Fic
Los chicos de Candy
Por Mayra Exitosa
Capítulo XXI
Una enfermera
- Buenas tardes. Un hombre alto serio y con lentes obscuros saludaba a Candy entrando sin tocar a su consultorio, con la manera de ser al estar estudiando un caso, ella se levanto tranquila, lo vio extrañada, al ver que no se quitaba los lentes.
- Buenas tardes, ¿en qué le puedo ayudar? El sonrió de lado, pensando que con esa mirada y esa dulce voz, podría ayudarlo en muchas cosas, pero ahora lo primordial era su pequeña y si ella podría llevarlo con la Dra. White, sería más tarde que buscaría acercársele.
- Disculpe, enfermera. Busco a la Dra. Candy White. Ella soltó la boca, con que tenía apariencia de enfermera, si supiera que el tenía apariencia de borracho levantado a fuerza de su cama para venir a buscarla.
- Soy yo.
- ¿En serio? Pero si es usted una…
- Le he dicho que soy yo. Mejor ahorre sus comentarios, que las apariencias engañan y estoy segura que usted no debe estar ebrio, ni le molesta el sol. Terry se quito las gafas obscuras, con una sonrisa enorme al ver la decisión de la doctora y como le contestaba, este tomo todo sus recursos, ante todo lo que tuvo que pasar desde que entraba al hospital, con esas mujeres tras de él.
- No quise ofenderla, doctora. Sus enfermeras me vienen siguiendo, y de verdad me urge hablar con usted.
- Ah, ya. Es usted el padre de Susy Grandchester, mi pequeña y futura paciente, pase, aquí no lo molestaran… ¡Su alteza! En ese momento Terry se quedo frío, que le había hecho para que le hablara así, ya no iba a operar a su hija. Tomo asiento al ver que ella prendía las luces tras de ella, poniendo varias hojas de la pequeña caja torácica de Susy. - Bien, el Dr. Britter, me adelanto todo sobre mi pequeña paciente, si todo sigue como hasta hoy, la tendré este fin de semana internada, el lunes intervendré la primera incisión, haremos un movimiento para que todo salga correctamente, si mis planes funcionan, le garantizo que Susy estará este año en el colegio como si nada.
- Esta usted completamente segura.
- Por supuesto. La vida de mi pequeña paciente no es para bromas, la tecnología ha avanzado mucho, si fuese esta operación hace un año, no podría hacerse, el día de hoy puedo garantizar, que Susy saldrá corriendo de aquí, es un mal congénito, o lo padeció la madre o el padre se hereda directo del progenitor.
- Debió ser su madre, ella falleció al nacer Susy.
- Si, ya estuve investigando los expedientes y envíe una solicitud de información a New York, pero me es imperativo asegurarle que, no es heredado de su madre, este detalle es directo del padre, usted debió padecerlo y ya fue intervenido, supongo.
- Doctora, lo que acaba de decir es muy serio. Le suplico discreción con este asunto en particular, Susy es mi hija. Y lo será siempre…
- No he puesto en tela de juicio su paternidad, señor Grandchester. Ahora comprendía todo Candy.
- Pero en este momento, sin querer lo ha descubierto, Susana Marlow, me confesó que no soy el padre, pero no me dijo quien lo era, murió sin ver a su hijita y… nadie debe saber este asunto, en cuanto termine la operación…
- Lo siento, cuente usted con mi discreción.
- Cuanto me costará su discreción.
- Me está ofendiendo, Señor Grandchester, le he dicho que cuente usted con mi discreción, tuve que investigar los datos de su progenitora para saber a que me enfrentaba, mi prioridad es la salud de Susy, comprendo su sentimiento y su aprehensión, pero usted debe confiar en mi, y eso no le costará tanto en cuanto la pequeña siga saludable y feliz.
- Perdone, no quise ofenderla, no fue mi intención, llevamos años tratando de que Susy tenga una vida normal, ella se ha vuelto parte de mi vida…
- Ella siempre será parte de su vida, todos los niños requieren del amor de sus padres, y usted es el padre de Susy.
- Gracias, Dra. White. Terry volvía respirar tranquilo. En eso tocaban la puerta y un doctor entraba.
- Candy, esto es un infierno, todas están como locas buscando al imbécil del actor ese. Terry se levantó de su asiento, poniéndose frente a Edward, al escuchar su expresión, este apretó la boca y se aguantaba las carcajadas. Lo había encontrado y ofendido al mismo tiempo. Candy por su parte soltaba las risas pensando en cómo sacar de ese lío a Edward y comentaba.
- Discúlpelo Sr. Grandchester, el sabía que estaba usted aquí, solo estaba jugándome una broma, para hacerme molestar, piensa que voy a correr tras de usted por un autógrafo. Que no le cobraré ni un solo dólar por operar a su hija y que me tatuare su nombre en mi pecho izquierdo, como aseguró una de las enfermeras que lo admira a usted.
En ese momento Edward se quedo serio, al imaginar a Candy con un pecho tatuado, y Terry giro bruscamente viéndola a sus ojos, haciendo una sonrisa avergonzado por lo que una fanática haría por admirarlo. En seguida le dio la mano a Edward, presentándose con él
- Grandchester, Terrance Grandchester, ¿usted debe ser el enfermero que está loco por la doctora White? Sutilmente le había devuelto el mal comentario, pero Edward al quedarse viendo a Candy y bajando la mirada, se sentía descubierto y Candy lo notaba, aclarando el detalle.
- El es el doctor Edward Miller, cirujano plástico, lo mande llamar para que después de mi intervención, le borre la cicatriz a Susy, y esta cirugía sea para ella solo un sueño.
- Lo siento, mucho gusto Dr. Miller.
- Discúlpeme señor Grandchester, estas bromas pesadas no debían ser frente a usted. La puerta volvía a sonar y una dama cubierta del rostro junto con una niña en sus brazos, escondida en su cuello, entraban.
- Terry, por favor, no debiste entrar así. La mujer se descubría dejando con la boca suelta a Edward, era la joven que hacía años había pasado una tormenta de nieve frente a él. Terry al ver que nadie decía nada, tomaba a su hija con un brazo y presentaba a Tifany, con ambos médicos.
- Te presento a la hermosa doctora White y al doctor… Mi…ller. Ella giro su mirada, viendo al atractivo doctor rubio, alto y bastante buen mozo, que era Edward.
- Un placer conocerlos. Susy, ellos son los magos que te harán sentir mejor. La pequeña abrazando al cuello de su padre, sonreía abiertamente, al ver a Candy, moviendo sus manos con sus dedos, como si estuviera haciendo magia. Candy sacaba de su cajón un peluche con moño rosa y le decía
- Te traje esto pequeña princesa, y habrá otro mejor cuando termine tu estadía en el hospital. La pequeña soltaba a su padre y extendía los brazos a Candy, Edward al ver que todos estaban en la niña, trataba de componerse volviendo a la realidad, tomaba del regazo de Terry poniéndola de pie en el escritorio, le daba un tierno beso en su cabecita y ella buscaba a Candy para tomar el pequeño oso de peluche, devolviéndole una graciosa sonrisa.
- Muchas gracias, doctora. Candy al ver que la pequeña quería abrazarla, ponía su oído en su pecho, escuchando su débil corazoncito. Terry al ver como Susy abrazaba a Candy sonreía al imaginarla junto a él, como la madre de la pequeña, que le haría falta después para continuar creciendo feliz, este agregó juguetonamente,
- Susy, la doctora quiere irse con nosotros después, ¿verdad? ¿Tal vez a cenar?
- Imposible, en este momento tres caballeros elegantes y bien portados me esperan. Edward sonreía al saber a quién se refería Candy con sus tres caballeros.
En Lakewood
Albert colocaba el fertilizante para las rosas, trabajaba en silencio en la casa, a lo lejos escuchaba la camioneta de Tom, sabía que era fin de semana, sería su día de descanso y pensaba hablar con el de asuntos serios, es decir, chicas, Rosana y el desaire de su amada. Solo imaginaba que podía pasarse de copas en un bar, lo mejor era que se quedará a conversar con él.
- Hola Albert, te tengo buenas noticias, Candy ya no vendrá este mes, te dejo de nuevo más efectivo, por todo lo que vio la última vez que vino y no te encontró, dijo que le tienes miedo.
- ¿Ah sí? Eso dijo.
- No. Pero van tres veces que viene a verte y no te encuentra, la próxima vendrá y te llamará antes. Porque mejor no vas conmigo a verla a Chicago, iré en dos semanas. El menor de los niños de ella, me llevará a su salón.
- ¿En serio? Dijiste que el menor de sus hijos, no te quería y… comentaste que parece niña, porque no se corta el cabello.
- Que no te escuche tu prima, si lo sabe, me mata Candy.
- Y… mi prima te dijo que me llevarás.
- No, pero si quieres ir a visitarla, estas invitado.
- No estoy de ánimo, creo que… me voy a resfriar.
- ¿de ánimo? Pero qué diablos te sucede, si soy yo el que fue corrido por su novia, rechazado por su familia y… ¡Rosy no me quiere!
- Ahora que le hiciste.
- Sus hermanos la traen contra mi, todo porque aquella vez…
- No me has querido contar lo que pasó, Tom.
- Albert, esto es un secreto entre nosotros. Te lo contaré, con un café y un poco de pan.
- No traje pan y ¿Un café? ¿Qué le paso a mi amigo Tom? Ya dejo de embriagarse.
- Vamos Albert, no estoy de broma. Rosana me rechazó porque piensa que me caso por el incidente aquel… y porque cree que me están obligando sus hermanos.
- Vamos entra y me cuentas.
Tom le comento cuando estuvo la primera vez con Rosana en su casa, como ella pensaba que él estaba muy celoso de sus hermanos, pero en la mañana de ese día aparecieron dos de los hombres que iban continuamente a visitarla y cuando los vio, Tom los sacaba a golpes, desconociendo que no eran amigos de su chica, sino sus hermanos, los seis pelados eran hermanos de Rosana, no se parecían a ella, porque Rosana se parecía a su abuela. Cuando Rosana lo defendía con sus hermanos, después de… supuestamente Tom los había agarrado a golpes.
Porque entonces Tom había salido todo golpeado y Rosana tuvo que intervenir pensaba Albert.
El caso es que Tom se había aprovechado de Rosana según sus hermanos y lo querían obligar a cumplirle, este de inmediato aceptó, pero Rosana no quiso que lo obligaran y se molesto no solo con Tom, sino con sus hermanos, quienes trataron de obligarla, hablando con los otros cuatro y poniéndola en evidencia frente a Tom. Quien aceptaba casarse de inmediato para reparar la falta cometida. A lo que Rosana no aceptaba, recordaba como la maestra del pueblo se iba a casar con el Dr. Peter, por salir embarazada, perdió a su bebe en el tercer mes, y descubrió a su futuro esposo coqueteando con las enfermeras, cuando ella estaba dolida por la pérdida de su bebe. Regresó a Lakewood sin querer saber nada del Dr. Peter, y ya no supieron más de él.
- Pues… creo que debes conquistar a Rosana, asegurarle que la amas.
- Crees que todo este tiempo, no lo he hecho, seguimos viéndonos, nos amamos Albert, pero ella continúa teniendo dudas, no me quiere. Y eso que soy el único hombre en su vida.
- Siempre creíste que tenía a seis hombres más, dudaste de ella desde que la conociste. Me dijiste hasta el cansancio, piensa mal y acertarás, solo pensaba que podrías también decir de mi, que soy un criminal, que soy buscado por la justicia para pagar no se qué tantas muertes y… piensas siempre mal de todos los que te rodean Tom. Heriste sus sentimientos.
- Albert, tengo que convencerla de que ella es solo mía, de que se case conmigo y…
- ¿Y qué?
- Pues eso, que sea mi mujer, que tengamos hijos, que estemos juntos hasta que seamos viejitos. Hacer a mi padre por fin abuelo.
- ¿Y ella, Tom?
- Ella me tendrá a su lado para lo que quiera, toda su vida.
- Estás seguro, la ultima vez saliste herido de un atentado en el banco de las afueras de Chicago, ella dejo su ciudad por una vida tranquila, sus hermanos son… ¿soldados, dijiste?
- Dos de ellos trabajan para el FBI, los otros dos son soldados y… su padre también lo fue, además porque me acepto en su cama, he sido el único hombre en su vida.
- Y te acepto, antes de pensar que dudabas de que ella fuera una mujer decente, cuando la pensabas novia o mujer de seis que la visitaban
- Eso no lo sabe ella, Albert.
- ¿Estas completamente seguro?
- No.
- Tom, si ella fuera la mujer que amo, le diría que no hay paz en mi alma desde que entró a mi vida, que llena todos los espacios de mi pensamiento, que cuando pienso en ella, no necesito nada en el mundo, ni comer, ni dormir, solo tenerla a mi lado, abrazarla, amarla y…
- Te pego fuerte. ¿En serio, así amas a tu mujer Albert?
En ese momento Albert pensaba en su mujer, en su mirada y en la tristeza de solo recordarla mirándolo como un gran hombre, que tal vez ya murió para ella.
- Tom, desde que estás con ella, ya no vas al rodeo, no sales con otras chicas, te la pasas en la espera de su regreso del hospital. Dile todo lo que haces desde que ella entro a tu vida, dile que ya no eres el mismo, que cuando sus hermanos te obligaban, realmente estabas deseando que ella aceptara, porque cuando estas a su lado, todo tu mundo es solo ella.
- Crees que si se lo digo así, como me lo dices, acepte ser mi mujer.
- ¿Ya compraste el anillo?
- No. Albert entre cerraba los ojos, pensando en que ni siquiera él lo creía posible. Tenía que ir por todas las vacas juntas, preparado para todo. Si su amor, ya no era posible, al menos ver a Tom, feliz, tenía que ser algo positivo en su vida.
Y va de nuevo... muchas gracias por continuar leyendo, esperemos ser más rápidas en escribir, leer sus comentarios, me anima a continuar este y todos mis fics, muchas gracias.
En las pastas de este libro, no veras belleza externa, lee con cuidado y se testigo, de mi mundo lleno de cosas buenas.
Se quien escriba tan bonito como al principio, dándole continuidad, escribiendo muy despacito.
Un fuerte abrazo a la distancia.
Con sincero cariño
Mayra Exitosa
