CHAPTER XXI
Edward entrelazó sus dedos con los suyos y continuó caminando despacio, la tarde caía lentamente. En ese momento todo parecía más relajado, lejos de la tensión que sabía que debía afrontar pronto. Bella estaba más preceptiva y menos brillante, la última semana la había visto correr por toda la casa. El tiempo final de cosecha se les venía encima, habían estado en largas reuniones con Harry. Organizando el tiempo y las toneladas, temía que no llegaran a tiempo con la entrega estipulada y quería ser la primera esa vez. El estrés estaba terminando con su paciencia. Se irritaba fácilmente, estaba molesta. La había notado hasta más delgada y más pálida.
Hasta que le había exigido que pusiera los frenos. La llevó a dar un paseo esa tarde y pareció descender tres desniveles. Su expresión relajada lo demostraba. Pero esa leve pérdida de color en sus mejillas, allí seguía. Sus ojos estaban más brillantes. Lo adjudicó a los contra tiempos y los nervios. Sus noches incluso, estaban siendo más tranquilas. Ella dormía como un lirón. Se veía tan agotada que no la molestaba demasiado.
-Te ves mejor.
Ella suspiró sin mirarlo.
-No me había dado cuenta de la falta que me hacia el aire libre.
Edward la acercó a su cuerpo y le brindó su calor, la brisa comenzaba a ser más fuerte. Estaban en la mitad de época de verano pero los calores nocturnos no eran algo tan usual en esa parte del país.
-¿Qué es lo que te tiene tan preocupada?
Su ceño se fruncía con frecuencia, así como se llevaba la mano sobre su frente y tomaba respiraciones profundas. Ella no había querido traspasar sus malestares físicos a él, que solo parecía luchar contra algo invisible. Pero ella era muy transparente o Edward continuaba con un ojo de águila sobre ella, porque lo había notado de inmediato.
Ella misma no tenía ni idea de lo que ocurría. Su estómago estab arevuelto la mayoría del día, hacía una semana y media que apenas probaba bocado y no soportaba entrar en la cocina donde los aromas eran demasiado fuertes. Al despertar se sentía mareada y con leves náuseas. Se sentía fatigada y había tanto trabajo por hacer que había optado por ignorarlo.
-Realmente quiero llegar antes de tiempo. Antes que Vulturi. Es una ventaja que necesitamos.
-No si va a terminar con tu vida.
-No seas dramático. Estoy acostumbrada a este ritmo...
-No lo parece.
Ella se detuvo y se apartó para verlo.
-Es la primera vez que estás aquí ¿cómo podrías saberlo?
Edward se mantuvo en silencio y ella se maldijo.
-Lo siento, no pretendo atacarte. Es solo que no te entiendo.
-Quiero lo mejor para ti. ¿Quieres saber lo que veo? Estás de mal humor, me evitas y gruñes absolutamente por todo cuando trato de acercarme.
Bella empequeñeció sus ojos.
-No había notado que estaba tan irritable.
-Pues lo estás. Odio verte así. Cargas con todo sobre tus hombros ¿has olvidado que estoy aquí para ayudarte?
-¿Cuánto tiempo estarás aquí para eso?
Edward se quedó de una pieza. Parpadeó, una, dos veces.
-¿Qué?
-Lo que oíste. ¿A dónde vamos Edward? ¿Qué estamos haciendo? Estoy tomando las responsabilidades porque es lo que siempre he hecho ¿dónde has estado tú?
Él tragó pesado y clavó la mirada en ella.
-Encerrado en tu escritorio, con Jasper y Emmet. ¿Vas a decirme lo que hacen? Porque jugar a las cartas no es el pasatiempo preferido de ninguno de ustedes.
El silencio se prologó.
-Lo sabía...
Bella soltó el aire con resignación y se dio la vuelta para volver a la casa.
-Bella...
-No quiero que me ocultes nada, pero si estás dispuesto a hacerlo. Entonces no quiero oír una excusa falsa.
La siguió de cerca de regreso. Bella hervía de la rabia. Edward no abrió su boca en todo el trayecto, como había esperado que lo hiciera. Había visto a sus hombres rondar la casa con más frecuencia, ocultos pero allí habían estado. Custodiando. No era tonta y no olvidaba que Edward había sido algo así como un militar. Como Jasper y Emmet. Pero no sabía nada, ella no entendía nada y eso estaba por terminar con ella. La sacaba de sus casillas. La enfurecía. Porque allí no entraba el trato de honestidad mutuo. Él no estaba cumpliendo con su parte.
Avanzó más lejos de él, cuando su cuerpo comenzó a venirse abajo. Sus piernas temblaron y su vista fue reduciéndose como si viera por un tubo largo, muy negro por los costados. Un pitido interno afectó su audición y la desorientó. Se tomó de la baranda de la escalera de la entrada, escaló dos escalones y fue lo último que supo.
.
Edward se abalanzó sobre ella, la tomó en sus brazos antes que tocara el suelo y la alzó inerte. Su corazón dejó de latir por un minuto, el que tardó en reaccionar. Comenzó a latir acelerado, corrió dentro de la casa y llamó a Sue a toda voz. La mujer acudió a él en el salón y lo siguió escaleras arriba.
La dejó sobre la cama, mientras Sue colocaba paños fríos sobre su cabeza. Lentamente ella comenzó a recuperar el conocimiento. Edward respiró difícil. La culpabilidad lo carcomía por dentro. Su mirada se fijó en la suya y luego cerró los ojos.
-Déjame a solas con él, Sue.
Susurró a media voz. Sue se puso de pie. Edward la detuvo.
-Llama al doctor.
Bella se incorporó con dificultar y miró a la mujer.
-No lo hagas.
Sue asintió y salió de la habitación. Edward se indignó.
-¿Qué? Acabas de desmayarte, luces como si fueras a hacerlo de nuevo y...
-Estrés. Eso es todo. No es necesario un médico. Por favor, deja de gritar. Se me parte la cabeza.
Bella se puso de pie, se mareó levemente y antes de que pudiera avanzar un paso Edward la detuvo de los hombros.
-¿Dónde vas? Vuelve a la cama.
-Tengo cosas que hacer.
Edward fijó su mirada en ella.
-Bella, no me obligues a atarte a la cama. Vuelve ahí.
-Edward...
Él se volvió más suplicante.
-Por favor, déjame cuidar de ti.
Soltó un suspiro y se sentó en la cama.
-¿Podrías decirle a Sue que me traiga un té?
-Seguro.
Le dio una última mirada de advertencia y salió de la habitación. Bella se echó a temblar como una hoja débil al viento de otoño. Eso había estado cerca. Se llevó una mano a su cabeza y respiró despacio para calmarse, su pulso iba demasiado rápido. Tenía que controlarse. Estaba a tan solo cinco días de atraso con su período. No era una experta, pero tampoco era tonta. Sabía perfectamente qué era lo que habían estado haciendo con su marido y la forma, sin protección. Debería de haber medido las consecuencias. Pero si los síntomas se asentaban, y sus sospechas se confirmaban... estaba esperando un hijo.
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Edward la encontró dormida cuando cargó con el té hasta la habitación. Se volvió hacia Sue en un susurro.
-¿De verdad crees que no necesita un médico?
Sue le dio una sonrisa tranquilizadora.
-La presión de las responsabilidades ocasiona estas cosas. Bella siempre ha sido una niña inquieta e insatisfecha hasta que todo no sale como lo desea. Es solo un bajón de azúcar, puedo asegurarlo.
Edward le creyó y asintió.
-De acuerdo, voy a quedarme con ella hasta que se recupere. ¿Podrías avisarle a Jasper que estaré aquí? Preferentemente no quiero ser molestado.
-Como desee.
Cerró con cuidado y dejó el té a un costado. Bella se veía vulnerable y tranquila. Su mente voló. ¿Qué pasaría cunado sucediera de nuevo y él no estuviera para ayudarla? Sus acusaciones habían sido justificadas. La había subestimado. Pero si había tratado de mantenerla lejos de sus asuntos, por qué le había reclamado que se dejaba llevar demasiado. No quería involucrarla en sus peligros, pero no quería que fuera a crear uno propio. Verla con todas sus defensas bajas, tendida hacia abajo y tranquila, sintió un tirón en su corazón. El anillo lucía fuerte en su mano y era algo que lo llenaba de orgullo. Él llevaba el mismo, cada vez que veía sus manos entrelazadas con las alianzas se le henchía el corazón.
Pero mientras más se quedaba, menos podía irse.
Y tenía que hacerlo.
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Bella despertó despacio de su largo letargo, últimamente dormía como si un camión le hubiera pasado por encima. Edward estaba dormido a su lado, pocas veces despertaba para verlo de esa forma. Él siempre se veía tan fuerte y tan seguro, que cuando dormía parecía un niño. Sus gestos se suavizaban y su respiración era pasible. Su pecho desnudo bajaba y subía acorde a su respiración, como si hubiera sentido el escrutinio, sonrió débilmente mientras la atraía a su cuerpo.
-¿Cómo te encuentras?
Luego de dormir tarde y noche, se sentía de mil maravillas. Detestaba pelear con él, porque más eran sus ganas de abrazarlo y besarlo. Se acurrucó hacia él y suspiró. Edward dejó sus labios sobre su frente. Ahora fresca.
-Estoy bien.
Elevó su cabeza y lo besó. Edward la envió hacia la cama y terminó por encima suyo. La miró muy de cerca.
-Estoy completamente loco por ti, Bella.
Ella rió.
-Voy a volverme loca aquí si no empiezas a quitarte la ropa.
Edward maldijo. Endemoniada mujer sensual, apartó su pantalón de piyama y bajó el suyo propio. Apurando su erección dentro de ella. Bella gimió profundo y arqueó su espalda. Tenerlo dentro siempre era devastador. Le quitó la camiseta y se deleitó con sus pechos, lamiendo sus picos duros y sobresalientes. Más oscuros. Ella gimió.
-Más suave...
La sensibilidad de su cuerpo era nueva. Edward la trató con más cuidado pero igual pasión. Comenzó a moverse lento, pero Bella estaba tan apretada y tan húmeda que apuró el paso lo más que pudo. En un vaivén poco delicado. Jadeó su nombre y la besó. No iba a durar mucho tiempo más.
-Edward, por favor...
Edward rugió, se ajustó a los barrotes de la cama y la penetró duro, uniendo su boca a la suya. Acallando sus gemidos y los suyos propios. Se sentía en las puertas de la liberación. Bella arañó su espalda con sus uñas y se perdió en la consumación del deseo. Llenando su interior con estocadas profundas.
Bella se ajustó a él y luego escapó en búsqueda de aire para sus pulmones. Edward se mantuvo pegado a ella y luego se apartó despacio. Cada centímetro que no estaba pegado al suyo, dolía. La separación dolía. Edward la abrazó a su cuerpo, ella se aferró a él como si se le fuera la vida en ello. Le hizo una promesa silenciosa.
Volvería. Lo haría por ella.
.
Edward la dejó dormir un rato más. Sentía que olvidaba una propia extensión de su cuerpo mientras la dejaba en la cama. Llevaba a Bella dentro de sí en más de un sentido.
Se dio una ducha rápida y entró en el despacho seguido de Jasper. Emmet esperaba allí dentro.
-Es tiempo.
Edward asintió.
Había trazado el plan tan cuidadosamente que nada podría salir mal. Emmet abrió el mapa frente a él. Señalando un punto marcado con rojo.
-Aquí es donde está él. Un centro de rehabilitación en Francia.
-Demasiado expuesto.
Se quejó de la evidencia.
-Eso es todo lo que tenemos, uno de mi bando fue directo hacia Bulgaria y rastreó hasta por debajo de las piedras. Nunca estuvo allí.
Edward asintió. Sabían eso. Entonces todo apuntaba a Francia. Era un país complicado. Hubiera preferido al más desértico como Afganistán. Donde los controles militares eran menos frecuentes entre los que tenían equipos verdes.
El centro donde estaba Black era medicina de alta tecnología. Las cirujías plásticas recontrusctivas, pero no del tipo estético. Sino del tipo lesión grave. Habían tirado a matar contra Black en el ataque de la semana anterior cuando había escapado del cuartel principal de piedras preciosas que tenía en Angola.
-¿Descubriste quién era el que llegó a nuestro territorio?
-Uno de sus hombres, pero estaba registrado en la CIA como uno de los nuestros.
Edward sintió la ira correr por su cuerpo.
-¿Cómo llegaron a América?
Jasper le entregó un hoja con todos los mapa bits.
-Alguien rastreó viejas llamadas que tuvimos hace un par de años.
Una de las primeras que habían cruzado apenas se habían establecido en la finca. Luego de eso jamás volvieron a saber nada el uno del otro. Una pérdida de contacto absoluto. Pero el peligro corría en que si uno habí apodido hacerlo, otro también podía.
-¿Destruíste todo?
-Si. Pero si se ha infiltrado información. Estoy registrado aquí, con mi prima. Saben que hace tiempo desaparecí. Pero podrían tomarlo como un punto de conexión.
Era un peligro potencial para Bella. Emmet se adelantó con cuidado.
-¿Crees que deberíamos sacarla de aquí?
Edward lo pensó. Tendría que tener una excusa para sacarla de aquí, así como contarle toda la verdad y no podía hacerlo. Al menos no todavía.
-Va a quedarse aquí con Dimitri y el resto del equipo. Los necesito a ustedes en batalla.
Jasper se aclaró la garganta.
-Me quedaré aquí, Edward.
Se miraron por un minuto completo. Hasta que Edward cedió. Jasper podía tener sus buenos motivos para elegir aquello, y no iba a arrastrarlo con ellos. Asintió. Se volvió hacia Emmet. La duda no le cabía, su hermano iba a quedarse a su lado. Sintió que aquello también lo arrastraba a él, había visto la forma en la que se movía alrededor de Rosalie. Con soltura lo miró fijamente.
-Puedes hacer lo mismo, Emmet.
-Ni lo pienses, no voy a dejarte solo.
Asintió. Tema zanjado.
Volvió al mapa y señaló un punto. El fuerte Roca II estaba allí, era una vieja base militar que se había utilizado para los ataques inmigrantes en 1864, actualmente deshabitada y fuera de servicio. Era alejada y de difícil acceso, pero no imposible. Edward había movido los contactos antiguos, utilizando un seudónimo y había logrado el acceso a ella. Tenía un punto dónde esconderse y era plenamente seguro para llevar a cabo el plan.
-Allí tenemos que ir. Es seguro.
-¿Cuál es plan?
Edward se puso de pie y respiró profundo.
-Tenemos que movernos. Ahora mismo, antes de que Black consiga salir de ahí. Tenemos que atraparlo y tenerlo en nuestras manos para obtener los papeles. Evitar que caigan en manos equivocadas. Sulivan lo sabía, había estado detrás de él mucho tiempo, pero así como hay gente que lo apoyaba, hay gente que quiere arrebatárselo. Saben que su poder se está debilitando y hay ataques de todos lados.
-¿Entonces por qué está detrás de ti todavía, cuando podría estar cuidando su propio trasero?
-No lo sabremos hasta que lo tenga frente a mí. Lo necesito vivo.
Emmet se puso de pie y se acercó a la salida.
-¿Entonces cuándo nos vamos?
Edward se tensó.
-A la madrugada. Llegaremos a media noche de mañana.
Con un asentimiento los dejó solos. Emmet tenía sus propios asuntos que manejar. Jasper se volvió hacia Edward.
-Se que lo que haces es lo correcto.
Edward casi sonrió.
-Lo que no quiere decir que estés de acuerdo.
-Exacto. Pero lo entiendo. Haría lo mismo en tu lugar por proteger a la mujer que amo.
Entonces Edward lo supo. Él ya lo estaba haciendo, de la forma que creía correcta pero lo hacía. La relación con Alice había echado raíces y se estaba quedando allí para protegerla. Se acercó hasta quedar frente a él.
-Prométeme que la cuidarás.
Su mirada evidenció un atisbo de dolor profundo.
-Con mi vida.
Prometió. Sabía que lo haría.
-No tengo una maldita idea de cómo podría salir ésto, Jasper.
La verdad se filtró tan hondo que le costó respirar por un segundo. Lucharía demasiado duro para regresar a casa, con Bella. Su mundo, su vida entera porque sin ella no sería absolutamente nada.
-Volverás.
Podía estar malditamente seguro de ello, pero no podía apostar a lo seguro. Sentía la incertidumbre. Presentía que estaba saltando directo a la boca de los lobos con los ojos cerrados y sin recursos. Pero por Bella, tenía que hacerlo.
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Bella caminó por el espacioso cuarto de baño. Alice estaba al otro lado de la línea.
-¿Qué dice?
-Ali, no han pasado ni dos minutos.
-¿Segura de eso?
Rodó los ojos.
-Tu impaciencia me está poniendo más nerviosa.
-Lo siento.
Alice se mantuvo en silencio por un minuto y luego bufó.
-Es que no puedo quedarme quieta y tranquila, Bella. Eres mi mejor amiga y quiero saber ese maldito resultado.
Ella también estaba deseando saberlo. Había logrado escabullirse al centro sin la custodia de Edward, corrió a una farmacia y compró de forma anónima cinco pares de test de embarazo. De cinco formas diferentes. Solo quería un endemoniado resultado.
-Cuatro minutos.
-¡Demonios Alice!
Gruñó. Se dejó caer sobre la tapa del inodoro y miró el reloj.
-¡Cinco minutos!
Como un rayo se puso de pie y corrió hacia el lavabo. Dos rayas, un signo más, una carita feliz y dos puntos le daban una vista segura. Miró las indicaciones velozmente. Contuvo el aire.
-Alice...
-¿Qué? ¿Qué? ¡Qué...!
-Estoy embarazada.
Susurró.
Se dejó caer de nuevo en el suelo y miró las pruebas. Cinco pruebas positivas. Iba a tener un hijo. De Edward.
Su mundo se detuvo, como si se tratara de un limbo. Contuvo el aliento y cerró los ojos. El sonido pitaba en sus oídos y su alrededor desaparecía ¿Por qué presentía que no era la mejor noticia justo ahora?
.
Bajó lentamente las escaleras luego de deshacerse de las evidencias. Sue había estado en lo cierto al impulsarla a averiguarlo, era una mujer sabia y ella se sentía muy tonta. Caminó despacio por el pasillo hacia el jardín, la tarde caía y no había visto a Edward en todo el día. Tampoco se sentía lista para enfrentarlo.
Apagó las luces de la galería central y se escabulló afuera. El aire casi nocturno era frío para esa época y espabiló su mente. Iba a tener un hijo. Sentía una felicidad innata, quería compartirlo con su familia. Pero era muy perceptiva, presentía que debía callar la noticia por un tiempo más.
-¿Seguro de ello?
La voz le llegó lejana. Se escondió más en la sombra y levantó sus pies con cuidado al caminar para no ser oída.
-Si. Edward tiene el plan, vamos directo al cuartel. Allí se desatará la bomba una vez que nos establezcamos.
Bella frunció el ceño. Emmet hablaba como si fuera un hombre entrenado como robot, desconocía su tono por completo.
-¿Así que cuáles son mis órdenes?
-Quedarte alrededor de la casa, especialmente de la esposa de Edward. Jasper va a quedarse, pero aún así tú vas a monitorear los perímetros. Los hombres de Black han llegado cerca.
-¿Cuándo se van?
-Edward a preparado todo para la madrugada.
Bella se cubrió la boca y se pegó a la pared. Su corazón latía fuerte y veloz. Se dio media vuelta en completo silencio y se escabulló dentro de la casa. Tomó las escaleras de servicio y subió hacia la parte superior de la casa. La terraza era su lugar preferido cuando necesitaba pensar. El sol dejaba sus últimos rayos y el cielo cedía paso a la noche.
Edward se iba. Casi no se sentía sorprendida por eso. Pero... ¿esperaba que se lo dijera o iba a desaparecer sin siquiera decírselo? A la madrugada. Ella posiblemente estuviera durmiendo y él podría irse sin despedirse. Le dolió profundo en el corazón.
A eso había temido. Que Edward se alejara de nuevo, la posibilidad de perderlo. Porque estaba segura de que una vez que saliera por esa puerta todo quedaría en manos del destino y le había demostrado que no siempre jugaba en favor suyo.
Contuvo las lágrimas y llevó una mano instintivamente a su estómago. Su vientre, donde una pequeña vida crecía. Contuvo sus enormes ganas de llorar y su decepción a raya. Tenía que ser fuerte, después de todo, tendría que haberlo advertido. Edward estaba actuando extraño y a costa de lo que podía sentir por ella, él le ocultaba cosas. Su vida. Quién era en realidad. No podía luchar contra eso. No podía exigirle que le dijera la verdad, no quería oír más mentiras porque no podría ser capaz de manejarlas.
Entró en la habitación. Edward giró en redondo, cargaba con un bolso pesado al que apenas miró, ni siquiera podía mirarlo a los ojos tampoco.
-Así que es verdad.
El dolor estaba clavado en su mirada. Edward soltó el bolso al suelo y avanzó hacia ella, Bella retrocedió y dejó la mano en alto.
-Te vas.
El miedo inundó su cuerpo, se hizo demasiado real. Edward se mantuvo en silencio, característica que ella odiaba con pasión. Avanzó hacia él, con los ojos cargados de angustia.
-¿Ibas a decírmelo? ¿O solo ibas a desaparecer?
-Iba a decírtelo.
Ella rió irónicamente.
-Seguro.. "ey Bella, me estoy yendo, adiós, no hay nada que puedas hacer". ¿Cierto? ¿Puedo detenerte, puedo pedirte que te quedes?
Edward negó rotundamente.
-Hago esto por ti.
-¿Que demonios significa eso?
-Por favor, Bella. No hagas esto más difícil de lo que lo es...
-No te atrevas a pedirme que te comprenda cuando me mantienes al margen de todo. ¿Recuerdas el trato? ¿De ésto va a tratarse nuestro matrimonio? ¿Mentiras y manipulaciones? Tus palabras.
Escupió las palabras con angustia desmedida, y se apartó hasta darle la espalda.
-No puedo decirte de qué se trata.
Ella respiró hondo.
-Por supuesto que no.
Dijo con calma. Se dio la vuelta para enfrentar su mirada, había escondido sus sentimentos bajo siete llaves y sus ojos eran fríos pozos marrón claro. Se había desconectado totalmente.
-Pero quiero que sepas una cosa.
Edward no podía soportar herirla. No se había preparado para el momento y de repente, estaba sucediendo.
-Mi amor, no será suficiente para perdonarte cuando regreses.
Susurró, casi al borde de quebrarse. Si es que lo haces, pensó con un dolor insoportable.
-Bella, por favor.
-No, Edward. Te lo dije. Si no estás dispuesto a decirme la verdad, no quiero oír falsas excusas.
Tomó una toalla del estante y caminó hacia el cuarto de baño. De repente el cansancio abordaba su inestable cuerpo y sus desbordantes sentimientos. Cerró tras ella con un portazo. Se despojó de su ropa y se metió bajo la ducha caliente. Cuando el agua tocó su piel y el vapor se confundió con su respiración, no pudo reprimirlo por más tiempo. Estalló en un sollozo silencioso. Pegando su frente al frío azulejo.
Edward estaba de pie en medio de la habitación sintiéndose una mierda. La impotencia lo dominó, no podía retractarse. No iba a hacerlo, y conocerse lo volvía loco. Maldijo a su fuero interno. Corrió tras Bella.
La atrapó en sus brazos y a giró hacia él. No luchó por apartarlo, se abrazó a él y soltó su llanto reprimido. Edward acaparó toda el agua con su cuerpo mientras la envolvía dentro de su abrazo.
-Lo siento, cariño. Lo siento.
Pero era inútil pedirle que se quedara. Tampoco podía decirle de su hijo, porque sabía que sería un medio de manipulación. Jamás utilizaría esa moneda sucia contra él. Lo que menos quería en el mundo, era obligar a Edward a atarse a un lugar donde no quería quedarse. Porque si él quería irse, o debía hacerlo. Le abría las puertas pero no podía decir que iba a dejarlo entrar de nuevo. Dolía demasiado la idea de perderlo.
Bella respiró hondo y se enderezó para mirarlo a los ojos.
-Solo... cuídate.
-Lo haré.
Murmuró antes de besarla. El alma se le iba en aquel beso.
-Regresaré. Lo juro, Bella. Lo haré.
Bella cerró los ojos y dejó que su corazón lo creyera. Porque necesitaba creerle. Su hijo lo necesitaba.
