Descargo de responsabilidad: Harry Potter como siempre sigue perteneciendo a la fantástica señora Rowling, lo único que me pertenece son aquellos personajes que no reconozcan y la trama de esta historia.
Sin más, disfruten de la lectura ^^
21 — Enemigos ¿No más?
El deseo de Elena por volver a estar cerca de Voldemort bien podría calificarse como un deseo suicida. El pronóstico sería que ella está tan mal de la cabeza que busca su muerte de la manera más horrible, sin embargo, la mente humana nunca es fácil de interpretar y simples suposiciones no se pueden acercar a la verdad.
La verdad es que Elena quería luchar contra Voldemort de manera activa, no sólo reclutando gente sino también, ayudando a personas, magos, brujas o muggles que eran víctimas de los ataques de Voldemort. La impotencia que sentía al no saber cómo ayudar la impulsaba a pensar en un plan para ayudar a todas esas víctimas.
La destitución de Dolores Umbrigde de su cargo en Hogwarts fue una buena noticia pero no lo suficiente para competir contra el conocimiento del regreso de Lord Voldemort.
Ahora que Voldemort ya no tenía que ocultarse, sumado a la fuga en masa de Azkaban de diez de sus más fieles y letales mortífagos ya nadie estaba a salvo.
Elena era consciente de que Voldemort no se había olvidado de la cuenta pendiente que tenían y lo más probable era que hubiera alguien dándole caza. A pesar del extremo aburrimiento que tenía que soportar no había dado ni un sólo paso fuera del círculo de protección que rodeaba la propiedad en donde ella se estaba ocultando, es más, había aprovechado la oportunidad para "pulir" sus planes.
Siete meses habían pasado desde la última vez que Snape había visto a Elena. No es como si él tuviera mucho tiempo para pensar en Elena con todo el caos que había en el mundo mágico. Sin embargo, fue inevitable no pensar en ella cuando un día al ir a darle la poción a Dumbledore para reducir el avance de la maldición de su mano la encontró en el despacho del director.
Elena estaba de espaldas a él observando a Fawkes el fénix de Dumbledore. Ese día llevaba una túnica aguamarina y el cabello suelto. Su porte alto y esbelto parecía encajar tan bien en el despacho del director. El corazón de Snape se aceleró un poco y entonces recordó la razón por la que había querido mantenerse lejos de Elena. Inútiles sentimientos que no le traerían nada bueno.
A Dumbledore no se lo veía por ningún lado y aparte de los sonidos que hacían los artefactos que había en el escritorio no se escuchaba sonido alguno.
Dumbledore salió desde una esquina con una caja cuadrada de madera que tenía delicados detalles tallados en los cuatro lados y en la tapa.
- Buenas tardes, Severus-. Saludó Dumbledore a Snape al verlo y continuó caminando hacia su asiento detrás de su escritorio.
Al oír el saludo de Dumbledore Snape movió la cabeza en señal de respuesta y Elena se volteó a verlo.
- Señor Snape.
- Señorita Lauper.
A Dumbledore pareció divertirle la forma en que se saludaron Snape y Elena más no dijo nada. Puso la caja sobre su escritorio y esperó a que alguien hablara. Elena se aclaró la garganta.
- ¿Eso es para alguien o sólo quería mostrarlo?
Snape bajó la mirada hacia la copa que tenía en la mano. Sintiéndose incómodo pero permaneciendo impasible por fuera Snape cruzó la oficina del director hasta detenerse frente a Dumbledore.
- ¿Prefiere que vuelva más tarde?
- No, no. Elena y yo hemos tenido una conversación bastante interesante. Ella es una persona discreta y tiene la habilidad necesaria para guardar los más delicados e importantes secretos. Elena está dispuesta a apoyarnos con los recursos que necesitemos y estoy seguro que será una gran compañía.
Dumbledore le dirigió una mirada a Snape que parecía sugerir que él entendía a qué se refería pero el profesor no podía entender por qué él tendría que saberlo.
- ¿Quiere decir que ella está enterada de la maldición?
El rostro de Elena, que hasta el momento había permanecido impasible, se tornó serio y quizás hasta un poco sombrío, apartó el rostro como si quisiera ocultar sus sentimientos respecto a ese tema. Este cambio sorprendió a Snape. Después de todo, aunque la mayoría de los magos y brujas preferirían que Dumbledore permanezca siempre fuerte e invencible, muy pocos demostrarían un descontento igual al que Elena estaba mostrando ahora.
- Sí, de la maldición y también de tu misión.
Ante esto Snape se sorprendió y su sorpresa, por primera vez en ese día, quedó reflejada en su rostro. Según las propias palabras de Dumbledore, prefería que sus secretos no descansaran en un mismo cesto. ¿Quién rayos era Elena como para que Dumbledore compartiera algo así con ella?
Conteniéndose para no gritar, Snape preguntó entre dientes.
- ¿Y por qué es conveniente que ella sepa esto?
- Tener un aliado confiable en estos tiempos es de gran valor.
- En estos tiempos uno no puede confiar ni en su propia sombra.
A Elena no pareció ofenderle las palabras de Snape, después de todo, él tenía razón; sin embargo, le dirigió una mirada a Dumbledore que oscilaba entre la disconformidad y el enfado. Dumbledore, en cambio, se encontraba bastante relajado tras su escritorio y parecía como si la reacción de Snape era justamente la que él esperaba, claro que viniendo de Dumbledore eso era altamente probable que fuera verdad.
- Puede que ahora lo veas así, pero estoy seguro de que en el futuro me darás la razón.
- Yo no apostaría por ello.
La agria respuesta de Snape pareció perderse en el silencio que siguió a sus palabras antes de ser interrumpido por Dumbledore.
- Pues entonces, será mejor que me beba la poción ahora mismo. Por mucho que me gustaría ver a ambos trabajando juntos, no quisiera que fuera contra mí.
Dicho esto tomó la copa y bebió su contenido en cuatro largos tragos.
A Snape le sorprendió que Elena se mantuviera tan tranquila y silenciosa cuando normalmente siempre estaba hablando con una expresión que denotaba que tenía un montón de vitalidad lista para usar. Mirándola más de cerca, Snape vio que el rostro de Elena se encontraba impasible, no dejaba ver sentimiento alguno y su rostro no permitía que sus pensamientos pudieran ser adivinados ni siquiera a través de especulaciones. Ésta actitud intrigó de gran manera a Snape quien jamás creyó que llegaría a ver a Elena así. Extrañamente, esto hizo sospechar más a Snape de ella. ¿Qué se traía entre manos ahora?
- Pues bien-, interrumpió el silencio Dumbledore- creo que lo mejor será aclarar la situación en la que ahora nos encontramos.
Elena cambió su peso de un pie a otro.
- Ambos saben de la maldición que tengo en mi mano y que se expande por mi cuerpo. No me queda mucho tiempo de vida y en estos tiempos difíciles hay que aprovechar cualquier recurso que podamos tener.
Snape se puso tenso ante las palabras de Dumbledore.
- Llegado el momento Severus hará su parte y de ese modo se ganará la confianza absoluta de Voldemort, y la única persona que sabrá sobre esto será Elena. Estoy seguro que Elena será de gran ayuda llegado el momento. Hasta entonces, creo que deberían tratar de tener más confianza entre sí mismos. En algún momento necesitarán la ayuda del otro y no pueden darse el lujo de desconfiar.
Ni Elena ni Snape dijeron nada. Extrañamente parecían estar en común acuerdo para estar en desacuerdo con las palabras de Dumbledore. El Director sólo les sonrió antes de despedirlos de su despacho.
Snape y Elena salieron del despacho del director en silencio. Caminaban uno al lado del otro pero no se miraban. Casi como en común acuerdo recorrieron los amplios pasillos del castillo, bajaron escaleras, giraban a la izquierda, a la derecha, a un ritmo que era entre paso normal y paso rápido llegaron hasta el despacho del profesor de pociones.
Sorpresivamente, Snape abrió la puerta de su despacho y se hizo a un lado para que Elena entrara primero. Este acto de caballerosidad no pareció sorprender a Elena quien entró a la habitación sin emitir gesto alguno. Casi como si lo hubieran decidido de antemano Snape se sentó detrás de su escritorio y Elena frente a él.
- Me sorprende su silencio, señorita Lauper-. Dijo Snape después de cinco minutos de silencio.
Elena esbozó lo que pareció un pobre intento de sonrisa.
- Mi energía no parece acompañarme hoy, quizás se deba a mi estado de ánimo.
- Un ánimo bastante taciturno.
- Acorde a estos tiempos, ¿No le parece?
Snape se permitió un momento para observar con atención a Elena. Lo único que delataba su tensión era la rigidez con la que estaba sentada.
- Dígame, ¿Acaso su estado de ánimo se debe a lo que Dumbledore le ha contado?
Al parecer la respuesta era sí ya que el semblante de Elena se puso sombrío.
- Mejor usted respondame-, empezó Elena con cierta tirantez en su voz- ¿En qué estaba pensando cuando aceptó asesinar a Albus Dumbledore?
Entonces fue el turno de Snape de ponerse rígido.
- ¿Acaso Dumbledore no se lo explicó cuando tuvieron esa plática tan amena?
- Lo hizo entre el té y las galletas, por si le interesa. Pero la forma en que él lo dijo hacía pensar que usted le va a aplicar la eutanasia no a asesinarlo por el bien mayor-. Respondió Elena con un tono de voz que era una mezcla de enfado, ironía e indignación.
- No crea, señorita Lauper, que a mí me complace toda esta situación. Me veo obligado a cometer asesinato y ganarme el odio colectivo de la sociedad mágica. Mi vida correrá peligro, seré señalado, insultado, odiado. No habrá perdón para mí pues soy quien acabará con el mago más respetado y admirado del mundo mágico. Y por si todo aquello no es suficiente, quedará en mi conciencia lo que habré hecho.
La voz de Snape destilaba tal frialdad, furia e incluso indignación, que si a Elena no le hubieran bastado las palabras el tono de la voz de Snape la habría terminado de convencer.
Por primera vez desde que supo que Snape tendría que matar a Dumbledore, Elena pensó en lo que ese hecho significaba para el profesor y no pudo menos que aceptar que al final él era otra de las personas que se veían perjudicadas por la guerra contra Voldemort.
Sintiéndose avergonzada por haber lanzado una pregunta tal sin haber pensado antes Elena se removió incomoda en la silla.
- Quizás le deba una disculpa.
- ¿Sólo quizás?
A Elena esa actitud de Snape solía molestarla. Es que, ¿Qué se creía, que él era alguna clase de mártir o algo así?
- Por supuesto que quizás. Si fuera algo seguro entonces usted también me debería una disculpa.
Snape enarcó una ceja. Tenía que admitir que había cierto atractivo en ese desafío de Elena.
- Pero ese no es el asunto de mayor importancia-. Continuó Elena deseando tener algo en las manos para hacer- Dumbledore me pidió que lo informara de la ubicación de la casa de seguridad por si en algún momento llega a haber necesidad de ella.
- No creo que vaya haber necesidad de que yo conozca la ubicación de esa casa.
Elena pensaba diferente pero prefirió guardarse su opinión para sí misma. Al cabo de un momento de silencio ella volvió a hablar.
- Ya que usted se verá en la obligación de llevar a cabo la misión que lo convertirá en uno de los mortífagos más confiables del Señor Tenebroso, siento que debo darle a conocer que usted cuenta con mi apoyo por si, ya sabe, se presenta la situación yo puedo ser de ayuda no dude en venir a mí.
Incluso a Elena esa oferta le pareció vacía lo cual la incomodó ya que realmente sentía lo que dijo. A través de los últimos meses había llegado a ver a Snape como alguien en quien podía confiar. Él había demostrado tener cierta amabilidad y sentido del honor, respeto hacia las personas que él consideraba que se lo merecían (lo cual hablaba de una opinión basada en altos estándares) y lealtad a quien se la merecía.
Snape la observaba con una expresión que sugería que no le creía y Elena no podía culparlo por ello. Al final, ella sintió que ya no había más que decir a pesar de que la sola presencia de Snape parecía confortarla.
A Snape parecía sucederle lo mismo ya que no despidió a Elena ni le sugirió que ya se fuera e incluso pasó un rato más en el cual ambos estuvieron metidos en una especie de supor entre sus pensamientos y la persona que tenían en frente. Era como si se estuvieran observando pero al mismo tiempo estuvieran perdidos con otras ideas pululando en su mente.
Snape fue el primero en reaccionar. Levantándose rápidamente empezó a pasear por su despacho, observando los frascos en las estanterías como si buscara algo en particular. Aunque en realidad quería convencerse de que lo que sentía por Elena no era tan importante. Le gustaba, sí ¿Y eso qué? ¿Acaso a un hombre no podía atraerle una mujer? Claro que la justificación estaba de más ya que sólo él era consciente de estos sentimientos de su persona hacia Elena.
Elena permaneció sentada simplemente oyendo a Snape moverse por la habitación. Aunque ninguno lo admitiera, no tenían intención aún de renunciar a la compañía del otro.
Finalmente, Snape pareció darse cuenta de lo inverosímil de esa situación ya que se giró y miró con el ceño fruncido a Elena.
-¿Es que acaso piensa en echar raíces en esa silla?
Elena pegó un brinco sorprendida pero rápidamente se recompuso. Tomó una respiración profunda y se levantó despacio de la silla. Se giró un poco para mirar a los ojos de Snape. ¿Qué había en esos ojos que le intrigaba y cautivaba de una manera inexplicable? ¿Acaso todos esos sentimientos que su miraba parecía traslucir bajo un velo de indiferencia, sarcasmo y burla tenían algo que ver con la atracción que ejercían en ella?
Con un simple asentimiento de cabeza Elena salió del despacho de Snape.
Últimamente sentía que ante Snape perdía de vista su objetivo. Ella quería hacer algo significativo en esta guerra contra Voldemort, aún cuando dicha guerra permanecía en bajo perfil.
Sacudiendo la cabeza Elena aceleró el paso, tenía prisa por ultimar detalles, algo que parecía haberse vuelto muy común para ella.
Desde su oficina, Dumbledore observaba a Elena salir de los terrenos de Hogwarts. Era extraño el cómo podía observar caminar a Elena y sentirse orgulloso por la mujer en la que se convirtió. Sabia que estaba haciendo lo correcto para ella y Snape. Quizás Severus no llegara a sobrevivir a la guerra, algo que era casi una certeza, por lo que le parecía bien ofrecerle la compañía de Elena para hacer más soportable su último tiempo en este mundo.
Con un suspiro volvió a sentarse tras su escritorio. Sólo podía esperar que de su plan no surgieran sentimientos en Elena para Snape. No sería justo para ella volver a perder a otra persona que quería.
Para Elena los días parecían irse con relativa facilidad. Uno tras de otro acortando su tiempo. Llegó noviembre y con ello finalmente estuvo lista para poner su plan en marcha.
Navidad. Que descaro celebrar una fecha así en medio de una guerra. Claro que si tenía que elegir entre celebrar navidad en e castillo o ir a la mansión Malfoy, preferí primero el castillo.
Al entrar a la mansión Malfoy Snape pudo observar las marcadas diferencias entre la decoración del año pasado con la decoración de este año. El salón se veía más sinestro. Se respiraba un aire pesado y con el whisky de fuego circulando libremente Snape no dudaba de que fueran a haber problemas una vez la fiesta avanzada.
Se acercó a Voldemort para hacer su presencia conocida antes de empezar a mezclarse con el resto de mortífagos. Pasó cerca de Narcissa quien como siempre estaba actuando como la anfitriona perfecta. Más allá estaba Lucius en medio de un grupo de personas que parecían haber tomado más de lo necesario de whisky de fuego. Snape decidió que todo sería más soportable con un trago en la mano así que fue en busca de uno de los elfos domésticos que se encontraban por todo el salón.
Con whisky en mano Snape buscó un lugar en el cual poder estar tranquilo. Justo cuando había encontrado el lugar perfecto en una oscura esquina vio a una mujer dirigirse hacia allá.
Sintiendo que él tenía más derecho que la desconocida a estar ahí camino en largos pasos hasta llegar al mismo tiempo que la mujer.
La desconocida lo miró con un expresión interrogante. Él dio un paso más cerca de la esquina lo cual lo puso más cerca de la mujer y fue entonces cuando un aroma a pera y açaí le llegó a su olfato. Por un instante se sintió paralizado mientras observaba a la baja mujer de cabello negro y ojos azules y al siguiente instante estaba agarrando a la mujer del brazo llevándola más cerca de las sombras. En un susurro lleno de irritación le espetó.
- ¿Es que acaso se ha vuelto completamente loca?
La mujer sonrió como si la irritación de Snape le causara diversión. Mirando hacia el salón le contestó.
- Quizás un poquito. Pero dígame, ¿Cómo ha podido reconocerme si ni siquiera le he hablado?
- Es ese horrible perfume que está utilizando, Lauper.
La expresión de Elena pasó de ser divertida a preocupada.
- Shh, no diga mi nombre. ¿Es que acaso quiere usted verme muerta esta noche en este salón?
Snape se movió un poco sintiéndose incómodo. ¡Malditos sentimientos!
- Y de todos modos, no hay porqué atraer la atención. Mientras más callados estemos mejor será.
Snape no dijo nada. Tomó un trago de su whisky de fuego y continuó observando el salón.
- ¿A quién se supone que está suplantando?
Elena sonrió irónica.
- A Joyle Svenson. La última bruja de la respetable familia con una larga línea de sangre pura.
Snape enarcó una ceja.
- ¿Y dónde está la verdadera Joyle Svenson?
Elena sonrió.
- Tres metros bajo tierra desde hace cinco años. Joyle tenía 87 años cuando dio su último suspiro. Pero al pertenecer a una familia prácticamente olvidada y con la guerra desatándose es muy poco probable que alguien averigüe sobre ella, y en caso de que lo hagan tendrán que buscar bastante.
Snape sabía que no debía sorprenderse por la manera en que Elena había tejido su disfraz pero lo estaba. ¿Por qué tenía que seguir insistiendo en todo eso? ¿Por qué ella simplemente no desaparecía de una vez por todas?
Pasó un rato de silencio antes de que Snape volviera a hablar.
- ¿Y de quién es el rostro que está utilizando?
- Una mujer muggle. No molestará y no le importa que tome su imagen prestada.
Snape tenía que darle la razón en eso. Después de todo la apariencia de esa mujer no era muy favorecedora. Una gran nariz puntiaguda en medio del rostro le daba un aspecto casi siniestro, pobladas cejas, labios extremadamente finos, lo único rescatable eran sus ojos que curiosamente parecían fuera de lugar en ese rostro. Probablemente solo midiera 145 cm y al parecer pesaba lo mismo si esa barriga indicaba algo. Snape no pudo evitar pensar que al elegir a una mujer tan poco agraciada Elena quería evitar que un suceso como el de hace un año se volviera a repetir.
- Espero que sepa lo que está haciendo, Lauper.
- Sería una tonta si no lo supiera.
- A veces dudo que realmente lo sepa.
Elena le dirigió una mirada que trataba de reflejar su indignación. La verdad es que se sentía pequeñita al lado de Snape. Quizás no debió de elegir a una mujer tan pequeña.
- Vaya, vaya, pero sí es verdad que los feos se atraen.
Bellatrix se acercó a donde ellos estaban luciendo una sonrisa que sugería que planeaba disfrutar de atormentarlos.
- Es por eso por lo que estás aquí, ¿No?
Bellatrix inmediatamente se puso sería demostrando así cuán susceptible a las palabras de Snape era.
- Eso te gustaría, ¿Verdad, Snape? Ya que nunca ninguna mujer hermosa se ha fijado en ti.
- Pues aún no veo a esa mujer hermosa.
La sonrisa de Snape era burlona y Bellatrix se había enfurecido un poco más.
- No creas que puedes engañarme, Snape, te estaré vigilando de cerca.
- No sabía que el acoso estuviera entre tus aficiones.
A Elena se le escapó un sonido muy parecido a la risa el cual sofocó de inmediato pero Bellatrix ya la había escuchado.
- Ahh, pero si es Joyle Svenson. La pequeña cosita horrorosa que quiere sentirse alguien. La fiesta para ti terminó. Largate antes de que decida entretenerme contigo.
Elena no esperó a que Bellatrix se lo repitiera dos veces. Estaba segura que con el estado de ánimo que cargaba podría terminar siendo utilizada como su juguete de manera desastrosa.
Snape y Bellatrix observaron como Joyle/Elena se alejaba en medio de la multitud. En verdad se veía pequeñita, casi como una bolita. El pensamiento de eso hizo a Snape curvar las esquinas de su boca hacia arriba. Bellatrix le dirigió una mirada airada a Snape.
- Probablemente ella te convendría. Ha estado en misiones poco importantes y ha estado cerca de ser atrapada por los aurores varias veces. Si no fuera por su linaje y la necesidad del Señor Tenebroso de aumentar su ejército ya hubiéramos prescindido de ella.
- Vaya, Bellatrix, no sabía que me consideraras un confidente.
- Por supuesto que no lo hago-, respondió Bellatrix irritada- sólo quería dejarte en claro que si el Señor Tenebroso no necesitara un espía dentro de Hogar hace mucho que hubiera prescindido de ti. Aunque aún sigo pensando que no eres de fiar.
Y dicho esto se alejó con paso enérgico.
Snape no pudo evitar pensar que Elena nuevamente se ponía en peligro. Pero esta vez era diferente, esta vez el mundo mágico estaba en guerra y ahora a él le importaba que ella lograra salir con vida cuando todo terminara.
¡Hola!
Mirad quien está de regreso. Apenas un mes y ya hay capítulo nuevo, ¿No les parece emocionante?
Como os dije, hay saltos de tiempo en este capítulo, espero que os guste mucho. Me he divertido escribiéndolo.
Un agradecimiento enorme a NEWAGE quien me hizo el día. Gracias por tu hermoso comentario.
No olviden dejar su opinión ;)
¡Besos y abrazos!
