ARYA

"Los salvajes parecen… parecen gente."

En las historias de la Vieja Tata los hombres y mujeres del Pueblo Libre siempre eran descritos casi como monstruos, más cercanos a los animales que al resto de los humanos. Por eso se sorprendió un poco al observar a los cuatro representantes que los salvajes habían enviado a parlamentar. La multicolor bandera de paz que sostenían destacaba irónicamente en medio de la destrucción que había entre el Muro y el Bosque Encantado, donde tras casi un mes de combate lo único que superaba en número a los cadáveres de hombres, gigantes y animales eran las flechas, piedras y otros proyectiles que habían acabado con sus vidas.

"Sigue siendo mejor que el túnel" pensó, pero evitando recordar lo que había visto para no sentir nauseas. Arya no era una débil doncella sureña como las que se desmayaban a la primera visión de sangre, pero las palabras no podían describir completamente los horrores que había en el lugar donde norteños y hombres de la Guardia de la Noche habían tenido que pelear cuerpo a cuerpo contra los salvajes que habían intentado derribar el portón.

Si le hubieran dado a elegir no volvería jamás, pero sabía que tenía que recórrelo cuando Jon, Bran, los guardias y ella misma terminaran de parlamentar y volvieran a su lado del Muro. Era el único camino, aunque fuese uno lleno de cadáveres. Esa era una metáfora que definía bien los tiempos en los que vivían.

La visión de los salvajes vivos era mucho más amable. De los cuatro, solo uno le dio mala espina, aquel pequeño y calvo que era el único que no venía a lomos de un caballo… y que tenía un águila colgada en el hombro. Intentó compararlo con las descripciones que Jon le había dado sobre los salvajes que había conocido, pero no tuvo suerte. Decidió preguntarle más tarde, preocupándose por ahora de mirar a los otros tres. Uno era un hombre pelirrojo que por su contextura parecía un primo lejano de los Umber, con una expresión en su rostro más alegre que la de sus compañeros. Otra era una mujer. Rubia, pálida… y bella, incluso cuando la comparaba con las damas nobles que había visto en la Corte del sur. Pero pese a esa belleza, su rostro estaba tan tenso como el del último de los cuatro salvajes, al único al que podía reconocer. Porque para bien o para mal, era el de alguien que ya era famoso en todo el reino.

-Jon Nieve, así que te has puesto tu capa negra nuevamente. -dijo Mance Rayder a modo de saludo. Su cara estaba seria, pero su voz era casi totalmente inexpresiva. Estaba claro que intentaba no dejar escapar nada.

-Nunca me la quité, Mance. Por lo menos no realmente. -respondió su hermano, solemne, aunque Arya pudo reconocer algo de tristeza en su voz al decirlo.

"¿Pero siente tristeza por haber tenido que mentir… o porque de verdad quiso abandonar la Guardia?" esa era una pregunta que ni siquiera ella podía responder, no todavía al menos.

-Es una lástima. Tenías potencial chico. -replicó Mance en el mismo tono. Su cara se suavizo un poco al continuar. - ¿Ygritte?

-Murió en la batalla con los Thenn.

-Los fuegos más ardientes arden más deprisa. -murmuró el salvaje pelirrojo, moviendo la cabeza de un lado al otro. -Lo lamento chico, espero que llegue el día en el que podamos beber juntos en su memoria.

-Gracias Tormund, esperaré ansioso ese día. -respondió Jon, sonando sincero.

- ¿Y qué pasó con Styr y el resto de los thenitas, Lord Nieve? ¿También los mataron? -preguntó entonces la rubia, en un tono más duro que el que Tormund o Mance habían ocupado.

-A los que no se rindieron, sí. El resto son nuestros prisioneros, el propio Sigorn está entre ellos... -replicó su hermano, sonando extrañamente inseguro. -Lamento lo que le pasó a Jarl, Val.

-Ahórrate tu lastima, no la necesito.

-Pero si necesitamos de su ayuda, así que controla tu lengua por ahora. -dijo Mance, mirándola duramente. La salvaje no respondió, pero siguió mirando con enojo a Jon. Tras unos segundos el rey salvaje suspiró antes de volver a hablar. – Discúlpala, Dalla murió hace tres días.

-¿Qué? ¿Cómo? -preguntó Jon, sorprendido.

-Dando a luz. Tenía a media docena de curanderas ayudándole… pero bueno, en la cama de parto incluso una reina puede morir.

-No lo hubiera hecho si no hubiera estado tan preocupada. Se suponía que iba a dar a luz estando a salvo al otro lado del Muro, no en medio de una maldita batalla... -insistió Val, que parecía a medio camino entre la furia y las lágrimas.

-Eso es algo que no sabemos y que ya no ocurrió, así que no vale la pena seguir hablando sobre ello. Lo sabes tan bien como yo. -replicó el Rey-mas-allá-del-Muro, dejando la tristeza para reemplazarla con determinación. Val también se quedó en silencio esta vez, pero a diferencia de la anterior en esta apartó la vista, sin que Arya pudiera decidir si era porque había aceptado la derrota o simplemente estaba demasiado triste. Tras unos segundos, Jon interrumpió el silencio.

-Lo lamento Mance, de verdad.

-Aprecio eso, pero si lo estoy contando no es para dar lástima, si no para que puedas entender porque Val está tan afectada. Bueno, para eso, y para…

-¿Para qué? -preguntó el Nieve, arqueando una ceja.

Mance suspiró otra vez antes de responder. -Para que te des cuenta de lo desesperada que es nuestra situación.

Jon no dijo nada, por lo que el rey salvaje insistió.

-¿Recuerdas lo que te dije la primera vez que nos encontramos?

-Hablamos de muchas cosas.

-Eso es cierto, pero lo quiero que recuerdes es cuando te conté de las dos ocasiones en las que te había visto antes. -tras el asentimiento de Jon, el rey siguió. -Tal como pude reconocerte sin que me revelaran quien eras, ocurre lo mismo con tus hermanos… o medio hermanos más bien.

-Jon es tan hermano nuestro como Robb o Rickon. -respondió Arya, antes de que pudiera darse cuenta de lo que estaba haciendo.

-No pongo en duda eso, mi señora. Es más, es por eso mismo que estoy mencionándote a ti y a tu hermano pequeño.

- ¿Y qué pretendes al hacer eso? -preguntó Bran, también interviniendo por primera vez.

-Pretendo que tu hermano se ponga en mi lugar, mi señor de Stark. Quiero que se ponga a pensar sobre lo que él haría si estuviera en mis botas. -miró a su hermano bastardo antes de seguir- En fin, iré al grano. Jon, ¿qué es lo que harías si tú y tu familia fueran parte del Pueblo Libre? ¿Qué es lo que harías si supieras que todos van a morir si no logran escapar al otro lado del Muro?

-Pelearía. -admitió Jon, tras unos segundos de silencio.

-Sí, todo hombre que se jacte de ser tal pelearía, pero ¿qué harías cuando te dieras cuenta de que es imposible vencer? -Mance señaló a Val antes de seguir. -No malentiendas mis palabras, no soy un cobarde y prefiero mil veces morir con una espada en la mano antes de rendirme y arrodillarme nuevamente... pero no estoy dispuesto a hacer lo mismo con mi familia, y estoy seguro que tú tampoco lo estarías.

Jon no dijo nada, pero Arya notó que se tensó un poco.

"No, no lo estaría." pensó, mientras el rey salvaje volvía a hablar.

-Es por eso que propongo lo siguiente, Jon Nieve. Estoy dispuesto a entregarme a la justicia de la Guardia a cambio de que abran el portón y permitan que las mujeres, ancianos y niños del Pueblo Libre puedan refugiarse al otro lado del Muro. Los guerreros podemos ayudarles en la guerra que se aproxima… o podemos quedarnos acá y morir peleando contra los demonios de hielo. Estamos dispuestos a hacerlo si eso significa que nuestras familias estarán a salvo.

-Sabes tan bien como yo que no puedo hacer eso, Mance. -respondió Jon.

-Quizás tú no, pero estoy seguro de que podrías convencer a tu hermano Stark de que lo hiciera. Es el Guardián del Norte, ¿no es cierto?

-Lo es, pero está a medio Poniente de distancia… y según recuerdo, el Guardián del Norte tiene como deber evitar que los salvajes entren al reino.

- ¿Y quién lo va a castigar por hacer una excepción? ¿El mismo Trono de Hierro con el que está en guerra? -Mance negó con la cabeza. -Los juramentos y las leyes no importan en esta situación, lo único que evita que podamos pactar es que no estamos de acuerdo… todavía.

-¿Y qué es lo que ganaríamos pactando contigo Mance? ¿Por qué deberíamos dejar a tu pueblo después de todo lo que ha pasado entre nuestra gente? -insistió Jon, a lo que el hombre extraño con el águila en el hombro reaccionó con un sonido de burla.

-Te dije que te obligaría a suplicar. -le murmuró al rey salvaje.

-No quiero que suplique Varamyr, quiero que me ayude a pensar en que decirle a a las familias norteñas para justificarles algo así. Su gente ha sido atacada por la tuya durante siglos, ¿qué demonios habría que decirles para convencerlos de no rebelarse si es que tomáramos una decisión así?

-El Norte ha seguido al Stark de Invernalia desde la Larga Noche, eso es algo que incluso nosotros sabemos. -replicó Tormund.

-Robb está en el sur y ya no hay un Stark en Invernalia, nosotros fuimos los últimos y ahora estamos acá. Si es que hay un momento donde alguna familia norteña podría rebelarse… es ahora. -explicó Arya, serena.

"Los Manderly jamás se rebelarían contra nosotros. Domeric tampoco, y si él no lo hace tampoco lo hará Lady Dustin o los Ryswell… pero no estoy segura del resto." Bran le había contado sobre las múltiples peleas de Robb y Lord Karstark en el sur y los Umber estarían más que enfurecidos si es que hacían un acuerdo con los salvajes. Además estaban los Glover y los Tallhart, quienes lo habían perdido casi todo durante la invasión de los krakens y aún miraban con algo de resentimiento a su familia por no haber hecho algo más.

Si, el dominio de su familia sobre el Norte definitivamente no estaba tan firme como antes de la guerra. Pero a la estupefacción de Arya y sus hermanos, Val comenzó a reírse.

-Ustedes los arrodillados, siempre tan orgullosos de su honor cuando en realidad solo buscan traicionarse a la menor oportunidad. -su boca se torció en una mueca irónica. -Casi pensaría que nuestra manera es mejor.

-¿Casi? -preguntó finalmente Jon, arqueando una ceja.

-Díselo de una vez Mance, explícales porque deben tomar una decisión pronto si es que no quieren que todos pierdan.

-Estaba esperando el momento preciso, pero supongo que ha llegado. -Rayder se acomodó sobre su montura antes de continuar. -¿Sabes cómo me convertí en el Rey-más-allá-del-Muro, Jon?

Su hermano lo pensó durante unos segundos antes de responder. -Ygritte me dijo que les demostraste que eras el mejor líder.

-Eso es una forma amable de decirlo, la verdad es mucho más cruda. -su expresión se ensombreció. -Persuadí a algunos con palabras, es cierto, pero ¿de verdad crees que fue solo con ellas con las que pude convencer a todo el Pueblo Libre y a los gigantes de unirse en esta cruzada?

-No, no lo creo.

-Y es por eso que te considero menos idiota que el resto de la Guardia… aunque tampoco eres un genio, porque si lo fueras no te hubieras unido a ella. Pero bueno... -el salvaje señaló primero al tal Varamyr, y luego a Tormund. -Varamyr fue uno de los que pude convencer con palabras, en cambio Tormund…

El gigante pelirrojo sonrío. -Digamos que tuvo que patearme el trasero un par de veces antes que admitiera que iba a ser un mejor rey que yo.

-Con los Thenn fue algo similar, tuve que derrotar en combate singular a Styr antes de que me jurarán fidelidad. Pasó lo mismo con Harma, Casaca de Matraca y el Llorón. Al resto… los maté.

Arya sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar eso último, aun cuando se lo esperaba.

-Tenías que demostrar que eras el más fuerte. -murmuró.

-Tu hermana es rápida de mente, Lord Nieve. Más que tú al menos. -dijo Val, mirando a Jon.

-Probablemente, pero eso no es algo de lo que me avergüence. -replicó Jon, devolviéndole la mirada por unos segundos antes de volver a hablarle a Mance. -¿Por qué me cuentas todo esto?

Fue Tormund el que respondió.

-Porque tú y tu familia nos patearon el trasero, chico.

-Fue la Guardia y los guerreros norteños quienes los derrotaron, no nosotros.

-Da igual, lo que importa es que algunos dicen que Mance no es el más fuerte, ya que si lo hubiera sido no nos habrían derrotado.

-Y que por tanto no debemos continuar obedeciéndolo. -añadió Val, con asco. -Para mí y para Tormund es una completa estupidez, sabemos que la derrota no fue responsabilidad de Mance. Bael el Bardo, Raymund Barbarroja, Gendel y Gorne, todos fueron derrotados por los ejércitos de tu familia aun teniendo más guerreros que nosotros… pero bueno, no todos piensan igual a nosotros.

-El Llorón fue el primero. Una mañana se levantó, anunció que iba a atacar la Torre Sombría y partió con toda su gente antes de que alguien pudiera decirle algo. Casaca de Matraca fue el siguiente y en su caso ni siquiera se molestó en decirnos adónde iba, simplemente tomó sus cosas y se fue. Media docena de tribus más pequeñas han hecho lo mismo desde entonces, y no sé cuánto tiempo más queda antes de que no sean grupos pequeños, si no que la mayoría del ejército el que termine partiendo, y cuando lo hagan...

"Ya no nos estaremos enfrentando a uno, sino que a una docena de reyes salvajes, y cualquier posibilidad de terminar esta guerra con palabras se acabará."

-Pero todavía estamos a tiempo de evitarlo. Tormund quizás es un fanfarrón, pero también es alguien leal y su tribu es la más poderosa dentro del Pueblo Libre. Después de ellos están los Thenn y si de verdad Sigorn sigue con vida, todavía puedo lograr un acuerdo con ellos. Si esas dos tribus se mantienen leales el resto los seguirá si llegamos a pactar con ustedes… o al menos la mayoría. -admitió Mance.

-Y podremos tener paz, al menos para las mujeres y los niños. El resto nos quedaremos a luchar contra el verdadero enemigo. -añadió Val.

-¿No te incluyes entre ellas? -quiso saber Bran.

-Soy una mujer del acero Stark, no una flor sureña. -la ironía frente a la respuesta de la salvaje no se le escapó a Arya.

-Pero eso y lo demás importará poco si no logramos pactar. -dijo Mance, mirando a Jon. -Esa es nuestra propuesta Jon Nieve, convence a tu hermano y a la Guardia que permitan a nuestra gente pasar el Muro, y tendremos paz. Si no...

No era necesario que dijera "todos moriremos".

-Lo intentaré Mance, pero demorará tiempo.

-Que no sea mucho chico, los vientos helados se acercan más con cada noche que pasa. -dijo Tormund.

"El invierno se acerca" pensó automáticamente.

-Y cuando finalmente lleguen… -murmuró Val, acomodándose en su caballo. -Bueno, al menos tu hermano tendrá la solución sobre cómo convencer a sus vasallos.

-¿Por qué? -preguntó Arya, sintiendo un extraño nerviosismo en su interior tras esa última frase. Val la miró directamente a los ojos antes de responder

-Porque entonces podrán ver a los muertos caminando con sus propios ojos… y créeme Stark, nada convence mejor a alguien que el ver a sus pesadillas de niño convertidas en realidad.

Aún se sentía nerviosa cuando volvieron a su lado del Muro.

-*-*-*-*.

-Tratarás de convencer a Robb de que acepte, ¿no? -Jon asintió antes de responder, casi como si estuviera en conflicto consigo mismo al elegir que palabras ocupar.

-Escuchaste a Sam y al resto de los sobrevivientes del Puño, los Otros son reales... demasiado reales, y nos matarán a todos si es que no nos unimos para enfrentarlos. -anunció, sombrío como pocas veces le había visto. Apartó la mirada antes de seguir. -Pero…

-¿Pero qué?

-Pero los hombres somos imbéciles y estoy seguro que varios preferirían ver a el Pueblo Libre muerto antes que unírsele para pelear contra el verdadero enemigo. -respondió su hermano amargamente.

-Eso que Val dijo sobre los muertos… ¿es cierto? -preguntó, su voz apenas audible.

-Sí, yo mismo vi a los espectros que se levantaron y trataron de asesinar al Viejo Oso al principio de todo esto. Eran del grupo del tío Benjen y cuando los encontramos estaban tan muertos como se puede estar, pero aun así se levantaron. Eran solo dos y lograron matar a Ser Jeremy Rykker y a tres hermanos más antes de que pudiéramos detenerlos. Unos cientos fueron suficientes para aniquilar todo el campamento de la Guardia en el Puño de los Primeros Hombres, así que si cada hombre, mujer y niño del otro lado del Muro se convierte en uno…

-¿Deberíamos rezar para el Muro fuera más alto? -sugirió Arya, observando la gigantesca construcción de hielo.

-Sí, creo que tendríamos que hacer eso. -confirmó Jon.

Caminaban juntos hacia las habitaciones del Maestre Aemon, donde Bran y los Reed se encontraba conversando con el anciano. Si la Stark ya estaba nerviosa tras el parlamento con los salvajes, el tiempo que su hermano menor estaba pasando últimamente junto a los lacustres no ayudaban mucho para que se tranquilizara. Estaban planeando algo, eso era claro, pero no tenía la menor idea de que era… pero si sabía que fuese lo que fuese, ocurriría pronto

Porque Jojen había sido bastante claro durante la huida de Invernalia. Bran era el Lobo Alado, mucho más importante que ella o cualquier otra persona que conocía. El problema era que no le había contado nada más después de revelarle ese secreto. Había mencionado algo más sobre que debían proteger y guiar a su hermano, pero ¿qué protección necesitaba de este lado del Muro y en medio de un ejército leal a su familia?

No podía dejar de pensar en ello mientras caminaban a las habitaciones del maestre del Castillo Negro. Estaban solo a unos metros cuando lograron oír como conversaban, deteniéndose justo afuera de la puerta para escuchar lo que estaban hablando dentro.

-La canción de hielo y fuego, si… -estaba diciendo el maestre.

-Es mucho más antigua de lo que se cree. El juramento que mi familia le hizo a los Reyes del Invierno la menciona, aun cuando nunca hemos sido visitado por alguno de los seguidores del Dios Rojo. Mi padre cree que se remonta a la propia Larga Noche. -esa era la voz de Jojen, tan solemne como siempre.

-Tú gente es especial, me gustaría haberlos visitado en mi camino al Muro. Lástima que debimos venir en barco para evitar que alguien asesinara a Brynden en el camino. -comentó el anciano, suspirando.

-¿Tan odiado era? -preguntó Meera.

-Más aún. No era alguien malvado, pero no tenía escrúpulos y sus métodos eran algo… drásticos.

-¿Qué tan drásticos? -preguntó Bran esta vez.

-Rompió las leyes de la hospitalidad para matar a un Fuegoscuro. -la sola mención de ello heló la sangre de Arya, los que hacían eso estaban malditos, tanto a los ojos de los hombres como a los de los dioses. El cuento del Cocinero Rata explicaba perfectamente que le pasaba a los que cometían tal tabú. Cuando aún procesaba lo que había escuchado, el maestre continuó.

-Y eso solo fue la gota que colmó el vaso, porque antes ya había manejado al reino con un puño de hierro cuando era Mano del Rey. Sumando eso a que era de nacimiento bastardo, un albino y un matasangre, pueden entender que nadie le quería mucho afuera de nuestra propia familia… y ni siquiera todos lo hacíamos.

-¿Y usted maestre? -preguntó Bran, suavemente.

-Le tenía algo de afecto. Sí, tenía muchos defectos, pero éramos de la misma sangre y solo por eso se merecía mi cariño. Me lamenté muchísimo cuando desapareció, lo hice como pocas veces antes de… bueno, antes de lo que ocurrió después.

Arya entendió a qué se refería, ya que una de las primeras cosas que Jon le había contado tras llegar al Muro era sobre quién era Aemon Targaryen. La Stark había crecido escuchando a su gente maldiciendo a los dragones por las muertes de su abuelo y de su tío, y por el secuestro de su tía Lyanna, pero el ver a uno de ellos no le había generado odio como había esperado… le había generado pena.

"Nadie se merece ser el último sobreviviente de su familia, ni siquiera un Targaryen" pensó con tristeza por un segundo, antes de recordar otra cosa. "Pero no es el último, ¿sabrá este anciano las cosas que ha hecho su sobrina?"

Era probable, porque incluso en Último Hogar había conversaciones sobre lo que estaba ocurriendo en Essos, donde tres dragones, un khalasar dothraki y millares de esclavos liberados habían conquistado Volantis y ahora se dirigían a las Tres Hermanas, siguiendo a una muchacha menor que Jon o Robb. Daenerys de la Tormenta le decían, e incluso en el lejano castillo Umber los hombres hablaban nerviosos sobre lo que pasaría cuando la Targaryen dirigiera su mirada a Poniente.

"Incluso Nymeria tuvo que huir de los dragones. Cuando decidan retomar lo que era de ellos, no sé si habrá alguien que pueda detenerlos." pero eso eran preocupaciones para el futuro, había otras cosas que requerían su atención ahora. Arya sacudió la cabeza y siguió escuchando.

-Lamento reabrir esa herida maestre Aemon, pero debo preguntar. -murmuró Jojen, casi con pena. - ¿Es posible que Brynden Ríos haya…

Arya no pudo escuchar el resto de la pregunta, porque en ese instante el maestre Aemon elevó la voz.

-Jon, no tengo problema alguno si quieres hablar con nosotros, pero es de mala educación escuchar conversaciones ajenas a escondidas.

Su hermano masculló una maldición y empujó la puerta, con lo que ella también quedó visible. Sintió la punta de sus orejas ardiendo por la vergüenza, pero se relajó un poco al notar que el anciano y sus acompañantes no parecían enojados, solo divertidos.

-Perdón maestre Aemon, pero no queríamos interrumpirlos. -trató de excusarse Jon.

-Está bien muchacho, solo entra antes de que el frío lo haga. Si quieres expiar tu pecado, pon un poco más de leña en la chimenea. Pensé en decírselo a Sam, pero estaba tan concentrado hablando con tu hermano y sus amigos que se me olvidó hacerlo. -el maestre sonrió al girarse en su dirección, aun cuando sus ojos no veían nada. -¿Quién te acompaña Jon? No puede ser Sam, porque está con nosotros.

-Soy Arya maestre, la hermana de Jon y Bran. -anunció, notando al regordete amigo de su hermano saliendo de otra habitación.

-Recuerdo quién eres niña. Quizás soy viejo, pero me enorgullezco de que mi memoria sigue siendo excelente. -replicó Aemon, no sin un poco de dulzura. Sonrío antes de seguir. -Además, no todos los días el Castillo Negro aloja a la Señora de Invernalia.

-No soy la Señora de Invernalia, esa es mi madre y su sucesora será la hija de Lord Royce cuando se case con mi hermano. Yo solo lo fui por un tiempo. -trató de explicar.

-Pero mientras lo fuiste te enfrentaste a una invasión de los hijos de hierro y supiste resistirla, que no es algo que muchos puedan decir. No te subestimes.

-No lo hago maestre, simplemente digo la verdad. Quizás hayamos podido triunfar sobre los Greyjoy, pero no fue gracias a mí, fue gracias a todos los que sacrificaron sus vidas para lograrlo. Y creedme, fueron demasiados -replicó con tristeza.

"Ser Rodrik… Cley… Mikken", era cierto que la mayor parte de los habitantes de Invernalia habían sobrevivido escondidos en las criptas, pero los guardias y soldados que habían muerto en la batalla en las afueras del castillo seguían siendo cientos. Un alto precio… sobre todo porque Arya conocía los nombres de casi todos los muertos.

-Toda victoria requiere de un sacrificio, eso es algo que la historia ha demostrado una y otra vez desde el propio albor de los tiempos. -la expresión del maestre cambio a una parecida a la curiosidad. - ¿Alguna vez escuchaste el mito de Nissa Nissa?

-No, es primera vez que escucho ese nombre. -murmuró, confundida.

-Es parte de la leyenda de Azor Ahai, el héroe que derrotó a los Otros y terminó con la Larga Noche. -explicó Jojen, respondiendo por el maestre.

-Suena importante. -replicó, intentando que no se notara el nerviosismo que había sentido al escuchar al Reed nombrando a los Otros.

-Lo es muchacha, lo es. -murmuró el anciano, su cara mirando a su dirección por unos segundos más antes de girarse hacia Jon. -Pero bueno, Bran me contó de la oferta de Mance Rayder, debo decir que es muy… interesante.

-Es algo que casi parece demasiado bueno para ser verdad, lástima que ni siquiera eso sirva para convencer a Bowen Marsh o Ser Alliser. -su hermano escupió ese último nombre casi con asco.

-O a Ser Denys, y por supuesto que tampoco a Cotter Pyke. Debes entenderlos Jon, son hombres que han estado durante toda su vida en el Muro enfrentándose a los salvajes. Preferirían morir antes de permitir que pasen libremente al reino.

-Y lo peor de todo es que la gran mayoría de la Guardia piensa lo mismo, no solo los oficiales. -murmuró el bastardo, moviendo la cabeza de un lado al otro.

-No todos somos así, Jon. -protestó desde un rincón el amigo gordo de Jon, el tal Sam. El miedo en su cara se podía ver a leguas -Los que… los que los vimos, no somos así.

"Tal como dijo Val" pensó la Stark, mordiéndose el labio mientras su hermano respondía.

-No Sam, ¿pero cuantos de nuestros hermanos que estuvieron en el Puño lograron volver al Muro? Tú, Grenn, Edd y un puñado más, una docena dentro de una hermandad de mil. No podemos convencer al resto con el relato de tan pocos.

-Jon tiene razón, aunque con todo lo que ha pasado los últimos meses, diría que el número de hombres en la Guardia ahora es más cercano a los quinientos que a los mil. -murmuró el maestre, jugueteando con la cadena que colgaba de su cuello. -Es algo que debo recordarle a Ser Denys y a Cotter Pyke cuando hablemos sobre las votaciones.

-¿Cuándo serán? -preguntó Arya, para intentar alejar de su mente los recuerdos del parlamento. La elección de Lord Comandante era algo que tanto la Guardia como los propios norteños esperaban con urgencia, porque solo después de eso podrían tomar una decisión final sobre los salvajes.

Había varios nombres sonando como candidatos. Los dos más fuertes eran los comandantes de los otros castillos de la Guardia, Ser Denys Mallister por la Torre Sombría y Cotter Pyke por Guardiaoriente. Después de ellos venían los oficiales del Castillo Negro que aún seguían vivos porque no habían ido a la expedición al norte. Estaba el cobarde de Bowen Marsh, el imbécil de Alliser Thorne -por quién sentía un odio que aumentaba tras cada acto hostil con Jon, Bran y ella misma- Yoren, y el peor de todos…

Janos Slynt.

El hombre que había traicionado a su padre en el sur, según las cartas que su madre y Robb le habían enviado. Bueno, la verdad era que el principal traidor de su padre había sido Lord Meñique, pero Slynt había sido uno de sus principales lacayos y quién había ordenado personalmente a las capas doradas que asesinaran a los hombres de su padre.

Se suponía que los pecados de un hombre quedaban perdonados cuando se unían a la Guardia, y era solo por eso que la cabeza y el cuerpo de Slynt seguían unidos, pero si por alguna locura el resto de la Guardia terminaba eligiéndole como su Lord Comandante… el norte no olvidaba.

Pero bueno, lo que importaba es que de esos hombres, casi todos se negarían a cualquier tipo de pacto con Mance Rayder. Es más, había algunos que preferían matar a todos los salvajes antes que sentarse a discutir con alguno de ellos. Quizás solo Yoren y Ser Denys lo considerarían, y la Stark no estaba segura de que alguno lograría aceptar un acuerdo.

Por lo que tendrían que intervenir, con la cooperación de cierta persona que ni siquiera estaba enterado de ello todavía.

-Lo más probable es que a fines de esta semana, mi señora. Cotter Pyke ya debe de haber partido de Guardiaoriente, y cuando llegue acá, no podremos seguir esperando. -anunció el maestre Aemon, sacando nuevamente de sus pensamientos a Arya.

-¿Qué es lo último que se sabe de Domeric? -preguntó a Bran. El heredero Bolton ya había terminado de expulsar a los pocos hijos del hierro que no habían abandonado el Norte, ganando aún más fama entre el resto de los norteños. Ahora se dirigía junto a su ejército y prisioneros al propio Muro, para reunirse y ponerse al servicio de su familia.

-Llegó a Ultimo Hogar ayer. Debería partir hacia acá hoy o mañana. -respondió su hermano menor, tan solemne como lo había estado permanentemente desde su retorno del sur.

"No, desde antes. Desde que el Rey Robert visitó Invernalia y dejamos nuestro hogar por primera vez" pensó, intentando no pensar en su padre y en el castillo invernal antes de la guerra.

-Si tenemos suerte, llegará antes de la elección. -murmuró.

-Sigo sin entender porque quieres que Domeric esté presente, hermanita. Sé que tiene un ejército a sus órdenes, pero tienes que entender que la Guardia no aceptará presiones al momento de votar. -dijo Jon.

-Eso crees tú Jon, permíteme dudarlo. -respondió, segura. Hasta el hombre más terco pensaba dos veces una decisión si es que tenía a un ejército bajo su techo, pensó.

-Y sería una duda acertada, si es que recordamos la historia de la Guardia. Pero bueno, dejemos que el tiempo resuelva esa cuestión, hay otras más urgentes que debemos resolver nosotros. -anunció Aemon.

- ¿Cómo cuál? -preguntó Sam.

-Como tu viaje a Antigua. -respondió el maestre, ante la sorpresa de Jon y Arya.

- ¿Qué? ¿Qué tiene que hacer Sam en Antigua? -exclamó Jon, aunque mientras lo decía Arya comenzó a adivinarlo.

-Entrenar en la Ciudadela, obviamente. El Castillo Negro necesita un maestre y yo ya estoy viejo. Sam es mi sucesor ideal.

- ¿Pero por qué ahora? ¡Acaba de regresar! Además, es un sobreviviente del Puño, lo necesitamos para convencer al resto sobre lo que ocurrió ahí. -protestó su hermano.

-Lo lamento Jon, pero el maestre Aemon tiene razón. No puedo quedarme en el Muro por mucho más, debo partir lo antes posible. -respondió el otro recluta, que parecía apenado y nervioso al mismo tiempo.

-¿Por qué Sam?

-Por Gilly y su hijo. -explicó, aún más apenado. -Quizás si hubiera estado solo podría haberme quedado un tiempo, pero ahora ellos también son mi responsabilidad… y sabes que no puedo mantener a Elí aquí.

Arya entendió perfectamente la preocupación escondida tras sus palabras, ya que aun cuando ella era una noble y la otra chica solo una muchacha salvaje, ambas habían sido miradas con la misma hostilidad por los miembros de la Guardia, acostumbrados a que solo hubieran hombres en el Muro. Bueno, hostilidad y algo más.

-¿Pero qué harás con ella en el sur, Sam? La Ciudadela tampoco acepta mujeres.

-Colina Cuervo no está lejos de Antigua, y si bien mi padre es… cruel, él está en la guerra y el castillo quedó en manos de mi madre y mis hermanas. Los recibirán, estoy seguro. -aseguró el Tarly, aunque bajo su seguridad se seguía notando tristeza.

-No lo sé Sam, aunque tengas razón no es algo que me guste aceptar. -murmuró Jon, sonando tan apenado como su amigo.

-Así son las elecciones difíciles Jon. Debemos aceptarlas cuando son por un bien mayor… aunque cuando nos rompa el corazón hacerlo. -replicó el maestre, solemne. Su hermano solo asintió, mientras Arya notó con sorpresa que tanto Bran como Jojen la miraban. Solo fue un segundo, pero logró percibirlo.

"Aun cuando nos rompa el corazón hacerlo"

-*-*-*-*.

-¿Cómo está? -preguntó Jon, observando con preocupación al hombre inconsciente.

Gendry se encogió de hombros. -Mejor que la semana pasada. No es que sea un gran consuelo, la verdad.

Donal Noye había estado entre la vida y la muerte durante casi tres semanas, tras liderar a los hombres que se habían enfrentado a los gigantes que habían tratado de derribar las puertas que cerraban el túnel bajo el Muro. Desde las alturas del Muro, Arya había podido ver que de la quincena de gigantes y mamuts que habían partido del campamento salvaje solo cuatro habían logrado llegar al túnel gracias a las flechas, piedras y barriles que los hombres de la Guardia les habían lanzado. Sin embargo, esos cuatro gigantes habían matado a casi veinte hombres antes de ser derrotados, hiriendo a muchos más en el proceso.

Los soldados sobrevivientes habían contado como el líder de los gigantes -Mag el Poderoso, según Jon le había dicho- había tomado al herrero del Castillo Negro como si fuera solo un muñeco, y lo había lanzado contra una de las paredes del túnel, rompiéndole varios huesos y dejándole inconsciente. Pero antes de que pudiera rematarlo, tres hermanos negros -entre los que se encontraba Gendry- habían atacado al gigante, logrando finalmente matarlo. Según todos había sido vital que el aprendiz había peleado con un martillo de guerra, arma con la que le había destrozado una pierna al gigante, derribándolo y permitiendo que sus otros hermanos pudieran rematarlo.

Tres semanas después, el herrero manco había comenzado a despertar, pero el daño era tal que no lograba mantenerse mucho tiempo lucido antes de volver a caer inconsciente. Los huesos de sus brazos y una de sus piernas seguían rotos, así que estaba inmovilizada. Es por eso que Jon lo venía a visitar cada vez que podía, incluso alimentándolo con sus propias manos cuando lo encontraba consciente. Según le había contado, el herrero había sido uno de los pocos hombres que lo habían defendido cuando escapó de los salvajes, así que le estaba devolviendo un favor.

Y cuando no era Jon, era Gendry quien le acompañaba, ya que el joven sureño era su ayudante y aprendiz en la forja del Castillo Negro. Era así como la Stark se había reencontrado con el sureño que había conocido antes de la invasión Greyjoy.

-¿Recuerda lo que le pasó? -preguntó, no sabía si era el maestre Luwin o su madre quién lo había dicho, pero al parecer cuando alguien se golpeaba muy fuerte la cabeza perdía la memoria. Además, romperse el hueso de una extremidad era una cosa, pero hacerlo con uno de la cabeza era algo muy distinto, sobre todo al pensar en la recuperación.

-No, no lo hace. Lo último que recuerda es cuando Jon llegó de vuelta al Castillo, herido por los salvajes. -respondió el bastardo, elevando la vista para mirarla por un segundo. La bajó rápidamente cuando le devolvió la mirada, antes de murmurar. -La última vez que despertó me preguntó si se había caído del Muro, si era por eso que tenía tantos huesos rotos.

-Siempre decía que algún día se iba a caer de la escalera, por eso casi siempre subía a la cima en el elevador, aunque se tardara mucho más. -respondió Jon, sonriendo tristemente.

-Yo también evitaría la escalera si fuera él. Cuando el viento corre incluso yo tengo que subir aferrándome con ambos brazos y eso que nunca le he tenido miedo a las alturas. -dijo Gendry.

-Sí, pero tampoco habías subido a un lugar tan alto como el Muro antes, ¿o me equivoco?

-No, ni siquiera las torres de Harrenhal eran tan altas, y en su momento creí que nada podía ser más alto que ellas. -admitió el moreno. Arya no conocía Harrenhal, pero si había leído las historias sobre el gigantesco castillo donde el último Rey Hoare había conocido la muerte junto al resto de su dinastía tras haberse opuesto a los dragones. No era algo en lo que quisiera pensar mucho, la verdad.

-A Bran le gusta. -murmuró, tratando de dejar de pensar en los Targaryen.

-¿Subir el Muro? -preguntó Jon, sonriendo tras su asentimiento. -Sí, pero nuestro hermanito es alguien que aprendió a trepar antes que a caminar, no me sorprende que le guste subir a las alturas del Muro. -su sonrisa se desvaneció, dando paso a una expresión pensativa. -Aunque es verdad que pasa demasiado tiempo allá arriba, además de que casi siempre lo hace acompañado de los Reed.

-¿Los lacustres? -preguntó Gendry.

-Sí, ellos mismos. La verdad nunca había visto a Meera y Jojen, aun cuando mi padre siempre hablaba con cariño del suyo.

-Fueron compañeros durante la rebelión, y fue el único de sus amigos más cercanos que logró sobrevivir el final de la guerra. -explicó Arya, intentando que el sureño no perdiera el hilo de la conversación. No contó eso sí ni la historia del Caballero del Árbol Sonriente, ni lo que los Reed le habían revelado mientras huían de los hijos del hierro. No podía hacerlo, no hasta que ella misma supiera que es lo que iba a pasar.

-Quizás sea eso, tal vez la amistad entre Reeds y Starks sea hereditaria y es por eso que pasan tanto tiempo juntos. -murmuró Jon.

-No seas tonto, las amistades no se pueden heredar. No todos los hijos son parecidos a sus padres… tan solo piensa en Joffrey. -respondió Arya, ensombreciéndose.

Jon también se ensombreció un poco. -Sí, pero el príncipe encantador es más parecido a su madre que a su padre. Stannis Baratheon dijo algo más al respecto, si no mal recuerdo.

-Y ya te dije porque Stannis no tenía razón. No volvamos a discutir sobre lo mismo. -replicó, sonando más enojada de lo que quería.

-Tranquila hermanita, solo estoy buscando algo que explique porque Bran pasa más tiempo con los Reed que con nosotros. -dijo Jon, levantando las manos para calmarla. Se puso serio antes de seguir. -Si esa teoría no sirve, tengo otra que lo puede explicar.

-¿Cuál? -preguntó, intentando no sonar ansiosa.

-Creo que le gusta Meera. -anunció su hermano, solemne. Arya lo miró incrédula por unos segundos antes de sonreír.

-Quizás, aunque no estoy segura de que esa sea la razón por la que pasa tanto tiempo con ella y Jojen. -respondió, aun sonriendo. Bran lo disimulaba bien, pero ella también había notado el casi imperceptible nerviosismo que se apoderaba de él cada vez que le tocaba hablar con la Reed. Era algo tierno.

-¿Y cuál podría ser según tú? -preguntó Jon, arqueando una ceja.

"Que Jojen le está revelando cosas, probablemente algunas que ni siquiera me contó a mí"

-No lo sé, aunque tengo el presentimiento de que pronto lo sabremos. -respondió, mintiendo a medias.

-Ojalá tengas razón. -murmuró el bastardo, sonando sincero. La miró por un segundo antes de girarse hacia su otro acompañante -Y tú Gendry, ¿qué crees?

-No sé si me corresponda opinar… -musitó el aprendiz, algo incómodo.

-Está bien Gendry, habla sin temor. No nos vamos a ofender. -le alentó.

El sureño la miró por un instante antes de asentir. -Bueno, la verdad creo que Jon tiene razón.

-¿En qué? ¿En que las amistades de los padres se heredan a los hijos?

-No mi señora, en que a vuestro hermano le gusta la lacustre.

-Bueno, en ese caso todos coincidimos, aunque la verdad me gustaría saber porque lo crees tú. ¿También has notado que se pone un poco nervioso cuando hablas con ella?

-No, no soy tan cercano a ellos como para haberlos escuchado hablando. Solo he podido verlos de casualidad, cuando se acercan a la forja o cuando a mí me toca pasar cerca de ellos. -respondió Gendry, en un tono neutro.

-¿Y entonces porque lo crees? -preguntó Jon.

-Porque se le nota mi señor, quizás no en la voz, pero si en cómo se comporta. -trató de explicar el sureño, con una expresión en la cara como si estuviera luchando para encontrar las palabras correctas. Suspiró antes de seguir. -La verdad no sabría cómo explicarlo, pero es algo de lo que estoy seguro.

-Está bien, al final ni siquiera yo….

Tuvo que callarse, porque en ese instante el inconsciente Donal Noye comenzó a moverse, abriendo los ojos tras unos segundos.

- ¿Jon? -preguntó el manco, mirando confundido a su hermano antes de hacer lo mismo con ella y Gendry.

-El mismo. -respondió el susodicho, sonriendo nuevamente. -¿Cómo te sientes?

-Como si me hubiera caído del Muro. Pero no fue eso lo que pasó, ¿cierto?

-No. -la sonrisa de su hermano desapareció. Le dio un poco de agua antes de seguir preguntando- ¿Qué es lo último que puedes recordar?

-Cuando te encontré medio muerto gracias a las flechas de tus amigos salvajes. -respondió el herrero, confirmando las palabras de Gendry. Su expresión se volvió confusa antes de seguir. -Pero eso no es todo… ¿me golpeé la cabeza, no es cierto?

-Sí, entre otras cosas. -era una forma amable decir que casi había muerto.

-Creo que empiezo a recordar… -miró a Gendry y a ella misma antes de seguir. -Si, definitivamente estoy empezando a recordar.

-¿Podéis recordar quien soy, o porque estoy aquí? -preguntó la Stark, intentando ayudarle.

-Sí, tú eres la hermana pequeña de Jon, aunque deberé pedir que me perdones por no recordar tu nombre. -tras asegurarle que no importaba, Noye continuó. -Estás aquí junto a tu otro hermano, ayudándonos a luchar contra Mance Rayder.

-Eso está bastante bien, aunque no hayas podido recordar el nombre de Arya. -musitó Jon, antes de señalar al aprendiz que había a su lado. -Bueno, ¿recuerdas quién es él?

-Por supuesto, es el muchacho que Yoren trajo desde Bastión de Tormentas, ¿Gerion, Hendry, algo así?

-Gendry, mi señor. Estuvisteis cerca, aunque la verdad es que Yoren me trajo de Desembarco del Rey, no de Bastión de Tormentas.

-Quizás tengas razón, pero no ocurre lo mismo con tu sangre. -murmuró el herrero, estudiando a Gendry. - ¿Alguna vez conociste a tu padre, muchacho?

-No, ya te lo había dicho antes de que golpearas la cabeza.

-¿Y qué te respondí antes de perder la memoria?

-Que creías haberlo conocido. -dijo el aprendiz, sin parpadear.

-Y lo sigo creyendo. -dijo enigmáticamente Noye, mirando al aprendiz por un instante antes de hacer lo mismo con Jon. -Pero bueno, creo que ya me estoy sintiendo mejor. Nieve, ¿serías tan amable de explicarme de una vez por todas como terminé acá?

Jon suspiró. -Es una larga historia.

-Tengo tiempo, no es que vaya a moverme de aquí pronto. -el comentario irónico tenía razón. Los huesos de sus piernas todavía no habían sanado, así que pasarían semanas antes de que pudiera volver a caminar, incluso ayudado por muletas.

Su hermano asintió y comenzó a relatar lo que había pasado durante el último mes. De los ataques de los salvajes y de cómo los norteños y los hermanos de la Guardia les habían hecho frente, cobrando la vida de una multitud de hombres y gigantes. Noye de vez en cuando preguntaba detalles sobre el destino de uno u otro de sus hermanos juramentados. Se entristeció al saber que el motín que había acabado con el Lord Comandante Mormont no había sido solo una pesadilla y se enfureció al conocer que Ser Alliser había vuelto del sur sin más hombres que la sabandija de Janos Slynt.

-Ni siquiera como mensajero sirve, inútil amante de dragones. -murmuró.

-¿Amante de dragones? -preguntó Arya, confundida.

-Ser Alliser fue leal a los Targaryen durante la Rebelión. mi señora. Incluso tras la muerte del príncipe Rhaegar el muy imbécil siguió siendo leal al Rey Loco. Solo abandonó la capital cuando Tywin Lannister tomó la ciudad y le dio a decidir entre la horca o el Muro. -explicó el herrero.

-Algunos llamarían a eso lealtad. -murmuró, pensativa.

-Sí, y otros lo llamamos imbecilidad. Perdón por ser tan franco mi señora, pero es la verdad. Hay una gran diferencia entre ser leal a alguien justo y serlo a un Rey Loco.

Arya solo asintió, tras lo cual Jon reanudó su relato. Tras terminar de dictarle los nombres de los hermanos juramentados que habían caído, finalizó su explicación contándole al herrero sobre la charla que habían tenido con Mance Rayder y el resto de los lideres salvajes, y sobre los términos que estos les habían ofrecido. En esta ocasión Noye sí que quedó sorprendido.

-No es un mal acuerdo, la verdad.

-No, no lo es, pero…

-Pero nuestros brillantes hermanos no creen lo mismo. -completó el manco, suspirando. -Déjame adivinar, Bowen Marsh y el imbécil de Ser Alliser creen que lo mejor que podemos hacer es dejar que los salvajes se mueran de hambre, ¿no es cierto?

-Sí, aunque la verdad es que Ser Alliser ha sido menos bocón de lo que esperaba. Es Janos Slynt quien lidera al grupo que prefiere ver al Pueblo Libre muerto.

-Salvajes Jon, salvajes. No Pueblo Libre. -corrigió el herrero.

-Ellos prefieren ser llamados así. -protestó su hermano.

-Sí, pero créeme que el resto de la Guardia te mirará con aún más recelo si llamas a los salvajes de esa manera. No puedes hacerlo, no si quieres salvarlos.

-No sé en que influye de qué forma nombre al Pueblo Libre, los Otros los masacrarán de igual forma si es que no logran traspasar al Muro. -insistió Jon, ofuscado. Arya estuvo a punto de decirle que se tranquilizara un poco, pero al final prefirió no hacerlo.

"Vivió con ellos y amó a una salvaje, ni siquiera yo puedo evitar que se ofusque cuando se trata de ellos."

-Porque depende de si logras convencer a nuestros hermanos el que obtengas o no la autoridad para salvarlos. -explicó Noye, extrañamente sereno. Arya sintió un poco de nerviosismo en su interior al escuchar sus palabras.

-No sé de lo que estás hablando. -murmuró su hermano, cortante.

-Si lo sabes Jon, hasta un imbécil lo sabría y tú eres más parecido a lo contrario.

-Hay otros caminos. Podemos escribirle a Robb para que dé la orden o podríamos tratar de convencer a Ser Denys Mallister y después apoyarlo en la votación.

-Tu hermano puede ser el Señor del Norte, pero lo único que conseguirá si fuerza a la Guardia así será el enojo de sus vasallos, y eso nunca es bueno en medio de una guerra. -replicó el herrero, pacientemente. -En cuanto a Ser Denys… Jon, he estado en el Muro muchos más años que tú y la verdad es que no creo que quede un solo hombre en él que esté dispuesto a hacer algo así. Solo el Viejo Oso y tu tío Benjen hubieran sido capaces, y ellos ya no están.

La tristeza se apoderó de Arya al escuchar el nombre de su tío, pero inmediatamente se concentró en ahuyentarla.

"Solo está desaparecido, no está muerto. No está muerto." se dijo a sí misma.

-Jon… él tiene razón. -anunció, mirando fijamente a su hermano mientras lo decía. Sus ojos grises reflejaron sorpresa al escucharla, pero logró mantenerse firme.

"Aunque no se lo hayamos dicho, debe de haberlo sospechado". Las palabras del herrero solo estaban acelerando los planes, pero ella y Bran ya habían decidido que tener a Jon como Lord Comandante era la única forma de asegurarse de que la Guardia aceptara una paz con los salvajes. Solo estaban esperando el momento preciso para contárselo a su hermano… y todo indicaba que ese momento había llegado.

Pero todavía faltaba lo más difícil, convencerlo.

-*-*-*-*.

A Arya le gustaba el frío, pero hasta ella tenía que admitir que el viento que solía azotar la cima del Muro lo era en exceso. Se compadecía de los hombres de la Guardia a los que les tocaba actuar como vigías, porque si el frío era así al medio día, no quería ni imaginarse como era en medio de la noche.

"O en medio del invierno" pensó con un escalofrío.

Pero la vista era casi hacía que valiera la pena. Era un día despejado que les permitía observar las tierras más-allá-del-Muro en todo su esplendor. El verde y blanco bosque que parecía extenderse hasta el infinito, los lagos de aguas cristalinas que parecían reflejar el color del cielo, y los pequeños montes y elevaciones que sobresalían por aquí y por allá… era una vista realmente hermosa.

Pero no ocurría lo mismo al observar la zona más cercana al Muro. Los salvajes habían cesado sus ataques tras el parlamento, pero la destrucción presente en el terreno tras casi un mes de batalla era una que no iba a desaparecer tan rápidamente. Lo único rescatable era que casi no quedaban cuerpos, ya que tanto los salvajes como los defensores habían aprovechado el momentáneo cese de hostilidades para recuperar y disponer de los restos de sus compañeros.

En ese mismo instante ardían varias hogueras, pero todas estaban del otro lado del Muro. Había sido un mes sangriento para ambos bandos, pero no había dudas de cuál era el que había perdido.

-Quieres ayudarlos, ¿no? -murmuró sin mirarlo. Jon se mantuvo en silencio, pero asintió. -Pues solo hay un camino.

-No es tan sencillo hermanita.

-No, no lo es… pero lo lograrás, estoy segura.

-¿Y si no quiero lograrlo? -preguntó Jon, tomándole por sorpresa. -No me malentiendas, daría mi mano de la espada si eso significa salvar al Pueblo Libre… pero hay otra cosa que me preocupa.

-¿Cuál? -preguntó suavemente, aunque ya sospechaba que era.

-Robb -respondió el bastardo, confirmándoselo. Arya no dijo nada, prefiriendo abrazarle. Su hermano le devolvió el abrazo antes de continuar. -Él me quiere a su lado e incluso buscó un camino para lograrlo… y si me convierto en Lord Comandante no podré hacerlo.

Arya se mordió el labio, triste. Una parte de su mente le insistió por enésima vez que se había equivocado al haberle contado a Jon sobre las intenciones de su pelirrojo hermano, ya que lo había ilusionado por algo que no era seguro, pero rápidamente volvió a convencerse de que no había posibilidad alguna de que le hubiera ocultado esa información. Quizás ahora se enfrentaban a un problema por ello, pero era mejor que haberle mentido a su medio hermano.

-Robb lo entenderá Jon.

-Quizás, pero ¿y si en el futuro necesita de mi espada? ¿Si en realidad estoy destinado a salvarle la vida en el sur y no puedo hacerlo por estar aquí en el Muro? No lo sé hermanita, cuando me uní a la Guardia obviamente lo hice pensando en que sería algo de por vida, pero después de todo lo que ha pasado ya no estoy tan seguro. Si los dioses me dieron esta posibilidad es por algo, no puede ser una mera casualidad.

-No sabía que fueras tan creyente. -murmuró, para evitar que la conversación muriera mientras pensaba. Por supuesto que todo lo que había pasado desde que encontraron a los cachorros de huargo no era una mera casualidad, pero su hermano estaba malinterpretando las cosas.

-Es difícil no serlo después de haber visto a los muertos caminando. -replicó el bastardo, con una media sonrisa al darse cuenta de que había hecho suyas las palabras de Val.

-Es cierto, pero aun así estás confundiendo las cosas. No fueron los dioses los que te abrieron el camino para salir de la Guarida, fue Robb.

- ¿Y qué te dice que no fueron los dioses los que convencieron a Robb de que lo hiciera?

-Estoy completamente segura de que no fue así.

-¿Por qué?

-Porque Robb no trató de liberarte para cumplir el designio de algún dios, lo hizo por mí.

Las palabras le salieron tranquilas porque eran sinceras. Sí, era cierto que Robb extrañaba a Jon al punto de que hubiera exiliado al Muro a un centenar de hombres si eso significaba tener de vuelta a su medio hermano, pero su honor le impidió hacerlo. Y lo único que pudo traspasar ese honor fue el sufrimiento de la propia Arya, o eso le había explicado Robett Glover al llegar a Invernalia tras su fallida misión.

Jon la observó dubitativo antes de hablar, casi como si tuviera miedo de lo que le iba a responder.

Pero al final lo hizo.

-¿Y ya no quieres que vuelva al sur?

Le miró por largo rato antes de responder, ojos grises enfrentándose a sus copias perfectas. Esta vez sí le fue difícil articular las palabras, cada una costándole un verdadero infierno.

-Lo quiero… pero no se puede. -bajó la mirada, aunque su voz siguió sonando solemne. -Todos tenemos un deber que cumplir, y este es el tuyo.

Jon no respondió nada, lo que le hizo sufrir aún más. Quizás se hubieran quedado en silencio para siempre si es que no hubiera comenzado a sonar un cuerno, anunciado la llegada de visitantes al Castillo Negro.

Y no la llegada de cualquiera, sino que la de un ejército y el Bolton que lo lideraba.

No intercambiaron una sola palabra mientras bajaban a la superficie. Él parecía herido y ella no quería herirlo aún más. Aún así caminaron juntos hacia el patio del castillo, donde los oficiales de la Guardia y Bran estaban recibiendo a los recién llegados. Domeric destacaba tanto por su altura como por la espada roja que le colgaba de la espalda, del mismo color de la sangre.

-Jon. -saludó el Bolton al notar a su hermano, su boca curvándose en una casi imperceptible sonrisa. -Ha pasado tiempo.

-Así parece. -respondió el bastardo sin sonreír, lo que hizo desaparecer a la del otro norteño.

-Es un gusto volver a verte, espero que podamos conversar pronto sobre lo que ha pasado desde que nos separamos… pero supongo que ya habrá tiempo para eso. -apartó su mirada del Nieve para enfocarla a ella. -Arya, te vez mejor que cuando te dejé en Último Hogar. Parece que la compañía aquí es mejor, aun cuando Rickon se veía bastante feliz junto a los Umber.

-No lo dudo Dom, no lo dudo. -respondió, sonriendo por un instante pese a lo triste que se sentía. -¿No han tenido problemas con Peludo? La verdad es que no he querido preguntar…

-Al menos cuando pasé por allí, no. Último Hogar no es Invernalia, pero su Bosque de Dioses sigue siendo bastante grande, incluso para un huargo. -respondió el Bolton, en un tono neutro. -¿Dónde está Nymeria a todo esto? Si soy sincero, me sorprende bastante que no esté a tu lado.

-Cazando junto a Verano en alguna parte del Agasajo, no sabría decir cuál.

"Aunque a veces la puedo ver en sueños"

-Ah, ya veo, ¿y Fantasma?

-Él está… -comenzó, insegura.

-En alguna parte al norte del Muro. -el tono de voz de Jon dejaba claro que no estaba con muchas ganas de hablar.

-Espero que vuelva pronto entonces. -Domeric miró al bastardo con una expresión extraña antes de fijarse de nuevo en Arya. -Entonces mi señora, ¿qué hay que hacer?

La Stark se mordió el labio y miró a Bran, quién solo asintió. Fue suficiente.

-¿Cuántos vienen contigo?

-¿Hombres? Casi dos mil. -el Bolton casi sonrío nuevamente. -¿Otros? Más de quinientos.

Hizo el cálculo mental en pocos segundos, los números calzaban.

-¿Todos van a obedecer? -preguntó, para confirmarlo.

-Si, ya me… encargué de los que no iban a hacerlo.

-Entonces son suficientes.

-*-*-*-*.

-¡Esto es un ultraje! -gritó Janos Slynt, rojo de rabia. Ser Alliser y el resto de sus seguidores no se veían mucho más felices.

-Cuida tu tono Slynt, que seas un hombre de la Guardia no te da derecho a gritarle a un Stark de Invernalia. -murmuró Domeric amenazantemente. Sin embargo, recobró la compostura antes de continuar. -Además, no entiendo que es lo que te molesta, con esto estamos solucionando el problema de hombres que tenía la Guardia.

-¡Con la peor basura de los Siete Reinos! -replicó Ser Alliser.

-Mejor un kraken que un amante de dragones, Thorne. -respondió el tosco Cotter Pyke, con el ceño fruncido.

-Son guerreros, tan buenos si es que no mejores que los que la Guardia ya posee. Los necesitarán. -anunció Bran.

-Como un Mallister de Varamar me siento insultado mi señor de Stark. Me niego a aceptar que digáis que la calaña de hierro está a mí mismo nivel. -anunció el anciano Ser Denys, enojado.

"Por todos los dioses, parecen niños pequeños" pensó Arya, observando cansada como las declaraciones del ribereño eran respondidas con insultos por Cotter Pyke, lo que envalentonó aún más la discusión entre el resto de los hombres de la Guardia.

El haber llegado a la conclusión de que Jon debía ser elegido como el nuevo Lord Comandante causaba el problema de tener que averiguar cómo conseguir tal cosa, ya que aunque su hermano fuera medio Stark seguía siendo alguien demasiado joven e inexperto como para que el resto de la hermandad le eligiera como su líder. Los oficiales y los comandantes de las otras guarniciones le ganarían sin ningún problema y cualquier tipo de presión que su familia pudiera ejercer solo conllevaría a que se unieran aún más en contra de Jon.

Fue por eso que tuvieron que llegar a otra solución, una mucho más directa.

En realidad, fue el propio Maestre Aemon quién les sugirió la solución. Domeric había enviado una carta desde el sur preguntándoles que hacer con los prisioneros que había capturado en Bosquespeso, el último grupo grande de hombres de hierro que quedaba en el Norte tras la caída de Foso Cailin. Al principio habían pensado en mandarlos a Fuerte Terror, junto al resto de los krakens capturados tanto en la fortaleza del Cuello como en los alrededores de Invernalia, pero el anciano Targaryen había sugerido otro camino, uno no muy honorable según sus propias palabras, pero que era acorde a los tiempos que vivían.

Y ninguno de los Stark había podido negar la sabiduría de tales planes.

Fue así como a los hombres de hierro se les dio la opción de cambiar su cautiverio en los calabozos norteños por unirse a la Guardia de la Noche, con la condición de que lo hicieran para votar en la elección de Lord Comandante por quién los Stark determinaran. Al principio obviamente ninguno aceptó, pero fue entonces cuando se les explicó la segunda parte del plan.

Si es que había suficientes voluntarios, los Stark liberarían a Asha Greyjoy.

Al principio eso jamás se les habría siquiera pasado por la cabeza, pero tras la muerte de Balon Greyjoy su hija perdió todo su valor como prisionera, ya que había pasado de ser la heredera del rey a una mera piedra en el camino de las aspiraciones reales de sus tíos. Si la liberaban en cambio, se podía volver un verdadero problema para ellos, así que en teoría todos ganaban…

Pero esa era la teoría, y podían pasar muchas cosas en el camino. El primer problema era la posibilidad de que la Greyjoy no fuera tan querida por sus hombres como creían, pero viendo el número de hombres que Domeric había traído consigo al parecer no era así. El segundo problema era que esos krakens realmente votaran por Jon, y eso es algo que debían ver ahora.

-Hermanos, hermanos. -dijo el maestre Aemon, apenas levantando la voz. Aun así, el anciano seguía siendo tan respetado que el resto de los hombres pronto comenzó a hacerse callar los unos a los otros para hacer silencio. Cuando finalmente lo hubo, el Targaryen continuó.

-Nadie puede decir que lo que sucede con estos nuevos reclutas es algo normal, pero tampoco nadie puede decir que estamos viviendo en tiempos normales. Nuestro número ha ido bajando permanentemente desde que el Conquistador transformó a los Siete Reinos en uno solo, pero fue recién en nuestros tiempos que ese número se convirtió en uno tan bajo que nos hemos visto imposibilitados de cumplir nuestro deber. -el anciano hizo una pausa antes de continuar, en la que pareció observar a los presentes con sus ojos ciegos. -¿Hay alguien que quiera recordarnos cuál es ese deber?

-¡Defender los reinos de los hombres! -gritó uno de los amigos de Jon, el que si no recordaba mal se llamaba Grenn. Su exclamación fue aplaudida por varios de los presentes.

-Si Uro, defender los reinos… ¡pero de los salvajes! -replicó el imbécil de Ser Alliser, quién fue apoyado por Slynt y varios más.

-Ambos tienen razón, nuestro deber es defender a los reinos, tanto de los salvajes… como del resto de los enemigos que se encuentran más allá del Muro. -continuó el maestre apenas los hombres dejaron de gritarse. -Pero no quiero discutir sobre eso, hermanos, lo que quiero es que recordéis una cosa. ¿Qué pasó con la Guardia cuando Mance Rayder nos atacó?

-N-no tuvimos los números para enfrentarlo. -dijo Sam, apenas levantando la vista.

-Así es Sam, no tuvimos los números, y si los Stark no nos hubieran ayudado lo más seguro es que el Muro habría caído y nuestras cabezas estarían clavadas sobre picas. -ninguno de los hermanos lo negó, lo que a Arya le pareció una buena señal. El Targaryen suspiró antes de seguir. -Soy un anciano y mi cuerpo ya está marchito, pero eso no significa que me haya convertido en un idiota… y creedme hermanos, seríamos unos verdaderos idiotas si es que nos negamos a aceptar a estos hombres. Los necesitamos, lo quieran o no.

El discurso del maestre fue recibido con silencio, ya que ni siquiera Alliser Thorne pudo negar la verdad de sus palabras. Tras ello la discusión sobre si aceptar o no a los krakens quedó zanjada. Ese mismo día todos prestaron juramento, lo que permitía que votaran en las votaciones. Obviamente, Denys Mallister era el menos entusiasmado con el desarrollo de los hechos y Cotter Pyke era el caso contrario, pero ninguno de los dos sospechaba lo que iba a suceder al día siguiente.

La costumbre decía que aunque cualquiera podía votar por cualquiera, era conveniente que cada candidato que realmente quisiera convertirse en Lord Comandante debía anunciarlo al resto de sus hermanos, y fue en eso en lo que gastaron la mayor parte de la mañana. Tal como esperaban, se presentaron Cotter Pyke, Ser Denys, Bowen Marsh y Janos Slynt, los cuatro que se veían más fuertes. Cada uno dio un pequeño discurso, diciendo porque debían elegirlos a ellos y no al resto.

Cotter Pyke anunció que llevaría la guerra al territorio de los salvajes, mientras que Ser Denys ofreció volver a la estrategia que el Viejo Oso había mantenido antes de la Gran Expedición. Bowen Marsh fue el más conservador, prometiendo sellar los túneles del Muro para no tener que preocuparse más de lo que había más allá de él. Slynt en cambio, fue por lejos el más imbécil de todos.

-¡Hermanos, hermanos! ¡Escuchadme hermanos! -gritaba, parando solo para respirar de vez en cuando. -¡Nuestro trabajo ya está casi completo, solo nos falta el último esfuerzo!

-¿Y cuál es esa misión? -preguntó un hombre viejo que la Stark no conocía.

-¡El de acabar con los salvajes de una vez por todas! -las palabras del sureño fueron recibidas con vítores por una parte no menor de la Guardia, aunque seguía siendo la minoría. Slynt se calmó un poco antes de continuar.

-Como alguien que se ha dedicado toda su vida a las armas, no sé mucho de libros o historia, pero estoy seguro que quienes sí lo son pueden confirmar mis palabras: No importa cuántas veces los salvajes sean derrotados, siempre vuelven una y otra vez, sea en diez o en cien años. -sonrío cruelmente- Pero ahora las cosas han cambiado.

-¡Por supuesto que han cambiado! ¡Los Otros han vuelto! -gritó Grenn, lo que fue apoyado por algunos de sus hermanos, pero menos de los que habían gritado por Slynt. El sureño replicó a sus palabras en un tono fríamente calculado.

-Eso dices tú y los otros sobrevivientes, pero permíteme dudar de la palabra de los mismos hombres que se amotinaron contra Lord Mormont. No sé cómo son las cosas acá… pero en el sur todavía sabemos que no hay que confiar en los traidores.

Jon y dos hombres alcanzaron a aferrar a Grenn antes de que se lanzara sobre el antiguo capa dorada, pero el daño ya estaba hecho. Los ánimos dentro del salón nuevamente estallaron, con cada hombre de la Guardia discutiendo a gritos con el hermano que tenía a su lado. Todo mientras Alliser Thorne sonreía, sabiendo que el caos solo ayudaría a su objetivo.

Pero fue entonces cuando Jon habló.

-¿Es esto en lo que nos hemos convertido? -preguntó, con la misma cara de señor que Lord Eddard ocupaba cuando se dirigía a sus vasallos. El parecido hacía que Arya se estremeciera. - ¿De verdad hemos caído tan bajo?

-Hemos caído bajo, si… pero tú también tienes una gran responsabilidad en ello, cambiacapas. Las cosas habrían sido muy distintas si Mediamano te hubiera matado cuando tuvo la oportunidad. -dijo Ser Alliser, levantándose para enfrentar a Jon.

-Si, lo hubieran sido. Si Mediamano me hubiera matado no me podría haber infiltrado en el campamento de Mance Rayder y más tarde nadie habría avisado de los Thenn que habían traspasado el Muro para atacarnos desde el sur. ¿Hubieras preferido eso Thorne? ¿Hubieras preferido ver a todo el Castillo Negro muerto si eso significaba verme muerto a mí? -lo desafió su hermano, frio como el invierno. Todo el salón quedó en silencio, salvo por el caballero sureño.

-No Nieve, pero eso no quita que eres un cambiacapas.

-No lo soy Thorne, nunca lo fui. -replicó Jon, inflexible. Suspiró antes de seguir. -Pero eso no significa que sea tan ciego como tú o Slynt.

-¿Y qué es lo que propones? No, mejor no me lo digas, ya sé que es. -la expresión de Alliser se volvió una de aún más enojo. -Quieres que nos pongamos de rodillas y besemos el culo de tu amigo Mance, ¿no es cierto? ¡Quieres que aceptemos el pacto!

Su acusación provocó que el caos estallara nuevamente, y esta vez no se detuvo hasta que algunos soldados norteños comenzaron a golpear sus lanzas contra el suelo hasta enmudecer los gritos. Jon permaneció inmóvil en todo momento, como si fuera una estatua.

"O una de las efigies de los Reyes del Invierno bajo Invernalia"

-Por primera vez en mucho tiempo tienes razón Thorne, porque no lo voy a negar, si quiero aceptar el pacto de Mance. -el sureño estuvo a punto de gritar triunfante cuando su hermano habló nuevamente. -Pero no lo hago para besar el culo de nadie, me confundes con Slynt si me crees capaz de algo así. No, el que quiera aceptar el pacto de Mance es por una razón importante, la más importante de todas.

-¿Cuál? -preguntó Denys Mallister desde un extremo.

-La misma razón por la que la Guardia existe, para proteger los reinos de los hombres.

-Ah, ya entiendo. Quieres que le creamos a Uro, Ser Cerdi y al resto de los amotinados y su fantástica historia sobre como los Otros han vuelto. -escupió Thorne.

-¿Y cómo puedes dudarlo? ¡El mismo Viejo Oso te envió al sur con la mano de un espectro! -grito Grenn.

-Tú mismo lo dijiste Uro, con la mano de un espectro, no con la de un Otro. -aún cuando intentaba aparentarlo, Ser Alliser ya no sonaba tan seguro. -Están pasando cosas extrañas, es cierto, pero hay mucha distancia entre eso y decir que los Otros han vuelto.

-Todas las leyendas coinciden en que los espectros son sirvientes de los Otros, Ser Alliser, y es difícil creer que los siervos han vuelto sin que pase lo mismo con sus amos. -anunció el maestre Aemon, solemne.

-Usted mismo lo dijo maestre, mitos y leyendas, nada más. Cuando aún era un caballero en Desembarco conocí a un sacerdote del Dios Rojo y hasta el día de hoy puedo recordar las historias que le contaba a Aerys. ¡Y adivinen hermanos! ¡Los essosi creen que el Dios Rojo también pueden levantar a los muertos!

-¿A qué quieres llegar Thorne? -preguntó el anciano Ser Denys, cansado.

-A que si ellos pueden, otros también. -miró a Jon con una expresión amenazante. -Incluyendo a los salvajes.

La acusación no provocó gritos en esta ocasión, ni siquiera cuchicheos. Produjo silencio, y Arya no podía evitar pensar que eso era peor que los gritos.

Todo mientras Jon y Thorne se miraban sin parpadear.

-Si de verdad piensas eso, entonces no solo eres alguien, simplemente estás loco. -la expresión de su hermano se endureció aún más. -Y no hay nada que pueda hacer para cambiarlo.

-No Nieve, no la hay. -el caballero apartó la mirada para dirigirse al resto de la Guardia. -No hablaré más hermanos, porque soy un hombre de actos y no de palabras. Solo les pido una cosa, antes de votar, recuerden que hará la persona por la quién piensan hacerlo. Si entregarnos en bandeja de plata a nuestros enemigos… -miró a Jon con desprecio, y luego levantó su espada para apuntar a Slynt- …o pelear.

Esta vez nadie quedó indiferente a sus palabras. Slynt y un grupo no menor comenzó a aplaudir y gritar apoyándole, mientras el resto de los hermanos negros al menos comenzaba a cuchichear. Incluso el maestre Aemon reaccionó, aunque en su caso se limitó a acercarse a Jon para susurrarle al oído. Su hermano escuchó al anciano impasible, pero cuando terminó asintió. Arya supo que había llegado el momento.

-Llegó el momento, deberíamos decírselo. -murmuró a Bran.

-Ya lo sabe. -respondió su hermano, seguro.

Y obviamente tenía razón, porque en ese instante Jon empezó a hablar.

-El tiempo es un lujo que no tenemos, así que trataré de ser breve. -comenzó, algo incómodo. Dicha incomodidad se extendió por un par de segundos hasta que finalmente logró levantar la vista, totalmente decidido. -La verdad es que no quería postularme hermanos, pero veo que no hay otra opción. Pero bueno, si me eligen como su Comandante, no les prometeré ni victorias ni gloria, pero si les prometeré algo mucho más importante.

-¿Qué? -preguntó Cotter Pyke, extrañamente serio.

-Esperanza. -dejó que la palabra se asentará en las cabezas de sus oyentes antes de seguir. -El invierno se acerca hermanos míos, y la muerte camina a su lado… porque los Otros han vuelto. Sé que hay algunos que todavía no lo creen o que no quieren creerlo, pero es la realidad. Muchos hemos visto a sus sirvientes con nuestros propios ojos… y algunos incluso han visto a los amos.

-Historias de traidores y cobardes. -escupió Thorne.

-Historias de hombres de la Guardia, hermanos tuyos en todo menos sangre. -replicó Jon, impasible. -Pero si no quieres creerles, hay otra solución. Decidme Ser Alliser, ¿qué verás si subes al Muro y miras al norte?

-A tus amigos salvajes, o por lo menos los que quedan.

-Exacto, verás a casi todos los salvajes que quedan reunidos en un solo lugar. ¿De verdad no te parece algo extraño?

-No soy un salvaje Nieve, ¿Cómo podría saberlo?

-Yo tampoco soy un salvaje, pero si puedo confirmar que es algo extraño. -anunció el maestre Aemon, interviniendo nuevamente. Thorne y Slynt lo miraron con furia, pero el resto de la Guardia comenzó a prestarle atención inmediatamente. -Como bien sabéis, muchos reyes salvajes han intentado traspasar el Muro a lo largo de su historia. Algunos lo lograron, pero la gran mayoría no e incluso esos que lograron traspasarlo no demoraron en ser derrotados.

-Habláis de Barbarroja. -murmuró Ser Denys.

-Y de Gendel antes de él, e incluso Bael el Bardo si es que las leyendas son ciertas. La Guardia ha fallado en su deber más veces de las creemos, y si no fuera por los ejércitos de los Stark hace mucho que los salvajes ya habrían llegado al sur. -la declaración del maestre dejó incomodos a los hombres de la Guardia, sin embargo, no se detuvo ahí. -Pero bueno, a lo que quiero llegar es que Jon Nieve tiene razón cuando dice que lo del ejército de Mance Rayder es extraño.

-¿Por qué?- preguntó Cotter Pyke.

-Porque los hemos derrotado y siguen aquí. -respondió Jon, secamente. -Los reyes salvajes ganan su título peleando y lo pierden de la misma manera. Es por eso que todos los reyes que han sido derrotados por la Guardia han dejado de serlo y han sido abandonados por sus hombres, terminando sus invasiones. Todos… excepto uno.

-Rayder. -dijo el Mallister, a lo que Jon asintió.

-Y solo hay una razón por la que los salvajes no han vuelto a sus tierras aún después de haberlos derrotado. No lo hacen… porque morirían. No lo hacen, porque ya no queda vida en las tierras que habitaban antes, solo queda muerte… y esa muerte avanza hacia el sur mientras hablamos.

-¡Pues que mueran! -gritó Janos Slynt.

-¿En serio Slynt? ¿Quieres que todos mueran? -la expresión de Jon se ensombreció como Arya pocas veces había visto. -En parte entiendo que digas tamaña imbecilidad, ya que todavía eras un siervo de los Lannister cuando entramos a esos dos espectros. Eran solo dos y aun así mataron a seis de nuestros hermanos antes de que pudiéramos detenerlos. Imagina entonces que harían mil, o diez mil, o cien mil. Esa es la cantidad de gente que acompaña a Mance Rayder, los mismos a los que dices que quieres ver muertos.

El sureño enrojeció, pero no dijo nada. Thorne en cambio iba a decir algo, pero afortunadamente su hermano se le adelantó.

-Si quieren evitar eso, elíjanme como su Lord Comandante. Háganlo si quieren proteger no solo a los reinos de los hombres, si no que a la vida en sí. No va a ser un camino fácil, pero créanme… es el único que nos queda si queremos sobrevivir.

Y sin decir nada más, Jon terminó de hablar y salió de la habitación. Arya pensó en salir tras él, pero Bran se lo negó con un gesto.

-Necesita estar solo. -explicó su hermano, aunque esta vez ella no le creía tanto.

El resto pasó más rápido de lo que esperaba. El maestre y los mayordomos repartieron las fichas y los hermanos negros comenzaron a votar. La gran mayoría de los krakens cumplieron con su palabra y votaron por Jon, pero algunos se rebelaron y lo hicieron por Cotter Pyke, lo que la mantuvo preocupada… hasta que Ser Denys Mallister decidió que su voto y el de todos los hombres de la Torre Sombría fueran para Jon.

-Fue difícil. -les explicó más tarde, con muchísima dignidad. -Pero aunque fuera tan joven, seguía teniendo razón. Solo espero que siga así.

Casi todos los amigos de Jon votaron por él, pero aun así la guarnición del Castillo Negro votó dividida entre él, Slynt y los otros candidatos. Fue por eso y porque el ganador necesitaba dos tercios de todos los votos para ganar, que no se supo hasta el final si iba o no a ser necesaria una segunda votación. Al final no lo fue, pero por un margen pequeñísimo. Tan pequeño, que Jon solo ganó cuando Donal Noye llegó apoyado en una muleta y en un hombro de Gendry a votar.

-Hiciste bien. -le murmuró el manco después, a lo que ella no supo que responder. Pero bueno, lo que importaba es que con esos dos votos aseguraron la victoria.

Jon volvió justo antes de que el conteo terminara, un poco más tranquilo que antes. Cuando lo proclamaron Lord Comandante incluso sonrío, pero Arya no pudo confirmar que su actitud había realmente cambiado hasta que se acercó a abrazarla a ella y a Bran.

-Siempre serán mis hermanos, pase lo que pase. -les anunció, sin sonar herido por primera vez en varios días.

Ella no respondió, simplemente disfrutando el abrazo. Lo más probable es que ahora vería a Jon incluso menos, ya que las obligaciones de Lord Comandante consumirían su tiempo. Además, pronto tendrían que volver al sur, por lo menos hasta Último Hogar. Rickon también la necesitaba después de todo.

Pero bueno, le consolaba el pensar que todos los sacrificios eran por un bien mayor. Si se era realmente sincera, todavía no sabía que pensar sobre los Otros, pero de que algo extraño estaba pasando en el Norte, si lo estaba. Solo el tiempo respondería que pasaría al final.

Además, quizás todavía quedaba la posibilidad de que cuando todo terminara la Guardia podría desbandarse y Jon podría volver a Invernalia. Una muchacha podía soñar, supuso.

-*-*-*-*.

Se despertó sabiendo lo que iba a pasar.

Había pasado una semana desde la elección de Jon como Lord Comandante y los últimos días habían sido una verdadera locura. Arya había estado presente cuando su hermano le contó a los líderes salvajes lo que había pasado y se hubiera reído al ver sus expresiones si no hubiera sido un momento tan importante para todos.

Desde entonces ambos bandos habían pactado y a los salvajes se les había permitido traspasar el Muro para que habitaran en el Agasajo, con la condición de que sus guerreros se quedaran junto a la Guardia y los soldados norteños para pelear contra los Caminantes Blancos. El problema estaba en que era más sencillo decirlo que realmente lograrlo, ya que aun cuando los clanes que estaban junto a Mance se habían comprometido a ello, no ocurría lo mismo con los que ya se habían separado de él, incluyendo a grupos bastante numerosos que estaban acampando frente a la Torre Sombría y un lugar llamado Casa Austera.

Se habían enviado jinetes y mensajeros hacia esos grupos, pero no era seguro que lograrían convencerlos… o siquiera llegar a ellos. Val y otros exploradores habían comentado que el Bosque Encantado estaba silencioso, demasiado silencioso, y eso no eran buenas noticias.

Pero bueno, los días habían pasado y los salvajes del grupo de Mance ya estaban terminando de traspasar el Muro. Los gigantes y los clanes que se dedicaban a la pesca habían viajado a Guardiaoriente, lo que les había permitido que el proceso fuera más rápido, pero aun así el ejército salvaje era tan grande que aún tras siete días todavía quedaban unos cuantos al otro lado.

Si todo salía debían terminar hoy, pero su instinto le decía que algo más iba a pasar. Bueno, su instinto… y el sueño.

Todavía faltaba para el amanecer, pero no le importó. Se levantó, se vistió y bajó por las escaleras de la torre. Bran debía estar en el nivel inferior al suyo, pero tal como sospechaba, no estaba allí.

"Llegó el momento"

Al salir de la torre caminó hacia la entrada que el Castillo Negro tenía desde el sur, un portón de madera que servía más como puerta que como verdadera defensa. Normalmente debería estar cerrado, pero en esta ocasión estaba abierto… y tres personas que conocía estaban de pie en él mirando hacia el sur.

-También lo soñaste, ¿no? -preguntó Bran, sin mirarla.

-Sí. -respondió, algo incómoda. Miró a los Reed, que tampoco parecían muy sorprendidos de verla. Jojen de hecho fue casi totalmente indiferente, aunque Meera sonrío al saludarla.

No dijeron nada más hasta que aquello que los había convocado ocurrió. Pudieron ver como dos figuras se acercaban desde los bosques hacia el castillo. En esencia eran lobos, pero tenían el tamaño del mayor corcel de guerra. Tal visión hubiera espantado a casi cualquier hombre… pero ellos no eran como el resto.

Nymeria le intentó lamer la cara mientras la muchacha le abrazaba, pero Arya estaba ocupaba observando a Verano y a Bran. El lobo y el muchacho se miraron a los ojos, pero en ningún momento se acercaron tanto como ella con su loba. No significaba que no le quisiera, de ninguna manera, pero era casi como si su hermano estuviera comunicándose sin palabras con el lobo… y que este le estaba entendiendo.

"El Lobo Alado"

-¿Qué va a pasar Bran? -preguntó, con algo de ansiedad. Miró a los Reed. -¿Qué vas a hacer junto a Jojen y Meera?

Fue Jojen el que respondió, adelantándose a su hermano.

-El momento ha llegado Arya, el Lobo Alado debe encontrarse con el Cuervo de Tres Ojos. -anunció el Reed, observándola con esos extraños ojos verdes.

No demoró en encontrar el significado tras sus palabras, ya que si era sincera ya se lo esperaba. Eso no significó que le doliera menos.

-Nos vas a dejar, ¿no es cierto? -murmuró, sintiendo una repentina presión en el pecho.

Bran asintió lentamente, y al observarlo pudo darse cuenta de que luchaba por contener las lágrimas. "Todavía es casi un niño" pensó, mientras avanzaba para abrazar a su hermano pequeño. El abrazo fue aún más triste que los que les había dado a Edric y a Robb tantos meses atrás, ya que no pudo evitar sentir que este era aún más definitivo.

-¿Volverás? -se atrevió a preguntar.

-No lo sé. -admitió Bran, melancólico como pocas veces antes.

-Inténtalo, no me importa que tan importante seas, sigues siendo mi hermano pequeño. -replicó la Stark, tratando de sonar segura.

-Lo haré -prometió.

Parecía que los Reed y su hermano habían preparado con tiempo su partida, porque los pocos soldados que seguían despiertos a esa hora hacían como que no los veían mientras caminaron hacia el túnel que traspasaba el Muro. Cuando llegaron a este lo encontraron abierto, con un hermano negro esperándolos junto a algunas monturas.

-¿Sam? -murmuró sorprendida. El obeso amigo de Jon asintió, nervioso.

-Lady Arya. -saludó- Bran mencionó que era probable que vinieras.

-¿Irás con ellos? -preguntó extrañada, a lo que el Tarly negó con la cabeza.

-No, solo me pidieron que los ayudara a abrir el túnel. Yo me iré al sur con Elí, es otro… hermano quién los acompañara.

-¿Quién?

-Ya lo verás. -anunció Jojen, mirándola por un instante antes de girarse a Sam. -Hiciste bien Sam, ¿serías tan amable de evitar que alguien nos siga? Arya y Nymeria volverán en un rato.

-No hay problema, solo apúrense. -dijo el sureño, mirando nervioso a sus espaldas.

Se despidieron del hermano negro y caminaron por el túnel, que tras el pacto con los salvajes había dejado de ser un lugar de horror. Pronto llegaron al final de este, recibiendo a la luna y las estrellas como si fueran viejas amigas. El Bosque Encantado se extendía a lo lejos, y si se esforzaban podían notar las últimas tiendas de los salvajes a la sombra del Muro al Este de donde estaban. Pero no fue hacia allí donde Jojen los dirigió, por el contrario, los hizo mirar al Oeste.

-No hay nadie. -murmuró Meera, expresando la propia duda de Arya.

-Vendrá, estoy seguro. -respondió su hermano, solemne.

Nuevamente, no tuvieron que esperar mucho para que las palabras del lacustre se hicieran realidad. Fueron los lobos quienes primero se dieron cuenta, ambos levantando las orejas simultáneamente mientras miraban hacia el linde del bosque. Pronto aparecieron dos figuras, tanto o más grandes que los propios huargos. Conforme avanzaban la muchacha pudo observarlo con más detalles, notando que uno era un jinete a lomos de un… ¿alce? Y que el otro era un huargo… pero no cualquier huargo.

Estaba a punto de mencionarlo cuando escucharon un grito a sus espaldas.

-¡Bran!- gritó Jon, saliendo del túnel. Su hermano bastardo los vio y comenzó a correr en su dirección, mientras un infructuoso Sam Tarly trataba de alcanzarle.

-Jon… -murmuró Bran, suspirando antes de dar media vuelta para enfrentarse a su hermano. El nuevo Lord Comandante no demoró en recorrer la distancia que separaba a ambos.

-¿Qué crees que estás haciendo Bran? -preguntó Jon, sonando enojado y asustado.

-Lo mismo que tú Jon, mi deber. -explicó el Stark.

-¿De qué estás hablando? ¡Tú deber es en Invernalia, junto a Arya y Rickon!

-No Jon, mi deber es en otro lugar. Tú mismo lo dijiste, la muerte se acerca y todos debemos usar nuestros talentos si queremos derrotarla. -el pelirrojo sonrío tristemente. -Aunque cuando eso signifique un sacrificio.

-No lo permitiré.

-Jon... -trató de intervenir Arya.

-No Arya, no me importa lo que digas. No lo permitiré… - se sorprendió al notar que Jon parecía al borde de las lágrimas. -Ustedes no saben lo que les espera allá. Ustedes no han visto de lo que ellos son capaces.

-Lo protegeremos. -repuso Meera, aferrando su tridente.

-Masacraron un campamento fortificado con trescientos hombres de la Guardia, Meera. No pueden ser detenidos, no con armas al menos. -replicó Jon.

-No los detendremos con armas, hermano. Al menos no todavía. -anunció una voz extraña, Arya dio media vuelta y el vello se le erizó al ver a su dueño.

Estaba vestido completamente de negro, como si fuera uno de los hombres de la Guardia, pero hasta ahí llegaba la comparación. Era grande, incluso más que el Gran Jon o Tormund, ocupaba como montura al alce más grande que Arya había visto jamás, y una bufanda le cubría el rostro, tapándoselo completamente salvo por sus ojos. Eran tan negros como la noche más oscura. Jon lanzó una maldición y desenvainó su espada.

-¡Eres un espectro!

-Soy un hombre de la Guardia cuyos votos no terminaron con la muerte. -replicó la figura, en el mismo tono. Levantó sus manos antes de seguir. -Soy un amigo.

-¿Eres un hombre verde? -preguntó Bran, confuso.

-Los hombres verdes están en el sur, joven Brandon. Yo soy norteño y el último verdevidente me ha enviado para escoltarte. -respondió el no-muerto.

-No dejaré que te lo lleves. -amenazó Jon.

-Paz Jon Nieve, ya te dije que soy un amigo. Mírame a los ojos si no me crees. ¿Son como los de los espectros que has visto?

-No, pero eso no significa nada.

-Lo significa todo. Todos los sirvientes de los Otros tienen la marca azul en sus ojos. ¿De verdad la Guardia ha olvidado tantas cosas?

-El tiempo pasa, pero los árboles recuerdan lo que los hombres olvidan. -anunció Jojen, con la misma seguridad de siempre. Se giró para mirar a Bran antes de seguir. -Él está diciendo la verdad.

-¿Debemos ir con él?

-Si Bran, él es nuestro guía.

-Entonces no perdamos más tiempo -replicó el Stark, asegurándose en su montura. Miró una última vez a Jon, como disculpándose. -Adios Jon.

-Pero Bran…

-No Jon, en esto estás equivocado. Te quiero mucho, pero no puedes impedir que esto suceda.

-Él está muerto Bran, ¿cómo puedes confiar en él?

-Porque lo vi en mis sueños y es un amigo… -su hermano levantó la vista, señalando hacia un costado. -… y bueno, si aun así no me crees, pues mira a Fantasma.

Todos se giraron para mirar en esa dirección, la mayoría notando por primera vez al inmenso huargo blanco, que en ese momento estaba junto a Verano y Nymeria.

-¿Fantasma? -preguntó Jon, confundido. El lobo lo miró, pero no reaccionó.

-Tu huargo es un buen amigo, lo extrañaré en el futuro. -murmuró la figura misteriosa. -Pero bueno, ya me ha ayudado bastante, es hora de que vuelva a ti.

Y frente a la estupefacción de Jon, la figura llamó al huargo por su nombre y le ordenó que fuera junto a Jon. El lobo obedeció inmediatamente, moviendo la cola al acercarse a su amo. Jon lo recibió con un abrazo, pero la confusión no abandonó su rostro.

-¿Qué significa todo esto?

-Lo entenderás pronto. Solo recuerda mis palabras Jon Nieve, no te separes de tus amigos… los necesitarás a todos cuando la noche caiga. -tras eso, la figura dejó de mirar a Jon para observar a Bran. -No podemos esperar más tiempo.

-Lo sé. -Bran miró a Arya y a Jon una última vez. -Despídanme de Dom, Edric y nuestra familia. Los extrañaré.

-Cuídate Bran, nos volveremos a ver. -respondió Arya.

Sin más palabras, el grupo partió. Pocos minutos más tarde solo eran unos puntos en el horizonte, apenas distinguibles entre los árboles. Pronto desaparecieron totalmente, tal como las estrellas comenzaban a hacerlo frente a la salida del sol.

Solo cuando el primer rayo de sol los golpeó Sam rompió el silencio.

-Jon, deberíamos volver… -comenzó el gordo recluta, inseguro.

-Lo sé -replicó su hermano, todavía sonando triste. La miró a ella antes de seguir, -¿Crees que estarán bien?

"Quiere que le dé seguridad cuando ni yo misma la tengo" pensó, mordiéndose el labio.

-No lo sé Jon, me gustaría decir otra cosa, pero no puedo. -admitió, acariciando a Nymeria. Tras unos segundos de inseguridad, logró encontrar las palabras que necesitaba. -Pero si puedo decirte otra cosa.

-¿Qué?

-Algún día, tarde o temprano, todos nos reencontraremos.


N.A: No, la historia no está abandonada, simplemente la vida este año está siendo más complicada de lo que esperaba. Daré mi mejor esfuerzo, pero no puedo seguir prometiendo fechas, ahora la historia está tanto en mis manos como en las del destino :(

Ya, siendo más práctico y menos metafísico, vamos alrededor de los 2/3 de la historia. Las cosas empezarán a transcurrir más rápido desde ahora, están advertidos. Si alguien tiene alguna duda, que no dude en preguntarla.

El título de este capítulo tiene un doble sentido, por una parte es porque coincide con la temática del mismo... y también porque se demoró tanto como cierto libro que todos esperamos jaja. Agradezco a BlackAmino por ser beta-reader. Sin nada más que decir, nos vemos pronto (espero).