Nunca solo, nunca más

Disclaimer: Harry Potter y el maravilloso mundo de J.K. Rowling no me pertenece y tampoco a la autora. Y este fic ni siquiera me pertenece a mí, fue escrito por Bored Beyond Belief, yo sólo hago de intermediaria entre el fic original 'Never Alone Never Again' y éste.

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21. Y comienza

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Es una hermosa tarde. Nubes de tormenta se arremolinan en el casi verdoso cielo. Fugaces destellos de luz iluminan las nubes sobre mí y mi regreso a Hogwarts. No puedo evitar sentirme alegre cuando el viento de la tormenta sopla fuerte, levantando polvo y capas desordenadas de lluvia casi horizontalmente. Un rayo cae no más lejos que el largo de un campo de Quidditch. El estruendo del trueno resuena lo suficientemente cerca como para que sienta la reverberación en mi pecho. Magnífico.

Tengo esperanzas de que ocurra algún tipo de accidente antes que pase la noche. No soy exigente, pero por supuesto mi preferencia sería algún tonto animal del Bosque Prohibido. Después de todo, no hay clases aún. De hecho, la primera cosa que haré en la mañana será explorar el bosque buscando eso precisamente. Los ingredientes son millones de veces más poderosos cuando son alcanzados por los elementos. Árboles caídos y arbustos golpeados por un rayo hacen uno de los más poderosos encantamientos creados. La única cosa más poderosa que el rayo es la esencia de la vida en la sangre, y cuando tienes estas cosas combinadas... Mis palmas sudan y pican, y mi piel cosquillea con anticipación. "¿Quién necesita navidad? Esto es mucho mejor".

Hace casi una década atrás conocí a un Hufflepuff que había sido alcanzado por un rayo y sobrevivió. El muy tonto pensó que sería una buena idea tomar su escoba para ir a dar una vuelta en la tormenta porque era mucho más genial que practicar Quidditch bajo techo. Ah, bueno. El Sombrero Seleccionador no lo había puesto en Ravenclaw por alguna razón. Al final le otorgué excelentes notas y pocas dificultades en mi clase. Él fue más que un dispuesto donador, y un inagotable abastecimiento además, pero desgraciadamente... se ha ido a un oscuro lugar al extranjero, y la verdad su deuda hacia mí fue pagada mucho tiempo atrás.

Suspirando nostálgicamente, me doy cuenta que estoy cerca de Hogwarts ya, sin embargo casi no recuerdo el camino hacia aquí. Un poco desorientador. No suelo perder el rastro de mis alrededores de esta manera. Culpo a Albus. El hombre me ha mantenido en un estado de distracción perpetua desde el comienzo de mi carrera educacional aquí. Carrera educacional. Resoplo ante mi propio humor. Mi baúl aun flota obedientemente detrás mío, y mi hechizo repeledor de lluvia está funcionando bien ya que se ve completamente seco, pero noto por el rabillo del ojo que ciertamente está volando más bajo de lo normal. Frunzo el ceño, acabo de entender que la endemoniada cosa se está asegurando que yo tenga más altura que él.

"Eres completamente reemplazable," le gruño a mi impertinente baúl. Tiene una inteligencia limitada, y la mayoría de las veces nunca lo noto, pero repentinamente me he vuelto conciente que me ha ofrecido como voluntario para ser su pararrayos. Apurando mi paso, puedo escuchar el extraño sonido de la electricidad de un golpe demasiado cercano para mi gusto. No hay duda de que el rayo pasó muy cerca mío, la cortante reverberación haciendo eco sobre el lago, y mi corazón comienza a latir salvajemente. Por un breve momento, me pregunto cuán capaz será Pomfrey de revivirme.

"Si me quedo aquí afuera y me llega un rayo, pero sobrevivo...". Hmmm. Estoy casi a la entrada principal de Hogwarts, y por un momento vacilo. "¿Debería?" Tentador... "Nah," decido cuando otro rayo golpea un árbol por el que había pasado minutos antes. No le tengo tanta confianza a las habilidades de Pomfrey, y maldito Potter de cualquier manera...

El castillo está oscuro y callado, el único sonido audible es el diluvio que me he perdido por segundos. Mientras me apresuro a llegar a mis aposentos y a la decadente paz que es mi laboratorio de pociones, repentinamente siento una presencia. Frunciendo el ceño, me doy vuelta rápidamente, varita lista... pero no hay nada. Quizá es Peeves, pero lo dudo. El fantasma se siente diferente, extrañamente. Soy sensible a tales cosas, e incluso he aprendido que algunas veces la vida... o la falta de ella... tiene señas. He vivido una larga vida no solo por suerte, sino también confiando en mis instintos. Y ahora mismo mis instintos están gritando que algo no está bien. Algo vivo está cerca, y no pertenece aquí.

"'Lumus'," digo, y el grisáceo pasillo por el que estoy pasando se ilumina intensamente, sus tapices reanimándose con la alegre luz. "Urrrgh". Algo naranja y con rayas cruza el pasillo frente a mí, sus garras arañando el piso de piedra, persiguiendo a una mancha gris, sin importarle las armaduras que saltan fuera de su camino. Me quedo mirando sorprendido después después de que las dos manchas gemelas que se marchan. Podría jurar que la mancha naranja se ve como un gato, pero sólo estoy al tanto de que un gato ("o algo así") viva en este castillo; la señora Norris, y ella más que definitivamente no es naranja.

"Ah. En casa al fin". Al decir mi contraseña en voz baja, me tranquilizo a mí mismo al asegurarme que todas mis barreras permanecen intactas alrededor de mi santuario privado. Suspirando satisfecho dirijo mi baúl a su lugar acostumbrado, no molestándome con iluminar mi recamara. La verdad, conozco cada centímetro de este lugar, cada rincón y grieta. Podría guardar libros en la oscuridad si quisiera.

"Severus," llama la voz de Albus desde la oscuridad. Me sobresalto tan dramáticamente que mi baúl choca contra el techo antes de quedarse en su lugar final. Ignoro su leve quejido. "Llorón". Enciendo las antorchas de mi habitación, aun manteniendo la luz tenue. Algo está mal. Su voz está fatigada y triste, y ha estado sentado en mi recamara, claramente esperando por mí, en la oscuridad.

"¿Sí, Albus?" pregunto. Mi boca se ha quedado seca.

"Tengo que pedirte algo. Ciertamente no estás bajo ninguna obligación," dice él. Mi corazón comienza a latir rápidamente, golpeando mi pecho como el de un conejo asustado.

"¿Qué es, Albus?¿Qué ha pasado?" pregunto, pero de alguna forma ya lo sé.

"Es el comienzo," responde, y cuando veo claramente su cara por primera vez, noto cuán rojos están sus ojos, y mi alegría cae en picada. Merlín. Se ve como si hubiera estado llorando.

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Harry estaba sentado hecho un ovillo en el rincón de la sala de estar. Sirius lo había envuelto en mantas, de manera que sólo su cara y su siempre indomable cabello se asomaban. Tenía sus pies arropados debajo de él, y sólo el leve temblor del pedazo de manta que apretaba contra su pecho delataba su presente estado físico. Por lo demás, sus ojos estaban más brillantes y vivos de lo que Remus los había visto en semanas, observando de detrás de sus anteojos divertido la escena familiar desarrollándose frente a él.

"... suficiente! Van a tener que regresar todas las cosas de Harry a la vieja habitación de Percy en este instante. Esto es inaceptable," reprendía rotundamente Molly Weasley a Ron. Remus evadió a los dos combatientes en el medio de la sala de estar con su taza de té y se sentó al lado de Harry frente a la chimenea. Finalmente estaba sintiéndose casi recuperado de la última luna llena. Había sido particularmente difìcil, y él disfrutaba el hecho de que su propia taza ya no repiqueteara en su platillo. Suspirando contento, Remus vio con buen humor la escena que Harry evidentemente también encontraba divertida. Pequeños hoyuelos seguían apareciendo y desapareciendo en las comisuras de la boca de Harry mientras él luchaba por abstenerse de sonreír ampliamente.

"... pero..." trató de interrumpir Ron. Y falló.

"Nada de peros al respecto. Todos ustedes van a poner las cosas de vuelta antes del almuerzo. No puedo creerlo, Ron. ¡Él es tu hermano!" criticó Molly con exasperación. Se había tomado el pelo con un moño suelto, lo que a Remus le recordaba mucho a su abuela, chapada a la antigua y amable. Su rojo cabello se estaba soltando de sus confines y flotaba alrededor de su cabeza locamente como plumas. Así y todo, se veía horriblemente exasperada para ser tan temprano en la mañana. Por supuesto, con cinco niños aun en casa, Remus pensó que era notable que Molly luciera compuesta siquiera.

"No me lo recuerdes," murmuró Ron, y Remus vio que los ojos de Harry se ensancharon. Tuvo que concordar silenciosamente con ese sentimiento. "Mala idea, Ron". La cabeza de Molly se volvió hacia él como un látigo, mirándolo enfurecida, su cabello todavía flotando... muy parecido a las antiguas leyendas de Medusa. Remus sorbió su té antes de que su imaginación se le fuera de las manos.

"No seas mezquino, y no lo hagas de nuevo. Oh, y dile a Hermione que ella no tiene por qué ayudarte, la escuché tratando de disuadirte antes," dijo Molly. Ron frunció el ceño, su cara de un rojo brillante al dar zancadas hacia las escaleras. Remus vio a Ron lanzarle una mirada a Harry, quien veía la exasperación de su amigo. Al parecer Harry estaba bien en la habitación de Percy. Los ojos de Ron se entrecerraron. Claramente él no concordaba con su amigo. Remus sonrió levemente en su taza por el intercambio, y se conmovió por lo protector que era Ron con Harry. Cuando los duelistas regresaron a sus esquinas correspondientes, o pisos en este caso, Remus se volvió hacia Harry.

"¿Cómo te sientes?" le preguntó. Harry sonrió y puso los ojos en blanco.

"Oh, ya sabes. Como si tuviera permanente la maldición de Piernas de Gelatina," respondió él con una mirada irónica.

"¿Cómo estuvieron las escaleras?" Remus había descubierto que dependiendo de lo bien que Harry manejara las escaleras era un buen indicador para cuán funcional estaban sus extremidades.

"Sirius me ayudó bastante," confesó, sus labios torciéndose un poco en un lado. Claramente no le gustaba que tuvieran que ayudarle. Remus se preguntó cuánto de eso era a causa de su niñez. ¿Cuánto más podía ser atribuido a su forzado sentido de independencia, y cuánto era solo evidente orgullo?

"¿Por qué no está aquí abajo?" preguntó Remus. Los ojos de Harry se iluminaron. Estaba claramente complacido con él mismo. "¿Qué?" insistió curioso.

"Le propuse un trato. Le prometí comer cinco pequeñas meriendas hoy, siempre y cuando se tomara otro par de horas para dormir y ducharse," explicó Harry.

"Te pusiste terco,¿no?¿Qué ocasionó eso?" inquirió Remus con una astuta sonrisa, complacido por la negociación que había atrapado a Sirius. Harry todavía estaba apagándose de a poco, y su apetito, aunque aumentó cuando llegó a La Madriguera, era aun demasiado ligero para un quinceañero en crecimiento. Ni siquiera quería imaginar cuánta cafeína había tomado Sirius, forzándose a mantenerse despierto con Harry.

"No es fácil halar con alguien que muestra más sus amígdalas que sus ojos," respondió Harry, y Remus arqueó una ceja en sorpresa. "Ése es un seco comentario. Quizá ha estado pasando demasiado tiempo cerca de Severus."

"Buenos días, Harry," dijo Arthur Weasley al salir de la cocina donde Molly estaba ahora manteniéndose ocupada y se sentó en el sofá con su taza de té y un pastel. "Te ves mejor," hizo notar, y Remus vio a Arthur observar al muchacho especulativamente, sus ojos pensativos al asimilar la sonrisa y las temblorosas manos. Una breve arruga de frente cruzó su cara antes de desaparecer de nuevo en una complacida expresión. "Sutil," notó Remus.

Arthur era un político por naturaleza... sin las tendencias deshonestas. También era el nominado personal de Remus para la santidad muggle, basado en su paciencia con su familia ("especialmente los gemelos") y su carrera, o la falta de ella, y aun así permanecía dedicado a romper la separación y prejuicio entre lo mágico y no mágico, y tratando de ponerle fin a la intolerancia y discriminación basada en las líneas de sangre mágicas.

"Gracias, señor Weasley," respondió Harry. Hubo un incómodo silencio ya que al parecer Arthur quería tener una charla ligera, pero no sabía bien qué decir. Harry debió haberlo percibido.

"¿Cómo está el trabajo?" le preguntó cortésmente, quien casi escupe su té sobre su túnica. Molly asomó su cabeza por la puerta de la cocina. Remus entró en conflicto sobre si sonreír por la respuesta de Arthur o estar horrorizado por ella. Ciertamente no era una buena señal.

"¿Arthur?" preguntó ella, mirándolo con preocupación. Remus arqueó una ceja, y le lanzó una rápida mirada a Harry. La expresión del muchacho debe haber reflejado la suya propia. Harry indicó con sus ojos a Arthur. Remus asintió. "No, eso no presagiaba nada bueno." Harry había interpretado bien eso.

"No pasa nada, querida. Sólo se fue por el otro camino," dijo Arthur entre toses. "El trabajo está bien, Harry. Un poco más... intenso que lo usual, pero fuera de eso..." continuó, y dejó la frase hasta ahí frunciendo el ceño. Sus ojos se movieron hacía Harry, y Remus supo inmediatamente por qué estaban tan reacios a hablar. "Las 'desapariciones' con las que Harry sueña tan seguido. Eso es lo que está pasando en el ministerio". El muchacho pareció darse cuenta de lo mismo, ya que suspiró y se mordió el interior de su mejilla ausentemente.

"¿Van a organizar la Copa Mundial este año?" cambió de tema para el evidente alivio de Arthur. Remus notó asombrado cuán sensible al ánimo de los otros era Harry. Su estómago se apretó cuando se dio cuenta de que probablemente lo había desarrollado como un mecanismo de defensa con los Dursley. "Pero Lily siempre era increíblemente intuitiva también". Remus se permitió tener la esperanza de que no toda la sensibilidad de Harry había sido forzada en él por una dolorosa niñez.

"Todavía están en negociaciones respecto a la locación," respondió Arthur, molestia evidente en su voz. Remus sintió a su curiosidad aumentar.

"¿No es eso dejarlo un poco para último momento?" preguntó después de darle otro sorbo a su té, sorprendido. "¿No debería algo como esto haber sido planeado meses, sino años por adelantado?" Arthur asintió y suspiró.

"El campo de Gringotts se echó atrás, diciendo que no serían capaces de asegurar el evento apropiadamente, así que estamos entrevistando desesperadamente varias posibilidades." Harry lució pensativo por un momento, luego frotó ausentemente su cicatriz. Remus y Arthur se paralizaron, esperando. Después de unos pocos segundos, Harry suspiró y cerró sus ojos por un momento con cansancio antes de arropar su mano nuevamente bajo la manta. "No notó nuestras preocupadas expresiones, o incluso la breve mirada de Arthur y yo compartimos". Harry todavía sentía dolor en su cicatriz. Eso era evidente.

"¿Harry?" preguntó Remus suavemente. Harry asintió y abrió sus ojos nuevamente, sonriéndole tranquilizadoramente.

"Estoy bien, Remus. Lo siento. ¿Qué estaba diciendo?" Harry se volvió hacia Arthur. Molly llegó con una bandeja llena de pasteles y un vaso de jugo de calabaza con una pajilla, la que dejó en la mesa al lado de la silla de Harry. Arthur se vio encantado por respiro, dejando su taza vacía abajo y levantándose. "Hasta aquí llegó la charla ligera," pensó Remus irónicamente.

"Bueno, debo ir a alistarme," anunció a toda la habitación. Molly miró a Arthur con una confundida expresión cuando él se encaminaba escaleras arriba, luego se dio la vuelta y volvió a colocar un plato en el brazo de la silla y puso firmemente el jugo de Harry en su mano.

Remus levantó la vista cuando Hermione descendía las escaleras, sacudiendo su cabeza con una leve sonrisa de exasperación. Ya estaba vestida como si fuera a ir al colegio, con una blusa, falda y calcetas largas, y llevaba varios libros bajo su brazo. "Se toma la imagen de 'cerebrito' de la escuela muy en serio," pensó el licántropo con una divertida sonrisa. Cuando ella le dio vuelta a la esquina después del último escalón le suspiró dramáticamente a Harry.

"Bueno, al menos no hace las cosas a medias," comentó Hermione, dejándose caer en el sofá donde Arthur había estado previamente, sentándose en una muy juvenil postura. A Remus aun le quedaba descifrar de dónde salía la misteriosa tendencia adolecente de ser tan rudos con los muebles en general. El único peor en eso era Sirius, y Remus acalló ese hilo de pensamiento antes que resoplar en su taza.

"¿Cómo así?" preguntó Harry.

"Incluso movió los posters y cambió el color de las paredes," dijo Hermione. Harry al parecer casi se atragantó con su jugo, soplando grandes burbujas al vaso por la pajilla. Pequeñas gotas de jugo de calabaza ahora salpicaban sus anteojos, forzándolo a entornar los ojos molesto. Justo en ese mismo momento, acallados gritos provenientes de arriba indicaban que había cierto desacuerdo de en donde poner los muebles de Harry. "Sospecho que tu habitación está apunto de ser reacomodada," observó calmadamente Hermione. Harry puso los ojos en blanco.

"Por favor dime que el naranja no es permanente," se mofó Harry con fingido terror. Remus rió ligeramente. Tenía que estar absolutamente de acuerdo con ese sentimiento. Pocos colores alteraban sus nervios más que el brillante tono de... mandarina fluorescente. Remus notó que tomaría tiempo antes que Harry pudiera limpiar sus lentes, considerando que requería de todo su esfuerzo para no botar el vaso, así que levantó su varita y discretamente susurró un encantamiento limpiador. Harry le sonrió agradecido.

Hermione rió por lo bajo por el comentario, luego miró su plato de pasteles especulativamente. "Eso se ve como una excelente idea. Volveré de inmediato," indicó con una amplia sonrisa, levantándose rápidamente y retirándose a la cocina.

Las alarmas de La Madriguera nunca sonaron, reflexionó después Remus. La explosión que sacudió la casa fue la puerta frontal siendo volada en pedazos. Entraron hechos un vendaval por la puerta con las varitas listas. Los aurores del ministerio habían llegado. Remus había soltado su taza y tenía su varita lista antes que el primer auror despejara la puerta.

"¿Qué fue eso?" Molly llegó corriendo de la cocina, con Hermione a su lado. Hermione también había sacado su varita, "buena chica", y Remus la escuchó tomar aire al reconocer a los recién llegados a La Madriguera. Sus ojos viajaron de Remus a los aurores.

"Asuntos del ministerio," dijo el primer auror en pasar, un hombre alto con fríos ojos grises y un leve tic nervioso. Sus labios parecían curvados en casi permanente mueca despectiva. Remus reconoció la distante y juzgadora mirada que tenía el hombre. Ese auror no tenía duda de que todos los magos que él aprehendía eran culpables, y probablemente nunca había cuestionado una orden en su vida.

Todos los aurores presentes en la sala de estar de La Madriguera tenían puestas las túnicas azules del ministerio, y sus insignias relucían brillantemente a la luz de la mañana. Eso era bueno. Eso quería decir que al menos el ministerio no había sentido la necesidad de enviar la fuerza adicional de los Innombrables. Por supuesto, con diez aurores en la sala de estar y claramente más afuera, el ministerio estaba aun así mostrando sus músculos descaradamente.

Remus tenía su varita preparada, pero esperó, observando todo su alrededor nerviosamente. Esto se podía volver sangriento de inmediato, y la última cosa que quería era a uno de los Weasley lastimado. Sabía que Arthur necesitaba ser el que hablara con estos hombres. Él dictaminaría el tono que dictaría lo que se necesitaba hacer después. Era, después de todo, su familia en el fuego cruzado, y Remus todavía confiaba en Arthur implícitamente, desde que bajo todas las apariencias Harry era ciertamente parte de esa familia también.

"Harry, úsalo," dijo Remus bajo su aliento.

"¿Qué están haciendo?" le preguntó Molly a los aurores, dando un paso hacia la sala de estar desde la cocina. Había sacado su varita también. Mientras la señora Weasley cruzaba el comedor, Hermione la seguía de cerca, rostro tenso y ojos cafés danzando sobre los aurores tomando nota de sus varitas, sus insignias, sus expresiones. "Probablemente memorizando nombres," se dio cuenta Remus.

Remus también notó que no se veía como una adolescente, se veía como alguien preparándose para la guerra. La adusta posición de su mandíbula, y cuán tensa estaba la mano con la que empuñaba su varita, claramente preparada para usarla, era demasiado adulto. "Pretende ir en contra de los aurores del Ministerio de la Magia si tiene que hacerlo". Le dolía notar cuanto más madura era la generación de Harry de lo que había sido la suya... o quizás solo eran sus amigos. Hermione comenzó a girar su varita en su mano, evidentemente tratando de hacer que sus dedos se relajaran.

"Estamos aquí por Harry Potter," dijo el primer auror.

"Demando una orden por escrito," exclamó Arthur desde la parte de arriba de las escaleras. Remus elevó la mirada con alivio. Con suerte él podría desarmar la situación al menos un poco. "¿Quién está a cargo aquí?" Se había puesto sus propias ropas de ministerio, sus anteojos reflejando la brillante luz de la mañana.

"Harry... úsalo," le repitió al muchacho a su lado, refiriéndose al traslador que sabía que Dumbledore le había dado. Podía ver a Harry luchando por ponerse de pie por el rabillo de sus ojos. Estaba jadeando, y se tambaleaba precariamente al tratar de estabilizarse.

"Soy yo. Barney Worsendale. Aquí está, señor. El papel que usted pidió," dijo el hombre detrás del auror con el tic. Evidentemente él era el que estaba a cargo. Sacó un pergamino y dio unas zancadas hacia delante, extendiéndoselo a Arthur, quien bajaba rápidamente las escaleras.

"¿Arthur?" preguntó Molly, ahora de pie al otro lado de Harry, mirando a su esposo con preocupación y miedo escritos en su cara. Sus pecas sobresaltaban contra su pálida piel, pero Remus sintió a su corazón hincharse con orgullo cuando ella miró a Harry y le dio una enorme sonrisa. "Estarás bien," lo tranquilizó con firmeza. Harry, sin embargo, no pareció aliviado. Remus tampoco.

"Harry..." insistió el licántropo, mirándolo fijamente, pero los ojos del muchacho estaban pegados en Arthur y los otros aurores. ¿Harry lo estaba ignorando o simplemente no lo había escuchado?

"¿Qué está pasando?" preguntó Ron al aparecer desde la habitación de Harry. Fred, George y Ginny lo seguían en fila. Se detuvo en seco al contemplar la escena de abajo, y sus mirada se juntó con Harry y Hermione. Abruptamente, los ojos de Ron se entrecerraron y su varita estaba lista en un pestañeo también. Remus sintió otra ola de orgullo por sus antiguos estudiantes.

"¿Mamá?" preguntó Ginny, sus ojos completamente abiertos mirando sus alrededores. Fred y George giraron sobre sus talones y fueron a su habitación. "Para buscar sus varitas, sin ninguna duda".

"Está bien, cariño. Sólo quédate en tu habitación," le ordenó Molly. Ginny asintió, y retrocedió hacia su habitación, sin darle la espalda a la escena en el primer piso.

"¿Están todos bien?¿Qué fue...?" gritó la voz de Sirius desde arriba, su cabello pegado a su cráneo, aun empapado por su reciente ducha. Oh, Merlín. Sonaba somnoliento y desorientado, su ropa estaba ligeramente arrugada por su siesta. Remus sintió a su mundo enangostarse a ese único momento, cada segundo más dolorosamente lento que el anterior. Esto era a lo que había temido, y había tratado de prepararse para ello. Tenía que sacar a Sirius de aquí ahora.

"¡Arthur!" gritó, y más rápido de lo que sus ojos pudieron captar, la mano de Arthur se deslizó adentro su manga. Apareció de vuelta con una varita, la que procedió a arrojar escaleras arriba.

"¡Deténgase!" el auror más cercano ladró, pero ya era demasiado tarde.

"¡Padfoot!" gritó Arthur, y Remus vio a Sirius automáticamente lanzarse hacia delante para atrapar la varita, aun fuera de la vista de los aurores, pero en vista despejada al resto de la familia. La cara de Sirius estaba fija en la varita, pero sus ojos se deslizaron hacia la escena de abajo para ver a la varita volando hacia él con practicada fluidez. Fue la fluidez del movimiento y su clara habilidad para concentrarse en cosas múltiples a la vez lo que le recordó dolorosamente a Remus que Sirius había sido un auror alguna vez, y uno endemoniadamente bueno. Atrapó fácilmente la varita en su puño, y le lanzó una sonrisa de gratitud a Arthur al poner su mandíbula firme en preparación para la batalla. Sus ojos se ensancharon en sorpresa cuando el traslador se lo llevó repentinamente a salvo con un 'pop'. Remus suspiró con alivio incluso cuando quería vomitar desesperadamente. El tono grisáceo de la cara de Arthur indicaba que él se sentía de la misma manera que Remus. Acababa de traicionar a su mejor amigo. Pero Sirius estaba a salvo. "Eso es lo que importa."

"Harry,¿qué estás haciendo?¡Usa el traslador!" insistió Remus más firmemente, y sintió al aire abandonar su cuerpo como si alguien lo hubiera golpeado físicamente en el estómago. Harry sacudió su cabeza diciendo 'no', su cara fantasmagóricamente pálida.

"¿Papá, qué ocurre?" dijo Ron bajando las escaleras, claramente desconcertado por la desaparición de Sirius, sus ojos fijos en los aurores.

"¿¡Quién era ése!?¿¡Qué acaba de hacer!?" demandó Barney, y el resto de los aurores comenzaron a llenar la habitación, las varitas apuntándolos. Lo inesperado los volvió profundamente nerviosos. "Cerca de veinte aurores para un niño adolescente. Qué valientes," pensó Remus enojado. Tomó un profundo respiro para calmarse al sentir al lobo agitarse en su interior. Los aurores se veían listos para lanzar maleficios en cualquier momento. Harry tenía que irse ahora.

"Nadie. Nada. Es tímido," mintió Ron automáticamente, su propia varita fija en los aurores. Bajó lentamente las escaleras, sus movimientos cuidadosos para no sobresaltar a nadie.

"¿Cuáles son los cargos?" demandó Arthur al auror, Barney.

"Lo quieren para interrogarlo por la muerte de Cedric Diggory y una serie de desapariciones de magos," respondió Barney Worsendale. Era un hombre pequeño, con blanco cabello afeitado muy cerca de su cráneo. Tenía pecho robusto, pero el bulto alrededor de su parte media no lo hacía verse gordo. Claramente estaba enojado de que alguien hubiera huido, y que él no supiera quién había sido.

"Entonces un adulto lo acompañará, o será interrogado aquí," dijo Molly con firmeza. Arthur la miró con sorpresa, luego una breve sonrisa cruzó sus labios antes de quedarse de nuevo en una severa línea. ¿Por qué no había usado Harry el traslador ya? Esta situación iba, obviamente, a ponerse mucho peor.

"Lo siento, pero el ministro dijo que tenía que venir solo," respondió el auror con el tic, obviamente sin sentirlo en absoluto.

"¿Qué estás haciendo, Harry? Vete de aquí," lo apuró Remus, despacio de manera que solo Molly, Hermione y Harry lo escucharan.

"No voy a usarlo," respondió Harry. Sus manos estaban temblando, y Remus se dio cuenta que no iba a ser capaz de mantenerse en pie por mucho más. Harry parecía aterrado, pero más que nada… determinado.

"¿De qué estás hablando?¡Si tienes un traslador, úsalo!" le siseó Hermione enojada. Remus no creía que los aurores pudieran escuchar su conversación, pero el hecho de que estuvieran teniendo una los estaba poniendo nerviosos.

"Cuando ellos me interroguen, escucharán acerca del regreso de Voldemort… y que Peter Pettigrew aun está vivo," dijo Harry firmemente, y Remus sintió a su corazón apretarse. "Oh Merlín. Oh no. ¡¿Qué está pensando Harry?!"

"Oh, Harry…" dijo Hermione levemente y sus ojos se llenaron de lágrimas. Vio a Remus implorante. "Exactamente".

"Fudge está fuera de control. Hay una posibilidad muy real de que usen Veritaserum contigo," afirmó Remus tratando de infundirle las ramificaciones de eso en Harry. "¿Acaso sabes lo que eso puede hacerte?"

"¡No!¡Es demasiado joven!¡Eso podría matarlo!" exclamó Molly, sus ojos ensanchados en horror al mirar a Remus, luego en dirección a Arthur, quien todavía hablaba fieramente con Barney.

"Dile a Sirius que lo quiero. Dile que ésta es mi brillante idea, y que yo quiero hacer esto. Si puedo hacer que otros en el ministerio me crean, que Voldemort ha regresado, quizás pueda dar vuelta todo esto. Y si puedo probar la inocencia de Sirius..." continuó Harry, su mandíbula firme con determinación. "Oh Dios... Entonces eso es de lo que se trata. Oh no... No de nuevo..."

"Harry, hay otras formas," intentó disuadirlo Hermione. Remus casi aplaudió. "¡Sí! Haz que vea la razón," pensó él. "Por favor, haz que escuche". Harry negó con la cabeza.

"No tengo mucho tiempo más, y yo soy el único testigo. De esta manera estará en un registro." La evaluación tan directa de su salud pasmó a Hermione. Su mandíbula se cerró de golpe.

"Harry, tú has visto la justicia del ministerio de primera mano. ¿Cómo puedes ponerte en sus manos voluntariamente cuando ya has visto lo que le hicieron a Sirius?¡Seguramente no eres tan ingenuo!" dijo Remus, tratando de forzar un poco de sentido común a la cabeza de Harry.

"Si huyo, perderé mucha credibilidad. No que tuviera mucha con la cual empezar," señaló Harry con un amargo resoplido. Remus se encogió. Harry parecía estar preparado para hacer esto, a pesar de todo lo que había visto que se hacía en contra de Sirius.

"No va a ir solo," le dijo Molly a Arthur y Barney, su voz determinada al dar un paso más cerca de Remus.

"¿Tienes el traslador contigo?" le preguntó Remus. Porque si lo tenía, Remus estaba completamente preparado para agarrarlo, y a Harry con él. Lo iba a sacar de aquí de una u otra manera.

"No, lo dejé arriba." Remus sabía que estaban perdidos cuando Harry dijo eso. Quería golpearse la cabeza contra la chimenea en frustración. "La chimenea..."

Remus tomó a Harry por la cintura a la vez que extendía su mano hacia el mantel y tiraba los polvos flu al fuego. "Callejón Diagon," gritó, cargando al muchacho y se arrojó a la chimenea. Sus alrededores se volvieron borrosos, y Remus decidió que podía desaparecer rápidamente en el Londres muggle antes que los aurores tuvieran posibilidades de seguirlos. Harry luchó contra su agarre, lo que solo lo hacía apretarlo más. "No vas a ir a ningún lado," pensó firmemente. "No voy a perderte. No voy a perder a Sirius."

Al dar traspiés fuera de la chimenea, Remus escuchó que voces gritaban a su alrededor cuando golpeó el piso, rodando con Harry aun cerca. "¿También estaban en el callejón Diagon.¿Cómo es posible que lo pudieran saber?" Luego se dio cuenta con un vacío en el estómago justamente dónde estaba. Todavía estaba en La Madriguera. El ministerio había desactivado a los Weasley de la red Flu. Remus cerró sus ojos amargamente. Quería forzar a Harry a que le dijera dónde estaba el traslador. A lo mejor podía hacer que los gemelos lo buscaran, si les gritaba su descripción. Harry lo miró fijamente de vuelta, sus ojos solemnes y pidiéndole perdón. Remus quería retorcer su cuello en frustración. "Él no tiene idea..."

De todos los posibles escenarios para los que Remus había tratado de prepararse... éste no había sido uno de ellos. Nunca en un millón de años había pensado que Harry sentiría la necesidad de tratar de contar la verdad sobre Sirius y Voldemort, aunque en retrospectiva estaba disgustado por su propia limitación de perspectiva. "Es justamente de Harry sentir que tiene que hacer esto. Tienes que encontrar una manera de probar que vales, sin darte cuenta cuán valioso ya eres para aquellos a tu alrededor," pensó Remus al mirar al hijo de su mejor amigo. "¿Te das cuenta de lo que le hará esto a Sirius?" quería gritar. Pero en su rápidamente deteriorada situación, se dio cuenta que Harry ya cargaba con suficiente culpa por cuenta propia.

"Remus... Tú sabes por qué estoy haciendo esto," dijo Harry firmemente. Ambos habían caído debajo de la mesa de café, casi nariz con nariz. Remus todavía podía oler el leve aroma de jugo de calabaza en su aliento, y notar que el rojo de sus ojos por el que Severus había estado preocupado era mucho más pronunciado. Cerró sus ojos por un momento y supo que lágrimas habían comenzado a caer. "No. No va a ir."

"Esto es un inaceptable rompimiento del protocolo..." comenzó a decir Arthur cuando un grupo de aurores, como por una muda señal, le apuntaron a varias personas en la habitación y comenzaron a lanzar maleficios.

'Stupefly'!" fue pronunciado por una multitud de voces, así como también una variedad de otros embrujos. Ron y Hermione se cubrieron fuera de su alcance. Remus no podía ver dónde estaba Arthur ahora, pero sabía que esto estaba lejos de las conversaciones de todas maneras. Molly Weasley cayó al piso inconciente y Remus tuvo que reprimir un aullido de ira cuando Harry se quedó quieto a su lado, también alcanzado por un hechizo, sus ojos cerrados como si estuviera dormido. Había demasiados como para agacharse o esquivarlos. Remus empezó a gritar contrahechizos en un agresivo ataque designado para distraer a sus atacantes. Hermione y Ron también comenzaron a luchar de vuelta. Pronto la mayoría de los aurores de la habitación estaban usando varios muebles volcados como escudos.

"Ron, quita del medio a cuantos más puedas, Harry tiene un traslador en algún lugar. Si podemos ganar un poco de tiempo..." ordenó Hermione agachándose más cerca hacia el lado de Ron. Él había brincado por sobre el pasamanos y ahora estaba agachado detrás de la volcada mesa. Remus asintió. "Es un plan tan bueno como cualquiera."

Los gemelos y Ginny habían entrado al tumulto, gritando maleficios también, pero a medida que caían algunos aurores, más iban llenando sus filas desde afuera. Pronto tuvieron a la mayoría de sus atacantes o inmovilizados o inconscientes. Ron le gritó a Ginny que buscara en la habitación de Harry cualquier cosa que le pareciera 'extraña', explicando que era un traslador, y le indicó a Fred y George que continuaran tratando de mantener a los aurores a raya. Desafortunadamente, los aurores escucharon las instrucciones de Ron, y esto los impulsó a la acción.

El ministerio no había preparado barreras contra trasladores, tomando como evidencia el escape de Sirius. Solo Aparición y usar la Red flu. Barney probó ser notablemente ágil al atravesar a gran velocidad la habitación para llegar al lado de Harry, cubriéndose de un montón de frescos hechizos de sus compañeros aurores, y levantó al muchacho en sus brazos. Remus se estiró para tratar de afirmar a Harry contra su pecho, tratar de escudarlo físicamente con su cuerpo si era necesario, pero Barney lo pateó salvajemente, dándole en las costillas. El impacto lo elevó en el aire unos centímetros y él pudo escuchar huesos romperse cuando su cabeza golpeó la mesita de centro, esparciendo los pasteles y derramando té por todas partes. Barney miró a Remus, sus ojos entornados con ira, y metió la mano a su bolsillo. "No". Él y Harry desaparecieron con un 'pop'.

Tan pronto como Harry se hubo ido, los otros se marcharon también. Arthur corrió hacia Molly, sosteniéndola contra su pecho con lágrimas cayendo por sus mejillas. Ella todavía estaba inconciente.

"No pude protegerlo. No pude protegerlo. Lo siento tanto. No pude protegerlo..." seguía repitiendo. Remus se puso de pie temblorosamente, haciendo una mueca por el agudo dolor que perforaba su pecho con cada respiro. Miró su varita con disgusto. Los maleficios que había lanzado... No había luchado a duelo tan fieramente en años, y no había sido suficiente. "Ni siquiera cerca de suficiente".

Observó a su alrededor a los Weasley caídos. Ron estaba esperando que una particularmente desagradable Maldición Picazón se terminara, su cara angustiada mientras se rascaba viciosamente las piernas, sacando sangre, mientras veía fijamente al lugar donde segundos antes había estado Harry. Fred y George ambos parecían haber sido alcanzados por otro Stupefly. Ginny estaba sentada, petrificada, con la cabeza de George en su regazo. George había caído de las escaleras cuando fue golpeado, y ahora yacía tendido en un ángulo extraño, su pierna doblada de una forma en que las piernas no se suponía que estuvieran, Fred desplomado a su lado.

Hermione estaba enroscada hecha una bola, llorando sobre sus rodillas, sus calcetas un fuerte recordatorio para Remus de que éstos eran niños a los que el ministerio había atacado. "Niños". Se enderezó y avanzó lentamente hacia la puerta. Miró hacia fuera. No había nadie. "Por supuesto. Ya tienen lo que vinieron a buscar". Miró su varita nuevamente, y reprimió las ganas de arrojarla lejos en frustración.

"Sirius..." los pensamientos de Remus seguían girando en confusión. "Tengo que ir con Sirius". Tenían que encontrar a Pettigrew. "Es la única manera de demostrar la historia de Harry". Porque él sabía que le darían Veritaserum. Podía oírlo en las voces de los aurores. "Ellos saben lo que pretende Fudge... Y no les importa que sea alguien horriblemente enfermo, un huérfano y abusado niño de quince años a quien se lo hagan".

"Ir con Sirius. Encontrar a Peter. Salvar a Harry". Eso era en todo lo que Remus parecía ser capaz de concentrarse. La verdad, todo lo que quería hacer era dejar salir un grito de angustia desde el fondo de su alma. "No a Harry. No de esta manera". Se dio la vuelta para encarar a los Weasley en la habitación.

"Gracias, Arthur. Sé que hiciste todo lo que pudiste. Enviaré a Madame Pomfrey inmediatamente," dijo Remus. "Está pasando de nuevo". Toda la alegría que llegó a su vida estaba siendo arrancada a pedazos. Arthur asintió distraídamente, dejando a Molly gentilmente en el piso para ir hijo por hijo, revisando sus heridas y determinando quién necesitaba primero su ayuda.

Remus comenzó a caminar hasta pasar las barreras de La Madriguera para poder aparecerse. Una imagen seguía girando en su mente. La del pañuelo saliendo del pijama de Harry cuando Barney lo levantó. Sabía que ése debía haber sido el traslador, y que Harry lo había tenido todo ese tiempo. "Si solo hubiera sabido... Por supuesto que él todavía lo tenía cerca. Sólo por sea caso". Remus caminó lentamente, tratando de forzar sus costillas lo menos posible, sintiéndose viejo y perdido. Y ahora tendría que encarar a Sirius.

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"¡No!" gritó Sirius, lanzándose contra las paredes de la Casa de los Gritos. "Caí. No puedo creer que de verdad caí en ese truco". Él jamás la habría tomado si hubiera sido cualquier otra cosa que no fuera una varita. Pero pensó... "Pensé que Arthur tenía una varita extra". Había atrapado esa maldita cosa, y ahora él estaba aquí y Harry no. "¿Por qué pensé eso?¿Quién lleva una varita de repuesto bajo su manga?" Su garganta se sentía rasposa por sus gritos, pero Sirius no parecía poder detenerse. El dolor que sentía... Sabía lo que iba a pasar a continuación.

"Harry está en el sistema. No está aquí, así que debieron haberlo capturado". Una vez que el sistema lo tuviera, no había vuelta atrás. Era tan inevitable como una avalancha, tan devastador como un maremoto. "Lento y seguro gana la carrera," pensó Sirius frenéticamente, y casi rió como un maniatico. "El ministerio vive de acuerdo a ese lema". Sabía que continuó gritando, pero cuando se le acabó la energía para tratar de escapar por todas las puertas mágicamente selladas, se deslizó al piso, roto, hasta que solo los lloriqueos quedaron. Sus hombros y costillas le dolían por haberse lanzado contra la puerta, pero no le importaba. Deseaba que le dolieran más, porque en su interior se sentía como si estuviera muriendo, como si el mundo hubiera llegado a un abrupto final y Voldemort hubiera ganado.

"No. No. No. No a Harry. No le pueden hacer esto a Harry," pensaba una y otra vez. "Lo he perdido. Me quedé dormido, y saqué mi cabeza fuera de la habitación como un tonto, y atrapé la maldita varita... y ahora ellos tienen a Harry. Les he fallado a James y a Lily. Le fallé a Harry. Le fallé a todos".

Unas manos sobre sus hombros lo sobresaltaron. Su cabeza se levantó de golpe y vio a los ojos de Moony. "Éste fue su plan...". Podía ver la culpa y el dolor en los ojos de su amigo y lo supo.

"¡¿Cómo pudiste?!" gritó Sirius, alejando violentamente las manos de Remus. Se puso de pie y se alejó de él como un borracho, apenas capaz de mantener su paso.

"Harry también tenía un traslador, Sirius. Tenía un traslador y se supone que lo iba a usar. Yo tenía que encargarme de ti,¡pero Harry debió haber estado aquí también!" dijo Remus, su cara implorante por comprensión. Sirius cayó de rodillas.

"Sirius, juro por Merlín que se supone que Harry debía estar aquí también. Nunca pretendimos que fuera al ministerio," rogó Remus, cayendo de rodillas también. Se sentó frente a Sirius, su respiración viniendo como extraños silbidos, sus ojos se veían vacios. Los pensamientos de Sirius colapsaron sobre si mismos hasta que no quedó nada más. "Demasiada pérdida. Es demasiado". Las olas de pérdida y dolor que Sirius había sentido por años a manos de los dementotes lo envolvieron una vez más y estaba cayendo en la desesperación. "He perdido a Harry, y ahora ellos lo tienen. Harry no sobrevivirá más de un par de semanas como mucho". Sirius recordaba claramente las previas descripciones que hizo Remus de la respuesta de Harry hacia los dementotes. "¡Sirius!"

"¡Sirius!" "He perdido a Harry, y ahora ellos le darán Veritaserum. ¿Por qué fue con ellos?¿Por qué no ocupó Harry el traslador? Por supuesto". "¡Sirius!" "Harry espera revelar la verdad sobre Voldemort y Pettigrew. Quiere probar mi inocencia. Mi culpa. Esto es mi culpa de nuevo. Fallé en proteger a Harry de Voldemort durante el Torneo de los Tres Magos, y ahora Voldemort está de vuelta. Nunca debí haber permitido que Harry se quedara en La Madriguera, donde el ministerio sabía dónde estaba".

"¡SIRIUS!" gritó Remus, y el ardor de una cachetada devolvió a Sirius al presente, donde definitivamente no quería estar.

"No puedo hacerlo. No puedo soportar si Harry muere..." balbuceó Sirius, aun incapaz de enfocar completamente la cara de su amigo. Remus colocó su mano bajo su barbilla y lo obligó a mirarlo. Dumbledore estaba de pie detrás de él, se dio cuenta Sirius con sorpresa. ¿Cuándo había llegado? Los ojos de Dumbledore estaban sombríos y graves. Le entregó a Remus un cáliz con algo.

"Dáselo. Le ayudará. Tenemos algo de tiempo..." dijo Dumbledore, su voz tranquilizadora, pero Sirius apenas registró las palabras. No le importaba. "Se acabó".

"Ten," dijo Remus, y puso la copa en los labios de Sirius. "Vamos. Aun tenemos tiempo..." murmuró tranquilizadoramente, pero Sirius no cayó en esas palabras. "Todavía podemos salvarlo". Inclinó el caliz, para que la poción, porque debía ser una poción, bajara por la garganta de Sirius. Pero el animago sabía que Remus estaba tratando de convencerse a si mismo tanto como a Sirius.

Había fallado. Doce años de revivir sus fracasos ciertamente lo habían calificado para identificar cuando lo había hecho otra vez. Sirius bebió automáticamente de la copa, rápidamente arrepintiéndose mientras lo hacía. Paz lo cubrió y el sueño comenzó a adueñarse de sus sentidos al deslizarse de los brazos de su paciente amigo. Sirius no quería dormir. "Quiero morir".

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Waaaaaah ::corre por la habitación agitando los brazos:: A que los dejó con el corazón en la mano! Ahora me van a matar si me demoro mucho en actualizar, no? Jeje. Bueno, les informo que hemos llegado oficialmente a la mitad del fic. Chan chan chaaaan. Se nota, no? Como que toda la acción se puede desencadenar desde aqui. Pobrecito de Harry. Pero los que más pena me dan son Sirius y Remus :( Bueno, este tipo de chapis son la razon por la que me decidí a traducir este fic :)

De nuevo me demoré demasiado con esto, lo siento. Entre que el beteo me mata, la universidad, que mis hermanos mataron mi computador justo cuando habia terminado de betear este capitulo ¬¬... En fin, aqui está. La redacción no me convence mucho se hace lo que se puede.

La proxima semana la tengo mas o menos desocupada, asi que yo creo que como en dos semanas tengo una actualizacion. Pero obviamente los dias pueden variar dependiendo de la cantidad de reviews que reciba (sí, estoy completamente conciente de que estoy comprando sus reviews). Muchas gracias por seguir el fic hasta acá, nos vemos en dos semanas :D