-Disculpa ¿Qué fue lo que dijiste?- preguntó la hechicera haciéndose la sorda.
-El príncipe ratón solicita una audiencia con la reina- el Príncipe Azul alzaba la voz para que se oyera mejor por sobre la música de Elvis.
-Vaya sorpresa- ríe sarcásticamente- Déjalo pasar, inútil. Quiero verlo-
El Príncipe obedece en contra de su voluntad y se retira.
Eran los salones del castillo de Aurora, ahora todos ensombrecidos y llenos de criaturas horribles que comían como cerdos al son de la música favorita de Maléfica. Los principes y princesas estaban allí en silencio, como unos subalternos indeseados a los cuales Maléfica les había perdonado la vida, por simple magnanimidad.
-Sonrían por favor, que el ratón vea que son felices de servir a la reina- les dijo la hechicera con una mueca.
El portón se abre y sus guardias escoltan a dos pequeñas figuras, que caminaban con mucha gracia.
Y eran muy similares, lo que despertó la curiosidad de todos los príncipes.
La hechicera no esperaba que fueran dos visitas. Eso la ponía de mal humor.
-Mickey, orejón, gusto en verte- exclama con ceremonia, luego repara en el otro visitante -Sin embargo no sé quién es el otro enano. No debiste traerlo ante mí-
-Los dos vinimos como soldados del reino, Maléfica. Los dos fuimos asignados a esto...- Mickey habló con orgullo -Y él es Oswald, el primer Disney-
-Jajajajaja- la hechicera interrumpió con una risotada.
Un crujido que sonó por todos los alrededor del salón, les indicó a los dos que el dragón estaba allí dentro, como una mascota enroscada y acechante.
-Disculpa, no había escuchado tantas tonterías en tan poco tiempo- se disculpaba Maléfica.
Los guardias y las criaturas de las sombras comienzan a acercarse, y rodean a los visitantes como una negra pared.
-Blanca Nieves, cielo, trae dos pepsi colas para nuestros visitantes- ordenó con sorna a la princesa- Me encanta la pepsi cola- aclaraba la hechicera. Y en realidad, en el salón abundaban los refrescos, los postres, y la música de Elvis, claro.
-Sí, ya vemos- comentaba el ratón al ver aquel desastre - En fin, Maléfica, disculpa...- Mickey iba al grano con decisión.
-"Reina", estimado ratón. Es el término más apropiado- lo corrigió la hechicera con sequedad y los salones se oscurecieron amenazantes.
-Maléfica, tú no eres reina. Éste no es tu castillo- Mickey dio un paso adelante sin intimidarse, y habló con claridad ante la hechicera.
-Has venido con demasiado atrevimiento, arrogante y atrevido ratón. Pero déjame decirte...- amenazaba la hechicera y el crujido se hizo mucho más fuerte y cercano, y Oswald y Mickey pudieron ver la silueta del dragón arrastrándose por detrás de los pilares- Que las cosas son diferentes ahora. Yo...- y se puso de pie para lucir toda su fuerza- he tomado el control del castillo y del reino-
-Tú no puedes hacer eso, Maléfica. Disneylandia solo tiene un rey, y no es una caricatura, es un hombre mortal. Y se llama Walter Disney, pero todos le llaman Walt...- la enfrentaba Mickey.
-Y ha sido Walt quien nos ha mandado aquí, oh gran hechicera- entonces intervino Oswald.
La hechicera lo miró con sorpresa, por su atrevimiento y por su...elogio.
-¿El rey de Disneylandia los ha enviado aquí?- se burlaba Maléfica.
-Y está aquí también, en el reino- aclaraba Mickey.
-Caramba qué gran evento. Sin embargo no logro entender por qué eso tendría que banalizar mi poder. Pequeñitos, lo siento pero me gusta mucho estar aquí y no pienso moverme porque dos roedores me lo dicen así que, por favor, muevan sus colas directo hacia la salida-
-Bueno es que a semejante majestad, un castillo así no le pega- exclamó Oswald con afán. Mickey giró como un resorte para verlo pues no tenía la más remota idea de lo que hacía.
-Disculpa pero ¿tú eres quién?- volvía a preguntar la hechicera con desdén.
-Yo soy el primer personaje Disney, estuve oculto por muchos años, pero he sido recordado otra vez y ¡Oh majestad! Si hay algo que una caricatura olvidada como yo, que ha estado en la nada por años porque todos mis creadores me olvidaron, conoce bien, es la leyenda de la gran Maléfica. Supe que eras la más grande de todas la villanas, pero...-
-Pero ¿Pero qué?- bufó Maléfica muy inquieta.
Mickey se había quedado perplejo, pues no tenía ni la más remota idea de lo que hablaba Oswald.
-Pues no sé, esperaba algo más "maléfico"-
Al ver la reacción de la hechicera, Mickey comprende, y entonces le sigue la corriente.
-Eso iba a decirle yo, Ozzy, pero ya ves cómo es Maléfica. Yo iba decirle que este castillo no va para nada con su estilo pero a ella no le importa...-
-¿Que este castillo no va con mi estilo?!- la hechicera comienza a molestarse -Roedores tracaleros, expliquen-
En realidad ella lo sabía, los radiantes príncipes y princesas, el colorido castillo, eran como un rayón molesto sobre su perfecta oscuridad.
-No quieres ser reina de Disneylandia, nop- meneaba la cabeza Mickey- No quieres ser una simple mortal-
-El rey solo es un simple hombre- decía lastimosamente Oswald, fingiendo pena, apoyando a Mickey -No quieres eso ¿Oh sí? Grandiosa majestad-
La hechicera ya no estaba tan molesta, pero se restregaba los labios muy intrigada y pensativa.
-Es mucho más glamorosa Maléfica la hechicera, en su reino oscuro, que aterroriza cada acre de las tierras de Disneylandia- opinaba Oswald con admiración-Todas las caricaturas sabemos eso-
-Tal vez eso sea cierto- reconocía Maléfica.
Los príncipes y princesas, sentados en el salón sin poder hacer nada, no tenían palabras qué decir ante aquel show. Simplemente se miraban, y clavaban sus ojos en Mickey y en Oswald.
Porque era un show, y todos ellos se daban cuenta excepto Maléfica.
-Yo creo que Disney te hizo perfecta- Mickey sacaba todo su encanto humilde, desconcertando a la hechicera aun más -No quieras cambiar eso-
-¡Yo no quiero cambiar nada, roedor!- protestaba Maléfica perdiendo la paciencia.
-O sí que lo haces, mudándote al castillo de Aurora. No te pega, es verdad lo que dice Oswald-
-Siiii, todo ese color rosa, y tantas flores. Nooo- Oswald dramatizaba -Es una combinación de muy mal gusto para su majestad-
La hechicera definitivamente que estaba molesta.
