Alana: Quiero hacer uso de este espacio para hacer una denuncia pública ante ustedes, mis fieles lectores para que sean testigos del uso de mi persona para un interés personal. Informo que he sido usada, vejada, amenazada, adulada, chantajeada, obligada y todas esas palabras que la lingüística descriptiva abarque, por parte de la Srita. Paula Magallanes (mi socia) quien, haciendo uso de distintos métodos que serian demasiado mencionar ha explotado mi inspiración y cerebro para su beneficio personal, como lo son cuentos para antes de dormir y/o despertar y su entretenimiento. Por tanto, y una vez mas poniendo en uso este espacio y tomando a cada lectora como testigo, me declaro en huelga de inspiración hacia Paula Magallanes. Y pido el apoyo de mis fieles lectoras ante mi maltrato y uso. Expresado mi punto procedemos a presentar el capitulo.
Paula: ToT, ALIEEEEEEEE! estoy enferma, apiádate de mi! llorooooo
Alana: Mi abogado te verá en la corte.
Paula: ToT waaaaaa!
Hola hola mis amores! ¿como me les va? les traemos capitulo nuevo si señor! ya que todo mundo anda de vacaciones nuestro gran familia también se fue a las suyas! =D se vienen muchas sorpresas y risas y drama y AMOR y demás!
ESPERAMOS COMO SIEMPRE SUS COMENTARIOS Y QUE DISFRUTEN EL CAP!
L s adoraaaaaaaaamooos!
Besos
Alana & Pau
¿Quién no ha soñado con ir a Disneyland alguna vez en la vida? Podría jurar que es el mayor sueño de todo niño. Poder compartir y conocer a sus personajes salidos de cuentos y películas. Todas esas atracciones aterradoras del parque y la magia que envuelve el lugar. Y debo admitir que en algún momento de mi vida también fue mi sueño. Y que lloré y patalee cuando mis padres decidieron conocer Egipto en vez de venir a Disney
Pero, a los 30 años los sueños cambian, comienzan a ser menos infantiles, la mente inocente comienza a llenarse de codicia, un auto deportivo, un nuevo departamento, un jefe accesible, un hombre maravilloso. En fin, esas cosas que a los adultos nos hacen felices y que a los niños no les importa en lo más mínimo.
En ese momento, a mis 10 años no comprendía el cambio en los planes vacacionales de la familia, me refiero a ¿Qué clase de niño prefiere arena, sol y momias, que ver a Mickey mouse en tamaño real? Mi querido hermano, Jasper. Lo sé, él no era nada normal. Pero ahora entiendo el porqué del cambio y hasta creo que entiendo a mis padres. Llevo dos días en el lugar y creo que estoy al borde de un colapso nervioso. Me he tomado la libertad de hacer una lista de puntos que se deben tomar en cuenta ANTES de venir a Disney. La primera, jamás cometan el error de viajar en temporadas vacacionales ya que, hay más personas en el lugar que en la plaza roja de Moscú cuando esperan el año nuevo. La segunda, mentalizarse en que las vacaciones son para los niños y que eres como una especie de canguro, bolso, caja fuerte, cuidador de zapatos, banco, dispensador de agua, dispensador de protector solar, cambiador y cargador de bolsas de vomito. Y la tercera y la más importante de todas, no vas a tener privacidad ni descanso en ningún minuto. Y más si 8 niños son los encargados de gritar a todo pulmón en el aeropuerto "Queremos quedarnos en el Disney's Art of Animation Resort" y sus accesibles padres, sexo masculino debo aclarar, asienten babeantes a esas caritas angelicales. Que si, que se han portado bien en el colegio, han sacado buenas notas y se merecen su paseo como deseen, pero no contaba, o por lo menos yo, de que ese "como deseen" me haría dormir en una cama King con dos pulgas en medio de mi novio y mio ya que, y volviendo a la regla número uno de la lista, Todas las habitaciones dobles están ocupadas por la temporada en todos los hoteles del parque desde meses atrás.
-¿ya es de día?- tengo a Kate susurrándome al oído las mismas palabras desde hace media hora que miré el reloj y eran las 4am. Dos días aquí y es como si ellas hubieran adquirido esas baterías que se recargan con el sol mientras yo tengo unas ojeras de muerte y me siento agotada.
-Kate...duérmete- le digo en tono serio, su padre ronca y su hermana, objetando que debe tener sus 8 horas de sueño de belleza reglamentario para evitar ojeras horribles como las mías, también duerme. Kate durmió un par de horas y hasta nemo sobre nuestras cabezas duerme pacíficamente en el suelo marino mientras yo sucumbo al desvelo sin hallarme cómoda rodeada de peces de ojos saltones y sonrisas perfectas, conchas marinas luminosas y alfombras fluorescentes.
-Solo si me prometes que te subes conmigo mañana a la montaña rusa.
-Ni hablar.- niego rotundamente.
-Bien, entonces cuéntame. ¿Porqué no amanece rápido?- ella sabe mi pánico por ese juego mecánico y estoy segura de que está sacando ventaja de él. Lloriqueo silenciosamente y me giro para encararla y comenzar a relatar el porqué de los días y las noches.
A la mañana siguiente soy una turista, madrastra, cuñada, tía postiza y novia zombie mientras todos los demás están frescos y sonrientes. Vamos a las atracciones, hacemos filas y filas y mas filas y nos divertimos.
-¿Te diviertes?- pregunta Emmett una vez estamos sentados en la mesa de tamaña extra familiar para comer. Me giro, le sonrío y por primera vez en lo que me parecen años le doy un casto beso. Entre que las niñas no nos dejan solos ni a sombra y que nos dividimos entre mujeres y hombres para disfrutar de distintas atracciones por genero no he tenido oportunidad ni de un diminuto beso y quiero comérmelo.
-Si, aunque te extraño.
-Yo mas.- me susurra cerca del oído y deja un beso en mi cuello.
-¡Papi! ¿Podemos ir luego de terminar de comer a ver el espectáculo de Frozen sobre hielo?- llega Kate por su derecha y nuestros besos clandestinos se han acabado. O eso creía porque siento sus dedos subir por mi rodilla haciendo círculos. Lo miro incrédula mientras está entretenido y atento, creo yo, a lo que le relata su hija y sus dedos vagan por mis piernas desnudas. Oh por dios, no hagas eso. En el anonimato que le da la mesa nadie se entera de nada. Es un desgraciado. Sabe lo que me provoca y sabe que hemos tenido poca privacidad las ultimas semanas y que eso me tiene frustrada, cansada, enojada y... Necesitada. Que pervertida soy, estoy en disney rodeada de niños, y magia y color y mentes inocentes y mis hormonas están por las nubes. ¡Por el amor de dios Rosalie, contrólate!.
-Voy al servicio- me excuso en la mesa, colorada y sudando.
-Te acompaño- se levantan Kate, mi cuñada y Alice. Al llegar al baño me tiro agua fría en el rostro.
-¿Que te pasa?- pregunta riendo Alice.
-Necesito alejarme de Emmett- murmuro mientras froto mi mano mojada por el cuello.
-¿Por qué?
-Me está toqueteando por debajo de la mesa y con eso de que dormimos en la misma cama con las niñas y no tenemos momento a solas desde hace semanas porqué Tania se fue de viaje y se alargó su contratiempo y las niñas han pasado todos estos días con nosotros, siento que si sigue tocándome así corromperé a todo el restaurante cuando le salte encima.- ambas sueltan una carcajada sonora y yo las miro con ojos entrecerrados.
-Exageras.
-Si quieres nosotras nos quedamos con las niñas ésta noche para que ustedes salgan.
-¿De verdad?- creo que se me acaba de aparecer una luz divina para mi lívido.
-Claro, a los niños les encantará ver películas juntos, será algo así como una especie de pijamada.- Las abrazo en agradecimiento y volvemos a la mesa. Reímos junto con los niños y le guiño un ojo a mi hombre junto a mi. Contenta, ilusionada, exultante… Así va subiendo mi estado de ánimo a medida que pasan los minutos. No doy volteretas porque estoy mayor, pero tengo ganas de gritar.
-¡Papiiii! Quiero de postre malteada de chocolate.
-Y yo un helado de uva papá- mira a su lado y al frente mientras las niñas hablan y hablan a la vez. Algún día se volverá loco mi hombre entre tanta mujer exigiéndole. Algún día, pero no esta noche. Esta noche lo voy a volver loco yo.
Me inclino a su oído.
-Tengo una sorpresa preparada para ésta noche.- le susurro mientras los niños gritan y comen y ríen.
-¿Ah si?- murmura divertido.
-Mju.- asiento.
-La espero con ansias- vuelve a llevar su mano a mi muslo apretándolo suavemente y no puedo evitar suspirar.
Luego de comer nos vamos a pasear por el parque. Nada de atracciones demasiado movidas para evitar que las hamburguesas, helados y malteadas terminen en los botes de basura.
Los niños caminan delante, o debería decir bailan una especie de traviata inventada con sus brazos enroscados y patean de lado a lado muertos de risa. Las mujeres vamos detrás de ellos, vigilandolos y hablando de cosas de mujeres. Nos hemos hecho bastante cercanas los últimos días, y Alice se ha integrado muy bien con mis nuevas cuñadas, pero como no, si mi cuñadita es un pan dulce que le cae bien a todo mundo. Pronto nos encontramos planeando algún otro viaje juntos, o incluso de solo parejas y nos divertimos.
-Cielo, de aquí puedo apreciar tu gran trabajo de piernas en el gym.- ronronea Garret y todas giramos la cara a su voz. Los hombres vienen tras nosotras.-Dios, tantas curvas y yo sin frenos- Admirando la vista por lo que puedo asegurar.
-Gracias amor.- Asiente Kate melosa. Y los hombres se ríen. -¿De que se ríen? Deberían de aprender de mi hombre.- acusa divertida. Nos hemos detenido junto a Mickey's Fun Wheel mientras los niños observan la rueda de la fortuna y los vigilamos con nuestra vista periférica.
-Oh Kate, lo que tu no sabes es que esos piropos se los he enseñado yo- contesta Edward haciendo que su hermano le de un empujón leve.
-A ver, quiero oírte don juan.- Edward sonríe con malicia y determinación. Se acerca a su embarazada esposa y le sonríe.
-Hey, preciosa. ¿De qué juguetearía saliste? muñeca - le dice pícaro y Bella se sonroja horriblemente haciéndonos reír a todos.
-Ehhhhhh- disparamos en burla.
-¿Eso es todo lo que tienes?- le dice Garret. Bufa y va donde está Kate junto a la carriola de MaryAnn quien mira atentamente a sus padres. -Si así es el infierno ¿donde está el diablo para hacerlo enojar?- ronronea y su esposa suelta la risa junto con nosotras.
-Waaaaa- se burlan los hombres.
-Tu turno Jasper- empujo a mi hermano cerca de Alice sabiendo que no le gusta ser el centro de atención ni mucho menos dar espectáculos públicos. Algunas personas se han detenido a observar el contrapunte de halagos por parte de nuestros hombres. Emmett me abraza por la espalda mientras esperamos a que mi hermano consiga un buen piropo en su repertorio.
-A ver...-se aclara la garganta tomando las manos de su esposa y mirándola directamente a los ojos -Si la belleza fuera un instante, tu serias la eternidad.- mi cuñada le salta encima cuan resorte a besarle el rostro.
-¡Wacala!- exclaman los niños
-Pero que currrsiii que eres Jasper.- se ríe Edward molestándolos pero ellos ya se han perdido en su burbuja de amor lejos de todo el mundo.
-¿Tienes un teléfono?- me dice Emm de repente. Demasiado alto tomando en cuenta que me tiene abrazada. Me giro, mirándolo hacia arriba confundida por su pregunta.
-¿Eh?
-Si, ¿tienes un teléfono que pueda usar?- le frunzo el seño completamente perdida.
-¿Para que?
-Es que necesito llamar al cielo. Debo decirle a dios que el mas bello de sus ángeles se ha escapado y lo tengo entre mis brazos ahora.- me derrito como gelatina mientras una sonrisa divide mi cara. ¡Es que lo amo! Y lo beso como la mujer enamorada que soy.
-Owww...- escucho un coro de esa palabra al rededor de nosotros y me doy cuenta que la gente nos mira divertida.
-Ya, búsquense una habitación. Hay niños presentes.- dice Garret como niño que acaba de perder el juego y nos reímos todos.
Luego de nuestro momento de entretenimiento al público en medio del parque seguimos el recorrido. Con los niños como si tuvieran la batería recién cargada y nosotros arrastrando los pies regresamos al hotel. Nos damos un baño y pasamos a dejar a las niñas en la habitación de Kate y Garret, donde se llevará a cabo la pijamada. Saludamos a los niños, tenemos pequeñas conversaciones entre los adultos mientras y ellos corren por el lugar.
Nos despedimos, nos escabullimos por el vestíbulo como si estuviéramos huyendo de algo y corremos como adolescentes. He reservado una mesa en un bonito restaurante. Será cena, suite y una noche completa para los dos. Creo que Emmett no sabe lo mucho que quiero a mis cuñados y cuñadas después de esto.
Cuando nos traen el postre, disfrutamos de una copa de vino y hablamos de cualquier cosa.
-Cásate conmigo.- dice, llevándose un bocado de helado de chocolate a la boca. Me río, no sé si es por los nervios, o por el vino o por su sonrisa de hoyuelos.
-La ultima vez que hablamos de compromiso, me dijiste que yo debía pedirte matrimonio.- lo apunto con mi dedo mientras tomo un sorbo de mi copa.
-Si espero por ti llagaré a viejo, amor.- se ríe.
-¡Hey!- lo acuso, lanzandole mi servilleta. Suena su teléfono.
-¿Que pasa bro?- dice al aparato frunciendo el seño. Escucha un momento mientras yo doy bocados a mi tartaleta de fresas. Su rostro cambia de repente, preocupado -¿Pero está bien?- se queda callado otra vez.
-¿Que pasa? -es mi turno de verlo con el seño fruncido.
-Kate se ha caído. Están en urgencias del hotel dándole puntadas...-Y no ha terminado de hablar cuando ya me he levantado, he pedido la cuenta y estoy pidiendo un taxi en la entrada para regresar al hotel. -Rose, Garret dice que no es para tanto. Ya le han dado las puntadas y está bien, un poco asustada pero pueden manejarlo. Podemos quedarnos.
Lo miro, e imagino que es como solo una madre sabe mirar en situaciones como ésta, y él se calla, y se sube, y de camino al hotel vamos mudos, ambos preocupados y frustrados. Mi niña…
-Rose...papi- se larga a llorar cuando nos ve entrar. Me tira los brazos y la tomo con cuidado. Tiene dos steri strips en la esquina de su frente. Algo mínimo pero el miedo aun no me deja.
-¿Estas bien? ¿Que fue lo que pasó?- le limpio las lagrimas de su rostro.
-Estábamos saltando en la cama, la sabana se enredó en sus pies y cayo golpeándose con el borde.- relata Irina mirando preocupada a su hermana en mis brazos mientras ella llora y Emmett le acaricia el pelo lejos de la cara.
-Ya está cielo. Ya paso.- le susurra su padre besandole la nariz -Eres una guerrera de cabeza dura, peque- bromea. Y Kate se ríe a pesar de las lagrimas.
Una vez dormidas en medio de nosotros Emm me da un toque en la nariz cuando estoy perdida en mis pensamientos.
-Lamento que la sorpresa se arruinara.- susurra y me da una sonrisa de disculpas. Yo niego, restandole importancia y le parto el cabello a Kate de la cara. -Cuando se vallan al campamento tu y yo nos iremos a isla Esme, los dos. Sin interrupciones de ningún tipo.- esa promesa me hace sonreír como tonta y por primera vez desde que estamos aquí, duermo.
A pesar del accidente con Kate al día siguiente todo se olvida y la tenemos revoloteando como mariposa a nuestro alrededor preguntando cual será la próxima atracción a la que iremos. Mas pronto de lo que los niños desean llega el día de partir y tenemos nuestra dosis prevista de lagrimas, pataletas, berrinches y promesas de que volveremos pronto.
Una vez en la comodidad de la cabina del avión todos se sumergen en distintas actividades. Unos duermen, otros se entretienen viendo películas, otros jugando vídeo juegos. A Emmett le gusta dormir en el avión. A mí, leer. A sus hijas, hablar. No se si fue por mala suerte o puro fastidio del universo que mi asiento ha quedado en medio de las dos.
-Rose, ¿de qué hablamos?- Me juraron en la tienda del aeropuerto que sí, le compraba a Kate un cuaderno de colorear y a Irina una revista sobre cantantes y trucos para conquistar que irían entretenidas y sin pelearse toda la vuelta a casa. Pero, en cuanto hemos despegado, tengo a cada una encima de mi, a su padre roncando a la derecha de nosotras y a la izquierda un hombre con traje y cara de cansancio que al parecer también quiere dormir.
Sujeto mi libro en el regazo, sin renunciar del todo.
-Pueden jugar al ahorcado- sonríen, asienten y se entretienen. Regreso a mi libro. Leo cinco minutos. Para empezar, no pueden jugar en sus asientos, sólo sobre mis piernas. Y, claro, a ninguna de las dos le gusta perder. Así que Kate se enfada y se pone a colorear, y la mayor me asegura que si lee, vomitará el panecillo que le han traído las encantadoras sobrecargo.
-Tengamos una conversación de chicas grandes, Rose.- propone la mayor -No te preocupes, que yo ya sé lo que es hacer el amor.-Irina tiene once años, casi doce. La edad de la curiosidad, la misma que tuve yo hace veinte, así que para mí es una extraterrestre. Y yo, para ella, una novedad.
-Bien por ti- digo entre inocente y algo nerviosa por el tema que ha elegido para una conversación de chicas grandes.
-Pero… ¿tú lo haces con mi papá?- susurra solo para las dos y yo la miro como si hubiera dicho que la tierra es triangular.
-No, ¡por supuesto que no! Tu padre es un monje Irina.- me observa, procesa y luego rueda los ojos.
-Ja, ja, ja. Graciosa como siempre, Rose. Ya, de verdad. ¿Lo hacen?
-¿Tú qué crees?- Mi sarcasmo es dulce. Yo sé que ella quiere provocarme y ella sabe que lo sé.
-¿Por qué susurran? Yo quiero hablar también.- Kate ya ha dejado las pinturas y reclina el apoya brazos del asiento para recostarse en mi regazo mientras su hermana sigue pensando una respuesta…
-Pues que sí.- asiente no muy segura. Ignorando a Kate.
-Pues aciertas.- no tengo intención de agregar nada mas.
-Pero… ¿lo has hecho con más personas?- hago una pausa larguísima. Analizando el terreno. Soy consciente de que hay que educar a los niños con libertad y sobre todo con la verdad acerca de... esto de las relaciones, pero también tengo mi intimidad y eso Irina no lo entiende. -¡Dime!
-Caray Irina eso no es asunto tuyo. Ni siquiera lo sabe tu padre- me planto, paciente y firme.
-Ya, pero porque a él le podría molestar. O tendría celos. Yo sólo quiero saberlo por curiosidad.
-Bien, pero es mi vida privada contra tu curiosidad. Y ésta vez gano yo.- asiente. Comprendiendo, espero.
-Oka, Pues háblame de mi papá entonces. ¿Lo hacen desnudos?
Kate, la que viene a despertarnos cada mañana siempre sonriente y que ha estado escuchando la conversación completamente perdida hasta ahora, ve su oportunidad y opina.
-Daaa, Pues claro, Irina. Yo los he visto mil veces, duermen desnudos.
El ejecutivo de al lado abre un ojo por la mención de las palabras "desnudos" y "he visto mil veces" y me ruborizo del color de su corbata roja.
-No exageres, no siempre que los adultos- y enfatizo la ultima palabra para que el hombre deje de mirarme desasprobatoriamente, como una madre liberal que deja que sus hijas, que no lo son, vean a su padre y a su madre, que en este caso es madrastra, desnudos -estamos desnudos, estamos haciendo cosas de grandes. Hay estudios que aseguran que el dormir sin ropa mejora la circulación y el sueño
La cara de desconcierto de Kate no basta para frenar a Irina, ella es una ametralladora cuando se trata de hacer preguntas
-Si no es todo el tiempo, entonces ¿Cuántas veces lo has hecho con mi papá?
-Irina… Eso son cosas nuestras. Tampoco es asunto tuyo.
-¡Claro que lo es! Es mi papá.- apunta.
-Sí. Y es MI vida privada.
-¡Es la vida privada de MI papá!
Su lógica infantil es inapelable y entonces veo una luz al final del túnel llamado Irina.
-Visto así… Pregúntale a él.
Se gira entonces mirando a su padre, que ha pasado del sueño a mirar tranquilo una película francesa. La nena lo mira un rato, Emmett se siente observado y gira la cabeza, sonríe y nos lanza un beso volador haciendo que su hija mayor se piensa mejor el preguntarle.
-Mejor no.
Estamos aterrizando. Mi novio me sonríe, relajado y feliz. Yo lo hago con fingida dulzura. A mí también me gusta descansar en los aviones.
