20. Ese mayordomo, pesadilla.
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Llevaba ya un rato despierta, no me había levantado por ninguna razón en especial… de pronto la cama ya no me resultaba cómoda, ya no se me hacía especial… a decir verdad apenas y me sentí como yo misma cuando recordé con plenitud donde estaba y de quien era el brazo que me asfixiaba contra las almohadas.
Me escurrí con cuidado de aquel brazo que se aferraba a mí, estaba consciente de su desnudez y de la mía, eso no me afectó, la mujer que yo era antes se habría escandalizado como una estudiante hormonal, pero, esa mañana no me sentía del todo bien… me sentía como si tuviese un cuchillo incrustado a mitad del cerebro deslizándose más profundo en mi carne y ese vacío en el pecho, como si algo me succionase desde dentro, no sé cómo describir esa sensación de desesperanza y frustración que sentí en aquel momento cuando sentada de un lado de la cama me vi los pies desnudos a centímetros de la duela de madera, tan reluciente a como estaba antes.
Creo que eso me enfadó entonces, me sentí tan colérica conmigo misma por reaccionar de esa manera… una persona normal estaría feliz, dichosa y revoloteante ante la situación, o por lo menos avergonzada. Yo, sin embargo, me sentí como un pobre gusano pequeñito e indefenso.
Me levanté sin inmutarme por la desnudez de mi cuerpo… algo iba mal, algo estaba mal conmigo, algo faltaba, algo no encajaba ahí… todo se sentía lejano, como si esa ya no fuese mi vida.
Me tambaleé al recoger mi blusa del suelo, no recordaba cuándo, cómo ni porque mi ropa pendía del escaloncillo poco antes de la habitación, sentía las piernas y los brazos fríos y rígidos, adoloridos. Me vestí con lentitud incapaz de enfocar bien la vista en algo en particular… esa extrañeza en mis gestos me desconcertó más.
Yo no tenía que estar ahí, tenía que estar en otro lugar… con… con alguien que me era difícil de recordar, no podía ni imaginar un rostro en mi mente… era una mancha borrosa, algo mal definido, no había un nombre ni una voz, solo ese sentimiento de apego y pensar en esa persona aumentaba ese vacío en mí extendiéndose hacía mi estómago y mis intestinos como si no tuviese nada por dentro y poco a poco ese agujero succionara mi piel y mis huesos. La punzada en mi pecho aumentó, me llevé una mano al pecho como si así doliera menos pero el brazo derecho me ardía, desde el hombro, en la unión del brazo con mi cuerpo sentía como si la piel me ardiese en llamas, pero, a la vez era como si algo frio me fluyera en la sangre hasta la punta de mis dedos.
Casi grité cuando un par de brazos me rodearon por detrás, me tensé pero a la vez me sentí aliviada… la sensación dolorosa se esfumó poco a poco pero esa extraña punzada y el ardor en mi hombro seguían ahí.
Suspiré redimiéndome al momento, esa mano subió hasta mi mentón y sentí el calor de unos labios contra mi cuello. Levanté la vista entonces yendo a parar ante los ventanales de la suite... amanecía, fue un amanecer muy surrealista… tenía una gama cálida de colores que me toco hasta el alma.
De pronto me sentí invadida por la calidez de aquel amanecer, como si los rayos del sol me atravesasen la piel y los órganos quedándose dentro de aquel vacío, de aquel hueco frio que me succionaba la vida.
Nunca había visto un amanecer como ese, el cielo estaba inyectado de un rojo intenso, como la sangre, ese color llameante se extendía hasta los límites de la ventana y luego le seguía un anaranjado fuerte y opaco que se volvía más luminoso y claro entre más se acercaba al sol, que, en ese instante se veía como una enorme esfera blanca, luminosa, deslumbrante y abrazadora… de un blanco tan inmaculado que creí estar delirando. Solo se distinguía un marco amarillento rodeando la esfera blanca como una corona ardiente.
Ese sentimiento, esa sensación de impropiedad ante mí misma se acrecentó al observar ese amanecer, entonces sentí más fuerte que antes que no debía de estar ahí, en ese lugar, en ese momento contemplando un amanecer urbano en los brazos de mi ahora prometido, me quedé sin aliento… me estaba olvidando de algo, de algo realmente importante…
Richard me hizo voltear, giré sobre mis propios pies y ambos quedamos de frente, no me atreví a verle rostro… estaba aturdida, perturbada por lo irreal que me resultaba todo, por lo insípido y ajeno de aquellos momentos ¿Qué se supone que estaba mal? ¿Qué no encajaba ahí?
— ¿Estas llorando?— le oí decir como si se burlara de mí, ni yo me había dado cuenta de eso hasta que su mano rozó mi mejilla y sentí el líquido escurrir hasta mi barbilla ¿Por qué estaba llorando?
Me levantó el rostro con delicadeza y aquel rostro frente a mí me pareció desconocido, extraño. Era como la unión de dos caras diferentes, una era de Richard… con los cabellos castaños revueltos y los ojos obscuros, mientras que, el otro rostro que se me hacía más conocido que el del propio Richard era más afilado, más fino… más pálido y había unos labios curveados, una sonrisa traviesa acrecentándose y aquellos ojos… no supe como describirlos, pero, me aturdían, me aturdía ese rostro… me aturdía la manera en la que ambas caras se superponían como formando una sola, como si hubiese dos personas diferentes fusionadas en un mismo rostro, temblé.
Temblé cuando la cara cambiante se quedó fija en las facciones de Richard.
Sus ojos oscuros e intensos parecían vacíos… muertos y enojados, me sentí diminuta pero no pude apartar la vista de ellos… no me sentí atraída a esa mirada cuando horas antes el sólo sentir sus ojos mirándome me derretía por dentro, hacían vibrar mi ser de una manera antinatural y ahora, por raro que sonase, me hacían estremecer de otra forma… como si de pronto aquella mirada cálida y amorosa se hubiese convertido en una llena de rencor, de tristeza y decepción.
— ¿Qué te sucede?— dijo Richard acercando su rostro al mio, su otro brazo me tomó de las caderas juntado nuestros cuerpos, su voz me pareció tan distante… como si la escuchase después de mucho tiempo, como si el Richard frente a mi fuese un vago recuerdo… un manchón en mi vida y un recuerdo lejano y decadente.
Quise hablar, decir cualquier cosa pero al abrir los labios solo atiné a sacar un sonido irreconocible… no eran palabras… no eran silabas o letras, era como un ruido, como cuando hay interferencia en los teléfonos… como si alguien frotase una bola de papel arrugado contra la bocina del aparato.
Él me sonrió, nuevamente ese rostro no me provocó nada más que terror y vacío, me removí inquieta entre su agarre, intenté apartarme pero el cuerpo no me respondía, como si yo no actuase a voluntad y mi cuerpo fuese independiente a mi cabeza, mi cuerpo se aferró a él besándole con una ternura que entonces me resultó repugnante, pero, él no me correspondió de la misma forma… yo lo sentí, sentí a un Richard abatido y nostálgico. Me pregunté si no me lo estaba imaginando porque yo recordaba una actitud diferente en él, un cariño enorme por mí que manaba de su piel y su calor me envolvía, pero, en ese momento, en ese beso al amanecer que me pareció eterno me cuestioné todo lo que había pasado junto a él… la veracidad de sus gestos, de sus tratos hacía mí me pareció tan falsa e increíble...
Cuando el beso se rompió por el sonido de un teléfono olvidado por ahí me aferré al contacto de Richard con fuerza.
En un rincón olvidado de mi mente sabía que ese era mi celular y que la persona al otro lado de la línea telefónica era Jessica ansiosa por saber acerca del proyecto para serializar mi libro, a lo que yo le respondería con un "Te llamo después, aún tengo que esperar una llamada de la compañía" y ella diría un "Oh… ¡Pero yo quería empezar a celebrar ahora! ¡¿Tienes la menor idea de lo mucho que, como tu editora, he esperado este momento…?! ¡Me muero de la emoción!" podía escuchar su voz, su grito eufórico y la risa suave de Richard desde el marco de la puerta por el sonrojo de mi cara al verlo ahí, desnudo y tan despreocupado.
Cuando la canción en el tono de llamada se hizo escuchar por segunda ocasión no aguanté el dolor en el pecho.
I know you've suffered, but I don't want you to hide…
Me tambaleé sin poder entender que pasaba ahí… eso no era así… eso no pasaba así, las llamadas de Jessica no empezaban con esa canción… Jess tenía como tono 'One of the boys' de Katy Perry no esa canción, no una canción de Muse… no esa canción…
—Yo sé que has sufrido… pero no quiero que te escondas más—, escuché una voz susurrar contra mi oído, su aliento me rozó el cuello y volteé con violencia encontrando el rostro de Richard, de ese desconocido Richard a centímetros del mio, yo me había movido sin darme cuenta hasta la pequeña estancia de la habitación del hotel como buscando el móvil sin éxito alguno.
Su voz en lugar de evocarme esa indiferencia me hizo recordar, era una voz distinta, una voz semejante a un ronroneo… tan provocativa… tan llena de alguien más, de la presencia de alguien más…
La punzada en el pecho me hizo retorcerme, me tumbó en el suelo, pero mi cabeza no llegó a impactarse contra la duela del piso, en cambio, suspendida en el aire me di cuenta de que aquel desconocido me tomaba del brazo derecho con una mano y con la otra me tomaba de la ropa evitando mi caída.
—Tan fría y sin amor…—, me susurró en el oído estrechándome contra su pecho desnudo.
Ese aroma que desprendía su piel no era suyo, no era de Richard… ese no era Richard… no, no era él ¿Quién era entonces? ¿Qué estaba pasando entonces?
—Quiero satisfacer los deseos ocultos de tu corazón—, pronunció con esa voz transformada que me hizo estremecer, ahora no sólo con terror sino también con un cosquilleo en la piel y quise arrancarme el brazo por el dolor que aquellas palabras parecieron provocarme… cerré los ojos pero él insistió, la música no se calló y la mano fría recorrió mi cuello, delineado mi rostro con el dedo y me hizo abrir los ojos.
—You may be a sinner, but your innocence is mine…—, cantó contra mi piel, pero cuando busqué su rostro, cuando quise ver quien era no pude reconocer nada, todo estaba obscuro.
Me invadió una serie de imágenes, en mi cerebro las cosas se agrupaban a una velocidad vertiginosa y aplastante como si hubiese perdido el conocimiento y ahora lo recordara todo abruptamente.
Sentí el cuerpo adormecido, la cabeza adormecida… unas nauseas enormes, apenas y podía respirar, me ardían los pulmones cada que inhalaba ese aire putrefacto… apestaba a carne descompuesta, a carne quemada y vísceras pudriéndose… apestaba a sangre… a muerte.
Pestañeé como si así mis ojos, llorosos y adoloridos, pudiesen ver algo entre aquella profunda obscuridad.
Giré la cabeza con violencia, me percaté entonces que llevaba una venda en los ojos y una mordaza en la boca, que mi cuerpo estaba desnudo y que estaba atada tanto de manos como de pies. Lo confirmé en ese momento mientras la lluvia de imágenes se esclarecía y se alentaba… me habían secuestrado, esa tarde luego de recibir la llamada de la compañía televisora para saber en que terminaba nuestro acuerdo Richard me propuso salir a comer como celebración, yo acepté a pesar del mal presentimiento que llevaba asediándome desde hace días luego de visitar a Lilian.
Quizá, lo pensé hasta ese momento, mi mal presentimiento se debía a lo que ocurrió en esa visita, porque yo no pude verla… yo no pude ver a mi madre, ella estaba enloquecida cuando se enteró de que yo iba a visitarla… lo recuerdo bien… cuando la vi, la persona ahí, parada frente a mí con la mirada bañada en rabia y frustración no era mi madre, que ese tono de azul tan profundo y sombrío no era el suyo, que en ese momento la voz desfigurada y rota no era la suya y el tacto frio de esas manos contra mi cuello tampoco era de ella.
No era la primera vez que llegaba a verla en uno de esos episodios psicóticos y violentos, pero si era la primera vez en que ella atentaba contra mi vida de una manera tan directa… tan enloquecida…
Recuerdo que entré a su habitación como midiendo el ambiente, como meditando que palabras exactas decirle para presentarle a Richard, no sabía cómo reaccionaría… no supe como sentirme, como decirle que me casaría con alguien que nunca le había mencionado, así que respiré hondo como dándome valor y abrí la puerta de cristal poniendo en mi rostro mi mejor sonrisa.
Alcancé a pronunciar apenas la primer sílaba de su nombre cuando una invisible masa viscosa y fría se estancó en mi pecho, inmovilizándome, fue de lo más extraño… como sin darme cuenta me quedé sin pablaras, sin pensamientos y la vi ahí… vi a Lilian parada al pie de la cama vistiendo una camisola de hospital color lila, con los pies desnudos en unas pantuflas blancas forradas de peluche y su silueta delgada cubierta desde los hombros con un suéter tejido en color azul pastel, los cabellos le caían como una cascada negruzca hasta la cintura y los labios no lucían su tono rosado, no, eran tan pálidos…
Me miró de una manera muy profunda, de una manera que me hizo temblar como si pudiese penetrar a través de mi cuerpo, atravesarme, despojarme de todo y destruir silenciosamente mi espíritu, mi fuerza y mi alma… era una mirada tan azul… tan vacía…
— ¡¿QUIÉN ERES?!— me gritó con una voz extraña, como en un rugido gutural propio de una bestia iracunda y no de una mujer tan delicada como ella.
No respondí, no me salían las palabras, sentí como si mis labios estuviesen cocidos entre sí.
Entonces su mirada se obscureció más, me hizo sentir tan pequeña y frágil que me dieron ganas de llorar, esa Lilian corroída por la rabia y la locura se abalanzó contra mi gritando algo que en su momentos no entendí… pero en esa profunda obscuridad en donde ahora me encontraba lo pude comprender… ella gritaba un desgarrador "Lo siento" y luego repetía con más furia "¡ALEJATE, ALEJATE DE ÉL!" mientras sus dedos fríos se encajaban en mi piel como agujas, dejándome sin aire y punzando como si en verdad fueran cuchillas desgarrándome la piel.
Cuando creí que moriría en sus manos sin siquiera haberme defendido ella gritaba rompiendo en llanto "Ella es mi hija, nuestra hija… déjala en paz ¡Déjala vivir lejos de ti!", entonces me soltaba como si regresara a ser la de antes y se soltó a llorar sobre mí, de pronto tan frágil, de pronto tan asustada y rota…
En ese momento Roseanne la enfermera y un doctor entraron ahí, me apartaron de Lilian quien se había aferrado a mi cuerpo como un niño pequeño lo haría ante su madre en busca de consuelo tras alguna aterradora pesadilla…
Me había acostumbrado a eso, desde que tenía 13, desde que conocí a Lilian me había acostumbrado a que en nuestra relación yo fuese la adulta, la madre y ella la niña frágil y necesitada de protección, pero, en ese momento, me sentí tan desecha… tan infantil… necesité tanto el abrazo de mi madre en ese momento… necesité tanto sentirme segura y protegida por alguien, dependiente de alguien, necesité tanto sentirme pequeña y sumisa otra vez que no me pude mover del suelo hasta que alguien me levantó.
Hasta que Richard me sostuvo entre sus brazos cálidos y fuertes…
Las ataduras de mis manos fueron arrancadas, se esfumó también la mordaza en mi boca y nuevamente me vi presa de mi misma, de mi cuerpo, como si hubiesen amurallado mi mente y mi espíritu encerrándolos muy lejos de mi cuerpo y este actuara mecánicamente, como un títere en una función.
Me quitaba la tela que me cubría los ojos y un gemido apagado escapaba de mi boca, lograba ver ese momento cuando la puerta metálica de la jaula donde me habían arrojado era cerrada.
El olor nauseabundo se incrementó como si tuviese una pila de porquería pegada a la nariz y mi cuerpo se aferró a los barrotes de la jaula en un inútil intento de buscar seguridad… de desprenderse del miedo que me carcomía las entrañas. Mis ojos se perdieron recorriendo el lugar con rapidez… apenas y distinguía las cosas, todo era iluminado por una tenue luz proveniente de las danzantes llamas de las velas casi consumidas en las paredes de ladrillo gris, llenas de humedad… como si el tiempo hubiese pasado sin clemencia por ellas, el piso mugriento, gris y terroso. El escalofrió me recorrió el cuerpo ante la última observación, una mesa de piedra justo en el centro… era grande y ostentosa, llena de grietas y había una mancha roja, como sangre escurriendo, aun fresca… preparada para mí.
Todo sucedió a una velocidad extraña, una velocidad de relámpago que me mareó mucho más que el apestoso hedor del lugar, tanto como los sucesos en esa realidad desapegada a mis pensamientos como los recuerdos de antes… de mi vida, de Richard y la imaginaria boda que había ensamblado durante el viaje de avión… todo se reproducía como en una película a muy alta velocidad.
Apenas y me di cuenta cuando la jaula se movió de su sitio, siendo arrastrada con brutalidad hasta la mesa de piedra, siendo levantada por los encapuchados, había mucho ruido… había risas, gritos, gemidos, alaridos bestiales… más risas, más gritos burlones, sonrisas, risas… gritos... más risas…
Mi cuerpo fue arrojado en la piedra sangrienta, el aire abandonó cada rincón de mi cuerpo mientras la sangre me bullía y el olor a muerte se acrecentaba opacando las vísceras y la carne podrida… apestaba tanto a muerte, pero no me resultó desagradable, como si ese aroma sofocante fuese más que cotidiano en ese rincón de mi mente que había predicho la llamada de Jessica y que reconocía el rostro que se sobreponía al de Richard… entonces sentí como si mi mente y mi cuerpo al fin se sincronizaran en uno, recordando las palabras de la Lilian enloquecida…
Ella es mi hija, nuestra hija… déjala en paz ¡DEJALA VIVIR LEJOS DE TI!
No sé porque fue mayor mi odio y furia hacía mi misma en ese momento, si fue porque mi pecho latía desenfrenando… hundiéndose en un dolor extraño, tan doloroso que no pude ni describir al escuchar ese "vivir lejos de ti" que hacía eco en mi cabeza, en ese rincón olvidado que me presentaba esa imagen desconocida, ese rostro que luchaba por la permanencia en el cuerpo de Richard… esas facciones finas y afiladas que tomaban mayor nitidez… que se volvían un rostro completamente ajeno a Richard… esos ojos intensos, hirientes pero tan atrayentes y provocativos, tan incitantes, la voz susurrante… el apego de mi cuerpo a esa voz extraña; o si fue por la situación… por las manos asquerosas que me recorrían el cuerpo… por la impotencia de no hacer nada y llorar tan amargamente, tan calmada pero tan frustrada por como abusaban de mí, por cómo me rompían con todos esos gritos y todas esas risas, de los golpes en mi rostro y la quemadura en mi piel, la carne quemándose… la carne ardiente y el fierro al rojo vivo atravesando mi tejido como si yo fuese un animal, la sangre viscosa y oscurecida bajándome por las piernas, por mis pechos… por mis labios… el temor inaudito a morir, el temor inaudito por perder a Richard, por saber que él podría estar sufriendo lo mismo que yo por mi entera culpa… por mi…
Creo que entonces, lo que más me enfureció fue escuchar mi propia voz rogando por auxilio, exigiendo ayuda de una manera desesperada, con una voz irreconocible y ronca, tan deformada por el dolor y la desesperanza.
— ¡SALVAME!—, exclamé en un momento vaciándome del miedo, solo llena de furia después de todos esos inútiles intentos.
¡No!Me grité a mí misma sintiendo como todo volvía a esa velocidad ridículamente lenta ¡No tengo porque ser salvada, no merezco ser salvada! ¡No me salves! ¡No vengas! ¡Déjame vivir sin ti…! Tan lejos de ti… tan lejos de ella ¡ALEJATE! Grité en mis adentros, impotente, como si en mi habitaran dos personas diferentes y una rogaba a viva voz por ser rescatada y la otra, la verdadera yo se negara con toda el alma a ser salvada, que admitía la muerte pero a la vez se abrazaba a ese dolor exhaustivo y el apego por ese rostro inhumano.
La mujer, de la que entonces no me di cuenta, levantó el metal afilado contra mi cuerpo dispuesta a matarme, vi sus ojos llenos de una locura absorbente y creí realmente que moriría, no solo por ella sino porque aquella otra yo luchando por su vida me apresó como tragándome, como si mi cuerpo fuese una bolsa de veneno corrosivo y me derritiera por dentro cuando detrás de la mujer que empezaba a perder la forma lo vi…
La bruma negra acompañada de plumas, tan negras como las de un cuervo, los ojos rojos brillantes que se volvían violetas, rasgados… felinos e inhumanos, bullían en una mezcla desconocida para mi… tan crueles y fríos que creí verme ahí, que pude ver a la Lilian que intentó asesinarme en esos ojos y la frase retumbó nuevamente.
Yo sé que has sufrido… pero, ya no dejaré que te escondas más…
Se acercó, con esa piel muerta como de cadáver… con esas uñas como garras largas y negras… ese tintineo, el chasquido como de tacones refregando el suelo…
Tan fría y sin amor…
Una sonrisa torcida, con colmillos relucientes, blancos y aperlados… se veían tan filosos, tan grandes…
No dejaré que te niegues a ti misma… ya no más…
Temblé sacudida por una extraña emoción, vi a la mujer que iba a matarme retorcerse en el suelo como un gusano moribundo, la figura espectral se abrió paso entonces hasta mí, quedando a mi lado y vi sus ojos, sentí como si se enraizaran en mi cabeza… como la mirada de Lilian en esa ocasión…
Tranquila, haré que te sientas mejor, tan impoluta e incorruptible…
Pronunció apegándose a mi piel, como si se burlara mientras los hombres que molían mi cuerpo, ahora temblorosos y asustados, caían al suelo con sus cabezas descolocadas y los cuellos rotos y torcidos.
Confía en mí, estarás segura a mi lado…
Mi cuerpo retumbaba, como si gritara con mucha fuerza pero no pude escuchar mi propia voz.
Quiero acabar con la violencia que mancha tu corazón
Vi la cabeza de un encapuchado caer al suelo con los ojos desorbitados, entonces comprendí la palabra que indescifrable había salido de sus labios… demonio, ese rincón de mi mente se escandalizó y mi pecho vibró, palpitó con fuerza como si se fuera a salir de mi pecho. Él soltó una risa.
Quiero saber si tu belleza no es sólo una máscara…
La furia volvió a brotar del fondo de mi ser, sin comprender que me decía, si en verdad el demonio cantaba eso o sólo me lo estaba imaginando, si aquello en verdad era real pero el dolor que me envolvía… el dolor que envolvía mi cuerpo en ese momento era demasiado intenso como para no ser de verdad.
Quiero exorcizar lo demonios de tú pasado…
Temblé sin poder apartar los ojos del cadáver… de aquella cabeza sin vida y llena de sangre, comprendí lo que hacía en ese momento, lo que pasaba ahí… más allá de mí, eso estaba mucho más allá de mí... lo veía claramente, no parecía hablarme a mí… no a la verdadera yo en ese momento, sino, a aquella invasora en mi cuerpo que había rogado por ser salvada… eso era un recuerdo, no un suceso… yo estaba recordando lo que me provocó ese dolor en el pecho, estaba recordando… su rostro, sus facciones, sus labios, el olor de su piel… la obscuridad de sus ojos y la sensación de sus cabellos al deslizar la mano…
Me habían secuestrado, hacía tiempo, hacía demasiado… me habían apartado de Richard y me habían llevado a ese lugar, tan frio y desolado, me habían llevado ahí como parte de un ritual… de una invocación, como sacrificio, con un animal en matadero ofrecido a un demonio… ese demonio, ese demonio…
Quiero satisfacer los deseos ocultos de tú corazón…
—Ri-Richard…—, balbuceé, no supe si lo dije yo misma, o si la mujer del recuerdo en mi cuerpo lo decía, solo escuché mi voz, sentí mis labios moverse y el estómago se me ahuecó.
El demonio se detuvo rompiendo la secuencia del recuerdo, eso no pasaba, eso no pasaba de esa forma…
Me miró como enfurecido, los ojos purpuras relampaguearon pero no pude distinguir que había en ellos… no era esa crueldad que helaba la sangre, no, era tan diferente que el terror y la adrenalina que se desató en mi cuerpo me hizo levantarme de un salto.
— ¿Qué es lo que deseas?— bramó enfurecido acercándose a mí con sus garras en lo alto.
Engañas a tus amantes con tu crueldad y tu atracción divina…
Me sentí insultada, rabiosa le fulminé con la mirada, el demonio rio como si eso le divirtiera.
— ¡Quiero encontrar a Richard!—refuté entonces, lo dije con tanta firmeza, con tanta seguridad que no me pareció mi voz, pero eso me importaba tan poco… en ese momento nada me importó.
Puedes verte tan corrupta y enferma, pero tu inocencia es mía…
Corrí, hui de él antes de que esa garra se fuera con estrepitó hacia donde yo estaba segundos atrás, apenas y sentía mis pies mientras corría entre el motón de cuerpos.
Compláceme, muéstrame como se hace…
Las luces de las velas se habían extinguido, una brisa gélida penetró en mi piel y la obscuridad que envolvió el lugar fue tan profunda que no distinguí nada, pero, sabía que eran cuerpos, sabía que lo eran porque los huesos desencajados de los cadáveres se me incrustaban en las plantas de los pies y a cada pasó el resonar de los charcos sanguinolentos y viscosos era tal que me cubrí los oídos asqueada.
Engáñame, tú eres la única…
Caí entre la montaña de cadáveres, a pesar de que los cuerpos mutilados detuvieron mi caída el espacio donde mi cabeza impactó estaba vacío, despojado de algo que retuviera el golpe y mi cabeza se estampó con tal fuerza en la piedra que perdí el sentido por algunos segundos…
Cuando reaccioné, cuando recuperé la consciencia sentía el cuerpo frio lleno de algo grumoso y espeso, me llevé una mano al rostro… oliendo ese líquido extraño… era sangre coagulada. Horrorizada intenté incorporarme pero mis manos se resbalaban entre la piel podrida y la sangre oscura.
Cuando por fin me levanté caí al suelo a una velocidad increíble, sin poder ver algo en realidad, me revolqué entre la fría piedra del suelo cuando me di cuenta… el demonio se había abalanzado sobre mí, aprisionaba mi cuerpo contra su ser deforme y tosco.
Me sujetó por los hombros encajando sus garras en mí hasta que tocó mis huesos, gemí llena de terror y furia.
Me decía algo, o eso creí pero yo estaba tan asustada que no escuché nada, no escuchaba nada en realidad, creo que el golpe me había aturdido demasiado y estaba en una especie de ensoñación que me jalaba más y más a la inconsciencia, agitó mi cuerpo estrellándolo contra el suelo… dejé de respirar y me pareció tan aliviante el no tener que inhalar ese aire fétido.
Mis órganos retumbaban, lo sabía porque sentía mi cuerpo vibrar como cuando alguien escucha la música demasiado fuerte y sientes que tus órganos se remueven al compás de la canción, la piel de los brazos me ardía, sentí que me quemaba, todo mi cuerpo estaba envuelto en un fuego invisible, los pinchazos en el pecho se habían transformado en puñaladas hondas que se encajaban en mi carne y me traspasaban el hueso hasta perforarme el corazón, penetrando más allá triturando a su vez mis pulmones.
Grité, lo supe por el dolor en mi garganta como si llevase ya mucho tiempo gritando de una manera desgarrante y terrible, su cuerpo sin forma me apretó contra el suyo y sentí una brisa caliente contra la piel de mi clavícula, era su aliento, pude sentir como unos labios grotescos y grandes se oprimían contra mis pechos, mordiéndolos, apretándolos con una rudeza que me hizo jadear buscando aire a como diera lugar.
— ¡Richard!—, oí mi voz romper ese silencio.
Entonces se aferró a mi cuerpo, estrellándome contra el suelo como intentando dejarme muerta y regodearse sobre mi cuerpo, el demonio y su piel fría contra la mía… lo sentía claramente, con toda nitidez a pesar de que la inconciencia me arrastraba y me llevaba a una obscuridad muy profunda, sentía con toda claridad su piel fría contra mí, mi cuerpo cubierto por un líquido caliente y resbaloso, como unas manos oprimían mis hombros con fuerza mientras la piel me ardía horrores, como una voz para nada común me gritaba y mi voz se deshacía a gritos exclamando el nombre de Richard a todo pulmón.
Sin embargo en lugar de la fría y dura piedra mi cuerpo se tambaleaba en una superficie acolchada, vaporosa y suave, como sabanas de seda y almohadones de plumas, mi cuerpo no se sentía en aquella desnudez helada, en cambio, podía sentir la delicada y delgada tela cubriéndome el torso… como una camiseta delgada y los interiores fijos en mi cuerpo.
Respiré a una velocidad más lenta, más normal, y, en lugar de garras encajadas en la piel de mis hombros eran unas manos suaves y finas que se aferraban a mi carne con una delicadeza extrema como si yo fuese de papel y la simple brisa me fuese a partir en pedazos. También en lugar de los rugidos bestiales era una voz melódica y tersa la que me gritaba y eran palabras en concreto, sabía mi nombre, parecía intentar ayudarme…salvarme…
— ¡RICHARD!—, sollocé presa del pánico retorciéndome entre el agarre de aquellos brazos fríos, desnudos y fuertes que me retenían como si de un muro de roca se tratase.
Abrí los ojos sin poder contener por más tiempo todas mis lágrimas, estaba muy asustada, creí revivir el dolor de las manos tocando mi cuerpo tratándome como un animal, un juguete más para su enferma diversión; temí morir ahí… tan patética y sumisa como un gusano aplastado, sólo que, un gusano no pensaría en la furia de los ojos de esa Lilian consumida por la locura… de sus pablaras que se encajaban en mi cerebro y me hacían sentirme más asustada, quería a Richard, en ese momento deseé con todas mis fuerzas tener a Richard a mi lado y abrazarlo con fuerza… sentirme protegida por él como en tantos momentos de mi vida desde que lo conocí, lo anhelaba… anhelaba su calor y su dulzura, su reconfortante presencia y sus ojos negros abrazadores y envolventes… lo extrañaba tanto…
— ¡Escúchame! ¡Mírame, soy yo! ¡Soy Sebastián!—, arguyó con la voz siendo barrida por un sonido animal, atronador y furioso.
Negué encogiéndome, negándome a alzar la vista sin poder apartar la mirada de aquella piel mortecina, el llanto apenas y me dejaba respirar y me retorcí jadeando sin saber qué hacer, sin entender para donde huir… me dolía tanto la cabeza, me ardía tanto la piel y esa punzada dolorosa se hacía más y más fuerte.
— ¡Suéltame!— chille débilmente intentando soltarme, agitando los brazos pero me retuvo por las muñecas oprimiendo mi cuerpo contra su torso desnudo y fornido.
— ¡Mírame!— me ordenó y su voz retumbó por todo mi ser, haciendo que me detuviera automáticamente como si él tuviese un extraño poder sobre mí, sentí como una masa… como si una bruma me envolviera el cuerpo relajándome y calmando la punzada dolorosa, me quedé quieta sin poder dejar de llorar y las manos frías me tomaron el rostro, presionando mis mejillas con suma delicadeza, limpiándome las lágrimas con uno de los dedos largos y finos.
— ¡Suéltame!— repetí exhausta, repentinamente abatida, presa de un sopor que me pareció extraño—, ¡D-déjame ir! ¡Suéltame! ¡Quiero ir con Richard…! ¡Lo quiero a él, lo extraño a él! ¡Déjame vivir lejos de ti, déjame ya!— gritoneé haciendo más fuerza de la necesaria, sintiéndome más apretujada y cansada y me solté a llorar como una niña, como la niña que era en el fondo de mi… la que se lamentaba por todo, la que no entendía porque las cosas pasaban así, la que quería estar en el papel de hija a lado de Lilian y no en el estorboso papel de adulto… la que seguía extrañando y amando a Richard con cada fibra, con cada cabello y hasta con la más pequeña y olvidada célula de su patético cuerpo.
Cerré los ojos con fuerza esperando que terminara, que mi vida terminara y que Richard viviera y fuese feliz aun si no era a mi lado, aun si entendí entonces donde estaba y con quien, por qué y que el papel de Lilian como mi madre había sido ocupado la noche de su muerte… cuando Sebastián, el demonio de mi pesadilla, le miró con una fuerza tan grande… con un amor tan grande que quise morir de la tristeza al verlos…
—Basta…— susurré aun jadeante, aun luchando por calmar mi respiración, Sebastián me apretó contra su cuerpo, abrazándome, rodeándome con los brazos como intentado despertarme por completo pero yo ya estaba bien despierta y consciente—… basta ya, basta de todo esto, déjame en paz… ¡DEJAME YA, MALDITA SEA, DEJAME IR! ¡SUELTAME!— gruñí respirando con violencia, de pronto furiosa por sentir la piel desnuda de su torso contra mi rostro.
Porque ese olor que desprendía su piel me atontaba y descontrolaba mi cuerpo, porque sabía lo que hacía… que esa bruma invisible que parecía calmarme venía de él e intentaba controlarme, intentaba reprimirme y evadir mi pesadilla, porque no sabía cómo había llegado a esa cama, como es que me quede dormida y a donde había ido mi ropa porque yo llevaba unos jeans y una blusa de algodón no esa camisola delgada y únicamente la ropa interior.
Porque me negaba a siquiera imaginar que había pasado, recordaba vagamente al sujeto del bar con el que coqueteaba y su insistencia por llenar mi vaso de tequila, luego de eso solo recordaba un balanceo, un beso, una mirada extraña… el dolor en el pecho, más tequila, risas, más tequila… otro beso, más tequila, tequila, tequila, tequila… nada.
Había un vacío profundo en mi cabeza, un hoyo negro… las palabras del diario se entremezclaban con lo poco que pude recordar y eso me hizo rabiar… no sé porque, aquello me hizo enojar de una manera inimaginable, porque me negué a aceptar la posibilidad, la lejana y a la vez tan cercana posibilidad de que en ese hoyo negro de mis recuerdos hubiese llegado lejos con Sebastián, más lejos de lo que estaba bien, de lo correcto…
¿Pero qué carajos era lo correcto…? ¿Mi compromiso con Richard? ¿Ese era el límite, cierto?
— ¡TE DIJE QUE ME SOLTARAS SEBASTIÁN! ¡ES UNA ORDEN!—, grité más enojada porque no me pude contestar a mí misma.
No estuve preparada para ver lo que vi cuando me soltó, digo, esperaba una cara enojada… un Sebastián que se aprovechara de la situación… algo, algo que fuese como el Sebastián que vagamente conocía, pero no, no fue así…
Esa sensación, esa ligereza cuando su agarre se apartó de mí fue tan fugaz, tan momentánea que en menos de un parpadeo otra vez estuvo encima de mi sometiendo mi cuerpo contra el colchón en un movimiento brusco que de ser posible, si ese colchón fuese de concreto me habría roto los huesos y mi cráneo se hubiese convertido en puré con facilidad… como si aplastasen una uva, pero no me atonté, no, la almohada absorbió todo el impacto pero, mis muñecas quedaron atrapadas entre sus manos… —las que extrañamente ya no eran frías, sino que eran tan cálidas que me quemaban la piel— sus manos apresaron mis muñecas sujetándolas por sobre mi cabeza tocando la cabecera de la cama hecha de madera sólida y por la rapidez de su movimiento mis dedos golpearon la madera haciéndome daño, su agarre me hacía daño… apretaba con tanta fuerza…
Solté un grito ahogado, quería protestar, quería patalear y seguir gritando, quería hacerme un ovillo y llorar como desahuciada, cerrar los ojos y no abrirlos aún si la pesadilla se repetía… aun si me enloquecían mis recuerdos, solo no quería verlo, no quise verle… no quería ver a Sebastián aunque en ese momento supe que no me dejaría ir… que por más que yo gritara y le ordenara por dejarme ir él no lo haría.
Lo vi en sus ojos, ese no era el Sebastián que yo creí conocer, no, era tan distinto… tan lejano a él… nunca vi a un Sebastián así… tan… tan ¿Decepcionado? ¿Frustrado?... sus labios finos tenían una mueca extraña, casi deshonrosa… apretaba los labios, la boca con una fuerza, con un enojo tan grande que me estremecí, me sentí insignificante… tan frágil y magullada.
Sus ojos en cambio… esos ojos chispeantes se veían tan turbios, tan apagados y vacíos que me pregunté quién era el que estaba ahí, su cara era la misma pero la expresión… el sentimiento que retumbaba en mí al verle era completamente opuesto al de siempre.
Iba más allá de la sonrisa burlona, del reproche ante mi necedad, de aquel cinismo tan arraigado a sus modos, de ese enojo infantil, de la seducción en el tinte carmín de sus ojos… tan distinto, tan diferente…
— ¿Qué la suelte?—, se burló con un tinte cruel que arrastró en su tono, su voz se clavó en mi cuerpo, como si un cuchillo me atravesara y mi respiración se paralizó— ¿Qué la deje en paz… que la deje vivir sin mí?— dijo con la voz cambiada, riéndose ante la última pregunta pero la risa no llegó hasta sus ojos, su mirada se ensombreció más, ya no era de ese rojo intenso y llameante, no, llegó a una obscuridad profunda… como un negro abismal.
Se quedó callado observándome, su mirada parecía ver más allá de mi piel… como si pudiesen ver mis huesos y mis órganos sin esfuerzo alguno, me sentí tan desprotegida, tan estúpida.
— ¿Eso es lo que quiere, lo que en verdad desea?—, soltó en un siseo seco, como si no quisiera decir eso.
— Si…—, susurré removiéndome, pataleando con esa vocecilla que últimamente gritaba en mi cabeza ante su cercanía un escandaloso "¡Huye de aquí!"
Él fue más rápido, colocó sus piernas a un lado de las mías impidiéndome moverlas, su mano izquierda soltó mi muñeca derecha pero presionó contra mi hombro derecho donde ambas marcas, superponiéndose ante la otra, no sólo sentí mi piel quemarse ante su contacto, la electricidad que ese roce me provocó… el estremecimiento de mi cuerpo me dejó sin aliento, mientras que la otra aferrada a mi mano se alzó un poco guiando mi mano hasta rozar su rostro y ahí se detuvo tomándome por la muñeca otra vez sin apretar con la misma fuerza de antes.
Sus ojos se transformaron otra vez, de súbito, abandonando ese abismo negro y volviendo a ser tan llameantes e intensos como antes, sin esa emoción indescriptible, solo parecía estar enojado y una chispa como dolorosa, como triste apareció debajo de toda esa ira infantil.
Me acordé entonces, de la similitud de su gesto a esa melancolía absorbente cuando hablábamos… cuando mencionó de una manera tan imprecisa a su anterior contratista… como cuando miró a Lilian…
—Si así lo quieres…—, pareció dudar subiendo su mano encajada en mi hombro, acariciándome el cuello… llegando hasta mi barbilla, recorriéndola con los dedos hasta mi mejilla, limpió mis lágrimas con delicadeza y dejó su mano fija en mi mejilla.
Entonces también me di cuenta, que la de la piel fría era yo, porque su mano en mi mejilla irradiaba tanto calor y yo apenas y sentí mis dedos cuando intenté apartar su mano de mí.
Se quedó callado, esperaba una respuesta, quise gritarle que se alejara otra vez pero la voz en mi cabeza… esa que se escandalizaba ante él también se quedó callada esperando mi respuesta.
Ese silencio, ese silencio abrazador donde el amanecer cálido y rojizo se colaba por el ventanal de la habitación, la brisa salada que le acompañaba y el aroma aun presente de los arreglos de rosas en la mesilla al otro lado del cuarto, aun impreso en las sabanas, su aroma… la esencia de Sebastián tan familiar que me rodeaba y me atrapaba, ya no olía a mí… ya no sentí ese olor a los aceites del masaje ni a mi champú de frutillas o la crema de durazno que Jess me había recomendado… no, yo misma olía a él, a ese aroma que se colaba por los poros de su piel… a ese que se mezclaba con el perfume de las rosas y la brisa marina.
Aturdida por la similitud de la situación no hice más que mirarle a los ojos, más que perderme en su mirada escarlata… ¿Qué quería que le respondiera? ¿Qué, que acaso chillara como una loca rogándole porque no me dejara o que le dijera que sí, que sí y todo terminara? ¿Todo terminaría, todo terminaría entonces, así… así nada más? ¿Tan de improvisto e impulsivo como mucho de lo que hacía últimamente, desde que él llego…? ¿O acaso buscaba que yo admitiera que en realidad, yo era como un satélite girando a su alrededor siendo atraída por esa fuerza que ejercía sobre mi… esa atracción, quería que lo dijera, que se lo gritara?
No pude abrir la boca, me sentí como un bulto pesado y muerto, perturbada… esa era una palabra bien redonda y cierta… nunca había estado tan perturbada.
Me soltó, liberó mis manos pero no las moví, me sentí como una vieja artrítica incapaz de flexionar las extremidades… con las articulaciones tan rígidas como piedras…
Sentí su aliento rozar mi piel, estaba tan cerca…
—Ah… lo entiendo…— dijo con esa voz melódica— ¿Es costumbre suya, embriagarse y enloquecer a la mañana siguiente?— entonó con burla como si nada, volviendo a ser tan molesto como de costumbre pero no me tranquilicé.
La vocecilla chillona en mi cerebro me reprochaba el quedarme callada, haciendo que mi silencio se interpretara quizá de manera correcta… quizá muy lejos de lo que en verdad quería decir.
—Entiendo esa manía suya de olvidar todo cuando esta alcoholizada…— me reprochó, como escupiendo las palabras y con los sesos hechos licuado le fulminé con la vista.
— ¿No cree que ya es tiempo de admitir su alcoholismo? Su insensatez, su inmadurez…—dijo por lo bajo, pegando su boca a mi oreja, ni me inmuté.
¿Alcoholismo? Sí, me lo plantee en más de una ocasión pero no es como si me la hubiese pasado semanas ebria y tirada por ahí… sólo fueron meses en los que me la pasé tirada por ahí… sin alcohol la mayor parte del tiempo…
Su nariz bajó por mi mejilla, delineando mis pómulos y descendiendo por mi mentón hasta mi cuello.
— ¿Qué clase de manía es esa, esa de olvidar todo lo que digo enserio?—, le escuché decir contra mi piel, su nariz y la mía se rozaron entonces, no sé si me sonroje o no… mi cuerpo temblaba sin control, reaccionaba pero yo no… mi cabeza seguía estática sin caos o desorden como otras veces.
Me quede ahí, inmóvil a pesar del temblor en mis manos sin mover los labios y apenas parpadeando.
Vi cómo se le marcaba una fina arruga entre los ojos, se apartó apenas un poco mirándome con detenimiento como si escudriñara un juguete nuevo.
— Siempre así… sin una sonrisa ¿Cómo puede ser tan fría?— se burló sin moverse, yo no me movía, apenas y respiraba, el pulso se me había calmado, parecía adormilada… el sudor aun me bajaba por la piel y de no ser por los rayos de Sol que comenzaban a quemarme la piel aquello habría pasado como otro sueño para mí.
¿Qué estaba haciendo yo ahí, en ese hotel… con él, con las cenizas de mi madre metidas como un pedazo de basura en un bolso roto y apestoso, con ese diario y ese libro viejo y empolvado, qué estaba haciendo?
— ¡¿Enserio?! ¡¿Enserio y no pensaban decirme nada?!—, aquel grito, fue como una alarma despertadora, estridente y resonante como el ruido que producen las campanas de un carro de bomberos.
Me escurrí entonces, cuando se supone que aquella confusión tenía que llegar, me escabullí como un bicho de aquella cama y fui a encerrarme al baño aun cuando Jessica se plantó frente a mí, verde de la rabia, con un rollo de papel periódico en una de las manos, aun cuando creí que me agarraría a golpes yo seguí de frente y cerré la puerta del baño en sus narices.
—
No me había dado cuenta antes hasta que estuve en ese baño sumergida en la tina vaciando una botella completa de aromaterapia en la bañera.
Quizá no me quise dar cuenta, quizá lo sabía y lo ignoré pero entonces me aterroricé por lo que veía, por lo que sentía… yo era un desastre, me recordé, sumergiendo la cabeza y mojándome el cabello.
Había pasado cuatro meses miserables, siendo miserable y lamentándome en silencio, yo estaba en los huesos y no lo quise admitir hasta que estuve sentada en esa bañera ¿Qué demonios estaba pasando conmigo? ¿Por qué demonios estaba haciendo todas estas estupideces? Embriagándome, sin comer, sin dormir, escribiendo cosas sin sentido, poniéndome como gorila en celo por la opinión de otros… asustándome y actuando como gallina por un torpe sueño, por una torpe sensación… sin algo inteligente que decir, siendo inútil y rehuyendo de aquellas responsabilidades que yo misma me había impuesto, encerrándome como una rata moribunda a fingir que el mundo estaría bien y que nada más iba a pasarme ¿Desde cuándo yo hacía eso?
¿Desde cuándo me había vuelto loca, de esta forma, como para dejar que un fantasma que se hacía pedazos tuviese tanta influencia sobre mí? ¿Desde cuándo… los Phantomhive eran importantes para mí? ¿A partir de cuándo había empezado a lloriquear como idiota por alguien y algo que no era real? ¿Desde cuándo Lilian era una pesadilla para mí…?
Se me notaban los huesos, literalmente, yo era piel y hueso y no lo admití hasta que estuve ahí sumergida en agua caliente y jabón espumoso, tenía la piel pálida, traslucida y las uñas largas y maltratadas.
Me atreví a mirarme en el espejo hasta que salí de aquella bañera, empapada, la imagen del espejo me dio lastima… vi a una mujer frágil y desecha en el espejo largo del baño, me di cuenta entonces de mi propia fragilidad, de la vulnerabilidad de mi cuerpo y de que la quemadura que tantos tormentos me hacía recordar era una macha rosácea apenas visible, que las ojeras más marcadas y grisáceas en la pálida piel de mi rostro habían llegado a una amplitud extraña, decadente y alarmante, me vi inclusive los labios pálidos y quebrados, de no ser por la humedad y el agua que me escurría de la cabeza el pelo se me habría visto enmarañado y reseco… ¿Qué ocurría conmigo? ¿Quién era esa mujer que intentaba escudarse en los restos de una persona que ya no existía, que se había desvanecido con el tiempo intentando seguir a pesar de caer una y otra vez, donde estaba esa mujer, acaso aplastada por aquella persona cobarde?
Envolví mi cuerpo en una toalla, apretándola contra mi pecho. No me sorprendió el no encontrar a nadie cuando salí, la habitación se veía tan sola… tan grande y vacía.
Me apresuré hacía una de las mesillas buscando mi bolso, escuché a Jessica gritar colérica desde algún sitio pero aquello no me importó, busqué el diario de Lilian entre aquel cajón echo un desastre, busqué el sobre y la urna con cenizas. No encontré nada en el cajón que estaba de mi lado de la cama e irritada y frustrada me giré contra el armario grande abriéndolo de un movimiento.
Nada… ¡¿Dónde demonios estaba ese maldito bolso?!
Giré la cabeza con rudeza, el cuello me dolió, la punzada, esa jaqueca se acrecentó, la luz de los ventanales me pegó de lleno en el rostro y gruñí presa de un dolor punzante.
Me aferré a lo que estuvo a mi alcance y a tropezones me aparté de la luz que entraba.
Entre mi estupido escape, cuando levante el pie izquierdo para seguir avanzando mis dedos se estrellaron contra la dura madera del mueblecillo.
Enfurecida pateé aquel buro pequeño acomodado a un lado de la cama y dejé salir el aire de mis pulmones en un fuerte suspiro.
¡Piensa un minuto Samantha, se inteligente! Me reclamé mordiéndome el labio, intentando calmar aquella furia irracional con la que me había despertado.
Me sostuve del mueble respirando ampliamente y me pasé una mano por el pelo aun mojado y escurriendo, escuché aquel par de voces que discutían fuera de la habitación avivarse, hablando con más fuerza como si estuvieran más cerca.
Distinguí lo que Jessica decía, realmente se le oía furiosa, como si estuviese preparada para arrojarse encima de alguien y sacarle los ojos, me acordé de la prominente arruga que se formaba en su frente y como contraía tanto el rostro hasta que sus cejas se juntaban, sus ojos grises bullían, como adquiriendo un brillo propio y aquella mujer a la que conocía desde hace tanto tiempo se transformaba en una bestia salvaje.
— ¡¿Cómo se te ocurrió hacer algo así?! ¡¿Sabes lo grave que es esto?! ¡Ahora todo se ha ido al carajo Joe! ¡Imbécil!— bramó y me la imaginé alzando su mano mientras que con la otra zarandeaba al mencionado, con la cara tan roja que quizá le relucía— ¡Y tú maldito idiota!—, su tono cambió, como si su voz pudiese hacerse más grave y un nivel estratosférico de rabia se acumulara en sus palabras, hasta yo, ahí, en la seguridad de aquella habitación vacía me estremecí cuando mi mano decida había tomado la decisión propia de abrir el cajón del mueble del que me sostenía.
El silencio reinó entonces, cuando abrí el cajón de ese mueble sin saber a ciencia cierta que encontrar.
— ¡¿Acaso los dos tienen la cabeza llena de mierda en lugar de sesos o qué?!— la voz de Jess retumbó, como un trueno en una noche de tormenta, yo revolvía aquel cajón sin encontrarle alguna relación a todos los objetos dispersos por ahí. Esas no eran mis cosas, eran de él, me resultó algo muy estupido y ridículo, encontrar pertenencias de Sebastián puestas ahí si un orden en especial.
Supe que eran de él porque el aparatejo ese, el celular yacía frio y apagado en ese cajón, lo que yo recordé como las llaves de casa estaban ahí, la carpeta color vino con el manuscrito y muy a mi sorpresa un ejemplar de uno de mis libros, el primero de ellos en realidad.
Me sofoqué como si de pronto el calor de aquel lugar hiciese presencia, creo que el aire acondicionado no funcionaba o me había sonrojado como imbécil al ver aquel libro, ahí, guardado junto al borrador.
En realidad Sebastián era un terrible asistente si lo veías bien, nunca se había mostrado interesado en lo que yo hacía, nunca lo había visto siquiera hojear el mencionado manuscrito cuando la fecha de entrega llegaba, nunca me ayudaba a corregir ni una sola página y habían sido contadas las veces que nos habíamos encontrado trabajando en algo relacionado a mi libro… en realidad él sólo se sentaba a mirarme escribir sin decir nada, sin hacer ni un solo comentario de la historia o algo por el estilo, el solo me llevaba café y me apartaba del ordenador para hacerme comer u ordenarme el ir a dormir, él sólo atendía las llamadas de Jessica, acordaban las fechas y la recibía en sus visitas… en las reuniones con la editorial él ni siquiera estaba presente, a menos de que Claude Faustus estuviese en la reunión y simplemente se sentaba mirando a Claude como si fuese un perro pulguiento sin decir absolutamente nada del libro. Nunca había mostrado interés hacía mi trabajo y encontrar ese libro ahí me removió completa…
— ¡En especial tu Sebastián! No me molesta lo que esté pasando entre ustedes…— Jess relajó su tono, la escuché suspirar—, en realidad me alegra saberlo, pero, hombre ¡Te dije lo que pasaba, por eso venimos aquí y aun así no te importó! ¡¿Sabes que ahora toda la prensa caerá sobre ella como moscas en la miel?!
¿Qué? ¿De qué demonios está hablando?
Me quedé quieta, sosteniendo el último objeto dentro del cajón, era como una caja… como un alhajero, negro y liso, relucía como si estuviese echo de piedra pulida.
¿Qué había dicho Jess… la prensa, por qué la prensa…?
Coloqué en su sitio el pequeño cofre, la cabeza me punzaba y sentí el piso más alejado de mis pies… ¡¿La prensa?!
Mi corazón palpitó inquieto, apreté la toalla en torno a mi cuerpo dirigiéndome fuera de la habitación.
— ¡Encima de que ahora lo saben, de que saben quién es ella con esto les has dado la exclusiva del siglo Sebastián! ¡¿Ya viste el puto periódico?! ¡No sólo dicen que es una Phantomhive ahora también es parte del maldito ranking de las parejas más polémicas! ¿Eres idiota o algo así Sebastián? Por eso…
La cara de Jess se desfiguró, me miraba incapaz de articular una palabra más, había irrumpido en la estancia en el momento preciso y en aquel momento toda mi rabia se esfumó.
En la mesilla de la estancia estaba el periódico que le vi sostener a Jess antes de entrar al baño, desdoblado y con varias páginas sueltas, temblé acercándome y tomando el periódico entre mis manos, me dejé caer al sofá blanco como si de pronto toda mi fuerza me abandonara.
Vi la primera plana y el horror se apoderó de mí cuando leí el encabezado, cuando vi la fotografía… la misma en aquel espantoso mensaje de texto.
"El golpe de suerte Carson, en exclusiva la luna de miel de la hereda perdida de los Phantomhive"
"Samantha Carson, escritora y de 23 años resulta ser, no solo la más joven de los Phantomhive sino hija de la dos veces muerta Lilianne, la que estuvo todos estos años escondida en un hospital psiquiátrico luego de dar a luz a su única hija, producto de una escandalosa relación.
Tenemos en exclusiva imágenes de la Luna de Miel de la última de los Phantomhive".
—S-Sam…—, escuché a Jess murmurar, su mano intentó quitarme el periódico pero no la dejé.
Rebusqué entre las hojas encontrando el artículo de la primera plana, nuevamente esa fotografía aparecía abarcando casi media hoja…
— ¡Íbamos a explicártelo cuando fuera necesario!—, fue esta vez la voz de Joe la que cortó aquel silencio, aquella tensión.
Yo no pude apartar la vista del periódico, mirando esa fotografía, un tanto borrosa que había visto en el teléfono celular de Sebastián, aquella imagen del acercamiento en el auto antes de visitar a mis padres y una nueva, una que me hizo gemir por el horror, nos captaba al demonio y a mi abrazados entre la multitud, a mitad de la pista de baile bajo las luces de colores del bar… mi pecho se estrujó con violencia y me faltó el aire, debajo aparecía una frase…
¿Tan rápido olvidas… Phantomhive?
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Genteee! Acá Samsi, no morí... no del todo, ejem ¡Lo que sea! ¡Al fin fic, que si, si, si! :D
¡Enserio siento haber tardado el millón de años, lo siento, lo siento, lo siento! Pero era la escuela o mi cuello D: y pues, pues ¿Si acá estoy es porque cabeza aún tengo, no? (¬¬ no, disculpate más infeliz ¡Eso no es un pretexto valido! Si fueses más organizada mujer...) ._. ehh... emm... ¡Pues aquí el fic y punto! La prepa me a traido ocupadisima, entre tareas, parciales y esto que implica existir apenas y e tenido cabeza, siempre llego muerta de clases y entre pedacito y pedacito de capitulo me la llevé x_x ¡Pero lo terminé! Santa madre y apenas me dio el tiempo de corregir y terminar el día de hoy así que aquí esta... ojala y les guste (:
Realmente no sé cuando pueda actualizar, se me vienen los examenes finales ya a finales de este mes y tengo exposiciones, guias, trabajos, trabajos y tareas que hacer y entregar antes de los parciales D': ando hasta el cuello con esto pero ya casi se me vienen las vacaciones y espero que esta vez nos leamos más pronto... ¡Enserio que extraño fanfiction cuando no subo nada, hombre que si!
Pfff... ahora hablando del fic (antes de que me ponga tirar amor y arcoirirs en esto de contestar reviews xDD) ((y antes antes de recibir bombazos porque aun mujeres d emi corazón les debo el traje de baño...)) realmente no sé que decir de este capitulo más que escuché millones y millones de veces Undisclosed desires de Muse... esa maldita canción, tenía que hacer algo con esa canción tarde o temprano... si, si, si esa letra, esa cancioncilla es de Muse... yo la traduje del ingles, le agregué unas palabrillas por ahí para que encajase más... por hay si le pican al youtube y la escuchan mientras leen esa parte supongo que les gustará... no sé, segun mi cerebro eso funcionaba xD hmm, y pues bueno, en cuanto a la historia no diré nada, saquen sus propias conclusiones gente a las preguntas que yo sé ahora se hacen (o tal vez no...) como digamos ¿Quién es el acosador, el que manda esoso mensajes de texto y toma las fotografias? ¿Quién le dijo a la prensa la identidad de Sam y sobretodo, donde estaba, quien más podía saber todo eso? ¿por qué Richard apareció en ese sueño, porque su rostro se superponía con el de Sebastián? ¿A quién le gritaba Lilian, por qué? ¿Qué relación hay entre Lilian y Ciel...? ¿Qué diantres con aquella reacción en Sebastián, qué pasó, por qué le enfurece escuchar el nombre de Richard? ¿Qué pasa con Sam?
Si, si, si, sus respuestas en los reviews e dicho :D creo que ya les di elementos para esto o no sé... como sea, decime todas su diabolicas teorias mujeres... quiero saber que piensan, en qué terminará esto (no mujeres, que nuestro fin aun esta lejos.. pero, quiero saber que piensan...)
Ahora, review-time!
Shampoochan 1999: Mujer, pero que aguante! xD Bienvenda al fic mujer, un abrazo de oso para ti! ;_; yo lo sé... ese diario me mata... ¡Dios Lili! ya lo dije, te la debo todavia mujer ¡JURO NO DESCANSAR HASTA TRAER ESE CAPITULO CON EL SEXY SEBAS-CHAN EN TRAJE DE BAÑO, QUE SÍ! jajaja n.n espero nos leamos pronto!
Rebeca 18: Mujer si has comentado antes no sé, perdona mi memoria de pez D: ando toda desmemoriada el día de hoy ¡Como sea, bienvenida al fic! Gracias por leer y por tu chulo review, nos leemos pronto y feliz navidad/año nuevo RE-atrasados
Sadechu: dechu-chan! (._.?) ¡Amos tus reviews sean o no largos! ¿Quién no ama un review, eh? ejem, dejando la amorosidad de las cosas... yo lo sé mujer, ese diario me mata ;O; mi Lili! por eso vino el Capitan Tequila al rescate o el capitulo habría quedado tan triste que me habría tirado en un bote a chillar como desahuiciada, gracias por tu review, nos leemos :D
Ita Menher Zednan: Ita-chan (intento decir la palabra muejr lo menos posible e_é proposito de año nuevo... se podría decir) *baila con ella* ¡N-nos leemos xD!
Aka Shoujo 948: Bienvenida al fic, antes que nada! No, no, no la pesima persona soy yo por tardar tanto en actualizar D': Como sea, gracias por tu review! ¡F-felices fiestas...! (¿Fiestas?) P-pascuas entonces! Nos leemos!
Violeta Blue: Mujer, ando con mi tiempo cronometrado y todo se me olvidaa así que si habías comentado antes realmento no lo sé, gomenasai! D: Yo lo sé bien mujer, ese Sebastián esta más bueno que el pan e_é ¡Gracias por el review! *se lanza a abrazarla* ya actualizo, espero nos leamos más pronto C':
Black Cat: Mujer de mi vida acá que volví! Gracias por todos tus re-chulos reviews, un abrazo de osos para ti! ¡Nos leemos!
Valen C: Gracias mujer! C: Bienvenida al fic (si es que el alzheimer no me pegó ) ¡Nos leemos y gracias por tu review!
Karlie: *se escondé detrás del parentesis* ne, ne ya actualicé! Jejeje espero actualizar más pronto. Garcias, gracias por el review! ¡Nos leemos! ;)
Kitsune Temari: Tocaya-chan...! Ahora que lo recuerdo... ¿Cuántas tocayas tengo por acá (arriba manita mujeres, que tengo memoria de pez )? ¡Como sea, bienvenida al fic...! ¡Tenes un gato gay! Fijate las cosas... la mia es lesbiana (?) XD Ponte a estudiar, no, no, no seas del mal mujer ¡Yo sé lo que te digo! ¿Enserio? Yo siento que pongo mcho occ ó ooc o... putas no sé como se escriba (samsi grosera -.-) ¡No te preocupes, yo soy la que tiene dar un millón d elos sientos por tardar tanto! P-pero como sea ¡Gracias por tu review más sexy que el pan!¡Suerte a ti también, nos leemos!
Lizzy Sego: D: mujer apenas leo tu review ¡Pero te prometo que leeré tu fic en cuanto pueda, que si, si, si, palabra de Samsi! B-but well ¡Bienvenida al fic! ;) (PERDÓN por el gran momento de fangirl de Sam, esta loquita, lo sé, lo sé) ¡¿Enserio?! En mi fic y-y el de Slinky *se revuelca en el piso* e...e-etto (te lo dije) ¡Yo acá para lo que sea que quieras mujer, si, si, si! ¡Gracias por tu re-chulo review, por leer y todo eso! ¡Nos leemos!
Slinky Pink: (Si te asusta lo que sea que esta loca comience a decir ¡LO SIENTO! en verdad lo siento... e-esta loca!) *se tira al piso pateando al parentesis* ¡Bienvenida al fic! xD AGH! *correteacomocolegialahormonal* G-gracias por el review ¡Que bueno que et guste el fic! E-ehh... no sé, nos leemos! *muere*
sajarit: *revive como zombie* ¡Bienvenida al fic! (': gracias por el review y leer todo este coso con patas xD ¡Nos leemos! ;)
Shieme Uchiha: No es una lastima mujer porque eso amerita un superabrazodeosochoncho *se lanza a abrazarla* ¡Bienvenida al fic! ¡Gracias por tu review, nos leemos! :D
Bueno gente, que ando con mi tiempito cronometrado D': dejen sus re-sexyshermososypanecilloslechuga review (._.U) ejem, si, si... ¡Nos leemos pronto! *rueda en el piso*
Samsi fuera!
