Todo lo que no reconozcan salió de la imaginación de petite24 y Altea Kaur.

Canción recomendada: What makes you beautiful- One Direction.

Patinar.

-¡No, Aang! ¡Ella te ama, sólo está confundida!- exclamó Joe a viva voz, lanzando las palomitas por todos lados, algunas cayeron sobre el cabello de Rose, aunque ésta no dejó de reír a pesar de eso.

Se estremeció al sentir los dedos de Scorpius vagando por su cabello, quitándole las palomitas con diversión.

Era un frío sábado de principios de diciembre, y Rose, Scorpius y Joe estaban en el departamento del último (que había resultado estar arriba del Café granate) viendo toda la tercer temporada de Avatar, la leyenda de Aang, que era la caricatura favorita de Joe. Como el lugar era pequeño, los tres estaban apretujados en un sillón.

-Para la próxima vemos una película de las que le gustan a Molly a ver si así te callas un rato- rió Rose alegremente, levantándose del sillón para quitarse las palomitas restantes y para buscar más a la cocina.

-¿Al fin me dirás algo acerca de mi amada?- preguntó Joe con su mejor carita de inocente ilusionado.

-Ya deja tu obsesión con Molly, estás comenzando a asustarla. Mis primos no te dan una golpiza sólo porque Scorpius les cae bien…

Después de eso, Joe se quedó callado viendo la televisión, al lado de un Scorpius que ya comenzaba a dormitar.

Mientras las palomitas estaban listas, Rose los observó a ambos y sonrió felizmente. Hacía tan sólo unos meses esos dos hombres no estaban en su vida y ahora no podía explicarse por qué no los había podido conocer antes. Joe era la diversión personificada y Scorpius era… bueno, simplemente era Scorpius, quien le había enseñado tanto sobre la vida que no sabría ni siquiera por dónde comenzar a explicar todo lo que había cambiado.

Si bien algunos de sus rasgos más distintivos (como que era muy terca y explosiva o que en ocasiones perdía el control debido al estrés) seguían presentes en ella, todo aquello que la molestaba más, como no poder relacionarse bien con los demás, había ido desvaneciéndose poco a poco. Le había costado mucho trabajo, pues cambiar todo un sistema de creencias y conductas no era fácil, pero Scorpius lo había visto parecer tan sencillo que simplemente había sucedido.

Ahora podía decir que sabía apreciar más a las personas. Sus amistades habían mejorado notablemente, así como la relación con sus padres y el resto de su familia. Estaba segura de que todos habían notado el cambio, pero nadie quería decir nada por temor a que la gruñona Rose volviera.

Había aprendido a apreciar su vida, cada paso que daba, cada inhalación y exhalación, cada triunfo, cada despertar… ya no daba todo por sentado y su nueva forma de vida le agradaba, pues en vez de ver todo por el lado malo, había aprendido que, si veía todo de manera positiva, esperando lo mejor, podría suceder.

Cada vez le era menos difícil expresar lo que sentía. Se sentía cómoda diciéndoles a las personas lo mucho que significaban para ella. No era tampoco que fuera por las calles dando brincos y regalando flores cantando el Himno a la alegría, pero al menos ya no iba por todos lados con el ceño fruncido.

Cada mes acompañaba a Scorpius, Joe y los hermanos Longbottom a la casa de los padres del primero para su show mensual. Ansiaba ir allá, sobre todo porque Scorpius y ella pasaban mucho tiempo juntos en el jardín. Cada minuto era valioso ahora, pues el trabajo estaba incrementando y quedaba menos tiempo para nada.

Los planes para la boda de Sam y su prometido Luca no podrían ir mejor, pues Rose había puesto mucho empeño en apoyar a su despistada amiga que, de no ser por ella, se habría perdido al menos unas diez citas que tenía programadas para ver asuntos relacionados con el lugar donde la fiesta tomaría lugar.

Julieta y Albus no podrían estar mejor con su relación. Albus les había presentado oficialmente a Julieta a todos en al familia en una reunión de los domingos y todos la habían recibido con los brazos abiertos. A algunos adultos no les pareció que la relación pudiera causarles problemas si se enteraban en la universidad, pero no les quedó más remedio que aceptarlo cuando vieron lo mucho que Albus la amaba. Incluso Rose podía darse cuenta de ello.

Y es que gracias a todos los consejos que Anabeth, Sam y sus primas le habían dado respecto a las relaciones amorosas, cada vez podía entender un poco más sobre ese asunto. Incluso había comenzado a cuestionarse si Scorpius le gustaba como algo más que un amigo pero después desechaba la probabilidad, no quería pensar en eso ni meterse en problemas innecesarios.

Ahora simplemente podría decirse que era feliz. Tenía una familia amorosa, unos amigos increíbles y su trabajo iba viento en popa ¿qué más podía pedir?

Bueno, quizás había una cosa que podría hacerla completamente feliz…

Su sueño de convertirse en editora estaba cada vez más lejano. Parecía que la señorita Greengrass ahora la apreciaba demasiado como su asistente y ahora no quería dejarla ir, pues cuando alguno de los puestos de editor estaba disponible y Rose le insinuaba que ella podría con el cargo, hacía oídos sordos y ponía a alguien más. Scorpius había intentado ayudarla una vez, pero Rose no se lo había permitido, pues era algo que quería hacer por su cuenta.

-¿Sabes por qué Scorpius está tan cansado?- preguntó Rose en voz baja, para no despertar a Scorpius, pasándole a Joe un nuevo tazón con las palomitas recién hechas.

-Se me ocurren varias respuestas, pero seguramente me golpearías por decirlas- contestó Joe con su tono pervertido.

Rose rodó los ojos y se dedicó a ver la televisión. La serie animada le gustaba, después de todo ¿quién diría que tenía algo en común con Joe? Scorpius se movió un poco, aún dormido, y su cabeza quedó apoyada en el hombro de Rose, algo que a ella le preció muy tierno. Nunca lo había visto de esa manera, tan tranquilo que parecía que nada podría despertarlo. Veinte minutos después, Joe le gritó de nuevo a la televisión, asustando a Scorpius, quien se despertó sobresaltado, golpeando a Rose en la cabeza con la suya.

Ambos emitieron un gemido de dolor.

-Lo siento, Rose- dijo Scorpius con voz adormilada.

-No te preocupes- dijo ella fulminando a Joe con la mirada, quien no se dio por aludido, pues estaba demasiado emocionado observando la televisión y hablando consigo mismo.

Scorpius bostezó y volvió a apoyar su cabeza en el hombro de Rose, donde parecía estar muy cómodo. Rose estaba algo nerviosa por la cercanía, pues algo así entre ellos no era muy común, pero la verdad era que no podía quejarse.

-¿Por qué estás tan cansado? Me parece raro no verte brincando de un lado al otro o haciendo tu bailecito ridículo- comentó Rose.

Scorpius rió levemente.

-Omitiré eso último- dijo divertido-. Tengo mucho trabajo. No esperaba que tantas personas entregaran escritos para el Concurso Greengrass.

A Rose se le vino el mundo a los pies.

í .

¿Cómo?

¿Cómo había olvidado escribir el trabajo que cambiaría el rumbo de su carrera? ¿Cómo pudo haber estado tan metida en sus asuntos sentimentales como para olvidar escribir algo que hiciera que la señorita Greengrass viera su potencial y la ascendiera de puesto?

¿Por qué?

¿Por qué después de todo lo que había sucedido esto tenía que arruinarlo todo?

Ya no le importaba lo que dirían sus padres, simplemente se sentía tonta. La fecha límite de entrega había sido dos días antes, con razón todos en la editorial estaban tan estresados y gruñones ese día.

Frustrada, se tapó el rostro con las manos y soltó un grito de enojo consigo misma.

-¿Sucede algo malo?- preguntó Scorpius confundido.

-Eché a perder mi vida- dramatizó Rose-. No entregué nada.

-¿Nada de nada?- se sorprendió Scorpius.

-Nada de nada- confirmó Rose. Quería tomar el tazón con las palomitas y echárselo en la cabeza para ver si se hacía una especie de portal que la transportara de regreso al pasado.

Scorpius se quedó callado un momento y dijo:

-Podrías mostrarme uno de tus mejores escritos y si a Daphne le gusta podríamos publicarlo…

La perspectiva alegró a Rose por un momento, pero después se dio cuenta de algo:

-Hace meses que no escribo nada más que mi diario, Scorpius. Todo lo que tengo es viejo. Además si la señorita Greengrass se entera de que me estás ayudando puede molestarse y quizás me despida…

Scorpius se encogió de hombros.

-Puedes sólo mostrarme tus escritos y yo veré si le gustarían o no a mi tía ¿qué me dices?

Si sólo Scorpius los veía no había problema, pero eso llevaba a Rose a preguntarse ¿cuándo había estado ella insegura de su trabajo?

-¿Sabes patinar en hielo?- preguntó Scorpius de repente.

Descolocada, Rose asintió.

-¿Quieres ir con nosotros a patinar, Joe?- preguntó Scorpius poniéndose en pie para desperezarse.

-No, me quedan cuatro episodios más- dijo el aludido sin despegar la mirada de la televisión.

Scorpius se puso su abrigo y le tendió a Rose el suyo.

-¿Me enseñas a patinar?- preguntó Scorpius emocionado.

-No tengo muchas ganas de patinar, Scorpius. Acabo de decirte que eché a perder mi vida.

Scorpius negó con la cabeza.

-Y cuando eso sucede lo mejor es salir ¡Anda! Siempre he querido aprender- pidió con su mejor carita de cachorrito mojado.

Rose no tuvo más remedio que acceder. Después de todo lo que él había hecho por ella, era lo menos que podía hacer. Además, lo hecho, hecho estaba. Ahora si quería presentarle a la señorita Greengrass un escrito, debía ponerse a escribir y ¿qué mejor que buscar inspiración en un lindo día nevado?

-Bien, pero no me hagas caer- pidió Rose-. Nos vemos mañana, Joe.

-¡Diviértanse! Pero no tanto…- contestó Joe de nuevo con su tono pervertido.

Rose le arrojó un cojín en la cara y él ya no mencionó nada. Llevaba meses haciendo insinuaciones sobre ella y Scorpius, pero era tan normal que ya no le tomaba tanta importancia, claro que golpearlo por sus comentarios era ya como un ritual.

Con Scorpius había ido a lugares en Londres que nunca se imaginó que existieran. Iban juntos a museos, parques, edificios antiguos, exposiciones de arte en la calle, o simplemente pasaban días tranquilos en el Café granate. Scorpius era la mejor compañía que se podía desear, pues aparte de que era simpático, conocía a la mayor parte de los habitantes de la ciudad y todos parecían tenerle mucho afecto, algo que, sin tener idea de por qué, a Rose le daba mucho orgullo.

Al llegar al Canary Wharf rentaron unos patines y Rose comenzó a enseñarle a Scorpius cómo debía patinar. Debía admitir que era bastante entretenido verlo resbalar, pero aún así no dejó ni un momento que se cayera.

-Aprendes rápido- felicitó Rose una vez que Scorpius era capaz de andar por sí solo.

-Es divertido- dijo él con una sonrisa más radiante de lo normal.

-Y… ¿por qué no sabías patinar? Con todas las cosas que sabes hacer me sorprende…

-A mi padre le daba miedo que patinara porque decía que podía caerme y alguien podría pasar y rebanarme los dedos con filo de los patines.

Rose hizo una mueca de horror.

-Es algo paranoico- admitió Scorpius riendo por la mirada de Rose.

Scorpius la tomó de la mano y juntos comenzaron a patinar alrededor de la pista. Rose aún se descolocaba si él hacía eso, que había sido al menos tres veces los últimos meses. Era algo agradable, pues sentía que sus dedos encajaban perfectamente con los suyos, pero… aún así la confundía.

¿Acaso Scorpius estaba enamorado de ella?

¿Por eso pasaba tanto tiempo junto a ella?

¿Por qué había tantas parejas de novios ese día?

¿Por qué le importaba?

¿Debía dejar de ver películas románticas?

¡Pero si a ella no le interesaba nada referente al amor! Era la palabra con a y estaba prohibida en su vocabulario a menos de que se refiriera a su familia.

Pero si era así…

¿Por qué tenía tantos deseos de saber lo que se sentía un beso de verdad? no uno a la fuerza como el asqueroso que había recibido de Stuart meses atrás; o como el tímido de Lorcan, sino un beso en todo el sentido de la palabra, como los que se mostraban en las películas…

Ya estaba delirando. Las películas no mostraban nada más que mentiras. No había hombres perfectos ni mujeres perfectas, eran simples seres humanos que tenían expectativas demasiado altas y las películas no hacían más que hacer creer a todos que esas expectativas altas podían cumplirse sólo para su bien. A final de cuentas todos eran como eran y no importaba con quién estuvieran, por dentro seguían siendo ellos.

-No entiendo por qué la gente se enamora- comentó Rose sin pensarlo.

Scorpius rió.

-Creo que todos se preguntan lo mismo a veces. Parece tan ilógico pero nos hace sentir tan bien que caemos en lo mismo una y otra vez. Ya lo verás cuando tú te enamores.

Ahora fue el turno de Rose de reír.

-No creo que ese día llegue.

Scorpius no dijo nada, simplemente se quedó en silencio a su lado. Había algo en él que había cambiado y Rose no supo adivinar qué era. De todas las personas que conocía, Scorpius era siempre el más difícil de descifrar.

-Se está haciendo tarde- observó Scorpius-. Mejor vámonos ahora antes de que empiece a nevar.

Rose asintió y juntos fueron hasta la salida. Devolvieron los patines y se encaminaron por las calles camino al auto de Scorpius.

-¿Escuchas eso?- preguntó Scorpius de repente, tomando la mano de Rose nuevamente y dirigiéndola hacia la siguiente calle, donde había una pequeña plaza en la que un grupo de personas cantaban y bailaban al son de la famosa canción what makes you beautiful, la cual estaba siendo interpretada por unos chicos que no tendrían más de dieciocho años.

-¿Bailas conmigo?- preguntó Scorpius risueño.

A Rose le entró pánico de inmediato. Odiaba bailar.

-No, Scorpius…

Pero él ya la había rodeado por la cintura, por lo que no le quedó más remedio que reír a carcajadas.

-Scorpius, soy pésima bailando- le recordó Rose aún entre risas.

-¿Y qué? Yo soy pésimo cantando, pero eso no impide que cante en la ducha.

Rose rió nuevamente y se dispuso a escuchar la melodía.

-¿Sabes? esa canción me recuerda a ti- dijo Scorpius pensativo.

-¿A mí?

-Sí, eres más hermosa de lo que crees.

Rose se sonrojó hasta las orejas. Su corazón comenzó a latir rápidamente y sus manos a sudar. Menos mal que llevaba los guantes puestos.

-Tonto- rió Rose sólo para que él no notara lo mucho que su comentario la había descolocado.

La canción terminó y Scorpius no mencionó nada más.

El camino a casa de Rose fue silencioso. Ella estaba demasiado ocupada preguntándose qué escrito le presentaría a Scorpius como para pensar en un tema de conversación, y él sólo iba callado, seguramente pensando en qué regalarles a los Longbottom de navidad.

Al llegar al departamento, Rose le pidió a Scorpius que esperara mientras ella iba a buscar las carpetas llenas de sus historias. Como aún no se decidía por cuál mostrarle, las llevó todas. No habían pasado ni cinco minutos cuando regresó a la sala y se encontró con un Scorpius profundamente dormido.

Entre divertida y enternecida, Rose fue a su habitación por una cobija limpia y lo arropó con ella. No quería despertarlo porque sabía lo cansado que debía de estar, así que mientras tanto, ella se dirigió a la cocina y preparó un poco de chocolate caliente (lo único que sabía preparar sin que la cocina terminara hecha un desastre).

Cuando estaba a punto de dar el primer sorbo, observó su planta de manzanilla, la cual se había secado hacía algunas semanas después de haber florecido maravillosamente. Aún recordaba lo que Scorpius le había dicho cuando eso había sucedido:

-No somos tan diferentes de las plantas ¿sabes? Al principio podemos parecer algo sin importancia, sólo una semilla, pero después crecemos y nos podemos convertir en algo sorprendente. Pero para eso necesitamos paciencia, porque no estamos solos en el mundo y no podemos pensar de manera egoísta, ya que siempre saldrá alguien dañado si sólo pensamos en nosotros. Y es que ¿sabes algo? Las personas son tan delicadas como las flores, cualquier cambio las descontrola y si haces un mal movimiento puedes dañarla.

Y Rose no podía estar más de acuerdo ahora.

Se sorprendió cuando sintió a Scorpius abrazarla por la espalda junto con la cobija calientita y la mirada adormilada.

-Deberías dormir un rato más- aconsejó Rose con un cariñoso reproche. Sin pensarlo, lo tomó de la mano y lo obligó a recostarse en el sofá. Tampoco fue que él pusiera mucha resistencia, pero en un silencioso intercambio de miradas, ella comprendió que Scorpius quería que se quedara con él.

Mientras acariciaba el cabello de Scorpius, cuya cabeza estaba recostada en las piernas de Rose, ella pensaba en lo maravilloso que era poder comprender a alguien sólo con una mirada. Le gustaba ser amiga de Scorpius, él siempre la hacía sentir especial, como alguien que era importante en su vida. Sabía que tenía muchos amigos, pero a ella la trataba con especial cuidado.

-¿Quieres chocolate?- ofreció Rose una vez que Scorpius despertó.

-Ya debería irme- dijo Scorpius como respuesta, ofreciéndole una cálida sonrisa-. No era mi intención quedarme dormido de nuevo.

-Mi sofá es tu sofá- rió Rose.

Scorpius le dio un pequeño abrazo y tomó los escritos de Rose.

-En cuanto los termine te diré mi opinión y si veo algo que puede gustarle a Daphne, te lo haré saber.

-Gracias, Scorpius- dijo Rose en serio agradecida. Después de todo, no estaba de más recibir algo de ayuda de vez en cuando.

Tulipanes rojos…

Era ya lunes y Rose trabajaba como de costumbre. La tensión entre ella y la señorita Greengrass se había relajado un poco desde la vez que Rose le había mostrado que era alguien competente y sabía mucho sobre política. Además, sospechaba que Sirius había tenido algo que ver con eso, pues cada vez que la señorita Greengrass había hablado con Sirius, se mostraba más amable con ella, como si el hombre le estuviera hablando bien de ella.

A la hora de la comida bajó para encontrase con Anabeth y Sam para ir juntas a comer a algún lugar cercano y hablar sobre los planes de la boda. Aún les faltaba conseguir el vestido y Rose comenzaba a ponerse nerviosa, pues sabía que tardarían en ajustarlo a la talla de Sam.

-¡Dije que es suficiente!- exclamó la voz molesta de Scorpius cuando Rose bajó del elevador.

En el primer piso había un alboroto. Muchos de los compañeros de Rose estaban observando algo que ella no alcanzaba a ver.

-Unos idiotas estaban peleando- informó Anabeth a Rose una vez que la vio.

-¿Por qué?

-No lo sé, pero hubo sangre.

Rose se acercó más, sólo para asegurarse de que Scorpius estuviera bien. Pudo ver a Mauricio siendo detenido por Francis y a otro sujeto que no conocía.

-He tratado de ser amable con ustedes, pero es obvio que lo que hago no sirve- dijo Scorpius observándolos a ambos con decepción-. Todos forman una parte importante de la editorial, se los he dicho muchas veces. No seguiré tolerando sus desplantes de agresividad ¿saben que pudieron haber dañado a alguien? Se van a llevar bien todos y punto final. Una más y están fuera de la compañía, es en serio.

-Yo los habría despedido así sin más- comentó Sam pensativa, llegando junto a Rose-. Pero en fin ¿tienen hambre? Yo tengo antojo de helado, pero Luca dice que debo cuidar mi alimentación porque últimamente como mucha comida chatarra. Precisamente tenía que comprometerme con un nutriólogo ¡con lo que me gusta la comida chatarra!

Pero Rose no la escuchaba, estaba demasiado ocupada asegurándose de que Scorpius estuviera bien, pero él ya había salido del edificio. Pudo notar la mirada de desprecio que Mauricio le dirigía, pero lo ignoró.

Las cosas en la editorial se habían salido de control, pero Rose confiaba en que Scorpius lo arreglaría.

Hola! Como ven, hubo actualización antes de lo debido (= por qué? Porque estoy feliz de que actualizaran Autoengaño hipotético! :3 si no se han pasado por ese fic ¿qué esperan? Se los recomiendo mucho.

Pero bueno, pasando a otras cosas. Ha habido un pequeño giro en el tiempo, y en el siguiente habrá otro, sólo aviso para que no se me asusten. Es necesario esto para que la historia avance, porque si no me quedaría relatando semana a semana qué es lo que hacen y no llegaríamos a nada.

Pronto habrá más acción, se los aseguro xD

Nos leemos pronto!

Besos!