombre por todos los pasillos. – le señala dispuesta a salir de la habitación.
_ Rachel ¿Qué diablos estas diciendo? – la retiene por el brazo pero la diva se zafa del agarre - ¿Podrías calmarte y tratar de llegar a algo para sacar a todos esos de esta casa? – pregunta ya con exasperación.
_ No voy a hacer nada de eso, Quinn. Como ya te dije, seré la mayor anfitriona que jamás hayan visto y lo hare con o sin tu consentimiento. Es mi casa, mis reglas. – dictamina con total seriedad y deja a su boquiabierta novia en el dormitorio.
_ ¿Qué diablos…? – su cuerpo cae sentado en la cama mientras que sus ojos siguen fijos en la puerta que se había cerrado segundos antes – No puede ser que esto esté pasando. – se pasa las manos por el rostro en completa frustración.
…
Dos horas habían pasado desde que Fabray llegó a la casa de Rachel y todo era el doble de desastroso que antes. Quinn maldecía una y otra vez a todos los hormonales adolescentes que se querían escabullir por las habitaciones del segundo piso, todavía agradecía internamente que tuviera una mirada que congelaba y lanzaba dagas a todo aquel que trataba de desobedecer sus pautas. Ella mantenía la mitad del tiempo un ojo en su novia quien seguía ignorándola y uniéndose a todos los juegos que inventaban los chicos.
Su cuerpo estaba en constante tensión al ver la cantidad de alcohol que estaba ingiriendo Rachel, siendo esta su primera vez en esta materia. Sabia de sobremanera que a la mañana siguiente, su novia no la iba a pasar nada bien y que la resaca sería un total tormento.
_ Vamos Berry, tienes que hacer fondo. – incentivaba Puck mientras le pasaba una botella llena a Rachel que reía a cualquier cosa dicha.
_ No creo que pueda con otra más Noah. – responde con una risilla pero agarra lo que le ofrece el deportista.
_ Eres una judía caliente, te aseguro que la podes tomar a fondo. – prosigue con unos golpes en su espalda – ¡Unas porras para la anfitriona de la fiesta! – pide a los que están a su alrededor y empiezan a gritar más fuerte.
La diva al verse motivada por los demás, no duda ni un momento en llevarse la boca de la botella a sus labios pero antes de que pueda inclinar su cabeza hacia atrás una mano detiene su movimiento y todos los ojos se posan en una sombría Quinn Fabray.
_ Esto… - le saca la botella de las manos y señala a su alrededor – Se terminó. – decreta y todos se quedan callados, temerosos de su reacción.
Rachel, perdida en su aturdimiento, malinterpreta sus palabras y se levanta de un salto del sillón, quedándose frente a Quinn.
_ No Quinn, no me dejes. – sus palabras salen arrastradas y con torpeza. Quinn agradece que la música este en su máximo volumen y que solo ella pueda escuchar lo último dicho por la morena.
_ Quinn no seas aguafiestas ¿Por qué no te sueltas de una vez y disfrutas del ambiente? – Puck se asoma a ellas con pasos torpes y pasa sus brazos sobre sus hombros. La ex porrista resopla con cansancio y lo agarra por el cuello de la remera.
_ Si quieres seguir ligando con más chicas, es mejor que desaparezcas de mi vista si no quieres que te dé mil patadas a tu amigo de abajo. – le gruñe, provocando todo un escalofrío por la espina dorsal del jugador.
_ Oh vamos, la fiesta comenzó hace poco. Todo el mundo se está divirtiendo, no hagas esto. – trata de convencer pero traga grueso cuando ve la mirada que le dirige la rubia.
_ Hazlo en tu casa entonces pero esto se termina ahora mismo. – lo empuja haciendo que trastabille y caiga al sillón.
Ella se dirige hasta el equipo de sonido y para la música, llamando la atención de todos los que estaban en la casa.
_ ¡Todo el mundo, fuera de esta casa ahora mismo! - grita a todo pulmón sin cambiar su serio rostro.
_ Quinn… - Rachel trata de objetar pero la rubia se para más derecha, tapándole la boca y repite nuevamente lo dicho, viendo como de a poco las personas iban recogiendo sus cosas y se encaminaban hacia la salida.
_ Fabray ¿Por qué paras la fiesta? – Santana se acerca, cruzándose de brazos aunque su estado de ebriedad la delataba en la forma de moverse.
_ Dije… "todo el mundo". – voltea a verla y antes de que la latina pueda replicar algo, Rachel sale corriendo hacia el baño - Dios, solo lárgate Santana. – le dice antes de seguir a la morena.
…
Media hora más tarde, la casa estaba totalmente desolada y en calma., obviando el detalle de la suciedad que estaba esparcida por todo el primer piso. Quinn entraba al dormitorio de la diva con un vaso de agua y una pastilla en mano. Se sienta al lado de Rachel y le acaricia la espalda para despertarla.
_ Tienes que tomar la pastilla. Así mañana tendrás menos dolor de cabeza. – dice con suavidad pero la morena percibe la molestia detrás de ese tono.
_ Quinn… - trata de hablar y un fuerte dolor de cabeza se presenta, haciéndola gemir.
_ Solo tómalo y duerme. – espeto nuevamente pero con más dureza y levantándose de la mano solo para ser retenida por la muñeca.
_ Quinn por favor, quédate. – le rogo con ojos suplicantes.
_ Tengo que ordenar todo el desastre antes de que tus padres lleguen. Descansa. – otra vez fue esquiva y se soltó de su agarre, saliendo por la puerta para comenzar con su larga tarea de limpieza, además de tranquilizar su fuerte mal humor.
Rachel se encogió entre sus sabanas, sintiéndose desprotegida y triste ante la actitud que había tomado la rubia para con ella. Lagrimas brotaron de sus ojos al darse cuenta de que la decisión que había tomado horas antes la habían llevado a esta delicada situación que tenía con Quinn. Había desobedecido las reglas de sus padres y también las advertencias de su novia y ahora se encontraba tendida en su cama, con un fuerte dolor de cabeza y la garganta seca.
Solo esperaba que mañana pudiera encontrarse en un mejor estado para estar presente en la escuela y que el ambiente entre ella y Quinn cesase un poco para hablar armoniosamente.
Pequeño estribillo de Everytime de Britney Spears
