Después de abrazar a su padre, Helen fue directo a los brazos de su madre, quien con lágrimas en los ojos y una sonrisa en los labios la recibió. Harry también abrazó a su papá.

- Vamos con los demás. Dijo Candy y caminó hacia la puerta. Está cerrada. Dijo tirando varias veces de ella. Los niños se miraron con complicidad y se rieron.

- Déjame ver. Dijo Harry acercándose. Ya pueden abrir. Exclamó dando un leve golpe a la puerta que segundos después se abrió de par en par.

- ¿qué pasó? Preguntaron los dos guardias que eran Kate y Edward.

- Ya hablaron. Dijo el mayor. Ya todo va a estar bien.

- ¡qué bien! Dijeron los niños chocando sus palmas.

- Creo que nos tendieron una muy buena trampa. Dijo Terry viendo la unión de los niños.

- ¿Quién lo diría? Sonrió Candy.

Helen vio como sus papás susurraban y sonreían y les hizo señas a los demás para que los dejaran solos.

- Ustedes tienen mucho de qué hablar, así que los dejamos. Cerraron la puerta y dejaron solos a Candy y Terry.

Vieron como la puerta se cerró y se dejaron caer sobre una silla y un sofá en completo silencio.

- Terry, aquella noche en Nueva Orleans fue la mejor de toda mi vida, y… a la mañana siguiente… yo… no debí haberme ido de esa manera. No sé qué fue lo que pensaste de mí pero… por favor, perdóname por eso. Dijo con la voz un poco temblorosa. Terry se levantó de la silla y se sentó al lado de Candy en el sofá.

- No tengo nada que perdonarte Candy, aquella noche también ha sido la mejor de mi vida y lo que pasó antes o después no va a cambiar esa noche.

- ¿qué pensaste de mí?

- Que eres una mujer maravillosa y que me hiciste el hombre más feliz de la tierra al permitirme estrecharte entre mis brazos y amarte como siempre quise, solo eso. Acarició su mejilla y le sonrió

- Te quiero Terry. Dijo ella besando su mejilla

- Y yo a ti Candy. La abrazó y se sintió feliz al tenerla entre sus brazos. ¿Candy?

- Dime

- Hay algo que debes saber. Dijo serio

- ¿de qué se trata?

- De Michael.

- ¿qué pasa con él?

- Candy, él sabía que iba a morir, de un momento a otro. Él sabía que estaba enfermo y… me hizo prometerle que cuando él faltara yo estaría contigo. Él quería tu felicidad por encima de todas las cosas. Candy se levantó rápidamente y le dio la espalda

- ¿estuviste conmigo solo porque él te lo pidió?

- No Candy, no es como tú crees. Sabes bien que te amo y que lo que más deseo es estar a tu lado. Él también se levantó y la rodeo con sus brazos. Es la verdad Candy… Candy por favor dime algo. Perdóname por favor. Le suplicó.

- No… no tengo nada que perdonarte Terry. Yo… sé lo que sientes por mí y confío en ti… sé cómo era Michael y le agradezco infinitamente todo lo que hizo por mí. Aunque me duele saber todo lo que calló y sufrió en silencio por mí… con tal de no verme sufrir y yo… yo también callé

- ¿tú sabias?

- A ciencia cierta no, pero sabía que algo me ocultaba. Al principio creía que era la presión de que estabas aquí, pero… si hubiera sabido. Dijo derramando unas lágrimas

- Nada hubiera cambiado Candy, él estaba enfermo desde mucho tiempo atrás. Candy, yo no quería causarte un mal recuerdo, solo… necesitaba decirte la verdad. Le costaba trabajo decir cada palabra, estaba más nervioso que nunca.

- Shh, ya pasó. Dijo ella colocando su índice en los labios de Terry. Gracias por todo Terry. Se acercó a su boca y le dio un beso que sellaba para siempre todos los malos momentos y abría paso a nuevos.

Aquella noche era demasiado fresca y tranquila. El viento rozaba el rostro de dos personas que se amaban. Sentados en el jardín de la casa de Lakewood contemplaban el cielo nocturno; su infinidad de estrellas y la hermosa y brillante luna llena que iluminaba cada rincón.

- Candy…

- ¿qué?

- ¿quieres casarte conmigo? Preguntó Terry mientras Candy tenía la mirada fija en la luna. Al escuchar estas palabras regresó del mundo en el que estaba

- ¿qué? Preguntó creyendo haber escuchado mal

- ¿quieres ser mi esposa? ¿quieres pasar los próximos años a mi lado?

- Terry…yo… no sé qué decir. Dijo moviendo ligeramente la cabeza

- No tienes que responderme en este momento, solo piénsalo, por favor. Ella le sonrió y le dio un beso…

- ¿qué te dijo? Preguntaron los chicos a Terry

- ¿qué le dijiste? Cuestionaron las niñas a Candy

- Nada, que lo pensaría. respndieron los dos en diferentes habitaciones.

- ¡Pero no hay nada que pensar!

- Mamá dile que sí.

- ¿no creen que esa decisión es mía?

- Vamos, tú sabes lo que quieres responderle, solo dile, nosotras no te estamos obligando

- Calma papá, seguro te dirá que sí

- ¿ustedes creen?

- ¡Claro!

- Promete que mañana le darás tu repuesta

- Pero…

- Promételo

- Está bien.

Al día siguiente la casa de Lakewood se llenó de risas, de diversión, de travesuras y de unión. Albert había invitado a todos a pasar el fin de semana al aire libre en aquella casa que les traía tan buenos recuerdos a todos.

Annie y Archie llegaron con David que no tardó mucho en hacer amistad con Harry y Edward, algo que en otros tiempos a su padre no le habría agradado mucho, pero en ese momento ya todo había pasado y solo era un recuerdo todo lo vivido. Los adultos entraron y se pusieron a conversar de todo un poco.

Después de un rato de tantas risas, Candy llevó a Terry a un salón apartado de todo el ruido.

- Terry, sobre lo que me propusiste ayer…

- ¿ya lo pensaste?

- Sí

- ¿y bien?

- Si Terry, si quiero ser tu esposa…

Cinco años después tres hombres entraban a una cafetería. Un hombre de cabello castaño con unas pequeñas canas ya iba acompañado de dos jovencitos, uno de catorce años y el mayor de diecisiete. Pidieron una mesa y tomaron asiento.

- Buenas tardes, algo de tomar. Dijo una camarera coqueta mirando a los tres apuestos caballeros.

- Un café

- Una soda

- Que sean dos. Respondieron los tres

- En seguida. Dijo atónita por la voz varonil de los tres. Segundos después regresó con la orden. ¿algo más?

- Por ahora no. Dijo el mayor de los tres. La camarera se fue suspirando ya que en verdad los tres caballeros eran… encantadores, con ese porte de galán que parecían sacados de alguna novela.

Diez minutos después entraron tres mujeres en medio de risas.

- ¿mesa para cuántos? Preguntó la misma camarera

- Gracias, pero ya nos esperan. Respondieron señalando una mesa

- Pasen por favor. Las guió hasta la mesa y un niño pequeño de tres años se soltó del agarre de su madre para ir con su papá y sus hermanos

- ¡papi!

- ¡Michael! Dijo Terry recibiéndolo con los brazos abiertos. Michael era el más pequeño de la familia, dos años después de que él y Candy se unieran en matrimonio habían tenido la dicha de ser padres, nuevamente.

- ¿qué te dijo el médico? Preguntó preocupado cuando vio salir a su esposa del consultorio. Ella se acercó a él y le dijo algo al oído. ¡no! ¿es verdad Candy?

- Si Terry, pero baja la voz

- Lo siento, es solo que… no puedo creerlo, es maravilloso. Dijo abrazándola con infinita ternura. Siete meses después nació un niño sano al que decidieron llamar Michael.

- ¿les ofrezco algo? Llegó la camarera un poco desilusionada al ver a las recién llegadas

- Una limonada

- Una soda

- Un té de menta. Pidieron las tres

- ¿y yo? Preguntó el pequeño Michael

- Una malteada por favor

- En seguida. Sonrió nuevamente ante la ternura del niño

- ¿compraron todo? Preguntó Terry

- Si, ya está todo listo para la fiesta papá. Dijo Helen

- Será la fiesta de aniversario más grande de todos los tiempos. Agregó Edward que como todos los integrantes de la familia estaba ayudando en la organización del quinto aniversario de sus padres. Se pusieron a conversar sobre la celebración; la comida, música, sus ropas etcétera

- Papá quieres que… habló Kate y todos guardaron silencio al escuchar esa palabra

- ¡lo dijo! Dijeron sus hermanos emocionados

- ¿lo dijiste? Dudó su madre

- ¡lo dije! Agregó ella sorprendida también. No me vean así, fue en serio.

Desde que Candy y Terry se habían casado, Kate había tenido cierto problema de identidad. Era apenas una niña y estaba algo confundida por cómo debería llamar a Terry, después de todo él no era su padre y llamarlo de esa manera se le hacía incómodo, así que por mucho tiempo solo fue Terry.

- ¿qué pasa Kate? Preguntó Terry al verla pensativa

- Nada es solo que…

- ¿qué?

- Todo esto es muy raro

- ¿en qué forma? Preguntó sentándose a su lado

- Es que… tú eres papá de Helen, de Harry y de Edward pero yo no soy nada tuyo y ahora que estas casado con mamá cómo se supone que debo llamarte.

- Por qué no me llamas solamente Terry o Terrence cuando estés molesta conmigo. Ella lo miró pensativa. Sabes, cuando yo tenía tu edad y vivía con mi padre, él me obligaba a llamar a su esposa "madre" y a mi reventaba hacerlo, porque ella no era nada mío, yo ya tenía una mamá y nadie iba a ocupar su lugar, aunque no estuviéramos juntos ella siempre seria mi mamá. Kate, yo no quiero obligarte a llamarme papá, sé que tu padre es Michael y que por ningún motivo quieres que lo reemplace y te juro que no lo haré. Le dio un beso en la frente y un abrazo

- Entonces… ¿solo Terry?

- Hasta que tú lo decidas.

Al escuchar solo esa palabra Terry se llenó de emoción, quería a Kate tanto como a sus hijos biológicos y esperaba ansioso escucharla decir esa palabra. Ninguno de los dos dijo nada y solo se sonrieron con complicidad.

Por su parte Candy también estaba emocionada, sabía en el dilema en que estaba su hija y no quería que siguiera con dudas o malos pensamientos, ya que en más de una ocasión sabía que su hija no se sentía del todo a gusto. Pero con el cariño de Terry, de ella misma y de sus hermanos aquellas dudas se esfumaron y la unión de aquella familia se hizo más y más fuerte.

El día de la fiesta fue fenomenal, todos los que querían a Candy y Terry estaban ahí, amigos, familia, compañeros de trabajo, en fin todo un mar de gente estaba con ellos celebrando a la pareja que había pasado por tanto dolor y sufrimiento pero también por alegrías y dichas.

- Les tenemos una sorpresa.

- ¿qué es?

- Un regalo, por parte de nosotros cinco y del tío Albert

- Ya dígannos de qué se trata

- De un viaje

- ¿A dónde?

- Ah pues…

- Mañana lo sabrán. Interrumpió Albert. Salen mañana a las diez en punto de la estación de trenes

- ¡mañana! Pero Albert no podemos irnos así como así. El trabajo, los niños…

- Candy, Candy. Negó con la cabeza. Tantos años de conocernos y aun no conoces el poder de un Andley. Es cierto que no me gusta usar el apellido para tomar ventaja en nuestros asuntos, pero esta ocasión lo ameritaba, hablé con el director del hospital y estuvo de acuerdo y en cuanto a los niños, ya no son tan niños y sabrán cuidarse solos, y si no estarán conmigo… todos

- ¡oh Albert! Eres maravilloso. Dijo la rubia abrazándolo y llenándole las mejillas de besos.

- ¿A dónde irán mamá y papá? Preguntó Michael a uno de sus hermanos

- No tengo idea. Respondió. Y era verdad ya que Albert había organizado ese viaje con ellos pero sin decirles el destino.

- Habitación 502 señores Grandchester. Dijo el recepcionista dándoles la llave

- ¿502?

- Esta vez yo no la pedí. Se defendió Terry

- ¿algún problema con su suite?

- No señor, muchas gracias. Lo calmó Candy

- Esta noche habrá una presentación de jazz en el restaurante del hotel y todos nuestros huéspedes están invitados. Uno de nuestros mejores músicos regresó a Nueva Orleans, Clark Parker y se presenta hoy

- Será un placer asistir. Dijeron los dos recordando aquella noche en Nueva Orleans tanto tiempo atrás.

Aquella noche fue simplemente maravillosa, ese viaje había sido como una luna de miel, solo estaban ellos dos, llenándose de amor y pasión.

Estaban recostados en la cama después de haberse entregado en cuerpo y alma. Terry abrazaba a Candy y ella se acunaba entre sus brazos.

- Hoy no te vas a ir verdad. Dijo él

- No Terry, nunca más me iré de tus brazos. Correspondió al abrazo y le dio un beso.

- Siempre estaremos juntos. Dijeron al mismo tiempo y siguieron amándose.

FIN...