Bien, al fin me he dignado a actualizar esta historia. Como ya habrán notado no es un capítulo excepcionalmente largo, pero había que hacer algo para no tener más tiempo botada esta historia. Oficialmente este es el capítulo 20, no borraré el "capítulo" anterior puesto que si alguien busca explicaciones sobre por qué no había actualizado, allí las hallará. Nos leemos al final.
XX
Kill me
Deep, deeper, deeper inside. Pull the wool nice and tight so that it covers your eyes.
Can't find a God, a love, a Jesus, a father. I don't even care that much so why do I even bother?
i
Los días pasaron y con cada uno de ellos, la atracción de Kinsuke hacia Yuuichi aumentaba más; ya no era el hecho de solo verle como una especie de hermano mayor, más bien, era una atracción amorosa. Veía reflejada la vida que siempre había soñado: viajes al extranjero, ropa de prestigiosos diseñadores, estudiar en una prestigiosa universidad, en fin, todo lo que siempre había envidiado a Taiyou. Pese a su apariencia de niño bueno, se escondía un chico caprichoso y ambicioso, todo gracias a las privaciones que sufría desde que él tenía memoria. Y sobre todo, Yuuichi le daba el cariño que él siempre había anhelado recibir. Todo pintaba de maravillaba, hasta que notó que el mayor nuevamente enfocaba su atención a su amigo pelirrojo. Últimamente le había visto revisar su celular con mayor frecuencia y siempre que lo hacía, no podía dejar de sonreír lujuriosamente. Incluso a Amemiya le había notado más feliz y eso le extrañaba bastante.
—¿A qué se daba tanta felicidad? —le preguntó a su amigo un día durante su receso en el colegio—. ¿Al fin has perdonado a Yuuichi?
—¿Celos, Kinsuke? —fue la respuesta brindada por el otro—. Pero respondiendo a tu pregunta, sí, ya lo perdoné. O bueno, él me ha perdonado.
—¿En serio? Pensé que ya no lo haría, después de todo has estado insoportable.
—Oh, gracias por ser honesto. ¿Quieres saber cómo? —prosiguió el pelirrojo, el otro solo asintió—. A diferencia de ti, yo sí tengo que presumirle —dijo al tiempo que le mostraba su celular.
De todas las cosas que esperó, jamás cruzó por su mente que su amigo sería capaz de tales cosas. El vídeo le dejaba en claro qué clase de cosas le enviaba. Se preguntó en qué momento se grababa, considerando que vivía en casa de sus padres y que su madre solía estar en casa la mayor parte del día. Si bien, no pudo evitar sentir un poco de excitación por aquellas escenas tan explícitas, después de todo, no todos los días veía a un chico masturbándose sin pudor alguno frente a una cámara. Lo que le disturbó más, fue ver como él mismo se penetraba con sus dedos mientras gemía como si no hubiera un mañana. Agradecía que al menos Amemiya hubiera tenido el recato suficiente de haberle colocado los auriculares al móvil.
—¿Y bien? ¿Ya has satisfecho tu curiosidad?
—¿Cómo te atreves a hacer esas cosas? Si tus padres se enteran, te van a querer matar —le dijo alarmado el rubio. Conocía muy bien a los señores Amemiya como para saber hasta dónde llegaban los límites para Taiyou, y eso les sobrepasaba por mucho.
—Ellos no tienen por qué enterarse, a no ser que alguien les vaya con el chisme. Dime ¿tú se los dirías? —le cuestionó, volteando a verle directamente a los ojos.
—No.
—Ese es mi mejor amigo, ahora acompáñame a la biblioteca. Debo pedir un libro que necesito para la tarea de Geografía.
Hinano no le respondió más y solo se dejó guiar por el otro, aunque en su mente no dejaba de repasar aquellas provocadoras imágenes. Se preguntó por un instante si a Yuuichi le gustaría que él hiciese lo mismo, pero de inmediato desechó aquella idea, no quería ni imaginar lo que ocurriría si lo llegaba a hacer y su madre se enteraba.
Para su buena suerte el tiempo pareció avanzar bastante rápido, pronto llegaría a casa y podría ocupar su mente en otras cosas. Tal como ver cuánto le faltaba para completar la colegiatura de aquel mes, y decírselo a su madre sin que ella se enfadara.
ii
Pese a que durante el resto del día intentó desechar aquellas imágenes de su mente, no pudo hacerlo. Una y otra vez les visualizaba, preguntándose qué se sentiría hacer aquello. Jamás había intentado tocarse de la forma que vio hacer a Taiyou, y se preguntó si de verdad era tan placentero como parecía. Si bien, se cuestionaba si Yuuichi, especialmente, encontraba placentero todo eso. Aunque no tenía que pensarlo mucho, ya que sus reacciones eran más que evidentes. Le excitaba ver al pelirrojo de aquella forma. Quizás si él hiciese lo mismo, él volvería a enfocar toda su atención en su persona.
Con esa idea en mente fue que llegó a casa, se apresuró a realizar sus deberes ya que si quería experimentar tenía muy poco tiempo, su madre solía llegar temprano últimamente. Apenas terminó los deberes, cerró su habitación con seguro pero antes se dio una ducha para intentar apaciguar sus nervios. Una vez que salió del baño, se recostó en su cama, intentando recrear de nueva cuenta lo que había visto. Llevó una de sus manos hasta su entrepierna y comenzó a tocarse como lo hizo el pelirrojo, por un instante se detuvo. Estaba bastante nervioso, pero aspiró e inspiró varias veces hasta que logro calmarse y repitió su acción previa.
Esta vez su cuerpo pareció responder a aquellas caricias, sin que pudiera evitarlo, empezó a gemir quedamente. Frotándose contra su propia mano, disfrutaba aquella sensación hasta entonces desconocida para él. Su mano libre la llevó a su pecho e igualmente se acariciaba y fue entonces cuando sus gemidos incrementaron su intensidad. Se sentía un poco extraño, pero también le resultaba bastante placentero aquel toqueteo.
Pronto comenzó a imaginar que era Yuuichi quien le tocaba de aquella manera, suspiró al visualizarle sobre él, acariciándole y haciéndole sentir un placer indescriptible para él. De repente, tuvo una idea y tomó su celular del buró junto a su cama. Activó la cámara, por un instante titubeó. Se debatía entre si grabar o solo tomar fotografías. Se decantó por lo segundo, considerando que lo primero era más arriesgado. Como pudo, enfocó la cámara hacia él y tomó una fotografía. Nuevamente dudó de sus acciones, pero al final se convenció de que si Taiyou lo hacía ¿por qué él no podría hacerlo?
Prosiguió con su acción hasta que al final llegó a su orgasmo, eyaculando sobre su mano y ensuciando levemente su abdomen. Jamás en su vida, se imaginó que masturbarse pudiese sentirse así de bien. Ya había escuchado hablar de ello antes, y en vano intentar preguntárselo a su tío pero le daba pena por lo que pudiera pensar de él. Permaneció recostado un rato más, asimilando lo que había hecho hasta que se levantó y se duchó nuevamente. Se apresuró a cambiar las sábanas y les ocultó debajo de su cama. Afortunadamente era él mismo quién se encargaba de lavarlas, por lo que su madre no tendría que descubrirles.
Se debatió mentalmente sobre si debería enviar en ese momento aquellas fotografías a Yuuichi o esperar unos días. Se preguntó una vez más si Taiyou se había demorado o lo había hecho de inmediato. Buscó el número del mayor entre sus contactos, estaba a punto de marcarle cuando escuchó ruido. De inmediato se puso su pijama e intentó arreglar su cabello un poco. Guardó el móvil en un cajón y salió a ver a su madre, puesto que nadie más podía haber entrado.
—Creí que ya estabas durmiendo, ya es muy tarde para que estés despierto —le dijo apenas lo vio. Le miró de arriba abajo, frunció el entrecejo y por un momento Kinsuke se puso nervioso—. Te ves un poco raro, ¿estás bien?
—Sí, no me pasa nada —le respondió, tratando de disimular su nerviosismo—. Solo estoy un poco preocupado por lo de la colegiatura —soltó sin pensarlo dos veces, y se arrepintió de ello al instante.
—Ya no te preocupes sobre eso, he hablado con Afuro y mañana enviará el dinero para ello.
—¿Ah sí? Bueno, entonces no me preocuparé más. Buenas noches —se despidió.
—Kinsuke —le llamó su madre antes de que pudiera ir a su habitación— ¿seguro que todo está bien? —el rubio solo asintió—. Te advierto que si estás ocultándome algo, te va a ir muy mal, ¿entendiste?
—Sí, no hay nada que ocultarte.
Ya no obtuvo una respuesta por lo que se fue a su cuarto. Sacó su teléfono y, por un momento, consideró borrar las imágenes. Se quedó pensativo por unos instantes, hasta que se decidió a enviárselas a Yuuichi. Una vez que confirmó su envío, se puso aún más nervioso. No sabía cuál sería su reacción. ¿Le gustarían tanto como parecían agradarle las de Taiyou? ¿Le causaría repulsión verle así? Pasaba ya de la medianoche cuando apagó el móvil, estuvo esperando una respuesta de su parte, pero esta nunca llegó. Ya vería si mañana le respondía o no, y sabría su reacción ante ello.
—Todo estará bien —se dijo a sí mismo, antes de quedarse profundamente dormido.
iii
Al día siguiente, su preocupación de no obtener una respuesta era evidente. Taiyou le había preguntado ya en varias ocasiones si estaba bien, incluso Sata lo había hecho a primera hora, apenas le había visto llegar.
—¿Qué hiciste qué? —le preguntó bastante sorprendido Tosamaru—. ¿Tienes idea de lo que Taiyou te haría si se entera?
—¡Lo sé, lo sé! —respondió el rubio, alzando la voz—. Ni siquiera sé si a Yuuichi le pareció bien o no.
—¿Te preocupa más eso que saber si tu «amigo» se entera de ello? Me habías jurado que no andabas con él.
—Lamento mucho haberte mentido —se disculpó, aunque a esas alturas su disculpa no servía de mucho.
—Mira, que me hayas mentido es lo de menos —rebatió el moreno—. Lo importante aquí es cómo va a reaccionar Amemiya cuando lo sepa.
—¿Se lo vas a decir? —le preguntó bastante alarmado, estaba seguro de que el otro querría matarlo.
—No, si se entera no será por mí.
—¿Qué quieres decir, Sata?
—¿No se te ocurrió que Yuuichi podría decírselo? Después de todo, ya se han reconciliado de su última discusión.
A Hinano aquello le cayó como un balde agua fría, por supuesto que no había tomado en cuenta aquella opción.
—¿Ves? Eso te pasa por jamás pensar dos veces antes de hacer las cosas —le reprimió su amigo—. De una vez te digo, conmigo no cuentes si eso llega a ocurrir. Tú solo te has metido en este problema y tú solo deberás resolverlo.
Y así sin más le dejó solo.
Cuando acabó su descanso, fue a su aburrida clase de literatura –al menos para él, que curiosamente adoraba las matemáticas–. Taiyou ya estaba allí cuando entró al aula, no notó nada raro en él por lo que sentó en su lugar habitual junto a la ventana. Sacó su móvil y vio con cierto desencanto que todavía no recibía una respuesta por parte de Yuuichi. No pudo evitar pensar lo que tanto había temido. Sus fotografías no le habrían gustado, eso era seguro. Al menos para él. Soltó un hondo suspiró y dejó el móvil debajo del pupitre apenas entró el profesor. De repente, sintió que alguien le tocaba en el hombro. Amemiya le pasó una nota con expresión consternada, algo raro en él.
«¿Todo está bien?» —le preguntaba en ella. Hinano volteó el pequeño papel y se apresuró a escribir una respuesta.
—Sí, solo estoy preocupado por el pago de la colegiatura —mintió. Le pasó discretamente la nota de nueva cuenta al pelirrojo quien al leerla, pareció tranquilizarse un poco. Tenía un mal presentimiento, pero no estaba seguro por qué. Decidió enfocarse entonces en clase en un intento por calmar su inquieta mente. Ya no tenía otra opción más que atenerse a las consecuencias que sus acciones pudiesen acarrear.
Solo esperaba que no fuesen tan catastróficas.
OK, espero sepan disculpar mi pésimo intento por relatar algo así. No soy buena para esas cosas. En fin, espero que le hayas agradado este pequeño capítulo. Realmente no puedo decir que actualizaré constantemente, pero haré todo lo posible para ya no ausentarme tanto. Este capítulo marca el inicio del final, o sea, ya solo restan aproximadamente cinco capítulos antes de ponerle fin a esto. Confío que estará terminada a finales de este año. Cualquier comentario es bien recibido, ¡hasta la próxima!
