A VER GENTE, ESTE CAPÍTULO ES DOBLE JACK (CUANDO ACABEIS LO ENTENDEREIS) ME GUSTARÍA OPINIONES, PORQUE ESTOY DEJANDO UN POCO DE LADILLO A Will, pero es que… puff, este capítulo me lo pedía.
En pocas palabras Carolin resumió las penalidades de su vida pasada, los golpes, las amenazas, las violaciones… y poco a poco, las lágrimas acumuladas durante tanto tiempo en sus ojos, las palabras que solo una vez habían brotado de sus labios, fueron llenando la habitación en la que los dos hombres, de pie, escuchaban asombrados e indignados la historia de la mujer, de su mujer.
Cuando terminó, secó su llanto con las palmas de las manos, pasándolas con furia por su cara, como si la quemaran y les miró. Ambos estaban turbados, no sabían muy bien que decir. Entonces Jack preguntó timidamente:
y entonces… ¿qué es lo que hacía Will sobre…?.
El barco se movió Jack, perdimos el equilibrio y caímos al suelo.- dijo el aludido.- Y si te preguntas porque lleva mi camisa.- añadió/ dijo señalando su torso desnudo.- es porque no encontramos más ropa en tu camarote, y ella solo llevaba una camisa mojada. Me la pidió.
Jack asintió y tras besar levemente a Carolin en la frente se marchó de la habitación, seguido de Will, que ni siquiera rozó a la muchacha.
Un par de días después, arribaron a Santa Lucía. Bella, como pocas islas. Llena de luz y alegría. Carolin paseaba sola, cubierta con un simple vestido marrón claro y una camisa blanca. El pelo suelto era agitado levemente por el viento. Desde lo lejos, Jack la observaba, vigilando sus movimientos. Carolin entró en un portal de mármol. Una bella mujer la recibió y la hizo pasar. Era una de las casas de mercaderes más reputadas de Santa Lucía, las joyas allí corrían por doquier, pero había una ligera condición: no se permitía ningún hombre en el edificio. Solo las manos de las mujeres podían tallas esas alhajas tan deseadas.
La pelirroja recorrió pasillos luminosos y oyó como dentro de las habitaciones las mujeres tarareaban canciones conocidas. Entonces llegó a una gran sala, donde las joyas llenaban las mesas pulidas de madera. Suspiró durante un momento y entonces hizo su petición en voz muy baja, temiendo romper la magia del momento.
Horas después, tras muchas negociaciones, y pagar un alto precio por él, un magnifico collar de diamantes colgaba del cuello de Carolin.
La tarde llegó pronto a la bahía. Nuestra tripulación bebía tranquilamente en una de las tabernas, conversando sobre cual sería el siguiente punto en su mapa; Quiquimánua de nuevo.
De pronto, en medio de la taberna, apareció Jack, agarrado de la cintura de un muchacho de unos 18 o 19 años y gritó a su tripulación.
Muchachos, hemos sido amablemente invitados por este joven a una fiesta, así que levantaos de vuestros cochinos asientos e id a ataviaros adecuadamente para la ocasión.
Los muchachos se dispersaron por el pueblo y un par de horas más tarde, cuando apenas anochecía, se encontraron todos, maravillosamente vestidos, en la puerta de la misma taberna. Jack de blanco, con el pelo bajo un curioso sombrero; parecía casi un noble, solo esas rastas desencajaban un poco y por supuesto… sus ademanes. Will, con una camisa blanca, unos pantalones negros y una chaqueta del mismo color, si que acordaba totalmente con la fiesta; su pelo, de nuevo recogido en un lazo (en un lazo? Y luego dicen de Jack), Carolin por su parte, ocultaba lo que llevaba puesto bajo una larga capa, debajo de la cual solo se atisbaba una falda. Caminaron todos juntos (junto a la tripulación de la Perla, que también parecían caballeros, peculiares), llegando hasta la parte alta del pueblo. En la cima, dominando el paisaje, una casona caribeña, que les abría las puertas a los invitados.
Entraron sin llamar la atención, y al pasar la puerta, observaron que en el salón apenas había gente, sorprendidos se dirigieron hacia el balcón principal y desde allí observaron una vista maravillosa. El jardín, grande y bello se extendía hasta donde llegaba la vista, plagado de árboles y pequeños lagos, pero eso no era lo mejor, sino que hacia el final, se podía ver el mar, rompiendo contra una pequeña cala. El lugar estaba plagado de gente, que se movía aquí y allá con copas de la mano, paseando, danzando, etc. Los muchachos fueron bajando y dispersándose por la fiesta. Minutos más tarde, Carolin bajó las escaleras, cortando conversaciones y respiraciones allí por donde pasaba; un escotadísimo vestido negro se ceñía a su talle, las mangas de gasa dejaban entrever sus brazos y lo mismo pasaba con la falda, que mostraba algunas partes de sus piernas, enfundadas en unas botas de cuero negras (algo que para la época, era de… vamos). En su cuello relucía el collar de diamantes que esa misma tarde había adquirido, haciendo caso omiso de las miradas que despertaba, se acercó al anfitrión y comenzó a hablar zalameramente con él.
Will hablaba con la anfitriona, que tras unos minutos de conversación y risa, ya le introducía zalamera por el brazo en la casa (ha aprendido de Jack, eh!). Jack y Carolin pasados unos minutos, se dirigieron al interior, siguiendo sigilosamente a la pareja que se introdujo en una habitación. Caminaron por el pasillo y entraron en la habitación que había al final, era el despacho del hombre, volvieron a salir, probando en la habitación de al lado; la cámara del hijo que no se encontraba en la ciudad, así una por una, fueron revisando habitaciones hasta que encontraron la que buscaban, el despacho de la mujer. Empezaron a revolver las cosas, apartando papeles y documentos, buscaban una caja de madera.
Flash
Carolin había entrado en la habitación principal de la casa de mercaderes y allí le recibió una mujer, como no, con porte distinguido, que se acercó a ella:
¿Qué es lo que deseas?.- Suspiró durante un momento y entonces hizo su petición en voz muy baja, temiendo romper la magia del momento
Deseo el collar de perlas negras.
La maldición…- murmuró la mujer-… siento informarte pequeña, que nosotros no tenemos ese collar…- a Carolin se le aceleró el corazón- pero sé donde puedes encontrarlo.
¿Dónde?.- preguntó ella ansiosa.
Esta noche se celebra una fiesta en la casa de los Duques Louis. Ve allí, en la recámara de la mujer, Elaine, hay una caja de madera; en ella, un montón de collares y perlas. Pero tus perlas querida, no están ahí. Bajo esa cantidad de baratijas sin valor, hay un doble fondo. Fondo en el que se encuentran las perlas más puras de todo el Caribe.
Está bien. Iré esta noche, pero decidme ¿por qué me ayudais, ¿qué es lo qué quereis a cambio?.- La mujer sonrió y se acercó al oído de Carolin murmurando unas palabras. Minutos después, ella salió con un collar bien visible en el cuello, para no levantar sospechas claro.
Tras una vuelta infructuosa por la habitación, Carolin se acercó a la mesa de roble.
Jack. Susurró audiblemente para que el pirata se volviera. Creo que he encontrado algo.
Antes de que Jack pudiera acercarse a ella, se oyeron pasos recorriendo el pasillo. Ambos se quedaron congelados, Carolin tomó la caja y corrió hacia el balcón, tirando de la camisa de Jack. El balcón era amplio y espacioso y daba a más habitaciones. Intentaron abrir alguna de las ventanas, pero todas estaban cerradas. Carolin lanzó la caja hacia los arbustos que había bajo ellos, que daban a un lateral de la casa. Los pasos, que se habían detenido volvieron a sonar, y se escucharon voces entrando en la habitación: Will y Elaine. El muchacho se excusó un momento y salió de la habitación con paso apresurado, pero entonces la mujer se acercó al balcón para cerrarlo y observó como proyectadas sobre el suelo había dos silueta. Carolin y Jack, ya se habían percatado de que no podían esconderse, a no ser que saltaran dos pisos, así que como recurso del último momento a Carolin no se le ocurrió otra cosa que gemir. Los pasos se detuvieron en el acto. Jack veloz se abalanzó sobre la muchacha y comenzó a besarla con ardor, mientras la aprisionaba contra la pared. Ella respondió al beso desenfrenadamente, mientras el que gemía ahora dentro de su boca era Jack. Profundizo el beso, explorando los sabores de la pelirroja, y mientras su lengua se peleaba sensualmente con la de su amante, su mano se movía hacia arriba adentrándose peligrosamente entre los pliegues del vestido de ella, que tenía su rodilla alzada, apoyando el pie en la barandilla (postura extraña, lo sé). Se movieron de postura, y Jack cargó con ella tomándola por debajo de las rodillas, hasta la subirla a esta, dejándola casi en el aire.
La puerta se abrió, y una tos inoportuna y la luz de las velas se atisbó en el balcón, "sorprendiendo" a los amantes. Se trataba de la dueña de la casa, que les miraba entre sorprendida, divertida y agradada. Will volvió a entrar en la habitación así que, aprovechando el zalamero gusto de la mujer, la sacó de la habitación, dejando a una sorprendida y atareada pareja allí.
Carolin bajó por las escaleras, y fue directamente hacia el jardín lateral, rescatando su tesoro de entre las matas. Jack, haciéndose el caballero, pidió disculpas ante la señora de la casa muy azorado y recogiendo discretamente a sus hombres, se marcharon de allí. Para cuando la mujer quiso darse cuenta de que sus perlas habían desaparecido, los muchachos ya estaban muy lejos de allí. Sobre la caja de madera, Carolin había dejado una nota:
Yo lo necesito más que usted. A cambio, quédese con este, es auténtico.
Al lado, el collar de diamantes que había conseguido en la casa de mercaderes. Y la petición que le había echo la mujer… cumplida, tan solo… un beso de… ¿amor, ¿pasión, la cabeza le daba vueltas a Carolin. Tan pronto se sentía sumamente atraída por Will, por su dulzura y valentía, como amaba la impulsividad y pasión de Jack. Jamás pensó que pudiera tener tanto lío en la cabeza.
Carolin comenzó a quitarse toda esa ropa recargada que tenía que llevar. Tras luchar un rato contra el corsé sin conseguir nada, se observó en el espejo, mientras se quitaba los adornos del pelo, cuando de pronto, una sombra tras ella hizo notar la presencia del Capitán Sparrow.
Hoy has estado impresionante.
Gracias, tú tampoco lo has hecho mal, explicándole a esa mujer como me había abalanzado sobre un pobre hombre como tú. Aunque debes admitir aunque te pese, que debemos darle las gracias a Will.
Lo sé, pero sino hubiera aprendido de un maestro como yo… además algo tenía que decirle algo a esa mujer, o nos habría echado a patadas y nos habríamos quedado sin botín, que por cierto, ¿dónde esta?.
Aquí mismo.- Carolin se llevó las manos al cuello y desabrochó con cuidado el collar, pasándosele a Jack. Se quitó el último adorno del pelo, dejando que este cayera sobre sus hombros, apareciendo ingenuamente sensual ante los ojos del capitán. Sin ningún tipo de mirada ni movimiento que expresaran nada más, observó a Jack, esperando. Él miró el objeto y se dio la vuelta para salir; pero cuando tenía la mano en el picaporte, ella le llamo.
Jack.
¿Dime?.
¿Puedo pedirte un favor sin que tu mente calenturienta piense mal?.
Por supuesto- dijo sonriendo maliciosamente (sonrisa típica para derretirse).- Pide y serás complacida.
¿Puedes desatarme?.-dijo señalando las cuerdas que oprimían su pecho, cerrándose alrededor de su espalda. Jack asintió y se acercó a ella, colocándose detrás. Con la facilidad que solo podía tener un hombre como él, en dos minutos desató a la muchacha. Al terminar ella alzó los brazos esperando a que se lo quitara, y el complacido lo hizo.
Gracias.- dijo ella esperando que se fuera, pero el pirata no se movió del sitio. De hecho, se acercó un poco más a ella y colocó las manos sobre su cintura.
Besas bien, muy bien.
Gracias.- susurró ella un poco más envalentonada. Jack (imagináosle, que está justo detrás de ella) posó sus labios en el delicado cuello de ella, y fue apartando poco a poco sus cabellos, hasta llegar a la nuca, donde besó con suavidad su tatuaje esclavista, provocando en ella cierto rechazo, para no terminar con el juego, apartó de nuevo su cabello y se entregó a la parte izquierda de su cuello y su hombro, notando como la respiración de ella se volvía algo más agitada, como su vello se erizaba al contacto con su piel. Alzó la vista y vio el reflejo de la muchacha que le observaba con curiosidad. Entonces se dio la vuelta y le besó. Sin más. Un beso sincero, ardiente, dulce y ebrio de pasión. Jack se echó hacia atrás, abrumado por sus propios sentimientos.
Vamos Jack, ¿qué pasa?.
Nada preciosa, nada. – ella se acercó a su cuello, y comenzó a besarlo jugosamente, repasando su piel con su lengua. Jack intentó despejarse, pero ahí estaba de nuevo esa sensación. No podía, no con ella. "Vamos Jack, intenta tranquilizarte". Respiró hondo y se concentró en la sensación que tenía. Ella era… indescriptible, le odiaba y le amaba, era ruda, bella, inteligente, pero sobre todo apasionada. Un gemido vibró entre los labios del pirata sin poder retenerlo cuando ella atrapó su oreja agujereada entre sus labios, cerró los ojos dejándose llevar, pero cuando volvió a abrirlos y vio su imagen en el espejo, viendo como ella se deleitaba, no pudo seguir, y se apartó de su cuerpo a trompicones.
¿qué pasa Jack?.
No puedo
¿cómo que no puedes, acabas de… yo no… no lo entiendo.- dijo ella estupefacta. No se consideraba la más bonita, ese puesto se le cedía a Mary Ann gustosamente, pero tampoco era un adefesio, no como para que Jack Sparrow la rechazase. Él la observó, su pelo rizado y rojo, sus ojos pardos (marrones con manchas), la nariz recta, la boca bonita y pequeña… bajo la camisa y la falda blancas se atisbaban sus formas, que no eran esculturales, pero si lindas y proporcionadas. Ella le miró, mientras él la repasaba.
No puedo.- repitió en voz apenas audible.
Entiendo.- dijo ella intentando no parecer TAN decepcionada.- Es que prefieres a otra.
No, no, no, no, no. No lo comprendes. Es por ti.
Jack, ya me has rechazado. Basta con esa humillación, no hace falta que me restriegues lo malditamente fea que soy a la cara.
La muchacha se giró, intentando retener unas lágrimas rebeldes que pugnaban por salir. Jack se quedó de piedra en el sitio "piensa que es fea". Se acercó de nuevo a ella y la susurró:
- no quiero hacer nada que pueda afectar a la maldición, Carolin. No puedo medir hasta que punto puedo llegar a hacerte daño si me equivoco.- La acarició el pelo y se le besó suavemente, después salió por la puerta, como había echo tantas veces en los últimos meses, pero esta vez, con menos ganas aún. La cerró y se apoyó en ella, suspirando, después recomponiéndose, al fin y al cabo, que caramba, él era el capitán Jack Sparrow, subió hacia cubierta. Entre la oscuridad, una sombra había escuchado toda la conversación, Will se pasó una mano por la cara, echando su pelo hacia atrás, y volvió hacia su camarote, dejando a Carolin sola, decidiendo por ella, que ya había tenido demasiadas emociones en una sola noche.
