Chicas! Estamos al filo de los reviews mínimos... Habéis alcanzado justo los 30 y por eso subo el capítulo, pero eso no puede ser! :( Espero que haya sido debido a que el capítulo se subió más tarde o a que es domingo... o lo que sea, pero ya sabéis que si hoy sigue en la misma linea, habrá que esperar para descubrir qué pasa! :(

Bueno, dicho eso... vamos a por el cuarto último episodio (supongo que me he inventado esa expresión...) Y hoy tengo una curiosidad, desde dónde leéis cada una? :) Con las estadísticas de Fanfiction me hago una idea general, pero me gusta saber de dónde somos cada una! ^^ Y empiezo yo que, como ya habré dejado alguna vez, soy de Madrid, España :)

Por último... tengo muchas ganas de saber qué os parece lo que se avecina! :P Además en este capítulo se dará respuesta a una duda que habéis planteado algunas veces.. y para la que incluso os propuse que lanzarais hipótesis. ¡Hoy averiguaremos quienes estabais en lo cierto!

Dicho esto, no dejéis de contar todo lo que os parece, espero que os guste y... ¡a leer! :)


18 de enero

Emma ha pasado las últimas 48 horas entrando y saliendo de la comisaría. Fingiendo no estar histérica, pero estándolo. Con los nervios clavados en su estómago, pinchando sus entrañas, retorciéndolas y provocándole ganas de vomitar cada minuto del día.

Pero nadie lo sabe.

Ni Henry ni Regina, ni ninguno de los habitantes del pueblo. Porque está mostrando su mejor cara de póquer. Desde hace 48 horas.

Y la ha mantenido cada vez que Henry y ella han ido a visitar a Regina. Durante todas las sesiones en las que Archie ha estado trabajando con su cliente para preparar el juicio. En cada encuentro con Snow, con quien prácticamente no se dirige la palabra, o con su padre, con quien trata de no hablar tampoco. Incluso ha mantenido la cara de póquer frente a Regina, a solas, por las noches. Han estado hablando bajito, compartiendo esas últimas conversaciones como si fueran confidencias, aunque conversasen sobre las cosas más banales. En esos momentos es cuando más duro se hacía llevar la máscara.

Fingir frente a Regina que no está sucumbiendo al terror de perderla. Tratar de transmitirle calma y apoyo, cuando toda su tranquilidad, su seguridad, se desmorona con cada minuto que pasa.

Sin embargo, lo ha hecho. Lo ha logrado. Se ha mantenido firme, serena y en calma. Al menos por fuera.

Pero ahora, sentada en primera fila, en la sala de juicios, tiembla de pies a cabeza y le cuesta horrores no salir corriendo como una niña pequeña. Lo único que se lo impide es la mano de Henry, agarrada a la suya con fuerza. Los dos vestidos con aspecto formal y con los ojos clavados en un estrado que, por ahora, está vacío.

Han almorzado con Regina, con el formalismo de no abrir la puerta de la celda. Apariencias con las que Emma no estaba para nada de acuerdo. Pero Regina le pidió que lo respetara, por ella. Y no ha tenido otra opción. Al menos han podido compartir unas largas horas con ella. Como una familia.

Quizás por eso se le ha partido aún más el corazón y el ánimo al ver a James llegar y llevársela. Lo único que su padre ha añadido, hablando para el cuello de su camisa y con cierto sonrojo, es que les vería en el juicio. Y que le ahorraría a Regina las esposas si todos estaban de acuerdo. Así que a pesar de tener que ir montada en el coche del sheriff, tras la verja, no ha tenido que ir atada como un animal.

Es cierto que Emma no ha intercambiado demasiadas palabras con su padre. De hecho, casi ninguna más allá de los tópicos de "buenos días, buenas tardes, que descanses…". Pero hay algo en James que le permite relajarse. A pesar de los incómodos silencios, considera a su padre el Yin y su madre el Yang. Ambos callados, pero cada uno desprendiendo una actitud completamente distinta. De hecho, no podría jurarlo porque casi no ha estado en el piso ni ha convivido con ellos, pero cree que regañan. Que cuando están a solas o cae la noche, sus padres discuten, aunque no tenga claro ni sobre qué. Pero algo es evidente, y es que se siente más cómoda… o menos incómoda, ante él que ante Snow.

La alcaldesa barra juez barra enemiga número uno de Regina se ha convertido en toda una amenaza constante. Su única concesión ha sido aceptar que Emma, prácticamente, se trasladase los últimos dos días a la comisaría. Y la salvadora sospecha que ha sido por intervención de James, argumentando quizás que ese es territorio suyo y no de jueces ni alcaldes. Pero por lo demás, ha sido un auténtico grano en el culo. Excepto hoy. Que luce pletórica, vestida de negro y con el mazo en la mano, deseando tomar su sitio sobre el estrado.

Cuando queda menos de un minuto para las cinco de la tarde, Snow se coloca la toga, sube las escaleritas y toma asiento ceremoniosamente. El alguacil asiente con la cabeza ante ella y alza la voz hacia la sala. Emma ignora al resto de asistentes, pero, de haberse fijado, podría ver a absolutamente todo el pueblo. Una gran parte se ha visto obligado a esperar fuera de la sala para seguir el juicio.

"Damos comienzo al proceso de Storybrooke contra Regina Mills" El bramido del alguacil enmudece a toda la sala de golpe y Henry aprieta la mano de Emma con más fuerza si cabe. "Preside la jueza Snow" anuncia apartándose del estrado y dejándola continuar.

Emma está tan concentrada en su madre, que no ve llegar a James. El sheriff se desliza agachado, casi de cuclillas hasta el banco que comparten madre e hijo. Cuando ve que su presencia no ha sido detectada toca el brazo de Emma, sobresaltándola.

"Perdona, no quería asustarte…" musita. "¿Os importa si me siento aquí?"

Emma abre los ojos, sorprendida. No se había parado a pensar dónde vería el juicio su padre, pero desde luego no esperaba que tuviera la osadía de sentarse con ellos. No es que le moleste, todo lo contrario, pero duda que a Snow le haga la misma gracia ese atrevimiento.

"Claro…" susurra, y ambos se deslizan por el banco haciéndole un sitio.

"Gracias…" sonríe antes de callar y mirar hacia su esposa. Snow se aclara la voz, dispuesta a comenzar.

"Daremos comienzo al juicio. Espero de este proceso que, a pesar de la masiva asistencia, todos guardéis las formas y permanezcáis en silencio" solicita con su voz más regia. Es la primera vez que Emma la ve como la regente que, en algún momento, debió ser. Y la visión le produce un escalofrío. "Que entre la acusada" solicita mirando al alguacil. Este abre una puerta a la derecha del estrado y un guardia jurado trae consigo a Regina.

Aunque nadie sube la voz, un murmullo general se instala en la sala, mientras camina hasta la mesa donde Archie la espera.

A pesar del ajetreo, Regina permanece impertérrita. Camina sin bajar la cabeza, pero sin aires de superioridad. Mira al frente y a ningún lugar en particular. Y Emma desearía que girara la cabeza, aunque fuera un breve segundo, hacia la primera fila, hacia ellos dos. Para apoyarla, para que no se sienta rodeada de miles de enemigos, sola. Pero Regina no les busca con la mirada, no intenta encontrarles, todo lo contrario. Porque sospecha que, de cruzar sus ojos con las dos personas más importantes de su vida, toda esa serenidad que muestra se resquebrajaría. Y no puede permitírselo. No ahora.

Toma asiento y, a su lado, Archie, indudablemente nervioso, la sonríe. Es un buen hombre, susurra para sí. Se para a pensar. Nunca le ha agradecido realmente lo que está haciendo por ella. Ha sido amable y cordial con él, por supuesto, pero es probable que este hombre se haya puesto a una gran parte de los ciudadanos en su contra. Y sin embargo, él ha continuado ahí y ella nunca le ha dado realmente las gracias. Quizás suene ridículo, y más a estas alturas, pero le sale solo. Le devuelve la sonrisa y musita: "Gracias"

Archie boquea una vez, pasmado, pero termina por contestar. "No hay por qué. Podrás hacerlo cuando ganemos"

Regina trata de aguantar la sonrisa en medio de esa situación tan desfavorable. Todos los ojos están puestos en ella y probablemente lo considerarían una provocación. Pero Archie ha bromeado y ella tiene ganas de sonreír y agradecérselo una vez más. Pero la voz de Snow detiene cualquier respuesta.

"Abogado, fiscal, ¿están ambos preparados?"

"Sí, señoría" responde Archie poniéndose en pie brevemente.

"Así es" confirma a su vez Gold, desde su mesa, incorporándose también.

"Perfecto. En ese caso, damos comienzo. Regina Mills…" pronuncia con una lentitud que suena casi forzada. Al oír su nombre es ella quien se pone en pie, ignorando cualquier posible provocación. Cuenta con todas las variables. Con que Snow utilizará cualquier arma contra ella y no se dejará sorprender por ninguna. "…se le acusa agresión a la autoridad, de asalto con nocturnidad del hospital de la ciudad, y de maldecir a la sheriff Emma Swan con el hechizo del sueño eterno y el encierro en la habitación infernal" enumera leyendo el documento frente a ella, hasta que alza los ojos hacia los de su víctima. Perdón, su acusada. "¿Cómo se declara?"

Regina traga saliva pero pronuncia con claridad. "Culpable"

El murmullo general vuelve a repetirse y Snow sonríe, aunque intente esconderlo. "Silencio" solicita a la sala en general, instaurando el orden de nuevo. "¿Puede concretar? ¿Qué hizo exactamente?"

Regina frunce el ceño, sin entender las preguntas. Los interrogatorios debían correr a cargo de Gold y Archie, tal y como han practicado. Baja la mirada hasta su abogado y este responde tan confundido como ella. Se encoge de hombros y, con un gesto, ambos deciden que la prisionera responderá.

"Yo… proporcioné un postre a la sheriff Swan preparado con manzana maldita con la intención de hacerla caer en el sueño eterno"

"¿Y lo consiguió?" cuestiona igual que si estuviera enterándose en este mismo momento.

"Sí" responde tratando de no refunfuñar. ¿Pretende que reviva el calvario que le hizo sufrir a Emma? ¿Esa es su gran estrategia? ¿Atormentarla en público? "Logré que se envenenara y permaneciese encerrada en esa maldición durante varios meses, antes de que lograra despertar el seis de diciembre" enumera con toda la entereza de la que dispone.

"Muy bien…" responde Snow como si estuviera calibrando unas palabras que conoce de memoria. "Siguiendo las leyes del estado de Maine, al realizar el acusado la admisión de su culpabilidad y una declaración completa, el juicio es innecesario y queda visto para sentencia"

Regina se queda congelada, de pie. Su corazón se salta un latido y su cara se vuelve blanca como la cera.

¿Qué?

Le pitan los oídos, como si durante horas hubiera estado pegada a un altavoz atronador, y su garganta le sabe a sangre. Pero no puede moverse.

De repente, la sala entera estalla en un griterío y Regina vuelve en sí. Dios… ¿Qué acaba de pasar? Mira con terror a Archie y este le devuelve una mirada igual de martirizada.

Al mismo tiempo, Snow observa su obra con orgullo. Cada uno de los presentes habla, grita y trata de desgranar lo ocurrido. Regina se queda sin voz, su abogado no sabe qué decir mientras busca todo lo que puede encontrar entre sus papeles y sus manuales. Pero alguien, desde la primera fila se pone en pie de un salto y calla a todos con un grito.

"¡Eso no es posible! ¡NO ES LEGAL!"

Snow mira a su hija al escucharla berrear. Esperaba su intervención, por supuesto. Y no pierde las formas.

"Letrado…" susurra mirando a Archie. Este saca la cabeza de entre sus documentos con un ictus de pánico.

"Por desgracia creo que sí es legal"

Regina se sienta, abatida. Y Emma se enfurece aún más. "¡¿Qué?!"

"Ya lo ha oído, ahora, por favor, retome su asiento o se la expulsará de la sala" masculla Snow molesta con sus intenciones de no deponer su actitud. "Dicho esto, el juicio quedará visto para sentencia, a no ser que la acusada quiera confesar algo más, por supuesto. ¿Hay algún otro delito, alguna otra maldad que deba ser considerada también?" añade triunfal mirando directa a Regina. La está retando, pero la morena está con la guardia demasiado baja como para responderla. Se esperaba cualquier estratagema, todas las estratagemas. Menos esta. Menos verse librada de su única opción de pelear, el juicio.

"No" musita dócil. "Nada más que añadir"

Snow sonríe y se dispone a continuar con su triunfal intervención, pero la voz de Emma interrumpe su placida victoria.

"¡Sí, claro que hay más que añadir!" brama fuera de sí. Los cientos de caras que saturan la sala se giran hacia ella, incluidas las del fiscal, el abogado y, sobre todo, la acusada y la juez. Emma es la viva imagen de la furia, capaz de salir ardiendo de un momento a otro. "Esa declaración no ha sido precisa. Se ha omitido el hecho de que Regina fue noche tras noche a cuidarme"

Snow debería cortarla, exigir que no hable, puesto que no tiene la venia, y zanjar ahí su intervención. Pero en lugar de ello cae en su provocación como una niña pequeña, contestándola y legitimando su intervención.

"¡No iba a cuidarte, iba a asegurarse de que no despertaras!" berrea.

"¡Sólo al principio!" espeta Emma. "Después se ocupó de mí, quería salvarme y estuvo meses buscando la forma sin descanso" argumenta creciéndose. Se pone en pie, consciente de que todo el pueblo está pendiente de ella. Excepto Regina, que trata de no mirarla, de no perderse en ella sin control. "Además, me salvó la vida. Si no fuera por ella, es probable que Whale y el resto de personal hubieran encontrado la quemadura que yo misma me hice demasiado tarde. Ella se preocupó cuando caí enferma, encontró mi herida y me curó"

"¡Te curó la herida que había provocado su propio fuego!"

Emma la interrumpe, retomando su declaración. "¡Puede ser! Pero preparó una poción ignífuga para protegerme y ese acto provocó que las llamas se apagaran" confiesa. "Así que no han sido siete meses de infierno, ¡ni siquiera fueron tres! He estado encerrada, sí, pero como en cualquier cárcel, sin sufrimiento ni llamas…"

"Eso no es posible…" gruñe Snow con los ojos inyectados en sangre.

"Lo es" responde con una sonrisa de lo más desafiante. "Y, por si fuera poco, creo que su señoría ha olvidado mencionar que Regina me maldijo, es cierto, pero también me dio el beso que me salvaría"

"¡NO FUE EL BESO!" responde incorporándose del grito. "¡No, fue la magia negra, las pociones!"

"Eso no es cierto…" murmura. "Pero aunque lo fuera, ella, de una forma u otra, me despertó. Si la reina no se hubiera ofrecido a ese sacrificio, sin importarle las consecuencias que traería contra ella, aun estaríais todos malditos, sin memoria, y yo en Houston y en coma. Podía haberse hecho a un lado, haber ganado, pero no lo hizo" remata con una convicción que calla a todos los presentes. Y en el centro del estrado, con la cara hinchada y roja de furia, Snow. "Así que, respondiendo a su pregunta, señoría, eso es todo lo que tenía que añadir"

"Eso es mentira, ¡MENTIRA!" berrea fuera de sí.

"Nada lo es, créame, lo viví yo" sonríe.

"Fiscal…" gruñe respirando hondo, tratando de controlarse todo lo que no ha podido hasta ahora. "¿Es… es cierto lo que ha declarado?" pregunta conteniéndose.

"¿El qué de todo?"

"Bueno… nunca sabremos qué ocurrió realmente en su despertar" despotrica provocando a Emma. La salvadora intenta intervenir, pero Snow amenaza con usar el mazo y continúa hablando sin esperarla. "Pero, ¿y lo del fuego? Algo así tiene que ser una invención, ¿verdad?"

"Yo…"

"Responda en calidad de experto en magia y maldiciones, no en calidad de fiscal" solicita Snow, esperando que esa manga ancha le permita salir de su condición de hombre de leyes y pueda explayarse dando su opinión y desmontando la confesión de Emma.

"Bueno…" murmura Gold. No le gusta lo que se ve obligado a decir, pero no se detiene. Es tal la presión, que ni siquiera baraja la posibilidad de mentir. "La maldición del sueño eterno se diseñó para envenenar al enemigo que uno más odie. El encierro es el castigo y el fuego representa ese odio que el creador de la maldición profiere…" Su descripción va perdiendo fuerza según llega el momento de la siguiente admisión. "No había ocurrido nunca antes pero imagino que, si ese odio desapareciese, el fuego podría desaparecer también"

"¡Basta!" exclama Snow apretando de forma compulsiva su mazo.

"¿Qué ocurre, señoría? ¿No le gusta la verdad y prefiere censurarla?" cuestiona Emma aun de pie, aun retándola. La respiración de su madre se escucha en toda la sala.

"Permite que continúe, Snow" Esa advertencia viene directamente de James, del sheriff, de su marido. Y no es que Snow le permita continuar, es que, simplemente, se queda sin palabras.

Gold tose y entiende su silencio como un consentimiento. "El instinto normal cuando se odia es desear cualquier mal e incluso la muerte. Cuando Regina protegió a Emma con ese ungüento, rompió todas las leyes del odio, fuera o no consciente. La protegió, trató de impedir que sufriera más y cuidó de ella. En principio nada puede librarte del castigo, del encierro. Pero el perdón, la falta del odio original sí podría exterminar el fuego…"

"Ahora sí que está completa la declaración" interviene Archie con un toque anulado y triste, pero al mismo tiempo satisfecho. Todos los días de trabajo e investigación han quedado reducidos a nada por culpa de ese jaque mate que Snow ha preparado sin avisar. Pero al menos Emma ha salvado un poco la situación. Y él, de repente, se siente mucho más a favor de Regina y su defensa de lo que ha estado en todas estas semanas.

Snow se siente superada. Superada por la intromisión de Archie, por el maldito testimonio de Gold, por la interrupción en modo salvadora de Emma y, por supuesto, por el papel que ha jugado James interviniendo en todo esto. Está superada y furiosa, pero procura guardar las apariencias al hablar.

"Tras escuchar esta información, el tribunal…"

"O sea, tú" masculla Emma desde la primera fila.

"Sí, yo" responde altiva. "Lo tendré en cuenta. Queda visto para sentencia. Se levanta la sesión, hasta mañana por la mañana, que este tribunal…" repite con recochineo. "…dictará su pena. Por favor, llévense a la prisionera hasta entonces a la celda del juzgado. Hasta mañana" finaliza poniéndose en pie y abandonando la sala tan rápido como iracunda está.

"¡¿Los… los juzgados?!" inquiere Regina. Y solo entonces, por primera vez, se atreve a mirar a Emma y Henry. Ambos se acercan hasta ella, dejando atrás a James, que se mantiene a un lado. "¿No volveré a la comisaria?" cuestiona azorada, preguntándoles tanto a ello como a Archie.

"No si así lo ha decidido Snow…" susurra el psicólogo molesto.

Ese ha sido el último movimiento de Snow, su último ataque hasta la siguiente batalla. Emma conoce bien esas celdas. Son más pequeñas y no están habilitadas para largas estancias, sino para pequeños momentos entre sesión y sesión, por eso Regina siempre ha dormido en la comisaría. Pero no hoy. Y Snow lo ha hecho a propósito, sabiendo que están vigiladas día y noche, que hay guardias jurados junto a ellas las veinticuatro horas. Que no podrán pasar la noche juntas. Sí, algo tan retorcido lleva la firma de su madre. Está claro.


"¡Esto es increíble, INCREÍBLE!" grita Emma caminando de un lado para otro, recorriendo sin parar los tres metros que separan a cada pared. "Esto ya es el colmo… esto ya es querer hacer daño hasta en el más mínimo detalle… ¡¿Cómo se puede ser tan puta?!" increpa mirando hacia las rejas que ahora la separan de Regina. La prisionera, por su parte, observa a los dos guardias jurados que miran al frente, fingiendo impasibilidad. Ambos tienen la cara blanca, sin lugar a dudas están escuchando cada grito que Emma profiere contra su madre.

"Emma…" susurra llamándola, pero esta no detiene sus errantes paseos. "Emma, cariño…" suplica con mucha más dulzura, tratando de ignorar al resto de los allí presentes. Esa mínima celda, con forma de pasillo y una escueta cama está dentro de otra habitación levemente más grande. Y en ese diminuto cuarto, franqueado por la puerta de seguridad, ahora entreabierta, se encuentran los dos sonrojados guardas, Emma a un lado de la verja y ella, al otro. No hay mucho espacio para la intimidad. Así que se concentra sólo en la asalvajada sheriff. "Tranquilízate, por favor. Esto es precisamente lo que Snow pretendía, no le concedas ese capricho" musita extendiendo sus manos hacia ella, tratando de sostenerla y acariciarla.

Emma se frena, pero al ir a tocarla, uno de los guardias tose fuerte, advirtiéndolas de que, según las leyes del juzgado, no está permitido el contacto.

"¡¿En serio?!" cuestiona girándose hacia ellos y reenfocando todo su cabreo en esos dos hombres tiesos y callados.

"¡Emma, mírame a mí!" solicita Regina una vez más, tratando de calmarla. "Céntrate en mí, en nosotras…"

"Quiero mandarla a tomar por…"

"Lo sé, cariño, lo sé…" musita agarrando los barrotes como querría estar agarrándola a ella. Los ojos azules por fin regresan del suelo a los suyos, y se quedan clavados el tiempo suficiente como para que los ojos miel la atrapen y la calmen lentamente. Ahí, mirando directa a Regina, se siente un poquito mejor, un poco menos violenta. Pero igual de destrozada.

Se muere por tocarla, se muerde el labio tratando de controlar sus ganas, su tristeza. "No sé qué querrá hacer mañana…" murmura.

"¿A qué te refieres?" pregunta dulce y tranquila, tratando de contagiar a Emma de una paz que ella misma no siente.

"A que no sé qué ha planeado para querer dictar ya sentencia… y encima no puedo pasar esta noche contigo… Ni Henry ni yo" murmura con la voz tocada y hundida. "Y todo por su maldita estupidez…"

"Cariño, no importa qué as se guarde para mañana en la manga. Nada que pueda hacerme podrá separarnos, confía en mí, Emma"

"Si en ti confío…" musita. "Es en ella en quien no lo hago" añade con los ojos húmedos de rabia, de miedo, de pena.


Fuera, a través de la puerta entreabierta, James y Henry esperan y fingen que no escuchan nada. Pero lo hacen. Palabra por palabra. Y Henry tiene los ojos tan húmedos como su madre. Mientras que James ha optado más por acumular la misma rabia que su hija desprende.

A lo lejos, por el desolado pasillo que lleva a las celdas retumban varios pasos hasta que Snow tuerce la esquina, acercándose a ellos. Ya se ha despojado de las ropas de juez y ha vuelto a adquirir las de madre cabreada y sobreprotectora. Al ver a James y Henry fuera, deduce quién está dentro y aprieta el paso hasta la puerta de seguridad. Va dispuesta a sacar a Emma de allí, pero James se cruza en su camino. Y de haber esperado un segundo más también Henry lo habría hecho.

"Quítate, ya hablaré contigo" masculla Snow.

"No, no me apartaré"

"¿Perdón?"

"¿Acaso no te ves?" pregunta observándola de arriba abajo con el ceño fruncido. "Este comportamiento, esta forma rastrera de actuar… Vuelves a estar obsesionada con Regina, con acabar con ella sin pensar en nada más. Igual que en el bosque encantado"

"Envenenó a mi hija"

"Deja de fingir que esto es por justicia. Esta furia desmedida no comenzó cuando Emma despertó"

"¿Qué insinúas?"

"Que es mucho más reciente y que no se trata precisamente de ese envenenamiento"

"James, deja de decir chorradas y déjame pasar" advierte con voz amenazante. Un par de guardas jurados les observan, esperando la orden de la alcaldesa.

"No puedo impedírtelo, pero sí advertirte. En esa época estuviste a punto de perderme, de perder a tu familia. No dejes que esta vez sí ocurra, no pierdas a Emma"

Snow frunce la boca, molesta con ese comentario, con ese recuerdo. Es un golpe bajo. "Sé lo que me hago. Esa bruja no ama a Emma"

"Yo no estoy tan seguro" responde con firmeza, recibiendo a cambio una carcajada irónica de su mujer. "Y, aunque estuvieras en lo cierto, Emma sí la ama a ella, sin olvidar que la despertó con un beso"

"Después de utilizar el libro de Cora cargado de magia negra, no lo olvides" argumenta tratando de no apearse de esta pelea.

James resopla cansado, agotado de su cabezonería. "Ten cuidado" se limita a añadir. "No confundas la justicia con la venganza o podrías perder a tu hija"

"Esa mujer no la quiere, todo lo que hago es protegerla" dictamina pasando junto a su nieto y su marido sin más miramientos. Es hora de poner orden en esa celda.

Al caminar y abrir del todo la puerta, los cuatro allí presentes se giran hacia ella con diferentes reacciones, pero ninguno abre la boca. Snow camina hasta el centro de la sala, acercándose a ambas mujeres y masculla: "Fuera. No están permitidas las visitas a no ser que se trate de su abogado"

Emma se gira de golpe, iracunda, dispuesta a gritar todo un testamento de malas palabras. Pero Regina susurra a tiempo.

"Emma, no, me lo prometiste"

Snow no sabe de qué promesa hablan ni qué le ha pedido, pero sí ve como su hija cierra la boca. Continúa roja de rabia, pero no le dirige ni una sola palabra ni una sola mirada.

"Debes salir" insiste Snow triunfante. Los ojos claros la fulminan, pero Emma termina sonriendo. Se gira, se abalanza contra los barrotes y sostiene la nuca de Regina de un rápido movimiento. Antes de que nadie, ni Regina ni sus guardias, puedan reaccionar, Emma está devorando su boca con un beso minucioso y lento y acariciando su cara con devoción. Regina responde entregada, derretida y pletórica.

"¡Sacadla!" ordena Snow.

"No es necesario. Ya me marcho, mamá" musita irónica separándose de Regina con los labios rojos y brillantes. Se gira una vez más y con su sonrisa más luminosa, más radiante, susurra. "Te quiero, cariño. Descansa"

Regina la ve marchar, pasando junto a Snow y sus lacayos, y sonríe de oreja a oreja. Puede que una parte de ese beso haya sido simple recochineo contra su madre, pero sonríe de felicidad, de orgullo, de agradecimiento, por todo lo que Emma provoca en ella. Porque con un solo beso es capaz de borrar su aprensión por quedare en esa claustrofóbica celda y de recordarle por qué están luchando. Dios, es incapaz de expresar lo muchísimo que ama a esa mujer. Y su sonrisa se queda corta para reflejar esa sensación.

Pero para Snow, una cosa está clara. Regina sólo sonríe para torturarla.

Cuando Emma desaparece tras ella camina hasta la celda, buscando su mirada. Los ojos marrones están más enteros y tranquilos de lo que a ella le gustaría, pero eso va a acabar pronto. "Vengo a hablar contigo de lo que te espera…" murmura con una sonrisita maquiavélica.

De un solo plumazo, borra la de Regina. Eso es lo que Snow quiere ver. "Hablemos"

Continuará…