Capítulo 19: "El Hallasgo de la Sala Secreta del Príncipe de Slytherin"

-Bueno ella es…

-Soy Helena Lazars y tú eres…

-Blaise Zabinni, para servirte hermosa.- Le dijo al tiempo que le besaba el dorso de la mano, mientras Draco se controlaba por no estrangularlo.- Nunca antes había visto a semejante belleza por aquí, eres nueva o algo por el estilo?

-Blaise, "Mi Amiga" asiste a Durmstang, es de las primeras chicas en ser admitida en ese colegio, pero por razones que no te incumben, está considerando la posibilidad de asistir a Hogwarts, en Slytherin claro está.

-Oh en ese caso espero que decidas quedarte aquí preciosa. Podremos hacernos muy buenos amigos.- Le dijo al tiempo que el moreno le guiñaba un ojo.

-Eso es muy tentador, pero por el momento el único amigo que pretendo hacer se llama Draco Malfoy.- Dijo al tiempo en que se abrazaba a él de forma sensual.

Draco por su parte agradeció este gesto por parte de la chica de lo contrario, si las miradas matasen, Zabinni ya habría caído muerto un par de veces.

-Entonces me alegro por ti, Dragón. Hacía mucho tiempo que no te veíamos llegar aquí con alguna de tus conquistas. Sólo evita que Pansy la vea o le hará la vida imposible.

-No te preocupes, sé cómo librarme de ella. Ahora si nos disculpas…

-Oh claro! Pásala bien, y Helena, si te aburres de él puedes llamarme.-Dijo pícaramente.

Emily le dedicó una sonrisa mientras mentalmente repetía "Mujeriego, baboso, idiota, menos mal que Herms se deshizo de ese infeliz."

Pero Draco para dejarle en claro a Zabinni que ella era su propiedad la acercó más a su cuerpo y la acarició donde la espalda pierde su nombre.

Ella enrojeció y contuvo las ganas de golpearlo hasta que pierda la conciencia.

Mientras se dirigían a un pasillo poco frecuentado que sólo dirigía al cuarto de Draco, Emily rompió el silencio.

-Ya no nos ve?

-No.

PLAFF.

Emily lo había abofeteado.

-Por qué hiciste eso?!-Le espetó sorprendido.

-Por pasarte de listo, ahora suéltame.- Ella se liberó del agarre del chico.

Al rubio se le dibujó una sonrisa al recordar lo anterior.

-No me vas a negar que lo disfrutaste o si?

-Si no quieres que te vuelva a golpear mejor cállate y te recuerdo que tengo un novio!

-Y el sabe que anoche dormimos en la misma habitación o que estuvimos a punto de besarnos?

-Perdón?! Tú ibas a besarme, yo te iba a despertar cuando… bueno… pues … intentaste besarme. Y yo no le veo nada de raro el dormir en la misma habitación yo en la cama y tú en el diván.

-Lamento no haberme podido resistir, pero el hecho de que una linda chica te observe mientras duermes a una distancia…mmm… como decirlo… oh sí, poco usual, bueno sería un milagro que alguien se pueda resistir a no hacerlo. Además no parecía que me fueras a despertar, todo lo contrario.

"Me ha dicho que soy linda?"

-Tómalo como quieras, Malfoy, yo sé lo que hice y lo que no.

Se quedaron en silencio por unos momentos, Draco trataba de no echarse a reir por la falsa justificación de la rubia. Pero se le ocurrió cambiar de táctica, ya no le importaba nada, quería que esa chica fuese sólo suya. Quería ser correspondido, la amaba y la necesitaba desesperadamente.

-Sabes, será la primera vez que entre a mi habitación con una chica que no me esté besando apasionadamente.

-Al parecer eso no te ocurre hace mucho tiempo, además siempre hay una primera vez para todo, Malfoy.

Ahora que lo pensaba, desde su regreso no había salido con ninguna chica. Realmente su presencia lo cambiaba completamente.

Abrió la puerta de ébano con ornamentaciones en plata y entraron a la habitación del príncipe de las serpientes.

Emily se sorprendió ante la decoración, realmente Draco tenía buen gusto. La mampostería de la habitación era verde y plateada, un piso de madera de ébano hacía juego con la puerta y la penumbra de la habitación. En un rincón había un escritorio con varios pergaminos sobre él una cómoda silla con tapizado de cuero negro al igual que el sofá y los sillones de igual material ubicados frente a una bien ornamentada chimenea. Al otro lado de la habitación había una gran cama matrimonial adoselada y con sábanas de seda negra y verde, muy similar a en la que había desperado esa mañana. El lugar estaba iluminado por unas antorchas y varias estatuas con forma de serpiente adornaban el recinto, también notó la existencia de varias repisas, un gran armario y una pequeña puerta que seguramente conduciría hasta el baño.

Estaba maravillada.

-Sorprendida? Seguramente en Griffindor no tienen un dormitorio así.

-No, es cierto. Pero eso no significa que no haya pasado varias noches en un lugar similar.- Dijo la rubia maliciosamente pensando en el antiguo despacho de Rowena, en el cual había dormido incontables veces, es más, la mayoría de sus pertenencias estaban allí.

Ese comentario no le hizo demasiada gracia a Draco. Dónde habría pasado ella sus noches? Existiría en Hogwarts un lugar similar? Y más importante aún, con quién habría pasado esas noches?

Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de la rubia, actualmente pelinegra.

-Por lo pronto será mejor que me muestres el pasadizo bloqueado.

Draco bufó. Odiaba recibir órdenes y ese caso no era la excepción.

De mala gana se dirigió a una de las antorchas que había cerca del hogar y tiró de ella. Automáticamente, la pared junto a la antorcha se abrió. El chico convocó un lumos con su varita para iluminar la oscuridad del pasillo. Así se internaron en él.

Subieron y bajaron escaleras repetidas veces durante quince minutos. Emily ya se estaba cansando de todo aquello hasta que llegaron a lo que parecía un callejón sin salida.

-Bien hecho, genio. Nos llevaste a un callejón sin sali…- Pero ella se quedó sin palabras al ver la pared abriéndose frente a ellos.

Draco volteó su cabeza y le dedicó una de sus mejores miradas de autosuficiencia y superioridad.

"Maldito hurón engreído. Siempre tan creído."

Frente a ellos se extendía un enorme jardín con bancos, un diván, un lago y una mesita que tenía un libro de transformaciones avanzadas, mejor dicho el libro de Emily.

-Oh, no!- Dijo en un susurro inaudible al reconocer el lugar en el que se encontraban.

Estaban en el claustro que conectaba la red de pasadizos con el despacho de Ravenclaw! Su dormitorio! Si Draco descubría el libro de la mesita, lo abriría y encontraría su nombre en él. Luego vendría la ola de preguntas y el tendría acceso a los pasadizos y al despacho, el cual era suyo, su santuario, su lugar secreto e íntimo.

-Es hermoso, no Tukwood?

-Si, lo es. En verdad es maravilloso.

Sobre el lago danzaban las hadas que habitaban el lugar, dando un espectáculo soberbio y embellecido por la luz de la luna.

- Es una lástima que las puertas estén cerradas. Seguramente conducen a lugares iguales o más bellos que éste.

Entonces lo comprendió. Draco no podía abrir las puertas porque ella no la había revelado el secreto de la existencia de ese lugar, ni tampoco sabía la contraseña del mismo. Le lanzó discretamente un hechizo desilusionador al libro para que su acompañante no lo descubriera. Se acercó a la puerta de roble y le lanzó varios hechizos, sin intensión de abrirla, para disimular frente a Malfoy.

-Bueno, creo que no se abra a menos que tengamos una contraseña o algo similar.- dijo indiferentemente la chica.

-Supongo que estás en lo cierto.

-Será mejor regresar a tu habitación, seguramente habrá algún otra pista que podremos utilizar.

Draco no replicó, conocía bien a la chica, pese a que ella no se diera por enterada, y cuando ella dice que algo no se puede, es porque realmente es así.

"Me hace recordar a Granger, y tiene su mismo carácter, o peor."

Se estaban marchando cuando una pequeña lucecita celeste se posó en el hombro de Emily. Era un hada. Ella acarició su cabeza con uno de sus dedos y la criaturita emitió una especie de zumbido a modo de alegría.

-Eso es extraño.

-Qué cosa?-Preguntó la chica.

-Ningún hada se acerca a un desconocido, mucho menos si se trata de una bruja.

La pequeña hada la había reconocido bajo su disfraz. Cómo le explicaría al rubio esa situación sin levantar sospechas?

-Qué insinúas?

-Qué tal vez ya has estado aquí antes.

-Y cómo habría podido hacerlo? Las puertas están trabadas y no sé la contraseña!

-O tal vez no me la quieres decir.

- Malfoy, yo soy la más interesada en encontrar una solución a mi situación. Por qué carajo haría algo así?!

Draco iba a replicar, pero se dio cuenta que la chica tenía algo de razón en ello. Pero aún así la situación era bastante sospechosa.

-De acuerdo, siento haber desconfiado de ti.

-No sé si mi enojo se irá tan pronto.

-Conozco maneras de compensarte.- Dijo sensualmente y acortando la distancia entre ellos.

Emily lo apartó.

-Podrías comenzar por dirigirte a tu dormitorio y dejar de hacer idioteces.

-Niégame que mis idioteces te gustan.

-Lo niego, ahora camina! Estamos en una misión, no de vacaciones.

Mientras atravesaban el corredor, continuaron hablando.

-Una misión impuesta por ti, querrás decir.

-Y avalada por Dumbledore y que te quede bien claro.- Emily se estaba enfureciendo, incluso ya había sacado su varita.

-Ok., ok, regresemos. No quiero terminar estampado contra la pared y con dos costillas rotas.- Dijo aludiendo a su pequeña pelea en el campo de Quidditch de hacía dos años atrás.

Emily sonrió ante el comentario.

-Tuviste suerte esa vez huroncito. Si Moody no te salvaba habrías terminado en San Mungo.

-Tendré mi revancha en nuestra clase de Duelos con Snape.

-Ni el favoritismo de tu amado profesor podrá salvarte, Malfoy.

-Ya lo veremos, no eres la única que ha mejorado durante estos años, Tukwood.

En ese momento, Emily se paró en seco.

-No deberías jugar con fuego, Malfoy. Podrías quemarte.- Dijo calmadamente la leona.

Entonces, Draco se volteó y la arrinconó contra la pared, colocando su boca muy cerca de su oído.

- Y tú, Emily, no deberías jugar con una serpiente.- Dijo al tiempo que su boca descendía a la altura de su cuello.- Porque podría morderte.- Dijo en un susurro al tiempo que mordía su cuello.

Emily ahogó un suspiro. Cómo era posible que ese chico la hiciera suspirar con el más mínimo roce? Y lo peor era que no se había resistido a él. Debía hacerlo, por el amor que le tenía a George. Seguramente, si él se encontrara en una similar situación, le pondría un alto a su acompañante y jamás le sería infiel a ella.

La rubia trató de salir de esa comprometedora situación. Se pegó contra la pared y logró alejarse del cuerpo del Príncipe de las Serpientes, pero no llegó a dar dos pasos, que una de las baldosas del piso se hundió. La pared giró arrastrándolos a ellos al lado opuesto. Comenzaron a caer. Era una especie de tobogán, cayeron por él durante varios minutos.

El final de su paseo fue anunciado por una sonora caída. Emily había caído bocabajo y tenía el cuerpo de su compañero sobre el suyo.

-Ay, mierda!- Exclamó Malfoy por el dolor que le causó la caída.- Estás bien?

-Estaría mejor si no me estuvieras aplastando.- Dijo la chica sin aire.

-Lo siento.- Dijo el chico curvando sus labios en una media sonrisa al notar el estado en el que se encontraba ella.

Emily se giró, pero Draco todavía seguía encima de ella pero ahora no la aplastaba. La miraba con una extraña expresión en su rostro. Ella arqueó una ceja.

En cambio Draco la miraba embobado. Su cabello negro alborotado, su musculosa desarreglada, su falda subida unos centímetros más de lo que ya estaba, le daban un aspecto muy sensual a la chica, si es que eso ya era posible para los ojos del platinado. Él no pudo evitar que miles de pensamientos sucios en los que la chica y él eran protagonistas, le vinieran a la mente.

Ella se percató de la situación y le dio un fuerte empujón. Se puso de pie y se acomodó la ropa. Milagrosamente Draco no se quejó. Todavía seguía embobado con la anterior imagen de la chica.

El recinto estaba iluminado por unas antorchas, no había ventanas. De las paredes colgaban varios estandartes zafiro y esmeralda, y en una pared opuesta cada uno, había dos cuadros enormes. Uno de ellos mostraba una bella mujer vestida de azul, y el otro, a un hombre sentado en un sofá de espaldas, sólo se distinguía su larga cabellera azabache y su túnica verde y negra.

En el centro de la habitación había una gran cama adocelada, similar a la que Emily tenía en su dormitorio.

-Esto es lo que estaba buscando?- Preguntó en voz baja la leona.

-Parece ser que sí. Obviamente los cuadros son los retratos de Ravenclaw y Slytherin.- Dijo el chico.

- Y para qué es la cama?- Se auto preguntó la chica en voz alta.

- No creo que necesites que te lo explique, o sí, Tukwood? Me gusta dar ejemplos cuando explico.- Le dijo guiñándole un ojo.

- Si que eres idiota, qué acaso no piensas en otra cosa?!- Le espetó enfadada la chica.- No me respondas!-Exclamó ella, imaginándose que clase de explicación le daría el chico.

Draco sonrió para sí.

Emily se acercó lentamente a uno de los cuadros, el de la mujer. Ella se quedó anonadada mientras la mujer en el cuadro la miraba de manera similar.

- Hey, Tukwood! Qué tanto miras?- Preguntó el rubio mientras se acercaba al lugar donde estaba ella.

Draco se paró en seco y miraba sorprendido tanto a la chica como a la mujer del cuadro. Finalmente rompió el silencio.

-Esto sí que es una coincidencia.

-A…a qué te refieres.- Preguntó la chica.

- Por favor, dime que no notas el parecido que hay entre tú y el cuadro, más hallá de que estás escondiendo tu verdadero aspecto.

- Jamás pensé que diría ésto pero tienes razón.

-Como siempre!

La mujer del cuadro era exactamente igual a la Emily camuflada, sus largos rizos negro azulados, sus ojos color zafiro, su piel color marfil, hasta su expresión de sorpresa era idéntica. La única diferencia entre ella era la ropa, la mujer vestía un largo vestido azul, con corte imperial, mangas largas y holgadas, e incrustaciones de zafiros adornados con pequeñas espirales doradas a su alrededor. Pero lo que más les llamó la atención a ambos era el medallón que pendía del cuello de la mujer, el mismo que llevaba la griffindor.

Emily quitó sus modificaciones y se mostró tal cual era. La expresión de la mujer no varió ante ésto.

-Rowena?- Susurró la rubia.

La mujer sonrió.

Era ella.

- Puedes ayudarme? Necesito que me respondas algo.

La mujer hizo un gesto con su mano incitándola a que continuara.

- Quiero saber cómo puedo romper esta maldición.- Dijo la rubia al tiempo que le mostraba el medallón.

La mujer por fin habló.

- No es una maldición.- Le corrigió su suave pero severa voz.- Es un hechizo, ligado a una profecía.

- Pero hay alguna forma de evitar que la profecía se cumpla?

- Nadie puede huir del destino. Es tu deber como mi heredera cumplirla.

- No le parece injusto que se decida por uno mismo. Que uno no pueda elegir a quien unirse?- Dijo secamente.- Creí que tu experiencia con Godric te había enseñado a seguir al corazón y no a las decisiones de los demás.

- Tú no sabes de lo que hablas, eres sólo una niña.

- No soy una niña. He enfrentado peligros mayores que la mayoría de lo que llamarías adultos, y se me ha tratado como tal. He luchado en esta guerra y me formaron para participar en ella desde que tengo diez años, he sufrido por el amor de un hombre que me corresponde, he tratado por todos los medios de seguir unido a él. He llorado todas las noches desde que me enteré de que debía unirme en sangre y alma al ser más despreciable de la Tierra. Y usted dice que todavía soy una niña?!- Dijo al borde de las lágrimas.

- Sigues siendo una niña. Qué acaso no lo entiendes? Encierras uno de los poderes más grandes y antiguos del mundo mágico, eres su guardiana, su protectora y la única que lo controlará! Sólo necesitas al Heredero de Slytherin!

- Tu eres la que no lo entiende! Conozco la identidad del heredero, es el peor mago tenebroso de la historia, él me utilizará para sus fines egoístas y ruines.

- Pero él te amará tan pronto te vea y tú también.

- Eso es imposible, él no puede amar, no tiene corazón ni sentimientos, no tiene siquiera un alma completa! Sus vasallos asesinaron a mi abuelo, a mi tío y a mi padre! Obligaron a mi abuela a esconderse del otro lado del mundo, a mi madre a negar que alguna vez lo amó o siquiera lo vio! La obligó a ocultarme de él y del mundo, a negar mis raíces, a negar mi origen, a negar su apellido, su herencia, su legado, tú legado!

Las lágrimas corrían libremente por las mejillas de la chica. Draco colocó una mano en su hombro para confortarla.

- Cómo puede ser tan insensible?!- Dijo el rubio, sus orbes plateados destellaban con la furia que sentía. Podía caerle terriblemente mal que Emily amase a George, pero lo aceptaba, pero se negaba rotundamente a que su bella amada cayera en manos de Lord Voldemort.

Rowena lo miró perpleja debido a la osadía del chico.

- Su heredera, su única descendiente le está rogando por su ayuda y usted la rechaza. Ella no merece eso. Nadie debe estar atado a su destino, mucho menos a uno tan cruel y oscuro. Si usted no puede darnos la clave para deshacer el hechizo, no importa, ya buscaremos la forma, muchas gracias. Y si no existe una solución, daré mi vida si es necesario para que el infeliz de Voldemort no toque ni un solo cabello de ella. Nos vamos.- Dijo al tiempo que tomaba a una sorprendida Emily por el brazo y se dirigían a la salida.

- El chico tiene agallas, eso me agrada.- Dijo una grave voz proveniente del otro lado de la habitación.

Ambos chicos se voltearon para ver al dueño de la voz. Era nada más y nada menos que el cuadro del hombre que se encontraba enfrentado al de Rowena. Se había puesto de pie, pero aún así su rostro era cubierto por las sombras. Sólo se distinguían sus largos y lacios cabellos azabaches, y la blanca piel de su cuello.

- Ahora entiendo cómo llegaron hasta aquí. Tu debes ser el actual Príncipe de Slytherin, o me equivoco?- Draco lo miró desafiante y con su usual porte arrogante.- Tu expresión lo dice todo, un Slytherin de pies a cabeza.

-Muéstrate, cobarde!

- Respétame! Yo soy Salazar Slytherin, no un mero lacayo tuyo.

- Tú fuiste quien hizo el ritual. Dime cómo deshacerlo.- Ordenó Emily.

- Definitivamente ésta es tu heredera, amor mío. Mandona, inteligente, aunque noto un deje de valentía muy propio de los GRIFFINDORS.- Dijo esto último muy despectivamente.

- Porque soy una griffindor.- Contestó la chica.

- Y no me digas que también eres una sangre sucia.

- Basta! No le permito que le hable a Emily así!- Exclamó Draco.

- Salazar, sabes que odio tus prejuicios sanguíneos.- Dijo Rowena.

- Además, un sangre sucia es diez veces más mago que usted.- Dijo Emily.- Y para su gran información soy sangre pura!

- Rowena, creo que he comprobado mi punto, dile cómo evitar que ese tal Voldemort no… mmm…como decirlo delicadamente?... ah sí… posea a tu heredera, porque si no has leído entre líneas la profecía, querida, eso significa unirse en sangre y alma.- Dijo burlonamente ante la cara de sorpresa de la chica.- Y no libere su poder.

- Creo que debo decírtelo, al fin y al cabo, tenías razón en lo que dijiste hace rato Emily, nadie puede obligarte a unirte a alguien que no amas.

Ambos chicos miraron sorprendidos a la mujer del cuadro debido a su rápido cambio de actitud.

- Si tú amas a alguien al momento del eclipse o te has entregado por amor a ese alguien especial anteriormente y continúan juntos, la profecía no se cumplirá jamás. Pero el costo es alto, el poder del medallón jamás se revelará.

- Y no tendremos tantas posibilidades de ganar la guerra.- Dijo la chica.

- Así es.

La chica se quedó pensativa por unos momentos. Debía colocar las cosas en una balanza, por un lado estaba el poder para ganar la guerra, pero era arriesgado utilizarlo ya que Voldemort podría acceder a él. Por el otro estaba su corazón. Jamás se lo entregaría al Señor Tenebroso, pero eso no sería egoísta de su parte? Sólo ella se sacrificaría. Pero se arriesgaba demasiado, y si no resultaba?

-No te preocupes.- Dijo la tranquilizadora voz del rubio.- Mientras sigas con el idiota de Weasley todo estará bien. Jamás tendrás que entregarte a ese ser.- En ese momento él la abrazó.

Emily no rechazó el abrazo del rubio, necesitaba alguien en quien apoyarse y que entendiera su situación.

- Gracias, pero no es eso lo que más me preocupa. Draco, qué sucederá con la guerra? Cómo acabaremos con él?

-No debes preocuparte, Dumbledore se encargará de ello. Además, tenemos a Potter, por algo Voldemort quiere acabar con él. Aunque con tantas oportunidades que tuvo de hacerlo pedazos y no lo logró se confirman mis sospechas sobre Potter. Yerba mala nunca muere.

Emily sonrió.

Draco estaba contento de que por lo menos le había sacado una pequeña sonrisa a la chica.

-Creo que será mejor irnos. Ya debe ser muy tarde y mañana tenemos clase.-Dijo Emily.

Emily miró por última vez a ambos cuadros y les agradeció por su ayuda. Draco apenas inclinó la cabeza a modo de saludo, no le agradó en lo más mínimo el fundador de su casa.

Cuando ambos chicos se marcharon un silencio reinó en a sala por unos momentos.

- Mi Heredero al parecer ya se ha revelado.

- Mi amor, creo que todos piensan que tu heredero es el mismo que abrió la Cámara de los Secretos.

-Vaya sorpresa que se llevarán.

-Según mis cálculos y por lo que vimos y oímos hace unos momentos tu Heredero ya creó un lazo muy fuerte con la chica, hasta me atrevo a decir que son pareja.

- Qué sorpresa fue que tu Heredera pertenezca a la casa de Godric. Eso demuestra que mi Heredero puede pertenecer a cualquier casa.

-No te hagas el desentendido, sabes perfectamente a que casa pertenece.

- Sí, así es. Pero no te lo revelaré, ni a ti ni a nadie hasta que llegue el momento. Y te aseguro que eso será muy pronto.