Bueno, chicas, se va acercando el final. Gracias, gracias, y mis gracias por todos vuestros comentarios. Es la primera vez que traduzco algo como esto, y se agradece el apoyo. Yo estaba segura que la historia iba a gustar. Sé que no es el típico fanfic donde hay sexo, pero es uno de los más hermosos en cuanto a la evolución de la pareja, a los sentimientos encontrados, al dolor y al sufrimiento por lo vivido. Su relación se va haciendo día a día y todo vendrá. La creadora tiene un arte exquisito para hacernos vivir esos sentimientos, y es especialmente buena escribiendo fics melancólicos y con una gran carga emocional. El próximo que voy a traducir de ella, en cambio, será más light porque tanto sufrir no es bueno. No alcanza las cotas de este y de otros que vendrán, pero es muy tierno y bonito también.

Sin nada más, ¡buena lectura!

La elección

Dos semanas… Dos semanas desde que Snow y David se habían marchado. La vida había retomado su curso, el pueblo volvía de lleno a sus quehaceres: comercios, restaurantes… Como si nada hubiera cambiado.

Emma continua figurando en la oficina del sheriff: habiéndose marchado Leroy, los casos de embriaguez en la vía pública era raros y las celdas permanecían desesperadamente vacías.

En cuanto a Regina, sus platos figuran ya en el menú de GRanny's y las dos se felicitaban por eso. Ella, Granny y Ruby formaban un trio eficaz.

Henry era el adolescente más feliz del mundo: el pueblo donde había crecido era su casa, era un hermano mayor atento para con Olivia que crecía muy rápido según la opinión de Regina, y sus madres estaban enamoradas. Al menos en apariencia, porque en la intimidad de la pareja había un problema que comenzaba a atormentar a Emma: el sexo.

Decirlo es un poco crudo, pero ¿cómo decirlo de otra manera? Emma ama a Regina sobre toda las cosas, habían atravesado muchos obstáculos que habrían sido la ruina para otras parejas, pero ellas han sabido atravesar las tempestades y levantarse cada vez.

Y aunque Regina ha encontrado fuerza y determinación, Emma la sentía todavía asustada con respecto a ese tema. Por supuesto, había ternura, palabras dulces y gestos tiernos, y Emma es la mujer más feliz acostándose cada noche cerca de ella y levantándose cada mañana a su lado, pero las cosas han evolucionado, y Emma quiere pensar que su relación puede dar un paso adelante.

Desgraciadamente, aún torpe ante ese tema, no ha sabido abordarlo con tacto sin frustrar o herir a Regina. ¿Cómo hacer comprender a una mujer víctima de una violación que queiere acercarse íntimamente a ella?

Algunas veces, Emma piensa que es muy apremiante con Regina, pero otras veces las palabras de Granny le vienen a la cabeza: hay que hacerla tambalearse ligeramente para que tome conciencia de que es más que una mujer ultrajada. Emma quiere hacerle comprender que ella es también una madre, una compañera, pero sobre todo una mujer atractiva cuyos atributos comenzaban a excitar enormemente a Emma.

«¡Hey, hola!»

«Hey. ¿Vienes a almorzar?» le pregunta Regina viendo que Emma se instala en la barra de Granny's.

«Sí. Día tranquilo… Muy tranquilo. Al menos, antes, estaba David para charlar… Estoy pensando en redecorar la oficina»

«¿Vas a pintar de rosa los barrotes de las celdas?» dice divertida Regina.

«Bah, créeme… Si tuviera pintura rosa a mano…»

«¡En la ferretería seguro que tienen!» lanza Granny pasando por detrás de Regina para ir a servir a una pareja.

«Bien. ¿Qué quieres comer?»

«A ti» murmura Emma con una sonrisa que hace enrojecer a Regina

«¡Emma!» dice ella a su vez escondiendo sus mejillas coloradas con sus manos

«¿Qué? Di. ¿Cuándo terminas?»

«En veinte minutos»

«Ok. El tiempo para comer, y ¿nos vamos juntas?»

«Con mucho gusto» le sonríe Regina.

Lo prometido, es deuda, después de terminar su plato, Emma solo tiene que esperar algunos minutos antes de que Regina cuelgue el delantal. Y dadas de la mano salen del restaurante. El viento era frío en ese mes de noviembre y ambas se envuelven en sus abrigos, y Emma se enlaza al brazo de su compañera «…Olivia aún tiene una hora en casa de Belle y Henry no vuelve hasta dentro de dos horas por lo menos…»

«¿Y qué?»

«Me decía que podemos volver al apartamento y… estar al calor»

Regina alza un ceja y sonríe «Es una buena manera de ver las cosas»

«¿Entonces aceptas?»

«Emma…Sabes que… Todavía es…delicado para mí…»

«Lo sé, pero… Podríamos intentarlo, y ver hasta dónde podemos llegar, ¿no?»

Regina le sonríe y acepta volver al apartamento. La tensión es palpable y Emma hace todo lo posible para relajar a su compañera. «¿Quieres una copa de vino? ¿Jugo de naranja?»

«No, gracias»

«¡Yo sí, tengo sed!»

Y mientras se encuentra registrando la nevera a la búsqueda de alguna bebida, siente dos manos frías posarse en sus caderas. Cierra la nevera, se incorpora tomando las manos entre las suyas y estrechándola contra su espalda. Regina deposita tiernos besos en la base de su nuca, Emma se da la vuelta y la besa fogosamente, posando sus manos en los riñones, descendiendo hasta rozar suavemente sus nalgas, lo que electriza a Regina que hace que la empuje ligeramente. Piensa que ha fracasado con la morena, pero se sorprende cuando esta la toma de la manos y la conduce a la habitación «Regina…»

«Shh…»

En poco segundos, Emma está sentada en la cama, Regina de rodillas delante de ella, con sus manos apoyadas en los muslos de su compañera. Emma hunde sus manos en la cabellera de ébano de Regina y acompaña sus gestos con un lánguido beso, que hace nacer en Regina un ligero gemido, excitando a la rubia, que se permite un gesto más tierno: desciende una de sus manos para rozar su pecho. Al no percibir reticencias por parte de Regina, continua con su gesto hasta posar enteramente su mano izquierda sobre el pecho de la bella morena.

En ese momento, Regina se tensa y corta de repente el beso. Emma siente que el pánico invade a Regina. Más triste que no poder tocar a tu compañera es sentirse impotente ante el malestar físico de esta. Habría querido encontrar las palabras apropiadas, los gestos correctos para aliviarla, ser la compañera perfecta, atenta y paciente.

«Lo siento…» dice repentinamente Regina que se levanta y frota de forma mecánica las palmas de sus manos en su pantalón. Emma permanece sentada, contemplándola tristemente, y aunque hubiera querido encontrar las palabras justas en ese instante, permanece ahí, sin decir nada, con los ojos mirando al vacío.

Regina también hubiera querido decir algo más concreto que un simple arrepentimiento, pero se queda callada. Después de algunos minutos de silencio, Regina habla finalmente «Yo… voy a buscar a Olivia»

Emma no responde sino con un asentimiento antes de dejar a Regina salir de la habitación, después, del apartamento. Una vez sola, toma la cabeza entre sus manos y la mueve dulcemente «Mierda…» murmura.

Regina tiene la cabeza echa un revoltijo, todo giraba a su alrededor. Ya no sabe nada, está completamente perdida: por un lado, quería tanto estar con Emma y mostrarle cuánto la quería, agradecerle como era debido, y por otro, su miedo irracional de un cuerpo a cuerpo más íntimo la espantaba hasta el punto de perder el control sobre su propio cuerpo: irreprimibles ataques de miedo, de angustia…

Le hubiera gustado tanto satisfacer a Emma, dejar de lado ese pánico que la envolvía cuando sentía las manos de Emma sobre partes de su cuerpo que no habína sido tocadas sino por Neal… Se daba asco, no por haber sido violada, sino por no poder mostrarle a Emma lo que verdaderamente sentía por ella.

Caminando por la calle, se detiene ante un inmueble familiar. Suspira y entra. Las cosas tenían que cambiar.

Sube las escaleras, llega a la puerta, pero no sabe cómo abordar la situación, incluso cuando la puerta se abre no tiene ni idea de por dónde comenzar.

«¿Regina?»

«Dr. Hopper…»

«Entre. ¿Qué ocurre?»

«Yo… ¿Puedo hablar con usted?»

«Por supuesto. Siéntese.»

Regina lo hace y comienza a estrujarse los dedos. Ante su silencio, Archie comienza la conversación «¿En qué puedo ayudarla?»

«Prométame primeramente que todo lo que le cuente quedará entre nosotros»

«Evidentemente… ¿Qué ocurre? ¿Todo va bien?»

«Tengo…un problema»

«¿Con? ¿Emma?»

«Creo que la estoy perdiendo…»

«¿Por qué dice eso?»

«Porque ella espera de mí mucho más de lo que yo le puedo dar…»

«¿Con respecto a qué?»

«…»

«¿Regina?»

«…yo…sexo» dice ella finalmente, un poco incómoda

«Oh… ya comprendo»

«¿De verdad?»

«Bien, es evidente que después de lo que ha vivido, su confianza en otra persona ha disminuido… En primer lugar, debe encontrar confianza en usted y sus capacidades»

«¡Sé de lo que soy capaz! Ese es justamente el problema: no me siento capaz de satisfacerla…ella… Ella está cada vez más apremiante, sin estar constantemente a mi espalda, pero… Yo no me siento a la altura»

«¿Tiene miedo de ir más lejos con ella o…con una mujer?»

«…no creo que mis miedos sean de ese tipo. Aunque no tengo experiencia en esa materia, no es lo que más me preocupa»

«¿Está seguro de eso? Regina, pocas veces la he visto tan nerviosa, y siempre fue porque no se permitía el beneficio de la duda. Siempre ha querido tener el control»

«Para ser sincera, cuando…Cuando ella me toca, yo… entro en pánico. No pienso más que en las manos de…ese hombre sobre mí. Incluso hoy nuestra relación ha avanzado y nuestros acercamientos físicos son más… ¡Oh Dios mío! No puedo creer lo que le estoy contando…»

«No pasa nada, estoy aquí para eso también. Yo… Yo no tengo ningún conocimiento de sexología, pero la puedo ayudar a superar sus angustias. Regina…debe hablarle y no encerrarse. El silencio es el peor enemigo de una pareja. Y creo que Emma es lo suficientemente madura e inteligente, pero sobre todo creo que está enamorada de usted, para comprender esto y no precipitar la cosas. Pero ella no lo podrá soportar sola, si usted no comparte ese fardo»

Regina sabe que él tiene razón y que, tarde o temprano, las cosas deberían cambiar entre ellas, si no quieren que la relación se gangrene y muera ante sus ojos, y ninguna de las dos quiere eso, y mucho menos de esta manera y por esta razón.

«Gracias por haberme escuchado…» sonríe ella

«De nada, no lo dude… Oh ¿y cómo va nuestra pequeña princesa?»

«Muy bien»

«Hace mucho tiempo que no la veía tan completa»

«¿Qué quiere decir?»

«Me acuerdo de la llegada de Henry y de sus miedos… Después, un día encontró la sonrisa y ese niño fue una revelación para usted. En estos momentos, Olivia es la última pieza del puzzle de su vida, y estoy muy contento. Forma con Emma, Henry y ella una familia unida y feliz.

Regina le da las gracias con una gran sonrisa, y se marcha a buscar a su hija a casa de Belle.

Esta la invita con gentileza a pasar «¿Un café?»

«Con mucho gusto. Espero que se haya portado bien»

«Como siempre. Espero que mi bebé sea tan encantador como la suya»

«¿Niña o niño?»

«No hemos querido saberlo. En dos meses lo sabremos. Rumple está que no cabe en él»

«Me imagino, sí»

«Creo que haberse perdido gran parte de la vida y de la educación de Bae, le hace querer ser mejor padre esta vez» Por supuesto, Belle no se da cuenta de que evocando a Bae, hace alusión a algo triste para Regina que sin embargo no se lo tiene en cuenta.

«Debo marcharme, Henry no tardará»

«Por supuesto»

Belle intenta levantarse con dificultad, su gran barriga ocupaba un gran espacio y parte de su campo de visión. Regina sonríe, acordándose también de las dificultades para moverse que ella sufrió poco antes del parto. Ayuda a Belle a levantarse y, después toma a su hija y deja el lugar.

Cuando regresa, Emma no está en casa. Decepcionada, Regina se ocupa de su hija hasta que Henry vuelve en compañía de Emma. Sintiendo cierta tensión entre sus madres, Henry se marcha, pretextando una tonelada de deberes para hacer, y se encierra en su habitación.

«Yo… Quiero excusarme por lo de antes» suelta Emma sin esperar

«Soy yo la que tiene que excusarse. Creo que…»

«¡Espera! Antes de que digas nada, déjame decirte algo: soy un desastre. Eso no es nuevo, no es una sorpresa, pero… El hecho es que soy un desastre…Pero también y sobre todo estoy totalmente enamorada de ti. Y a veces tengo ganas de demostrártelo más que con cenas, pequeños gestos o besos furtivos. Regina…» Se acerca a ella para que Henry no pueda escuchar si sale de su habitación «deseo hacerte el amor» Regina retiene su respiración «Y no por razones indecentes o perversas. Te deseo porque te amo tanto que tengo ganas de mostrártelo de la manera más tierna y más sincera que pueda. Porque quiero mostrarme ante ti tal como soy, en la forma más sencilla: desnuda ante tus ojos para que veas quién soy verdaderamente y que mi corazón está completamente desnudo: desnudo de rencor, de miedo o de tristeza. Y solo deseo verte también de esa manera»

«Emma…Si supieras cómo también yo lo deseo. Porque, para mí, esa será en verdad la primera vez que cuente. Que tendrá un significado: Leopold, Graham o Neal… Nunca he tenido una relación sincera y profunda. Tengo miedo Emma. Tengo miedo de que si me presento desnuda ante ti… no te guste lo que veas»

Emma le sonríe y le acaricia su mejilla «Si supieras cómo amo todo de ti y cómo me gustaría descubrir aún más. Sé que tienes miedo, y me gustaría tranquilizarte, pero soy incapaz de momento. Con el tiempo, llegaremos a ello. Pero te aseguro, no cuento con dejarte porque no nos acostemos. No soy tan superficial. Esperaremos lo que haga falta y cuando lo hagamos, será el más bello momento para las dos»

Regina deja escapar una lágrima y la abraza con todas sus fueras murmurándole «Si supieras cómo deseo satisfacerte»

«Ya llegará… De momento… Si pudieras solo dejarme tocar tus pechos, yo sería la más feliz»

Regina hace una mueca enfurruñada y la golpea sobre el hombro «¡Muy divertido!»

«Hey, no has dicho que no, ehm…» sonríe Emma «¿Y si comenzamos por una cena las dos solas? Enviamos a Henry y a Olivia a casa de Granny. Mañana por la noche, ¿qué te parece?»

«Un poco apurado para avisar a Granny»

«Ok, entonces, este fin de semana. Eso nos deja tres días»

«Ok»

Y los tres días pasan con una rapidez endiablada, al menos para Regina. Emma esperaba con impaciencia ese fin de semana. Y aunque no estaba segura de cómo iba a acabar la noche, al menos tendría la posibilidad de pasar una velada sin niños, algo que no han tenido desde el regreso de la bella morena.

La bella rubia no tiene previsto una gran cena, sino una salida al único restaurante del pueblo, un largo paseo por la playa y acabar abrazadas en un banco. Sí, ese era el plan que, para esta noche, había preparado Emma para Regina.

Desgraciadamente las cosas no se desarrollaron como ella hubiera querido, y todo comienza en el mismo momento de acabar la jornada, cuando recibe una avalancha de llamadas de teléfono para denunciar que un grupo de adolescentes, probablemente borrachos estaban en la playa, metiéndose en el agua con el riesgo de ahogarse.

Regina acababa de terminar su jornada en el restaurante y se disponía a regresar a casa cuando recibe el mensaje de Emma diciéndole que se retrasaría. Suspira, pero se dice que tendrá tiempo de tomar una buena ducha y de elegir la ropa adecuada.

Vuelve a casa y se dirige sin demora a su habitación y deja la ropa sobre la cama. Granny había aceptado quedarse con los niños que la habían ido a buscar antes de terminar su servicio. Ahora, hela aquí, sola en el apartamento.

«Bueno, chicos, sois encantadores, pero os dejo»

«¿Qué? ¿Va a dejarnos aquí?»

En las celdas, cuatro adolescentes apestando a alcohol que había costado traerlos a la oficina

«¿Creéis que yo voy a pasar la noche cuidando a cuatro adolescentes llenos de granos y borrachos? Esta noche la pasáis aquí, mañana vendré a abriros. Vuestros padres están al corriente y totalmente de acuerdo conmigo»

«¡Está chiflada!»

«¿Chiflada? ¿Quién recorría la orilla titubeando con riesgo de caer al agua? Prefiero que vuestros padres os echen mañana una bronca que anunciarles vuestra desaparición»

Los adolescentes, impotentes, no pueden sino avergonzarse y aceptar su suerte.

Emma, satisfecha, volvería a casa más pronto de lo que había previsto, tendría tiempo de prepararse.

¡No se debería nunca subestimar las propiedades de una ducha! Regina lo ha comprobado: completamente relajada y libre de una jornada estresante, se encuentra preparada para su cita de esta noche. Se acaba de vestir y se está secando el pelo sentada al borde la cama, su mirada se dirige más de una vez hacia el armario de Emma, hacia las perchas y más precisamente hacia lo que se escondía detrás de los vestidos: la caja fuerte.

Hace un mes que ella está aquí y tres semanas que dormía en esa habitación en la que esa caja fuerte la observaba. Emma había sido evasiva sobre este tema y Regina nunca había tenido necesidad de volver a ello. Pero hoy, sola en la casa, podría intentar ver de qué se trataba.

Se levanta, mira rápidamente hacia la entrada de la habitación antes de empujar los vestidos y otras camisas de Emma para dejar aparecer el panel rectangular. Lo levanta y descubre la caja de código digital con un teclado numérico.

Frunce el ceño: Emma le había dicho que Neal la había comprado, pero que nunca la había utilizado. Ella roza las teclas y se dece que con magia podría abrirla sin esfuerzo, pero no había recurrido a la magia desde hace un año, desde su marcha, y no pensaba romper esa regla si no fuera por una necesidad mayor.

Así que, reflexiona en posibles códigos. Si el código hiciera referencia a Neal, sería más difícil encontrarlo. Pero algo le dice a Regina que esa caja había servido para Emma. Intenta entonces con su fecha de nacimiento, pero nada. Piensa un momento, y sonríe antes de teclear otra fecha, el del nacimiento de Henry. Algunos segundos más tarde, suena un ruido, sorprendiendo a Regina, que esboza un movimiento de retroceso cuando la puerta se abre.

¿Debía ella verdaderamente hacer eso esta noche? ¿No estaba faltando a la confianza de Emma? Pero al mismo tiempo, siente la necesidad de saber porque, inexplicablemente, presiente que eso tiene que ver con ella.

Duda un momento antes de abrir un poco la pequeña puerta de la caja. Y cuando dirige su mano hacia su contenido…

«¿Regina?» La bella morena se sobresalta, llevándose las manos al corazón cuando ella ve a Emma en el marco de la puerta de la habitación «¿Qué estás haciendo?»

«Yo… yo te esperaba» tartamudea Regina que pierde su compostura al haber sido descubierta de esa manera.

«¿Hurgando en mis cosas?»

Regina frunce el ceño «¿Tus cosas? Creía que esta caja fuerte era de Neal y que no había nada dentro» Emma se muerde el labio inferior «¿Emma?»

Finalmente la rubia se sabe en desventaja y se siente acorralada «Es…es solo que…» Regina se gira hacia la caja fuerte y coge el cofre. Emma se tensa «¡NO!» grita Emma

«¿Por qué? ¿Qué hay dentro de esta caja, Emma?»

«…»

«Podría abrirlo, Emma, sin tu consentimiento, pero preferiría que me lo autorizaras»

«Por favor»

«¿Por qué este misterio? ¿Aún no confías en mí?»

«¡Claro que sí! No tiene nada que ver con eso, es solo que…» Emma suspira y se sienta en el borde la cama, y agarra su cabeza «Solo lo hice por ti… Yo… no quería que salieras herida»

Regina frunce el ceño, mira el cofre y avanza hacia Emma. Le pide silenciosamente la autorización para abrirlo, ante la mirada teñida de tristeza de Emma, Regina aguanta la respiración cuando abre el cofre. Y lo que descubre, le hiela la sangre…

Un corazón… Un rojo corazón, que latía rápidamente se encontraba dentro. Regina flaquea algunos segundos, tambaleándose «Pero…»

«Sé que tendría que habértelo dicho mucho antes, pero…»

«¿De quién es este corazón?»

«Es… es el de Neal»

Si Regina no se hubiera esperado ya esa respuesta, se habría caído de espaldas «Pero…cómo… ¿Tú se lo… has arrancado?»

«¿Qué? ¡No! Fue Gold»

«Le arrancó el corazón a su propio hijo…» deja escapar ella

«Él no podía admitir lo que te había hecho y se sentía terriblemente culpable. Pero es su hijo y… tampoco podía matarlo. Entonces me dio su corazón…»

Regina cierra el cofre, los ojos negros de cólera «Tú…¡deberías habérmelo dicho!»

«Yo… pensé que todavía no era el momento…» se defiende Emma

«¡Qué sabes tú!¡Es mi derecho! ¡Esto me concierne más a mí que a cualquier otro!»

«Yo… Tú estabas demasiado frágil… Quería que te recuperases antes…»

«¿Desde cuándo? ¿Desde cuándo tienes el corazón?»

«El día en que Gold te curó en el hospital. Estabas aún muy débil, él me entregó el corazón diciéndome que hiciera lo que me pareciera justo»

«¡Y tú no me has dicho nada!»

«No quería decírtelo por miedo a que cometieras cualquier cosa irreversible bajo los efectos del dolor y la cólera»

Regina deja salir un suspiro de desolación «Tenías que habérmelo dicho… Tengo el derecho de saber lo que ha pasado con él. Me has mentido»

«¡Nunca te he mentido!»

«¡Me has dicho que él nunca más volvería a hacerme daño, que estaba encerrado para siempre!»

«¡Y así es!»

«¡Pero omitiste decirme que tenías su corazón en esta casa! He dormido en esta habitación durante tres semanas al lado del corazón palpitante de…» Retiene sus palabras, no queriendo pronunciar ese calificativo tan peyorativo que la hacía sentirse aún más sucia, piensa ella.

«Tenía miedo de que quisieras hacer algo de lo que te habrías arrepentido»

«¿Cómo qué? ¿Aplastarlo entre mis manos? ¡Tendría que haberlo decidido yo!»

«Neal… es lo que es e hizo lo que hizo, pero…él es el padre de Henry y… Yo no quería que los remordimientos te comiesen… Es también el padre de Olivia, y más adelante… Quizás ella querrá saber… Y en ese momento, ¿tendrías el valor de decirle que lo mataste con tus propias manos?»

«…»

«Tú que aspirabas a una redención, la has tenido en Washington y ahora conmigo aquí, al menos eso espero» Emma se levanta y pone sus manos sobre el cofre «Te lo habría dicho un día, créeme, pero quería que estuvieras completamente recuperada»

Regina está furiosa, llena de cólera, pero, sin embargo, no puede culpar a Emma, porque, sabe en el fondo, que la joven tiene razón: en caliente, quién sabe lo que hubiera sido capaz de hacer…Y las repercusiones que habrían podido tener después en su futuro con Emma y también, sobre todo, con sus hijos, porque, no importa lo desgraciado que fuera Neal, seguía siendo el padre de Henry y de Olivia.

Ella se tranquiliza «¿Dónde está? Si su corazón palpita es que está vivo»

«En el manicomio. Encerrado para la eternidad en una soledad y una obscuridad de la que no tengo intención de sacarlo»

«Sufrir eternamente…» murmura ella como si se diera cuenta del destino fatal que pesaba sobre los hombros de Neal.

«¿Lo compadeces después de todo?»

«No… yo… quisiera verlo»

«Regina, por favor…» le suplica Emma

«Creo que… creo que es eso lo que me falta para pasar definitivamente página. Necesito… saber, ver»

«No deseo que recaigas en un mutismo y en una depresión de la que no podría sacarte, porque, créeme, no soportaría retroceder después de todo el camino que hemos recorrido»

«Pero justamente, es gracias a ese camino que hoy sé que soy más fuerte para afrontar esta prueba. Además, ya no estoy sola y ahora tengo una razón para cruzar ese puente. Por favor…»

Emma la mira fijamente, y después sonríe «No es así como me esperaba nuestra primera cita»

Regina le acaricia la mejilla «Estoy enfada, frustrada y nerviosa… Pero al mismo tiempo comprendo lo que has querido hacer. Pero estoy segura de que eso será beneficioso para mí»

«¡Si te toca una sola vez de cualquier manera que sea, yo misma aplastaré su corazón!, promete Emma.

Emma no se lo cree: su cita con Regina había dado un giro de 360 grados: helas aquí, en los pasillos del manicomio en el cual Emma no había puesto los pies desde hace cuatro semanas. Los gritos de Neal resonaban aún en su cabeza.

Llegan ante la puerta de hierro y Regina da el cofre a Emma antes de abrir, sin demora, la puerta. El ruido metálico rechina en sus oídos y cuando Regina de adentra en la celda, ve en seguida esa forma enroscada en la cama. Cuando sus miradas se cruzan, retiene su respiración durante unos segundos, el pánico la envuelve, hasta que siente las manos de Emma sobre sus caderas.

Recupera su calma y entra. Neal se sienta con las piernas cruzadas y la mira a la cara: tiene la tez pálida, su rostro marcado por las ojeras, y pareciera que todos los años que había pasado en Neverland lo habían atrapado, tal era su estado de envejecimiento. Su barba le ocupaba la mitad de la cara «Mira por donde… ¿Qué veo? ¿Me echabas de menos?»

Regina se aproxima, lo mira fijamente como si lo revisara centímetro a centímetro. Emma se coloca al lado de Regina para hacerle ver a Neal que ella no había venido sola.

«Y voilà, la Salvadora, eh… ¿Has venido a contemplar tu obra?, ¡zorra!» dice mirando a Regina con ojos encolerizados «Esto te divierte, eh…Tendría que haberlo imaginado…»

«Tranquilo, Neal…» dice Emma como prevención

«Oh, ya veo… Es eso… Te acuestas con ella…¿Tiene un buen polvo? ¡Yo lo disfruté!» Emma no imaginaba el aplomo que él conservaba aún, incluso había pensado encontrarse un Neal carcomido por la soledad y los remordimientos «Tendría que haber imaginado que tú engañarías a toda mi familia con tus mentiras o… tu cuerpo» dice con un tono de asco.

De repente, él se endereza y salta de la cama, Regina da un paso atrás, y Neal cae al suelo, retorciéndose de dolor y llevándose las manos a su pecho. Emma se acerca para que Nral la vea: aguanta en sus manos el corazón del joven que ella no había dudado en apretar «¿Crees que hemos venido sin guardarnos las espaldas?»

«Zorra…» refunfuña él

Emma relaja su agarre y Neal trepa de nuevo a la cama, jadeando. Regina no se mueve y esboza una ligera sonrisa «¿Por qué sonríes?» le escupe él

Ella se acerca dulcemente «Regina…» le dice Emma por precaución

«Sonrío porque durante días, semanas, no veía en ti sino a un hombre que arruinaba mis pensamientos con sus actos. Te me aparecías impresionante, maquiavélico y fuera de alcance. Planeabas sobre mí como un espectro. Pero en estos momentos, me doy cuenta de que no eres nada. Me doy cuenta de que no vales la pena, de que no mereces mis miedos y mis angustias. Ya no tengo miedo de ti porque eres lamentable. Estás enfermo Neal. Y ya no tienes poder sobre mí. No me tocarás más, de la manera que sea: físicamente, mentalmente, materialmente… Gracias a ti voy a poder avanzar, llegar allí donde antes tu sombra me frenaba. Porque me consideraba mancillada, incapaz de volver a amar o vivir, me impedía a mí misma vivir, pero hoy, esta noche, se acabó. Finalmente voy a salir adelante, porque he encontrado a mi familia, ya no estoy sola como tú no parabas de decir: tengo a Emma, a Henry y a Olivia…»

«¡También son mis hijos!» Sonríe él «Algún día tendrás que hablarle a la pequeña de mí. Nunca dejaré tu vida, Regina. Te la destrozaré cuando ella sepa la verdad, te rechazará y te culpabilizará… Te odiará y en ese momento, yo volveré, no importa lo que digas o lo que hagas, estoy ligado a ti para siempre»

«Te equivocas. Olivia no sabrá nunca quién eres si no lo que realmente eres: un cobarde, un perverso, un violador. No es a mí a quien odiará, Neal, será a ti. Y gracias a eso nosotras estaremos más unidas que nunca. Estoy feliz hoy, y eso nunca podrás quitármelo.»

Neal tiene una mirada encolerizada, Regina ha ganado. Ella sonríe ampliamente: en ese momento algo ha cambiado.

Ella da media vuelta sin mirar atrás mientras que Emma permanece algunos segundos más, el corazón aún en la mano «Sabes… Un primer viaje hacia el Bosque Encantado ha sido organizado. He dudado durante mucho tiempo si mandarte de vuelta…»

«¿Y a qué esperas, entonces?»

«Creo que… creo que esperaba esta confrontación final. El círculo se ha cerrado. Me hubiera gustado que me dieras una razón para matarte, pero ya se verá»

«¡Mátame! Será más sencillo»

«Un día alguien me dijo que los caminos sencillos no son por fuerza los mejores. Son los que tienen más repercusiones. Tomaré el camino difícil y soportaré ese peso» dice ella alzando el corazón «porque ya no estaré sola para cargar con ello»

«Emma…»

Pero la joven retrocede y sale

«¡Emma!»

La puerta se cierra y las dos se alejan escuchando los gritos de Neal. Una página ha sido pasada, Regina puede dar un paso al frente.

Solas en la calle principal, Emma sostiene la mano de Regina «Finalmente, quizás podamos aprovechar lo que queda de la noche: ¿quieres comer?»

Regina asiente y Emma la conduce a Granny's donde Ruby estaba despachando «¡Hey, bellas!»

Poco acostumbrada a ese tipo de familiaridad, Regina abre los ojos como platos y ante eso Ruby se echa para atrás «Oh, euh,… lo siento…»

«No pasa nada» dice divertida Regina

«Os esperaba más temprano»

«Sí, pero hemos tenido un contratiempo» dice Emma cruzando su mirada con Regina.

Las dos se instalan y Ruby les lleva un cocktail «oferta de la casa»

«¿Traigo el pedido especial?» pregunta Ruby guiñándole un ojo a Emma que le responde con una sonrisa «Sí» antes de alejarse

«¿El pedido especial?»

«Bah, es una cita, no te voy a ofrecer una hamburguesa y papas fritas»

«Cierto»

«Entonces… sé que no ha comenzado como lo esperábamos, pero… ¿Por nosotras?» dice ella elevando su cocktail

«Por nosotras» confirma Regina chocando su copa con la suya. «Y te equivocas, esta velada no podía comenzar mejor» Ante la mirada incierta de Emma, ella se explica «Creo que esto es lo que faltaba: esta pieza del puzzle que me impedía avanzar. Ahora que lo he dejado detrás, creo que voy a poder avanzar… Avanzar con todo: contigo, con los niños»

«Estoy feliz por ello»

«No me malinterpretes: aunque comprendo lo que intentabas hacer, no estoy muy contenta de que me lo hayas ocultado tanto tiempo»

«¿Es inapropiado si te digo que me gustaría que me castigases?»

«Emma… No se trata de eso. Yo… Dime, si no lo hubiera descubierto esta tarde, ¿cuándo pensabas decírmelo?»

«No lo sé… Quería que te sintieras mejor… Pero no sabiendo lo que había sido de Neal, no podrías estarlo… Es la serpiente que se muerde la cola»

«Exacto. Emma…Si existe un secreto, una mentira que me concierne, me gustaría que pongas las cartas sobre la mesa aquí y ahora»

Emma la mira fijamente y sonríe «Al menos que pienses que atacar el bote de la mermelada a tus espaldas es dañino para ti, no, no hay nada»

«¿El bote de la mermelada?»

«Bah… Tú sabes, adoro cuando cocinas, de verdad. Pero… ese tofú…» dice ella con una mueca

Regina le sonríe y pone su mano sobre la suya «Gracias»

«Bien, aunque sé que tú estás aún un poco furiosa, ¿podemos pasar una buena velada y dejar para mañana tu cólera?»

«Por supuesto»

«¡Y voilàaaaaaaaa!» Ruby se acerca, dos platos en las manos, y cuando los deja en la mesa, Regina abre los ojos como platos ante la sorpresa «¿Bo…bogavante?»

«Sí. Pregunté a Jimmy, sabes, uno de los pescadores si podía encontrarme dos para esta noche. Y pedí a Granny que me los cocinara» dice ella orgullosa

«Estoy impresionada…»

«Buen provecho, señoras» les dice Ruby antes de desaparecer de nuevo. Pero antes de abandonar la estancia, baja las luces, suavizando el ambiente. Regina y Emma sonríen entonces y degustan su plato con glotonería y jovialidad.

«¡Estoy llena!» dice Emma dándose palmadas en el vientre

«Estaba delicioso, de verdad»

Caminan, dadas de la mano, una brisa fresca de finales de otoño les golpea las mejillas.

«¿No tienes frío?»

«Estoy bien» confirma Regina, aspirando el aire casi invernal

«Es que… es tarde… ¿Quieres…que volvamos a casa? Pregunta tímidamente Emma.

Regina sabe exactamente lo que se oculta tras esa pregunta y aunque ella está preparada para dar un paso crucial, tiene aún algunos miedos «Escucha… yo… No esta noche… Preferiría que fuéramos a buscar a nuestros hijos y que vuelvan con nosotras, que los arropemos, que los observemos mientras duermen apaciblemente y que nos durmamos nosotras, felices sabiendo que días mejores vendrán y que nuestro futuro será seguro y sereno»

Es un rechazo, pero la respuesta de Regina es la más bella de las respuestas que ella puede imaginar «Ok, vayamos a buscar a nuestros hijos»

Y en el camino de vuelta, aún dadas de la mano, Regina frena el paso «¿Qué?»

«Yo… ¿Podríamos dar un rodeo antes de volver?»

«Ok»

Emma se deja conducir y al cabo de unos minutos, comprende a dónde la lleva Regina: caminan unos treinta metros por Miflin Street y se paran delante del 108.

«¿Estás segura?»

«Es el último obstáculo. La última cosa que me frena en mi progresión es esta casa. Tengo que superar mis miedos.»

«Ok. Estoy aquí, sea lo que sea lo que quieras hacer»

Regina duda un momento, y después avanza lentamente por el camino. A cada paso, siente cómo los temblores la envuelven. Nota la presencia de Emma detrás de ella, lo que la tranquiliza. Se para justo delante del porche y Emma se adelanta: saca una llave de su bolsillo «He guardado siempre una copia» se justifica abriendo la puerta. Una vez hecho, vuelve al lado de Regina «Si no tienes…»

«Déjame solo unos momentos…»

Emma se mantiene a su lado, silenciosa, y Regina avanza despacio. Su corazón comienza a latir aún más desesperadamente cuando sus ojos se fijan en el parqué donde había ocurrido el drama, flashes aparecen en su mente, vacila antes de sentir las manos de Emma sobre sus hombros. Recobra fuerzas, expira, y se adentra finalmente en la mansión.

Durante un corto instante, olvida lo que allí había pasado y sonríe de nostalgia. Después un escalofrió la invade y pierde su sonrisa. Se sienta con las piernas cruzadas en el suelo, en el mismo lugar donde Neal la arrojó, y pasa la mano por la madera usada.

Emma se queda detrás, mirando a Regina con inquietud. La bella morena deja escapar una lágrima que se estrella contra el suelo, después una segunda.

«¿Regina?»

La joven se suena, después se seca las lágrimas y se gira hacia Emma, con una sonrisa en la cara «Yo… yo estoy bien… estoy mejor» Emma se sienta a su lado «¿Quieres moverte? ¿Ver la casa? Cuando te fuiste, intenté conservarla tanto como pude»

«Está perfecta» Regina se acerca y la besa tiernamente antes de levantarse y ayudar a Emma a hacer lo mismo.

«¿Nos vamos?»

«Nos vamos»

«¿Qué vas a hacer con esta casa? ¿Vas a volver?»

«Todavía no lo sé. Oscilo aún entre el miedo y el alivio… Quizás más adelante, en algunos meses…»

Emma le sonríe «Decidas lo que decidas, estaré contigo»

«No esperaba menos»

Dejan la casa y se dirigen a Granny's, al hostal, donde Granny las recibe «¿Ya de vuelta?» se asombra «Pensaba que vosotras… en fin…»

«Hemos hecho todo lo que teníamos que hacer» asegura Regina con una sonrisa

Granny no tiene idea de lo que eso significaba, pero presiente que algo ha cambiado, que Regina paree más serena, por el momento esa respuesta le es suficiente.

«¿Los niños se han portado bien?» pregunta Emma

«Son unos amores. De hecho, no he tenido que hacer gran cosa. Henry ha querido hacerlo todo: desde el pañal al biberón pasando por la nana. Una vez Olivia dormida, se puso a leer al resguardo del fuego, un amor»

Y cuando las dos mujeres se sienten satisfechas, los lloros del bebé resuenan «Ah, esa pequeña arpía me va a hacer pasar por mentirosa. Se creería que ese ángel nota cuando su mamá está por los alrededores»

Emma va a buscar a Henry que se había quedado dormido en el suelo sobre la mullida alfombra que bordeaba la chimenea «Hey, Henry…» dice ella moviéndolo suavemente.

El adolescente se despierta, se estira y mira a su madre «¿Ya?»

«Nos vamos»

«¿Lo habéis pasado bien? ¿Qué habéis hecho?»

«Paseo y restaurante, clásico y sí,¡ ha sido genial! Venga, levántate»

«¡Yo me he hecho cargo de Olivia!, dice él orgulloso

«Sí, lo sé, Granny me lo ha dicho» le contesta con una gran sonrisa

«Entonces… la próxima vez, ¿podría cuidar a Oliva…solo?»

Emma alza la mirada al techo: debería haber visto venir la situación a kilómetros «Ya veremos, eh. De momento, vamos a volver a casa y a dormir, mañana hablaremos»

El muchacho asiente, algo decepcionado, pero, sobre todo, cansado, y sigue a su madre para reunirse con Regina que lleva a Olivia en brazos. Todos regresan, y si Henry no se hace de rogar para irse a la cama, Olivia decide dar la voz.

«¿Vienes?

«Cuando este pequeño terremoto decida dormirse, sí»

Emma la besa sobre la frente, después acaricia la de Olivia, y se marcha a su habitación. Regina mira amorosamente a su hija, la acuna dulcemente canturreando…

You are my sunshine, my only sunshine

You make me happy, when skies are grey,

You'll never know dear, How much I love you.

So please don't take, My Sunshine away.

«Me acuerdo de esa canción…» Regina se sobresalta al escuchar la voz de su hijo, apoyado en el marco de la puerta, con una sonrisa en los labios «Tú me la cantabas también, ¿no?»

«Exacto» responde ella con una ligera sonrisa nostálgica pensando en aquellos primeros años de su hijo. Henry se acerca y se inclina sobre su madre para fijar su atención sobre la pequeña «¿Yo era así también?»

«Tenías menos pelo…» dice sonriéndole

«Ella se te paree mucho… ¿Me parecía yo…a mamá?»

Regina le sonríe y cierra los ojos, como para acordarse de la primera vez que lo tuvo entre sus brazos «Tú tenías ya sus ojos… Pero… para ser sincera, pequeño, tenías la nariz de tu padre» dice con un tono más frío.

«Oh…¿y ahora?»

«Dejando de lado tus cabellos, tienes mucho de tu madre…»

Él sonríe y deposita un tierno beso en la frente del bebé, ya casi dormida «Ve a acostarte, cariño»

«Entonces, ¿la velada ha sido buena?»

«Muy buena»

«Creía que… en fin…que vendríais a buscarnos mañana… Ya sabes… para hacer cosas de adultos…» dice él medio molesto, medio curioso.

Regina no puede ocultar una sonrisa «Oh, cariño, preferimos hacer cosas de adultos cuando tú estás en la habitación de al lado, es más divertido»

«Erk… Es…asqueroso…»

«Hablaremos de ellos cuando nos traigas a una novia a casa… ¡Cosa que espero que no suceda antes de los 25 años!»

«Eso no sucederá nunca. ¡Las chicas no sirven para nada!»

Regina no puede sino reírse «Venga, desfilando»

«Te quiero, mamá, estoy contento de que hayas vuelto a casa»

Regina se levanta, deja a su hija, ya dormida, en la cama y se gira hacia su hijo y lo abraza, y comienza a darles muchos besos sobre la frente y la mejilla izquierda «Hey… No, no… ¡Ya no soy un niño!» dice él intentando rechazarla. Ella sonríe y lo suelta y, en lugar de marcharse, Henry la estrecha en sus brazos un momento y se marcha a su habitación. Mira de nuevo a su hija y se dirige a su habitación donde Emma ya está acostada. Se cambia y se acuesta cerca de su compañera contra la que se estrecha completamente, desde los pies a la cabeza.

Emma se mueve ligeramente sintiendo el calor del cuerpo de Regina contra ella y la toma entre sus brazos «Te has tomado tiempo…»refunfuña ella al borde del sueño

«Lo siento, Olivia ha estado agitada…»

Emma se gira para quedarse cara a cara con Regina, la estrecha contra ella, rodeándola con los brazos, hasta la asfixia «Eh… Emma, cariño… No puedo respirar…» Emma relaja su agarre y la mira con una ojo abierto «¿Qué?»

«¿Emma, cariño? ¡Nunca me habías llamado así!»

«¿Acaso te choca? ¿Preferirías que llamara con un nombre cursi y completamente ridículo?»

«No, no, está bien» La besa sobre la frente «Te amo» Regina le sonríe, y se levanta «¿Qué haces? ¿No tienes sueño?»

«No» Ella observa con una oscura mirada la silueta que se dibuja bajo la luz de la luna

«¿Qué te ocurre?»

Sin una palabra, Regina se abalanza sobre Emma como una rapaz lo haría sobre su presa, y estampa sus labios sobre los de Emma que, sorprendida, se sobresalta ligeramente antes de aprovechar alegremente este intercambio. No es sino al cabo de algunos largos segundos que puede respirar «Pero…»

«Shhh…» murmura Regina cerrándole la boca con su índice. La rubia sabe exactamente lo que quiere intentar la bella morena, pero también sabe que no es la noche adecuada y las razones poco loables. Sin embargo, solo Dios sabe las ganas que tenía de ella y de pasar la noche satisfaciéndola, y por eso necesita un esfuerzo sobre humano para rechazarla.

Regina frunce el ceño al notar el rechazo de la rubia «¿Emma?»

«Escucha… Sé lo que intentas hacer… Pero, creo que no es el momento, no esta noche»

«Hace solo una hora tú querías que volviéramos…» masculla Regina

«Lo sé, pero… Tú tenías razón, como muchas veces, no es el momento. Hemos tenido un día agitado y una noche emocionalmente agotadora… Creo que necesitamos un tiempo de calma. Te deseo, la cuestión no es esa, y deseo verdaderamente que nuestra primera vez sea excepcional, grandiosa, romántica. No deseo que sea el resultado de una noche tan tensa emocionalmente. No es anodino lo que ha pasado esta tarde, y estoy por fin contenta de que hayas superado eso. Ahora, vamos a poder avanzar, pero no esta noche» le confía ella con una sonrisa reconfortante.

«Yo… pensaba que te había hecho esperar demasiado…» se explica Regina

«Hey, no voy a dejarte porque no me des lo que quiero. ¿Parezco tan superficial?»

«No…» confiesa, Regina, divertida

«Bien, entonces…» Ella se endereza, la besa tiernamente sobre los hombros «Ven a acostarte y estréchate contra mí y te prohíbo abandonar esta cama antes de mañana por la mañana»

«¿Y si Olivia llora?» se ríe Regina

«Henry quiere probar su madurez para ganarse el derecho de cuidar a Olivia sin ningún adulto, vamos a verlo»

«¿De verdad? ¿Él ha dicho eso?»

«Hm, hm…»Emma se recuesta y atrae a Regina hacia ella

Algunos gestos tiernos, caricias, besos, las dos jóvenes no quieren dormirse y se instaura un pequeño juego pícaro.

«¿Hey?» murmura Emma

«¿Hm?»

«¿Te toco los pechos si tu tocas los míos?»

Regina abre los ojos como platos y casi estalla en una risa ante esa pregunta descabellada «¿Perdón? Creía que esta noche no haríamos nada»

«Bah, ¡si no hacemos nada… solo nos acariciamos! Si supieras cómo he fantaseado con tus pechos desde hace tiempo… A decir verdad, mucho antes de tu partida a Washington»

«Dime, aquella noche, si te hubiera invitado a entrar, ¿lo habrías hecho?»

«¡Joder, sí!» dice Emma con un impulso frustrado, que hace sonreír a Regina.

«Se puede decir que eso sale del corazón…»

«Venga, a dormir. Hablaremos de tus seductores pechos otra noche…»

Regina se estrecha contra Emma «Estoy feliz, sabes»

«Lo sé, y yo lo soy también. Qué más podría pedir: tengo una familia, un trabajo, un pueblo… y te tengo a ti: la mujer más bella de Maine, si no de los Estados Unidos»

Regina ríe contra la piel de la joven y cierra los ojos, acunada por los latidos del corazón de su compañera. Por primera vez desde hace semanas, meses, Regina se duerme serena, feliz imaginando un futuro mejor y un final feliz para ella también.