(A/N): Antes que nada me gustaría disculparme porque, debido a que cuando empecé este fic apenas acababa de llegar al fandom, puse en el summary Eren x Levi sin saber que con eso estaba dando a entender que Eren sería el activo (ya ni me acordaba). Error de novato, pero que para algunos es un hecho horrible. Lo que no me cabe en la cabeza es que hay varios capítulos que dejan a las claras que es EREN quien va a entregar su culo y aún así llegamos al Lemon y hay gente que se sorprende. Admito mi parte de culpa, pero no miento, ni he puesto Eren x Levi para llamar la atención, sino por pura ignorancia. Ererilove, antes de lanzarme acusaciones de ese tipo hubiera preferido que ante la duda preguntaras, como han hecho algunas personas a lo largo del fic y a quienes he respondido sin problema. Intento poner mi cariño en las cosas que escribo y acepto las críticas porque me ayudan a aprender, pero no vengas a joderme con que hago las cosas con mala intención porque por ahí no paso. Ya está dicho, fin.

Espero que les guste este cap, es el penúltimo.


LEVI

Abro la puerta para recibir de lleno el peso de Eren encima mía. Menos mal que tengo bastante fuerza, porque se ha desplomado sin ningún cuidado. Tiene un aspecto lamentable. Ojeras; palidez; bolsas en los ojos y el pelo grasiento, más enredado de lo normal.

Arrugo la nariz al detectar que también huele a sudor.

—Joder, das asco —digo sin más contemplaciones.

Suspira sin liberarme de su abrazo y su aliento me hace cosquillas en la oreja.

—¿Es así como me saludas después de dos semanas? —pregunta fingiéndose dolido.

—Oye, aún no te he soltado, ¿verdad? —respondo—. ¿Qué pasa? ¿Se quedaron sin agua?

Eren rompe el abrazo para mirarme con las mejillas sonrosadas. Al menos gracias a eso ya no parece un zombie.

—He estado de exámenes, dame un respiro, Levi —menea la cabeza—. He estado toda la noche y la mañana repasando para el que tenía esta tarde. Estoy agotado, pero no aguantaba ni un día más sin verte.

Ya me tiene que desarmar con esas frases cursis suyas. Aunque reconozco que yo también estaba deseando verle. Me acerco de nuevo a su cuerpo y Eren inclina su cabeza para besarme. Todavía tengo muy presente lo que sucedió entre nosotros la última vez que vino a mi casa. He estado mucho tiempo sin tener sexo, pero desde ese día siento que me muero de ganas de hacerlo de nuevo con él. Estas dos semanas se me han hecho más insufribles que todo el tiempo que he estado sin pareja, es así de absurdo.

Sus labios se detienen antes de lo que me gustaría y cuando abro los ojos me topo con su sonrisa. Su mano acaricia mi pelo, aunque todos sus movimientos y expresiones delatan el cansancio acumulado que tiene encima.

—Dúchate —le ordeno mientras retrocedo unos pasos—. Pediré algo para cenar.

Empiezo a marcar el número de teléfono de mi pizzería favorita, pero la mano de Eren me detiene antes de que pueda presionar el botón de llamada.

—Levi, por favor, pizza no —me pide suplicante—. Me he atiborrado de pizzas y hamburguesas durante estas noches.

Frunzo el ceño. Yo nunca me canso de comer pizza.

—Está bien —me encojo de hombros con resignación y rebusco en la publicidad de algunos restaurantes—. ¿Te gusta la comida china?

Sus ojos se iluminan y asiente con entusiasmo.

—¿Hange no está? —pregunta mientras la busca con la mirada.

—No. Lleva unos días en la nueva casa, para habituarse —explico—. La semana que viene empezará a llevarse sus cosas.

Eren asiente despacio, dedicándome una mirada algo apenada. No voy a negar que me he sentido un poco solo estos días, pero la compañía de Moira me ha ayudado a no notar un vacío tan grande. Quién me iba a decir que echaría tanto de menos las verborreas de la gafotas al terminar la jornada. Por supuesto, jamás lo reconoceré en voz alta, pero sé que Eren es capaz de ver a través de mi indiferencia.

La cena llega en el preciso instante en el que Eren se deja caer en el sofá con el pelo empapado y un cambio de ropa que traía en la mochila. Después de cenar, nos dedicamos todos los besos y caricias que no nos hemos podido brindar durante las últimas dos semanas. Mi cuerpo no tarda en reaccionar, pero me veo obligado a aguantarme las ganas cuando veo que Eren apoya su cabeza sobre mi hombro con gesto cansado.

Comienzo a acariciar de forma distraída su pelo, sin atender a la película que lleva un buen rato sonando de fondo. Noto que Eren se adormece y que trata de luchar contra unos párpados que se empeñan en cerrarse.

—Qué rico —murmura complacido—. Levi, me voy a quedar dormido.

—Pues duerme —contesto en voz baja—. Has estado dos semanas sin descansar bien.

Se revuelve un poco para acomodarse mejor.

—Ya, pero quería aprovechar —murmura mientras acaricia la cara interna de mi muslo—. Sé que tienes ganas.

Las tengo. ¡Vaya si las tengo! Pero tampoco es como si no pudiera aguantarme.

—Hay tiempo para eso —murmuro mientras abro el canal de Netflix para buscar algo decente—. Descansa, tonto.

Suspira y se tapa con la manta que siempre dejo doblada en un extremo del sofá. Moira se acomoda a su lado y no puedo evitar mirar de reojo la escena. Eren está medio dormido, con los labios entreabiertos y una expresión relajada en su rostro. Ha tenido un descontrol de horarios estas semanas, mucho peor que el que tengo yo cuando me ataca el insomnio. Al menos le van a dar unos días de descanso antes de empezar el siguiente cuatrimestre.

Pienso sobre la fecha en la que estamos y no puedo evitar recordar que tengo un evento importante este fin de semana.

—Oye, Eren —mi voz lo sobresalta y me mira intrigado a través de sus densas pestañas—. Desde que nos conocemos siento que te he acaparado para mí todos los fines de semana.

Sonríe y gira su cuello para besar la mano que lo está acariciando.

—¿Y?

—Que igual preferirías estar con tus amigos de fiesta o algo así —explico—. No quiero que dejes de lado a los demás por mí.

Eren me dedica una mirada cargada de adoración. Una que seguramente está reflejada en mi rostro.

—Tranquilo, Levi. Mis amigos no son de salir de fiesta, nos gustan los planes más relajados —comenta con voz espesa—. Además, los veo casi todos los días.

—Entonces, no tienes planes este fin de semana —menea la cabeza y continúo—. Bien. Quiero que te sientas libre de rechazar el plan que te voy a sugerir. Ya te comenté que mi amigo Erwin se casa el próximo domingo. ¿Te gustaría…? Bueno, ¿Quieres venir?

Eren abre los ojos como platos, como si todo el sueño se hubiera esfumado de un plumazo. Ha sido más efectivo que todo el té negro del mundo. Se incorpora despacio para mirarme fijamente, sin ocultar lo mucho que le sorprende mi invitación.

—¿Estás seguro? —pregunta dudoso—. ¿Puedo ir?

—Erwin sabe que salgo con alguien —explico—. Me ofreció la posibilidad de asistir con acompañante. Entiendo que una boda es algo aburrido y que no te apetezca. No me voy a molestar si lo ves precipitado y no quieres venir.

Eren continúa mirándome sorprendido.

—¿Erwin sabe que sales conmigo? —inquiere intrigado.

—No —respondo—. Piensa que eres una mujer.

Veo que compone una mueca y se rasca la cabeza pensativo.

—¿No se lo vas a decir primero? —pregunta aturdido.

No soy capaz de controlar la media sonrisa que se dibuja en mis labios.

—No.

Sé lo que conlleva todo esto. No es solo invitarlo a un evento. Es reconocer delante de todos mis amigos y conocidos que Eren es mi pareja. Salir del armario.

—Aunque te advierto que son una panda de estirados.

Eren se echa a reír y me abraza con ternura. Creo que le hace feliz la idea de hacer oficial lo nuestro.

—Creía que no te gustaba ser el centro de atención —murmura contra mi camiseta.

—Y no me gusta, pero acabaré siéndolo tarde o temprano, hasta que se hagan a la idea.

Deposito un beso en su pelo y siento que vuelve a relajarse entre mis brazos.

—Vas a robarle el protagonismo a la novia —dice con falso tono de reproche.

—Que se joda —respondo.


Me contemplo en el espejo una vez más, ajustando las mangas del traje negro que rescaté del fondo de mi armario. Hacía tiempo que no me vestía de forma tan elegante, incluso me he peinado el pelo hacia atrás con fijador, algunos mechones se resisten, pero estoy contento con el resultado. Tomo una bocanada de aire y suspiro en un intento de relajarme.

—¡Hange, tenemos que salir ya! —exclamo mientras me reúno con Moblit en el salón.

Escucho el sonido de unos tacones y cuando miro hacia el pasillo me quedo boquiabierto. Es la primera vez que veo a esta mujer sin gafas y con una melena lisa y reluciente caer por debajo de sus hombros. Lleva un vestido azul que cubre su cuello pero que deja su esbelta espalda al descubierto. La tela cae con suavidad rozando el suelo y la muy maldita me saca más de dos cabezas con esos zapatos que se ha puesto.

Joder, está increíble.

—Enano, ¡qué guapo estás! —exclama con una sonrisa—. Tú también Moblit, no pongas esa cara.

Durante el trayecto en coche siento que los nervios me invaden de nuevo. Repito la dirección para que Moblit no se confunda al salir de la autopista y observo que tengo un mensaje de Farlan en el móvil. Abro la imagen donde se le ve junto a Moira en su habitación, me ha hecho el favor de llevarla a su casa para evitar que se quedara todo el día sola.

Farlan: Exijo una foto de la cara del cejotas cuando te vea. Sé un buen amigo y dame ese gusto ;)

Nunca se han llevado bien. Ni siquiera ha sido invitado a la boda.

Sin darme cuenta, el coche se detiene delante de una urbanización de chalets. Observo el número que cuelga delante del enrejado que tengo delante, al tiempo que Hange libera un silbido de admiración a través de sus labios.

—Desde luego Levi, has dado un braguetazo —comenta estupefacta—. ¡Qué pedazo de casa!

—Calla —replico aún más nervioso que antes—. ¿Cuánto tiempo tengo?

—Unos veinte minutos —contesta Moblit parando el motor—. Tranquilo, esperaremos aquí.

Abro la puerta y me bajo del coche escuchando las carcajadas de mi amiga a mis espaldas. Me giro para dedicarle una afilada mirada, está disfrutando con todo esto.

Me aproximo a la reja y presiono el botón del interfono que hay en un lateral. Me cruzo de brazos y espero, hasta que una voz desprovista de emoción me contesta a través del altavoz.

—¿Quién es?

—Soy Levi —contesto sin más explicaciones.

Transcurren unos segundos hasta que un pitido me indica de que puedo abrir la puerta. Camino a lo largo de un sendero empedrado con multitud de árboles frutales bien podados. Huele a césped recién cortado y el entorno se ve impecable, sin hojas que estorben en el camino. Cuando llego a la entrada principal, subo los escalones para toparme cara a cara con un par de ojos negros que me miran con recelo.

Una chica de pelo oscuro y expresión altiva me observa de brazos cruzados con la puerta de la vivienda entreabierta a sus espaldas. Debe ser su hermana. Su actitud no me amedrenta lo más mínimo, tan solo me limito a imitar su gesto con el ceño fruncido.

—Hola —dice al cabo de unos segundos, después de haberme analizado de arriba a abajo—. Pasa, Eren todavía no está listo.

Y yo creía que tenía las habilidades sociales de una piedra. Esta tía es peor que yo.

Nada más entrar, me sorprendo al comprobar que la casa no está decorada con los lujos que había sospechado en un principio. Es muy distinta de la de mi amigo Erwin, que parece un museo donde apenas te puedes mover. Esta casa mantiene un toque rural que la hace cálida y acogedora. En lugar de grandes ventanales y frías paredes blancas, me encuentro rodeado de muebles antiguos de madera y adornos típicos de las casas de pueblo. Si tuviera dinero, tendría una casa parecida a esta, me recuerda a las escapadas que realizo a la montaña.

La hermana de Eren pasa a mi lado y desaparece por una puerta donde se escucha una conversación de fondo.

—Buenos días, señor Ackerman.

Doy un respingo al escuchar mi apellido y giro mi cabeza hacia la izquierda, donde un enorme salón se despliega ante mis ojos. El padre de Eren me observa por encima de la prensa que está leyendo, con un brillo de reconocimiento en su mirada.

—Buenos días —contesto sin moverme del sitio.

—Me alegra comprobar que se recuperó de su lesión —comenta divertido.

Cuando pienso que la situación no puede volverse más incómoda, escucho que la puerta por donde desapareció Mikasa se abre de par en par.

—¡Por fin! —la versión femenina de Eren se aproxima a gran velocidad hacia mí con los brazos extendidos y una enorme sonrisa en su rostro.

Ahora sé de quién ha sacado mi novio su actitud afectuosa y esos abrazos de oso que dejan sin respiración.

—Carla, lo estás agobiando —escucho que dice el padre de Eren a mis espaldas.

—¡Oh! Lo siento —me suelta con cara de disculpa y me observa con ojos brillantes—. Tenía tantas ganas de conocerte. Eren no para de hablar de ti, está tan contento. ¿Lo has visto Mikasa? Es muy guapo.

La hermana de Eren nos observa con hastío desde la puerta.

—Claro que lo he visto, mamá —murmura con los ojos en blanco.

—Avisa a tu hermano —le responde la mujer—. ¿Cómo puede tardar tanto en arreglarse? Van a llegar tarde.

Mikasa gira sobre sus talones y sube las escaleras mientras pronuncia el nombre de Eren en voz alta.

—¿Quieres tomar algo? —me ofrece su madre con amabilidad—. Por cierto, gracias por invitar a Eren la noche de fin de año. Estaba muy triste pensando que estaría en esa residencia solo, se me rompía el corazón solo de pensarlo.

—Carla, tiene veinticuatro años —murmura su padre desde el sofá.

—Siempre pasamos esas fechas juntos —contesta ella con el ceño fruncido.

—No quiero nada, gracias —contesto con cortesía.

—¡Levi! —escucho la voz de mi salvación bajando por las escaleras.

Giro mi rostro y es la segunda vez en el día que me dejan boquiabierto. Eren lleva puesto un elegante traje de color gris, el pelo lo más peinado posible y una sonrisa arrebatadora en su rostro. Mierda, no soy capaz de quitarle los ojos de encima.

Su madre se aproxima en cuanto desciende el último escalón para arreglar el nudo de su corbata, mientras yo permanezco ahí de pie, comiéndomelo con los ojos de forma descarada.

En cuanto se acerca a mi, deposita un beso sobre mis labios. Yo lo recibo con la guardia baja y los ojos abiertos por la sorpresa. No esperaba que fuera a besarme delante de su familia. Joder, que vergüenza.

Su madre nos mira encantada, lo cual me avergüenza aún más.

—Estás tan guapo —murmura con expresión atontada.

Escucho un carraspeo a sus espaldas y veo que su padre ahora está de pie junto a Carla, que sostiene su móvil entre las manos.

—Dejad que os haga una foto, estáis guapísimos los dos —hace un gesto con las manos para que nos coloquemos juntos.

Eren rodea mis hombros y mi brazo rodea su cintura mientras intento componer una expresión aceptable. Hange insiste en que siempre pongo cara de estreñido en las fotos. No es mi culpa, no me va eso de posar.

—Ya está —exclama entusiasmada—. Será mejor que se marchen ya. Levi, espero verte pronto, ¿por qué no vienes a comer el próximo fin de semana? —dice mientras me da un nuevo achuchón.

—Mamá, ya veremos —contesta Eren en mi lugar—. Nos están esperando.

Su padre me despide con un apretón de manos y su hermana eleva su barbilla a modo de saludo. Cuando salimos de la casa, libero un profundo suspiro, hundiendo los hombros y relajando mi cuerpo.

Eren entrelaza sus dedos con los míos.

—Mi madre ya te adora —dice con tono de disculpa—. Perdónala. Es la primera vez que me ve tan contento en una relación.

¿Cómo puede adorarme si apenas he abierto la boca? Por otra parte, creo que eso ayuda.

Subimos al coche y siento que al fin puedo respirar tranquilo. Hange no tarda en alabar el aspecto de Eren y conforme vamos avanzando detecto que se va poniendo más nervioso.


Media hora más tarde, entramos en un recinto donde hay multitud de coches de lujo aparcados a los lados. Tardamos unos minutos en divisar un hueco donde estacionar y desde ahí ya reconocemos a algunas parejas que avanzan elegantes hacia el inmenso jardín donde va a tener lugar la ceremonia.

—¡Ay enano, que se nos casa el grandullón! —exclama Hange emocionada—. ¡Y también va a ser padre! El tiempo pasa tan deprisa, dentro de poco empezaremos a acudir a entierros y funerales.

Frunzo el ceño. Solo ella es capaz de hacer una reflexión así en un momento como este.

Nos bajamos del coche y veo que Eren se muerde el labio mientras se ajusta la chaqueta de manera repetitiva.

—Estoy nervioso —murmura cuando me acerco a su lado.

—No tienes de qué preocuparte —le digo con voz calmada.

—¿De verdad?

—Si. La mayoría son una panda de idiotas adinerados que nos van a mirar mal nada más poner un pie ahí dentro. Más aún cuando descubran que eres mi pareja.

Hange libera una risotada y se agarra del brazo de Moblit para evitar que sus tacones queden atrapados entre los adoquines del sendero.

—Gracias, Levi. Ahora estoy mucho más tranquilo —contesta con sarcasmo.

—De nada —me encojo de hombros y acaricio su brazo antes de indicarle con un gesto que me siga.

El sendero nos conduce a un amplio jardín que culmina en un extremo debido al majestuoso tronco de un árbol. Justo debajo, han colocado una pérgola decorada con rosas blancas que cubre una plataforma sobre la que hay un par de asientos mullidos tapizados con tela del mismo color. Los asientos de los invitados se extienden justo delante, creando un semicírculo. En lugar de las típicas sillas de exterior, parecen sillones individuales, mucho más cómodos y con una tela que recubre el tapizado original. De las ramas del árbol cuelgan una especie de farolillos de tonos blancos y anaranjados, y el suelo está repleto de pétalos y piedrecillas blancas que dibujan mandalas incompletos. Es todo tan puro que me daña los ojos.

Me dirijo a una zona apartada, donde hay una casa que posee una pared entera de cristal y a través de la cual se divisa la sala donde tendrá lugar la comida. Hange y Moblit se quedan atrás para hablar con otra pareja de recién llegados.

No tardo en divisar la melena rubia de mi amigo mientras sale de la puerta hacia mi dirección.

—¡Ah, Levi! Estás aquí —dice con actitud pomposa, luciendo su impecable traje adornado con una flor blanca en el chaqué.

—Yo soy puntual —respondo cruzando mis brazos.

—Perfecto. Los invitados ya se están sentando. Ya sabes dónde colocarte —su mirada se cruza con la de Eren y compone una expresión extraña—. Discúlpame, no te conozco. Debes de ser uno de los primos de Mary.

—Es mi acompañante, Erwin —interrumpo.

Mi amigo entrecierra los ojos y me mira como si le pareciera una broma de mal gusto.

—¿Levi? —inquiere con un hilo de voz.

—Erwin, te presento a Eren Jaeger —Eren compone una de sus perfectas sonrisas y extiende su mano—. Mi novio.

Las pobladas cejas de mi amigo están a punto de unirse al cuero cabelludo de su frente. Sus ojos están a punto de salirse de sus órbitas y un sonrojo cubre de manera parcial sus mejillas. Mis labios tiemblan, porque jamás he visto una expresión tan estupefacta en su rostro. Estoy disfrutando más de lo que imaginaba.

—Oh… —su voz suena unas octavas más agudas de lo normal, muy lejos de ese tono prepotente que tanto lo caracteriza—. Oh, disculpa. No lo sabía.

Su mano estrecha la de Eren, aunque aún no ha sido capaz de sobreponerse del todo a la sorpresa. Eren continúa sonriendo con naturalidad.

—Encantado de conocerte —dice con tono formal.

—Si… lo mismo digo… —Erwin me dedica una mirada interrogante.

—Y enhorabuena —concluye Eren liberando su mano.

—…Gracias.

Creo que no termina de creérselo.

—Eren, ve con Hange —le indico mientras acaricio de forma leve su costado—. Me reuniré contigo después de la ceremonia.

Él asiente y me toma de la mano durante unos segundos, acariciando mi piel con su dedo pulgar y dedicándome una mirada llena de afecto. Después, se despide de mi amigo y se dirige al lugar donde Hange y Moblit están esperando.

Cuando se aleja, me quedo a solas con Erwin, que me mira de brazos cruzados y con la misma expresión atónita de antes.

—Levi, ¿qué demonios?

—Ya te dije que vendría acompañado —contesto con simpleza.

—Joder, eso ya lo veo. ¿Ahora eres maricón? ¿A qué estás jugando? —pregunta de forma atropellada.

No me gusta el tono con el que ha pronunciado lo de maricón. Ha sonado demasiado despectivo.

—¿Me ves cara de estar jugando, Erwin?

Enmudece al advertir el tono de mi voz. Eleva una de sus manos para acariciar su cabello, el cual luce engominado y totalmente pegado a su cabeza. Sus piernas dan pequeños pasos hacia ninguna parte y un resoplido abandona sus labios.

—¿Desde cuándo? —pregunta incómodo—. ¿Por qué no me lo has dicho antes?

Me encojo de hombros.

—Lo conozco desde hace unos meses —no especifico cuántos, uso la estrategia de Hange—. Y no te lo he dicho porque ya sabías que salía con alguien.

—Pero es un hombre —contesta abrumado.

—Sí. Conservas bien la vista —comento con sorna.

—¿Ha sido idea de ese amigo tuyo, verdad? —comenta frunciendo el ceño—. ¿Te lo ha presentado él? Ya te dije que debías elegir mejor tus amistades.

Chasqueo la lengua molesto.

—Erwin, Farlan no tiene nada que ver con esto —enmudezco en mi propio discurso, tampoco es del todo cierto—. Al menos, no de la forma en la que piensas.

—¿Y desde cuándo te gustan los hombres? —pregunta entre dientes.

—Erwin, he conocido a alguien que me hace feliz. Pensé que te alegrarías por mí, ya que no has dejado de dar por culo todo el tiempo que he estado soltero.

—¿Podrías no usar una expresión como esa? —me pide mientras pellizca el puente de su nariz—. ¿Vas en serio? Me refiero, ¿has…? No, déjalo.

Abro los ojos sorprendido y una risa escapa de mis labios ante la mirada perpleja de mi amigo.

—Joder, Erwin. Eso es privado —el desconcierto en su cara es tal, que tengo que hacer un esfuerzo para no continuar riéndome—. No sabía que te iban los detalles morbosos, pero si.

—¡Dios, Levi! —pone los ojos en blanco y los brazos en jarras.

Me encojo de hombros.

—No pensé que tenías tantos prejuicios —comento con seriedad.

—No me malinterpretes —eleva una de sus manos para que le permita hablar—. No tengo ningún problema con la homosexualidad. Pero entiende que me sorprenda, más aún el día de mi boda.

—Ya —contesto con voz calmada—. Créeme, si lo he traído a tu boda es porque vamos muy en serio.

—Lo sé, te conozco bien. Bueno, al menos en ciertos aspectos creo conocerte bien —murmura mientras trata de recomponerse—. Levi. Un chico. No me lo esperaba.

Permanecemos en silencio durante unos minutos mientras los invitados terminan de llenar la mayor parte de los asientos.

—¿Te hace feliz? —pregunta de repente.

Elevo la comisura de mis labios y asiento levemente con la cabeza.

—Reconozco que nunca te había visto así, ya te lo dije el día que compraste la moto —comenta más calmado, depositando una de sus manos sobre mi hombro—. En ese caso, espero que os vaya bien.

—Gracias —contesto con sinceridad—. Ahora vamos, es tu gran día.

Su semblante recupera esa expresión de concentración que tenía antes de que le presentara a Eren y ambos nos dirigimos a nuestras respectivas posiciones, debajo de la pérgola, esperando a que la novia realice su entrada triunfal. No tardo en localizar un par de ojos verdes que me miran con atención. Eren me sonríe y yo quiño uno de mis ojos mientras sonrío en su dirección. A mi lado, Erwin suaviza su mirada.

La ceremonia es aburrida, como todas las bodas. Encima, dada mi posición de padrino, no puedo desconectar y dejar que mi mente divague. Mary me sonríe de forma forzada en cuanto pisa la plataforma y yo le devuelvo una mirada inexpresiva, no la trago.

Cuando llega el momento del convite, me apresuro para reunirme con Eren. Por suerte, Hange y Moblit no se han separado de su lado, por lo que no se ha sentido solo en ningún momento. Aprovechamos para brindar mientras los camareros pasan con bandejas repletas de entrantes. Por un instante, me olvido de donde estoy, ya que los cuatro conversamos de forma animada como hicimos durante la noche de fin de año. Cuando nos sentamos a la mesa que nos han asignado, observo que han colocado a los invitados junto con gente allegada o conocida. Sonrío al ver nuestros nombres —uno de ellos está en blanco, a mi lado—, y no tardo en descubrir quienes son las otras dos personas con las que vamos a comer.

Erwin también tiene su retorcido sentido del humor.

Busco los ojos celestes de mi amigo al tiempo que Petra y Auruo ocupan esos asientos. Erwin me mira desde su mesa y alza la copa en señal de brindis. Articulo una palabrota en su dirección y veo que me sonríe socarrón.

Aún no sé si los carteles estaban en esta disposición, o si los ha cambiado antes de que abrieran la sala.

El semblante de mi ex novia cambia de forma radical cuando le explico quién es el chico que está a mi lado. Ni siquiera el maquillaje es capaz de disimular la manera en la que el color ha abandonado su piel. Eren se tensa un poco al principio y veo que la evalúa de vez en cuando con la mirada.

—Oye, voy a empezar a pensar que no eres gay —susurro mientras el camarero retira los platos.

Eren se muerde el labio y se disculpa con la mirada, buscando entrelazar nuestros dedos sobre mi regazo. Tampoco puedo culparlo, es una reacción típica cuando conoces a un ex de tu pareja. Solo espero que no la considere una amenaza.

Tres botellas de vino más tarde, los seis conversamos de forma animada sin ningún tipo de problema. Incluso Petra muestra interés por los estudios de Eren, contándole anécdotas de una perrita que tuvo de pequeña. Después de los postres y el típico video cursi donde aparecen fotos de los novios desde su infancia con una canción nostálgica de fondo, nos vuelven a dirigir al exterior. Han retirado todas las sillas. Los farolillos que cuelgan de las ramas del árbol están encendidos, iluminando de forma tenue el extenso jardín, donde han colocado las típicas estufas con forma de pirámide que suelen usar en las terrazas de los restaurantes para combatir el frío.

Un DJ hace su aparición con su mesa de mezclas y en un extremo se ha improvisado una barra libre donde continuamos consumiendo. Soy consciente de las miradas que recibo por parte del resto de los invitados. Sin embargo, nadie se atreve a hacer ningún comentario al respecto, algunos todavía no han olvidado mi mal humor durante la reunión que organizó Erwin en su casa.

Conforme desciende el contenido de nuestras bebidas, Eren se muestra más cariñoso conmigo y yo tampoco le paro los pies. Me topo con la mirada asombrada de Erwin después de compartir un apasionado beso con mi novio, pero intenta disimular lo más rápido posible. Bailamos cada vez que suena alguno de nuestros temas favoritos y nos dejamos la garganta cuando suena algo de rock. Moblit es el único que se contiene a la hora de beber, ya que perdió en el sorteo que hicimos para averiguar quién conducía el coche de vuelta al apartamento.

Sé que mañana estaré hecho una mierda, pero me estoy divirtiendo.


Eren tararea una canción de forma distraída durante el trayecto, rodeando mis hombros con uno de sus brazos y dejando que mi cabeza se apoye en su pecho. Hange va roncando en el asiento del copiloto y Moblit se ve obligado a subir el volumen de la radio para mantenerse despejado. Cuando estaciona en mi barrio, salimos con torpeza del coche y nos despedimos antes de que continúen su trayecto hacia su nueva casa.

Eren observa divertido mis intentos de introducir la llave en la cerradura del portal.

—Levi, no es tan difícil —murmura arrastrando las palabras—. Déjame a mí.

Tardamos unos diez minutos en entrar al portal, doblados por la risa y echándonos en cara la torpeza del otro. Subimos las escaleras con lentitud y suspiro con fastidio al toparme con la puerta del apartamento.

—Mierda, otra cerradura.

Eren comienza a reírse a mis espaldas y se apoya en la puerta mientras me concentro lo máximo posible en enfocar el agujero.

—Con esa puntería olvídate de tener sexo esta noche —dice sin tapujos.

Su declaración me hace estallar en una carcajada. Apoyo mi frente contra la puerta y dejo caer las llaves al suelo, mientras siento que los ojos se me llenan de lágrimas. Estúpido Eren, estaba a punto de conseguirlo.

Cuando conseguimos entrar —varios minutos más tarde—, atacamos la despensa de la cocina en búsqueda de cualquier alimento que nos ayude a asentar nuestros estómagos. Al menos es un truco que he usado siempre para evitar que la resaca sea tan terrible, aunque desde hace unos años ni siquiera eso me funciona. Nos tumbamos en la cama entre risas, buscando provocarnos. Nos desnudamos con torpeza, sin dejar de besarnos, sin dejar de acariciarnos.

Apenas nos hemos dado un poco de placer y no ha tardado en quedarse dormido. Sonrío complacido al advertir sus breves ronquidos. Lo tapo con la manta y lo estrecho entre mis brazos, depositando un beso en una de sus mejillas sin despertarlo. Las paredes de mi habitación continúan moviéndose y ese mareo consigue adormecerme cada vez más.

Pienso en todo lo que me gustaría hacer a partir de ahora junto a Eren. En las ganas que tengo de que por esta vez me salga bien, de que por fin haya dado con alguien con quien compartir mi vida, con alguien que no se canse de mí y de mis manías.

Solo el tiempo me dará una respuesta.


(A/N): ¡Gracias a todos los que continúan leyendo este fic! Respondo reviews de los guest:

NekitaKurosaki: No era mi intención, como ya he comentado arriba, en el momento que puse eso no era consciente de que el orden de los nombres importaba. Aún así, agradezco que no te lo hayas tomado mal y que hayas sido comprensiva. Ya he corregido el summary.

CrazyCatLady: ¡Muchas gracias a ti por leerla! Me alegra que te guste.

Noa: Todos esperaban el revolcón xD se han hecho de rogar. Me alegra de que haya sido de tu agrado y que sigas leyendo este fic. ¡Gracias!