¡Aquí estoy, de regreso! Hierba mala nunca muere, eso se me aplica...¿Y? Beneficio común, ¿no?
Gracias por sus excelentes comentarios, me hacen tan feliz que unas locas ganas de hacer adelantos se apoderan de mí y me pongo a escribir para actualizar éste y los otros fics. Para los que me siguen en la Oportunidad de Taka, me estoy concentrando en acabar esta historia, sí actualizaré pronto, no abandono ninguna historia.
Espero que les agrade la lectura!
En un alejado rincón de la avenida cuatro, más alejada del tránsito vehicular y el estruendo de los camiones de descarga que gruñían y lanzaban al aire sus pestíferos residuos quemados de combustible, Ino y Temari estaban sentadas frente a frente, cómodamente repantigadas en sillas sencillas pero elegantes del café al que acordaron ir hace tiempo.
El sol bañaba con fuerza la calle y caminar por la acera se había vuelto abrasador. En un contraste extraño con la zona en la que estaba situado el hospital, ya que en la zona de la arquitectónica e imponente construcción la temperatura disminuía en picada y era fácil que los pacientes permanecieran dentro.
El sol daba sus mejores rayos calientes antes de sumirse en el letargo profundo del invierno.
-¿Qué les ofrezco? ¿Ya consultaron el menú?
La camarera se acercó amigablemente, dedicando una sonrisa que pretendía romper el hielo de forma condescendiente. Sus pasos livianos apenas interrumpieron la atmósfera seria de la conversación entre las rubias amigas.
-Dos cafés – pidió Ino de forma igualmente educada y amigable. Aunque se sintiera culpable, arrepentida y deprimida, estaba bien educada y un descanso le había dado en qué pensar. Algo estaba cambiando y no sabía si era para bien o para mal.
-¿Americano? – Dudó la camarera - ¿Express?
-Cargados – gruñó secamente Temari.
La mesera se inclinó, haciendo una pequeña reverencia y se retiró rápidamente, intimidada por el tono de voz urgente y atemorizador de la voz de la rubia embarazada. Pero Ino no pareció incomodarse, se recargó con una sonrisa de gozo para que el sol le diera en la cara.
-Ugh – musitó Temari recargándose más en la silla y frotando su vientre con aire distraído – Esto del embarazo es realmente difícil de soportar.
Ino sonrió.
- Se pasa – dijo tranquilizadora – Y si tienes otro embarazo en mente, los síntomas se suavizarán.
Temari no respondió, tal vez por el ligero temblor de la voz de la doctora que se hizo patente a cada palabra emitida.
-Tu sí querías tener niños, ¿no? – preguntó Temari con cuidado, tanteando el terreno.
-Sí – confirmó Ino por lo bajo – Pero ahora que lo pienso realmente, creo que no podría. Soy muy inmadura aún, yo no quiero que...
-Descuida –la interrumpió Temari suavemente – Tengo tres años más que tú y aún pienso que seré un fracaso como madre.
Hubo un silencio reflexivo, que se rompió cuando los cafés llegaron en una bandeja, cuidadosamente depositados en la mesa con un tintineo.
-Me crié en un ambiente hecho para hombres duros, en la orilla del desierto – dijo Temari de repente, tocándose la barbilla con el aire de quien recuerda algo lejano y turbio – Mi padre vendía autos antes de ser alcalde y yo, como niña que era, desentonaba. Fui una desilusión, por que mi padre quería que su primer hijo fuera un hombre. No me prestaba atención, así que jugaba a armar motores y rodar tuercas, no a rodar carrozas de muñecas y jugar con la princesa que fue cisne. Nunca tuve un pastel rosa de cumpleaños ni moños o zapatillas de ballet. Yo era simplemente, como un niño más, a nadie le molestaba. Gaara nunca fue muy hablador, pero sabíamos que era inteligente. Así que el preferido, terminó siendo Kankurou, aunque no quiere heredar la compañía. Él tiene una mano especial con las programaciones, cuando era un bebé, armaba marionetas y a los 7 años terminó una con circuitos.
Miró a Ino con gravedad, como tomando nota del impacto de sus palabras.
-Yo no quiero que mi hija se convierta en algo que no quiere sólo por no tener opciones.
Ino no sabía qué decir. Sus ojos estaban desprovistos de esa chispa astuta que encontraba siempre un consuelo o una respuesta tenaz. Tenía un fuerte deseo de ayudar a Temari.
-No pienses así – dijo al fin – Eso no sucederá.
Temari la miró inexpresivamente.
-Ella estará bien, si se parece a su mamá – dijo con una sonrisa – Ella podrá elegir el camino que quiere seguir, por que tiene alguien que cuidará de ella como nadie, y cuando el momento llegue, estará totalmente segura de lo que desea, como la persona que la animó a decidir por sí misma.
Ahora ambas estaban sonriendo, conectadas por un lazo de amistad que cobraba más y más fuerza conforme pasaban los días.
-Que problemático – se escuchó desde abajo un momento después. Ambas buscaron la conocida fuente del sonido, sobresaltadas momentáneamente.
Shikamaru estiraba el cuello desde la cerca de la acera, donde se tenía una vista parcial de la terraza del café. Su cara se asomaba desde un macizo de flores, dándole un aspecto cómico.
-Van a insolarse así – dijo lentamente, con aburrimiento - ¿No pudieron encontrar un sitio mejor para intercambiar chismes?
Temari sonrió pícaramente.
- Tú no pudiste escoger un mejor sitio para ver, ¿cierto? – dijo mordaz, dándose cuenta de que desde la posición de Shikamaru sólo se podía
ver sus propias piernas descubiertas y las de Ino.
Shikamaru desapareció y entró unos momentos después, encogiéndose de hombros.
-¿Están más cómodas así? –preguntó al acercarse a la mesa.
Fue sólo un momento, pero ver a Shikamaru después de tanto tiempo y aún más de lo que pasó, provocó un incómodo temblor en el vientre de Ino.
Bajó la mirada, estaba segura de que ellos estaban teniendo un saludo íntimo, del que ella no debía ser testigo.
-Ino – dijo Temari fingiendo no darse cuenta para no incomodarla más – Vamos a regresar al hospital. ¿Quieres que te llevemos?
-No, gracias – dijo girando para encontrar su bata, que dejó colgada en el respaldo – Prefiero caminar.
-No – dijo sin hacerle caso – Caminar con éste sol sólo te derretirá los tacones.
Ino abrió la boca para decir algo, pero Temari sólo la jaló de la muñeca.
-Nada de nada – dijo al conducirla a una alta e intimidante camioneta, que limpia, encandilaba por los destellos que el sol arrancaba a la reluciente y chillante pintura.
-Sube – le pidió.
Shikamaru les ofreció la mano a Temari y a ella, con lo que se facilitó el trabajo.
Mientras miraba por la ventana, Ino pensaba con aire ausente lo que pudo haber hecho si supiera en lo que repercutirían sus decisiones.
-Entonces, ¿tomarás el turno completo? – preguntó Tsunade, sentada detrás de su escritorio, mirando a un Kakashi distraído, parado en el umbral.
-Sí – dijo éste mientras se acercaba un poco más, con el aire del que tiene algo muy emocionante que hacer pero le parece aburrido – Pienso que me conviene mirar todo el día. Tú sabes... enfermeras novatas...exámenes de cuerpo completo...
Tsunade se frotó las sienes, al parecer tratando de contenerse.
-Sabes que eso me obliga a proporcionarte un cuarto aquí, ¿verdad?
-No estaba seguro – respondió Kakashi. –El gobierno me dio una casa cerca.
-Pero tengo que hacerlo de todas formas – gruñó escarbando entre su papeleo.
Kakashi se encogió de hombros.
-Gracias por tu generosidad –dijo sarcásticamente.
Ella gruñó.
-Ven, toma las llaves. – Kakashi se acercó obedientemente - Éstas son de las puertas exteriores, la reja, el depósito de cadáveres, el estacionamiento y los trasteros de los jardines. Ésta es de los vestuarios, baños, tu oficina, tu cuarto y la maquinaria. Ésta es una llave maestra, te da acceso a los cuartos, los comedores, la cafetería y la azotea. Ésta no la necesitarás, es de los quirófanos. Éstas son de las salas de tratamiento, ésta de recepción y ésta pequeña...
Se ruborizó.
-Espero que no tengas que usarla – dijo con un tono de voz forzado – Es sólo para emergencias y abre mi oficina y la puerta de mi casa.
Kakashi sonrió.
-Haré una copia –dijo bromeando mientras observaba las desnudas piernas cruzadas de la directora.
Tsunade lo captó al vuelo.
-Dije sólo para emergencias – aclaró – Pero supongo que será tu especialidad, ninja copia.
-Ha pasado un tiempo – dijo gravemente, sobándose la barbilla – Desde que me apodaron así.
-Tal vez no te has dado cuenta – se burló Tsunade – pero esta es una oportunidad perfecta para revivir la acción de tus viejos tiempos.
-No esperaba que atacaran a todos a mi regreso – dijo Kakashi desviando la vista.
Tsunade sonrió comprensiva.
- Me debías un favor – le recordó – Cuando esto termine, podrás tener una vida tranquila.
-Me da la sensación de que esto sólo empeorará – comentó Kakashi cuando estaba en la puerta.
-¡Espera! – gritó Tsunade - ¡Te falta el uniforme!
-Oh – dijo él, acercándose a ella, que buscó a tientas un momento dentro del armario de la oficina del conserje -¿Crees que te quede esto? ¿Qué talla eres?
Kakashi sólo lo tomó para alejarse rápidamente.
-Y ahí va –la escuchó decir – Mi nuevo jefe de seguridad.
Kakashi sonrió cerrando los ojos. Hacía tiempo que no se alegraba tanto de ver a la vieja Tsunade.
Sasuke marcó lentamente, lo que Hinata no sabía es que el moreno se estaba armando de paciencia para lo que venía. Una vez que le contestaron, las señales de molestia no desaparecían, más bien se incrementaban
-Karin – dijo por fin, hastiado pero resoplando como un toro furioso – Necesito un favor.
Una charla animada e ininterrumpida estaba teniendo lugar del otro lado de la línea.
-Me debes una –sonó a recordatorio, con un toque de amenaza.
-Sí, debes encargarte de eso. Nadie más tiene que venir a entrevistarla. No, no voy a pagarte por eso. Para mañana.
Supuso que el trato estaba hecho, él tomaba riesgos y vencía, justo lo contrario. Le gustaba aprender de él y descubrir cada nueva respuesta inesperada. Él y todo lo que lo componía, era todo, todo lo que ella necesitaba y de lo que carecía. Él no nació para perder.
Era gracioso comparar y emparejarlos sólo para reír ante las kilométricas diferencias entre ambos, ver cómo ella se callaba las opiniones, fueran crueles o no, verlo a él sin miedo a decirlo.
Ver cómo ambos habían crecido con dificultades similares, ver cómo habían tomado diferentes decisiones ante las crisis.
Un chasquido la hizo volver la cabeza. El teléfono cerrado estaba en manos de su dueño, que parecía pensativo.
-Todo está bien – le explicó después del silencio – La entrevista está arreglada.
-Sasuke...- dijo titubeante - ¿Tú conoces a esa gente?
-Trabajé con ellos – dijo evasivamente. Después de pensarlo un momento, abrió la carátula de su teléfono, sacó el chip y dejó en un lugar visible su teléfono, ahora vacío de información que lo relacionara, esperaba que alguien común lo cogiera y lo usara.
Eso fue un tanto sospechoso e hizo que Hinata desviara la vista de forma incómoda, como quien tiene la lengua atorada por preguntas pero prefiere tragárselas todas antes de expulsarlas, como un delicioso dulce que es codiciado por alguien e intenta arrebatártelo. Era mejor así.
Pero a alguien como él, ni siquiera le menor detalle se le escapa, así que habló después de guardar cuidadosamente el chip en su cartera.
-No se debe probar que tengo relación con ellos.
-Son...
-Ex- criminales.
Hinata asintió. No era nada anormal tratar y no planeaba decirle a nadie sobre cualquier relación, después de todo Sasuke había sido muy cuidadoso. No había escuchado, no sabía los nombres...
En ese preciso momento, apareció Naruto en la puerta. Sonrió ampliamente al ver la tranquila escena y se sentó en la cama de Hinata.
-¡Hey, mira! – señaló hacia una esquina, donde no había absolutamente nada que ver. Después de que una desconcertada Hinata se acercó más y le tendió una rosa. Una sonrojada Hinata la aceptó y al estirarse para colocarla en un recipiente con agua vio la ensombrecida cara de Sasuke y no lo entendió.
Lo que hubiera sido obvio para Sakura o Ino, una de las emociones humanas básicas, no lo fue para ella.
Y él lo notó.
Así que se sintió a salvo, escuchando a Naruto parlotear y viéndola a ella, manteniendo el contacto visual.
Se notaba que estaba muy confundida.
Así que se preguntó qué cara la estaría desconcertando.
¿Tendría una expresión tan delatadora?
Sintió un dulce placer vengativo cuando ella ignoraba al dobe para mirarlo a él.
-Naruto – se dio cuenta de que su voz transmitía demasiado - ¿No quieres tomar algo?
Naruto sonrió aún más.
-¡Sí! ¿Qué prefieres tomar, Hinata chan? ¿Té de jazmín? ¿Té negr...
-Vámonos.
Secamente y tratando de no pasarse con su amigo, lo jaló y lo sacó casi a rastras de la habitación. Cerró la puerta con fuerza, causando que se azotara y se abriera nuevamente
Hinata se sobresaltó por la brusca despedida y más aún por los gritos que se escucharon por la puerta entreabierta. Aún se escuchaba los jadeos del rubio por los forcejeos y la impasibilidad de Sasuke era tangible hasta en el aire.
-¡¿Qué haces? ¿Y si Hinata quería algo?
-Ella tiene servicio a la habitación. No se debe levantar.
-¡Yo quería estar con Hinata!
Sintió algo parecido a un estremecimiento en el cuello del estómago.
-Sólo estabas buscando a Sakura.
La sensación se congeló. ¿Así que Naruto no sabía lo que había pasado? ¿Sólo la estaba buscando, no quería estar con ella?
-¿Dónde está? – dijo bajando la voz – Necesito hablar con ella...
-Ahórrate las excusas. Ya no está aquí y no volverá.
-¿Qué? ¿De qué estás hablando? No puede ser. Sakura adora trabajar aquí, nunca se iría.
-Fue unánime. Le dije que se fuera, Tsunade la despidió y se fue.
Hinata casi podía ver la furia burbujeante que se calentaba cada vez más en el pecho de su rubio amigo. Algo se estrelló contra la pared, sonó como si alguno de los dos hubiera empujado al otro en un ataque de cólera, o como si en el mismo arranque, el otro lo hubiera esquivado y el atacante se hubiera precipitado a la pared. Hinata no podía dejarlo así, con cuidado se levantó de la cama, asiéndose de cualquier apoyo que estuviera a su alcance.
Buscando una cómoda o algún baúl de ropa que estuviera cerca, levantó la vista y sus ojos, junto con todo su cuerpo, se paralizaron. Captaron muchas cosas a la vez: Captaron cómo Sasuke dejaba que Naruto lo volviera a estrellar contra la pared sin oponer resistencia, vio la roja cabellera de él y vio sus ojos llenos de una emoción desconocida para ella.
Sasori se acercó a pasos lentos y como había querido hacer desde la otra vez, acarició su cara, su piel de porcelana y observó atentamente cómo el pánico se apoderaba enseguida de ella.
-Respira, Hinata. Hoy sólo quiero hablar contigo. ¿Recuerdas a Sakura? Huyó del país, sin saber a dónde. Seguramente te odia.
No, no podía ser. ¿Sakura huyendo?
-Esto es taaaan divertido. Mira cómo enrojeces. Justo como una lámpara.
-Sa..Sakura sa...
-Sí, ya debes procesarlo. Afuera de este lugar hay alguien que grita por saberlo.
-¿Por qué?
-Así es la vida, preciosa. Nadie dijo que sería justa, así que tienes que inclinarla a tu favor. Ella se quedó atrás llorando por el Uchiha.
Hinata dio un paso atrás.
-Sólo asegúrate de que ese llorón rubio lo sepa.
Y se marchó tan rápida y misteriosamente como vino.
No tuvo el lujo de dejarse caer. Salió como pudo para encontrar que Naruto estaba siendo sujetado por Gaara. Kakashi hablaba con Sasuke en voz baja, un poco apartados. Naruto se había calmado ligeramente, pero Hinata reparó en que de la camisa de Sasuke unas manchas rojizas se expandían como flores de loto.
Se apresuró a llagar con ellos.
-¡Sasuke! – horrorizada, se llevó las manos a la boca.
-Sólo se abrieron los puntos – dijo volviéndose – No es nada grave.
-Hey, Hinata, respira – dijo Kakashi – Si dice que está bien, una hemorragia no lo matará. Es un chico duro.
Era la segunda vez que escuchaba "Respira" en menos de dos minutos.
Kakashi se dio cuenta.
-Ya se fue, Hinata. ¿No te hizo daño, verdad?
Sasuke la miró enseguida, repentinamente interesado en la conversación.
-N-no – perturbada, miró a Naruto y lo que vio hizo que su corazón se estremeciera. Gaara estaba de pie, brazos cruzados, mirando el techo con hastío mientras Naruto trataba de contener unas lágrimas, en el suelo. Se le hizo un nudo en el corazón.
Quiso ir a decírselo, pero no podía. Sasuke sangraba y seguramente no le importaba, pero a ella sí.
Kakashi parecía inalterable como siempre...
-Creí que lo habías sacado de aquí.
-Tuve que venir y detener a Naruto. No soy Kali Ma. *
- Entró a su cuarto sin que te dieras cuenta.
- Pero no le hizo nada.
-¿Y si lo hubiera hecho?
Hinata olvidó el pudor que tenía y le abrió los botones de la camisa. Kakashi observaba interesado, Gaara escéptico y Naruto asombrado, aunque seguía dolido.
-E-es mucha sangre – observó con voz temblorosa –Puede ser peligroso...
Levantó la vista, sus ojos se encontraron y sintió cómo las piernas le temblaban. Sasuke sostuvo sus hombros mientras Gaara se acercaba para sostenerla.
-Ve – fue lo único que dijo y con un toque de amargura.
Asintió después de pensarlo mucho y se acercó al doliente. Se inclinó para hablarle y sus negros cabellos se precipitaron suavemente como tiras de seda, ocultaron su cara de modo que pudo mantener una voz neutra al saber que el rubio no podía verle la cara. Más confiada, pero enormemente confundida, comenzó a hablar, cuidando de escoger las palabras adecuadas y su timbre de voz.
-Sa-sakura san – tragó saliva con dificultad, las palabras amenazaban con atropellarse – Se fue del país para...
Ahora tenía toda la atención del rubio. La miraba sorprendido, jamás creyó que ella sería quien le explicara la ubicación de su amor perdido. Ella se tomó una pausa para hablar y no hacer cosas que pudieron haber estropeado el momento de concentración anterior.
-Y...
-Sakura san...no sabe a dónde va, pero...
-¡¿Que no sabe a dónde va?
Tuvo la tentación de sujetarla con fuerza hasta que hablara y salir a buscarla él mismo. Dejarla con las palabras en la boca y correr, correr hasta encontrarla. Esa extraña mezcla de sentimientos: Amor, Dolor, Traición, Confusión...
-Hinata, quiero que sepas algo – dijo repentinamente serio.
Hinata esperó en silencio, con el corazón en la mano.
-Amo a Sakura – esperó un poco por que no encontraba las palabras, sin saber por qué, evitó mirar a Sasuke – La seguiré hasta el fin del mundo, si está ahí. Por favor. Si sabes algo acerca de dónde está, dímelo.
Y sus ojos brillaron de forma especial al confesarlo.
Hinata asintió, Naruto estaba tan absorto que no se percató del par de lágrimas que cayeron al suelo.
-Lo prometo, Naruto kun.
Su voz estaba quebrada y sus pensamientos dispersos, pero se incorporó esperando que Naruto atribuyera su despliegue de emociones a la fuga de Sakura, aunque en parte así era.
Kakashi convenció a un reacio Sasuke de ir a sutura de nuevo, que observó receloso a Hinata y Gaara se acercó a ella y caminó a su lado.
Observó cómo las lágrimas se deslizaron por la curva de la nariz y sus mejillas, sus ojos bajos, más pálida que de costumbre.
Tocó su cara y sus lágrimas estaban frías.
Sus labios, lo cuales se había mordido mientras Naruto hablaba, estaban más rojos y se notaban las marcas de sus dientes al aplicar la presión.
-En realidad estás pensando en ayudarlo.
Era obvio.
Al doblar la esquina, Gaara se detuvo y la detuvo. Neji y Tenten los miraban estupefactos.
-¿A dónde iban? – preguntó Tenten – No los encontrábamos.
Un segundo corrió lentamente, en silencio.
-¡Por Dios, Hinata! – Tenten se precipitó hacia ella - ¿Qué ocurrió?
Gaara no dijo nada, pero eso no evitó que Neji no lo fulminara con la mirada.
-N-nada – Hinata evitó decirlo a toda costa – S-sólo necesito pensar.
Tenten asintió y tomando el brazo de Neji, Gaara no se salvó de dar una explicación con la insistente chica.
Sasuke salió de la nada. De repente caminaba con ella, de repente ella se dio cuenta.
Tenía los ojos distraídos, privados de emoción.
Ella no sabía cómo empezar.
-¿T-te sientes mejor?
-¿Y tú? – cuestionó él.
-De alguna forma...- dijo ella melancólicamente – Sentía que esto terminaría así.
-No me has contestado.
Sonrió de la misma forma melancólica en la que trataba de esconder sus sentimientos sin éxito.
- Es mejor así – dijo para sí misma, lo miró a los ojos y dijo :-Estoy bien.
Él no dijo nada, pero recordó las palabras de Kakashi mientras escapaba de sutura y sólo sustituía su camisa:
-¿Te has dado cuenta, cuántos han estado a punto de besarla? No has reaccionado. ¿Dejarás que cualquiera se adueñe de ella? ¿No la cuidarás, siendo su guardián como la última voluntad de su madre? O... ¿De quién será su primer beso? Yo puedo adelantarme...
Lo dejó atrás, por que sus palabras eran ridículas.
-Hinata – miró su delicadas facciones mojadas y contraídas por el dolor y la decepción - ¿Has besado antes?
Como suponía, eso la descolocó.
-N-no.
Sonriendo con arrogancia, se acercó a ella.
¡Hey!, sí! Serán unos cuantos capítulos más en donde todo cambiará! ¿Será bueno o malo?
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