Capitulo 20

Patty caminaba nerviosa por el apartamento de Albert. Tan solo faltaba una semana para la boda, y aún quedaban algunas cosas por terminar de organizar. Había ido a buscarlo para charlar sobre el tema de la luna de miel. Partirían a México, y la compañía aérea había llamado a su casa para modificar la fecha de partida. A Patty no le había hecho gracia, por más que se tratara de un solo día de retraso, a ella no le gustaba que sucedieran ese tipo de imprevistos. Debía hablar con Albert urgentemente para buscar una solución.

Albert no estaba en su apartamento cuando ella había llegado. Pero el portero la conocía, y había sido muy amable en dejarla pasar. Él estaba tardando mucho, y Patty decidió esperarlo en su habitación. Todo en ese cuarto le hacía acordar a Albert. El sobrio empapelado azul que cubría las paredes, los portarretratos con las fotografías de su época de jugador de baseball. Todo estaba en perfecto orden, de la misma manera en que él manejaba la escuela.

Se acostó en la cama, para sentir el aroma de Albert en la almohada. Le parecía un sueño saber que dentro de unos pocos días él se convertiría en su esposo. Era lo que siempre había deseado, y al fin lo había conseguido.

Cerró los ojos y abrazó fuertemente la almohada, pensando que era Albert quien estaba entre sus brazos. Pero de pronto su mano rosó algo que le llamó la atención. Abrió los ojos sorprendida, al darse cuenta que lo que se encontraba debajo de la almohada, eran unas diminutas bragas de encaje color rojo. Estaba segura que no eran de ella, pues jamás se pondría algo tan indecente.

Ardió en furia al darse cuenta que Albert la había estado engañando. Cualquier tipo de excusa que él pudiera darle sería insignificante para ella. Se levantó de la cama y comenzó a destrozar todo a su alrededor. Patty era demasiado orgullosa como para dejar pasar semejante engaño y Albert tendría que pagar por lo que había hecho.

Rompió retratos, lámparas y todo lo que encontró a su paso. Quería saber quién era aquella mujer con la que Albert había estado engañándola apenas unos días antes de la boda. No tenía idea de quién podría tratarse, hasta que al arrojar una caja de latón que se encontraba en el escritorio, una foto cayó al piso. Patty se acercó con cautela y la tomó. Tendría que haberlo sabido.

Era un recorte del periódico escolar, en el que aparecía Candice en un concurso de literatura que había organizado en su corta estancia en el colegio como profesora. En la foto, la rubia sonreía mientras entregaba un trofeo barato de plástico al ganador del concurso.

Patty sabía que Candy se había casado con ese tal Terrence porque había quedado embarazada. La muy zorra seguramente no sabría quien era el padre de su hijo, y no le quedó más remedio que engatusar al más idiota de los hombres con los que se había acostado. Porque era evidente que Albert nunca creería en la palabra de alguien como Candy, claro que eso no le impedía seguir acostándose con ella.

Tenía que hacer algo urgente. No iba a permitir que esa mujer le arruinara su boda. Sea como sea, Patty se convertiría en la esposa de Albert.

ooo

- ¿Cómo es eso? – Susana intentó mantener la calma, pero falló en el intento. Es que la noticia que acababa de recibir la había enfurecido considerablemente.

Había llevado a Tim a casa de Candy como lo hacía casi todas las tardes. Terry continuaba sin dirigirle la palabra, y eso le molestaba mucho. No sabía que más podría hacer para ganarle a su hijastra, sentía que todo se le iba de las manos.

- Lo lamento, olvide decírtelo – Dijo Candy, sin sentirlo realmente. No se fiaba de Susana, y su reacción le decía que estaba en lo correcto. Solo la seguía soportando en su casa por Tim.

- ¿Cómo puedes olvidar comentarme algo así?

- No es para tanto... Solo será una semana.

- ¿Y qué pasará con Tim? – Susana utilizó patéticamente su último recurso – Te extrañará ¿Piensas dejarlo solo?

- Creo que él lo aceptará. No entiendo porque te irritas tanto.

- ¡No me irrito!

- Pues lo disimulas muy bien.

- No puedes irte.

- ¿Qué demonios te pasa?

- ¿Quieres saber qué me pasa? Pues te lo diré... – Susana no pudo seguir manteniendo su teatro. No podía permitir que Terry pasara una semana entera en Paris con Candy – ¡Terry es mi hombre! Solo me he acercado a ti para estar cerca de él. Terry no tiene nada que hacer a tu lado ¡No lo mereces!

Candy no se sorprendió ante esa declaración. Siempre lo había sabido. Susana en verdad era muy estúpida si creía que le iba a abrir las puertas de su casa para que le robara a su marido.

- Dime una cosa, Susana... ¿Alguna vez has pensado en buscar ayuda profesional?

- ¿Te refieres a un asesino a sueldo?

- No, a un psicólogo. En verdad creo que estás loca.

- ¡Cómo te atreves! – Levantó la mano para pegarle a su hijastra, pero alguien la detuvo.

- No deberías hacer eso – Era Terry quien sostenía fuertemente la mano de Susana – Supongo que entenderás que ni mi mujer ni yo queremos que vuelvas a nuestra casa.

- ¿Y qué hay de Tim? – Sonrió maliciosamente, sabiendo que mientras ese pequeño existiera no podrían negarle la entrada a esa casa.

- No te preocupes por él – Ahora fue el turno de Terry de sonreír – Tim ya no será un problema para ti.

- ¿A qué te refieres?

- Hemos consultado con servicios sociales para exponer tu caso – Dijo Candy – Tenemos suficientes pruebas para determinar que nunca has sido una buena madre. El testimonio de Tim ha sido contundente para abrir una causa.

- Candy y yo hemos pedido la custodia del pequeño.

- ¡No es posible! – Estalló Susana, presa del miedo - ¡Yo soy su madre! Nadie se atrevería a quitarme la custodia. No pueden tener pruebas para hacerlo. Y Tim jamás se atrevería a decir nada.

- Tal vez deberías guardar tus argumentos para el juicio.

- ¡No habrá ningún juicio!

- Eso lo veremos.

Terry prácticamente la arrastro hasta la salida y la hecho como a una rata, de la misma forma en que lo había hecho años atrás.

- ¿Crees que hemos hecho bien en ponerla sobre aviso? – Candy comenzó a sentir nervios.

- No podrá hacer nada. Por más que consiga los mejores abogados, ningún juez sería capaz de entregarle la custodia de un niño a una mujer como Susana.

- Tienes razón – Candy se acercó a Terry y lo abrazó con fuerza – Gracias por apoyarme con esto.

- Jamás te abandonaría.

Cada día que pasaba, Candy se enamoraba más de Terry. Deseaba poder decírselo libremente, pero sentía temor de ser rechazada, de no ser correspondida en sus sentimientos. Sabía que moriría si él no la amaba.

Por su parte, Terry también moría de ganas de confesarle a Candy sus sentimientos. Nunca hubiera creído que sería tan difícil decirle a una mujer que la amaba. A los demás hombres no les costaba, pero a él sí. Terry nunca había sido amado por nadie y no sabía cómo hacerlo. Tenía miedo de no ser suficiente para Candy, de defraudarla, por eso había hecho todo lo posible para ayudarla con el tema de su hermanito.

Candy y Terry habían tenido una conversación el día en que Susana apareció por la puerta de su casa, ofreciéndole a Candy la oportunidad de volver a tener una relación con su hermano. Era evidente para ambos que esa no era una reacción típica de Susana, quien solo pensaba en ella. Candy notó desde el primer instante en que lo vio, que Tim no era feliz con Susana. No hablaba de ella como si fuera su madre, y les había confesado que lo trataba mal, y si no hacía lo que ella le ordenaba, llegaba a levantarle la mano.

Candy no permitiría que Tim siguiera sufriendo en manos de una madre inhumana, y con Terry consultaron a un abogado, quien los puso en contacto con servicios sociales. El testimonio de Tim había sido clave para levantar una causa contra Susana, y les había brindado a Terry y Candy la oportunidad de pedir su custodia. El juicio probablemente sería cuando ellos volvieran de Paris, pues no se podría dejar mucho tiempo más al niño al cuidado de Susana.

- ¿Qué te parece si terminamos de preparar las cosas del viaje? – Propuso Candy – Aún no he terminado de empacar la ropita de Bobby, y también debemos preparar las cosas de Rafe. Hablé con Tom, y está dispuesto a cuidar de él en esta semana.

- De acuerdo... pero tendrás que compensarme más tarde – Le dijo traviesamente.

Candy se dedicó a su marido después de terminar de empacar las cosas. Pero no fue como las demás noches, pues su vuelo salía temprano por la mañana, y debían levantarse muy temprano para estar a tiempo en el aeropuerto.

ooo

- Recuerda darle uno de sus huesos todos los días a las tres de la tarde, y no dejes que pase mucho frío, se pone de mal humor. Siempre debes sacarlo a pasear con su correa, y tiene que tomar un baño al menos una vez a la semana. No le gusta dormir en el piso, así que supongo que ya tienes compañero de cama – Candy le explicaba a George todo lo necesario para el cuidado de Rafe, no quería que el perro pasara una mala semana.

- No te preocupes – Le dijo Tom – Estará bien con nosotros, ustedes disfruten su viaje.

- ¿Están seguros?

- Siempre hemos tenido perros en el rancho – Contestó George – Se cómo manejarlos.

- Pero este es especial.

- Vamos Candy – Terry se acercó a ella, con Bobby en brazos – Es hora de irnos.

- Pero estoy preocupada por Rafe... tal vez no se adapte...

- Serán como unas vacaciones.

- Claro... una semana de hombres – Bromeó Tom.

- De acuerdo...

Candy por fin se despidió de Tom, George y Rafe. El perro no parecía demasiado triste por la partida de sus amos, incluso estaba moviendo la cola.

Tomaron un taxi que los llevó al aeropuerto, para abordar su avión que los llevaría a Paris. Candy temió por Bobby, creyó que le haría mal el viaje, después de todo eran muchas horas de viaje, y él era apenas un bebé. Pero el pequeño pareció disfrutarlo. No se quejó en ningún momento del vuelo, y al arribar al destino, Bobby estaba completamente dormido. A Candy le costó trabajo despertarlo para poder alimentarlo, el pobre estaba agotado.

- ¿Tienes la dirección del hotel? – Le preguntó Terry.

- Si – Candy rebuscó en su bolso hasta encontrar un papel donde había anotado la dirección que del hotel que habían reservado para ellos – Aquí esta.

- Bien... tomaremos un taxi.

Candy siguió a Terry, quien parecía fascinado con la ciudad. Definitivamente, Paris era un lugar hermoso. A nada se parecía a la calurosa jungla de Vietnam en la que había pasado cinco años de su vida. Ese había sido el único "viaje" que Terry había realizado, por lo que estar en esos momentos en una ciudad como Paris, con la mujer que amaba, y con su hijo, era algo tan perfecto que parecía irreal.

Llegaron al hotel Ritz, y ambos quedaron impresionados por tanto lujo.

- ¿Estás segura que este es nuestro hotel? – Preguntó Terry con desconfianza, pues no se hacía a la idea de entrar a un lujar así y que no lo arrojaran a la calle.

- Si – Contestó Candy, mientras se dirigían a la recepción – Ven, vamos a registrarnos.

- Bonjour – Los saludó la joven tras el mostrador - Que puis-je faire pour vous?

- Buenos días – Saludó Candy – Tenemos una reserva a nombre de Candice Grandchester.

- Un momento, por favor – La recepcionista comenzó a teclear en su computadora – Aquí esta... ¿Me permite su identificación, por favor?

- Claro – Candy le entregó todo lo necesario, mientras que Terry aún seguía escéptico. Estaba seguro que no podrían quedarse en ese hotel.

- Muy bien, señora Grandchester – Le entregó una llave – Esta es la llave de su suite, en el segundo piso. Esperamos que disfruten su estancia – Les brindó una radiante sonrisa.

Candy tomó a Terry de la mano para dirigirse a su habitación.

- ¿Ya nos vamos? – Preguntó él.

- ¿A dónde?

- A nuestro hotel.

- Este es nuestro hotel.

- No podemos pagar algo así.

- Ya está pago – Le explicó ella – La invitación venía con el alojamiento incluido.

- ¿Quieres decir que nos quedamos?

- Si – Lo arrastró hacia el ascensor – Vamos.

Si Terry se había sorprendido al ver la recepción del hotel, se quedó sin palabras al entrar a la suite que le habían asignado.

- ¿Estás segura que podemos quedarnos aquí? – Sentía que estaba gastando una fortuna con tan solo estar parado en medio de la sala de la suite.

- ¿Quieres dejar de decir eso?

- De acuerdo – Recorrió el lugar hasta llegar a la habitación principal. Le llamó la atención la enorme cama con dosel – Candy... ¿Crees que podríamos... tú sabes...

- Acabamos de llegar – Sabía a qué se refería su marido, y no es que no tuviera ganas, pero esa noche tendrían la cena de gala a la que los habían invitado, y debían prepararse.

- Solo serán unos momentos.

- ¿Y Bobby? – El bebé ya había despertado, y no podían dejarlo solo.

- Tienes razón – Aceptó él – Pero esta noche no te escapas. Muero de ganas por probar el jacuzzi que está por allí.

Candy también quería probarlo, pero tenían cosas que hacer.

Tomaron un baño antes de vestirse. Les hubiera gustado hacerlo juntos, pero alguien tenía que quedarse con Bobby, pues había estado muy inquieto desde el momento en que llegaron a la ciudad. Terry se vistió con un elegante traje negro que su esposa había comprado para él, asegurándole que su uniforme de sargento no sería apropiado para la ocasión. Candy, por su parte, llevaba puesto un hermoso vestido largo color azul oscuro, con un escote sugerente.

- Seré la envidia de la noche – Le dijo Terry al verla tan hermosa.

- Tú también luces muy bien.

- Me siento un poco incomodo.

- Te estás comportando como Bobby – Lo regañó ella mientras le acomodaba la corbata. Alguien golpeo a la puerta – Debe ser la niñera – Se dirigió a abrir.

- Buenas noches, soy la señora Parker – Era una mujer de mediana edad, parecía muy agradable.

- Buenas noches. Yo soy Candice Grandchester y él es mi marido, Terry.

- Mucho gusto ¿Dónde está el niño?

- En su habitación, durmiendo... se lo presentaré.

Candy llevó a la señora Parker a la habitación de Bobby, y Terry la esperó paciente en la sala hasta que su esposa terminara de darle todas las indicaciones necesarias a la niñera.

Diez minutos después, ambos subieron al último piso, donde se encontraba el salón donde se realizaría la cena. Todos los presentes estaban impecablemente vestidos, y Terry, por primera vez no se sintió fuera de lugar en un lugar como ese.

Candy, definitivamente había atraído todas las miradas de los hombres presentes en el salón, pero Terry no se quedaba atrás. Su esposa ardió en celos cuando una joven heredera se acercó al él y se colgó descaradamente de su brazo.

- ¿Bailas? – Le preguntó.

- Claro – Candy, que estaba tan solo a unos pasos, no podía creer lo que Terry estaba haciendo. Estaba a punto de poner a esa mujer en su lugar cuando Terry se soltó del agarre de la joven para dirigirse a ella – Vamos – Le ofreció su mano.

- Espera... – Dijo la joven – Dijiste que bailaríamos juntos.

- No. Dije que bailaría... pero con mi esposa – Terry se retiró con Candy hacia la pista de baile, dejando a la otra mujer completamente avergonzada.

- Casi arrastro por los pelos a esa mujerzuela ¿Cómo se atreve a abordarte de esa forma?

- ¿Estas celosa?

- ¡Claro que estoy celosa! – Candy no supo lo que había dicho, y Terry se sorprendió al oírlo.

Bailaron un rato más, hasta que Candy comenzó a sentir calor, y Terry le ofreció salir un momento al balcón.

- Es hermoso – Dijo ella, al apreciar la fabulosa vista a la Torre Eiffel.

- ¿Te estás divirtiendo?

- Claro ¿Y tú?

- Estaré bien siempre que tú permanezcas a mi lado – Tomó su rostro con las mano y la beso. Ese era el momento y lugar indicado para decirle lo que sentía – Te amo.

- También te amo – Dijo ella con lágrimas en los ojos.

Ninguno de los dos cabía en su felicidad al saber que sus sentimientos eran correspondidos.

Allí, bajo la luna de Paris, una pareja de enamorado se confesaba su amor. Un amor que nadie podría destruir.

Continuará...


Bueno... estamos llegando al final de esta historia. Solo falta un capítulo más o dos, y por supuesto el epilogo.

Espero que les guste este capítulo.

Muchas gracias por los reviews =)

Besossssssssssss