Hola, espero les guste este capítulo, con esto iniciamos la cuenta regresiva. El principio del final. Disfruten la lectura =)


Capítulo 21: Sinfonía soledad.

El concierto estaba a punto de empezar, las canciones ya estaban elegidas. El cuarteto de cuerdas había llegado, habían afinado sus instrumentos y estaban en su lugar. El recinto elegido para el espectáculo estaba rebosante, no cabía una sola alma más dentro de ese espacio. Las luces se apagaron y una pista de fondo sonó, las pantallas proyectaban fragmentos de los videos musicales de Bad Luck anunciando que la hora había llegado. Tras bambalinas los cuatro integrantes del grupo juntaron las manos a manera de ritual. Shuichi los miró y gritó:

—"What time is it? —

—Show time— Le contestaron los tres integrantes a una sola voz. Cada uno tomó su lugar y Shuichi tomó el micrófono sin salir aun a escena. La canción y el video llegaron a su fin y los primeros acordes de "Super Drive" sonaron. Era hora de iniciar. Las luces se encendieron y el vocalista entró corriendo, con esa energía casi infantil característica de él.

La respuesta del público fue inmediata los gritos y los saltos no se hicieron esperar, coreando una a una las canciones que el rosado vocalista les ofrecía. Un vocalista que se paseaba libre por el escenario, cantando y brincando, excitando al público y excitándose a si mismo. Suguru hacía lo propio en su instrumento, nadie –salvo su primo Seguchi y la bella Norkio- hacían vibrar el escenario sólo con presionar las teclas de su sintetizador. El aura rockera de Hiro estremecía a los fans y Tatsuha a pesar de ser relativamente nuevo fue acogido cálidamente por los viejos y nuevos seguidores del grupo. Todo iba en viento en popa hasta que en un momento de silencio –transición entre canción y canción- la gente comenzó a pedir una canción a gritos, no habría problema alguno si hubieran pedido cualquier otro éxito de la banda, pero no, estaban pidiendo esa canción, la canción.

—¡Glarin' dream!, ¡Glarin' dream!— El publico clamaba eufórico y Shuichi no contestó, miró a lo lejos y entonces lo divisó. Alto, fuerte, con esa mirada asesina y carismática propia de él

—Vamos Shuichi comencemos con la canción— Hiro se estaba impacientando, no era bueno hacer esperar a los fans y menos el negarse a complacer una canción clásica.

—Hiro…él está aquí— La voz de Shuichi se escuchaba débil y frágil, cualquier viento suave podría convertir en pequeñas piezas filosas su voz, más encontró la fuerza necesaria para caminar sobre el cristal sin romperlo. Eiri estaba ahí, como siempre. Su mirada le exigía una respuesta, una explicación sobre lo que pasó y los clamores de la muchedumbre hacían que la petición del rubio se volviera innegable. Shuichi debía actuar

—La canción nueva, Patético. —

—Pero dijiste que la descartarías, es una locura, no la has practicado bien— Hiro respondió a su amigo.

—Y bien queridos fans, la siguiente canción es una nueva, ah y no se burlen si me equivoco ¿eh?, es mi incursión en un nuevo instrumento así que espero que les guste. Alguien de producción que me pase una guitarra, gracias…— Suguru y Tatsuha se miraron confusos, esto no venía en la programación del concierto. Algo iba a salir muy mal esta noche.

—Bien esta canción se llama patético y va dedicado a todas esas personas que los hicieron llorar por amor— Tatsuha marcó los tiempos en la batería y la canción sonó, Shuichi comenzó con los acordes de la guitarra sin mucha experiencia pero tampoco como un experto.

Ya me cansé de llorar, de ver un gran misterio pasar, de dar todo y nada encontrar.

Y sé que ya te cansaste de aparentar, de fingir que me quieres una vez sólo por noches de placer animal.

¿Quizá yo siempre hice mal? ¿Quizá no debimos continuar? Sugiero esta mentira terminar

No importa cuanto me esforcé, y perfecto el sueño fue, siempre me lastimé de no ser la persona correcta. Recuerdo que fue patético creer que me amabas y soñaba que tus labios me despertaran en la mañana…

No, no es tu culpa esta ocasión, fue mi triste obsesión de creer que me amabas igual

Ya sé, todos mis recursos yo agoté, amor del bueno me quedaste a deber y todo para que al final busque mi camino hacia donde tú no estás

¿Quizá no te debí amar? ¿Quizá me deba retirar? Sugiero jamás regresar

No importa cuanto me esforcé, y perfecto el sueño fue, siempre me lastimé de no ser la persona correcta. Recuerdo que fue patético creer que me amabas y soñaba que tus labios me despertaran en la mañana

Ya sé que te has cansado de esperar todo el tiempo de la vida a que termine con nuestra farsa

No importa cuanto me esforcé, y perfecto el sueño fue, siempre me lastimé de no ser la persona correcta. Recuerdo que fue patético creer que me amabas y soñaba que tus labios me despertaran en la mañana

Fue patético creer que me amabas, patético creer que me amabas, patético creer que me amabas…— Cada palabra cantada, cada sílaba pronunciada se clavaban en Eiri de la misma manera en la que Shuichi no despegaba los ojos del escritor, el rubio se quedó boquiabierto, había obtenido la respuesta de una manera vil y cruel, fría y ruín. Exactamente como era él. Yuki Eiri había recibido el pensamiento de Shuichi y sentía el reclamo y le dolía. Ahora tenía armas para creer que su koi aun lo amaba. Tal vez no todo estaba perdido. Debía luchar, debía intentar. A pesar de que todo estuviera en su contra veía una nada habitual luz de esperanza cerca de él.

Shuichi se despojó de la guitarra y el concierto continuó, el chico no volvió a mirar a su ex amante en toda la velada. Conocía el alcance de esa canción y sabía que detrás de todo ese despecho aun había algo de amor en ella, un profundo y grato amor por Eiri. Todo el público estuvo eufórico el resto de la noche hasta que Shuichi se despidió. Nada salió como lo esperaba, sus espectadores lo forzaban a volver, a volver a él. Indirectamente lo querían a su lado. ¿Qué podría un simple cantante hacer ante el eufórico grito de la muchedumbre?

— ¡Glarin' Dream!, ¡Glarin' Dream!— El auditorio completo exigía la canción. Los chicos ya habían salido del escenario y se miraban entre ellos asombrados. Sin embargo, Shuichi no se veía cómodo con la situación

—Shuichi ellos quieren que salgamos—

—Lo sé Hiro—

—Están pidiendo la canción, una de las que prometiste no volver a cantar—

—No quiero, Tatsuha, Suguru, a posiciones, improvisen algo, ya entraremos— Suguru y Tatsuha asintieron, tomaron posiciones y comenzaron a tocar.

—Pero los fans lo están pidiendo y después de todo, por ellos estamos aquí—

—Sal Hiro y diles que empiecen con Glarin' Dream—

Hiro le acarició el cabello suavemente, tomó su guitarra y les hizo un ademán a los otros dos músicos, la introducción de la canción comenzó.

—Me había jurado a mi mismo no volver a cantar esta canción, pero ustedes son todo para mí, para Bad Luck, ustedes son mi "Glarin Dream"— Y el cantante se dio a la tarea de cautivar a sus escuchas con su voz. Una noche, una banca, una canción y el viento, la historia de un romance con olor a cigarro y fresillas dulces. Noches de sexo, pocas demostraciones de afecto y muchas lágrimas. El coro era muy dulce pero el autor se sentía desgarrado al cantar mientras un escucha sentía cada palabra como si fuera ayer. Ambos soltaron una lágrima con diferentes motivos, uno florecía al volver a escuchar esas palabras sin talento literario y el otro se marchitaba por reabrir heridas que había jurado cerrar para siempre, todo al son de un slow-rock. Eiri se sentía correspondido y Shuichi autotraicionado. En un lugar preferente estaba Ryuichi. Viéndolo, seco, distante y sobrante. Había visto a Eiri y conociendo la historia de la canción, el contexto lo estaba matando. Fijó los ojos en Shuichi, estaba de rodillas, con lágrimas desbordando sus ojos. Lo entendía, aun había algo por cierto escritor. Suspiró. ¿Habría perdido la batalla?, no sabía, no era certero como tampoco lo era su relación con Shuichi.

—Gracias, han estado formidables, ¡nosotros somos Bad Luck y nos veremos dentro de muy pronto!— Y con eso salió de escena.

Ya estaba fuera, fue seguido por Tatsuha, Suguru y Hiro. Al encender las luces del recinto los miembros de la crew soltaron la canción de "In the moonlight", canción que quebró al vocalista. Las lágrimas caían, deslizándose por su rostro, dejando la marca de un escritor que ahí había estado y el cual no se iría tan fácilmente.

—Wonderful guys, wonderful… ¿Qué te pasa Pinky boy?— Mr. K entró, y se quedó estupefacto al igual que el resto de la banda. No era normal ese llanto en Shuichi, no ahora que había vuelto de su viaje renovado, ese era un llanto amargo, un llanto oscuro, un llanto característico de Yuki Eiri. El chico de cabellera rosada buscó los brazos de su mejor amigo

—No quiero volver a cantar esa canción, nunca—

—Vamos Shu, es sólo una canción—

—No Tatsuha, no es sólo una canción, esa canción me unió a tu hermano— Hubo silencio, hubo tensión, hubo muchas lágrimas y su nombre profanó el lugar

—Yuki Eiri estaba en la multitud, por eso decidí cantar la canción descartada y por eso me rehusé a cantar Glarin' Dream en un principio. Pero ya se acabó. — El llanto cesó. El Shuichi maduro y centrado regresó, por poco perdió el piso pero recobró su esencia. El teléfono sonó y al contestarlo escuchó helado a su interlocutor.

—No te quitaré mucho tiempo, te espero fuera de tu departamento. Gracias. — El chico no supo como reaccionar. Había descubierto la voz de su examante por la línea, no quería verlo y a pesar de eso no sería un cobarde, lo encararía. Dejaría las cosas claras y se despediría de él aunque el corazón le latiera a mil por hora por el solo hecho de pensar que estarían de frente.

—Shuichi, ¿quién era?—

—Esta noche pasarán cosas que definirán el futuro, Hiro, tengo miedo, pero no dejaré que el miedo me carcoma. No ahora. —

—Confío en ti— El guitarrista del grupo puso su mano en el hombro de Shuichi y ambos sonrieron.

—Pinkie boy. Why decidiste no volver a cantar tus hits?. — Mr. K necesitaba

—Mr. K, Yo necesito deshacerme de mi pasdo, deshacerme del dolor y esta es la única manera— Shuichi miró al vacío, se sentía con ganas de ver las cosas diferente manera, pero el viejo Shuichi amenazaba con emerger de nuevamente, tratando de romper el cristal donde estaban alojado. El chico se acercó a la ventana y miró la luna entonces comprendió que no había un nuevo Shuichi y un viejo Shuichi. El chico caminó al lavamanos que estaba en la habitación y se aseó la cara. Sintiendo como le agua acariciaba su piel con toque de seda líquida que refrescaba su rostro, se resbalaba por sus mejillas y terminaba por colarse en el drenaje. Shuichi se secó y miró a sus compañeros.

—Tenemos mucho trabajo aun pero descansaremos un poco antes de empezar otra vez. Hiro se casa en pocos días y tenemos que dejar todo listo. Tatsuha y Suguru, vayan y pidan una copia del Show, pedí que lo grabaran. Yo me voy a casa, tengo un asunto esperándome. — Shuichi se despidió de todos y salió del edificio. Hiro siguió sus pasos y lo alcanzó en pocos segundos.

—Estás seguro de esto, sé que irás a ver a Eiri—

—Sí, tengo que definirme, incluso pensé en terminar a Ryuichi—

— ¿Qué, acaso aún amas a Eiri?—

—Sí, y lo sabes, pero no terminaría con Ryuichi para irme con Eiri, si lo llegase a hacer es para tomarme un respiro, Hiro, no estoy jugando con Ryuichi, es solo que mi cariño por él aún no se convierte en amor, a veces siento que fue demasiado rápido el haberle dado un sí, sin haber superado enteramente a Yuki…Yuki, es la primera vez que lo llamo por su seudónimo desde que llegué aquí— Shuichi sonrió mientras sus ojos se vaciaban, estaba vulnerable pero con la guardia lista, no se dejaría esta vez —Hasta mañana Hiro, ha llegado el momento.

Shuichi tomó un Taxi para llegar más rápido a su apartamento. Después de pagarle al conductor y bajar del auto miró el Mercedez color negro estacionado frente a su hogar. Shuichi inhaló el fresco aire que se deslizaba en la atmósfera para darse un respiro y comenzar a caminar. Todo el trayecto se mantuvo sereno para no caer en ansiedad pero ahora todo estaba preparado, ya no podía huir. De entre las sombras, la silueta que se encontraba recargada junto a la puerta de su casa encendió un cigarrillo. Ahora confirmaba lo que pretendía negar. Apretó los puños para armarse de valor simbólicamente y sonrió. No le daría la oportunidad de verlo caído esta vez, pero tampoco sería cruel como la vez anterior.

— ¿Quieres pasar?—

—Preferiría que fuésemos breves—

—No seas testarudo y entra, te vas a resfriar si te quedas aquí— Shuichi hizo pasar a su examante, el escritor entró en silencio y se sentó en un pequeño sillón. Suichi fue al bar y le ofreció una copa de Wiskey, pero el rubio la rechazó. El chico se sentó frente a él y lo miró fijo, aguardando su ataque.

—Te escucho Eiri— Los ojos del rubio bajaron la guardia. No eran felinos y agudos como hace rato, ahora estaban a merced del cantante, Eiri inclinó su cuerpo hacia adelante y apoyó sus codos sobre sus pernas, sosteniendo su rostro con sus manos.

—Yo sé que te fallé en el pasado, sé que esperabas algo más de mi y que no merezco estar sentado frente a ti, aun así tengo el descaro y el atrevimiento de pedirte que vuelvas conmigo, por favor Shuichi, vuelve conmigo.

— ¿Crees que me voy a tragar tu cuento? —

—Déjame explicarte

—No quiero que me expliques, no quiero que me digas. Eiri, yo te esperé, yo te sufrí, yo te lloré. Nada de eso fue suficiente en dos años, ¿qué pasará si vuelvo contigo? Serán otros dos, tres, veinte años de la misma vida. Estoy cansado—

— He cambiado, he cambiado por ti ¿por qué no puedes darte cuenta?—

—No me consta que has cambiado y si lo hiciste que bien por ti. Ahora puedes ir y encontrar a alguien a quien amar, alguien que te merezca—

—Tú me amas, me amas—

—Y te atreves a decir que has cambiado, sigues siendo el mismo ególatra que conozco, el mismo ególatra que me hirió y el mismo ególatra que me dijo que no tengo talento—

—Shichi tú me amas porque yo te amo y puedo sentirlo, te amo Shuichi— Hubo un amargo silencio, hacía dos años que Shindou había deseado escuchar esa palabra y ahora que por fin la conocía no lo llenaba como él quisiese. El chico volteó a espalda y agachó su mirada.

—Sabes, hacía mucho tiempo que esperaba que me dijeras eso, no sólo que lo dijeras, sino que por fin lo sintieras y ahora que me lo dices me siento vacío Eiri. Tal vez tengas razón, tal vez aún siento algo por ti, pero aunque lo sintiese yo ya no volvería a ti porque quiero dejar de sentirlo—

— ¿Qué?, pero yo... tú me prometiste que jamás me abandonarías, no importa si huía o si moría, tú irías tras de mi— Una lágrima traicionó a Eiri y se resbaló por su mejilla. Shuichi se acercó a él y le limpió la lágrima con su pulgar. Sonrió.

—Ya no puedo. Esa promesa hizo que quisiera atentar contra mi vida y por eso no puedo seguirte más. Tampoco estoy pidiendo que me sigas…—

—Yo te seguiré a donde me pidas—

—No prometas cosas que no puedes cumplir, no es tu estilo de vida seguir a alguien. Dentro de mí siempre supe que esto no funcionaría pero mis locas ilusiones me hicieron seguir con esto y ya vez como está todo ahora—

—Es por Sakuma ¿no es así? —

—Ryuichi no tiene nada que ver. Cuando yo inicié lo que tengo por él fue después de haber decidido dejarte ir. —

—Entiendo— El silencio envolvió el ambiente como el papel envuelve los regalos antes de ser enviados. Un papel gris y oscuro de un regalo que no sería abierto jamás.

—Perdón por haberte causado molestias y por haberte hecho decir cosas que no sentías, en otros tiempos hubiera caído a tus pies pero hoy no, fue muy lindo todo, pero ya se acabó. — Los ojos de Eiri se humedecieron y comenzaron a humedecer. El escritor se levantó y miró fijamente a Shuichi

— ¿Puedo abrazarte por última vez?—

— Adelante— Eiri se acercó a Shuichi y éste cerró los ojos, sintió los brazos de Eiri rodear su cuerpo y sentir su calor. Tan suave, tan protector. Ese aroma a tabaco y loción lo hacían volverse loco. Quería correr por esas praderas oscuras y arrancarle la camisa. Pero no lo hizo, correspondió el abrazo mientras el escritor se aferraba cada vez más a él. Después de unos eternos minutos el escritor rompió el abrazo y lo miró con los ojos débiles

—Después de la boda de Ayaka nos dejaremos de ver. No te volveré a molestar— Eiri se acercó a Shuichi y le besó la frente, Shuichi lo abrazó de nuevo, prendiéndose de él, con miedo a soltarlo.

—Prométeme que estarás bien —

—No puedo prometerte cosas que no pueda cumplir, aunque lo intentaré. Adiós. — Eiri se soltó y salió por la puerta. El cantante pudo escuchar como se encendía el Mercedez y como se alejaba de su hogar. Entonces tomó su teléfono y marcó un número conocido.

—Ryuichi, soy yo. Escucha, necesito un tiempo. Necesito pensar. Gracias por entenderlo, quiero verte mañana para hablar. Gracias. — Colgó. Shuichi había roto su relación con Sakuma y sus motivos eran claros. Tener a Eiri tan de cerca lo hizo flaquear, un minuto más y hubiera claudicado hacía él. Ahora yo no tenía dudas, seguía amándolo con locura pues escuchar la frase bendita de sus labios provocó que la llama se avivara más un amor que creyó muerto, pero que sobrevivió y sus lágrimas eran la prueba irrefutable de ese reminiscente amor y ahora dejaba a Ryuichi. Debía pensar las cosas, debía tratar de arreglarlo o botarlo todo y volver a empezar.


Espero les haya gustado mucho este capítulo pues me costó mucho escribirlo, entre la escuela y las tareas encontré el tiempo de escribirlo. Espero les haya gustado y me comenten sus impresiones, sus opiniones y demás. Muchas gracias.