Damas y caballeros, helo aquí, el tan esperado capítulo 21.

Debido a los múltiples mensajes que he recibido, me siento en el deber de reiterarles que por ningún motivo voy a dejar de escribir esta historia, aunque me tome toda la vida (y esperemos que no sea así).

Además ¡les tengo un anuncio! Uno muy importante: una buena amiga mía comenzó a publicar un comic basado en este fanfic, sí, en Una nueva carrera. Su nombre de usuario es Unialada, pero las páginas serán publicadas bajo la autoría de Star Hunters Productions, la asociación que hemos creado para la realización de este comic. Si gustan verlo pueden encontrarlo en Deviantart, publicado por starhuntersprod, y bajo el mismo nombre de esta historia. ¡Les aseguro que no quedarán decepcionados!

Y sin más preámbulos, los dejo con el capítulo. Espero que lo disfruten y que no se olviden de dejar un comentario.

Capítulo 21: Tensión

La joven nourasiana de cabello negro miró detrás de sí, el nerviosismo era claro en su rostro. Unos ojos rojos la miraron de vuelta, llenos de furia contenida. Rápidamente desvió la mirada y trató de concentrarse en lo que estaba haciendo.

Con quizás demasiado cuidado, acomodó la cabeza del humano que tenía frente a sí, de forma que quedara lo más cómodo posible. Nuevamente miró a la chica pelirroja que la observaba con ojo crítico, buscando aprobación en su expresión. Como la humana no reaccionó, la nourasiana dejó salir un suspiro de alivio. Miró a su compañera, otra nourasiana de cabello muy corto y marrón oscuro. Ella también lucía atemorizada mientras acomodaba las piernas del humano en la cama donde les habían ordenado que lo colocaran.

Una vez terminada su tarea, ambas enfermeras hicieron una rápida reverencia ante la humana que las había estado vigilando durante las últimas horas, y prácticamente salieron despavoridas de la habitación. Un ruido metálico a lo lejos le indicó a la pelirroja que habían salido del módulo central de la nave y que estaban caminando hacia la compuerta para salir de la nave del avatar.

Eva se acercó a la cama donde recién habían colocado a su padre y se arrodilló a su lado, pasando una mano por el cabello del hombre. La expresión de la chica era una peligrosa mezcla de adoración, enojo y preocupación. Cada cierto tiempo prevalecía una de estas 3 emociones en sus facciones, pero generalmente el enojo, o mejor dicho la ira, era la más fuerte de todas y la que más aparecía. Tan concentrada estaba en observar a su padre durmiendo que ni siquiera se inmutó cuando la compuerta de la nave se cerró, indicando que su visita a Nourasia había terminado oficialmente. No tuvo oportunidad de sentir tristeza por tener que irse de ese lugar que había aprendido a amar; estaba demasiado abrumada para eso. En el fondo sabía que luego le dolería abandonar el planeta, y sobretodo el no haber echado un vistazo por la ventanilla mientras despegaba la nave que la transportaba a su equipo y a ella hacia Oban.

Habían pasado varias horas desde el exorcismo, que resultó ser todo un éxito, excepto por el hecho de que no era posible saber si Canaletto había desaparecido por fin o si simplemente había escapado. Todavía no habían podido determinarlo, y no había suficiente tiempo para ello. Después de todo, había sobrevivido a Oban y había regresado al reino de los vivos, así que siempre cabía la posibilidad de que regresara. El caso era que Eva podía ver, Mina podía hablar, Kahli podía escuchar de nuevo y todos estaban a salvo, por el momento.

Afortunadamente, Don Wei había pasado muy poco tiempo bajo el control de Canaletto, por lo que se recuperaría pronto. Uno de los médicos de la familia real nourasiana le había asegurado que un par de días de reposo dejarían a Don Wei como nuevo. Eva realmente estaba agradecida con los nourasianos, a pesar de que no lo hubiese demostrado debidamente, porque gracias a sus cuidados diligentes su padre podría sanar rápido y acompañarlos a la ronda final en Oban. La medicina nourasiana era verdaderamente avanzada.

De ser de otro modo, probablemente no hubiera sido capaz de dejar a Don al cuidado de los nourasianos para competir en Oban. Casi con toda seguridad se hubiese quedado con él; al diablo Canaletto, los Crogs, el universo, La Tierra, al diablo todo.

El sonido de unos pasos detrás de ella la alertaron de la presencia de Aikka. Se volteó lentamente y se sorprendió al encontrarse de frente con sus ojos celestes. Sin que ella se diera cuenta, el príncipe se había acercado, sentándose justo a su lado con las piernas cruzadas. Volvió a sorprenderla cuando le sujetó la mano con firmeza, sin dudarlo, acariciándole los nudillos que no sabía que estaba apretando. El alivio llegó instantáneamente a la mente y el cuerpo de la humana.

Sus nudillos se soltaron, sus rodillas se rindieron poco a poco haciéndola caer sentada al suelo, los músculos de su espalda se aflojaron, sus hombros descendieron un poco, el aire comenzó a transitar sus pulmones con calma, e incluso dejó de fruncir el ceño. El príncipe también parecía haber sentido alivio, pues dejó salir un suspiro al tiempo que los músculos de sus brazos se iban relajando, dejando que la tensión en su cuerpo desapareciera.

Lo único bueno que había salido de toda esa pesadilla con Canaletto, pensaba Eva, era esto. Esta tranquilidad que le proporcionaba el estar cerca de Aikka, más que nunca en su vida.

Como efecto del exorcismo, la energía vital de cada chica y su guardián se había conectado, y hasta que ese vínculo no se desvaneciera no debían separarse por mucho tiempo. Incluso los afectados habían notado desde un principio una imperiosa fuerza de gravedad que los impulsaba a acercarse, como si estar a cierta distancia les hiciera daño físico y el único remedio fuese estar juntos.

Por momentos el deseo de acercarse era tan fuerte, tan desesperante, tan ineludible, que reamente les dolía. Pero al estar juntos el alivio era tal que... No había manera de describirlo.

En ese instante, Eva recordó la primera vez que sintió el vínculo, con toda su fuerza abrumadora y atemorizante.

Flashback

Luego de que hubiesen llevado a Don Wei con los médicos nourasianos y éstos le aseguraran que en poco tiempo su padre volvería a ser el mismo hombre terco y severo, Eva había decidido que tenía que atender ciertos asuntos antes de irse de Nourasia. Acto seguido, tomó a Mina de la mano y básicamente la arrastró fuera del área médica.

A la chica de pelo negro no le hicieron falta explicaciones, no se resistió. Sabía que a Eva le era difícil (si no imposible) tragarse su orgullo y pedir ayuda, y a juzgar por lo fuerte que tiraba de su mano, necesitaba mucho de su apoyo para ir a donde fuera que la estuviese llevando. Sin embargo, sus 2 guardianes sí que pusieron objeción.

-¿A dónde van?- había preguntado Athan, estirando un brazo en dirección a Mina, mientras caminaba a paso rápido detrás de las humanas. Aikka estaba justo detrás de él.

Hubo una pequeña discusión entre la pelirroja y el guardia, hasta que ambos nourasianos decidieron acompañarlas, para evitar inconvenientes. La conexión entre ellos aún era fuerte, así que no debían estar separados mucho tiempo; mas lo que Eva quería hacer, prefería que fuese en privado. Mina debía ir, pero estaba consciente de que a Aikka no le iba a gustar lo que planeaba hacer, y Athan seguramente se pondría de su lado. Pensándolo bien, incluso Mina tenía razones para reprocharle semejante capricho.

Quería visitar a Mark.

Por absurdo que suene, necesitaba hablar con él, si es que estaba despierto. Aunque no había hecho más que traerle problemas tanto a ella como a sus conocidos, sentía que le debía al menos una explicación de lo que había pasado. La imagen del pobre muchacho despertando en ese planeta extraño, enfermo y sin nadie conocido a su alrededor, la atormentaba desde que había terminado el exorcismo. No estaría tranquila consigo misma hasta hablar con el humano, incluso a riesgo de que Aikka se molestara con ella. Después de todo, lo había conocido cuando el muchacho trataba de forzarla; tenía razones válidas para desconfiar de él.

Por esto, en cuanto tuvo la oportunidad se llevó a Mina corriendo hacia un pasillo que conectaba con el piso de arriba, donde estaba su objetivo.

Fue entonces que el vínculo hizo acto de presencia. Eva se detuvo en seco al instante. Se quedó sin aliento, todos sus músculos perdieron la fuerza y un dolor de cabeza se instaló en sus sienes, del tipo que hacía que el cerebro reventara. Miró en los ojos violetas de su amiga, encontrando en ellos tanta sorpresa como la que debía haber en los suyos propios. No tuvieron tiempo de entender lo que estaba ocurriendo, porque menos de un segundo después, cada una sintió un par de manos posándose en sus hombros. El alivio surgió de inmediato.

Sus salvadores habían sido nada más y nada menos que sus guardianes, los cuales apenas tuvieron fuerzas para correr hacia ellas, antes de que los afectara demasiado la distancia con sus protegidas.

Lo que más los impresionó a todos en el momento fue el efecto calmante que tuvo el contacto físico con su compañero o compañera. Todo malestar había desaparecido, respirar ya no se les hizo difícil y pudieron tenerse en pie, aunque a duras penas.

Quedó decidido inmediatamente que debían volver a donde estaban los demás.

Fin del Flashback

Poco después de ese hecho, Eva se enteró de que Mark viajaría a Oban con ellos, donde lo cuidaría el supervisor de los competidores hasta dar por terminada la competencia. Al parecer su salud había mejorado notablemente, gracias a los cuidados de los médicos y enfermeras de Nourasia.

Le lanzó una mirada discreta a la cama donde lo habían colocado, al otro lado de la habitación. Había estado durmiendo desde su ataque a las chicas, pero tenía buena apariencia, así que nadie estaba muy preocupado.

Desvió entonces la mirada hacia los ojos azules de Aikka, sólo para encontrarlo mirando directo en los suyos.

-Estoy bien- le dijo enseguida. Su cara era un libro abierto, marcado de inquietud.

La expresión que puso el nourasiano a continuación le dio a entender con toda claridad que no le creía.

-En serio, ya estoy bien- le insistió, apretándole la mano, que aún estaba unida a la suya- Sólo sigo molesta con su "gran eminencia" el avatar, oh gran protector de la galaxia. Protector un demonio...-

A pesar del tono de auténtico sarcasmo y enojo en la voz de la humana, Aikka no le creía. Sabía perfectamente que Eva no estaba bien, había un aire de preocupación alrededor de ella. Claro que no era para menos, su padre había sido exorcizado hacía poco, y había estado muy cerca de morir. Pero esa no era la única razón por la que ella se mostraba así.

-¿Te sientes mejor ahora que él está aquí?- le preguntó, señalando con la cabeza hacia la cama donde dormía Mark.

-¿Eh? ¿De qué hablas?- Eva lo miró extrañada. Un sonrojo traicionero se posó en su rostro.

-Sé que estabas preocupada por él. Querías verlo antes de irnos ¿cierto?-

-¿C-Cómo supiste eso?-

Allí estaba, justo lo que él quería: Alivio en las facciones de la pelirroja, mezclado con vergüenza y sorpresa, pero alivio al fin. El nourasiano casi se rió al ver la expresión de la humana.

-Sinceramente, fue bastante sencillo adivinarlo- le contestó él, desviando la mirada hacia el suelo- Te dirigías al ala de cuidados intensivos del palacio, y sólo había una persona conocida allí a la que pudieras ver-

La humana se quedó callada, pensando en qué debería decir luego de eso. Por un lado, la calmaba el hecho de que Aikka sabía que había intentado ver a Mark, y que no parecía molesto por ello. Y por otro lado, se sentía culpable por haber sido descubierta así. ¿Cómo pudo ser tan obvia?

-¿Estás enojado?-

El moreno también guardó silencio, como meditando la situación. Eva sintió cómo el agarre de su mano se hacía más ligero.

-Un poco- respondió él, luego de varios segundos insoportables. Se obligó a terminar su frase rápidamente al notar la cara de pánico que ponía la humana- Sólo porque no me lo dijiste antes, Eva. Te confieso que me sentí... celoso-

Era inevitable: Eva enrojeció desde el cuello hasta las orejas. No sabía muy bien por qué pero que Aikka le confesara una cosa así, tan directamente, le provocaba sentimientos extraños. Cuando le lanzó una mirada que el muchacho evitó, la chica pudo notar que él también se había ruborizado. Sus ojos rojos también se dirigieron al suelo, con gesto avergonzado. El príncipe se había tomado la molestia de hablarle con la verdad, y ella no había sido capaz de decirle que necesitaba ver a Mark. Tenía todo el derecho a estar molesto.

Por su parte, Aikka se decidió a volver a mirar a la chica tras un momento, esperando su reacción. Estudió el rostro de la humana, tratando de rastrear algún vestigio de ofensa. Había hablado sin pensar lo suficiente, declarándole de pronto que ese otro humano le daba celos. Si ella se sintiese intimidada o asustada ante esas palabras, no podría culparla. Aún no sabía qué podía o no hacer o decir como su "novio" y lo último que quería era incomodarla. Estaba listo a lanzar una disculpa en cuanto fuese necesario.

-Lo lamento- murmuró ella, acariciando con cuidado los dedos del nourasiano- No quería que te enojaras conmigo por ir a ver a Mark. Es sólo que... sentía que al menos debía explicarle lo que había pasado, o no estaría tranquila. Dudo que tenga la menor idea de cómo acabó a cientos de años luz de la Tierra-

Eva sintió una punzada de frustración. De una u otra forma, no había podido evitar que Aikka se enojara con ella.

-Lo entiendo, no te preocupes por eso-

Y tan sólo esta simple frase hizo desaparecer toda emoción negativa en la humana. Trató de disimular la sonrisa que se estaba formando en sus labios, sin mucho éxito, porque el nourasiano no tardó en devolvérsela, expresando tanto o más alivio que ella misma.

Ya solventado el problema, ambos se perdieron en un silencio cómodo. El moreno se permitió jugar un rato con los dedos pálidos de su novia, mientras ella lo observaba, o más bien trataba de no pensar en el golpeteo de su corazón por ese acto de afecto. Bromearon un poco, hablaron algo más, y al cabo de unos minutos el nourasiano decidió que era momento de tratar ciertos asuntos. La humana se quedó tal y como antes, sentada frente a la cama de su padre, a la espera del regreso de su novio.

Justo antes de que saliera por la puerta automática de metal, hacia el área común de la nave, éste la escuchó llamarlo:

-Aikka- su voz apenas era audible- No tienes por qué estar celoso de Mark-

Luego de eso, Eva se dio la vuelta para mirar la figura dormida de su padre, quedando en perfecto silencio. Aikka comprendió enseguida que no podría sacarle otra sílaba a la chica, a juzgar por el tono carmesí que habían adquirido sus orejas perforadas. Sabía que ella quería agregarle algo a su frase, pero no la presionaría. Probablemente decir esas pocas palabras había requerido tanto coraje en la pelirroja como el que le había tomado a él confesarle sus celos.

Con una expresión de complacencia en el rostro, el príncipe atravesó el umbral de la puerta hacia el área adyacente.

Observó que esta nave tenía una disposición muy parecida a la de aquella en la que había llegado a Nourasia, de forma circular, con unas pocas habitaciones en la periferia y un área común con algunos asientos; sólo que ésta era bastante más amplia, por ser para el uso exclusivo de 3 equipos. Aikka recordó con humor la complicada discusión que se dio para decidir cómo se transportarían el equipo Tierra, los nourasianos y Serena hasta Oban. En realidad, todo el asunto se había resuelto en una cadena enrevesada:

De acuerdo con las reglas de la competencia, cada piloto debía viajar con todo su equipo técnico original. Por tanto, Eva debía viajar con Mina, Don Wei, Rick, Stan y Koji; Aikka debía ir con Canaan y Kahli; y Serena debía ir con sus 2 acompañantes. Ahora, puesto que Mark tendría que regresar con su especie al terminar la carrera, era necesario que se fuera con el equipo Tierra. Además debía ser rigurosamente vigilado por un experto que pudiese atenderlo, que en este caso era Serena.

Por otra parte, ninguno de los involucrados en el exorcismo podía alejarse de su acompañante, o se arriesgaban a que el vínculo entre ellos les hiciera daño. Debido a ello, Aikka y Eva debían estar juntos, así como Kahli y Jordan, y Mina y Athan, el cual no era parte del equipo técnico original del equipo nourasiano.

En resumen: los 3 equipos habían acabado entremezclados entre sí, razón por la que ahora Aikka podía ver en el área común a su hermana, a Jordan, a uno de los acompañantes de Serena y a Athan. Todo había resultado muy extraño, pero ya que podía viajar una segunda vez con Eva, el príncipe no tenía razones para quejarse.

Y de pronto, el buen humor del muchacho se desvaneció al observar bien lo que estaba ocurriendo justo frente a él. En un lado de la habitación se hallaba Athan, deambulando entre las puertas como si buscase algo. Cerca de él estaba sentado el acompañante menor de Serena, un niño con su mismo color de piel y ojos ámbar. Pero del otro lado de la habitación, cerca de la puerta por la que el príncipe acababa de salir, estaba desarrollándose una escena curiosa.

Al lado del moreno estaba Jordan, de pie, de brazos cruzados y recostado de una pared, con los ojos clavados en cierta nourasiana y una sonrisa de medio lado. Kahli, por su parte, estaba sentada tranquilamente frente a su guardián, evitando encontrarse con sus ojos dorados a modo de coqueteo. Y a juzgar por las miradas que le lanzaba de cuando en cuando, mientras jugueteaba con su largo cabello, era obvio (para alivio del avatar) que ella no estaba molesta con él ni reticente por lo que había ocurrido con Eva y su padre hacía poco. La mayoría de los que estaban en esa nave no sabían qué pensar al respecto; claro, era un asunto muy delicado, por lo que no tenían idea de cómo dirigirse a él ni qué hacer; pero Aikka sabía muy bien qué opinaba y no dudaría en hacérselo saber al avatar.

En ese instante, Kahli notó la figura casi amenazante de su hermano y desvió los ojos a un lado, sujetándose el cabello con un poco de ansiedad. Esa reacción hizo pensar al nourasiano que su hermana aún no sabía que él estaba enterado de su relación con Jordan. La conocía muy bien, si ella estuviese enterada de que él casi había peleado con el avatar, en lugar de fingir inocencia seguramente le estaría reclamando por eso, gritando o, si en verdad se enojara, tirándole de las orejas a todo dar, como solía hacer cuando eran niños.

Extrañado por el cambio de actitud de la princesa, Jordan ladeó la cabeza y levantó una ceja. ¿Qué le ocurría? Todo parecía ir bien...

-Jordan-

Al escuchar su nombre, el avatar volteó en dirección a quien lo había dicho para encontrarse nada más y nada menos que con los ojos furiosos de su futuro cuñado. Ah, así que eso era lo que había alarmado a Kahli... Claro, ella aún no sabía del incidente que había ocurrido entre ellos dos, previo al exorcismo.

-Necesito hablar contigo. Ahora-

El humano ni se molestó en contestarle, simplemente asintió con la cabeza y siguió al nourasiano hasta el otro lado del área común, lo más lejos posible de ojos curiosos. Lo último que hubiese querido era que Aikka perdiera los estribos de nuevo, y menos frente a Kahli. Ya le diría apropiadamente que él estaba enterado de todo. Por ahora, aguantaría la ira de su hermano él solo.

Antes siquiera de que el príncipe se detuviera, en el rincón más aislado la nave, Jordan ya tenía enumeradas en su cabeza una buena cantidad de respuestas a los insultos que estaba seguro que el nourasiano le iba a lanzar. Al susodicho ni le dio tiempo a dar la vuelta completamente, para ver al avatar, cuando éste ya había empezado a espetar protestas y justificaciones:

-Muy bien, Aikka. Si lo que quieres es volver a pelear, te advierto que no me voy a contener- comenzó el muchacho de cabello bicolor, mirando con decisión al otro- Recuerda que ahora soy el avatar y tengo más poderes a mi favor. Además, Kahli fue quien...-

-Sólo he venido a hablar- lo interrumpió el moreno, antes de que el humano siguiese diciendo tonterías, aunque después de lo que había ocurrido entre ellos y de su... fuerte reacción, no podía culparlo por pensar que quería pelear.

El príncipe se recostó de una pared, en una pose mucho más relajada y menos amenazante. Esto sin duda desconcertó al avatar.

-Quiero hablarte sobre Eva-

El ambiente cambió enseguida. De alguna forma, el aire se hizo más pesado, y la tensión era casi palpable; pero ya no era una tensión como la que antes existía entre ellos. No eran celos ni competencia, ni siquiera rivalidad.

-¿Cómo está?- preguntó Jordan, sin pensar. Se percató muy tarde de lo tonto que era preguntarle eso a él, precisamente. Lo más probable sería que Aikka no quisiera responderle, o que le dijese una sarta de insultos. Eso es lo que debería haber pasado, lo que el humano esperaba que ocurriera.

Por eso cuando los reproches fueron reemplazados por silencio, el semi-rubio no supo qué hacer.

-Sigue molesta contigo, si es lo que quieres saber- Aikka trató con todas sus fuerzas de no usar un tono hostil. Eso definitivamente no haría esa conversación más fácil, para ninguno de los dos.

-No me extraña- fue todo lo que se atrevió a decir el avatar.

El arrepentimiento quedó marcado en su cara, tan violentamente que el nourasiano casi sintió pena por él. De repente se le hizo obvio que la relación de ambos humanos era más cercana que nunca. Por ello, ambos lucían tan afectados por la tremenda discusión que habían tenido.

-Debes saber que no pienso involucrarme en este asunto. Es un problema entre ustedes- declaró el moreno- Aunque ahora la promesa que hice respecto a mi hermana, voy a extenderla hasta Eva: te vigilaré, y si te atreves a hacerle daño a cualquiera de las dos, te vas a arrepentir-

-Sabes que el avatar es inmortal, mientras dura su reinado ¿cierto?- bromeó el de cabello bicolor, incitado por la intención tácita de asesinato en la frase del otro.

-Encontraré la forma de matarte, si la ocasión lo amerita-

Estas palabras le trajeron a Jordan una extraña sensación de desasosiego. Desde su conflicto con su ex compañera, nadie le había dirigido la palabra, salvo Kahli. Era un alivio saber que alguien lo seguiría tratando con "normalidad", aunque ese fuera Aikka. ¿Quién lo diría? El que una vez había sido su enemigo jurado, ahora constituía una fuente de tranquilidad para él.

-Sabes que no haría nada para herir a Eva, o a Kahli-

-¿Entonces qué fue lo que ocurrió hoy? Porque Eva salió lastimada por algo que hiciste deliberadamente- ya no pudo evitarlo, la amenaza se le había escapado de la boca al nourasiano.

Jordan se puso a la defensiva enseguida, desechando la sensación de calma que le había traído el trato normal con el moreno. Esos ojos azules lo miraban ahora con un toque de desprecio, muy parecido al que solía portar en Alwas y Oban.

-¡Ah diablos! ¿Por qué nadie lo entiende?- comenzó a quejarse el humano, cediendo a la presión que se había acumulado en él desde hacía horas. Quizás Aikka no era el más indicado, pero necesitaba descargarse con alguien, y no quería que Kahli se preocupara demasiado- ¡Don Wei no tenía ninguna otra alternativa! Debía hacerse el exorcismo o moriría, de una u otra forma. Su mejor opción era ésa, y yo sabía que Eva no lo entendería, que pondría su vida en riesgo por él. Ella...-

En esta pausa, el avatar se sentó en el suelo, mirando hacia un lado. Parecía que estaba recordando algo en especial, o quizás algo doloroso, era difícil de saber por la expresión de nostalgia que tenía. El príncipe no se molestó en sentarse también, y el avatar simplemente siguió hablando:

-Ya la conoces, ella siempre se arriesga por los demás- ante esto, Aikka no pudo evitar sonreír- Pero esta vez no podía permitir que lo hiciera, porque no sólo la afectaría a ella, sino también a Kahli, a Mina y al resultado de la competencia. Además... Pensé que era mejor que ella no supiera lo que iba a pasar, no quería que tuviese que elegir entre salvar la vida de su padre o las vidas de sus amigas y la suya. Supongo que... supongo que sólo quería facilitarle las cosas-

Suspirando pesadamente, el humano le lanzó una mirada al nourasiano, esperando ver algún cambio en su actitud. Después de un discurso como ése, seguramente entendería sus motivos. Él más que nadie tenía que comprender su situación, porque era de linaje real y eso lo obligaba a tomar decisiones difíciles, como la que él había tomado con la autoridad del avatar.

No obstante, Aikka ni parpadeó cuando le dijo:

-No tienes por qué justificarte conmigo, es a Eva a quien tienes que explicarle todo esto-

Su voz tenía un tono terminante, no comprensivo. Fue por eso que Jordan se dio cuenta de que su antiguo rival estaba en lo cierto, y como era su costumbre, no le daría la razón.

-No-

-¿Cómo dices?-

-Me mantendré a distancia hasta que termine la carrera- le dijo al nourasiano, más decididamente. Se sentía un poco mejor al haber expresado lo que pensaba.

-Escúchame, Jordan. Es evidente que Eva está muy molesta contigo, cualquiera lo notaría, pero también veo que está triste. Sé que ella no quiere perderte- Aikka sabía que ellos dos eran muy buenos amigos y que en términos personales, Jordan llevaba la delantera.

Estaba consciente de que no podía competir con una amistad de casi 1 año. Él podía amarla con todo su ser, mas eso no eliminaba el hecho de que sólo habían interactuado los escasos meses que había durado la anterior Gran carrera de Oban y los pocos días que llevaban juntos. Justo ahora, aunque no quisiera admitirlo, la relación de su novia con el avatar tenía más peso que aquella que tenía con él. Por eso sabía muy bien que ella necesitaba reconciliarse con su amigo, y haría lo que estuviese en sus manos para evitarle tristezas, incluso si eso implicaba reunirla con Jordan.

-No, Aikka. Tú escúchame, y escucha bien- el semi-rubio se enderezó, aún sin levantarse del suelo. Ahora lucía más serio que antes- Estas carreras van a ser más peligrosas que las que vivimos el año pasado en Oban. Ella tendrá que enfocarse en competir, y vivir para contarlo. Discutir conmigo complicaría las cosas, es mejor que sólo se concentre en las carreras, y tú deberías hacer lo mismo-

Tan enorme declaración dejó pensativo al muchacho de ojos azules, y sinceramente preocupado. Si el mismísimo organizador del evento le estaba advirtiendo que se concentrara en correr, quitándole importancia a su problema con Eva y otorgándole más a que ella se enfocara no sólo en ganar sino, en sus palabras, en "vivir para contarlo" ¿Qué les estaría esperando en Oban? ¿Acaso había terrenos de Oban que no hubiesen llegado a conocer? ¿Realmente serían tan arriesgadas las carreras?

Miles de preguntas se agolparon en la mente del muchacho, esperando ser respondidas cuanto antes, pero todas fueron olvidadas cuando el avatar se dobló sobre sí mismo, frunciendo el ceño y sujetándose el pecho. No hizo falta que Aikka le preguntara qué le ocurría. Podía reconocer su malestar sin siquiera sentirlo: la lejanía prolongada de su protegida comenzaba a afectarlo.

Antes siquiera de que el nourasiano pudiera formular una de sus tantas preguntas, el avatar ya se había levantado, ayudándose del brazo del moreno, y había corrido en dirección al área común. Aikka lo siguió por inercia, en caso de que el efecto fuese muy fuerte y requiriese su ayuda para llegar a Kahli.

Cuando finalmente llegó al mismo lugar del principio, el príncipe observó con impotencia cómo su hermana extendía una mano temblorosa hacia el avatar, incluso antes de que el susodicho terminara de atravesar la habitación. Con sólo ver la cara de alivio y de total adoración que le dirigió la nourasiana al humano, en cuanto sus dedos se tocaron, a Aikka le quedó muy claro que ya no podría conversar con Jordan, o al menos no hasta mucho más tarde.

Por suerte, en ese momento su propio vínculo empezó a protestar por la ausencia de su protegida, así que al joven no se le hizo tan mortalmente difícil dejar a su hermana y a su ex rival solos.

En otra parte de la nave

-Con que aquí estabas, Mina-

La humana levantó la vista hacia el joven que acababa de entrar en la habitación y dejó salir un suspiro de fastidio. Demonios, justo cuando había conseguido escaparse de Athan por más de 10 minutos... Esta vez realmente había creído que no la encontraría ¿quién pensaría en buscarla en la sala de revisiones de los mecánicos?

Desde que habían dejado Nourasia, Mina se había dedicado a evitar a su guardián a toda costa. Únicamente volvía a él cuando la presión ejercida por su vínculo se tornaba insoportable, o cuando él la encontraba. Acto seguido, le tocaba un brazo o la espalda para aliviar el efecto del vínculo y en cuanto el joven se distraía, volvía a huir. No tenía nada en su contra, pero en verdad quería estar sola, aunque fuese por escasos minutos. Quería meditar sobre todo lo que había ocurrido en las últimas horas, relajarse, prepararse mentalmente para lo que le esperaba en Oban... Y tener a Athan siempre a su lado no iba a ayudarla. Nunca se había acostumbrado a tener a otra persona allí mientras resolvía sus problemas internos, y no pensaba acostumbrarse, mucho menos cuando esos problemas incluían en su mayoría a dicha persona.

-Athan, voy a decir esto por última vez: Déjame. Sola- la voz de la humana tenía un tono evidente de amenaza, que hubiese intimidado a cualquiera que conociera el carácter terrible de la chica.

Pero en lugar de enfocarse en eso, el nourasiano ignoró por completo la advertencia y le dio la espalda para cerrar la puerta del lugar, sólo para disimular la mezcla de emociones que le había producido escuchar su nombre siendo pronunciado por ella. Se obligó a contener una sonrisa y enfrentó a la humana cara a cara.

-Sabes muy bien que debemos permanecer juntos o habrá problemas con...-

-Sí, sí. El vínculo, ya me lo has dicho mil veces- replicó ella, levantándose con toda la intención de volver a escapar- ¿Pero acaso no me puedes dejar sola un rato?-

-Lady Serena dijo claramente que ninguno...-

-¡Ya lo sé!- Mina se llevó las manos a las caderas cuando el nourasiano le impidió el paso para salir de allí- Hasta ahora hemos podido estar alejados unos 15 minutos sin que nada pase ¿no te has dado cuenta?-

-¡Por supuesto que sí!-

-Pues sólo eso te pido ¡15 míseros minutos! ¿No puedes dármelos?-

Qué más hubiese deseado Athan que darle lo que quería, cualquier cosa con tal de tenerla contenta. Lamentablemente, en este asunto no cedería por muchas razones de peso. Primero porque ambos saldrían perjudicados si se alejaban más de lo necesario; el joven estaba perfectamente consciente de que si le decía que sí a 15 minutos, no se resistiría a aceptar otros 5, o 10 o 20, hasta que las cosas se salieran de control. Segundo, él quería justo lo contrario que ella: permanecer tan cerca como la chica lo permitiera. Y tercero: aunque hacerla feliz en ese momento era muy sencillo y tentador, en verdad prefería pelear con Mina.

Su situación era tan surreal que justo ahora se alegraba de que pudiesen pelear, más aún de que ella fuese capaz de responderle con sus palabras decididas y letales, tal como las de aquella noche en que se conocieron. Esa era la chica que había conocido y de la que se había prendado. Si debía perseguirla por toda la nave el resto del viaje y discutirle para estar con ella, lo haría.

El debate continuó por largo rato sin que ninguna de las partes se rindiera. Athan no le permitió a Mina salir del lugar, y protestó todo lo que pudo en contra de que se fuera; mientras que ésta hizo todo lo que estuvo en su poder para convencerlo de darle unos instantes de soledad absoluta, y de distraerlo para abrir la puerta. Tan sólo quería terminar de escuchar un par de las canciones que había estado escuchando en su reproductor, minutos antes de que su guardián la encontrara allí.

Al cabo de un rato, la humana se dio cuenta de que no tenía sentido seguir peleando, pues Athan se sentó frente a la puerta. Su mirada daba a entender que no iba a dejarla ganar por ningún medio. Ese tenía que ser el hombre más infantil y terco que conocía, después de su propio padre y de Jordan.

-Bien, tú ganas-

Dándose por vencida, Mina se sentó y se recostó en la pared donde estaba Athan. Casi como quien no quiere la cosa, le acercó uno de los audífonos de su reproductor. El nourasiano miró con curiosidad el objeto que la chica le ofrecía. Parecía un pequeño botón, del tamaño de una semilla, que estaba conectado a un hilo que a su vez llegaba hasta el aparato que estaba sujeto en la cadera de la humana.

Sólo entonces notó que era la primera vez que la veía usar el uniforme del equipo Tierra. Inmediatamente sus mejillas oscurecieron de vergüenza. Esa ropa le quedaba demasiado bien, mostraba perfectamente sus curvas, su cintura diminuta, su estómago perfectamente plano y blanco, y sus piernas delgadas. ¿Por qué diablos tenía que mostrar toda la piel de la cintura a la cadera?

El nourasiano tuvo que parpadear varias veces para recuperar la concentración. Era increíble cómo esa humana lo hacía perder el control con tanta facilidad.

Finalmente decidió aceptar el objeto que le era ofrecido, y se lo colocó en la oreja, imitando a la chica de pelo negro. Sus ojos se abrieron desmesuradamente. Lo que estaba escuchando no era nada que hubiese conocido antes, no había nada ni remotamente parecido en Nourasia.

-¿Qué es esto?- le preguntó, sin poder evitarlo.

Mina tuvo que contener una sonrisa burlona al notar la expresión del nourasiano. Parecía un niño pequeño que acababa de descubrir algo. Incluso sus ojos parecían brillar más de lo normal.

-Es música. El género se llama rock, aunque si no te gusta puedo cambiarlo por algo diferente. También tengo algo de heavy metal, rock gótico, hasta un poco de soul...-

-¡No!-

Ambos se sorprendieron por la exclamación tan repentina del joven. Era algo muy poco común en él, a menos que estuviese molesto, y era claro que ese no era el caso.

-¿Entonces te gusta esta canción?-

-Así es- le respondió él, pero era evidente la duda y la pena que sentía. Esta vez, Mina eligió no molestarlo, o corría el riesgo de que él volviera a molestarla.

Pasaron un largo rato así, sentados en el suelo, escuchando canciones de varios géneros y haciendo comentarios respecto a una o dos de ellas. Athan se mostraba especialmente interesado en la letra y en quién la había escrito. Parecía que no terminaba de acostumbrarse al estruendo de las canciones, pero de alguna forma le gustaba. A Mina le resultaba curioso, ya que nunca hubiera imaginado que alguien como él pudiera tener gustos parecidos a los suyos. De todas las personas en el universo con las que podía compartir gustos musicales, tenía que ser con ese nourasiano presuntuoso y que tenía tendencia a acercarse más de lo necesario a ella.

Ironía en estado puro.

Sin que se diesen cuenta, las horas fueron pasando con una lentitud tortuosa. Poco a poco, sus cuerpos se cansaban de estar en alguna posición por mucho tiempo, y cambiaban cada vez que esto sucedía. De alguna forma, terminaron sentados con las espaldas juntas, apoyándose uno en el otro. Pero lo más curioso de todo era que a medida que pasaba el tiempo, más cómodos se sentían en compañía del otro, como si se conocieran de toda la vida. Poco tiempo después, ni siquiera estaban conscientes de ello.

El nourasiano pudo notar que la humana se estaba quedando dormida cuando la sintió acomodarse contra su cuerpo. Un destello de alegría lo atravesó, seguido de uno de tristeza al comprender que, de no ser por el cansancio y la conexión causada por el exorcismo, ella no se acercaría de esa manera a él. Y era lógico, siendo sinceros. Sólo tenían 2 días de haberse conocido, tiempo durante el cual habían hecho poco más que pelear. Además, según tenía entendido en su especie no existía un vínculo como el de las parejas nourasianas, así que tenía claro que ella no podría sentir lo mismo tan pronto ni mucho menos entenderlo a él.

Athan estaba consciente de que pasaría algún tiempo antes de que ella pudiese entender esa necesidad que sentía de hablar con ella, de mirarla en todo momento, o simplemente de escucharla discutiendo con él. Antes de poder evitarlo, su mano salió al encuentro de la de ella, tal y como había sucedido en el palacio, pero esta vez no la localizó.

Sus ojos violetas se dirigieron al suelo, donde se suponía que debía estar la mano de Mina, luego a su pierna y al final la encontró en su regazo. El cuerpo del nourasiano dio un salto al ver la mano de la chica, despertándola de su sueño superficial. Antes incluso de que pudiera abrir del todo los ojos, Mina sintió una mano sujetar la suya. Por impulso intentó retirarla y, como era de esperarse de él, Athan no se lo permitió.

-¿Qué demonios te pasa? ¡Suéltame!- le espetó, enojada más rápido de lo que debería ser posible. Una vez más intentó zafarse de él, sin lograr nada.

-¿Cómo te hiciste esto?- preguntó él con tono severo.

La seriedad de su voz no disminuyó en lo más mínimo la molestia de Mina, pero sí la hizo mirar hacia su mano, a fin de descubrir de qué rayos hablaba Athan. Al momento comprendió a qué se refería. Alrededor de su muñeca, o en realidad alrededor de ambas, había un par de moretones de aspecto bastante doloroso.

-¿Cómo te hiciste esto?- repitió el guardián, su voz un poco más alterada.

La humana apartó su mano, liberándola por fin de la del nourasiano, y examinó las líneas rojizas y moradas que se enroscaban en sus muñecas. No parecían tener más de un par de horas de haberse formado ¿Cómo demonios...?

-Mina-

La susodicha levantó la mirada hacia el nourasiano, cuestionándolo con los ojos violetas. Él la miró de vuelta, con igual confusión. Vio que estaba a punto de repetir su pregunta, así que le respondió:

-No tengo idea de dónde salió esto-

Fue entonces que lo vio, y un escalofrío recorrió a la humana hasta lo más profundo. ¿Qué estaba pasando?

-¿Y tú cómo diablos te hiciste esto?- le espetó sin cuidado, más por la confusión que por el enojo de que la hubiese sujetado con rudeza.

-¿A qué te re...?-

Antes de que el guardián pudiese terminar la oración, sus palabras quedaron ahogadas en su garganta. Su cuerpo se paralizó al ver una mano pálida extendiéndose hasta él que terminó a un lado de su cuello. El contacto le causó dolor, uno que nada tenía que ver con su nueva conexión con la humana.

-Hablo de este moretón, justo aquí- dijo la humana, acariciando la extensión de piel a la que se refería. Athan sintió de nuevo una punzada, donde ella lo estaba tocando, seguida de un escalofrío ligero. Trató de desviar su atención hacia cualquier cosa que no fuese la mano en su cuello. No podía permitirse a sí mismo sonrojarse frente a ella.

Y allí lo vio: otro moretón, alargado, de color rojizo, en la parte izquierda de la cintura de Mina. ¿Qué era todo esto? ¿Por qué ambos tenían golpes en el cuerpo? Más aún ¿por qué ELLA los tenía?

Dadas sus muchas horas de práctica, a Athan no le hubiese extrañado encontrar alguna herida o moretón en su propio cuerpo. Después de todo, él mismo estaba entrenando en lucha a varios novatos, y siempre cabía la posibilidad de que alguno acertara un golpe. Pero ¿por qué Mina? Las marcas que ella tenía parecían muy recientes, de pocas horas incluso, y estaba seguro de que la noche anterior no las había visto. Y a juzgar por ese ardor en su cuello, donde los dedos de la humana seguían posados, la marca que él tenía también era reciente. ¿Las habían obtenido al mismo tiempo?

¿Qué podría haber causado algo así?

La respuesta le llegó como una ráfaga. El aire que estaba tomando en ese momento no llegó a sus pulmones. Los ojos violetas del nourasiano miraron en dirección a la humana, inundados de horror. Estaba muy claro, sólo había una cosa que podría haberles causado marcas así a ambos, y al mismo tiempo:

El exorcismo.

Al moreno no le hizo falta pensar demasiado para adivinar cómo se habían formado los moretones en las muñecas de Mina. ¡Por Sekai, él mismo se los había hecho! No había otra explicación. La había sujetado de las manos durante el exorcismo para que no escapara, eso lo recordaba. ¿En verdad había usado tanta fuerza contra ella? ¿Tanta como para lastimarla de esa forma?

Lo que había hecho no tenía perdón.

Estaba seguro de que, en un instante de descontrol en medio de ese desastroso exorcismo, había usado alguna de sus técnicas de inmovilización contra ella, las cuales tenía tan arraigadas que había sido capaz de aplicarlas inconscientemente y sin controlar su fuerza. Claro, eso debía ser, esa era la razón de que le resultase tan fácil mantenerla quieta durante el exorcismo.

Mientras estos pensamientos lo atormentaban, Athan estudió a toda velocidad a la humana, sólo con los ojos. Entre más la observaba, más culpable se sentía, pues encontraba nuevas marcas: dos pequeños golpes en sus codos, un raspón en el antebrazo izquierdo y un moretón en la parte baja de su espalda. Muchos se lo debió provocar ella misma cuando luchaba por liberarse, agitándose entre el cuerpo de su guardián y la pared contra la que la acorraló; y aún sabiendo esto, Athan atribuyó estas heridas a sus propias acciones.

Mina no le dio tiempo a decir nada cuando exclamó:

-No te atrevas a disculparte. Esto no es culpa tuya-

No le había tomado ni un segundo a la chica comprender que sus múltiples marcas habían sido producto del exorcismo, y seguramente las de él también. Se enojó con sólo observar la velocidad a la que el rostro del nourasiano había pasado de la ira a la sorpresa, luego de allí a la intriga y finalmente al pánico. Decidió que ya era suficiente de esta tontería: detestaba a ese Athan que siempre se sentía culpable y que siempre se disculpaba. Le pondría un alto de una vez por todas.

-Si hay alguien aquí que tiene que disculparse, ésa soy yo-

Confusión absoluta. Sólo así podía describirse la expresión que puso Athan al oír aquello.

-¿Por qué tendrías que disculparte? Si fui yo quien...-

-¡Alto ahí! Tú sólo hiciste lo que te habían pedido, no hiciste esto a propósito- le dijo, señalando hacia las marcas en sus muñecas- En cambio yo sí que te hice esto adrede-

Acto seguido la humana volvió a tocarle la marca que tenía en el cuello. Aunque él no la podía ver sí sabía, por el ardor que le provocaba, que era bastante grande y profunda. Sólo en ese instante fue que el muchacho comprendió que ella le había hecho ese moretón. Eso sí que lo recordaba con claridad: cuando la había acorralado contra la pared, Mina lo había mordido en el cuello para liberarse. Con todo lo que había pasado en el momento, y posteriormente, se había olvidado de ese suceso.

-Soy yo la que te debe una disculpa, Athan- insistió Mina, ruborizándose por lo que estaba a punto de decir- Lamento... Siento haber... ¡Rayos! Siento lo que hice ¿está bien? Siento haberte mordido ¡ya lo dije y no pienso repetirlo!-

La humana casi se puso color escarlata. No solía disculparse con mucha frecuencia, con toda sinceridad sólo se había arrepentido de alguna de sus acciones un par de veces en su vida; así que tener que pedir perdón, sobretodo a un chico al que recién había conocido, con el que estaba en deuda por ayudarla y que la ponía nerviosa, requirió de mucha fuerza de voluntad de su parte.

-Mina, yo también...-

-No voy a aceptar ninguna disculpa tuya ¿entiendes?- Mina comenzaba a perder la paciencia- Sé que no querías lastimarme, así que no estoy enojada por eso, ¿pero sabes qué me molesta en verdad? Que siempre te sientas culpable-

Athan abandonó al momento toda intención de volver a hablar.

-Voy a dejarte algo claro, así que presta atención- de repente, la muchacha se levantó para pasearse por la habitación. Si no lo hacía, sabía que terminaría gritándole al nourasiano por la impaciencia. Era realmente mala controlando su ira- Desde que te conozco no has hecho otra cosa que poner esa cara de pena, salvo en la fiesta del príncipe. Creí que habías entendido que si el tal Canaleto había escapado, no fue por ti, pero parece que me equivoqué, así que te lo voy a decir claramente. El que nos haya atacado no, y repito, NO fue tu culpa, tal y como no fue tu culpa que yo saliera lastimada en el exorcismo ¿entiendes?-

El moreno no se atrevía a moverse. Durante todo ese monólogo, se limitó a seguir con la mirada la figura de la humana, quien movía las piernas a toda velocidad para trasladarse de un lado a otro del cuarto de mecánicos. A medida que ella caminaba y hablaba cada vez con más decisión, Athan se percató de que Mina estaba mirando a cualquier cosa en el lugar, menos a él, y que seguía ruborizada por la agitación. Por su parte, él no salía de su sorpresa: no se imaginaba que a ella pudiese afectarle su propio malestar, mucho menos que pudiera exasperarla tanto.

-Además, son sólo unos golpes, no estoy hecha de cristal. No tienes que estar todo el tiempo preocupado por mí. Para ser honesta ¡ya estoy harta! Detesto que siempre te estés excusando y que te veas tan miserable. Me gustabas más cuando eras un imbécil presumido y sólo... ¡Ay no!-

Mina se llevó ambas manos a la boca, con expresión horrorizada. Nunca en su vida había deseado tanto regresar el tiempo, o al menos poder retractarse de lo que había dicho. No se movió y casi ni respiró, tampoco dijo nada para reparar el daño. Con su suerte, terminaría empeorando las cosas. ¿Qué demonios había dicho? Era un error. Un. Condenado. Error. Tendría que haber dicho "me agradabas más..." o en realidad "no me caías tan mal cuando...".

Los ojos de ambos se cruzaron por largo tiempo, en un silencio sepulcral. Tanto los irises como el rostro de la chica se vaciaron de color, hasta que la piel de Mina se vio más pálida de lo que ya era, y el tono violeta de sus ojos quedó reducido a un lila claro, en lugar del color oscuro y fuerte que siempre portaba. Mientras tanto, las facciones del nourasiano se llenaron de incredulidad total.

Cuando Athan se decidió a levantarse del suelo, Mina casi dio un salto. Trató en vano de mantener una expresión segura, relajada, indiferente. El moreno se acercó a paso lento hacia ella, hasta que quedaron a menos de un metro de distancia. Por algún motivo, el hecho de que él sólo tuviese que estirar un brazo para tocarla, aumentó los nervios de la humana.

Sin embargo, esos nervios fueron transformados en una mezcla de confusión y ¿alivio, quizás? Apenas su guardián se detuvo y le esbozó una sonrisa confiada, que también estaba cargada de picardía, Mina supo que el Athan que había conocido al principio había regresado, carente de culpas y lleno de presunción.

-¿Entonces estás diciendo que te gustaba más antes? ¿Qué significa eso? ¿Insinúas algo?- la mirada que le lanzó el nourasiano al hablar prácticamente gritaba "reto".

-En tus sueños, idiota-

Pues bien, el deseo de la humana se había cumplido, pero ¿a qué precio?

De vuelta con Eva

La pelirroja se sobresaltó al escuchar la puerta abriéndose, casi con violencia. Giró la cabeza justo para ver a Aikka cerrando esa misma puerta. Inmediatamente se levantó del suelo y se apresuró a llegar a su lado. Hacía unos segundos ella también había sentido el efecto del vínculo; de no ser porque él se le adelantó, hubiese salido a buscarlo ella misma.

En cuanto lo tuvo cerca, Eva enroscó sus brazos alrededor de él sin miramientos, y él a su vez le rodeó la cintura, enterrando el rostro en su cabello bicolor.

Una vez más se maravillaron con el resultado de este contacto: toda dificultad para moverse o respirar desapareció, la calma los embargó y un par de suspiros se les escaparon. Permanecieron así mucho tiempo, aún cuando su conexión había dejado de protestar. Simplemente no quisieron separarse.

La humana se entretuvo en desordenarle el cabello al nourasiano, sacando un mechón tras otro de su corona; mientras él se distraía paseando los dedos alrededor de los piercings de la oreja de la chica. Sólo se movieron cuando estar de pie se les hizo incómodo. Se separaron con reticencia, en especial el joven de ojos azules.

-¿A dónde fuiste?- preguntó Eva, al tiempo que se sentaba cerca de una pared, del lado contrario a donde estaban las camas de Mark y Don Wei.

Aikka se detuvo un instante antes de sentarse con ella. El corazón le latía demasiado rápido, así que respiró profundamente un par de veces para tratar de apaciguarlo. No sirvió de mucho, pero de todas formas se sentó junto a ella.

-Fui a hablar con Jordan-

La reacción de la humana no fue la que esperaba. Tan sólo frunció el ceño, arrugó los labios y se cruzó de brazos, guardando silencio. Cuando Aikka la cuestionó al respecto, Eva declaró que no quería hablar sobre él, ni siquiera que se mencionara el nombre del avatar. Le aseguró que sólo se concentraría en las carreras y en su padre, en nada más. Su tono era definitivo, como una sentencia.

El príncipe la conocía lo suficiente como para saber que no debía molestarla más con ese tema. Tal vez lo mejor sería dejar que las cosas se resolviesen por sí mismas. De todas formas, en ese momento no tenía suficiente cabeza para pensar en eso. Casi toda su atención estaba enfocada en lo agitado que era su ritmo cardíaco y en el cosquilleo que sentía en las manos. Eso no le había sucedido antes, y no parecía que Eva sintiese algo parecido; por tanto, no se trataba del vínculo. ¿Qué sería?

Aikka dejó que la chica hablara a su gusto, escuchándola con todo el empeño que sus extraños síntomas le permitían, mientras intentaba comprender qué le estaba ocurriendo. Poco a poco se le hizo más y más difícil seguir el hilo de la conversación. Apenas sí fue consciente de que ella le estaba hablando de su hermana Sekaryu y de lo triste que la niña había quedado cuando sus padres no le permitieron ir a Oban con ellos. Registró muy poco de las promesas que Eva decía haberle hecho a la pequeña, jurándole volver pronto a visitarla y que ayudaría a Nourasia a toda costa.

Al cabo de media hora, el joven ya ni podía mirar a Eva. Aparentemente, eso sólo empeoraba su problema.

Y allí lo supo. No era el vínculo producto del exorcismo, sino el menos reciente, y probablemente el más fuerte.

-No tenías que venir corriendo hasta aquí ¿sabes?- murmuró Eva, con una sonrisa burlona- No tengo planes de dejar esta habitación hasta que lleguemos a Oban. Aunque sí que me gustaría ir a buscar a Mina. Necesito tener una conversación de al menos 6 horas con ella-

-Debido al vínculo, no podemos estar separados por largo tiempo, ya lo sabes. Además...-

Eva esperó a que el príncipe terminase de hablar, mientras paseaba la vista distraídamente por los patrones del metal en la pared. Luego de un momento, se dio cuenta de que había dejado su frase incompleta. Dirigió su mirada en dirección al nourasiano para preguntarle por esto, sin embargo, en cuanto sus ojos rojos se cruzaron con los celestes de él, no hubo nada que preguntar, ni nada que decir. Su expresión, su mirada, lo decían todo.

No estaba segura si era por el vínculo que se había creado entre ellos con el exorcismo, o porque lo conocía bien, pero le pareció demasiado evidente lo que Aikka le estaba pidiendo, lo que le estaba suplicando con los ojos, porque no se atrevía a expresárselo con palabras. Supo enseguida qué era lo que necesitaba.

Él ya se lo había explicado, le había advertido que la conexión que sentía con ella, no por el exorcismo sino por el simple hecho de estar enamorado de ella y por ser nourasiano, a veces alcanzaría niveles críticos, y que cuando eso ocurriera él sentiría el impulso de tocarla. Recientemente había estado casi media hora alejado de ella, tenía sentido que de pronto necesitara estar con ella.

Jamás lo había visto así. Su mirada era tan intensa que Eva temió que fuese a saltar sobre ella de un momento a otro. Luego se percató de lo pálidos que tenía los labios y las manos. Esto la dejó casi en shock. ¿Realmente el deseo que sentía era tan intenso que tenía que apretar los puños y los labios para controlarse?

¿Y qué pasaría si no lograba contenerse?

Sólo de pensarlo, Eva se sintió intimidada. Por supuesto que el príncipe jamás se atrevería a lastimarla o forzarla a hacer algo que no quisiera, pero era claro que lo que fuera que estuviese sintiendo en ese instante, le costaba controlarlo... Y sin embargo, estaba luchando por controlarse. Estaba pensando en ella antes que en sí mismo, aunque tenía toda la expresión de estar sufriendo por dentro.

Dudó apenas un segundo, para luego acercarse un poco más a él, inclinando la cabeza hacia un lado. Lo miró largamente, diciéndole con la mirada que estaba de acuerdo, que no hacía falta que se esforzara tanto por ocultarlo. Cuando se decidió a moverse, las manos de Aikka temblaban visiblemente.

Luego de lo que se sintió como una vida entera, las manos del príncipe tocaron las mejillas pálidas de Eva. Enseguida su expresión cambió; la agonía dejando paso a la tranquilidad absoluta.

La chica podía sentir los dedos del nourasiano temblando en su piel, al tiempo que su propio corazón se agitaba más allá de lo posible, como si con ese contacto le estuviese transmitiendo lo que él sentía. Esos mismos dedos se pasearon por toda la extensión de su quijada, por los bordes de sus orejas, por sus cejas, por el borde de sus labios.

Muy lentamente Aikka la guió más y más cerca de su rostro, esperando a que ella se apartara o le dijera que ya era suficiente, pero nunca lo hizo.

Con todo el control del que era capaz, juntó sus frentes, colocando sus manos a ambos lados del cuello de Eva. Esto fue lo último que se necesitó para que el impulso se calmara. Eva también lo notó y mantuvo la vista clavada en él, observando cómo su cara se relajaba. El príncipe cerró los ojos, respirando profunda y pausadamente, percibiendo el aroma de su Eva. Concentró todas sus energías en contar los latidos del corazón de la humana, que podía sentir a través de la piel de su cuello. Su ritmo era demasiado agitado para su gusto ¿acaso la había asustado?

Este pensamiento hizo que apartara sus dedos al instante, como si se estuviese incendiando. Sin embargo, Eva sólo lo miró con curiosidad, sin moverse de donde estaba. Sentir sus ojos rojos devolviéndole la mirada avivó el impulso. El nourasiano tuvo que tragar pesadamente para deshacer el nudo que tenía en la garganta.

No. Debía controlarse, así muriera en el intento. Si la besaba, no podría...No lograría contenerse.

El joven se sobresaltó al sentir dedos en su rostro, ligeramente más fríos que su piel, recorriendo sus sienes. Volvió a encontrarse con la mirada de la pelirroja, al tiempo que una mezcla de alegría y pánico lo embargaba.

-No, espera un momento- le dijo, aunque la voz apenas le salía.

Al parecer ella no lo había escuchado, o estaba muy distraída para haberlo hecho, pero el caso es que no se detuvo. El príncipe quiso advertirle, deseó poder decirle que no debía tocarlo ni acercarse más. El corazón le golpeaba con fuerza las costillas, latiendo a todo lo que daba.

Un movimiento. Sólo eso se requirió, el descenso de uno de esos dedos delgados y blancos sobre su piel oscura. Fue todo lo que necesitó para que su mente se apagara temporalmente y se decidiera a atrapar a la chica en sus brazos. Cuando se dio cuenta, ya la estaba besando en los labios, como si ese acto fuese tan esencial como respirar y él se estuviera ahogando.

Ella le respondió tanto como le fue posible, pero pronto llegó a la conclusión de que el afecto que Aikka le estaba demostrando con sus besos apresurados era demasiado intenso para ella. Le permitió que la presionase contra él, que le acariciara el cuello e incluso que sus manos llegaran hasta sus caderas, no sin que ello provocara un sonrojo tremendo en ella.

Cuando menos lo esperaban, Aikka se separó abruptamente de ella. Eva lo miró mientras recuperaba el aliento y, a pesar de que se arriesgaba a que la escena se repitiera, no se resistió a acercarse. No podía dejar que tuviese esa cara de arrepentimiento luego de algo así. Debía reafirmarle que no le importaba.

Con cuidado colocó una mano a cada lado del rostro del moreno, pero también con suficiente firmeza como para que entendiera que sólo podía darle esto, por ahora. Esta vez fue ella quien lo besó, y él lo agradeció con un suspiro y una sonrisa auténtica. Tuvo que resistirse a besarla de la misma manera de antes. En cambio, la dejó recorrer sus labios con los propios, muy lentamente. Fue al mismo tiempo tortura y remedio para su malestar.

No hablaron al respecto una vez que todo volvió a la normalidad. No hacían falta palabras, ni explicaciones de ningún tipo. Ese último beso era un claro de mensaje de aceptación que Aikka recibió con euforia contenida.

Al final, el príncipe le pidió permiso con la mirada para rodear sus hombros con un brazo. Ella lo concedió depositando otro beso justo en ese curioso punto blanquecino en la mejilla de su novio.

Continuaron hablando, ya con más tranquilidad, de todo y de nada. Él le confesó que Jordan le había advertido de los peligros de las carreras en Oban, pero nada más. Ella le comentó que en su ausencia, había encontrado algunos moretones en su cuerpo, uno en cada muñeca, algunos en los nudillos y 3 en las rodillas, seguramente a causa del exorcismo y su batalla por liberarse del nourasiano. Este descubrimiento causó poco revuelo entre ellos, pues cuando el moreno intentó disculparse Eva se lo impidió, alegando que seguramente ella también le había ocasionado algunos golpes durante dicho ritual. En sus propias palabras:

-Estamos a mano-

El sueño los venció sin que se dieran cuenta, habiendo transcurrido un par de horas desde su salida de Nourasia.


Los ocupantes de la nave del avatar recordarían esa noche como la más insoportablemente fría de sus vidas. Debido a la falta de fuerzas del avatar, a causa del rito hecho para vencer a Canaleto, el viaje hacia Oban fue mucho más lento que aquel que habían hecho el año pasado. De esta forma, el frío del espacio pudo filtrarse un poco en las habitaciones, lo cual obligó a sus ocupantes, ya sea consciente o inconscientemente, a juntarse todo lo posible para compartir calor.

Afortunadamente, estas horas extras les permitieron a todos los equipos recuperar las energías perdidas en esos 2 días caóticos que habían vivido en Nourasia. Las necesitarían para lo que les esperaba en el planeta madre.


La última en recuperar el conocimiento fue Eva. Sus párpados revelaron sus ojos rojizos con lentitud, sólo para quedar completamente abiertos por la sorpresa que se llevó al ver que ya no estaban en la nave del avatar. Miró el lugar con extrañeza, como si aún estuviese soñando.

En el fondo escuchó la voz de Mina, llamando a Athan con alarma. La encontró en la habitación contigua, donde había una especie de cama de piedra con runas escritas en ella. Esto fue lo primero que reconoció: esa era la misma superficie sobre la que habían colocado a un Aikka deshidratado y débil, el año anterior.

Regresó a la habitación de antes con una Mina muy avergonzada, reconociéndola como aquella que perteneció a Don Wei durante las semanas que duró la Gran carrera de Oban. Se tranquilizó al ver a su padre, aún dormido, en la misma cama en la que había viajado desde Nourasia. Del otro lado, más cerca de la puerta, se hallaba la figura dormida de Mark.

A las adolescentes les tomó poco tiempo encontrar al resto del equipo Tierra. Stan, Koji y Rick habían despertado junto a la Dark Star, en el hangar del piso inferior. Sin perder el tiempo, Rick se dirigió a las habitaciones superiores para atender a los dos enfermos, no sin dirigir una mirada de admiración a todo cuanto veía. Pronto aprendería que Oban era tan impresionante como su ratoncita le había dicho que era.

Por su parte, Stan comenzó a hacer las revisiones manuales a la star-racer mientras Koji probaba los sistemas en la sala de máquinas. Esto le recordó otra cosa a la pelirroja, algo que los mecánicos habían asimilado muy bien la última vez: en Oban, lo mejor era estar preparado para todo, porque las carreras podían comenzar en cualquier momento.

Una vez que se aseguró de que todos estaban bien, Eva tomó a Mina del brazo y la guió fuera del módulo habitacional. Ahora sabía perfectamente a dónde debía ir: los demás corredores debían estar esperándolos. La chica de ojos violetas no salía de su asombro. Salió corriendo fuera hasta que se perdió de vista, estudiando los alrededores. Todo, absolutamente todo era tal y como Eva lo había descrito: los muros de piedra, las escaleras circulares, el olor a naturaleza pura, el sonido lejano de agua cayendo, el cielo pálido, la vegetación rojiza, los árboles bajos.

Si la memoria no le fallaba a Eva, de nuevo estaban en la región de los lagos de Oban. ¿Sería allí la primera carrera?

Tal como la primera vez, hallaron a todos los competidores reunidos en torno a un pequeño pozo. Eva fue directamente hacia Aikka, seguida por Mina, quien parecía no poder creer dónde estaba parada. Allí también se encontraba Serena, con la mirada perdida en el cielo; Kurus, el representante de los Crogs; Ondai y un corredor que ni ella ni el nourasiano ni Mina conocían.

Era casi del tamaño de un Crog, un poco más alto que Kurus, y de mirada cruel. Seguramente era más grande de lo que aparentaba, pues tenía apariencia de estar jorobado. Su traje consistía en algo que imitaba la vestimenta de un guerrero mongol de la Tierra, y ciertamente lucía tan amenazante como uno.

Por decisión unánime, Eva, Aikka y Mina estuvieron de acuerdo en mantener distancias con ese competidor en particular. Algo en él no les daba buena espina, pero antes de que pudieran definir qué era, una luz cegadora apareció en el centro del lago. Un instante después apareció la figura del avatar, tan gigantesca e imponente como siempre, aunque Eva miró en otra dirección, como si no mereciera su atención.

-Orgullosos pilotos, sean bienvenidos al planeta Oban- comenzó a hablar el guardián de la galaxia, con su voz potente haciendo temblar el agua del pozo- En este lugar se llevará a cabo la ronda final de la competencia, donde deberán demostrar que son dignos de estar aquí. Sin embargo, únicamente aquellos que sean aceptados por su supervisor podrán participar en las carreras-

Luego de estas palabras, el avatar desvió la mirada hacia la derecha. Parecía buscar algo, y lo encontró rápidamente. Al momento, todos lanzaron exclamaciones al aire, algunos de los pilotos se echaron hacia atrás, otros quedaron boquiabiertos ante lo que vieron.

Un muchacho... ¿¡Un muchacho!

Los ojos de todos los competidores de dirigieron hacia lo alto, hacia el cuello del enorme animal que estaba paseándose frente a ellos con toda tranquilidad. El silencio era sepulcral mientras los extranjeros intentaban descifrar lo que acababan de ver.

Un animal enorme, humanoide y de piel oscura, había aparecido de la nada con un muchacho sentado en su cuello, como si estuviesen dando un paseo, como si tal cosa fuese lo más natural del mundo. Más extraño aún era que el "jinete" no parecía atemorizado, ni alterado, sino feliz.

Aikka y Eva no tardaron en identificar a su montura: era una de las criaturas que habían visto cantar en la región de la jungla. Una criatura de unos 15 metros de altura, largo y de apariencia fuerte, provista de una cola y con una melena alrededor de su cuello y su cabeza redonda, justo donde estaba sentado el joven.

Eva estudió la amplia sonrisa del peculiar chico: todo en él parecía darles la bienvenida. La ropa formal, el rostro relajado, la expresión amable, los ojos estudiando a cada uno... ¿Pero a quién se le ocurría hacer una entrada como esa?

Esto era increíble, no hacían ni 5 minutos desde que había llegado a Oban y ya comenzaba a ver cosas extrañas.

De pronto, la criatura en la que venía el supervisor se detuvo y volteó a mirar al avatar con mucha atención. Jordan no pudo hacer otra cosa que mirarlo de vuelta, hasta que el animal hincó una rodilla en el suelo e hizo una reverencia ante el guardián de la galaxia. Lo inesperado de esta acción dejó a todos los pilotos atónitos; nadie se imaginaría que un ser así reconocería el poderío del avatar. Luego, el supervisor abandonó el cuello de la criatura, saltando hasta el suelo. El chico se tambaleó un instante, debido a la gran altura desde la que había saltado, pero se enderezó inmediatamente para seguir estudiando a los pilotos.

Ahora que lo veía más de cerca, Eva pudo detallar al inusual supervisor: era alto, de cabello negro azabache, salpicado de cabellos blancos; tenía una cola muy larga, orejas del color de su cabello pero definitivamente no humanoides, ni nourasianas, sino como las de un perro terrestre. Lo que más la sorprendió fue el tinte tan raro de sus ojos. Nunca en su vida había visto ojos así, un perfecto color aguamarina. Aunque todo eso quedó opacado por las marcas que el chico tenía en el rostro.

El corazón de la humana dio un salto al verlas: un Sol en la mejilla izquierda y una barra en la derecha. Eran demasiado parecidas a los tatuajes que ella misma tenía en el rostro. ¿Cómo era posible?

-Pilotos, éste es Cisco Cor Glacier, su supervisor desde ahora y hasta el final de la Gran Carrera de Oban- declaró el avatar, con voz ceremoniosa- Sólo él podrá decidir si son dignos de ganar esta competencia. Ya han llegado muy lejos. No desperdicien esta oportunidad-

Una nueva explosión de luz los obligó a cerrar los ojos, esta era la señal de que el avatar había desaparecido.

Efectivamente, cuando volvieron a mirar, sólo el supervisor permanecía en su lugar. Les sonrió a todos los presentes, pero enseguida adoptó una expresión más seria antes de hablar.

-Bienvenidos a Oban, pilotos- dijo el muchacho con voz equilibrada, ligera y un poco grave, pero también casi suave- Ahora les explicaré las reglas de la última ronda. Escuchen con cuidado: en primer lugar, cualquier atentado contra la vida de otro competidor será motivo de descalificación automática. No obstante, les está permitido usar armas para su defensa, y únicamente para ese fin-

Los ojos de Eva se dirigieron automáticamente hacia Kurus. Esa era la regla con la que Jordan había esperado descalificarlo, pero hasta ahora el crog había jugado limpio y permanecido en la competencia con dignidad. Ahora que lo pensaba, era un crog muy distinto a los demás. No había pronunciado palabra ni hablado con nadie en ninguna carrera, no se había presentado a la celebración del cumpleaños de Aikka (un acto inteligente y hasta cortés), no se daba aires de grandeza como Kross ni su padre, Toros. Siempre estaba con su hermana, con la que Eva había tenido ocasión de interactuar. Prácticamente la había encontrado encantadora.

¿Estarían planeando algo en secreto? ¿O acaso eran diferentes al resto de su raza? Si es que eso era posible...

-Sólo los primeros 3 lugares podrán obtener puntos en cada carrera. Serán 3 puntos para el tercer lugar, 6 para el segundo lugar y 9 para el primer lugar- la voz del supervisor interrumpió los pensamientos de la humana, quien volvió a enfocarse en él- Para obtener puntos tendrán que atravesar aros de piedra situados en el circuito. En total se realizarán 3 carreras en zonas distintas de Oban. Aquel que logre acumular la mayor cantidad de puntos al final de la tercera carrera, será el ganador-

Los 6 equipos rompieron en comentarios sobre lo que el supervisor acababa de decir. El sistema de puntos funcionaba igual que la última vez, eso era un alivio pues no se volvería muy complicado calcular su posición con respecto a las carreras. Lo verdaderamente preocupante eran los circuitos de carreras. De acuerdo a lo que Jordan le había dicho a Aikka, habría más peligros que el año pasado. Entonces podían asumir que los campos serían diferentes a los que ya conocían.

Claro, era lógico que así fuese. Ya varios de los competidores conocían algunas zonas del planeta, así que no sería justo competir en los mismos lugares. ¿Pero qué tan grande era en realidad Oban?

-Pero antes de eso- volvió a hablar el supervisor, provocando que todos guardaran silencio al instante- Todos deberán ser evaluados por mí antes de cada carrera, y sólo podrán competir si yo lo permito-

Esto cambió la imagen que todos tenían del chico. Ese... Cisco ¿cierto? A pesar de su apariencia, tan pequeña en comparación a la de competidores como Kurus, se les hizo obvio que él portaba una autoridad tremenda sobre ellos. De ese muchacho dependía la estadía de los equipos y, en conclusión, el destino de Nourasia y Kram. Tanto nourasianos como crogs dependían de lo que Cisco dictaminara.

-Por tanto, ahora mismo les realizaré la primera revisión. Aquel que no pase, será regresado a su planeta de origen inmediatamente y será descalificado-

A Eva se le heló la sangre, y sospechaba que a todos los demás también. Miró hacia Mina, buscando apoyo. La mano de su amiga salió al encuentro de la suya, apretando sus dedos con firmeza. Luego miró a Aikka, quien lucía tan alterado como ella.

Cisco se limitó a sonreír otra vez, como si la angustia que había en el aire no existiera, y a colocarse frente a Ondai, la primera posible víctima de su poder como supervisor.

Serían evaluados en ese momento ¡justo ahora! Sin preparaciones, ni tiempo para pensar, ni advertencias. Casi todo el color del rostro de Eva desapareció por el miedo a lo que podría pasar. ¿Y si no era apta para estar allí? ¿Y si el supervisor la descalificaba? ¿Volverían a la Tierra, así sin más?

Esto realmente era serio, porque si fallaba en su evaluación no podría hacer nada por ayudar en el conflicto que la había traído de vuelta a Oban.

¡Y eso es todo! Por favor recuerden dejar un comentario, eso aumenta mi ímpetu por escribir y alivia mis severos bloqueos de escritora.

Y también les reitero que pueden encontrar el comic basado en esta historia, bajo la autoría de starhuntersprod en Deviantart, con el nombre de Una nueva carrera.

¡Hasta la próxima!