Just Made To Touch


Notas de la Autora: Xian, no sé qué me pasa pero estoy en las últimas... Las contestaciones a los reviews van a ser cortitas... sorry x_x

Rinoa Haatirii: Ya le doy, ya! (a la coraza de Quissy XD) Si lo de Sei significaba más o menos... Nah, es majo en el fondo, nada más =w=

HarukaIs: Bueno... eso de que Rinoa empieza a tener las cosas más claras... XD Creo que si se empieza a aclarar algo, será más bien a partir del siguiente capítulo, así que ni siquiera en este. Aunque bueno, sí que es verdad que intenta reflexionar un poco más, y por lo menos se va despejando dudas...

Neko-Tachi: No me pidas disculpas por los reviews largos! Realmente me encanta leerlos, y me van de perlas, porque me hacen acordarme de detallitos que voy olvidando con el tiempo y que sin embargo lo lectores seguís recordando, y vuestras suposiciones y conclusiones me hacen pensar en posibilidades diferentes para que las cosas vayan ocurriendo. También es genial poder ver qué llama más la atención, y qué os da a entender que yo insinúe una cosa con un gesto o con una expresión. Vaya, que me gustan los reviews y su extensión es lo de menos, no te preocupes. En cuanto al petición... Ahora mismo ando trabajando en tres posibilidades para Just a Lemon Tree, una es una chorrada que me pidió un amigo hace siglos, pero que me hace gracia hacerle (Es una burrada suya... un Odine-Kadowaki...), y creo que la cosa estaba empatada entre un Rinoa-Selphie y un Cid-Rinoa... he de decir que no tengo ni idea de cómo hacer el primero, pero ya te digo que estoy trabajando en ello, y los capítulos de ese fic, en cuanto se me ocurre la excusa para conseguir que la situación se de, el capítulo sale en un día o poco más ;3


CAPÍTULO XXI: DESCUBRIENDO SECRETOS.


Supongo que el plan de usar a Squall como conejillo de indias era en realidad mi as en la manga, y precisamente por eso me dirigí a la cafetería con la convicción de que aquel experimento había terminado, y había resultado un fracaso más en aquella estúpida búsqueda de respuestas.

Me senté en una mesa al fondo, algo oculta tras las grandes columnas y plantas que decoraban la habitación, y miré hacia las ventanas que permitían observar el exterior del Jardín.

La hora de comer se había pasado, y los pocos habitantes del Jardín que andaban por allí se dedicaban a jugar a cartas y pasar la tarde. Los oía hablar sobre misiones, clases o cualquier otra cosa, y sentí cierta envidia. Casi parecía que habían pasado años desde la última vez que me paré a hablar con alguien de cualquier cosa sin tener todas aquellas idioteces en la cabeza.

Tal vez la mayor idiotez había sido llenarme la cabeza de idioteces.

Un destello de color captó mi atención, y sin darme cuenta clavé la mirada en una gran pantalla que había al fondo, donde siempre había puesto algún canal de televisión al azar. A ratos podían verse noticias, algún programa musical con videoclips de todo tipo, y anuncios... sobre todo anuncios. No se oía ninguno de ellos, y precisamente por eso era fácil quedarte con la mirada fija en la pantalla pero ocupar tu mente en cualquier otra cosa. En aquel momento lo que llamó mi atención fue un anuncio de detergente... Captó mi mirada, pero poco más. En mi cabeza, continuaba con el mismo hilo de pensamientos. Tal vez... el hecho de obsesionarme con Quistis o con los gustos y orientaciones sexuales tanto suyos como míos no había sido más que una manera de camuflar y restar importancia a la ruptura con Squall; o a mi situación actual dentro del Jardín, el cambio de no ser nada, a ser una aspirante a Seed...

Lo cierto es que si le quitaba toda aquella angustia, frustración, curiosidad e impaciencia... Si le quitaba las emociones y lo miraba todo de manera objetiva, podía resumir lo que había pasado y verlo con mucha más claridad: Quistis me besó y yo comencé a sobreactuar y a pensar de más. Si no lo hubiese hecho, seguramente no hubiese ocurrido nada más que aquello. E incluso el motivo de aquel primer beso era algo que seguramente tendría un motivo más que simple y sencillo. Seguramente fue el tequila... o la situación que estaba pasando con Squall. En cualquier caso, si hubiese hablado directamente con Quistis sobre qué ocurrió, aquello habría quedado en una anécdota más en nuestra amistad.

Pero... si cerraba los ojos y volvía a recordarlo...

Sentí un leve escalofrío, y se me puso la piel de gallina. Cuando abrí los ojos lo siguiente que vi fue un sostén.

El cuerpo de aquella chica se movía como a cámara lenta, sobre unas sábanas blancas y revueltas. Estaba en ropa interior, y durante el resto del anuncio la cámara la enfocó desde diversos ángulos, mientras ella se tumbaba boca arriba, giraba sobre un costado, y después se agarraba a la almohada apoyándose con los codos, tocándose el pelo con una mano y mirándome fijamente. Después de aquel anuncio pasaron a un programa de cocina, y yo continué mirándolo con la mente totalmente en blanco.

Al cabo de un minuto fruncí el ceño, y miré hacia la superficie de mi mesa.

¿Cómo podía ser que ni siquiera recordase el color de la ropa interior de la chica de aquel anuncio?

- Rinoa...

Me asustó oír mi nombre de repente, a mis espaldas, pero en aquel momento me hubiese asustado cualquier cosa. Cuando me giré pude ver a Quistis detrás de mi, de pie, mirándome con una expresión extraña, y el corazón me dio un vuelco.

Se me secó la boca en cuestión de segundos, y tardé un buen rato en pestañear.

Miró hacia un lado, por los ventanales, después cogió aire por la nariz, apartó la silla que tenía frente a mí, y se sentó. Se quitó las gafas, y me miró muy seria.

- No has venido a clase... - dijo al cabo de un interminable minuto.

Yo miré hacia mis manos, y fruncí un poco el ceño. De hecho, ni siquiera había pensado que aquella mañana tenía clase.

- Perdona... - dije – Se me ha pasado...

- Hace unos días te hubiese dicho que no pasa nada – contestó. Después hizo una pequeña pausa, mirando de nuevo hacia el exterior – Seguramente ni siquiera te hubiese dicho nada...

Vi que apretaba un poco las mandíbulas, y volvía a coger aire por la nariz, muy despacio. Parecía enfadada, pero era como si intentase contener algo en su interior. Pensaba mucho sus palabras antes de decirlas, y aquello no era normal en ella. Quistis siempre tenía las palabras correctas preparadas desde mucho antes de que una conversación empezase siquiera.

- Lo haré en mi habitación... la clase... - dije después de otro incómodo minuto de silencio – La lección de hoy, la estudiaré a fondo esta tarde, te lo prometo.

No sabía qué esperaba de mí, pero si estaba así de enfadada porque no había asistido a su clase, era lo único que podía decirle para salir del paso.

- No, da igual... - dijo. Tenía el ceño un poco fruncido, y sus labios formaron una fina línea al apretarse un poco antes de volver a mirarme – Creo que tenemos que hablar...

Apreté los puños sobre mis rodillas, y sentí que el nudo que había empezado a formarse en mi estómago al verla se apretaba un poco más.

- Yo... necesito hablar... - murmuró. La vi mirar hacia la superficie de la mesa, pensativa, y el asomo de una sonrisa incrédula durante un segundo, antes de mirarme de nuevo – Seguramente ninguna sacará nada de esto, pero creo que ya es hora de dejar algunas cosas claras... entre nosotras.

Tragué saliva, aunque seguía teniendo la boca seca. Aquello ya no sonaba a regañina de profesora, si no a algo muy diferente y mucho más... incómodo.


Las prioridades son las prioridades. Salí de mi habitación después de ducharme, y luego miré mi reloj. No era ni tarde ni pronto, apenas las 4 de la tarde, así que no habría clases teóricas, pero aún era pronto para que hubiesen empezado las clases prácticas. Desde mi habitación me dirigí a la de Rinoa, y pasé un par de minutos llamando a la puerta y esperando. Oí a Angelo ladrar al otro lado, pero además de aquello nada. Supuse que estaba solo, y por lo tanto Rinoa estaría en alguna otra parte, así que decidí mi próxima parada: la biblioteca.

Había llamado a Irvine en cuanto llegué a mi habitación, y por lo poco que me había contado parecía que estaba bien. Algo aburrido de aquella estúpida misión, pero ya me encargaría yo de que volviese lo antes posible. Después de aquello tendría que decidir qué hacer con Seifer y Shu en cuanto a los secuestros fingidos y sus maneras de hacer las cosas...

Entré en la biblioteca y a simple vista no vi a Rinoa, después me giré hacia la primera bibliotecaria que vi.

- ¿Sabéis si Rinoa anda por aquí? - ella me miró y negó con la cabeza - ¿No lo sabes o no está?

Oí a alguien hacer "shhhh" en alguna parte, y la bibliotecaria me hizo un gesto con la mano mientras se acercaba a mí, como pidiéndome que hablase más bajo.

- No la he visto en todo el día... - dijo susurrando a mi lado.

Yo fruncí el ceño, y me fui.

Si no estaba en su habitación ni en la biblioteca solo se me ocurrían tres opciones: que estuviese en la cafetería, o entrenando, o jugando con Angelo afuera. Al salir al hall vi a Shu al otro lado, cerca del pasillo que daba a la enfermería, y cuando ella me reconoció se quedó petrificada. Yo fruncí el ceño, y comencé a correr hacia la cafetería. Sabía que intentaría atraparme, así que ir hacia el pórtico no era una opción. Tampoco iba preparada para entrar en el área de entrenamiento, así que no me quedaba más opción que jugármelo todo a una carta e intentar llegar a la cafetería antes que ella. Comenzó a correr en la misma dirección que yo, pero por el otro lado de la fuente central, así que llegó a la entrada un segundo antes. Me quedé parada frente a ella, jadeando, esperando el momento oportuno para poder pasar a su lado sin que pudiese atraparme. Era un tanto ridículo, lo sé, parecíamos dos perros casi agazapados esperando a que la otra hiciese el primer movimiento para reaccionar.

- ¿Cómo has salido...? - preguntó.

- Eso no importa... Ahora no tienes más opción que dejarme pasar – le dije yo.

Frunció el ceño un poco más, y la vi arrugar un poco la nariz.

- ¿Todavía pretendes sentarlas a una mesa y hablar con ellas para que solucionen lo que está pasando? - me preguntó – En el fondo sabes tan bien como yo que no saldrá bien.

Seguía pensando que se equivocaba, pero en cierto modo me había comprometido a no hacer exactamente eso. Lo que necesitaba era hablar con Rinoa, e intentar apoyarla pasase lo que pasase.

- Si intentas encerrarme de nuevo gritaré a todo pulmón lo que está pasando – la amenacé – El Jardín entero sabrá lo que hay entre Rinoa y Quistis, y ellas sabrán que ha sido por tu culpa.

Sonrió.

- No harías eso – me dijo -, no estás tan loca. Intentas hacer todo esto para ayudarlas, y sabes que aireando sus problemas no lo vas a conseguir. Les harás daño, las decepcionarás, y lo peor de todo, lo que está pasando entre ellas dejará de pasar y entonces sí que no habrá posibilidad de que nada salga bien.

Apreté los labios. Por supuesto que no pensaba hacer algo así, pero esperaba que mi reputación de desequilibrada le permitiese imaginarme capaz de hacerlo. Si no podía convencerla sólo me quedaba la opción de pasar por la fuerza. Cogí impulso, y salí corriendo a toda velocidad hacia la entrada. Pasé por su lado, y ella me hizo un placaje, agarrándome por la cintura y frenándome todo cuanto pudo. Me sujetaba con todas sus fuerzas, pero aún así me agarré al marco de la entrada y continué avanzando.

- Xian... para un momento... - dijo entre dientes – Hablémoslo al menos... ¡Podemos llegar a un acuerdo!

- ¡Y una porra! - le contesté.

Se arrodilló, y después se quedó sentada en el suelo, haciéndome más difícil el moverme. En lugar de agarrarme por la cintura me sujetó una de las piernas y tiró de ella hacia atrás. Yo acabé en el suelo, pero aún así continué avanzando a gatas. En cuanto levanté la cabeza vi las mesas ante mí, y a lo lejos, en una esquina junto a las ventanas, pude ver el pelo de Quistis.

- ¡Quistis! - grité, y sentí que Shu dejaba de tirar de mí.


Me giré, y no vi a nadie. Aún así estaba convencida de que alguien me había llamado por mi nombre. Al levantarme, pude ver a Selphie y a Shu tiradas en el suelo. Fruncí el ceño, y esperé mientras ambas se levantaban.

Ya suponía que hablar con Rinoa no iba a ser tan fácil como me hubiese gustado. Y ya era bastante frustrante sentir que me estaba costando horrores sin la ayuda de aquellas dos. Me crucé de brazos, y oí la silla de Rinoa arrastrarse un poco a mis espaldas mientras se ponía también de pie.

- ¿Selphie...? - dijo - ¿No estabas en una misión?

Estaba bastante roja y respiraba como si llevase horas corriendo alrededor del Jardín.

- Pero las misiones terminan, mujer – dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Shu se quedó de pie tras ella, al parecer bastante enfadada.

- ¿Pasa algo? - les pregunté.

- Lleva un buen rato corriendo por los pasillos – dijo Shu poniéndole una mano sobre el hombro a Selphie – Y quería... ya sabes, regañarle un poco. Las normas son las normas...

¿Era la única a la que le olía a chamusquina?

- Tenía ganas de venir a saludar a mis amigas, ¿vale? - le contestó Selphie, apartándole la mano de su hombro con un gesto algo brusco – Es lo que hacen las amigas...

En aquella última frase podía notarse bastante sarcasmo, y Shu frunció un poco más el ceño antes de agarrar a Selphie de un brazo y tirar un poco de ella.

- Tenemos que discutir una cosilla en privado pero... ahora volvemos, ¿vale? - nos dijo, y después se la llevó a regañadientes hacia la barra.

Tanto Rinoa como yo las observamos en silencio durante algunos minutos, allí de pie, hasta que ella carraspeó y yo la miré.

- Em... creo que será mejor... que me vaya – dijo.

Yo miré hacia sus pies, y después asentí. No había llegado a decirle nada de lo que quería decirle. Ni sobre lo que sentía, ni sobre lo que sabía que estaba haciendo, ni tampoco sobre mi decisión de no participar en aquella especie de búsqueda de momentos comprometidos que parecía haber empezado. Sin embargo, seguía dispuesta a hacerlo.

Pasó a mi lado, y se alejó hacia la salida.

Al otro lado de la cafetería, Selphie y Shu continuaban discutiendo en susurros. Les di un minuto más, y después me acerqué a ellas. Me aseguré de hacerlo de manera que me viesen venir con suficiente antelación, simplemente para ahorrarles la duda de si las habría oído o no. Me crucé de brazos ante las dos, y se quedaron calladas.

- Supongo que no volverás a correr por los pasillos, ¿no? - le pregunté a Selphie.

- ¿Tú también vienes a regañarme? - contestó. Yo sonreí y negué con la cabeza. Después ella miró hacia la mesa en la que habíamos estado sentadas - ¿Y Rinoa?

Yo me encogí de hombros.

- Tenía algo que hacer y se ha ido... - le dije.

Selphie hizo un chasquidito de fastidio con la lengua y después miró de nuevo a Shu.

- Correré por los pasillos todo lo que me de la gana – le dijo – Así que ya sabes lo que hay.

Le dedicó una sonrisa burlona, y después salió corriendo hacia la salida.

- Es insoportable... - murmuró Shu.

- Tal vez el problema no es ella, si no tu poca paciencia... - le contesté yo. Me giré hacia ella, y vi en su expresión que aquel comentario no le había gustado mucho – Hay muchas cosas difíciles de soportar en esta vida, por eso hay que armarse de paciencia ante ellas. Nada es insoportable cuando aprendes a tener la paciencia suficiente.

Me miró con el ceño fruncido un instante, pero conociéndome como me conocía, no tardó demasiado en darse cuenta de que no era a Selphie a quien me estaba refiriendo.

- A veces encuentras cosas difíciles en la vida, por supuesto – dije pasando junto a ella y sentándome en uno de los taburetes altos que había junto a la barra -. Una infancia complicada con una familia adoptiva no muy conveniente... una carrera tomada más en serio de lo que era sano para una chiquilla de 15 años... alumnos desesperantes, capaces incluso de hacerte perder el trabajo... o alumnos deslumbrantes, capaces de hacer que pierdas la cabeza por ellos, aún cuando te mandan a hablar con paredes... luchas y batallas de las que depende la vida de millones de personas... la ferviente atracción aparecida de manera casi inesperada hacia otra mujer... mujer que parece entretenerse jugando contigo, igual que hace con muchos otros...

Hice una pausa y cogí un cacahuete de un cuenco que había a mi lado, junto a un par de servilleteros.

- Pero hay que saber ser paciente, y aguantar – dije sin mirarla – Aguantar ante las cosas que van apareciendo en la vida. Las que van apareciendo solas, y también las que van poniendo los buenos amigos que sólo quieren lo mejor para ti.

Volví a mirarla, y vi que intentaba hacer ver que no tenía ni idea de qué estaba hablando.

- Quistis... no sé qué te pasa, pero creo que necesitas descansar un poco – dijo al cabo de unos segundos, poniendo una de sus manos sobre mi hombro derecho.

Terminé de masticar aquel cacahuete y cogí un par más.

- No sé cómo lo hiciste, pero sé que tuviste algo que ver con aquella prueba que Rinoa debía pasar en Esthar – le dije.

Se quedó totalmente blanca, y tardó un rato en poder componer una sonrisa extraña, como si aquello le sonase a broma.

- ¿De qué estás hablando? - dijo.

- De repente, cuando Rinoa decide ignorarme y yo decido que es mejor así, cuando parece que todo iba a quedar ahí en el aire, como algo que pudo haber ocurrido pero no llegó a pasar... Aparece de la nada una norma y la obligación de cruzar un mar y medio país con Rinoa – dije en tono acusador.

- ¿Y crees que lo planeé yo? - dijo indignada.

- Y hubiese sido fácil hacerlo de manera rápida y eficaz – continué – Hubiese sido fácil y seguro. Ir y volver, sin complicaciones. Pero de repente y por casualidad terminamos compartiendo aquel viaje con Selphie...

Sus ojos se movieron instintivamente hacia la salida de la cafetería, por donde Selphie acababa de irse.

- Y me lo creí todo – confesé – Era ridículo. Selphie no paraba de retrasarnos y entorpecer nuestro camino, casi parecía que el destino se burlaba de mí, ¿sabes? Y aún así me lo creí sin más. Pero después llego aquí... y Selphie desaparece. Y aparece por fin hoy, y me la encuentro peleándose contigo...

Me miraba con decisión y el ceño algo fruncido, simplemente aguantando el chaparrón. Si me conocía lo suficiente, ya debía haber imaginado hacía tiempo que verlas juntas, cuchicheando y mintiendo deliberadamente para que no nos diésemos cuenta de qué ocurría entre ellas, era más que suficiente para que yo sumase dos y dos.

- ¿Qué le has contado? - le pregunté.

Ella miró hacia el suelo, y cogió aire un par de veces antes de contestar.

- Le pedí que me ayudase... - confesó.

Me llevé los otros dos cacahuetes a la boca y los mastiqué despacio. No sabía si la ira que sentía en aquel momento era hacia Shu, o era por Rinoa, pero de lo que estaba segura era de que Shu tenía muchas más probabilidades de pagar aquel plato roto.

- Quería daros un empujoncito, así que le dije que habíais discutido... - dijo – Le pedí que alargase aquel viaje, que preparase el escenario para que pudieseis hablar a solas... No le conté qué estaba pasando entre vosotras, pero la utilicé para hacer que continuase pasando.

Aquellos frutos secos hacía rato que se habían fundido totalmente en mi boca, pero aún así continuaba masticando, apretando cada vez más los dientes.

- Os vio... besaros... - dijo, y yo dejé de masticar – cuando volvió vino hecha una furia a pedirme explicaciones por haberle mentido, así que... la saqué del tablero para que no interfiriese...

- ¿La sacaste del tablero? - repetí, incrédula.

Ella miró hacia el techo e hizo un gesto con los hombros, como si quisiera quitarle peso a sus palabras.

- Es una manera de hablar, Quistis – me dijo – Yo sólo quería ayudarte, hacer que la cosa no se enfriase entre vosotras.

Me bajé del taburete y me acerqué algo más a ella, mirándola con el ceño fruncido.

- Si las cosas en mi vida se enfrían o se calientan será por decisión mía, y de nadie más – le dije – Pienso hablar con Rinoa y cortar esto por lo sano. Por mucho que ella me guste, no pienso permitir que me usen como entretenimiento. Ni ella, ni vosotras.

Con la última palabra le clavé el dedo índice en el pecho, y después me dirigí hacia la salida. La oí detrás mía, repitiendo mi nombre un par de veces antes de salir de allí, pero ambas sabíamos que no iba a girarme. Estaba enfadada con ella, con Selphie, y también con Rinoa. Me sentía una idiota, y lo único que quería hacer era terminar de una vez con aquel asunto y pasar el resto de día encerrada en mi habitación. Pero al salir al pasillo me paré en seco.

Dejé escapar una bocanada de aire, me apoyé en la pared más próxima y después me miré las manos. Me temblaban un poco, y me sentía fatal. Después de todo, lo que más me dolía era el recuerdo de Rinoa besando a Nida, y saliendo del despacho de Squall con aquella expresión. Estaba enfadada con Shu y con Selphie, pero en cierto modo me daba la sensación de que gran parte de la ira hacia ellas era en realidad mi manera de desahogarme por lo que sentía por Rinoa.

Sentí algo cálido resbalando por mi mejilla, y me dejé caer hasta quedar sentada en el suelo.

- Primero una ducha... - murmuré entre mis manos, mientras continuaba sintiendo las lágrimas que resbalaban por mi cara.

Necesitaba una ducha y dormir toda la noche. Y a la mañana siguiente terminaría con todo aquello de una vez por todas.


Entré en aquella habitación después de salir literalmente corriendo de la cafetería, con las piernas temblándome y el corazón a mil por hora. Las palabras de Quistis habían sonado a conversación realmente seria, y sólo por eso me habrían acojonado bastante en cualquier otra situación. Pero lo peor era que quería hablar de nosotras, así que, evidentemente, quería hablar de lo que había llegado a ocurrir entre las dos.

Hacía rato que había anochecido, y yo continuaba a oscuras tumbada sobre mi cama. Aún me duraba el susto del intento de conversación de Quistis., y no era capaz de sacármelo de la cabeza. Lo que no conseguía entender, era por qué quería hablar de aquello ahora y no antes. Hasta el momento había deducido que a ella le daba un poco igual lo que había pasado, o al menos no le daba tanta importancia como yo. De hecho mis últimas dudas y preocupaciones sobre mi orientación sexual me habían permitido no pensar tanto en Quistis, y en el fondo sabía que era un problema. Al fin y al cabo todo había empezado con ella, y por mucho que intentase desvincularla de la confusión y frustración que sentía, sabía que tenía mucho que ver.

De repente recordé el anuncio de la ropa interior que había visto aquella tarde, y una nueva (aunque seguramente estúpida) idea se me ocurrió de repente. Me levanté de la cama, y me senté en el escritorio, frente a mi ordenador. Lo encendí, y mientras tanto me giré hacia la puerta y permanecí unos segundos observándola. Podía ver la luz del pasillo colándose por debajo, y a ratos se veía la sombra de alguien que pasaba de largo.

Selphie había venido al poco de irme de la cafetería, y había pasado casi 10 minutos llamando a mi puerta como si supiese que yo estaba dentro. Angelo ladró durante un rato, y me miró como si no entendiese por qué no abría la puerta. Por fin, Selphie terminó por irse, seguramente convencida de que no estaba allí, pero aún así tenía la sensación de que tarde o temprano volvería.

Oí la musiquilla de inicio del sistema operativo, y me giré de inmediato hacia la pantalla. Esperé un minuto más a que todos los programas dejasen de hacer cosas para que aquel cacharro arcaico no explotase al abrir el explorador, y después comencé con mi búsqueda. No me fue fácil, porque el Jardín tenía varios filtros de protección para no poder entrar en según qué tipo de páginas, pero al final conseguí encontrar y bajarme dos o tres vídeos medio interesantes. La primera conclusión que saqué fue la siguiente: si no tiene la palabra "lesbiana" en el título, no vale. No digo que si no tiene esa palabra no sea bueno o nada parecido... Si no que parecía ser requisito indispensable para aquel tipo de películas. Sí, tal y como habréis imaginado, estaba buscando películas con un alto (o mejor dicho exclusivo) contenido de sexo entre mujeres.

Le di al play, y... no pude aguantar más de diez minutos.

Los primeros segundos eran letras, así que decidí adelantar el vídeo a la mitad. Ahí lo que vi fue... carne... Esperé un par de segundos, y continué pasando hacia adelante para terminar quitándolo al llegar al final. Después probé con el siguiente, y la cosa fue bastante por el estilo. Era extraño... El tipo de chicas que se veían allí no tenían nada que ver con el tipo de chicas que encontrarías en cualquier parte. Eran... no sabría como describirlo... Eran como maniquíes de un sex-shop.

Si alguna estaba vestida en algún momento era con ropas casi ridículas, que me parecían cualquier cosa menos atractivas, y en todas las películas aparecían como de repente, sin justificación ni necesidad, y lo primero que hacían era... tocar pechos o genitales. De hecho diría que el 70% de lo que se veía eran genitales. Con zoom, como si fuesen entes individuales y sin necesidad de pertenecer a las chicas a las que pertenecían.

Otra cosa que me llamó la atención y no pude evitar preguntarme de inmediato fue... '¿Cómo pueden hacer ese tipo de cosas por ese tipo de orificios con esas uñas tan inimaginablemente largas?

En conclusión, no entendía nada de aquello.

Le di al pause, y me giré en la silla para darle la espalda a aquel cacharro.

Nada tenía sentido.

Ver a dos mujeres (o tres... o cuatro, que esa era otra cosa que no había conseguido entender en aquellos 10 minutos de porno lésbico) haciendo todo tipo de cosas sexuales y de manera totalmente explícita, me había hecho pensar que era lo más ridículo y sin sentido que había visto en mi vida. No había habido ni un mínimo de excitación, ni siquiera curiosidad por seguir viéndolo.

Si aquello realmente no me gustaba, ¿qué demonios había pasado con Quistis?

Sentía que debía hacerme aquella pregunta, porque sabía que tarde o temprano aquella conversación con Quistis volvería a aparecer, y no tendría tanta suerte como para poder huir de nuevo. Tarde o temprano ella me preguntaría lo que yo llevaba tiempo preguntándome, y no tenía ni idea de qué podía contestarle.

Angelo levantó las orejas y después miró hacia la puerta, y yo lo observé en silencio. Durante un minuto no se oyó ni pasó nada, y finalmente me senté con él en el suelo y lo acaricié durante un rato.

- No pasa nada... - le susurré.

Aún seguía con la luz apagada, y lo poco que iluminaba la pantalla del ordenador me permitía ver perfectamente el reloj que había colgado en una de las paredes, frente a la cama. Eran las 10 de la noche, y de repente me llegó el maravilloso olor de algo recién cocinado. Angelo se relamió a mis pies, y yo le sonreí.

- ¿Tú también tienes hambre? - le pregunté, y ladró una sola vez después de mirarme.

Sí, sé que suena a imposible que un perro te conteste al hablarle, pero Angelo tenía la costumbre de ladrar cuando le decías algo, fuese lo que fuese. Creo que en el fondo es como su manera de decir "cállate idiota, no puedo entenderte".

Finalmente me levanté del suelo, y me estiré alzando ambos brazos al aire.

No tenía ganas de ir a la cafetería y sentarme a cenar con los demás, pero al menos podía pasar y comprar algo para comer en mi habitación sin que nadie me viese. Tenía que centrarme de una vez en lo que estaba pasando con Quistis, y dejarme de tonterías. Tenía que enfriarme la sesera lo suficiente, y conseguir al menos algo que poder contestarle la próxima vez que me dijese "tenemos que hablar".

Cogí mi teléfono y la tarjeta de mi habitación, y abrí la puerta con cuidado. Pretendía asomarme antes de salir. Quería asegurarme de que nadie me viese ir hacia la cafetería, y de no toparme con nadie en el camino. Pero me empujaron de nuevo hacia adentro, y Angelo salió ladrando a mis espaldas en cuanto irrumpieron en mi habitación.

- ¡Sabía que funcionaría! - gritó Selphie, mientras entraba y cerraba la puerta tras ella.

- ¡S-Selphie! - exclamé, sentada en el suelo - ¡Me has asustado, maldita sea!

Ella encendió la luz, y alzó ante mí una bolsa de papel que olía de muerte.

- No me has dejado más opción – me dijo – Llevo toda la tarde esperando, sentada en el pasillo. Sabía que estabas dentro, pero también sabía que no me dejarías entrar si te lo pedía. Así que he supuesto que tarde o temprano saldrías a cenar. Como tardabas, he pensado en darte un empujoncito.

Suponía que en aquella bolsa habría comida, y que la habría dejado justo al lado de mi puerta para que tanto Angelo como yo pudiésemos notar aquel maravilloso olor. Sentía que las tripas me rugían un poco, y comenzaba a salivar. No sabía qué quería Selphie, pero por ahora me había ahorrado el salir de mi habitación y el poder encontrarme con Quistis o Squall al ir a buscar mi cena.

- ¿Qué es...? - le pregunté, levantándome.

Sonrió, y después se sentó en mi cama y abrió la bolsa sobre sus rodillas.

- Lo más aromático que había en el menú – dijo, mientras comenzaba a sacar varias cajitas y cosas envueltas en papel – Frankfurt con curry, hamburguesa con salsa picante, patatas fritas con nata y bacon, gambas rebozadas... Hay de todo un poco.

Terminó de esparcir aquellas cosas por la cama, a su alrededor, y después me miró con una sonrisa que casi le daba la vuelta a la cara. Sus ojos se desviaron un poco de los míos, y vi que aquella sonrisa desaparecía de repente. Yo seguí su mirada, y mis ojos terminaron en la pantalla de mi ordenador, donde aún podía verse la imagen congelada de dos chicas desnudas, cada una con la cabeza entre las piernas de la otra. Me tiré literalmente hacia el ordenador, y casi estampé la pantalla contra la mesa. Mi mente comenzó a trabajar a toda velocidad, y en cuanto se me ocurrió una excusa me giré hacia ella con una sonrisa algo forzada en los labios.

- Llevo toda la tarde intentando quitar ese estúpido virus... - dije – No sé por qué, pero cada dos por tres me aparecen todo tipo de vídeos extraños, así, de la nada, y no tengo ni idea de como arreglarlo...

Reí de manera no muy convincente, y ella continuó en silencio, con la cara algo roja, y después levantó ambas cejas y paseó la mirada por el resto de la habitación, como evitándome.

- Bueno... - dijo un minuto después - ¿Cenamos?

Asentí, esperando que terminase por creerse aquella excusa, y me senté en la silla, haciendo que rodase sobre el suelo y acercándome un poco más a ella.

- ¿Carne o pescado? - me preguntó. Me ofreció una hamburguesa con una mano, y una caja llena de gambas con la otra.

- Las gambas no son pescado- la corregí, y cogí la cajita. Cuando la miré vi que sonreía como si algo le hiciese mucha gracia - ¿Qué? - le pregunté, y ella negó con la cabeza como quitándole importancia.

Me llevé una a la boca, y durante los dos primeros minutos fuimos comiendo en silencio. Angelo se pegó a nuestro lado, y nos observó muy quieto mientras alguna que otra gotita de babas resbalaba de su boca al suelo. Le tiré un trocito de pan al aire, y al intentar cogerlo una de esas gotas de baba salió volando hacia la rodilla de Selphie.

- ¡Oye! - se quejó – y yo comencé a reír mientras ella si limpiaba con una servilleta - ¡No seáis guarros!

- ¿Qué tal tu misión? - le pregunté un minuto después, y ella se encogió de hombros.

- Monótona... - dijo con el ceño fruncido.

Comenzamos a hablar de otras cosas sin importancia, y nos reímos de alguna anécdota pasada durante alguna otra misión. Al cabo de media hora nos habíamos zampado casi todo lo que había traído, y Angelo estaba dando cuenta de lo que nos había sobrado, en su mantita, bajo el escritorio. Me sentía más tranquila, y me estiré en la cama junto a Selphie. Ella me imitó, y las dos miramos durante un buen rato hacia el techo.

- ¿Como es que no has cenado con los demás? - le pregunté.

- Quería hablar contigo... - dijo.

Me giré hacia ella, y noté algo raro en su expresión. No estaba especialmente seria, ni parecía enfadada, ni tampoco excepcionalmente contenta. Simplemente estaba callada, como buscando las palabras correctas.

- ¿Ha pasado algo? - le pregunté, y al cabo de unos instantes ella asintió.

- Sí, ha pasado... - dijo- Y lo sé...

Se quedó callada, y yo me incorporé un poco y me apoyé sobre los codos. Esperé unos segundos, y finalmente me miró muy seria.

- Lo sé... - repitió – Lo que ha pasado...

Fruncí el ceño, y encogí un poco los hombros, como preguntándole a qué se refería. Ella se incorporó y se quedó sentada, y después llenó los pulmones de manera un pelín dramática.

- Rinoa, sé lo que ha pasado con Quistis – me soltó.

La primera reacción fue bastante parecida al miedo, pero la siguiente fue algo más difuso y dudoso. ¿Se refería a lo que realmente había pasado, o a aquellas estúpidas sospechas y suposiciones suyas sobre Quistis y yo peleándonos por Squall o algo por el estilo?

- ¿A qué te refieres? - le pregunté, sentándome a su lado. Ella se levantó, y se acercó a la puerta.

- Te vi besar a Quistis, cuando íbamos hacia Esthar – dijo después.

Y entonces la mezcla fue de miedo, vergüenza, e inmenso y repentino deseo de morir en aquel momento y lugar.