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¡Hola!

;o; No puedo creer que este publicando el capitulo final de esta historia...

Agradezco a todos por sus favoritos, seguidos y reviews...

Cuando lean el capitulo... solo recuerden que si quieren matarme,

no sabrán como es el epilogo ni el extra que tengo planeado :D

¡Nos leemos abajo!

¡A leer!


Palabras: 7113

Beteado por princessqueen


«Toda equivocación deja una enseñanza a futuro»

Viaje de Sanación

XV

"Final"

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Marinette había vivido muchas cosas en los últimos meses y aunque, al parecer, había salido victoriosa de cada una de ellas, si había algo que deseaba evitar con todo su ser, era tener que enfrentar todo lo que incluyera a Adrien. En ese aspecto, se declaraba totalmente cobarde. La inseguridad se había apoderado de ella a los trece años y ahora había vuelto a sus dieciocho, al enterarse que ese mismo chico había estado luchando con ella para salvar París, desde antes de conocerse.

Así que, cuando Audrey Bourgeois se comunicó con ella para informarle sobre una gala en Nueva York llena de cazatalentos a la que podría asistir si aceptaba su oferta de trabajo, no lo pensó y aceptó.

Se había mantenido ocupada en sus trámites toda la semana para evitar a Adrien, pero ahora que sabía que era Chat Noir, debió suponer que no iba a poder mantener a su gatito tranquilo por mucho tiempo, y por eso, ahora estaban así. Él mirándola con tanta intensidad, que sentía que se quedaría sin aire en cualquier momento.

—Tenemos que hablar —ni siquiera era una pregunta. Algo en su tono de voz le produjo un escalofrió que recorrió, completamente, la espalda de la de ojos celestes.

Marinette observó al chico frente a ella y luego, desvió la mirada hacia su madre que susurraba disculpas, en silencio. Aspiró profundo y se movió hacia el interior de la tienda.

—Sígueme —le pidió, guiándolo hasta el departamento que compartía la familia.

Adrien siguió a Marinette y tras ellos, fueron los tres Kwamis. Sabine los observó marcharse suspirando. Tom que no había presenciado todo eso por estar trabajando en el horno, se sorprendió cuando su esposa lo abrazó.

—¿Qué pasó? —preguntó el hombre robusto, confundido— Me pareció ver a Adrien…

—Sí —afirmó la madre de Marinette y luego miró a su marido—. Y no creo que termine bien…

—¿Adrien se enteró que nuestra Marinette se va? —y ante la nueva afirmación, Tom tomó la mano de su esposa—. Confiemos en que ellos puedan resolverlo, como siempre lo han hecho.

—Eso espero —susurró Sabine, mirando hacia la puerta por donde los jóvenes habían desaparecido.

Subieron las escaleras en silencio hasta que Marinette cerró la puerta de su casa. Fue ahí, que Adrien no perdió la oportunidad para hablar.

—¡Enhorabuena! —aquella exclamación del rubio hizo que la portadora de Tikki se girara para verlo con rapidez.

—¿Eh?

—Qué te felicito, ¡Vas a ir a Nueva York!

—Adrien —Marinette movió ambas manos frente a ella—, te juro que iba a decírtelo.

—¿Y cuándo? —el chico dejó las flores sobre la mesa de centro para cruzarse de brazos— ¿Cuándo estuvieras por subir al avión? —levantó el brazo derecho con el dedo índice en alto—. No, ya sé. Me ibas a avisar que te mudabas a Nueva York cuando estuvieras instalada en Estados Unidos, ¿no es así?

—No… —trató de decir, pero volvió a ser interrumpida.

—¿No? —el de ojos verdes descruzó los brazos para llevar su mano al pecho— O sea, que no ibas a decírmelo… Wow —se miró con Plagg que observaba a su portador, preocupado—, a eso llamo yo, descaro.

—¡Adrien, por favor! —le pidió—. ¡Déjame hablar!

—¿Y tienes algo que decirme? ¿O tengo que seguir enterándome de todo por tu madre? —protestó.

—¡Quería hacerlo! —exclamó moviendo sus hombros con desesperación—. ¡Realmente quería! Pero estabas con lo de tu madre y no quería arruinar toda la emoción que sientes.

—¿Crees que —movió las manos con los dedos unidos de un lado a otro frente a él— antes o después hubiera sido otra mi reacción? ¡Te vas Marinette! ¡Otra vez, te vas!

—Al menos —dijo, elevando su hombro derecho antes de cruzarse de brazos, también—, estarías con tu madre… Tendrías apoyo…

Adrien bajó la mirada, cubriéndosela con la mano derecha.

—Marinette, ¿tú realmente me quisiste alguna vez?

—¿Y qué tiene que ver eso?

—¡Tiene todo que ver! —le gritó, dejándola paralizada. Nunca había visto a ese chico en aquel estado— ¡Tiene todo que ver porque llevas años jugando con mi corazón, llevas meses destrozándolo con cada una de tus acciones y no pareces lamentarlo ni un solo instante!

—Yo…

—Te has valido de que mi padre era el villano de la historia para tomar todo lo que fuimos y desecharlo —bajó la mirada, apretando los ojos para no llorar—. Soy más que el hijo de Hawk Moth, Marinette, soy Chat Noir, tu compañero, pero te costó tanto aceptar ese lado mío que te era complemente fiel y lo rechazaste muchas veces… Hasta tuve que verte intentar ser feliz con otro chico. Y ahora, cuando al fin te tengo, decidiste hacerme a un lado y seguir con tu vida, mientras la mía se desplomaba con cada cosa nueva que descubría. Si no fuera por él —señaló a Plagg—, no hubiera seguido luchando hasta el final… Por eso te pregunto una vez más, Realmente, ¿me quisiste alguna vez? —negó con la cabeza—. Y mira que ni siquiera te estoy preguntando en presente, te lo pregunto en pasado…

—Yo…

—Sé honesta —Adrien se paró frente a Marinette y la tomó de los hombros para que dejara de huir. Sabía que la única forma en que ella no le mintiera sería viéndola directamente a los ojos. Sus miradas se conectaron, inmediatamente—. Dímelo aquí, ahora, de frente. Di que no me amaste, que no soy nada para ti y te dejaré en paz. Tienes mi palabra.

—Yo… —el corazón de Marinette parecía rebotar en su interior, pero colgada de esa mirada era imposible mentir y él lo sabía—. Yo te amo, Adrien.

—Así, ¿en presente? —preguntó, sonriendo, pues podía ver en esa mirada turquesa, que no estaba mintiéndole.

—Sí, así, en presente, pero… —ese maldito «pero» no se hizo esperar. Adrien llevó su dedo índice a los labios de Marinette y no la dejó continuar.

—Detente ahí, por favor —le dijo, sin despegar su dedo de ella—. Vine a contarte que Niffa y Plagg consiguieron hacer la fórmula con el maestro Fu, y mañana vamos a despertar a mi mamá. Espero que puedas acompañarnos.

Y sin decir nada más, salió de la casa, dejando a Marinette petrificada en su lugar.

Plagg miró a la chica frente a él y negó con la cabeza, sumamente derrotado.

—Me has desilusionado y mucho, chica —y antes de que Tikki le dijera algo, salió tras su portador.

—¿Marinette? —la llamó Tikki, con pena en su mirada.

—Niffa —susurró la portadora de la buena suerte—. ¿Puedes hacerme un favor? A cambio, haré lo que quieras, incluso puedo llevarte conmigo a América si así lo quieres…

La rosada tomó su cola y se abanicó, pensativa.

—Ya no puedo volver a China, así que me gusta tu idea… ¿Qué te gustaría que haga por ti?

—Haz que Adrien me olvide.

—¿Qué? —el grito de ambas Kwamis sobresaltó a Marinette.

—¿Por qué pides esa idiotez? —Niffa, enfurecida, se acercó a la de cabellos azulados.

—No es una idiotez —dijo, soltando una gruesa lagrima que recorrió su mejilla derecha—. Solo lo lastimo y no quiero ser otra carga en su vida… Quiero que sea feliz, ahora que va a recuperar a su madre.

—¡Tú eres su felicidad! —Tikki tuvo que tomar a Niffa de la cola para que no golpeara la frente de Marinette.

—Cálmate —le pidió, pero la rosada no estaba en condiciones de escuchar a la roja.

—¿Qué me calme? ¿La estás escuchando? —se soltó, fastidiosa— Ni quisiera se trata de él, es todo ella, ella —la miró—. Eres egoísta y cruel —le reclamó—. Ese chico se sanó a sí mismo, ¿y para qué? Acaba de irse con una sonrisa, pero pude notar lo desquebrajado que se encontraba. Apuesto mi cola a que debe estar llorando tras esa puerta.

Marinette perdió la fuerza de sus piernas ante aquellas palabras, cayendo al suelo.

—Marinette —susurró Tikki, tratando de calmar el llanto que se desató en su portadora.

—¿Sabes que es lo peor? —Niffa se cruzó de brazos—. Que eres incluso más cruel que el antiguo portador de Plagg…

—¡Niffa! —protestó Tikki, pero Marinette la había mirado, espantada.

—¿Qué, Tikki? ¡Es la verdad! Al menos aquel humano idiota, dejó que tu portadora decidiera que hacer con su vida —señaló a Marinette—. Ésta solo decide por ella y que el portador de Plagg acate. ¡Su vida también cuenta!

—¡Por eso quiero que me olvide! —gritó Marinette, con las manos en sus oídos, no quería escuchar nada de lo que Niffa pudiera echarle en cara.

—Si corto la relación de Adrien contigo, significa cortar su conexión con Plagg —Niffa, cerró sus ojos con negación—. Acaba de decirte que él es lo que lo ha mantenido cuerdo ¿y quieres quitarle eso también?… ¿Quieres matarlo en vida?

—¡Basta! —Tikki se puso entre ambas— ¿Por qué eres así con Marinette? ¿Por qué no fuiste así con Ghanima hace tiempo?

—Porque Ghanima quería morir y por eso enfermó, Dez no la orilló a eso. Fue su decisión y no podía impedir un proceso natural. En cambio, tu portadora está llevando al muchacho de Plagg a ese final, y ahí sí puedo intervenir…

—¡Entonces, haz que me olvide! —protestó nuevamente, Marinette.

—Si te olvida, tendrás que dejar a Tikki —le informó—. Recuerda que sus Miraculous son un todo, dos piezas de un solo ser… No pueden estar activos si el otro no lo está. Si cortó la relación de Adrien con Plagg, también tengo que cortar la tuya con Tikki, ¿estás lista para eso?

Marinette ni lo pensó. Tomó a Tikki entre sus manos para abrazarla.

—No puedo…

—Eso pensé —dijo Niffa, cruzándose de brazos—, pero sí puedo hacer otra cosa con Adrien…

—¿Qué cosa? —preguntó, tratando de secarse sus mejillas con el revés de su mano derecha, desviando la mirada al ramo de flores que Adrien había dejado abandonado en la mesa de centro.

—En China, Tikki y Plagg me prohibieron quitarles sus recuerdos… Iré con el chico de Plagg y tomaré sus recuerdos contigo mientras duerme… No olvidará que fue Chat Noir, pero sí que te amo alguna vez. ¿Estarás bien con eso?

—Sí —afirmó—. Podré con eso.

—Bien —Niffa tomó de nuevo su cola, usándola como abanico—. Entonces, tendrás que llevarme contigo a Estados Unidos, cuando sea el momento.

—Lo haré —afirmó y tras eso, Niffa se fue.

—¡Marinette! —protestó Tikki, flotando frente a ella, en cuanto Niffa cruzó la puerta— ¿Qué rayos estás haciendo?

—No lo sé —respondió, encogiéndose de hombros para negar con la cabeza, presa del pánico de lo que había hecho— No sé qué demonios estoy haciendo de mi vida, Tikki… No lo sé —se puso de pie, subió las escaleras y se acostó en su cama con el rostro hundido en la almohada.

La Kwami de la creación la observó con la mirada melancólica, todo el trayecto, en silencio, desvió su mirada azul al muñeco de Chat Noir que descansaba en una repisa con los otros superhéroes y volvió la mirada a Marinette.

En China, había sentido que estaba haciendo las cosas bien, pero ahora lo ponía en dudas… Sentía que había condenado a otra portadora, al dolor y la soledad…

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Al otro día. Mansión Agreste.

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Gabriel Agreste reacomodó sus lentes cuando notó al anciano que acompañaba a Marinette esa mañana. Lo había visto varias veces, incluso había estado en su casa. Rio sin ganas. Aquello era demasiado irreal para sorprenderlo.

—Señor Agreste —Marinette, que llevaba su cabello suelto y un vestido floreado, señaló al hombre a su lado—, le presento Wang Fu, guardián de los Miraculous, él junto con Adrien y Niffa lograron encontrar la fórmula para despertar a la señora Emilie.

—¿De verdad lo consiguieron?

—Así es —dijo el maestro Fu, enseñándole el frasco donde la sustancia viscosa de color violeta, se movía con el vaivén de su mano.

—Pasen —dijo corriéndose de la puerta—, no perdamos más tiempo.

—¿Y qué hay de la señorita Nathalie? —preguntó Marinette, subiendo las escaleras hacia el interior de la mansión.

—Ella está bien —afirmó Gabriel con la cabeza—. Ha decidido tomarse unas largas vacaciones pagadas —la miró con una sonrisa que incomodó a la joven—. Lo necesitaba.

—Me alegro por ella…

—Y felicidades para ti también —ante aquella frase de Gabriel, Marinette se detuvo en seco—. Mi hijo me contó que planeas ir a Nueva York a trabajar con Audrey —elevó la mano derecha para acomodar sus lentes una vez más—. Es una pena que no pudieras superar el trauma de saber que era Hawk Moth y desperdiciar la oportunidad de tener una relación con mi hijo. Hubieran contado con mi aprobación.

—Eso no… —pero Gabriel negó con la cabeza.

— Lo es… —el diseñador elevó la mirada hacia el cuadro de él y su hijo que se veía sobre las escaleras—. Adrien ya me recriminó por eso —movió la comisura de sus labios como si quisiera embozar una amarga sonrisa—. Realmente, lo lamento.

—¿Avanzamos? —preguntó Fu, interrumpiendo aquella conversación que, a diferencia de Gabriel, continuaba retumbando en la cabeza de Marinette.

Junto a la urna de cristal de Emilie, se encontraba parado Adrien, quien con ambas manos unidas en la espalda observaba a su madre. Marinette pudo notar que ambos Kwamis estaban con él, sentados cada uno en uno de sus hombros. Saludó a Plagg, pero la ignoró, y Niffa no fue diferente, pero Adrien la saludó de una forma tan cariñosa que algo se removió dentro de Marinette.

—¿Cómo estás? —preguntó, con algo de nerviosismo.

—¡Genial! —movió los brazos como si fuera un niño pequeño—. Pronto, mi mamá despertará, ¿Cómo no estarlo?

—Me alegro —dijo, sonriéndole sinceramente.

—Además —llevó la mano a su pecho—, esta mañana me he levantado más liviano, como si lo que oprimía mi corazón hubiera desaparecido —ante aquella frase, Marinette buscó rápidamente la mirada de Niffa.

La Kwami de la sanación la miraba fijamente y susurró:

—Ya inicié —las palabras de Niffa enojaron aún más a Plagg que, cruzado de brazos, se movió para darle la espalda a Marinette. No quería verla, estaba dolido y ella lo entendía, así que no lo juzgaba pues, tenía sus razones bien justificadas.

Todo el resto del ritual, Marinette no pudo quitar la vista del rostro de Adrien. Le inquietaba que no la buscara con la mirada, pero se alegraba de las reacciones que mostraba su rostro. Su sonrisa, por esa sonrisa radiante y brillante, ella podía soportar que la olvide, poco a poco.

Niffa tomó el Miraculous del Pavo Real de las manos de Marinette y lo echó dentro del frasco del maestro Fu. Luego, untó sus manitos con la fórmula y se acercó a Emilie. Gabriel desactivó el cristal que la protegía del exterior y Niffa entró en ella, colocó la sustancia en su frente y cerró sus ojos, dejando salir de su cuerpo una espora rosada que la invadió completamente.

De pronto, algo emergió del frasco del maestro Fu. Un pequeño ser azul de cola larga, como de pavo real.

—¡Duusu! —exclamó Tikki, al ver a su vieja compañera.

—¿Tikki? —se acercó a ella, rebosando de energía— ¡Tikki! —le tomó de las manos y la hizo girar con ella.

—¿Y mi mamá? —exclamó Adrien al observar al Kwami de los sentimientos flotar, lleno de energía. Niffa miró a Adrien y le sonrió de forma satisfactoria.

Duusu al percatarse del cuerpo de Emilie, quitó la sonrisa de su boca y se acercó a ella.

—Emilie —susurró su nombre, acariciándole la mejilla—. ¡Es hora de despertar! —y tras aquel comentario, la mujer rubia abrió sus ojos verdes, tomando una bocanada de aire gigantesca. El Kwami azul sonrió, antes de volver al Miraculous que Fu tenía ahora en sus manos.

—¡Mamá! —dijo Adrien, lanzándose a ella, sin medir las consecuencias de aquel acto imprudente.

—¿Adrien? —la mujer tomó al muchacho por el rostro, confundida— ¿Cómo puedes ser tú, mi Adrien?

—Pasaron muchas cosas, mamá —dijo, con una tierna sonrisa, tomando a su madre por el rostro, también. No podía creer que estuviera observando, una vez más, esos ojos tan verdes como los suyos.

Emilie lo abrazó. Su hijo ya no era un niño, era un apuesto joven y se sentía feliz de verlo saludable, pero, la rubia, al abrir sus ojos, se encontró con Marinette. La chica lucia incomoda por aquella escena familiar.

—¿Y ella quién es? —Adrien se separó de su madre, observando a Marinette. El chico sonrió y extendió su mano para señalarla.

—Una ex compañera del colegio.

La mencionada apretó los labios. Había dicho que estaría bien, pero aquello, sin duda, le dolió.

—¿Solo eso? —Gabriel observó a su hijo y a la chica a su lado—. Pensé que iba a ser la madre de nuestros nietos. ¿Cuántos iban a ser? ¿Tres?

Marinette sintió arder sus mejillas, mientras Adrien observaba a su padre, enojado.

—Vas a incomodarla —protestó y volvió la mirada a su madre—. No le hagas caso a papá. Ella solo es una conocida que nos ayudó, nada más.

Emilie lo miró fijamente, miró a Marinette y aunque algo no le cuadraba, simplemente decidió hacerle caso a su hijo, abrazándolo una vez más.

Marinette giró sobre sus pies y se retiró del lugar, sin siquiera despedirse. Algo en su pecho le quemaba como si estuviera en medio de un incendio.

«Se siente bien el ser olvidada por quien amas, ¿verdad? Veo la felicidad en tu rostro»

Marinette volteó y observó a Plagg, mirarla con gran amargura.

—Como sea, gracias por ayudar a mi portador —dijo con una voz tan seria que Marinette apretó los ojos—. Espero que tengas una buena vida —y tras eso, se marchó dentro de la mansión, una vez más.

Los ojos celestes de ésta se llenaron de lágrimas y, aunque Tikki trató de tranquilizarla, solo quería estar en su habitación y llorar con ganas mientras esperaba que las dos semanas que faltaban para irse a Estados Unidos, pasaran rápido.

Marinette fue despertada, por el sonido de la trampilla al abrirse de golpe. Se sentó en la cama refregando sus ojos, para luego ver a Alya y a Chloé en su habitación, la última claramente enfurecida.

—¿qué demonios hiciste, panadera? —protestó la rubia. Decir que lucía indignada era poco.

—¿De qué hablan? —preguntó, aún adormilada.

—Aunque suene sorprendente, Gabriel Agreste llamó a Nino —comenzó a decir Alya, apretando los dedos de su mano izquierda, con la derecha—. Adrien está algo hiperactivo por lo de su mamá, así que quería que saliéramos con él.

—Sí —dijo Chloé, antes de que Marinette pudiera acotar algo—, nos pidió que lo sacáramos de casa.

—Entonces —Alya retomó el hilo de la conversación—, le dijimos que vendríamos a buscarte para que fuéramos los cinco juntos y ahí, Adrien soltó algo que no podemos procesar aun.

Chloé silenció a Alya con su mano derecha, miró a Marinette con una clara amenaza en sus ojos. Celeste chocó con celeste y entonces, lo que la de cabellos oscuros temía, cobró vida frente a ella.

—¿Por qué mi Adrikins no te recuerda? —Chloé se acercó más a quien había sido su rival por mucho tiempo y entonces, notó el enrojecimiento en sus ojos— ¿Estuviste llorando? ¿Qué demonios pasó con ustedes?

—Adrien me ha olvidado —respondió Marinette sin humor, corriendo la mirada—. Eso es todo.

—Eso no es lo que nos dijo, Plagg —cuando Marinette observó a su mejor amiga, ésta estaba cruzada de brazos, intrigada—. Él nos dijo que tú hiciste que te olvidará.

—¿En qué rayos pensabas? —exclamó la rubia.

—Quería que Adrien sea feliz con su mamá. Ya cargaba con muchas cosas y no quería ser un obstáculo en su felicidad —respondió, como si tratara de convencerse más ella que otra cosa—. ¿No sé ve feliz?

—¿Feliz? —Chloé de cruzó de brazos, haciendo sonar sus labios—. Claro, es el mismo, solo que no puede retener tu nombre por más de tres segundos, así como un pez —comentó y se rio de su ocurrencia.

—Bien, como sea —Alya se acercó a Marinette y tiró de ella—. Vamos, lávate la cara y ven con nosotras.

—¿A dónde? —preguntó.

—A comer con Adrien y Nino —le indicó—. Queremos ver si en verdad no puede recordarte o lo de su mamá lo dejó mareado.

—No —se negó, cubriéndose con su manta—, no saldré de aquí. No lo lograran ni aunque…

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—¿Cómo rayos me convencieron? —farfulló la de cabello oscuro cuando la rubia y la morena la empujaron hacia adelante, donde Nino y Adrien habían separado una mesa para los cinco.

—Lamentamos llegar tarde —comentó Alya sentándose al lado de Nino y empujando a Marinette para que se sentara al lado de Adrien. Chloé lo hizo entre ambas parejas.

—¿Usted es…? —Adrien la miró intrigado.

—Ella es Marinette —le indicó Chloé—, alias la panadera, alias Ladybug —cuando mencionó su identidad como superhéroe, el rubio abrió los ojos con sorpresa, señalándola—. Sí, ella es la líder de nuestro quinteto.

—Wow —Adrien extendió su mano hacia Marinette—. Soy Adrien Agreste, un placer pode conocerla, al fin.

—Marinette —respondió, tomando la mano de Adrien y sintiendo como si una corriente eléctrica fuera directo a su corazón—. Lo mismo digo.

Alya, Nino y Chloé se miraron entre ellos, muy confundidos. Realmente no parecía que el rubio estuviera actuando ni nada por el estilo, pero Marinette claramente actuaba como si todo estuviera bien, aunque su rostro mostraba la verdad de su alma.

La reunión pasó tranquila hasta que Nino notó la mirada de Adrien sobre Marinette.

—¿Pasa algo, viejo?

—Mientras más la veo, más se me hace conocido su rostro —comentó y ante aquello, las chicas se vieron con emoción, pero Marinette lucia espantada—, aunque no recuerdo de donde…

—¿No recuerdas de dónde? —Alya empezó el interrogatorio— ¿De la escuela tal vez?

—¿Fue a la escuela con nosotros? —preguntó con verdadera sorpresa y volvió su mirada a Marinette—. Pues no, siento que la vi en otro lado… —el rubio se cruzó de brazos, pensativo— ¿Dónde fue que la vi? —en eso, chasqueó sus dedos al encontrar la respuesta— ¡Ya lo tengo! —la señaló— Por alguna razón, tengo una muñeca con su apariencia en mi habitación. De casualidad, ¿usted la hizo?

Cada vez que la trataba de usted, era como un silbido en el oído de Marinette.

—Sí, yo las hice.

—Estaba muy bien cocidas para ser hecha por una persona ordinaria —dijo, como si estuviera haciendo un cumplido, pero aquello era algo más cercano a un insulto.

—Adrien —Chloé ganó la atención del chico, pegándole a la mesa—, Marinette es diseñadora de modas, no es una persona ordinaria.

—Lo siento —se apuró a corregir con la mano en la nuca—. No sabía… bueno —bajó la mano para rascarse la mejilla—, no es como si tuviera que saber quién es ella. Recién estamos conociéndonos, ¿no? —la miró—. No está molesta conmigo, ¿verdad? No quise ofenderla.

—No te… se —se apuró a corregir—. No se preocupe, pero si gusta regresarme mis muñecas…

—¿Mis? —movió la cabeza con confusión— Solo tengo una.

—Qué raro —indicó ella en posición pensante—. Se supone que tiene tres muñecas mías. Una con mi apariencia, otra de mi versión Ladybug y otra de mi traje de Lady Noir —tras aquello, esperó expectante, pero no hubo reacción en el rostro del muchacho.

—No sé, señorita, yo solo tengo una de sus muñecas, ¿Qué pasó con las otras dos? No tengo ni idea.

—Creo que solo eran dos —dijo, desinflándose.

—Pues, ni idea —volvió a responder el rubio, perdiéndose en la conversación de sus amigos e ignorando a Marinette durante el resto de la comida. Cuando los chicos terminaron de comer e iban a pedir la cuenta, notaron que Marinette ya no estaba.

Los cuatro observaron la silla vacía con pena, pero uno más que los otros. Adrien apretó los labios, observando la silla que había ocupado aquella jovencita y miró a sus amigos.

—No la ofendí, ¿verdad? —preguntó, preocupado. Los otros tres se miraron desesperados. Esto iba a ser agotador.

Marinette caminaba por las calles de París, tratando de que su vista no se nublara de las lágrimas que empezaron a invadir sus ojos. Se apoyó contra la esquina de un edificio y se escondió en el callejón con la mano en su pecho.

—¿Marinette? —Tikki se asomó para verla— ¿Estás bien?

—No —dijo, respirando con dificultad—, Ti…kki… trans…formame…

Pidió a duras penas. Cuando el traje de Ladybug la cubrió, lanzó su yo-yo para ingresar a su casa por el balcón. No tenía cabeza para enfrentar a sus padres, todavía.

Cayó sobre su cama y, sin pensarlo mucho, se cubrió con la manta una vez más. De ahí no debió haber salido, en primer lugar.

Sintió vibrar su teléfono celular, insistentemente, pero lo ignoró, sin embargo, no pudo hacerlo cuando su Tablet se sumó al ruido que le impedía ahogarse en su miseria, en silencio. Tikki le acercó la Tablet y le agradeció con una breve sonrisa, pero se espantó cuando notó que era una llamada de Paola. Se arregló la cara lo mejor que pudo y contestó.

Rápidamente, aparecieron las sonrisas de sus amigos italianos que lucían muy emocionados.

—¡Marinetta! —exclamaron los cuatro, moviendo las manos frente a la pantalla.

—Hola, chicos —sonrió, tratando de serenar su ser.

—¡Felicitaciones, Marinette! —exclamó Violetta, haciéndole un gesto de corazón con ambas manos—. Acabamos de saber la noticia…

—¿Qué noticia? —preguntó, confundida— ¿Qué iré a trabajar con Audrey?

—¡Ay, no! —exclamó Michelangelo con envidia pura— ¡Te odio con el alma, Marinette!

Ante la reacción de su amigo, supo que esa no era la noticia.

—¡Hablamos de la foto de Instagram! —dijo Claude, mostrando su teléfono, y Marinette manoteó su cama en busca de su móvil para revisarlo. Alya había subido una foto que se sacaron en el restaurante. No pudo evitar apoyar sus dedos en la pantalla y agrandar la parte de la foto donde estaba Adrien, observando la cámara con una brillante sonrisa. Suspiró.

—¿Y por qué me felicitan? —soltó la imagen que volvió a su tamaño original y observó a los chicos a través de la Tablet.

—¿Leíste la información?

Marinette volvió a mirar el móvil y leyó. Sus ojos reflejaron la sorpresa de aquella nota.

«El equipo está completo, una vez más, pero creo que debemos conseguirle pareja a la abeja. Hace mal quinto…»

—Deducimos que ya habías arreglado las cosas con Adrien, así que no pudimos evitar llamar para felicitarte… ¡Él realmente está tan enamorado de ti!

Marinette ladeó la cabeza un poco, confundida por las palabras de Paola.

—¿Cómo lo saben?

—Pero si lo conocimos —le informó Michelangelo, mostrándole la parte trasera de su celular que estaba protegida por una carcasa transparente—. ¡Me autografió mi celular!

—¿Y cuándo Adrien fue a Milán? —preguntó, aún más intrigada.

—Vino a buscarte el mismo día que tú te fuiste a China —informó Violetta—. Llegó a la cafetería con toda la intención de confesarte sus sentimientos —Violetta se perdió en una nube de ensueño, pero Paola notó que la mirada de Marinette demostraba pánico.

—¿Marinette? —su nombre hizo que mirara a Paola y empezara a llorar—. ¿qué pasó?

—¡Dinos o en dos horas nos tienen molestándote en tu casa! —Claude también se veía preocupado.

—¿Es por qué Adrien era Chat Noir? —preguntó con cuidado, Paola. Marinette la miró espantada— ¿Es eso?

—¿Cómo lo sabes?

—Marinetta —Michelangelo apegó su rostro a la pantalla—, eres la última que lo supo. Chloé y Alya nos lo dijeron en código, cuando vinieron de visita. Al parecer, Agreste quería decírtelo, él mismo. Tenía algo planeado para ello.

—Pero… —Violetta se miró con sus amigos—, si estás así es porque no están en buenas…

—Adrien me olvidó —confesó, sin mirarlos—. Terminamos nuestra misión y ese fue mi pago voluntario.

No obtuvo respuesta de los chicos, así que volvió la mirada para comprobar que la llamada no se hubiera cortado. Parecían discutir algo entre ellos y cuando con una sonrisa, Violetta, Michelangelo y Claude se fueron de escena, Marinette supo que era hora de ponerse seria. Y no podía simplemente cortar la conexión, le debía más que dinero a Paola.

—¿Cuándo te vas a Nueva York? —la pregunta fuera de lugar hizo que Marinette la mirada desconfiada—. Iré a la gala de Cazatalentos en nombre de mi padre que no puede asistir. Quería saber si nos veríamos allí.

—¡Síí! —afirmó, dejando todos los otros pensamientos de lado— Audrey Bourgeois me insistió en el trabajo para poder acceder a esa gala.

—¡Entonces podemos juntarnos allá! —Paola sonrió y Marinette con ella.

—Sí, me vendría bien… —corrió la mirada hacia el ramo de rosas que tenía en su escritorio.

—Marinette… —la llamó—, sé que me dijiste que probablemente con lo que ibas a hacer, salieras lastimada, pero sí hay algo que puedo asegurarte.

—¿Qué cosa?

—El amor que te tenía Adrien Agreste, era real. Yo lo vi, lo escuché hablar de ti de una forma que solo las personas enamoradas lo hacen…

—¿Por qué me dices esto?

—Porque aunque te haya olvidado, saber que él te llegó a amar de verdad, te hará más llevadera esa pena.

—¿No sería peor? —Paola negó con la cabeza.

—Peor sería quedarte con la duda de si lo que sentía era genuino… Y era tan bonito y real como lo que tú sentías con él… aun en ese cuadrado raro que formaban…. Lamento mucho que no funcionara… —le sonrió de manera cálida—. Cuando nos veamos en Nueva York te daré ese abrazo que tanto necesitas…

—Gracias —dijo, y tras despedirse, dejó la Tablet a un lado para volver a taparse con la manta.

—¿Marinette? —Tikki flotó sobre ella.

—Quiero dormir Tikki… y despertar en dos semanas… —apretó los ojos con fuerza. Adrien había ido a buscarla a Milan… ahora entendía porque la acusaba de estar huyendo...

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Marinette cayó pesadamente sobre la maleta para que Tikki la ayudara a cerrarla. Aquellos días habían sido una tortura y estaba feliz de que tenía sus pasajes en mano. Solo faltaba un día para irse y lo deseaba más que nada en el mundo.

Estar con un Adrien amnésico había sido una verdadera tortura. Pensó que iba a poder con eso, pero era una batalla en la que se declaraba derrotada.

Saber que el brillo que había visto la última vez que habló con él ya no estaba cuando la miraba, le dolía. Qué usara para hablarle expresiones como "Hey", "Oiga", "Usted" le quemaban como acero caliente. Estaba pagando un alto precio por haberse equivocado, pero las consecuencias eran inevitables.

La resignación llegó en los últimos días, cuando Audrey apareció en la puerta de la panadería con el papeleo que la chica necesitaba para ingresar a Estados Unidos.

Suspiró cuando Tikki al fin apareció frente a ella indicándole, que el cierre estaba completo.

—Gracias —dijo, desviando la mirada hacia la muñeca Marinette sentada en su escritorio. Se acercó para tomarla recordando el día que la recuperó hace varios días atrás.

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Una semana atrás, Mansión Agreste.

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¡Tú debes ser Marinette! —la alegre voz de Emilie Agreste la recibió en el portón de la mansión, acercándose a ella e indicándole la entrada para que pasara—. No tuve tiempo de agradecerte la otra vez. Gabriel me contó que logré salir del coma gracias a una medicina que desarrollaste con tu tío.

¿Eh? —rápidamente captó que ella no recordaba la conexión con los Miraculous, Gabriel Agreste debió inventarle alguna historia fantástica a su esposa—. Mi tío es el experto —sonrió, algo nerviosa—, es maestro de medicina oriental.

Vaya —exclamó emocionada, dando un aplauso—. Debe ser entretenido tantas hierbas y cosas raras…

Algo —confirmó, aún más inquieta.

Por cierto —se detuvo a los pies de las escaleras—. ¿Cómo te sientes?

¿Cómo? —preguntó Marinette, confundida.

Cuando dije que mi esposo me explicó todo, es todo —le tomó las manos, con mucha dulzura—. Sé que mi hijo tiene un shock amnésico, producto de mi salida del coma tan repentino, que no puede recordarte —le apretó un poco más las manos—. Lo siento mucho.

Ah —Marinette desvió la mirada al cuatro del descanso de las escaleras y sonrió—. Adrien está feliz con usted. No importa si no me recuerda porque pronto me iré.

Sí, supe de eso también —comentó divertida—. Audrey es estricta, pero es un genio.

Lo sé —afirmó, tratando de liberar sus manos, pero Emilie se las mantenía apresada.

Por cierto —dijo, acomodando sus manos para cubrir las de Marinette—, nosotros también saldremos de viaje —le informó—. Trataremos de reencontrarnos como familia, además quiero saber que pasó en esos seis años que tengo borrados de mi cabeza —sonrió— Mi hijo me llegaba al hombro y luego… Paff, está a la misma altura que el padre.

Lo imagino.

Ojalá, en algún momento, Adrien te recuerde…

No se preocupe, realmente estoy bien con eso… —dijo, esta vez zafando sus manos de la mayor.

¿Cómo puedes estar bien? —Emilie llevó su mano al pecho—. Cuando uno ama, no puede estar bien con eso. El olvido es el peor de los castigos.

Marinette apretó los labios y movió los ojos tratando de no llorar. La rubia frente a ella, captó la intención de inmediato.

No temas decir que es difícil… —apoyó la mano derecha en el hombro de la chica. Aquel gesto hizo que las lágrimas salieran sin permiso de los ojos celestes.

No es difícil… —bajó la mirada, apretando ambos puños—, es muy difícil. Creí que sería fácil, que no me afectaría tanto, pero es todo lo contrario.

Realmente quieres a mi hijo, ¿verdad?

Sí —afirmó, elevando la mirada. Sonrió derramando las lágrimas que cubrían sus ojos celestes—. Y tuvo que pasar esto para que mi idiotez me permitiera darme cuenta de lo estúpida que estaba siendo, pero… —volvió a bajar la mirada y Emilie la consoló, deslizando su mano derecha por la espalda de la joven.

¿Interrumpo? —ambas se separaron, observando cómo, en el descanso, estaba parado Adrien con la muñeca de Marinette entre sus brazos.

No —contestó Emilie, cubriendo a Marinette con su cuerpo, quien rápidamente se secaba las lágrimas de su rostro—. Solo saludaba a Marinette.

Oh, cierto —susurró para sí mismo—. Es Marinette, su nombre… —bajó de a dos los escalones para llegar con ellas—. Disculpe, aquí está su muñeca, en perfectas condiciones.

¡Gracias! —dijo la de pelos oscuros como la noche, tomando su muñeca de trapo—. Bien, me retiro —hizo una pequeña reverencia.

¿No se quedará a tomar ni un vaso de jugo? —Marinette negó con la cabeza

Estoy bien, gracias… Que estén bien…

Y tras eso, afirmó el agarre de la muñeca para salir de ahí cuanto antes.

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—¿En qué piensas?

—Pues —puso su mano en la cabeza de la muñeca y sonrió—, en que, si me voy a ir, esta vez quiero hacerlo bien.

—¿Bien?

—Si —afirmó, antes de mirar a su Kwami—. Aunque él no me recuerde, necesito disculparme… ¿No lo crees?

Tikki afirmó con una sonrisa.

Aunque habían pasado días oscuros, al fin parecía que la luz estaba llegando a ambas y Marinette, finalmente, quitó esa venda de sus ojos que no la dejaba ver más que su nariz. Al fin había hecho caso a todo lo que habían conversado en Milán y estaba segura que la llamada telefónica con Paola para reunirse en Nueva York había servido para que su portadora dejara su estupidez, de una vez por todas.

Estaba resignada con Adrien Agreste, pero estaba tranquila, y eso era lo que le importaba.

—¿Puedes enviar el mensaje?

—Por supuesto —dijo la Kwami de la creación, girando frente a su elegida antes de desaparecer de la habitación.

—Si quieres una nueva vida Marinette —se dijo con decisión—, tienes que hacerlo realmente bien, esta vez.

Aunque Tikki se dirigió lo más rápido posible a la mansión Agreste, el panorama con el que se encontró ahí no le gusto para nada.

Niffa aplaudía a un Plagg que hacia malabares con varios trozos de Camembert que terminaron en su boca, al momento de ver a la roja de motas.

—Ti —tosió por la sorpresa—. Tikki, ¿Qué te trae por aquí?

—Déjame reponerme —exclamó, corriendo la mirada hacia la ventana—. Venía a decir algo importante, pero te veo haciendo el payaso y casi se me fue la idea.

—No estoy siendo un payaso —protestó, acercándose a ella, enojado—. Estoy siendo un padre responsable, cosa que otras no hacen.

—¡No trates a Niffa como nuestra hija! —protestó Tikki, moviendo sus brazos enojada frente a ella.

—¡No la escuches hija! —Plagg se acercó a la rosada y la consoló entre sus brazos—. Tu madre es cruel como su portadora.

—¡Ya! —gritó Tikki, haciendo que Adrien, que leía un libro sobre su cama, finalmente la notara—. He venido a hablar con Adrien.

—¿Conmigo?

—Sí —afirmó, sin quitar la mirada de reojo de Plagg y Niffa quienes parecían tener un secreto entre ellos que estaba fastidiándola—. Mi portadora desea verte.

—¿En dónde?

—En la torre Eiffel, esta noche, a las nueve.

—¿En la Torre Eiffel?

—Sí —afirmó—. Si es que puedes, quiere que vayas como Chat Noir, ¿Qué le digo?

—¡No vayas, Adrien! —Plagg se puso frente a su portador cruzado de brazos—. Ella debería venir.

—Pero es la jefa —respondió Adrien, mirando a los tres Kwamis—. O eso me dice siempre Chloé para que no lo olvide.

—Bien —dijo el Kwami de la destrucción bajando los brazos totalmente resignado—. Vayamos…

—¡Ya! —Adrien observó a Tikki con una sonrisa—. Puede decirle a su portadora que ahí la veré. Gracias por la información.

El tono tan cortes de Adrien generó un escalofrío en la pequeña de motas.

—Nos vemos.

En cuanto la Kwami de la creación se retiró, Adrien se miró con Plagg y con Niffa, bastante confundido de aquella petición.

Ladybug estaba en lo alto de la torre Eiffel, mirando su amada ciudad por última vez, pues desconocía cuando volvería a estar ahí, en ese lugar. Miles de pensamientos rodeaban su cabeza. A partir de mañana, todo sería distinto, pero no como cuando se había ido hace cinco meses con el alma destruida en busca de la sanación, no, ahora había cometido tantos errores, uno tras otro, que sentía que había crecido como ser humano. Se iría de Paris con la frente en alto… con…

Tuvo que interrumpir sus pensamientos cuando sintió el aterrizaje de su compañero a sus espaldas.

—¿Me mandó a llamar, jefa? —la voz de Chat Noir sonó tan neutra que Marinette lamentó no escuchar un «My lady» o en el peor de los casos «Bugaboo». Ese «jefa» sonaba horrible.

Sacudió la cabeza, aspiró profundo y con la seriedad que la caracterizaba tras la máscara, volteó a observarlo.

—Sí, necesitaba hablar contigo.

—¿Para que soy bueno?

—Pues, ¿Qué te parece ser el nuevo jefe? —le preguntó, colocando las manos detrás de ella—. Hablé con el maestro Fu y dijo que los Kwamis están tan encariñados con nosotros, que nos permitirá tenerlos activos un periodo más.

—Ya… —las orejitas de Chat Noir se movieron en señal de atención.

—Y como mañana me marcho a Estados Unidos, Carapace, Rena Rouge y Queen Bee necesitaran un líder, así que —se detuvo al notar como el rubio se señalaba como niño pequeño.

—¡Sí, quiero! —dijo emocionado—. Me gusta la idea —Ladybug sonrió, tomando su yo-yo mágico para sacar de ahí, un estuche.

—Entonces —abrió la cajita rosada de moño blanco y sacó un relicario en forma de mariquita, una copia mejorada del que le había regalado la primera vez que se fue—. Te daré esto.

—¿Por qué? —preguntó confundido, cuando la chica se puso detrás de él, para prender la cadena en el cuello del superhéroe.

—Como premio por ser ascendido a jefe. ¿Te gusta? —le preguntó, cuando salió detrás de él.

—Es muy bonito.

—También, hay algo de lo que debo hablarte… —comentó, entrelazando las manos para jugar con sus pulgares, compungida—. Algo que debí decirle al otro Chat Noir, al otro Adrien. Al Adrien que me acompañó siempre, al que jugaba videojuegos conmigo, al que disfrutaba comerse los croissants que le llevaba a escondidas de su padre… Al Chat Noir que arriesgó su vida por mí, una y otra vez, ese que hacía tonterías con tal de distraerme si tenía un mal día. A ese chico, me encantaría pedirle perdón…

—¿Perdón?

—Perdón por todo —susurró, tomándole las manos enguantadas al superhéroe—. Adrien, Chat Noir, perdónenme por todo. Por haber decidido por ustedes, por haber creído que tomaba las mejores decisiones en nombre de ambos. Nunca debí hacerlo, pero estaba tan cegada por saber la verdad que mi mente lo ponía frente a mí como excusa para no buscarte, abrazarte y besarte como una loca, como tantas veces quise hacerlo. Fui una idiota hasta el último minuto en que tu mirada verde irradiaba amor hacia mí, un amor que también te quité. Eran tus sentimientos ¿qué derecho tenía yo de meterme con ellos?

—Wow —Chat Noir parecía en un trance mental por la sorpresa de aquellas palabras—, siento pena por ese Adrien y ese Chat Noir.

Marinette rio sin gracias.

—Lo sé —agitó las manos de Chat frente a ella—, así que, si algún día vuelves a verlos, quiero que les transmitas mis disculpas. Sé que no son más que palabras bonitas, pero, de verdad, lo lamento mucho.

—Bien —afirmó cerrando los ojos—, lo haré Ladybug.

—Gracias —dijo, finalmente soltando las manos de su compañero— ¿Puedo hacer una última cosa antes de irme?

—¿Qué? —preguntó el rubio, quien se sintió aturdido por la chica cuando lo abrazó.

—Abrázame, ¿sí? —Chat Noir correspondió inmediatamente, apoyando su mejilla derecha sobre la cabeza de la chica.

—Espero que le vaya bien en Estados Unidos. Ojalá pueda ser feliz allá.

—¡Lo intentaré! —dijo abrazándolo con fuerza, como si quisiera grabárselo a fuego en su memoria. Se separó un poco de él y se puso de puntitas para besar su mejilla—. Adiós, Gatito, cuídate mucho —se despidió, antes de lanzar su yo-yo y perderse en la oscuridad de la noche parisina.

Chat Noir se quedó ahí parado, viéndola partir, se llevó la mano a su mejilla y sonrió.

—Adiós, mi querida Bugaboo.


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El rinconcito de la que escribe:

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¿Hola?

¡Ja! No se esperaban esa... ¿Qué fue lo que realmente pasó? Adrien finalmente recordó a Marinette? ¡Chan!

Estoy muy contenta con el final de este fic... Me gusto el resultado, consegui sacarles las emociones que desea y sin dudas, será uno de mis proyectos más queridos. Iniciar viaje de Sanación para mí fue horas de investigación. Revisar lugares, horas de vuelos, precios de pasajes. Cuando más investigaba sobre Milan, más cosas curiosas encontraba que coincidían con lo que quería hacer... Y ni hablar de China... ¿Sabían que el Estanque del Dragón Negro está a los pies del Tibet? ¿Dónde vivía la orden de los guardianes? ¡Si, en el Tibet! La verdad, me encantó todo... Y espero que me acompañen a la última escena que saldrá el lunes donde veremos que decisión toman definitivamente nuestros héroes para su futuro...

¡No se lo pierdan!

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Respuesta a los reviews: ¡Gracias por dejar huella en esta historia!

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Zara: xD Y sé fue la Marinetta igual xD Al menos espero que el despertar de Emilie te haya gustado :) Gracias por leer!

laurenImprincess: Estan medio camino a arreglar todo, ahora a esperar el Epilogo. ¡Muchas Gracias por Leer!

PurpleAqua: ¿Qué tal el final? La verdad, no iba a poner la conversacion con sus amigos italianos, pero al leer tu reviews fue como... ¡La pondré! ¡Gracias por eso! Muchas Gracias por Leer!

karen Agreste: Nadie pensó en los relicarios ;o; Estaban ahí, pero nadie los notó pobrecitos xD ¡Gracias por leer toda esta aventura!

Niorima: En este capitulo todos los palazos le cayeron a Marinette xD Hasta que ya fue tarde... ¡Gracias por leer!

Azaak Damian: ¡Tienes toda la razón! xD Ella se puede ir, pero dejando las cosas en claras con el pobre Adrien... ¡Espero que haya gustado este capitulo! Estamos leyendonos!

darkdan-sama: Sí, en el proximo fic que estoy trabajando, Adrien tendrá toda la contención que Marinette no le dio aquí... Esta bien cute x3 ¡Gracias por leer!

Neko lila: Todos se confabularon para hacerle entender a Marinette que todo lo que pensaba estaba mal... Al menos tuvo su minuto de lucidez antes de irse... ¡Muchas gracias por leer!

SakLiEsme: Mi querida Miss Spoiler gracias por acompañarme desde el día 0. Con mi locura y mis dibujos locos antes de que ni siquiera posteara el prologo... ¡Espero que sigas apoyando mis locuras! Saludito~

paulayjoaqui: Todo es un descontrol... ¡Muchas gracias por leer!

Sagittarius no Liz: Como verás, no te fallé, Dosis Altas de Drama en el capitulo final... ¡Muchas Gracias por leer!

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Este fic será actualizado con el epilogo el lunes 27 de Mayo de 2019

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Les dejo un previo de Epilogo


«Sí creían que ya no veríamos más milagros tras la desaparición de Ladybug de nuestro París, al parecer estábamos equivocados. La actriz Emilie Agreste, modelo y esposa del diseñador Gabriel Agreste, que llevaba desaparecida seis años, finalmente fue encontrada sana y salva. Gabriel Agreste anunció que se tomarán un año sabático de sus actividades para que ellos, con su hijo, el también modelo, Adrien Agreste, se reencuentren como familia. Les deseamos sin duda, toda la suerte del mundo y que pronto tengamos buenas noticias de la familia Agreste…»


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Me olvide de esto:

También se revelaron los nombres de los antiguos portadores:

Ghamina: Uno de los significados de este nombre es "La que Porta la buena suerte"

Dez: Es una malformación del Nombre Seth, invertido.

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¡Hasta el epilogo!

Gracias por todos...

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¡Aquatic fuera!

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20 de Mayo de 2019