CAPITULO 21. Llévame contigo.
Aunque tenía los ojos cerrados presentía que estaba rodeado de una absoluta oscuridad. Hacía frío. Sentía su cuerpo entumecido y empezó a tiritar. Aún así no se atrevió a abrir los ojos.
- ¿Ginny?
No obtuvo respuesta. Por alguna extraña razón le costaba evocar el rostro de la chica en su mente. Trató de rescatar de su memoria los ratos más hermosos que habían compartido juntos, pero lo único que logró traer a su mente fueron algunas imágenes vagas que nada tenían que ver: Ginny llorando ante la tumba de Harry. Ginny evitándole en Navidad. Ginny agredida por Dean en un oscuro callejón. Ginny muerta a manos de Bellatrix... Un frío gélido se apoderó de su pecho, helándole las entrañas e impidiéndole respirar. ¿Qué diablos estaba pasando?
Abrió los ojos y escudriñó entre la oscuridad. Apenas podía ver nada, pero pudo distinguir un pequeño ventanuco por el que se colaba la luz de la luna, la única iluminación en aquel lugar. Estaba sentado en el suelo, recostado contra una pared irregular. Deslizó una mano hasta tocar el suelo y acarició la superficie, tanteando. Sintió una especie de dejavú y un escalofrío lo recorrió de arriba a abajo cuando sintió el frío y arenoso suelo de piedra bajo su mano. No podía ser...
- ¿Ginny? -llamó de nuevo, intentando a duras penas ocultar el miedo que lo atenazaba.
Entonces de repente pareció que veía todo con más claridad. No estaba seguro si era porque se había intensificado la luz de la luna o simplemente porque estaba en un lugar que, por desgracia, conocía muy bien. Miró a su alrededor y reconoció la celda en la que había pasado los doce años más largos de su vida. Se levantó y se acercó a trompicones a la puerta de la celda. No llegó siquiera a tocarla, porque un dementor pasó por delante y él retrocedió por instinto. Inmediatamente sintió como la temperatura descendía varios grados más. Por su mente empezaron a pasar las peores experiencias que había vivido, haciendo que sintiera ganas de vomitar. Trató nuevamente de evocar el recuerdo de Ginny, pero la influencia de los dementores era muy fuerte y ni siquiera fue capaz de visualizar mentalmente su rostro. Todo lo que tuviera que ver con ella provocaban en él sentimientos hermosos y eso era precisamente de lo que se alimentaban aquellas criaturas. Sintió un enorme vacío en su interior.
- Ginny... -susurró con un deje de desesperación en la voz.
- Ella no vendrá.
Notó un movimiento a poca distancia de él y se volvió con brusquedad. Esperó unos segundos a que sus ojos se acostumbraran un poco más a la oscuridad y entonces reparó en una figura encogida en la parte más oscura de la celda, de ahí que no lo hubiera visto antes. Sintió la ira hervir dentro de él.
- Que predecible eres, Sirius. Sabía que tarde o temprano acabarías aquí de nuevo.
- Colagusano -siseó.
El sentimiento de ira se transformó rápidamente en sed de venganza. Se abalanzó sobre él y le echó las manos al cuello, cayendo y rodando por el suelo.
- Mátame -jadeó el hombre-rata con una media sonrisa-. Es lo que ellos quieren. Tenerte aquí para siempre. Mátame y no volverás a verla nunca...
- Sirius... ¡Sirius!
Ginny lo zarandeó hasta que consiguió despertarlo. Sudaba a mares y temblaba violentamente.
- ¿Estás bien? -preguntó con un hilo de voz.
El animago no parecía muy seguro de saber donde estaba. Tardó un poco en enfocar la mirada en ella. Parecía tremendamente aliviado de tenerla a su lado. Se volvió hacia ella y ocultó el rostro en su hombro, todavía temblando. Ginny lo rodeó con sus brazos y lo estrechó con fuerza.
- ¿Azkaban? -preguntó solamente. Él asintió.
Ginny no dijo nada. No era la primera pesadilla de aquél tipo que tenía el animago. De echo había tenido unas cuantas desde que había recibido la citación, pero a medida que pasaban las semanas las pesadillas habían aumentado tanto en número como en intensidad.
********************Días más tarde ***************
Aún era muy temprano, pero Sirius hacía rato que estaba despierto. Acostado en la cama y con una mano bajo la cabeza, contemplaba el techo, pensativo. Al día siguiente sería la vista. Mentiría si dijera que no estaba nervioso, o que no le aterraba el solo pensar en volver a pisar Azkaban.
Dejando a un lado las pesadillas que lo acosaban por las noches, fruto de su subconsciente, se diría que tanto Ginny como él habían llevado todo aquel asunto con bastante serenidad durante aquellas semanas. La muchacha había mostrado mucha entereza y madurez, tratando y estudiando con él todas las posibilidades sin dejarse vencer por los nervios en ningún momento. Sirius no podía dejar de admirarla. Sí, Ginny lo había llevado muy bien, excepto la última semana. Durante los últimos días se la veía intranquila y susceptible. A menudo tenía la mirada perdida, sumida en sus propios pensamientos, y en más de una ocasión Sirius la había escuchado llorar, encerrada en el cuarto de baño o escondida en su habitación, que llevaba varios meses prácticamente abandonada. Achacó su comportamiento a la proximidad del juicio. También él estaba más nervioso. Pero en aquel momento lo que más le inquietó fue el recordar la conversación que habían mantenido la noche anterior, después de hacer el amor...
* * * * * * * * * * * * * * * * * FLASH BACK * * * * * * * * * * * * * * * *
Ya estaba casi dormido cuando escuchó la voz de Ginny, apenas un susurro.
- Sirius...
- ¿Mmm?
- ¿De verdad crees que hay posibilidades de que te dejen libre?
- Eso espero -suspiró.
Habían tenido esas conversaciones cientos de veces. Habían sopesado todas y cada una de las posibilidades.
- Pero... ¿Y si no?
Él no contestó. Ambos sabían lo que ocurriría en ese caso. Se tumbó de lado y miró de frente a los desesperados ojos de Ginny.
- Cariño, ya hemos hablado de esto. No sirve de nada darle más vueltas...
- ¿Pero qué ocurrirá con nosotros?
La miró, imperturbable. Sabía que se refería a qué ocurriría con su relación. Hasta el momento no se habían echo esa pregunta, no porque no hubiesen contemplado esa posibilidad, si no porque se habían limitado a estudiar la parte técnica de la situación. Pensar en lo que ocurriría con su relación era demasiado doloroso.
- Lo que tenga que ser será y no me queda otra que aceptarlo.
Ginny se incorporó un poco, negando efusivamente con la cabeza.
- No es la única opción -dijo, con la voz entrecortada. Sirius la miró, sin entender-. ¡Huye! Márchate ahora que aún estás a tiempo.
- ¿Pero qué dices? -él también se incorporó hasta quedarse sentado frente a ella-. ¿Volver a ser un fugitivo? Gracias, pero no. No pienso huir como un cobarde. ¡No he hecho nada malo!
- Lo sé. Pero no puedo soportar la idea de que verte encerrado en Azkaban.
- Ya he estado antes. Lo soportaré...
- ¡No es cierto! No piensas eso realmente. He visto como te pones cada vez que tienes una de esas pesadillas, y eso que tan solo son sueños. ¡Imagina estar allí realmente!
Sirius apretó los labios. Era cierto que en ocasiones dudaba que pudiera sobrevivir de nuevo a Azkaban, por corta que fuera su estancia. Sobre todo teniendo en cuenta sus últimas vivencias, entre otras el velo y la muerte de Harry. Por un momento recordó como se sentía emocionalmente hacía seis meses y se quedó sin aliento al imaginar como se percibirían esos oscuros sentimientos intensificados por la influencia de los dementores. Se le puso la piel de gallina.
- ¿Qué será de mi sin ti? No quiero perderte.
Cogió su rostro, ya cubierto de lágrimas y le susurró, pegando su frente a la suya.
- No vas a perderme. Nada podrá separarme de ti ¿recuerdas?
Pero Ginny no se daba por vencida.
- Por favor, vayámonos juntos. Me iré contigo a donde sea.
Sirius la miró, entre sorprendido y conmovido.
- ¿En serio serías capaz de venir conmigo? -preguntó, perplejo-. ¿Qué hay de tu familia y tus amigos? ¿Y tus estudios? ¿Lo dejarías todo... por mi?
- Nada tiene sentido si tú no estás conmigo... -susurró lentamente, mientras las lágrimas se escapaban de sus ojos.
Él sopesó la idea seriamente por unos instantes. Ginny y él, solos, sin nadie más. Sin responsabilidades, sin ataduras y sobre todo, sin sus padres de por medio. Una luna de miel eterna, de días calurosos tostando sus cuerpos bajo el sol de la Polinesia y de noches interminables bajo la luz de la luna. Sería tan hermoso... Por un instante estuvo a punto de tomar a Ginny de la mano y huir de aquella horrible casa únicamente con lo puesto, que no era mucho... Pero sacudió la cabeza y se obligó a si mismo a pensar con un mínimo de cordura.
- No nos iremos a ninguna parte -negó rotundamente. Aunque tenía que confesar que la idea de fugarse con Ginny era tentadora. Se le pasó por la mente una imagen de Ginny sentada delante de él a lomos de Buckbeak, sobrevolando el océano frente a una hermosa puesta de sol. Realmente, una idea muy tentadora-. Estaríamos siempre huyendo de la justicia, jamás seríamos libres. Ya he pasado por eso y no quiero esa vida para ti. Me gustaría poder ofrecerte algo más que eso.
La discusión había continuado durante un par de minutos, pero Sirius no dio su brazo a torcer. Finalmente Ginny, entre sollozos, había terminado durmiéndose entre sus brazos.
* * * * * * * * * * * * * * * FIN FLASH BACK * * * * * * * * * * * * * *
Se levantó sigilosamente de la cama y salió de la habitación con una expresión de determinación en su rostro. Al cabo de un rato regresó y se tumbó al lado de Ginny.
La observó en silencio. Aún se podía apreciar en su rostro la cantidad de lágrimas que había derramado durante la noche. Pareció como si percibiera su mirada sobre ella, porque se removió un poco hasta que finalmente despertó. Sirius le acarició la mejilla con profundo cariño y dolor.
- ¿Cómo estás?
- ¿Cómo quieres que esté? -gimoteó tercamente.
Sirius hizo una mueca y le propuso que bajaran a desayunar. Ginny se tambaleó un poco al levantarse y volvió a sentarse en la cama.
- ¿Estás bien?
- Sí -Ginny hizo un gesto con la cabeza, restándole importancia-. Me he levantado demasiado rápido y me he mareado.
Sirius dió la vuelta a la cama y tiró de su mano para ponerla en pie.
- Después de la mala noche que has pasado, lo que te hace falta es buen desayuno -dijo, rodeándola con los brazos-. Vamos.
Bajaron en silencio. Se percibía como un aura tensa en el ambiente. Se prepararon el desayuno y durante un rato comieron sin decirse nada.
- ¿A que hora te vas a casa de tus padres?
Ginny alzó la vista de su taza de café y lo miró, sorprendida.
- Hoy no voy a ir -dijo, como si fuera obvio.
Sirius negó con la cabeza.
- Es mejor que vayas... y que pases la noche allí.
Ella le miró, escandalizada.
- ¿Pero qué dices? Mañana es la vista. ¡Tal vez sea nuestro último día juntos!
- Lo sé -su expresión era de terrible angustia-. Pero... creo que es mejor que nos despidamos ahora.
- ¡No! -Ginny se levantó. Por un instante, la indignación estuvo a punto de hacerla salir de la estancia, pero lo pensó mejor y se detuvo en el último momento.
Sirius se acercó a ella y la cogió suavemente por los hombros para darle media vuelta y mirarla a los ojos.
- Quiero quedarme contigo y acompañarte a la vista.
- En cuanto oiga la sentencia no seré capaz de mirarte a los ojos sabiendo que no volveremos a estar juntos en mucho tiempo -confesó.
- No tenemos por qué pasar por esto -susurró Ginny, con lágrimas en los ojos-. Vayámonos lejos.
Él negó con la cabeza.
- Por favor -suplicó la pelirroja.
- Ginny...
Sirius la atrajo hacia si y la rodeó con sus brazos. Entonces la chica reparó en una mochila que descansaba en el suelo, cerca de ellos. Su mochila. Levantó la vista hacia Sirius.
- Ya lo tenías planeado ¿verdad?
- Créeme, es mejor así.
- Pero yo quiero quedarme a tu lado.
Sirius se separó un instante de ella para coger la mochila y colgársela de un brazo a la chica.
- Vete a casa.
- No...
- No me lo pongas más difícil.
- Por favor -le sujetó con más fuerza, como si quisiera demostrarle que no tenía intención de irse a ninguna parte-. No me hagas esto, Sirius... Te quiero.
El corazón del animago se aceleró. Conocía de sobra los sentimientos de Ginny, a los que él correspondía, pero nunca antes habían tenido la necesidad de expresarlo en voz alta. Aquella confesión le pilló con la guardia baja.
Se miraron con intensidad durante unas milésimas de segundo y entonces Sirius la besó, con más pasión de la que era capaz de recordar, enredando los dedos en su pelo. Ginny correspondió al beso sin dudarlo.
- Perdóname -se disculpó Sirius en un susurro.
Ginny frunció el ceño, sin comprender. Se distrajo y Sirius aprovechó el momento. Cuando se dio cuenta de las intenciones del animago ya no tuvo tiempo para reaccionar. Sirius la empujó con fuerza hacia la chimenea.
- ¡La Madriguera! -exclamó al tiempo que arrojaba a sus pies un puñado de polvos flu.
- ¡NO!
En cuanto las llamas esmeraldas se tragaron a Ginny, Sirius sacó su varita y realizó un hechizo para bloquear la chimenea. Después se sentó, se apoyó en la mesa y hundió el rostro entre sus brazos. Minutos después se levantó con decisión y salió a la calle.
Cuando abrió los ojos vio que estaba en la sala de estar de la Madriguera, con la ropa manchada de ceniza. Se puso de pie de un salto y entró en la chimenea.
- ¡12 de Grimmauld Place! -echó los polvos a sus pies y las llamas la rodearon. Cuando se disiparon vio que seguía en la chimenea de la Madriguera. Lo intentó dos veces con el mismo resultado. Sirius debía de haber inutilizado la chimenea de Grimmauld Place. Podía Aparecerse, pero algo le decía que cuando llegara al ex cuartel el animago ya no estaría allí.
Frustrada, cogió un pedazo de carbón y lo arrojó con furia contra la pared de la chimenea, haciéndose añicos. Se cubrió el rostro con las manos y rompió a llorar.
Hagrid trajinaba entre los fogones de su destartalada cabaña cuando escuchó una especie de graznido, proveniente de Buckbeak, atado en el huerto de las calabazas. Se asomó a la ventana y vio al animal en pie, pateando el suelo y tirando con fuerza de la cadena. Sonrió al ver que la razón de la alegría del animal descendía por la ladera en dirección a su cabaña.
- Hola, Hagrid.
- ¡Sirius! -le dio un fuerte abrazo-. ¿Qué tal va todo? Pasa, estoy preparando un poco de té.
- Gracias, pero quizá en otro momento. No tenía pensado quedarme mucho rato -se inclinó brevemente ante el hipogrifo, que correspondió al saludo y se acercó para acariciarlo-. En realidad he venido a ver a Buckbeak -aclaró, con un deje de disculpa en la voz-. Últimamente he pensado mucho en él y lo echaba de menos.
Hagrid no se sintió en absoluto molesto. Como amante de los animales que era, comprendía a Sirius perfectamente.
- Oye... ¿Te importa que me lo lleve a dar una vuelta?
- ¡Claro que no! Es más tuyo que mío. No hay más que ver su reacción cuando te vio aparecer por la ladera.
Sirius sonrió. Con un impulso subió a lomos del hipogrifo, que pateó el suelo, ansioso por emprender el vuelo. Se despidió del semigigante y espoleó al animal, que desplegó sus enormes alas y se impulsó hacia el cielo.
Hola! Se que este capítulo también me quedó corto. En un principio se suponía que el capítulo 19y20 iban a ser un capítulo único, al igual que el 21y 22.
De todas formas espero que os haya gustado y que me dejéis algún review.
Un saludo y muchas gracias a todos los que tenéis paciencia y seguís mi historia.
Un beso.
