Heme aquí de nuevo!!! os traigo dos capítulos para recompensar de alguna forma el haber tardado tanto. Las vacaciones, es lo que tienen. GRacias por leer y espero que os gusten!!

Primera sangre

- Potter!! – rugió Snape por los pasillos

Harry le miró atónito y a su alrededor, los Hufflepuffs con los que acababan de salir de clase de Metamorfosis se escurrieron rápidamente, no queriendo enfrentarse al iracundo profesor de pociones

- Venga conmigo!!

El Griffindor no se hizo de rogar y le siguió bajo las miradas compasivas de sus amigos. La ondulante capa de su profesor le precedía mientras se dirigían a paso marcial a las mazmorras. Era final de tarde, las clases habían terminado y era viernes. Los alumnos dejaban sus bolsas de libros, contentos y se reunían en grupos a hablar y relajarse. Algunos habían salido a volar un rato, otros paseaban por el parque y él se dirigía hacia la parte más lúgubre del castillo.

Llegados al despacho de Snape este cerró la puerta y la guardó, volviéndose a mirar a Harry.

- Potter, va a haber un ataque en Fillisburg, en la costa norte de Gales. Tiene usted una hora.

Harry sintió que el mundo se le venía encima, y el aire se le atrancó en los pulmones por un momento. Pero ese instante pasó, se repuso y asintió con la cabeza. Aquello era por lo que habían trabajado tan duro. Llegaba la hora de demostrar lo que valían. Se levantó sin ver el relámpago de respeto en los ojos de su profesor y se irguió en toda su altura.

- Allí estaremos.

Salió de la habitación con los ojos llenos de determinación. Se tocó el colgante que llevaba al cuello y por todo el castillo, varios alumnos sintieron un chispazo salir del colgante y una cuenta atrás se inició en su cabeza. Los Ravenclaws se despidieron de sus amigos diciendo que iban a la biblioteca para un proyecto de investigación personal. Los Slytherin miraron con desdén a quién les preguntase y les dijeron de meterse en sus asuntos. Los Gryffindors se dieron una palmada en la frente y dijeron horrorizados "El castigo/deber/copia/libro" y entre las risas de sus compañeros salían apresuradamente de donde estuviesen. Los Hufflepuffs soltaron suspiros de resignación y dijeron que tenían que empezar con los trabajos par ala semana siguiente o no los aprobarían.

Seamus, Dean y Neville se levantaron del césped del parque y se dirigieron charlando animadamente al castillo. Draco y Blaise recogieron sus cosas y salieron de la sala común de Slytherin. Theo salió de la biblioteca con calma y se perdió entre los pasillos. Luna y Lise se levantaron del banco en uno de los patios del castillo y se dirigieron a las escaleras.

Harry por su parte, se transportó directamente a la cámara y se puso el uniforme, menos la máscara, y se sentó en su sillón favorito, que solía compartir con Draco. Cerró los ojos y se concentró en las mentes del castillo, buscando alguna que viese algo sospechoso en el hecho de que varios alumnos se fueran de repente, o simplemente que le resultase curiosa la desaparición de algún miembro de la orden. Encontró unas pocas y en ellas implantó cierta confusión para que se olvidasen de ello y dirigió sus sospechas a otros temas como un novio/a misterioso o una sorpresa o broma.

Cuando acabó, abrió los ojos para ver a toa la orden en pie, mirándole expectante. Draco le sonrió dándole ánimos y él, más seguro de sí mismo, subió a una de las plataformas de duelo y se volvió a mirarles, con Lise y Draco flanqueándole. Allí al frente estaban Seamus y Dean, Neville y Theo, Blaise y Luna, con sus insignias en el brazo derecho rodeadas por un círculo de plata. Tras ellos, en perfecto orden, los cincuenta integrantes de las escamas.

- Voldemort atacará en breve un pequeño pueblo de la costa de Gales, Fillisburg. Nuestra misión es detenerlo. No creo que aparezca personalmente, pero aún así tened con cada uno de los mortífagos el mismo cuidado que si fuese él. Esto no es una prueba, es la guerra, la realidad. Seguid vuestro instinto pero acatad las órdenes que os den las garras. Sabéis cada uno lo que tenéis que hacer, solo me queda deciros que tengáis cuidado, y que os guíe la suerte. Las coordenadas están en el mapa. Solo os pido que volváis; todos.

Los equipos asintieron y aquellos que lo debían, desaparecieron. Harry asintió a Lise que se quedaba a coordinar a los pocos que se quedaban, los mejores en curación, para tratar a los heridos más graves con inmediatez, y Draco y él desaparecieron, sabiendo que Lucius y Remus estaban ya allí. Snape no había podido ir puesto que el director le había llamado a una reunión.

Cuando llegaron solo les dio tiempo a oler el mar antes de que el infierno se desatase. Al parecer, los mortífagos habían llegado antes, y habían estado torturando muggles antes de volverse sorprendidos cuando los primeros hechizos volaron. Harry rozó la mano enguantada de Draco y ambos se lanzaron al ataque, dejando a Blaise y a Luna ir recuperando a los muggles.

Pronto quedó claro que aquellos no eran mortífagos del círculo interno. Los ataques eran burdos, y aparte de los hechizos de magia negra, no tenían verdaderamente un entreno serio en duelos y lucha como ellos. Harry volaba entre los combatientes, espalda a espalda con Draco, y a los mortífagos no les costó adivinar quién era el líder. Los ataques a él se intensificaron, pero atacar a un émpata, incluso con superioridad numérica, nunca daba buen resultado.

Cuando a su alrededor había un círculo de cuerpos inconscientes en túnicas negras, Harry miró a su alrededor. Los caballos se lanzaban al ataque con furia y hacían retroceder a los mortífagos hacia el mar, al paseo de la playa; en un avance implacable. Las torres habían hecho un buen trabajo y los muggles descansaban en sus casas, curados y sin recuerdos, ahora se dedicaban a atar a los inconscientes, romper sus varitas y mandarlos a los cuarteles de los aurores, con el uniforme completo y la marca a la vista.

Harry sintió como alguien se aparecía a su espalda y se volvió con presteza, alzando un escudo justo a tiempo para ver aparecer cuatro mortífagos con las máscaras más elaboradas que los identificaban como miembros del círculo interno. Rápidamente Lucius y Remus llegaron junto a él.

- Quién se atreve a atacar al Señor de las Tinieblas??

- Ese título es nuevo, no? – inquirió Draco con una voz más grave que la suya normal.

- Es una característica de los locos megalómanos – le repuso Harry.

- Pagaréis esta afrenta!!

Y comenzó una lluvia de hechizos y escudos, haciendo que aquello pareciesen unos fuegos artificiales. Estaban en una plaza antigua, probablemente medieval, y se separaron. Harry y Draco se concentraron en sus oponentes sabiendo que los otros dos no podrían con Lucius y Remus juntos, que formaban un equipo francamente temible. Se notaba inmediatamente el cambio de nivel entre estos dos mortífagos y los anteriores. Eran más rápidos, más listos, más preparados y, ante todo, más poderosos. Los hechizos iban y venían, pero ninguno de los dos se vio obligado a recurrir a las espadas que llevaban a la espalda ni a las pociones de sus cinturones.

Mientras Harry lanzaba un poderoso hechizo que chocó contra el del otro mortífago y comenzaba a ganarle terreno, el otro lanzó un hechizo especialmente peligroso, que Draco desvió con un escudo pero que le costó su varita. Harry, sintiéndolo, puso todo su poder bruto en el hechizo y mandó volando a su contrincante a estrellarse contra una de las columnas del ayuntamiento. Con una rapidez pasmosa, convocó un escudo que cubrió a Draco del siguiente maleficio y con un gesto imperioso de su mano, hizo volar hacia él la varita del rubio que la cogió al vuelo.

El mortífago no tardó en salir despedido al otro lado de la plaza y empezó a levantarse con dificultad. Miró con una mueca de odio como sus tres compañeros habían sido hechos prisioneros y estaban inconscientes y atados fuertemente. Con un rugido de rabia, alzó la varita y convocó la marca tenebrosa en el cielo antes de desaparecer. Harry suspiró.

- Mandad a estos a los aurores e iros a casa, nos vemos el domingo – dijo a los adultos que asintieron – Llama a retirada, nos vamos.

Draco asintió, y cuando el morenos sintió que nadie más quedaba, convocó su propia marca y ante los ojos atónitos de los aurores que acababan de aparecer, un basilisco plateado de dorada y leonina cabellera, ojos de zafiro y garras negras destrozó la marca y rugió victorioso en el cielo de Gales.

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Harry y Draco llegaron jadeantes a la cámara y se quitaron las máscaras. Plata y verde se encontraron, con una tormenta oscureciendo los ojos, la respiración acelerada y errática era lo único que llegaba a sus oídos. Harry inició un movimiento hacia aquellos labios entreabiertos y aquel cuerpo de ensueño cuando un tornado rubio le hizo apartar la vista.

- Heridas?

- Nada grave – repuso Draco con voz ronca sin apartar la vista del moreno que se lamió los labios.

- Igualmente – Harry hizo un esfuerzo para poner su mente a lo que estaban – Cuantos heridos?

- Algunos – dijo ella evasivamente – solo dos tendrán que quedarse mañana en cama. Los demás solo necesitan una noche de sueño y tomarse las pociones – Lise miró como Harry parecía no poder apartar la vista de su novo y dijo con voz fuerte – Id a la cama, ahora.

- Sí… el debriefing será el domingo.

- Ajá

Harry no supo bien como llegó a la puerta de la sala de Menesteres sin tocar a Draco, solo era consciente de la adrenalina corriendo todavía por sus venas, de la pasión que parecía hacer arder su cuerpo y de los ojos ardientes que se clavaban en su rostro. La sala se abrió para ellos y se cerró a su espalda. Y Draco se lanzó sobre él, que lo recibió con los brazos abiertos.

Sus labios chocaron en un beso urgente y hambriento, sus manos se perdieron en la suave piel, sus lenguas buscaban todo contacto que pudiesen tener con la otra. Trastabillando, se deshicieron torpemente de los uniformes entre magia y manos ansiosas. Cayeron tumbados en la cama, sin dejar de besarse y sus pieles desnudas se tocaron, haciendo que sus gemidos resonaran en las paredes del cuarto.

Harry se colocó entre las piernas de Draco y besó y lamió su cuello mientras se frotaba contra el cuerpo musculoso. El rubio echó la cabeza hacia atrás, arqueándose y gimió sonoramente. Las manos del moreno bajaron por su espalda hacia su culo y lo apretaron, acercándole más a él. Unos dedos curiosos acariciaron su raja, y fue en ese momento en el que algo de claridad llegó a su mente.

- Mm – gimió – porqué estás tú arriba?

- Bueno cielo – jadeó el moreno llevando sus manos hasta sus abdominales – Soy Harry Potter.

- Y yo – dijo el rubio, volcándose y colocándose sobre el otro, cogiéndole por sorpresa – soy Draco Malfoy.

- Y? – gimió Harry cuando una mano blanca atrapó su miembro, Draco rió roncamente mientras comenzaba a acariciarle con lentitud. Pero Harry no parecía conformarse con aquello.

- Pero yo soy El Elegido – dijo con voz pícara mientras se volteaba y le besaba con furia.

Sus manos sujetaban sus muñecas contra el cabecero y sus piernas atrapaban las blancas, sin que la serpiente pudiese moverse. Entonces, Harry vio algo en los ojos grises que no le gustó, vio la incomodidad y los malos recuerdos que traía aquella situación, atrapado sin poder moverse. Sus ojos verdes se dulcificaron y sus manos bajaron lentamente por los brazos pálidos mientras besaba al rubio con ternura y enredaba sus manos en las hebras de oro. Draco sonrió y con agilidad volvió a cambiar las tornas, definitivamente esperaba, sin interrumpir el beso.

- Aún así, yo soy un Slytherin – susurró con una sonrisa traviesa.

- Oh, diablos, da igual – gimió el moreno cuando la mano de su novio comenzó a acariciar su pene

Aquel interludio les había servido para tranquilizar un poco las hormonas revolucionadas y la locura y ansiedad que les habían conducido hasta entonces. Draco comenzó a frotarse de nuevo contra el cuerpo moreno que tenía bajo él y llevó sus manos hacia la espalda del Griffindor. Sus dedos comenzaron a acariciar la raja del otro, mientras sus labios pegados a su clavícula susurraban un hechizo. Harry se sobresaltó al sentir un dedo frío y resbaloso entrar en él con lentitud. No quería sonar cursi ni demasiado femenino, pero aún así clavó sus esmeraldas en los ojos de su amante y le dijo en voz baja.

- Ten cuidado – no quiso que sonara tan a súplica, pero lo había hecho. Draco se acercó hasta posar su frente en la suya y sus ojos expresaron todo lo que sentía por él.

- Jamás te haría daño – susurró, y Harry, aunque ya lo sabía, sintió que le quitaban un gran peso de encima, como si oírselo decir fuese una promesa.

Sonriendo él le atrajo de la nuca para un beso largo e intenso, mientras el rubio comenzaba a mover el dedo que tenía en su interior, haciendo que se removiese algo incómodo. Pero era obvio que Draco sabía como hacer aquello, porque, sin apartar los labios del beso, llevó su otra mano hacia la erección del moreno y la juntó a la suya, haciendo arquearse el cuerpo bajo él para ganar más contacto.

Y mientras frotaba juntos sus miembros, dos dedos más se hicieron camino en su ano, abriéndolo y lubrificándolo para acoger a algo más grande que eso. Cuando la boca de Draco se perdió en sus pezones y su mano siguió frotándole rápidamente, Harry se derramó con un largo y ronco gemido, y Draco colocó su dolorosa erección en la entrada del moreno y sin apartar los ojos de los verdes nublados por el orgasmo, se introdujo de golpe en él.

Harry gritó y se agarró fuertemente de los hombros pálidos, arañándolos, y tensándose de inmediato. Draco le acarició el cuello y la parte interna de los muslos mientras colocaba sus piernas sobre sus hombros e intentaba que se relajase. El rubio se mordió los labios no sabiendo si se contendría lo suficiente; estar tan completamente dentro de Harry le estaba llevando a la locura. Tal vez fue aquella muestra de estar perdiendo el control lo que llevó a Harry a hacer un movimiento experimental de caderas que le sacó un escandaloso gemido al rubio.

Draco comenzó a moverse lentamente al principio, pero cada vez más y más rápido. Los gemidos y jadeos llenaron la habitación junto a las frases inconexas y a los nombres repetidos de ambos. El rubio bajó una de las piernas del moreno a su cintura, lo que le permitió llegar a besarle. Harry gimió en la boca del Slytherin y más aún al sentir una mano en su erección. Debía estar a punto de llegar. Y fue entonces cuando sintió como Draco se enterraba más profundamente en él y se descargaba en un ronco grito, lo que hizo que él también terminase en la mano de su novio.

Draco se dejó caer a un lado, recuperándose todavía del intenso orgasmo, el más fuerte de su vida. Miró al moreno que se apoyaba en él mientras daba un inmenso bostezo y sonrió. El cansancio de la batalla y de sus actividades posteriores cayó a plomo sobre ellos y se quedaron dormidos de inmediato, tras un último beso, con las piernas enredadas y la cabeza morena sobre el pecho del Slytherin.