Hermione se sentía flotar en el aire negro y denso, recordaba imágenes borrosas y confusas del llanto de su hijo y la desesperación de Draco por que viviera. Sin embargo no había lugar para la preocupación en su mente, por lo contrario, sentía una inusual tranquilidad en su cuerpo, quizá se debiera a que en ese estado, no encontraba energía suficiente para sentirse agobiada.
—...No lo sabemos, Malfoy — escuchó la voz de Luna— sus heridas están sanando muy bien, pero tenemos que esperar a que ella despierte.
— Pero... con respecto a...
— No, Malfoy... lo lamento. No es probable, su cuerpo se lastimó demasiado.
Volvía a caer en la penumbra y la inconsciencia, lo que pareció una eternidad después, percibió más sonidos. Esta vez era el balbuceo de un bebé y la voz de Draco.
— ¿Te puse crema antes de abrocharte el pañal? Demonios, Scorpius, no lo recuerdo. A ver... déjame revisarte. No, no te puse. Ven aquí, vamos por un poco.
— ¿La ves...? ¿Ves la mujer que está durmiendo? Es tu mamá, ella está dormida porque traerte al mundo la agotó mucho — esta vez era la voz de Ron la que escuchó— muy valiente ¿verdad? Y muy hermosa.
— No se ha movido ni un poco, Lovegood. No muestra señales de que se está recuperando. Dime qué es lo que pasa. ¿Por qué todavía no despierta? — Draco sonaba desesperado, Hermione quiso gritar, moverse. Decirle que estaba escuchándolo, que podía oírlo, pero su cuerpo no respondía. Sus párpados seguían pesados, sus manos parecían hechas de plomo.
—Pega las dos camas... sí, únelas con magia. Quiero dormir con ella sin lastimarla. Necesito estar aquí si ella despierta, pero Scorpius también me necesita. Mete la cuna de él a este cuarto.
Después de mucho tiempo, Hermione por fin sintió que sus párpados empezaban a levantarse. Y también sintió un pinchazo en su vientre. Le dolía como una herida reciente, aunque no podía ni siquiera gemir de dolor, su garganta estaba seca a pesar de que sintió y escuchó varias veces cómo alguien hidrataba sus labios y humedecía su lengua. Parpadeó, sus ojos estaban borrosos y seguramente llenos de lagaña. Se quejó por lo bajo, no quería que Draco la viera así.
Su cabeza se giró lentamente y casi con dolor, fue la única parte de su cuerpo que respondió a los impulsos y sonrió mentalmente —no logró hacer que su rostro sonriera de verdad— en cuanto vio lo que tenía en frente.
Draco había pegado dos camas matrimoniales con magia convirtiéndola en una enorme cama real, así que ahora ella estaba en lo que seguro era el centro de una de ellas, mientras que él abarcaba casi una entera, con sus extremidades abiertas sin pudor y boca abajo con la mejilla aplastada en una almohada. Pero sus ojos se humedecieron al ver que entre uno de sus brazos, Draco protegía el preciado cuerpecito de un bebé con la piel rosada y el cabello muy rubio, que al igual que él, dormía con los brazos y piernas gorditas extendidas, la cabeza ladeada hacia ella y los cachetes apachurrados contra la cama.
Después de unos minutos, ella sintió que un vapor negro la volvía a hundir en el sueño interminable.
Fue una mañana clara cuando ella finalmente abrió sus ojos y no sintió esa pesadez inquebrantable que no le permitía moverse, sino que, lentamente, logró hacer que su cuerpo se sentara en la cama, antes de tomarse unos minutos para poner sus pies en el piso, su vientre le dolía bastante y cuando se levantó la blusa vio en él moratones y una herida rosada que había sido cerrada con pociones pero que todavía escocía. Miró a su alrededor. En una esquina del cuarto estaba la cuna donde suponía que dormía su hijo, sin embargo, ni Draco ni Connie estaban allí cuidándolo.
Se levantó con el corazón galopeando muy rápido en su pecho y casi gritando de desesperación al ver que no podía andar tan rápido como ella quisiera hasta la cuna. Pero cuando se asomó no pudo evitar decepcionarse al ver que estaba vacía. Pero su atención fue captada enseguida por murmullos que venían del otro lado de la pared, en la habitación que estaba conectada al cuarto donde ella se encontraba. Camino de nuevo a paso lento hasta la abertura pulcra en el muro entre ambas habitaciones y vio entonces la espalda fornida de Draco, él estaba hablando en voz baja mientras se concentraba en algo que tenía en frente, sobre la mesa pañalera.
— No puedo creerlo, Scorpius Hyperion, acabo de cambiarte el pañal y tu lo has vuelto a ensuciar. Ahora estoy retrasado con la medicina de tu madre, tu almuerzo y tu siesta. Ya estarás contento ¿verdad? No me mires como si no entendieras... puede que no veas más que sombras pero sé que me escuchas perfecto.
Hermione había avanzado tan despacio que él no la había escuchado posarse tras suyo. Ella, sin embargo no pudo evitar reír muy bajorrelieves al escuchar todo lo que él parloteaba. Draco debía de estar muy solo y muy loco como para reprender a un bebe de escasos días. Pero cuando él la escuchó reír, su espalda se tensó al igual que todo su cuerpo y perdió la respiración girando su cabeza lentamente hacia donde ella estaba.
—No puede ser que estés regañando a nuestro hijo porque no cumpla tus estrictos horarios de baño. Oh, no lo permito— lo reprendió en broma mirándolo con la sonrisa más grande que jamás había tenido y Draco tuvo que tragar varias veces para poder creérselo.
—Granger— susurró mirándola con los ojos entornados— estás despierta.
—No realmente... es que soy una fantasía de tu mente de hurón...—No pudo continuar; él la estaba estrechando contra su pecho, con la cara metida en su cuello y temblando ligeramente. Hermione le devolvió el abrazo enredando las manos en su cabello, los ojos se le inundaron en lágrimas. Su cuerpo se estremeció cuando el le besó con su aliento cálido y sus labios el cuello blanco.
—Creí varios días que iba a perderte— las palabras estaban llenas de alivio sofocante y ella sonrió aún más.
—Yo también— aceptó— pero aquí estoy... creo que subestimamos mis ganas de pelear.
—Gracias a Merlín que estábamos equivocados— Draco se separó de su cuerpo y le acarició el cabello antes de que de repente la mirara con el ceño fruncido— Deberías estar acostada... tus heridas aún no están del todo sanadas, Granger.
Hermione asintió, su estómago punzaba.
—Sólo déjame hacerme cargo a mí, por favor— miró a la criatura diminuta que se chupaba los nudillos y Draco no se lo pudo negar, porque él también se moría de ganas por que ella lo cuidara y lo abrazara, porque sabe que Scorpius la necesita, la ha reclamado varias veces cuando no quería tomar del biberón. Suspiró al verla cambiarle el pañal, abrazarlo y besarle roda la cara. Después de que ella lo hubiera amamantado sentada en una silla de madera, lo meció entre sus brazos hasta hacerlo dormir. Sólo entonces ella le permitió agarrarla en sus brazos y llevarla hasta la cama, donde la arropó con su cuerpo y la durmió a base de besos suaves en los labios, él no pudo dormir, la observó durante horas sumergida en las sábanas y contempló todas las marcas y pulgadas de su piel. No iba a dejarla salir de ahí en varios días.
...
Luna miraba la espalda llena de rasguños de Theodore pasándole un algodón lleno de murtlap. Theo se quejaba cada vez que este tocaba una herida muy profunda.
—Esto tiene que parar— Luna tapó el frasco y se sentó junto a él— ustedes no pueden seguir arriesgándose de esta manera... no hacen parte de la guerra como nosotros. No debiste ser tú sino yo quien se uniera al clan.
—Parece que Potter quiere hacer una limpieza de Slytherin, y tú no estás ni cerca de unirte a ellos en el campo de batalla.
Luna negó con la cabeza con la cabeza antes de ofrecerle una mano.
—Vamos a la cocina, todavía no he almorzado y me muero de hambre. Ponte la camiseta de algodón.
Justo cuando Luna bajaba las escaleras, Hermione entró a Grinmauld Placer. Theodore y Luna llevaban una temporada en la mansión de los Black, desde que la rubia había experimentado el extraño episodio cuando se encontraban afuera en medio de la tormenta eléctrica. Lo que era aun más bizarro, era que la pequeña Melody se había acercado a ella, agarrándole la mano y hablando con total seguridad declaró: Ella tiene mi don. Ella pude ver las cosas como yo.
—Luna— la rubia miró al frente, Hermione cargaba a Scorpius muy pegado a su pecho y le sonrió comprensiva— ¿cómo está él?
—No tiene heridas graves... sólo unos feos rasguños en la espalda.
—Lo lamento, Luna...
—No deberías... He escuchado a Harry decir que quiere a Malfoy en acción de nuevo. Soy yo la que lo lamenta, él sólo se estaba descargando con Theo y con Blaise, pero... realmente al que odia es a Draco.
Hermione asintió sintiendo un nudo en la garganta y caminó con ella hacia una salita con muebles.
— ¿Puedo sostenerlo?— pregunto la rubia refiriéndose a Scorpius y Hermione sonrió dándoselo con cuidado indicándole que tuviera delicadeza con la cabecita. Pansy se paró en la puerta de la habitación con los brazos cruzados y la boca en una línea recta.
—Draco está hablando con Potter. Parece que van a volar como un explosivo de un momento a otro— anunció sin fingir que no estaba enojada con Harry Potter, pero Hermione tenía que ser justa, si Harry no hubiese sido su amigo desde hacía tanto tiempo, ella sabe que podría estar detestándolo.
— ¿Podrías hacerte cargo de Scorpius, Luna? No te dará mucho que hacer. Duerme todo el tiempo.
—Por supuesto, Hermione.
Salió del cuarto y caminó escaleras arriba. En el ático se escuchaban los gritos de ambos hombres y junto a ella subió Theodore y las detuvo antes de que pudiera entrar a la estancia de donde provenía el estruendo.
— Será mejor que no te metas, Granger. Potter está muy susceptible y podría hechizarte por accidente.
Hermione frunció los labios pero no entró, pese a que los gritos cada vez están más fuertes.
— ¡No me importa una mierda, Potter! ¡No voy a volver a esas malditas misiones, ni Blaise, ni Nott! Ellos no son tus condenados esclavos. ¡Para seguir tus órdenes ya está Weasley!
— Te di las condiciones para que tú pudieras quedarte, Malfoy. Ahora me importa un diantre si a ti no te gustan.
Ambos jóvenes fueran del pasillo se sobresaltaron con el estruendo que se escuchó dentro del cuarto, como un montón de cosas reventándose y los gritos de los dos hombres. Theo esta vez no pudo impedir que ella irrumpiera en la estancia y el mismo se adentró en ella cuando la vio quedarse estática y perdiendo el aliento.
Malfoy y Potter estaban en una esquina del ático y Harry mantenía las manos apretadas en el cuello de Draco y este a su vez las tenía en el cabello negro del mago.
Theodore caminó hasta ellos separándolos. Blaise entró sin que Hermione notara su presencia y agarró a Draco.
—Vas a pagarlo, Potter— escupió el rubio— si a ti no te place cuidar de tu maldita mujer y de tu bastardo hijo, a mí sí.
Harry estuvo a punto de romperle los dientes pero Theodore lo detuvo y Blaise se alejó de él, guiando a Draco fuera de la habitación, deteniéndose junto a Hermione.
La castaña le acarició el cabello y le besó los labios suavemente antes de que Blaise lo hiciera bajar las escaleras y finalmente se perdieron en la casa. Hermione se giró mirando a Harry con dolor y decepción.
— ¿En qué te has convertido, Harry? ¿Qué fue lo que hizo esta guerra contigo?
Ella no esperó a que le contestara, sino que se marchó dejando atrás a los rastros de un muchacho que parecía ya no ser lo que solía.
...
Draco no esperó muchos días para reclamar con su boca el cuerpo de Hermione. La tenía recostada contra la cama, con su pecho y vientre desnudos, acariciando una de las montañas de su piel mientras exploraba su boca con la lengua. La escuchó gemir cuando una de sus manos descendió hasta el borde de sus bragas y empezó a jugar con los risos de su entrada.
Hermione empezó a deslizar sus manos por el torso firme y desnudo de Draco, y luego las metió en el pantalón de chándal, y manoseó sus nalgas abriendo ella misma las piernas para que la caricia que él le daba fuera más profunda y porque así también lo rodeaba entre su cuerpo.
—Oh, sí...— susurró ella arqueando la espalda y una de sus manos apretó una nalga blanca mientras la otra frotaba con la palma sus testículos. Draco jadeo sobre su boca y movió la cadera en busca de más contacto. Hermione sonrió agarrándole la polla firme y sedosa y con sólo la yema de sus dedos, comenzó a deslizarlos de arriba a abajo. Al frente de Draco se perló de sudor y respiraba entrecortado. Gimió cuando toco la entrada de la vagina tan húmeda y caliente y adentro un dedo en ella, moviéndolo en círculos lentos y eróticos. Hermione gruño moviendo sin poder evitarlo las caderas sobre la mano de él. Draco la miraba con la boca entreabierta y los ojos velados en la expresión más sensual que ella jamás había visto y le lamió los labios antes de cogerle de las nalgas con ambas manos y acercarlo a ella. Pero Draco aunque sacó los dedos de su vagina y los lamió, puso los brazos a ambos lados de su cara y sólo meció su glande contra ella, sin entrar y Hermione lo rodeó con las piernas desesperada por contacto. Él bajó la cara hasta los pechos de ella y sacó la lengua, lamiéndolos lentamente, succionando la piel alrededor del pezón y masajeándolos con una mano. Hermione apoyó los pies en la cama y jadeando escandalosamente movía su cadera en busca del contacto que él estaba negándole. Draco rió divertido de su agonía y puso una mano sobre su vientre impidiéndole que pudiera seguir balanceándose así. Hermione se detuvo pero lo miró con suplica y él agarró su miembro y empezó a frotarlo contra ella y fue toda la cordura que ella pudo conservar.
Maullando desquiciada, Hermione se estremeció por completo agarrando las sabanas en sus puños y casi gritando de placer. Draco frunció el ceño y abrió la boca grande aunque aguantándose para no gritar y su pene reclamó el espacio que le pertenecía, ajustándose a su apretada cavidad a medida que se adentraba en ellas.
Draco puso los labios sobre la boca de ella y gruñó un improperio. Hermione lo abrazó con todo el cuerpo y empujó sus caderas hacia arriba recibiéndolo gustosa.
—Dios, te sientes delicioso— susurró Malfoy con la voz ronca de placer y moviéndose como a ella le gustaba que lo hiciera, haciéndola gritar cuando toco el cuello de su útero— encajas perfecto.
—Eso es... porque tu pene... es sólo... muy grande...— le respondió moviéndose de forma circular estimulando su punto G.
—Oh, Granger — masculló en su oreja— tu cuerpo fue hecho para el mío— le agarró de la cintura y empezó a moverse más rápido— escúchalo, Hermione. Este es el sonido de mi cuerpo golpeando dentro de ti. No lo olvides...
—Tú no permitiría que lo olvide ¿no es así?
—Sí... justo así.
Un estremecimiento le sacudió el cuerpo, Malfoy estaba tocando una parte jamás antes explorada y que ella ni siquiera sabía que existía.
— ¡Oh, Draco, ahí! ¡Dale ahí!
— ¿Aquí?
— ¡Ah! ¡Ah! ¡Ahí! ¡Sí, por Merlín, sí!—se agitó entre sus brazos, acariciándole todo el cuerpo— ¡Voy a venirme, Draco!
—Espérame Granger... no te atrevas a venirte sin mí.
Draco le agarró la mano y de pronto todo empezó a estallar. Draco se movía como un torbellino y ambos sudaban a mares.
— ¡Por favor! —Suplicó ella—Sí... más duro ¡Más! —Su cabeza y ojos rodaron dementes— ¡Dios, sí!
Malfoy cayó sobre su pecho derramándose todo dentro de ella, sintiendo las contracciones de ella succionar todo lo que tenía para dar y empezó a cerrar los ojos satisfecho y sintiéndola relajada bajo suyo, sus piernas aún lo envolvían y no quería salirse de allí.
Hermione acariciaba la espalda de él sin apuro, con una suave sonrisa somnolienta en su cara y lo sintió quedarse dormido en su vientre, poco después también ella se durmió.
...
— ¡Draco!— sintió que le sacudían el hombro— ¡Draco despierta! ¡Escúchame!
Malfoy despegó uno de sus ojos gruñendo sin querer moverse, pero se quitó de inmediato cuando vio que seguía sobre Granger, asfixiándola muy seguramente.
—Lo siento, estaba aplastándote— susurró volviéndola a abrazar a su lado.
—No, no es eso— le dijo ella en tono de preocupación— Nosotros... no usamos protección. Dios, yo no podría tener otro bebé ahora, Draco.
Malfoy la miró largamente hasta hacerla sentir un poco incómoda y luego le acarició la cara con expresión culpable.
—Cuando nació Scorpius casi te pierdo— su expresión era muy sería— Sin embargo, Luna hizo todo lo que tuvo a su alcance para salvarte— ella frunció el ceño confundida del rumbo que estaba tomando la conversación— pero, ella tuvo que hacer procedimientos contundentes para poder salvarte, Granger— él miró a la chica con los labios temblorosos— No podrás concebir más hijos. Tu cuerpo resultó inhabilitado para eso como consecuencia del parto.
Hermione se quedó estática, sin reaccionar, mirando al vacío. Poco a poco se hizo un ovillo en la cama, aún sin decir nada y Draco tampoco dijo nada, se limitó a abrazarla porque era lo que ella necesitaba. Pero después de treinta minutos, el cielo todavía oscuro y la madrugada helada, ella se levantó de la cama despertándolo a él del duermevela en el que se encontraba y la vio perderse en el baño. Escuchó la ducha encendida y se levantó preocupado por la reacción silenciosa y trágica de la castaña.
La encontró bajo el chorro de agua, sin moverse, de espaldas a él.
— ¿Deseabas mucho tener más hijos?
Ella negó la cabeza después de un rato.
—Supongo que no, yo no pensaba muy seguido en ello. Creo que de hecho lo pensé tan sólo cuando me enteré de que Scorpius estaba en camino. Pero... ni siquiera podré elegir si eso es lo que quiero. No voy a tener la mínima oportunidad de hacerlo.
Draco suspiró frustrado y sin saber qué decir para confortarla. Ni siquiera podía saber con exactitud lo que ella estaba sintiendo, aunque supone que es parecido al vacío en el estómago que él también experimentó.
— ¿Querías tú tener más hijos?— le preguntó ella y ésta al instante deseó no haber formulado la pregunta en cuanto la hizo. Si él quería tener más hijos no iba a significar un problema. No es que él fuera a casarse con ella o estar a su lado el resto de la vida.
—Tampoco pensaba en ello... aunque supongo que ser hijo único aburría un poco.
Ella asintió y tomó el champú del suelo y vertió un poco en su mano.
—Voy a darme una ducha— anunció dejando claro que quería que él se fuera y comenzó a restregar el gel en su cabeza. Draco vaciló si irse o no, pero finalmente decidió que ella necesitaba su espacio para afrontarlo.
...
Malfoy miró de reojo a Hermione desde la mesa larga del Grinmauld Place. Ella estaba callada y con los ojos perdidos en la nada mientras todos hablaban de emboscadas y movimientos que querían proceder para ganar un poco más de territorio seguro. Pero él no podía concentrarse cuando ella misma parecía estar en otra parte muy alejada de allí. Potter estaba hablando de él, le escuchó decir algunas cosas junto con su apellido, pero no le apetecía escucharlo en lo más mínimo. Vio a Lovegood acercarse al lado de la castaña y entregarle una taza de té aromático, pero Hermione lo rechazó, Draco sabía que algo estaba mal, el té aromático de menta y vainilla era el preferido de Granger, jamás lo rechazaba. Poco después ella se levantó provocando que esta vez todos la miraran y se marchó del cuarto. Draco también se levanto para ir tras ella pero Potter lo detuvo.
—No hemos terminado de ponernos de acuerdo. Tenemos que repartirnos para lograr abarcar más territorio...
—Me vale un knut tus malditas reuniones. De todas maneras vas a colocarme donde a ti se te dé la gana. Haz lo que quieras, Potter.
Draco se marchó buscando a la mujer a pasos silenciosos. La encontró en un cuarto con Scorpius en sus brazos y con Melody observándola amamantarlo dulcemente. La niña lo vio llegar y no dijo nada pero se quedó observándolo mientras que Hermione parecía no haber notado ni un poco su presencia, seguía con los ojos perdidos en el cabello cenizo de hijo. Melody caminó hasta la puerta, donde él estaba apoyado en el marco.
—Algo no está bien con ellos— declaró antes de marcharse de la habitación. Malfoy miró a la niña hasta que se perdió en un pasillo y luego regresó los ojos a la mujer. Hermione miraba ahora la ventana, con Scorpius apoyado en su pecho mientras le daba ligeros golpecitos en la espalda.
—Granger— la llamó esperando que ella se dignara a dirigirle la palabra, pero eso no ocurrió. Malfoy se acercó a ella pero ella se levantó y dejó al bebé ya dormido sobre la cama, en la que acomodó almohadas que sirvieron de barrera para que el niño no se cayera.
—Granger— volvió a llamaría al ver que se quedó parada frente a la cama de Scorpius y comenzaba a tambalearse. Draco le agarró un brazo para hacerla girar, pero justo cuando lo hizo, las rodillas de ella se le doblaron y sus piernas le fallaron haciendo que casi se golpeara contra el suelo de no ser porque él la agarró a tiempo y lo evitó. Hermione lo miró con la cara pálida y los ojos desenfocados.
—Granger— la abrazó— ¿Qué sucede?
Ella apoyó la frente en su pecho respirando profundamente.
—No sé... cargarlo un tiempo me agota, cuando le doy comida es como si me robara todas la energía... lo siento, estoy muy cansada... creo que me voy a desmayar.
Y lo hizo. Draco la recibió en sus brazos y las llevó hacia el extremo de la cama que su hijo no ocupaba para dejarla dormir tranquila.
Hermione estuvo descansando todo el día y a Malfoy no le quedó de otra que hacer lo que ella hacía para cuidar de Scorpius, aunque se negó rotundamente a ayudar a la señora Weasley con la comida o cualquier otro quehacer que le obligara a abandonar la habitación por mucho tiempo. Pudo confirmar lo que ella le decía acerca de su hijo.
Empezó a cabecear somnoliento con su hijo en brazos y no tenía más de diez minutos de haberlo agarrado después de su siesta. Le cambió el pañal y los momentos en que lo mantuvo en la mesa pañalera su pesadez no aumento, pero en cuanto lo levantó, el sueño regresó de una manera inexplicable. Se acostó en la cama con el bebé apoyado en su pecho y después de un rato, los tres yacían dormidos.
…
—Él está perfectamente sano— declaró Luna haciéndole las últimas revisiones al pequeño. Tanto Granger como Malfoy no ignoraron el bostezo que lanzó Theodore —quién sostenía el bebé frente a Luna para que lo revisara— Pero la fuerza magnética de su magia es impresionante. Creo que ni siquiera un mago viejo, experimentado y poderoso cuenta con una de tal magnitud. No sé hasta qué punto pueda afectarle a él (realmente no creo que le afecte para mal) pero sí para los que le rodean.
— ¿Pero cómo se supone que voy a cuidarle, Luna? No puedo cuidarle si me muero.
Draco la miró con hostilidad, pero ella ni siquiera se dio cuenta.
—No te va a matar— sonrió la rubia— pero es posible que si estás muy conectada a él, absorba bastante de tu energía, contando con energía mágica. No va a quitarte tu magia ni a disminuirla para siempre, sólo en el momento en que lo tengas contigo serás más vulnerable.
— ¿Dónde se supone que guarda toda esa energía si no la consume?— preguntó Draco esta vez— ¡Por Merlín, duerme todo el santo día!
—La magia es abstracta, Malfoy. No podemos entenderla del todo y te recomiendo que no lo intentes si no quieres enloquecer.
— ¿Enloquecer como tú?
— ¡No te pases, Malfoy!— masculló Theodore con el semblante cada vez más dormido que despierto. Hermione también le miró mal pero no pudo juzgarlo, estaba pálido como la cal y miraba a su hijo disimulando su angustia.
Luna le pidió a Theo con las manos que le diera al niño y aunque el moreno de primeras se negó, él ya estaba muy cansado, Luna le hizo arrumacos porque era difícil verle despierto.
—Nos quedaremos con él un rato y ya se lo llevamos más tarde.
—No— negó enseguida la castaña— Luna, necesito estar con mi hijo, por favor.
La rubia la miró con desaprobación, necesitaba matar dos pájaros de un tiro.
—Estás teniendo una depresión severa, Hermione. Y estás utilizando a Scorpius para no afrontarla. Tú necesitas descansar, igual que Malfoy. Ahora yo me quedaré con él y te lo llevaré en un rato. No puedes convertir un hijo en un juguete, ni en una dependencia.
A ella le sorprendieron las palabras duras y frías de su amiga y quiso reclamarle porque le había dolido en el pecho, pero se dio cuenta de que Luna tenía razón pero que no le apetecía enfrentarse a nada.
Theodore los llevó de nuevo a la chimenea donde Draco la obligó a entrar y cuando volvió por Luna, Scorpius se había dormido de nuevo y ella miraba lejos con el rostro pálido. Nott frunció el ceño y le quitó el niño de los brazos poniéndolo en el corral que habían improvisado un par de días atrás. La rubia no se había movido del lugar, pero cuando él le agarró el brazo sintió la piel de ella erizada y fría, sus ojos estaban nublados de lágrimas.
—No es bueno lo que le espera a ese niño, Theodore— apoyó la frente en su pecho— el poder que maneja no es buen augurio. Ni las líneas en sus manos.
Theo la abrazó sentándola en el sofá más cercano.
—Deja de torturarte. Tal vez no sea nada, y no pienso sacrificarte a ti para proteger a tu amiga. A ti Scorpius no sólo te agota, Luna, a ti te hace daño tenerlo mucho tiempo cerca. Tú... no puedes manejar tantas energías y menos si son negativas...
—Yo no he dicho que sean negativas...
—Pero no podemos saber si no lo son.
...
En cuanto ambos llegaron a la casa, Hermione se hundió en la cama volviéndose un ovillo dentro de las sábanas. Draco se sentó junto s ella y la observó mucho tiempo antes de hablar.
— ¿Qué es lo que te está matando, Granger? — Se acostó junto a ella— Dime qué es lo que estás sintiendo, no puedo ayudarte si no me lo dices.
—No puedes ayudarme porque ni siquiera yo sé que es lo que me pasa. Sólo déjame dormir. No quiero hablar, no puedo estar sin mi hijo.
Malfoy exhaló frotándose los ojos frustrado y cansado y volvió a mirarla pero ella tenía los ojos cerrados y estaba cubierta hasta el cuello con las sábanas. Tragó con una sensación amarga en la garganta y se frotó las nuca, le pegó a la almohada y volvió a mirarla. En el puente de su nariz se marcaba la línea de la lágrima que se le había derramado y sus labios temblaban a pesar de que los apretaba para evitarlo. Draco sintió un desgarre en el pecho y se acercó a ella abrazándola para darle algo de consuelo. En cuanto la cubrió con su cuerpo ella desató el llanto, sollozando lo más bajo que podía. Draco se agarró el puente de la nariz sintiendo que los ojos le ardían, apretó la mandíbula y sus brazos se afianzaron más fuerte a ella.
—Todo irá bien.
...
Potter no había demorado en ubicar a Malfoy en una zona estratégica de batalla. No había importado lo mucho que Hermione le había suplicado que no lo hiciera, tampoco le importó que precisamente ese día les hubiesen dado información acerca de que habrían mortífagos cerca de allí.
Era el tercer té que se tomaba esa noche y tenía que parar. Después de que durmió a Scorpius en su cama, Hermione entró en la bañera llena de agua cálida y perfumada en la que pretendía relajarse aunque quizá no iba a tener mucho éxito, la cabeza le dolía tanto que sentía que de un momento a otro iba a explotar.
Cerró los ojos masajeándolos y tratando de respirar lo más calmado posible.
Caminaba por un sendero ancho de pasto muerto, rodeada de rosales. En sus brazos llevaba a su hijo, aunque no se sentía especialmente cansada, al menos no físicamente. Sintió en sus pies algo que se deslizaba y vio una serpiente pasar entre ellos ignorándolos, como si fuesen un árbol cualquiera. Pero, después de esta, miles de serpientes se acumularon pasando unas encimas de otras y tirándola al suelo en el proceso. Una de ellas se enroscó en su brazo y su cuello, pero no parecía una amenaza, sino una caricia. Pero de repente, las rosas que los rodeaban se convirtieron en fuentes de sangre, ahogando las serpientes y deshaciendo el suelo. La serpiente en su cuello reveló sus colmillos venenosos y clavó los dientes en la cara de su hijo. Hermione gritó de terror sin poder hacer nada pero cuando se fijo en la cara de se bebé ya no era más él, sino que el cuerpo de Draco yacía tendido en su regazo, herido en todo su cuerpo con rasgaduras profundas de las que brotaban ríos de sangre muy oscura, casi negra.
El llanto de Scorpius la despertó de golpe, desorientada tomó aire. Se había quedado dormida dentro de la tina, donde pudo haberse sumergido y morir por accidente. O tal vez exageraba. Los sollozos de su hijo volvieron a sus oídos y sin el menor cuidado salio de la bañera, desnuda y con agua todavía jabonosa en su cuerpo y agarró una toalla y se secó a medias poniéndose luego una enagua ancha y blanca. Scorpius lloraba incansablemente y el corazón de Hermione se detuvo, era la primera vez que su hijo lloraba de esa manera. Para ser honestos, era la primera vez que lo oía llorar desde que nació.
Sin saber qué hacer le reviso el pañal, le intentó dar de comer y miró si tenía alguna herida. Desesperada y con un horrible sentimiento de angustia agarró a su hijo recordando el sueño terrible y corrió a la chimenea hasta llegar a Grinmauld Place donde Luna, Parkinson y Nott hablaban en voz baja. Hermione le entregó su bebé a la rubia antes de agarrar a Nott del cuello.
—Dime donde está. Necesito saberlo, Nott. ¡¿Dónde está Draco?!
— ¿Qué demonios te pasa, Granger?
— ¡Dímelo o te juro que no tendré reparo en asesinarte!
Theodore miró a Luna y esta abrió los ojos asustada por el arrebato de Granger y quiso separarla de su chico pero Pansy levantó su varita apuntándo al moreno y habló con furia contenida.
—Abre la boca, Theodore— gruñó— habla de una vez. ¿Dónde demonios están?
Hermione se sorprendió por la actitud de Parkinson, ella nunca se había mostrado capaz de amenazar a uno de los suyos, pero recordó que Blaise también debía estar en el campo de batalla, y ella parecía tolerar muy poco la ausencia del hombre en la mansión Black.
Theo miró a Pansy con el gesto más frío de su repertorio y se levantó sin importarle que Hermione estuviera casi encima de él.
— ¿Acaso se han vuelto locas? Si creyeron que les iba a decir donde están, se equivocaron de persona.
Pansy sonrió con un gesto escalofriante y le arrebató el niño a Luna poniéndolo n un mueble lejano y se volvió a Theodore desarmándolo e invocando la varita para que no pudiera recuperarla. Apuntó a Lovegood.
—Lo siento, Lunática, no es personal. Ahora Theo, dime donde están o tu princesa hoy duerme con los peces.
Hermione abrió los ojos horrorizada ante la amenaza de la morena, Luna se quedó estática pero escuchó a Theodore reír.
—Tú no vas a asesinarla, Pansy. Nunca lo has hecho y dudo mucho que quieras empezar por ella.
Pansy frunció los labios enojada.
—Está bien... no voy a asesinarla. Pero le haré daño. Le dolerá. Así que habla de una vez.
—No te atrevas, Parkinson...
— ¡Dime dónde está Blaise, dímelo ahora! — Theo dio un lado inten mando acercarse pero ella explotó— ¡Depulso!— exclamó apuntando a la rubia y esta salió disparada contra la pared golpeándose en un brazo.
— ¡¿Qué demonios te ocurre, maldita loca?!
Pansy apunto esta vez a Nott para que no se atreviera a tocarla y Hermione no pudo moverse de su lugar, miraba a todos en la habitación sin saber qué hacer. Luna se levantó, el brazo que había recibido todo el golpe estaba muy rojo.
—No puedes llevarlas, Theo. Es peligroso... no tendrán ninguna oportunidad contra ellos.
—Silencio, Lovegood— masculló Parkinson enviándole un hechizo silenciador.
—Basta, Pansy— levantó un dedo apuntándola.
Otro hechizo golpeó a la rubia desplomándola en el suelo inconsciente y antes de que el pelinegro pudiera reaccionar, ella le inmovilizó los pies y levitó a la chica en el aire cerca de la chimenea.
—Puedo quemarle el cabello, un denso o todo el brazo, Theo. Elige.
—Ni se te ocurra, Parkinson— Hermione la apuntó con la varita, aunque su voz se escuchó tan débil que causaba risa. Pansy se rió en burla.
— ¿Crees que tú me lo vas a impedir? No puedes conjurar ni un expelliarmus sin desmayarte.
—Pruébame— susurró y la voz le tembló aún más. Estaba cansada y preocupada.
Pansy en un rápido movimiento se giró y le disparó un conjuro aturdidor que la dejó en el piso desorientada. La pelinegra volvió su atención a la rubia y dejó que un mechón de cabello se le rostizara en el fuego.
— ¡Pansy!— Nott se tambaleó inútilmente sobre el hechizo. Pansy le miró.
—No me obligues a hacer esto, Theo. No quiero hacerlo. Al final te haré daño a ti, a Lovegood y a mí misma.
—Te diré— gruñó después de un minuto, cuando la mano de Luna se encontraba peligrosamente cerca del fuego— suéltala.
—Dímelo primero.
—Están… en Hogsmade… no irán solas ¿oíste? Iré con ustedes.
Pansy vaciló unos instantes, bajó a Luna en un mueble y la despertó con un enervate, y apuntó a Theo.
—Finite Incantatem— Nott caminó hacia donde Luna aterrada observaba a la morena y verificó que el fuego no hubiese tocado su cara o sus manos.
—Maldita desquiciada— le acarició las puntas quemadas de su cabello, se giró hacia Pansy mirándola con profundo rencor, la morena apretó los labios sintiendo la dureza de sus ojos y no pudo sostener la mirada.
— ¿Vas a llevarnos o nos vamos solas?
Hermione, Pansy y Theo aterrizaron sobre el asfalto cubierto de nieve en un sector vacío del pueblo, las chicas miraron a los alrededores, pero no encontraron nada. Pansy se enfrentó bruscamente del muchacho.
—Aquí no hay nadie ¡Maldito mentiroso!
Él no dijo nada y también observó el terreno adyacente.
— ¿Creías que iba a llevarte al ojo del huracán? No estás ni siquiera…
Un estallido seguido por gritos de horror y relampagueos de maldiciones lo interrumpieron. Los tres se tiraron al suelo.
— ¿Qué demonios…? ¡No se supone que estén aquí!— Theo respiró muy rápido— Tenemos que irnos… no es seguro.
—Olvídalo— susurró la morena, pero antes de que ninguno de los dos reaccionara, Hermione se levantó y comenzó a correr a través de la calle cubierta del manto blanco del invierno y cubierta sólo por la enagua blanca que dejaba expuesta su piel ante el frío paralizante.
Ni Theo, ni Pansy pudieron detenerla, la morena ni siquiera lo intentó sino que se unió a su búsqueda y pronto los tres se encontraron un escenario barbárico y sangriento, separados tan sólo por un árbol delgado junto a una casa vieja.
La multitud de aldeanos, de guerreros de la Orden del Fénix, y de Mortífagos, se batallaban uno a uno en una lucha a muerte. Hermione miraba en todas direcciones con ojos ávidos buscando a Draco. Su corazón dio un vuelco cuando vio una cabellera plateada que luchaba contra un encapuchado dándole a ella la espalda y sus piernas reaccionaron antes que su cerebro y se echó a correr en medio del caos, con el pecho ardiéndole de fatiga y frío, el vapor que salía de sus labios al exhalar le nublaba la visión.
Intentaba correr más fuerte pero los músculos le ardían, estaba demasiado lejos. Se apresuraba sin quitarle los ojos de encima y en un momento dado, él recibió una luz verde que lo hizo estremecerse en el suelo mientras se hacía un ovillo. Hermione vio horrorizada no sólo el dolor físico que le estaban causando, sino que más atrás, dos licántropos hambrientos se acercaban al joven desvanecido en el suelo.
—No, Draco, no— susurró corriendo a todo lo que sus piernas daban —No, por favor— suplicó cuando las criaturas monstruosas estaban a sólo unos pasos de él— ¡No!— estaba a quince metros, un poco más y podría…— ¡No!— gritó cuando los dientes afilados le agarraron los brazos, estaba tan cerca, podía casi escucharlo gemir.
Una explosión de sangre negra aconteció frente a sus ojos. La mandíbula de uno de los licántropos se cerró en torno a su cabeza y mordió matándolo al instante. Los brazos volaron de su cuerpo y su enagua antes blanca fue tintada de dolor.
— ¡NO!— Gritó fuerte y prolongadamente, un aullido sobrenatural desembocó en su garganta, era más agudo que la voz de cualquier humano, era casi imposible. Todos los poseedores de la marca tenebrosa gritaron de dolor tapándose sus oídos mientras el grito continuaba.
Todos excepto tres jóvenes tatuados que meses atrás, después de no haber acudido a ningún llamado que la ardiente y dolorosa calavera les había ordenado dejaron tenuemente de sentirla hasta que desapareció el dolor. Ellos miraron perplejos la mujer bañada de sangre que se había tirado al suelo tapando con fuerza sus oídos y los ojos apretados y por alguna explicación, los oídos de los partidarios del lord Oscuro empezaban a sangrar.
—Es Granger— murmuró el moreno y junto a él, uno de ellos comenzó a correr hasta la muchacha— El hombre al que desmembraron es…
Hermione detuvo el lamento y tomó aire gritando y llorando entrecortadamente.
— ¡Draco!— gimió en voz baja sin abrir sus ojos y hundiéndose en la húmeda nieve, golpeando su cabeza— ¡Draco…!
— ¡Granger!— Malfoy se acercaba a toda velocidad— ¡Granger!
Ella no lo escuchaba y cuando él llegó a su lado vio el motivo de su estado: No sólo había visto un horrible asesinato, sino que ella pensaba que quien estaba muerto era él. Le agarró las manos y se las separó de sus oídos luchando contra ella, Hermione estaba tensa y no escuchaba nada ni a nadie.
— ¡Granger mírame!
No lo hizo. Hermione seguía gritando, llorando y exclamando su nombre en lamentos. Draco la abrazó fuerte antes de desaparecerse del lugar.
Aterrizaron con un golpe doloroso a unos metros de su casa protegida.
— ¡Hermione, mírame!— exclamó agarrándole la cara, ella tenía los ojos abiertos pero era como si no estuviera ahí, sollozaba desconsolada, las lágrimas, la sangre y el lodo se mezclaban en su cara. Él la condujo al interior de su hogar, la llevó a una habitación murmurando su nombre.
—Tienes que mirarme, Granger— le quitó la vestimenta sucia y se quitó su camisa, ella no llevaba nada por debajo y la piel la tenía de gallina, le cubrió con la colcha que se arrugaba en el suelo de la habitación e intentaba hacerla reaccionar— ¡Háblame! ¡Por favor! ¡Estoy vivo con un demonio! ¡No era yo! ¡Ése no era yo!
Hermione se quedó quieta, mirándolo con ríos fluyendo de sus ojos y él creyó que lo reconocía, pero se dio cuenta de que ella se estaba tornando violeta. No estaba respirando.
— ¡Merlín!— gritó desesperado— ¡No hagas esto, Granger, por favor! ¡Por favor, respira!— se desesperó, le agarró las mejillas y le besó la boca— ¡Respira, por amor de Dios!
Las piernas de ella se doblaron lentamente hasta que quedó sobre el suelo, él le sostenía los hombros zarandeándola cada vez más brusco sin saber qué hacer.
—Mírame, por favor— suplicó él. Hermione dejó vencer las fuerzas de su cuerpo y se dejó caer hacia adelante sin dejar de lamentarse y susurrar el nombre de él como un mantra. Draco le acarició la espalda— Calma… tranquila…— ella se durmió (O bien, se desmayó) y mientras él la acomodaba en su cama y se anotaba rápidamente que debía verificar si Scorpius se encontraba allí y a salvo, Theodore, Pansy y Blaise entraron a la casa y seguidamente al cuarto de ambos. Draco miró al primero con rabia profunda y burbujeante en la sangre.
— ¿Cómo demonios ella, Pansy y tú llegaron ahí?
Él se disponía contestar, pero Pansy le interrumpió.
—Ha sido mi culpa… yo le obligué a llevarnos… de todas formas, Theo pensó que ustedes no se encontraban ahí.
—Explícame ahora tú eso, Malfoy. Yo las llevé ahí para que esta infeliz dejara de enfrentarse con Lovegood. Pero resultó que ustedes SÍ estaban en ese maldito lugar.
—Potter siguió las pistas y nos obligó a movilizarnos ahí. El muy idiota se metió de cabeza en una trampa y explotó un conjuro que hizo estallar una alarma. En treinta segundos estábamos rodeados y los aldeanos que se encontraban en el motel que el conjuro derribó se unieron a la lucha.
— ¿Cómo está ella?
—Creo que está segura de que morí. No he podido calmarla antes de que se durmiera, no escucha, sólo llora.
—Está impactada por lo que vio… es lo más normal…
— ¡NO SE SUPONE QUE DEBÍA VER ESO!— la rabia emergió de su alma— ¡No se suponía que tenía que estar ahí, VIENDO UNA HIJA DE PUTA MASACRE!
Granger se removió en la cama, gimiendo de angustia y Malfoy la miró con los ojos abiertos y arrepintiéndose de haber gritado tan alto.
Caminó hacia el otro cuarto y vio vacía la cuna de su hijo, el corazón le dio un vuelco y se giró paranoíco regresando a la habitación.
— ¿Dónde está…?
—Lo tiene Luna— murmuró Theodore sin apartar los ojos de Granger. La chica se removía como si alguien la torturara, seguía llorando aún dormida— Puede quedarse hoy, no me importará. Quédate con Granger, vigílala.
El moreno se marchó y Pansy, que había estado callada un rato, la agarró la mano.
—Lo lamento, de verdad. Pero tanto ella como yo necesitábamos saber si les había ocurrido algo.
Draco no dijo nada porque si hablaba iba a destrozarla con su lengua venenosa y se limitó a mirar a la cama. Blaise le dio una palmada en la espalda antes de marcharse con Parkinson.
…
—Ella está en un terror post-traumático — declaró la señora Weasley después de haber examinado empíricamente a Hermione, la castaña seguía sin reconocer a Draco aunque él le hablara en los labios. Aunque realmente, no hablaba con nadie, ni escuchaba a nadie más que no fuera las necesidades de Scorpius— Además… ella tuvo una leve depresión post-parto que empeora la situación. Tendrás que ser paciente querido… al menos hasta que encontremos los calmantes adecuados… no me arriesgo a que Luna o Theodore preparen algo para este tipo de… traumas.
—No quiero que la atiborren con medicamentos para locos. Ella no está loca— se negó rotundamente y de inmediato— ella saldrá de esto.
La señora Weasley acarició el cabello de Hermione que estaba atado en una trenza. La muchacha miraba la pared con los ojos perdidos, sentada en una silla junto a la cuna donde dormía su hijo, esperando sólo hasta que él despertara para cuidar de él.
Molly se marchó después de que vio inútil convencer a Draco de tratarla con medicamentos —realmente a ella tampoco le parecía estrictamente necesario hacerlo de esa manera, sino de la tradicional, con el tiempo— y Malfoy se sentó en la cama masajeándose las sienes con los dedos. Hermione caminó hacia la cama y por un momento él creyó que tal vez había reparado en su presencia, pero no. Ella se acurrucó entre las sábanas y cerró los ojos abrazando la almohada en la que él se apoya, acariciándola y oliéndola.
—Draco— su voz se quebró. Él la miró con un nudo en la garganta durante varios segundos antes de recostarse tras ella y abrazarla en cucharita. Todo lo que necesitaba era ella, y ella le necesitaba a él.
…
¡Hola! ¡Uff! ¡Creía que no actualizaba nunca!
Bueno tengo algunas cositas que decirles y es que como ya algunos saben, me he graduado del bachillerato y he tenido la dicha de ganarme una beca en una de las mejores universidades de mi país, la mejor en mi ciudad y en mi región, así que se imaginarán el montón de papeleo que tuve que hacer desde antes de ganármela y después también. Además de que empecé clases la misma semana que me dieron la beca así que he estado atareadísima con un montón de lecturas y trabajos que nos han dejado desde que entramos, así que cada ratito que tenía sacaba mi celular —al que le descargué una app de Microsoft— y me ponía a escribir lo más que me dejaban los cortos descansos.
¡En fin! Me alegra estar de vuelta y brindarles este capítulo que me ha llevado semanas enteras armar. Por favor, si hay algún error ortográfico o gramatical discúlpenme, es mucho más complicado cuando la mitad la haces desde un celular y la otra mitad desde el pc, y además si no tienes tiempo de leer para corregir, pues peor, es un desastre. Oh, y si alguien se pregunta, pues estoy estudiando Ciencia Política y Gobierno (Aunque no se dejen engañar, eso no significa que vaya a ser una política en el futuro, de hecho eso no es en lo que me quiero enfocar, aunque bueno… ¿quién sabe, no? No digas nunca de esta agua no beberé.
Un beso y los adoro.
