Disclaimer: Los personajes y lo que podáis reconocer le pertenece Rowlin y a Stephenie Meyer.
No gano beneficio económico escribiendo esto.
Capítulo 21.
Sirius corría sin rumbo fijo.
Solo lo hacía por correr.
Necesitaba descargar la rabia que le bullía dentro.
Solo podía pensar en venganza y sangre.
Atrás quedaron sus amigos, su familia y todo lo demás. No iba a descansar hasta que no atrapara a esa maldita pelirroja de ojos rojos.
Corrió durante días y noches solo deteniéndose para alimentarse.
Había tenido el buen tino de solo atacar a personas perdidas o que nadie echaría de menos.
Su madre se había sentido orgullosa de una manera retorcida. De un modo u otro, estaba matando muggles.
Había algo que le molestaba, algo que cosquilleaba detrás de su mente pero decidió que no importaba.
Al fin era libre y podía correr y nadie lo detendría.
Semanas o meses después, el neófito no estaba seguro, dejó de correr. Había encontrado un gran árbol en el centro de un claro y sin saber por qué se detuvo.
Se sentó allí controlándose para no volver a salir corriendo. Era lo que todo su cuerpo y su mente le demandaban.
Escuchó perros a lo lejos y eso le hizo recordar algo.
Su forma animaga.
Trató de transformarse en Canuto pero no lo logró. No era capaz de concentrarse lo suficiente.
Al imaginarse un perro vampiro no pudo evitar echarse a reír.
Su risa sonaba algo desquiciada pero no le importó. Supuso que la mencionada locura Black de la que los otros sangre puras hablaban le había llegado.
Pensar en el perro vampiro le hizo pensar en su hermano James que podía convertirse en ciervo.
Un ciervo vampiro le hizo mucha más gracia y siguió riendo espantando a todos los animales de su alrededor.
Horas después logró concentrarse lo suficiente como para lograr la transformación.
Como perro, la mente se le calmó y pudo pensar con claridad.
Poco a poco se dio cuenta de lo que había hecho y lo egoísta que había sido con sus seres queridos.
Necesitaba hablar con su familia. O al menos intentarlo. No podía culparlos si dejaban de considerarle parte de ella.
Recordó que Sam tenía un teléfono en su casa de la reserva y que los Cullen tenían otro.
Además se sabía de memoria los números de los móviles de Edward, Carlisle, Rosalie y Sam.
Se estiró, se sacudió el pelaje y corrió en busca de un lugar con teléfono.
Descubrió que le encantaba correr tan rápido como un vampiro en su forma de perro.
Halló una casa en mitad de ningún sitio y se detuvo a escuchar.
Dentro había al menos seis personas. Cuatro adultos y dos niños.
Podían oírse gemidos y súplicas.
Cuando Sirius comprendió lo que ocurría, saltó por la verja volviendo a su forma humana y despedazó a los adultos en cuestión de segundos tras drenarlos.
Los sacó al jardín y quemó los cuerpos.
Había encontrado su varita mientras corría por el bosque.
Cuando se aseguró de que no eran más que cenizas, las metió en una piedra que previamente había transformado en recipiente y otra vez dentro de la casa, las echó por el retrete.
Los dos pequeños le miraban entre asombrados, asustados y aliviados.
Supuso que tendrían la edad de Blaise.
Uno de ellos era rubio de ojos azules y el otro tenía el pelo ensortijado y los ojos castaños.
-Hola pequeños. Estáis a salvo. Prometo que no voy a haceros daño. ¿Os podéis mover?
Ellos asintieron y trataron de levantarse de la cama donde les tenían.
Black se acercó y les ayudó.
Rebuscó hasta encontrar sus ropas y les vistió él mismo tras ducharlos.
Estupefacto, se dio cuenta de que los pequeños eran magos.
-¿Me decís vuestros nombres? -Yo me llamo Sirius.
-Yo soy Jaden. -Contestó el castaño.
-Y yo me llamo Mark. -Respondió el rubio.
-¿Cuántos años tenéis?
-Seis.
-Voy a hacer una llamada y enseguida vuelvo. ¿De acuerdo?
El animago pensó inmediatamente en Rosalie al ver a los pequeños. Supo que ella sería una excelente madre para ellos.
Trató de llamar primero a Sam sin obtener resultados. Supuso que estaría patrullando.
Llamó a los Cullen y un pensamiento espantoso le asaltó.
¿Y si se habían mudado? Las navidades pasadas habían estado hablando de ello...
Probó a llamar a Edward y a Carlisle obteniendo el mismo resultado.
Solo le quedaba Rosalie.
Cuando creyó que ella tampoco se lo cogería, descolgó.
-¿Dígame?
-¿Rose?
-¿Quién llama?
-Soy Sirius. -Contestó en voz baja.
-¿Sirius? ¿De verdad eres tú? ¿Sabes lo preocupados que hemos estado por ti? ¿Dónde estás? -La vampira quería hacer muchas más preguntas pero se contuvo.
-Estoy en una casa en mitad de ninguna parte...
Le contó lo que había encontrado al llegar y no le sorprendió que ella gruñera.
-¿Todavía estáis viviendo en Forks? -¿Preguntó con timidez.
-¡Pues claro que si! Nos negamos a irnos sin ti.
-Como nadie contestaba al teléfono... Pensé...
-No seas estúpido, Sirius Black.
Hablaron un rato más hasta que Sirius se dio cuenta de que los estómagos de Jaden y Mark rugían de hambre.
Colgó el teléfono, les preparó algo de comer y decidió que partiría a su casa ese mismo día.
Preparó las maletas de los niños en menos de dos minutos y después se dedicó a hacer un traslador ilegal.
Antes, los pequeños le habían pedido que no les dejara allí y él no había podido negarse. Iba a llevárselos de todos modos así que...
Pronto, la gorra estuvo lista y Sirius y los dos niños estaban bien sujetos.
Black les envolvió entre sus brazos para evitar accidentes y pronto el conocido tirón llegó.
Segundos más tarde, aterrizaba en el césped de la mansión Marauder.
