Hola chicos, como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen y esta pequeña historia surgió de mi imaginación y espero les guste y la disfruten tanto como yo he estado disfrutando al escribirla, bueno comencemos…

El príncipe de la máscara.

Capítulo 20

—No olvides los panecillos de chocolate, por favor.

—Eres demasiado controladora ¿Lo sabías? —refunfuñó Tomoyo.

Sakura soltó una suave carcajada y volvió a verificar el contenido del bolso y la cesta. Mantas, un almuerzo delicioso, bebidas, vasos y por supuesto, el postre. Sí, un vistoso pastel de chocolate y unos deliciosos panecillos con los cuales esperaba poder sobornar a Shaoran, si su plática sobre el plan de Yue se tornaba pesada, lo cual era casi seguro.

—Creo que estas siendo muy ilusa…

—Ten un poco de confianza en mí.

—Oh, cariño. Es en ti en quien deposito mi confianza, no en la comida. —Tomoyo soltó una carcajada y se acercó para poder susurrarle lo siguiente—. Sigue el consejo de Meilin, no hay nada que una mujer no pueda lograr si usa sus encantos femeninos. En otras palabras, sedúcelo.

La sangre de Sakura se concentró en sus mejillas, haciéndolas arder. Ciertamente, Meilin le había dicho algo parecido, pero Sakura no se creía capaz de algo como eso… conscientemente. Ya en algunas ocasiones había logrado hacerlo sonrojar, pero jamás había sido intencional. Era cuestión de el momento… pero de ahí a tratar de seducir a un hombre como Shaoran a conciencia, seguramente terminaría en desastre.

Su experiencia con hombres era prácticamente nula y tampoco era un tema que podría preguntarse a cualquiera. Tomoyo podía ser muy liberal, pero su experiencia con hombres también era poca y casi podría afirmar que, debido a… los besos que había compartido con Shaoran, la superaba por un tramo largo.

Soltó un largo suspiro. La opción de usar la seducción como arma contra Shaoran estaba fuera de consideración.

—¿Piensas salir a algún lado, Sakura? —La pregunta de Chiharu la tomó por sorpresa.

Al girarse hacia su amiga, la culpa hizo mella en su pecho. No quería ocultarle las cosas, pero Meilin había sido muy tajante en cuanto a la confidencialidad del plan. Intentó sonreírle, pero seguramente le salió una mueca extraña.

—El príncipe Shaoran desea salir del palacio para dar un paseo —dijo Tomoyo, salvándola de dar mayor explicación—. Sakura lo acompañará.

—¡Oh! ¿Una cita romántica? —preguntó, moviendo sus cejas sugestivamente, haciéndola sonrojar.

—¿Puedes considerar una cita romántica, un paseo con escoltas a tu alrededor? —preguntó ella, resoplando molesta.

Sakura se había esforzado mucho ideando un plan que le permitiera lograr su objetivo. No solo se trataba de la comida, estaba segura que el ambiente relajante del lago Lyria le ayudaría a convencer a Shaoran… o eso pensaba hasta que su hermano estropeó todo. Al enterarse, Touya se negó rotundamente a dejarlos salir sin escolta. Ahora, no solo debía preocuparse por Shaoran, también debía buscar una forma de deshacerse de los guardas para hablar a solas con él. Todo su plan dependía de eso.

—¡Chiharu! —El gritó de la señora Izumi se escuchó en toda la cocina—. ¡Se te paga para trabajar, no para socializar!

—Ha estado insoportable estos días —dijo Chiharu, frunciendo su ceño—. Al parecer, la reina la está presionando.

—¿Y eso por qué? —preguntó Tomoyo.

—No estoy segura… pero según escuche, la bruja mayor es quien está organizando la coronación del príncipe Touya —dijo—. La fiesta, la comida, músicos, protocolo ¡Absolutamente todo! Fue una orden directa del rey… y me imagino que en alguien debe descargar la tensión.

Sakura tragó grueso y desvió su mirada. Esa orden de su padre tenía dos motivos estratégicos. Mantener ocupada a la reina Keiko para evitar que se diera cuenta de los cambios que sufriría la escolta de Midori. Obviamente, siendo Sakura solo una sirvienta, no podían brindarle mayor protección sin llamar la atención. Por eso, durante la coronación, Sakura formaría parte de las damas de compañía de Midori, justificando así su presencia en ese lugar, junto a Meilin y Tomoyo.

Aun no tenía claro como justificarían la ausencia de Midori durante la coronación de su hermano, pero, seguramente, ya habían ideado una excusa perfecta… o eso esperaba.

—¡Chiharu!

—Obviamente, ella descarga su tensión en nosotros —dijo entre dientes—. Ojalá yo también estuviera al servicio del príncipe Shaoran… Nos vemos luego, chicas.

Sakura alzó la mano y se despidió de su amiga, sintiendo un gran nudo en la garganta que no la dejaba tragar. Chiharu era una gran amiga y de verdad quería contarle todo lo que estaba pasando… ¡Incluso tuvo que mentirle sobre cómo se había lastimado el brazo! Soltó un suspiro lastimero. No le gustaba mentir, pero debido a toda la presión que estaba sobre ellos, habían decidido mantener el ataque que se perpetró tres noches atrás, en secreto.

—Tranquila, amiga. Chiharu lo entenderá cuando le expliquemos.

No solo se sentía así por Chiharu. Se sentía ahogada por tantos planes y también por mentirle a Shaoran, porque ocultar información deliberadamente era como mentir. Cada vez que pensaba en ello se sentía como la peor de las traidoras, en especial cuando él estaba cumpliendo su palabra y le comentaba todo lo que se discutía en las reuniones secretas y sobre el prisionero se resistía a hablar, a pesar de las tácticas de persuasión de Yue… las cuales, involucraban tortura.

El sujeto prefiere llevarse los nombres de sus señores a la tumba —le dijo en ese momento—. No me gusta compartir esto contigo, Diosa… pero te hice una promesa y la estoy cumpliendo.

Eso había sido un golpe directo a su pecho y su conciencia no dejaba de gritarle "¡Traidora!", una y otra vez. Por eso, estaba apostando todo a esa pequeña excursión al lago Lyria. Necesitaba ser sincera con él… aprobara o no el plan. Sí pasaba un día más ocultándolo, iba a desfallecer, estaba segura. Especialmente, cuando Shaoran parecía sospechar de tanto entrenamiento.

Meilin y Yue no perdían oportunidad para enseñarles tácticas de defensa muy valiosas e incluso las habían obligado a cargar con dagas todo el tiempo que fuera posible, alegando que debían sentirlas como una extensión más de sus cuerpos.

No tenían tiempo suficiente para convertirse en expertas luchadoras, pero por lo menos no se sentirían incomodas al portar un arma y también les estaban enseñando los puntos claves donde podían atacar para hacer mucho daño, buscando ganar el mayor tiempo posible en caso de ser necesario.

Todo esto es solo por precaución. Recuerde que Meilin estará a su lado, así que deje todo en sus manos —le dijo Yue cuando le hizo saber su inseguridad.

Y no solo se trataba de "defenderse" oportunamente. También estaban previendo que los secuestradores usaran sustancias para paralizarlas o dormirlas, como el veneno que usaron la noche que se infiltraron en el palacio. Yue le había ordenado preparar el mismo antídoto y cargar con él en todo momento. Debían estar expectantes y prepararse para todo, así no los tomarían por sorpresa.

Eran demasiadas cosas y poco tiempo, pero no tenían opción. Había estado preocupada de que Midori no resistiera las enseñanzas, pero en contra de todo lo que había pensado, su hermana se veía entusiasmada y al igual que Tomoyo, le había tomado admiración a Meilin, en especial cuando la veía vestida con su armadura.

—Buenos días —La voz de Yue las hizo brincar del susto—. ¿Está todo listo?

—Deberíamos colocarle un cascabel también al comandante ¿No crees? —dijo Tomoyo, colocando una de sus manos sobre su pecho.

—Lamento decepcionarla, Tomoyo, pero yo no soy un lobo domesticado.

—Aun, comandante. No descarte la posibilidad de que algún día sea "domesticado". —Aunque fuera difícil de creer, la sonrisa confiada de Tomoyo, lo hizo fruncir el ceño… solo un poco.

Sakura sonrió nerviosa. Era difícil saber cuándo estaba molesto Yue y cuando no, pero lo mejor era no provocarlo. Por eso, optó por cambiar el tema.

—Pensé que vendría Eriol a ayudarnos.

—Eriol está con nuestro invitado especial —dijo, mientras tomaba el bolso y la cesta que habían preparado—. Ya que mi trato especial no ha surtido efecto, él quiso probar suerte.

—¿Acaso él…? —La pregunta de Tomoyo quedó en el aire porque no quería traer a colación el tema de las torturas.

Yue le dio una pequeña, muy minúscula sonrisa y su mirada brillo con astucia. Era su turno de atacarla.

—Tortura, Tomoyo, llámelo por su nombre —susurró cerca de ellas—. Pero no se preocupe, Eriol es médico. Se supone que su trabajo es salvar vidas, no acabarlas.

Shaoran ya se lo había comentado, muy por encima, pero lo había hecho. Eriol se estaba involucrando cada vez más en los interrogatorios e incluso, varias veces había sanado las heridas del sujeto cuando la sesión terminaba. Al principio pensó que se debía a la naturaleza amable que el joven doctor tenía, pero luego se dio cuenta que estaba siendo táctico. Lo supo cuando lo vio colarse en su invernadero y tomar varios extractos de su estante, sin su permiso. Al revisar, se dio cuenta que los extractos faltantes, casualmente, se usaban para preparar un suero de la verdad.

Sonrió y negó con su cabeza. De todos ellos, Eriol era el más astuto. La tortura no estaba surtiendo efecto porque, posiblemente, ese pobre hombre ya estaba condenado a morir si ponía un pie en Myridia. Recordó al herbolario, fallar en la misión significaba la muerte. Por eso, cambiar de táctica era lo más adecuado, pero Eriol era demasiado ingenuo si pensaba que no se daría cuenta de sus intenciones.

«Por lo menos… espero que funcione» rogó para sus adentros. Tener un poco de información táctica del enemigo no les caería mal.

A medida que avanzaba el tiempo, la tensión que se vivía en el palacio era mayor. El conde Sawada había mantenido un perfil bajo desde aquel día, pero eso no significaba que la perdiera de vista. Incluso una vez detectó a uno de sus hombres siguiéndola. Tenía controlados todos sus movimientos y eso era… realmente perturbador, pero Sakura no estaba dispuesta a dejarse amedrentar. Debía dar lo mejor de sí misma y ayudar a los suyos para salir airosos de aquella conspiración. Solo rogaba a los Dioses que su corazonada sobre el lago Lyria fuera correcta.

Había repasado los mapas nuevamente y aún seguía sospechando del lugar. Era demasiada casualidad que esa cordillera se extendiera hacia los terrenos del conde Sawada y llegara casi hasta la frontera con Eulyon. Algo allí les interesaba… y esperaba poder descubrirlo en esa pequeña expedición.

Cuando volvió a prestar atención al camino, divisó a lo lejos las caballerizas. Su pulso se disparó y los nervios comenzaron a abordarla cada vez más. Sí, tenía dos objetivos claros en mente, pero… ¡Iba a salir con Shaoran! Por cada paso que daba, sentía que su corazón daba cien latidos. Si seguía así, no iba a llegar viva al lago ¡Moriría por culpa de sus nervios!

«¡Que los Dioses me acompañen!» pensó, cuando por fin entraron en las caballerizas.

Al entrar, Sakura esperaba encontrarse con un gran número de guardias, pero solo estaban Mei y el príncipe Frost, al lado de Shaoran. Su estómago dio un vuelco al verlo. Desde su posición, podía apreciar el pequeño espacio que había dejado la pieza de la máscara que se desprendió el día anterior. Decir que se sentía feliz era poco. Jamás había sentido algo igual. La emoción y la esperanza se desbordaban de su alma cada vez que veía esa parte de su rostro y por eso, cada vez que podía, llevaba sus dedos hasta ese lugar para sentir su piel desnuda del metal. Amaba la sensación que la recorría entera al ver como las pupilas de sus ojos ambarinos se dilataban cuando lo tocaba. Se volvían tan dorados e impetuosos, provocándole sensaciones intensas, como si el fuego abrasara su alma sin piedad.

Después de aquel arrebatador beso que despertó en ella deseos carnales que jamás creyó tener, habían hablado de la máscara. No llegaron a ninguna conclusión contundente, pero era más que obvio que se fraccionaba cuando ella podía ver más allá de la máscara ¿Qué debía hacer entonces para romperla? ¿Por qué se había desprendido aquel pequeño fragmento? Esas preguntas la habían atormentado desde el día anterior y no daba con ninguna respuesta satisfactoria… Solo frustración.

—Tu ceño fruncido me dice que has estado pensando en mi máscara… ¿No es así? —Su voz aterciopelada hizo que su cuerpo se estremeciera… Era increíble como un sonido podía hacer tanto o más que una caricia.

—Has aprendido a conocerme bien —dijo, tratando de sonreírle.

—"No más sonrisas falsas" En eso quedamos —dijo, acariciando su mejilla.

—Lo siento… De verdad deseo poder ayudarte en algo…

—Me has salvado en todas las maneras posibles, mi Diosa —dijo en Myridio—. Ese pequeño fragmento es más de lo que esperaba… pero es necesario que vayamos un paso a la vez.

—Un paso… a la vez. —El joven sonrió al escucharla hablar en su idioma.

—¿Estamos listos? —los jóvenes asintieron ante la pregunta de Shaoran, dándoles sonrisas llenas de picardía que la hicieron sonrojar.

—¿Y los guardias de mi hermano? —preguntó, tratando de despejar el calor de sus mejillas.

—Lo he convencido de reducirlo a tres escoltas —dijo, guiñándole un ojo—. Además… —Shaoran se acercó un poco para susurrarle al oído—. Ellos sabrán darnos nuestro espacio.

La sangre volvió a acumularse en sus mejillas de golpe. Sakura se había dado cuenta de que Shaoran Li podía ser muy galante cuando se lo proponía y… eso no era algo que la ayudara a enfocarse en su misión. Se suponía que era él quien debía ser seducido ¡No al revés!

«¡Y ni siquiera hemos oficializado nuestro compromiso!» pensó, azorada.

La suave y sugerente risa de Shaoran inundó sus oídos. Resopló molesta, él estaba consciente del poder que tenía sobre ella y sabía cómo usarlo en su contra.

Sus tres escoltas ya estaban listos en sus caballos, solo faltaban ellos dos. Shaoran acercó a ella un hermoso ejemplar color negro que la miraba fijamente.

—Su nombre es Heiye, significa…

—Noche oscura ¿Verdad? —Shaoran asintió con una sonrisa.

—Es mi fiel compañera. —Sakura se acercó unos pasos y posó su mano sobre el hocico del hermoso animal.

La yegua relinchó incómoda, pero Sakura no retrocedió. Le agradó que fuera tan arisca con ella porque eso significaba que amaba mucho a su amo.

—Espero que… seamos buenas amigas, Heiye —le dijo en myridio.

Shaoran la ayudó a subir con cuidado y cuando estuvo cómoda, encima de la yegua, subió tras ella. El joven acomodó una estola para cubrir su rostro, como aquella noche en la que se había colado en su habitación y le pasó una para hacer lo mismo. Debían ser precavidos para evitar ser seguidos o encontrarse con personas… no deseadas.

—Usted guía, princesa —dijo el príncipe Frost, a su lado, cuando estuvieron listos. Su mirada tenía un brillo juguetón, muy parecido al que solía ver en los ojos rojizos de Meilin.

«Quizás por eso son pareja» pensó, sonriendo.

—El día de hoy, iremos al lago Lyria —les reveló con emoción—. Prepárense para ver el lugar más hermoso que hay en este continente.

—¡Disfruten el paseo! —se despidió Tomoyo, al verlos galopar.

Tomaron la salida sur del palacio porque era la menos transitada, desembocando directamente en el borde de la ciudad capital, Teralys. La idea era evitar las zonas más concurridas y poder salir de la ciudad sin llamar la atención.

El corazón de Sakura latía con emoción y no solo se debía a la presencia de Shaoran atrás de ella. Tenía mucho tiempo, meses, que no iba a ese lugar que tantos recuerdos le traía. El viaje duraba una hora, pero valía la pena y estaba segura que sus acompañantes lo disfrutarían tanto como ella.

Después de salir de la ciudad capital de Lyriamir, el paisaje cambió drásticamente, un bosque denso y hermoso rodeaba la ciudad. Algunos temían internarse en él, pero para Sakura siempre había sido una gran aventura visitarlo para conseguir nuevos especímenes de plantas para su invernadero.

—No tomes el camino principal —le indicó—. Intérnate por allí.

Shaoran asintió y, jalando las riendas de Heiye, los internó en el bosque. Los árboles eran tan altos y frondosos, que no permitían ver el cielo. Por eso el bosque era tan temido.

Un recuerdo hermoso llegó a su cabeza. Cuando era pequeña, solía ir al lago con su madre, pero el ambiente oscuro y misterioso del bosque siempre le había dado miedo. Su madre, para calmar su inseguridad, solía decirle que esos majestuosos árboles eran como guardianes que protegían tan hermoso lugar. Sakura sonrío. Ahora los veía como viejos amigos con quien compartía valiosos recuerdos.

—El lago está cerca —anunció emocionada.

El ambiente volvió a cambiar cuando salieron de la barrera de árboles. Tuvo que cerrar sus ojos al encontrarse de lleno con la luz del sol. Parpadeó un poco para acostumbrarse a la claridad y al abrirlos por completo, un hermoso claro se extendía ante ellos. A lo lejos, pudo ver el hermoso lago. Era tan cristalino y brillante, que les permitía ver dos cielos en vez de uno.

—¡Bienvenidos al lago Lyria! —dijo, emocionada.

Repasó las miradas de sus acompañantes. Todos reflejaban miradas llenas de sorpresa y emoción, incluido el inexpresivo Yue, quien miraba a todos lados, como si no quisiera perderse de tan hermoso espectáculo.

Shaoran quitó la estola que cubría su cabeza. Estaba boquiabierto, mirando con interés y fascinación el hermoso lugar que se extendía frente a él. Los enormes árboles quedaron atrás, dándole la bienvenida a una amplia y colorida alfombra de flores. Era como un hermoso arcoíris terrenal que bordeaba el lago.

El color que más predominaba era el violeta, gracias a las flores de Vyniel que obviamente tenía en su invernadero. Eran hermosas, de un color violeta muy llamativo y el extracto de sus pétalos servía como antídoto contra una amplia gama de venenos.

Cuando estuvieron cerca del lago, Shaoran detuvo el galopar de Heiye. Su mirada curiosa barría toda la zona, como si temiera perderse la aparición de algún ser celestial si despegaba la vista de algún lugar. Su actitud era infantil y tierna, por eso no podía evitar sonreír feliz.

—Muchas personas creen que este lugar es mágico —dijo, cuando Shaoran la ayudó a bajar de Heiye.

—Ya lo creo —dijo Meilin, acercándose. Al igual que su primo, miraba a todos lados.

Sakura los observó, sonriente. Se sentía completamente satisfecha al ver sus expresiones de sorpresa ¡Incluso en Yue! ¡Eso era un logro muy grande!

—Algunas personas creen que las hadas juguetean en este lugar —añadió, recordando la historia que el capitán Yamasaki le había dicho hace tanto tiempo.

—¡No me extrañaría! —dijo el príncipe Frost con una enorme sonrisa—. He viajado por muchos lugares y déjeme decirle que jamás había visto un lugar tan bendecido por los Dioses.

—Le guardo mucho cariño a este lago —dijo con añoranza—. Debido al trayecto, no muchas personas lo visitan… pero mi madre y yo veníamos dos veces al mes sin falta… Era su lugar favorito… porque aquí solía encontrarse con mi padre cuando eran jóvenes.

Muchas veces, su madre le había contado esa historia. Después de haber quedado hechizado por su danza, su padre había hecho hasta lo imposible por encontrarla de nuevo y luego de varios encuentros furtivos, surgió el amor. Muchos de sus encuentros posteriores, fueron en el lago Lyria y… posiblemente, fue sido concebida en ese lugar. Un poderoso sonrojo se apoderó de sus mejillas al pensar en eso y sacudió su cabeza para despejarse.

—¿Qué estará pensando esa mentecita tuya para sonrojarte de esa forma? —preguntó Meilin con una sonrisa pícara.

—Na… nada en especial —respondió, aclarando su garganta—. ¿Por qué no bajamos la comida y almorzamos?

En pocos minutos, el delicioso festín que había preparado estaba extendido sobre una manta.

—¿Por qué tengo la ligera impresión de que me quieres comprar con comida? —susurró Shaoran a su lado, haciéndola sonrojar.

—No… no sé de qué hablas…

—No solo tú has aprendido a mirar a través de mi máscara, Diosa —dijo, soltando una suave risa—. Puedo ver perfectamente a través de la tuya.

Sakura se sentó y comenzó a servir la comida, tratando de dispersar los pensamientos poco inocentes que la abordaron ¡No podía estar deseando besarlo en ese momento! Era impropio, incorrecto… y terriblemente tentador.

Soltó un suspiro. Si era honesta consigo misma, le hubiera gustado estar a solas con Shaoran, pero al mirar a sus nuevos amigos disfrutar de la comida, Sakura pensó que no era tan malo después de todo. Yue estaba encantado con el chocolate, esa era la única forma de ver una sonrisa sincera en aquel rostro tan inexpresivo, mientras que Meilin no dudaba en expresar lo que sentía por el príncipe Frost al alimentarlo. Sakura se preguntó si se vería mal intentar hacer lo mismo. No sería la primera vez que alimentaba a Shaoran, pero la vez pasada había sido por causas mayores… Ahora sería por mero placer.

Tomó una fresa del pastel entre sus dedos y la untó con chocolate. Imagino poder llevar esa fresa hasta la boca de Shaoran y que él la recibiera de buen agrado… Sentir la suave textura de sus labios…

—¿Sucede algo? —Al escuchar la voz de Shaoran, soltó la fresa como si esta quemara sus dedos—. No sabía que te gustaban tanto las fresas —dijo riendo—. Estabas viéndola con muchas ansias.

El calor que llegó de golpe a su cara la hizo abanicarse y antes de decir algo estúpido, prefirió callar ¿Cómo se le ocurría siquiera pensar en algo como eso?

Miró de reojo a Shaoran que la observaba curioso y luego a la fresa que había recogido del mantel. El joven se encogió de hombros y metió la fresa en su boca.

«Allí fueron mis intenciones de alimentarlo» pensó abatida.

Sus ojos volvieron a Meilin que la miraba con travesura. Ella sí se había dado cuenta de sus intenciones. El sonrojo de sus mejillas fue peor al verse descubierta.

—Ahm… ¿Ya les han contado de la tradición de las linternas? —intentó cambiar de tema, usando un tono de voz particularmente agudo que delataba su nerviosismo.

—¿Linternas? —Sakura asintió ante la pregunta de Frost.

Sakura les comentó que, durante el festival de las flores, al anochecer, las personas se reunían en la plaza central de la ciudad para soltar al cielo unas linternas muy hermosas y especiales donde depositaban sus deseos más fervientes. Era una tradición que existía desde hace décadas y los jóvenes participaban mucho porque existía una superstición que decía que, las parejas que soltaran una linterna, juntos, eran bendecidas por los Dioses. Muchas personas pensaban que era una bobería, pero otros creían firmemente en esa idea… y para una mujer romántica como lo era Sakura… era una creencia hermosa.

—Entonces… si una mujer y un hombre sueltan una linterna en conjunto ¿La pareja será bendecida por los Dioses? —Sakura asintió. Para cualquiera que no conociera a Meilin, podía resultarle extraña su emoción, pero para ella, que la había visto suspirar varias veces por el joven, le resultaba obvio—. ¡Debemos participar, Frosty!

—Claro, querida. Sabes que, para mí, tus deseos son órdenes.

—Les recuerdo, par de tortolos, que esa noche será la coronación del príncipe Touya —dijo Yue, frunciendo el ceño.

—La coronación será mucho después del evento —dijo Sakura, frunciendo su ceño igual—. Pueden participar sin modificar el plan porque no seremos encerradas hasta las ocho de la noche y la coronación será a las diez.

—De igual forma, no creo que sea conveniente —dijo Shaoran—. Debemos ser muy precavidos.

—¡Dios! ¡Para eso enciérrennos desde el día anterior! —Sakura se levantó molesta y caminó con rapidez hasta la orilla del lago.

Se quitó las zapatillas y se sentó en el lugar preciso para que las pequeñas olas del lago mojaran sus pies. De nuevo lo había hecho. Envolvió sus piernas con sus brazos y ocultó su cabeza entre ellos. Había planeado hasta el más mínimo detalle de aquella excursión, incluso teniendo guardias… pero su mal humor había salido a flote y había estropeado todo. No solo se refería al plan que había ideado para convencer a Shaoran… había estropeado su primera salida con él.

Antes de pensar en otra tontería, sintió la presencia de Shaoran a su lado. No se atrevió a levantar su cabeza, estaba demasiado avergonzada para hacerlo.

—¿Quieres… asistir a ese evento? —escuchó su suave voz.

Sakura levantó un poco su cabeza y lo miró de reojo. Los ojos de Shaoran estaban enfocados en el lago que se expandía frente a ellos.

—Esto del romance no se me da muy bien… sabes que mi género literario favorito es el bélico —dijo riendo—. Pero prometo esforzarme un poco más… ¿Realmente deseas ir?

Cuando Sakura nombró el evento de las linternas, no lo había hecho con la intención de ir. Jamás se había imaginado estar con algún hombre en un momento como ese por lo que conllevaba ser una hija bastarda, pero ahora que… tenía una pareja… era una hermosa idea que podía sacarle más de un suspiro, por eso, asintió con lentitud ante la pregunta de Shaoran.

—Lamento no haberme dado cuenta antes —dijo, mirándola con ternura—. Hablaré con tu hermano para que nos deje asistir un rato y así… poder participar en el evento contigo, si aún quieres hacerlo.

Podía imaginarlo. Tomar la mano de Shaoran, escribir sus deseos juntos, colocarlos en la linterna sintiendo una emoción desbordante y, sin separar sus manos, soltar sus deseos al cielo nocturno como había visto hacer a muchas parejas antes. Sí, era un hermoso anhelo que le gustaría cumplir.

—Me encantaría hacer eso contigo —susurró con las mejillas rojas, pero sin borrar su sonrisa.

—Entonces, esa noche los Dioses bendecirán nuestra relación —dijo, tomando su mano para besarla.

El pequeño cuerpo de Sakura se estremeció completo con aquella inocente caricia y más cuando le dedicó aquella sonrisa que tanto le gustaba observar, la que era ladeada y marcaba sus hoyuelos.

Sakura se levantó, buscando algo en que enfocar su atención para que sus nervios no fueran tan obvios. Fue entonces cuando algo que brillaba bajo la superficie del agua llamó su atención y enseguida recordó aquel regalo que había prometido darle a Shaoran, cuando le obsequió su libro favorito.

Sonrió y comenzó a subir un poco su falda, amarrándola hasta que sus piernas se vieron libres de la tela.

—¿Qué… qué estás haciendo? —La voz nerviosa de Shaoran llamó su atención.

El joven había desviado su mirada hacia el lado contrario a ella, pero era obvio su nerviosismo. Pocas veces podía ver esa maravillosa reacción en él y no podía negar que la hacía sentir poderosa y… seductora.

«Entonces si puedo ser seductora si me lo propongo» pensó, orgullosa.

—¿Recuerdas el regalo que te prometí hace tiempo? —dijo, metiendo sus pies al agua. La temperatura estaba deliciosa.

—Lo… lo recuerdo —respondió, aclarando su garganta—. ¿A dónde vas?

Sakura se giró hacia él y, sonriendo, le dio la respuesta.

—Por tu regalo.

Caminó hasta que sus piernas estuvieron bajo el agua y enfocó su mirada en el fondo. Las preciosas piedrecillas brillaban con intensidad, azules, rosas, verdes… pero ninguna era la que estaba buscando.

—Estoy segura que la vi… —susurró.

—Ten cuidado —Sonrió al escuchar la voz preocupada tras ella.

«Ni modo…» pensó, subiendo un poco más su falda.

Se adentró un poco más y entonces, vio nuevamente el brillo amarillento que había llamado su atención. Sonriendo, sumergió su brazo derecho y tomó la pequeña piedra, muy parecida al ámbar, pero más brillante. Ese tipo de piedra preciosa, podía encontrarse únicamente en el fondo del lago Lyria, por eso le habían dado el nombre de Lyrimber. No era valiosa como un diamante o un rubí, pero era igual de hermosa. Brillante, pura, resplandeciente, muy semejante a los ojos de Shaoran.

Un poco más a su derecha, pudo ver otras. Sumergió su mano nuevamente y las tomó. Tenía ya cuatro en su poder. Estaba por tomar la quinta cuando sintió que su pie tropezaba con una roca más grande, haciéndola caer. Sakura se sobresaltó al sentir la mitad de cuerpo sumergido en el agua. Cuando despejó su cabeza, alzó su mano y suspiró aliviada al ver las cinco piedras.

—¡¿Estás bien?! —Sakura levantó su mirada y se encontró con los ojos preocupados de Shaoran. Realmente se parecían a aquellas joyas.

Al ayudarla a levantarse con cuidado, se dio cuenta que Shaoran ni siquiera se había quitado sus botas para entrar al agua ¡Toda la parte inferior de su ropa estaba mojada! Sakura no pudo reprimir una carcajada.

—Te recuerdo que tú estás mojada más que yo —dijo, uniéndose a su risa—. Vamos, princesa. Si permanece mucho tiempo mojada, se resfriará.

Sakura tomó su mano y se dispuso a salir junto a él, pero algo llamó su atención. Detuvo su andar y fijó sus ojos a lo lejos, estaba segura de haber visto un resplandor inusual.

Shaoran, extrañado, también miró en la misma dirección. No había mucho que mirar, más que la montaña que se extendía alrededor de lago y se perdía en la lejanía. Estaba por girarse cuando, nuevamente, vio aquel resplandor.

—¿Lo viste? —preguntó, desconcertada.

—Justo en la cascada —respondió Shaoran.

El brillo había desaparecido, pero poco después volvió a verse. Era misterioso, como una aurora que salía entre aquella enigmática cascada.

Sakura miró al joven a su lado y entonces, le reveló lo que él tanto había querido averiguar en esos días.

—El lugar en el que está interesado el rey de Eulyon, según mis sospechas… es este lago —dijo, sorprendiéndolo—. Esa cordillera se extiende hacia la frontera con Eulyon y atraviesa el territorio del conde Sawada… por eso… tengo una corazonada de que este es el sitio que buscamos.

—A veces debemos escuchar lo que nuestro corazón nos dice —dijo, sonriendo—. Vayamos a ver qué hay en ese lugar.

Sakura apretó las pequeñas piedras que tenía en sus manos y asintió. Con la ayuda de Shaoran, salieron del agua y les contaron a sus acompañantes lo que habían visto.

Yue no estaba muy convencido de su idea, pero no opuso resistencia. Recogieron todo y se encaminaron hacia la cascada. A medida que se acercaban, el resplandor era más visible y misterioso, casi… seductor.

Al llegar, Shaoran volvió a ayudarla a descender de Heiye. La cascada era hermosa, varios hilos de agua caían desde la montaña y se perdían en las aguas del lago, formando una nube en la base que resplandecía con el brillo misterioso que salía entre el agua.

—¿El brillo que ven, sale de esa cascada? —Shaoran asintió a la pregunta de su prima.

—Es extraño… yo no veo nada —dijo Frost.

Yue, que había permanecido callado hasta ese momento, asintió en respuesta junto a Meilin. Entonces, ese brillo… ¿Solo podían verlo ella y Shaoran?

—Quédense aquí —dijo Yue.

Dio varios pasos sobre rocas que sobresalían del agua y se perdió tras la cascada. Por varios minutos no supieron más de él. Sakura estaba comenzando a preocuparse y el frío que sentía debido a la brisa no la ayudaba a calmar sus nervios. El príncipe Frost se acercó a ella, desatando su capa y se la colocó encima.

—No me mires así, amigo mío. Tú también estas mojado —dijo, alzando sus manos y reteniendo una carcajada.

Los labios de Shaoran estaban fruncidos y sus brazos estaban cruzados al nivel de su pecho. Sakura sonrió. Nunca pensó que Shaoran Li fuera un hombre celoso.

—Allí viene —anunció Meilin.

Sus ojos se enfocaron en la cascada y entonces, vio a Yue salir. Volvió a saltar sobre las piedras y cuando estuvo con ellos les dijo que había una cueva oculta detrás de la cascada.

—No pude ver mucho por la falta de luz —dijo—. Pero hay muchas piedras preciosas de diferentes tipos. Jamás había visto algo igual.

—En mi reino, se dice que las cuevas naturales que tienen muchas piedras preciosas, son territorio sagrado —dijo Frost—. Cuenta una leyenda que hay una en Zahiria, se conoce como la cueva de la Diosa Nym. Aunque no conozco a nadie que la haya visto.

—¿La Diosa del amor y la fertilidad? —el príncipe asintió ante la pregunta de Meilin—. ¡Vaya! No sabía que los Dioses tenían territorios.

—Es una antigua leyenda… —dijo Frost, rascando su nuca—. Nunca he sido creyente de ello… pero tú, Shaoran, fuiste víctima de una sacerdotisa loca de Athor.

Tanto ella, como Shaoran, arrugaron su nariz en respuesta. Por lo que sabía, Kaho no lo había hecho de mala fe. Solo había querido mostrar su punto de vista y que Shaoran no fuera despreciado por su cicatriz. Había sido un cruel castigo, eso estaba claro, pero gracias a eso, Shaoran se había convertido en un hombre maravilloso con una fortaleza digna de admiración.

—El asunto es que no podemos entrar más allá de unos pocos metros sin luz —dijo Yue, mirando a Shaoran—. Debemos usar antorchas, mientras más, mejor.

Shaoran asintió. Se volteó para mirarla, podía ver la duda en sus ojos. Sabía muy bien lo que quería pedirle, pero no estaba dispuesta a quedarse atrás. Tomó su mano con fuerza y le sonrió.

—Donde tú vayas, yo iré —Shaoran resopló y negó con su cabeza.

—Necesito aprender cómo negarme a lo que me pides —dijo, dejando un beso en su cabeza.

Al tener todo listo, se adentraron en la cueva. Yue había tenido razón, aun con la poca luz, las piedras en las paredes rocosas de la cueva, brillaban con diferentes colores. No era una experta en joyas, pero podía reconocer zafiros y rubíes con tan solo mirarlos.

Encendieron las antorchas que habían preparado y en seguida la oscuridad se dispersó. Las piedras brillaron con mayor intensidad. Era casi mágico.

—¿Sabías de este lugar, Sakura? —preguntó Meilin a su lado.

Sakura negó lentamente con su cabeza, se había quedado sin palabras. Posiblemente, nadie en el reino sabía de aquella cueva llena de gemas tan valiosas.

Se adentraron un poco más, viendo que no solo había zafiros y rubíes, las esmeraldas también brillaban con intensidad y otras piedras preciosas que jamás había visto. Yue se acercó a una de las paredes y lo vio pasar sus manos sobre la roca oscura. Se veía tenso.

De un momento a otro, sacó una pequeña daga que llevaba en su cintura y comenzó a clavarla en la pared con insistencia. No era la única que estaba extrañada con su comportamiento. Shaoran se acercó a él y colocó su mano sobre el hombro de su amigo, llamando su atención.

—¿Decías que esta cordillera se extiende hasta los territorios de Sawada? —le preguntó al girarse. Su mandíbula estaba apretada y la expresión de su cara… era completamente gélida.

Sakura asintió con lentitud. Yue maldijo y arrojó la daga hacia adelante.

—Estamos en problemas… ¡Muy grandes!

—Tranquilo, amigo ¿Qué sucede?

Sakura caminó unos pasos adelanté y tomó la daga. La punta estaba completamente destruida.

—Etherium… eso es lo que pasa —dijo.

—¿Cómo lo sabes?

—Tú lo has visto antes también… Aquella vez en Albya. Por eso me llamó la atención el color tan raro de las paredes —Yue apretó sus puños. Se veía frustrado.

La espalda de Shaoran se tensó al escucharlo. Al igual que Yue, sacó una pequeña daga y comenzó a clavarla en la misma pared. Cuando los encaró de nuevo, mostró el arma, completamente destruida.

—¡Mierda! ¡Esto no es bueno! —dijo Frost—. ¿Están seguros?

Sakura no entendía qué estaba pasando. Todas sus miradas estaban llenas de incertidumbre y… pánico. Incluso Meilin que solía jactarse de ser fría y calculadora, se veía aterrada.

—Solo he visto un arma forjada con Etherium… y no me quedaron más ganas de volver a enfrentarme a una cosa como esa —dijo Shaoran.

—¿Quién era el portador? —preguntó Frost.

—Uno de los generales de Albya… Fue durante un duelo amistoso, pero el muy idiota quiso presumir de su arma. Mi espada quedó completamente destruida con un solo choque. Dijo que el metal se lo había dado un sacerdote del Dios Klauth y nos enseñó también un pequeño fragmento que le quedó.

—¿Qué es el… Etherium? —su pregunta llamó la atención de todos.

Shaoran tensó su mandíbula aún más y desvió la mirada. Esa era una mala señal. Fue Meilin quien se acercó a ella y le explicó que el Etherium era un metal muy raro y extremadamente duro.

—A pesar de su dureza, en su forma natural es explotable, según dicen… pero cuando se forja un arma con ese metal…

—Es completamente indestructible… —completó Shaoran por Frost.

—Jamás creí que hubiera un yacimiento de Etherium en Lyriamir —dijo Yue, preocupado—. ¡Esto es lo que el maldito de Finn quiere!

Sakura lo entendió. Si ese hombre ponía sus manos sobre esa cueva, podría forjar armas y armaduras indestructibles. Los guerreros de Myridia no tendrían oportunidad si se desataba la guerra. La pregunta era ¿Cómo había descubierto ese hombre lo que la cordillera del lago Lyria ocultaba, si los mismos lyrios no lo sabían?

De un momento a otro, Sakura comenzó a sentirse mareada y pesada, era la primera vez que le sucedía algo parecido. Escuchó la voz preocupada de Shaoran a su lado y sintió como la abrazaba para darle mayor soporte. Cerró sus ojos por instinto, tratando de calmar la sensación tan desagradable ¡Hasta tenía nauseas! Pero después de un par de minutos, Sakura comenzó a sentirse mejor. Su cuerpo, poco a poco, se hizo más consciente de su alrededor.

—¡¿Quiénes son ustedes y cómo han entrado a este lugar sagrado?!

Abrió sus ojos de inmediato al escuchar aquella voz desconocida. A su lado, Shaoran sacó su espada y apuntó al frente.

—Levanta la antorcha y mantente detrás de mí… —susurró.

Sakura obedeció, extrañada de que solo su antorcha brindara luz. Pasos decididos se acercaron a ellos y cuando la luminosidad bañó la silueta del desconocido, unos ojos dorados brillaron en la oscuridad. Era un hombre, su largo cabello rubio resplandecía como si fuera el mismo sol.

—¿Cómo osan a irrumpir en los territorios de Ashyr? —preguntó, frunciendo su ceño.

Sakura abrió sus ojos con sorpresa. Nunca, ni en sus sueños más locos se hubiera imaginado que la historia de Frost fuera cierta ¿Cómo iban a saber que aquella cueva pertenecía al Dios de la fuerza y el poder?

Bien, llegamos al capi 20 :D Sé que ya lo he dicho antes, pero debo decirlo de nuevo ¡Solo tenía planificados 14 capis! Mirando hacia atrás no puedo evitar sorprenderme, la historia se ha transformado tanto que solo la esencia es lo que se mantiene desde que este proyecto surgió en mi cabeza XD

¡Hemos llegado al lago! Y ahora ya sabemos que es lo que buscan los enemigos en Lyriamir :D pero ¿Quién será ese hombre que apareció? ¿Enemigo o aliado? ¿Qué otra cosa descubrirán en esa cueva? :O

Espero que hayan disfrutado el capítulo ;) aunque después de la emoción del anterior, quizás este les resulte un poco menos interesante XD aunque revela información importante xD ¿Esperaban algo así? Espero leer sus reviews para saberlo hehe

Un besote para todos.