Retoño y Jade

Capítulo 21: Las flores del jardín


Retoño tomó un cepillo y peinó su cabello. No tenía motivos para sentirse nerviosa, solo iría a caminar con Jade al arroyo como habían hecho tantas veces en el pasado, nada fuera de lo normal. Acomodó su flor, quería verse hermosa, más precisamente que Jade pensara que lo era. Ese último pensamiento la hizo detenerse, Jade no debería significar tanto para ella y sin embargo lo hacía y desde que la había invitado a un picnic ese sentimiento se había hecho más palpable.

Un sonido en la puerta hizo que su corazón se acelerara. Más que la sorpresa provocada al estar sumergida en sus pensamientos era la probabilidad que se tratara de Jade. Respiró profundo antes de ir a abrir la puerta. Conforme más se acercaba, más se aceleraban los latidos de su corazón. Retoño nunca se tomaba las cosas con calma, sus amigas decían que ella se emocionaba incluso con las cosas más pequeñas y ella estaba de acuerdo. Incluso lo que no conocía le parecía fascinante, para Retoño algo nuevo era algo maravilloso esperando por revelarse. Jade le había agradado desde que la conoció, no había nada que le desagradara, pero últimamente esos sentimientos se habían tornado más intensos.

En cuanto abrió la puerta se encontró con la pitufa a la que deseaba ver. Jade lucía nerviosa y en sus manos cargaba unas margaritas. En ese momento Retoño consideró que las margaritas podrían convertirse en sus flores favoritas. Jade vestía como acostumbraba a vestir, su peinado era el de siempre, probablemente no había nada en ella que fuera diferente pero Retoño no podía dejar de verla.

Internamente se preguntó cuándo las cosas cambiaron. En qué momento Jade se convirtió en alguien tan especial, no entendía por qué solo verla resultaba tan fascinante y mucho menos esa sensación de mariposas en el estómago cada vez que la tenía cerca. Jade era su pitufa favorita, eso lo tenía claro desde el día en que ella la había cuidado cuando estaba enferma, fue también el día en que se convirtieron en mejores amigas. Lo que no tenía en claro era cuándo sus sentimientos se volvieron tan confusos. Jade era su compañera de aventuras, nunca tenía que preocuparse de actuar junto a ella y sin embargo le preocupaba tanto lo que Jade pensara de ella.

A veces era molesto no poder descifrar sus propios pensamientos, otras veces disfrutaba el poder sentir la calidez de la compañía de Jade. Cosas pequeñas como tomar su mano o pasar horas hablando de todo y nada a la vez la llenaban de felicidad. Con Jade cerca se sentía más optimista de lo normal.

—¿Pasa algo, Retoño? —le preguntó Jade preocupada —, te nota extraña.

—No es nada, solo estaba pensando —respondió Retoño mientras alejaba sus pensamientos de su mente. No entendía lo que le pasaba, pero el solo ver a Jade sonreír hacía que quisiera profundizar en esos sentimientos, nuevos, desconocidos y emocionantes.