NA/. La presente historia es una adaptación de la novela de la autora Jaci Burton
Todos los personajes pertenecen a la obra de Sailor Moon de Naoko Takeuchi
Capítulo 21
Serena dio los últimos toques a la propuesta, guardó el archivo, lo cargó en el correo electrónico, y presionó enviar, ofreciendo una ferviente oración a los dioses de los negocios porque la propuesta fuera aceptada.
Era un gran cliente y significaría una gran cantidad de dinero para su negocio si era aceptada. Ahora solo tendría que mantener los dedos cruzados.
Agarró el archivo del potencial cliente, junto con otros archivos que cubrían su escritorio, y se fue al gabinete para hacer algunos arreglos muy necesarios. Estuvo trabajando sin parar durante las últimas dos semanas, tratando de volver a la rutina del trabajo. Nada más que trabajo. Eso y Helios comenzando la escuela, que afortunadamente lo mantenían ocupado con sus prácticas de fútbol y reuniones de equipo y con sus horarios de escuela.
Él no estaba contento con ella para nada, había tomado su ruptura con Darien de un modo muy personal, y había vuelto a la actitud hosca de su edad, aunque él, su entrenador y equipo habían amado el video de la televisión y el artículo sobre él y su equipo. Su entrenador personalmente le había dado las gracias por poner al equipo en el mapa, a pesar de que no había tenido nada que ver con eso. El entrenador había preguntado si Darien podría asistir a cualquiera de los juegos de los viernes por la noche, y se había visto abatido cuando ella le dijo que ella y Darien ya no se veían.
Ella fue quien estuvo saliendo con Darien. No Helios, ni sus amigos, ni su entrenador o su equipo. Así que todos tendrían que lidiar con eso. Darien estaba fuera de su vida. Fuera de sus vidas. Tendrían que superarlo con el tiempo.
Incluso ella podría superarlo. Con el tiempo.
Después de terminar la presentación, regresó a su escritorio para pagar algunas cuentas que había ignorado con los pasados días.
Su puerta se abrió y Lita, Mina, y Rei entraron, con expresiones determinadas.
"Vete", dijo Rei.
Serena levantó las cejas. "¿Disculpa?"
"Ya me has oído. Es jueves por la noche, son las seis, y el primer partido de Helios es en una hora. Vete a casa, cámbiate de ropa, y ve a su partido."
Ella levantó la mirada hacia el reloj de la pared. "Lograré llegar al partido. Sólo tengo un par de cosas que hacer aquí".
"Lo que sean esas cosas, pueden esperar", dijo Mina.
"Las cuentas no pueden esperar, y las he descuidado porque he estado ocupada con otras cosas."
Rei caminó y arrebató las cuentas de su escritorio. "Yo pagaré las malditas cuentas. Ahora vete. Has estado trabajando sin parar desde que echaste a Darien. No te puedes ocultar aquí para siempre."
"No me estoy ocultando. Estoy centrando mi atención en esta empresa. Que, por cierto, paga sus salarios".
Lita fue detrás de ella y tiró de su silla hacia atrás. "Estamos profundamente agradecidas. Vete a casa".
"Yo soy la jefa. Podría despedirlas a todas."
Mina le tendió la bolsa. "No nos despedirás. Somos la sangre vital de esta empresa. Te pondrías en posición fetal y chuparías tu dedo pulgar sin nosotras."
Serena soltó un bufido. "Probablemente tienen razón."
Ella salió de su oficina, se dio la vuelta, viendo a sus tres empleadas, sus amigas que la vigilaban desde la puerta de su oficina. "Buenas noches".
"Adiós", dijeron todas.
Serena puso los ojos en blanco y salió de la oficina, condujo a casa, y se cambió a toda prisa poniéndose sus pantalones vaqueros y la camiseta del equipo de Helios. Tomó un suéter, sabiendo que refrescaría una vez que el sol se pusiera, luego se dirigió al estadio de la escuela secundaria, estacionó, y se dirigió hacia el campo del junior varsity.
Helios iniciaría el partido de esa noche y estaba nervioso y emocionado. A pesar de que estuvo extraño en las últimas semanas, aun así la buscó en las gradas, dándole una inclinación de labios cuando la vio sentada en la tercera fila de la línea cuarenta.
Ella le dio un pequeño saludo, y entonces él se fue a hacer sus ejercicios de calentamiento al campo con su equipo. Era como el primer partido en el que había visto a Darien jugar. Los dedos de Serena se enroscaron en la palma de su mano y se estaba esforzando en relajarse cuando, después de la patada de salida, su hijo tomó su lugar detrás del centro y contó los números para el juego. El centro elevó el balón en las manos de Helios, y en vez de desplazar el balón a un corredor o tirarlo a un receptor, Helios vio un agujero en la línea ofensiva abierto en el centro y corrió a través de él.
Oh, Dios. ¡Corre, Helios, corre!
Serena contuvo la respiración los nueve metros hasta que Helios resbaló y fue detenido por tres defensas. Sonrió, y se dirigió al montón. Sólo entonces exhaló en medio de vítores.
Chico listo. Pensaba que era corredor, ¿Verdad? Ella nunca lo había visto hacerlo antes.
En la mitad del último cuarto el marcador estaba muy apretado. El equipo que jugaba había llegado a los playoffs el año pasado, por lo que eran buenos. Sin embargo, el equipo de Helios había mostrado mucha mejoría, por lo que jugaron duro, pero perdieron por seis puntos. Serena tuvo que mover su atención del juego al marcador, masticando un desigual padrastro en su dedo y rezando porque el tiempo de espera no se agotaran antes que Helios pudiera marchar con su equipo por el campo y anotara de nuevo, y que la defensa pudiera evitar que el equipo contrario anotara más puntos.
Quedaban dos minutos y medio cuando el defensa sostuvo a Helios, quien tenía el balón en sus manos. Serena no pudo imaginar la presión que sentía al mantener a su equipo en el juego. ¿Era esto lo que Darien pasaba en todos los partidos? Debía volver loca a su madre.
Deja de pensar en Darien. Y en su familia.
Echaba de menos a Gea, deseaba que ellos se hubieran quedado cerca. Ella podría haberla usado como consejera para todo esto, pero sería poco apropiado llamar a Gea para que hablar con ella acerca de su propio hijo. El hijo que Serena había dejado.
Se sacudió esos pensamientos concernientes a Darien y se concentró en Helios. Primero corrió y logró avanzar cinco yardas. Serena respiró, después trató de calmar el furioso latido de su corazón. El segundo intento fue un pase corto al receptor, quien corrió por el primero. Ella se levantó y se sentó de nuevo y se abrazó a una de las otras mamás. Estaban en su propia línea de cuarenta yardas ahora, y un tercer intento de correr veinticinco yardas. Esa carrera los pondría en territorio de sus adversarios.
El corazón de Serena latía con fuerza. No podía imaginar lo que Helios sentiría. Se veía calmado y tranquilo mientras lanzaba un pase largo a su receptor, que corrió todo el camino hasta la línea de las quince yardas antes de ser derribado. Su corazón se fue a su garganta mientras los siguientes dos pases los llevaron a ninguna parte. Era la tercera jugada y había cuarenta y cinco segundos en el reloj. Helios estaba en la formación de escopeta, tomó el balón desde el centro, se volvió hacia la izquierda y nada. Se mantuvo indeciso, se volvió a su derecha, vio a su ala cerrada en el centro del campo, y disparó un cohete pasando al ala cerrada, que corrió a la zona de anotación por un touchdown.
Oh, Dios mío. Habían anotado. Los gritos estallaron. Serena gritó, gritó el nombre de Helios, y estalló en lágrimas. Fue el mejor partido de la historia. El punto extra los había puesto por delante, y aunque el otro equipo tendría la pelota, el tiempo se había acabado, y el equipo de Helios había ganado.
Ninguna victoria podría haber sido más dulce. A Serena ni siquiera le importaba que sólo fuera el primer partido de la temporada, todavía fue el mejor juego que le había visto jugar.
Después del partido y todas las celebraciones Serena bajó al campo. Se quedó atrás mientras su hijo hablaba con algunos de los estudiantes, incluyendo una jovencita, una animadora del JV. Muy linda, con el pelo oscuro agarrado en una cola de caballo. Cuando Helios la vio, sonrió, y su corazón se apretó, porque parecía un niño otra vez.
Nunca sería su pequeño hijo ya sin embargo. Estaba creciendo, y ya era hora de darle su espacio. Ella se le acercó y lo abrazó. "Jugaste un partido increíble".
Él sonrió. "Gracias, mamá. Esta es Rini".
"Hola señora Tsukino".
"No señora. Me puedes llamar Serena. Mucho gusto en conocerte, Rini."
"Oh. Bien. Helios jugó muy bien, ¿no es cierto?"
"Sí, lo hizo."
"Um, algunos iremos a la casa del entrenador después del partido para una fiesta de pizza", dijo Helios. "¿Estás de acuerdo? Y me gustaría pasar la noche en la casa de Sammy. Sus padres dijeron que estaba bien."
Serena desvió su mirada a los padres de Sammy, que la saludaron y asintió. Ella les devolvió el saludo. "Suena bien para mí. Hablaré con sus padres. Que te diviertas."
"Gracias, mamá."
Serena tuvo una breve conversación con los padres de Sammy, que le aseguraron que recogerían a Sammy y a Helios de la casa del entrenador después de la fiesta. Serena recogería a Helios al día siguiente por la tarde, así que todo estuvo resuelto.
Se dio la vuelta para volver a casa pero se detuvo en el centro del campo, con su corazón golpeando contra su pecho cuando vio a Darien. O por lo menos pensaba que lo había visto. Era muy difícil no notarlo, debido a que era tan condenadamente alto, y a que recordaría su rostro hasta que muriera. Y a pesar de que ya era de noche, las luces del estadio seguían encendidas. Se había agachado hacia el lado oeste de las gradas y desaparecido en la multitud que estaba dejando el estadio. Lo siguió, acelerando el paso mientras se movía saliendo del césped y a la acera, pasando las gradas donde lo había visto de pie y saliendo al estacionamiento, donde una veintena de personas entraba en sus coches y se iban.
Se subió a la parte superior de una jardinera de ladrillo y buscó en la multitud, pensando que vería su SUV negro saliendo del estacionamiento.
Estaba, obviamente, imaginando cosas. ¿Por qué estaría Darien aquí?
Ella le dijo que no quería volver a verlo otra vez. Él no hizo ningún contacto con ella en más de dos semanas. Tenía un partido el domingo. Este era un partido local de una escuela secundaria. No habría atención de medios. No tendría razón para estar ahí.
Era una idiota. Había tratado tan duramente de sacar a Darien de su mente.
"¿Mamá?"
Ella miró hacia abajo para ver a Helios, Rini, Sammy, y a los padres de Sammy mientras ella quedaba como un idiota en la pared de ladrillo.
"Oh. Hola."
"¿Qué estás haciendo ahí arriba, mamá?"
"Uh, sólo creí que vi a alguien que conocía."
El lado de la boca de Helios se curvó. "¿A Darien, tal vez?"
Él sostuvo su mano mientras ella bajaba de un salto. "No. ¿Por qué piensas eso?"
"Uh, mamá. Porque él estuvo aquí."
"¿De verdad? ¿Cómo lo sabes?"
"Porque yo lo invité al partido." Helios se dirigió a Rini y Sammy. "Chicos me reuniré con ustedes en un segundo."
Helios desvió su mirada hacia la tierra después que sus amigos se fueron. Había algo que no le estaba diciendo.
"¿Helios?"
Finalmente alzó la mirada hacia ella. "Mira, no quería que te enojaras... uh... que te volvieras loca al respecto. Lo llamé y le pregunté si quería ver mi primer partido. Dijo que le encantaría. Le dejé una entrada. Vino a los vestuarios antes del partido, habló con los chicos. No fue gran cosa, ¿de acuerdo?"
"Lo echabas de menos."
Helios se encogió de hombros. "Sólo pensé que tal vez quisiera verme jugar."
Las lágrimas pincharon sus ojos. Dios, este chico necesitaba a un hombre en su vida. "Lo siento, Helios. Esa es la razón por la que no salgo en citas".
"Y una mierda. Deja de usarme."
Sus ojos se abrieron. "¿Qué?"
"Has mantenido tu vida detenida por mí. No dejas que nadie se acerque a ti debido a mí".
"Eso no es cierto."
"Tú amas a Darien. ¿No?"
Ella abrió la boca para negarlo, pero luego se detuvo.
"No te molestes en decir una palabra. Es obvio que prácticamente todas las noches lloras hasta quedarte dormida. No sé por qué estás siendo una bebé grande con esto, mamá. Lo amas. Él te ama. Simple, ¿verdad?"
Ella se frotó la sien. "No, Helios. No es tan simple".
"Entonces, dime cuál es el problema."
"El problema es entre Darien y yo, y no es asunto tuyo."
"¿Por qué no dejas de tratarme como a un niño pequeño y empiezas a tratarme como si tal vez pudiera manejar algunos problemas de adultos? Yo siempre voy a estar aquí para cuando las jod… las cosas que pasen se pongan feas. No tienes que forjar una vida más perfecta para mí. Sé que las cosas malas suceden. Sé que tuviste una mierda de… bien lo voy a decir… una vida de mierda cuando fuiste más joven. Eso no significa que tenga que buscar lo malo de cada cosa y en cada persona. No todo el mundo es así. Darien no es así."
Ella levantó la mano. "Bueno, espera un minuto."
"No. No esperaré. Y no creo que tú tampoco debas esperar más. Detuviste tu vida por mí. Y realmente, lo entiendo. Te lo agradezco. Pero no soy un bebé. Vámonos, mamá".
Ella se quedó allí, sin habla, mirando a su pequeño niño que había crecido y que estaba ahora dándole un consejo. "Creo que has crecido. Lo siento."
"No lo sientas. Simplemente deja de usarme como excusa para no hacer lo que realmente quieres."
Ella inhaló y luego lo dejó escapar el aliento. "¿Crees que he estado haciendo eso?"
"No siempre. ¿Pero con Darien? Sí. Y deja de hacerlo."
Ella asintió, atónita a su hijo, que había, de alguna manera, crecido cuando no estuvo mirando. "Está bien. Lo haré."
"A mí también me gusta, mamá."
Ella contuvo el aliento, dándose cuenta de que no fue la única que había amado a Darien.
"Ya lo sé."
"No es un mal tipo."
"No, no lo es."
"Incluso si no vuelves con él, quiero seguir siendo su amigo. ¿Está bien?"
Ella se sentó en el muro de ladrillo y sostuvo las manos de su hijo. Sorprendentemente, la dejó. "Eso estaría bien. No puedo pensar en alguien que sea una persona mejor en tu vida que Darien."
Helios la sostuvo en un abrazo feroz que trajo un torrente de lágrimas a sus ojos.
"Te amo. Me tengo que ir. Adiós."
"Adiós." Ella se echó a reír a través de las lágrimas mientras él corría hacia sus amigos.
"Ve a buscar a Darien y le dile que lo amas", Helios le gritó cuando estaba a mitad de la explanada del estacionamiento.
Serena estaba mortificada, pero los chicos se rieron, y los padres de Sammy sólo la saludaron con la cabeza.
Oh, por supuesto, su hijo le lanzó ese épico discurso sobre madurez y el amor, luego salió corriendo por pizza. Lo había comprendido todo fácilmente, cuando ella claramente no lo hacía.
Juventud. Ella ciertamente no fue tan inteligente cuando había tenido su edad.
Se metió en su coche y comenzó a encenderlo, entonces se dirigió a casa, deteniéndose en el camino, y abruptamente saliendo de la autopista.
Helios tenía razón. Ya era hora de dejar de tener miedo y dejar de poner excusas.
Sabía lo que quería, y era hora de ir a buscarlo.
