Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer, simplemente estoy jugando con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.
Dedicado a feruzzi (ame lo de Voldemort),LiliaOrtega, isa Kathe, Robmy, son las que acertaron.
CAPÍTULO 20
Bella
—¿Bella? —contraje mi nariz con molestia e intenté abrir los ojos.
Lo primero que noté fue el lugar dónde me encontraba, era imposible no reconocer un hospital. Sintiéndome tranquila busqué a la persona a mi lado, sonreí cuando observé a mi adorada madre a mi lado.
—Mamá —susurré con la voz rasposa.
Ella comenzó a llorar mientras decía lo feliz que estaba porque ya me encontraba a salvo, después me obligó a descansar de nuevo antes de que los demás llegaran para visitarme.
Al despertar por segunda vez me sentía más cálida, observé a Edward a mi lado sonriéndome con ternura. Le regresé la sonrisa y busque su mejilla con mi mano para acariciarla y demostrarle que estaba bien. Realmente lo había extrañado.
—Hola —lo saludé.
—Hola —respondió depositando un beso sobre mi frente—. ¿Estás bien? ¿Te sientes mejor?
—Sólo me siento cansada y adolorida, estaré bien —le aseguré.
—¿Tú estás bien? —pregunté alarmada, recordando como lo había visto ser golpeado—. Ese tipo…
—Tranquila, estoy bien. Sólo fue un golpe, hace dos horas el doctor me revisó; no te preocupes.
Debí haber imaginado que Victoria nunca lo pondría en peligro.
Al recordarla las imágenes de ella con el arma en su cien llegaron a mí.
—¿Victoria…? —le cuestioné, tomó asiento a un lado de la camilla y sostuvo mi mano entre las suyas.
—Está en terapia intensiva, no hay muchas posibilidades de que pase la noche —explicó.
Levanté su barbilla con mi mano libre cuando vi en su mirada una mezcla de culpa, preocupación y tristeza.
—No es tu culpa —comenté.
—Si hubiera sabido de su amor —lo observé con curiosidad—, le hubiera dejado en claro que no podría haber nada entre nosotros porque te pertenecía incluso antes de darme cuenta de ello.
A pesar de que me había gustado la oración completa, tuve un sentimiento agridulce sin lograr detectar el porqué.
—No hubieras podido hacer nada —comenté con pesadez—. Victoria tiene una obsesión enfermiza, no lo hubiera entendido. Incluso si se recupera… necesitará ayuda profesional. Incluso si eres su objeto de amor, no es tu culpa.
—Sé que tienes razón, todos la tienen. Aun así, me siento culpable y temo que Kata también lo piense.
—No. Ella no pensaría eso —aseguré, consiguiendo un abrazo en el camino. Viendo cómo se sentía Edward, desee que Victoria no falleciera porque si sucedía sería un golpe muy fuerte para él, Kata y Claire. Aunque sabía que de algún modo ella tendría que pagar por lo que nos hizo esperaba no fuera de esa manera—. Ella me confesó haber contratado a un fotógrafo para que me siguiera —dije.
—Lo sé, lo descubrí y lo siento, nunca me perdonaré por dudar de ti de esa manera.
—No te niego que me sentía dolida porque desconfiaras de mí pero ahora que sé era una trampa y ese era su objetivo puedo comprenderte. Aun así pienso que deberíamos de aclararlo para dejarlo en el pasado.
—¿Podemos sólo olvidarlo? —cuestionó en tono de broma—. La verdad es que no creo exista alguien que quiera escuchar a su novia hablar de su ex —agregó con una leve mueca.
Novia. Lo miré intensamente por algunos segundos antes de encontrar mi voz.
—No —respondí seriamente.
—Bien, tu ganas —aceptó, sin estar muy de acuerdo e hizo un ademan dándome la pauta para empezar.
—¿Recuerdas la última vez que fui de compras con Alice? —aguardé, esperando su respuesta—. Aquel día nos topamos con Jacob, aunque quería ignorarlo él insistió, no actuó mal sólo se disculpó por sus errores cuando estabamos juntos —dije, mirándolo a los ojos—. Nos deseó felicidad en nuestro matrimonio y eso es todo. Realmente no creí que eso nos trajera muchos problemas —finalice con nostalgia.
—A pesar de eso, estamos aquí. Ahora más que nunca quiero hacer las cosas bien —le sonreí suavemente—. Tengo que viajar hacia L.A. para arreglar algunas cosas cuando vuelva iremos a cenar, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —acepté, complacida.
—Ah, me iré ésta noche pero prometo regresar tan rápido que no me extrañaras —aseguró—. También…tu amigo… —balbuceó.
—¿Amigo? —inquirí, confundida.
—James. Quiere hablar contigo cuando te den de alta.
—¿Por qué no ahora?, ¿está aquí? —temí que le hubiera dicho algo fuera de lugar.
—Creo que quiere que estés completamente bien.
No me pareció muy convencido de sus palabras, no le cuestioné más porque mis padres y amigos llegaron para verme y desafortunadamente Edward se fue un par de horas más tarde hacia el aeropuerto.
Edward
—¿Edward, estás seguro? —escuché preguntar a Garrett cuando estaba por firmar su cheque—. Cuando lo firmes no habrá vuelta atrás…
—Garrett… —lo detuvo Kate y me miro con suplica—. ¡Edward, firma de una vez o perderemos nuestro vuelo a Paris!
Mirándola con una gran sonrisa, tomé el bolígrafo y firmé el último cheque de Garrett, lo que significaba que habíamos finalizado nuestro acuerdo profesional. Sabía que era bueno en su trabajo por lo que no le sería difícil encontrar a otro joven el cual representar. Finalizar los proyectos que tenía fue un poco difícil, para evitar demandas tuvimos que pagar multas mientras que en otro únicamente tuvimos que conseguir un remplazo.
Kate se aclaró la garganta para llamar mi atención.
—Fue un placer haber trabajado contigo.
—Es verdad, fueron grandes años y buenos proyectos. Si alguna vez quieres regresar, llámame —comento Garrett.
—Gracias a ambos por trabajar conmigo y también por su amistad —les agradecí.
Kate estaba poniéndose melancólica por lo que me abrazo.
—¡Hey! ¡Suelta a mi mujer! —Garrett me gruñó pero se unió al abrazo con diversión.
«•»
En camino hacia el aeropuerto de LAX le avisé a Alice que me estaba dirigiendo hacia Forks para que consiguiera que Bella estuviera lista para la cena sorpresa que tendríamos en la noche. Realmente esperaba que el vuelo no se retrasara o sucediera algo que entorpeciera mis planes.
…
Emmett me recogió en la puerta del aeropuerto de Seattle para llevarme al pequeño hotel en Forks donde se estaba hospedando mi familia, aunque no comprendía del todo porque ellos seguían en ahí. Descanse por un corto tiempo y cerca de las nueve de la noche partí hacia la casa Swan, cuando Bella me vio estaba naturalmente sorprendida pero eso no le impidió sonreírme.
—Así que… tú eres el por qué Alice me torturó gran parte de la tarde —afirmó comprendiéndolo.
—¿Valió la pena? —cuestioné con diversión, ella asintió y entonces le pregunté: —¿quieres ir a cenar conmigo?
—Sí, definitivamente. Me pase gran parte de la tarde arreglándome sin saber por qué —expresó—. Me alegra que hayas vuelto.
Me hizo pasar al interior mientras iba por su bolso. Sus padres habían salido con los míos y su abuela estaba con sus amigas, probablemente haciendo algo fuera de lo común. La admiré mientras bajaba por la escalera, me encantaba su sencillez y naturalidad aun si tenía un vestido en tonos rojos y oscuros.
—Te ves increíble —la alabé logrando que se sonrojara—. ¿Nos vamos?
A ella le fascinó el restaurante, sobre todo porque no era costoso o privado.
—¿Cómo estuvo tu viaje? —cuestionó después de que el mesero nos sirviera una copa de vino blanco para acompañar nuestros platillos.
—Tengo algo que decir —dejó de comer para mirarme—. Terminé con mi carrera de actuación.
Se asombró tanto que no habló por varios segundos. —¿Por qué? Ese era tu sueño.
—No, creí que lo era, entonces te conocí —le sonreí dulcemente.
—Eso es lindo, pero no puedes dejar tu carrera por mí.
—No te molestes pero no es sólo por ti. Tenías razón sobre que mi rostro no va durar por siempre —se sonrojo avergonzada, tal vez recordó cuando me lo dijo—, además últimamente he desatendido mi carrera y mi vida, ahora tendré más tiempo para todos a los que quiero —terminé tomando su mano por arriba de la mesa.
—¿Entonces no es sólo por mí? —cuestionó divertida y relajada.
—No del todo, lo siento —negó con una sonrisa.
—Aun así, tus admiradoras lo pensaran. Solo espero no hagan un campamento fuera de la casa —sonreí, fascinado.
A partir de ahí, nuestra cita tomó su camino. Después de llegar a su casa terminamos nuestra cita con un breve beso en los labios, por supuesto, bromeamos al respecto.
«•»
Al día siguiente pase por ella para ir juntos hacia la comisaria de Forks.
—¿Qué hacemos aquí? —me preguntó Bella desde el lado del copiloto.
—¿Recuerdas que te dije que James quería verte? —cuestioné con seriedad.
No podía hacer nada contra lo que sentía, me enojaba saber que Bella convivio con el peligro sin saberlo. Aunque, no niego que agradezco el hecho de que nos dijera dónde encontrarla y que se entregara por sí mismo.
—¿James? ¿Qué hace él aquí? —preguntó preocupada.
No le respondí directamente, en cambio me limité a caminar entre los pasillos y presentarme con el oficial Billy, él nos dirigió al cuarto de declaraciones. Sentía la ansiedad de Bella cada que me miraba, pensé que lo mejor era que supiera sobre James de su propia boca y no de la mía. No tardó mucho cuando el susodicho entró.
—¡James! — Bella se levantó de su asiento y lo llamó con sorpresa—. ¿Por qué estás detenido? —preguntó hacia él después de mirar las esposas en sus muñecas.
—Siéntate, Bella —él le dijo con tranquilidad después de mirarme fugazmente—, tengo mucho algo que decir.
Bella se mostró confundida pero obedeció y se tomó asiento a mi lado. Tomé su mano y moví la cabeza hacia el chico, indicándole que comenzará a hablar.
—No sé cómo vayas a tomar lo que te diré pero no le daré más vueltas al asunto —le advirtió, con una mirada de disculpa—. Primero te ofrezco una disculpa, no espero me perdones, sólo quiero decir que realmente lo siento —sentí la mirada de Bella más confusa.
—Realmente, no estoy entendiendo —ella comentó, haciendo que James tomará un respiro profundo.
—Mi nombre real es Riley, mi hermano era quien se llamaba James —empezó, mi rostro también fue de sorpresa ya que desconocía ese dato—. Fui quien tomó las fotos y se las vendió a los medios. Para ser más sincero, sabía quién eras cuando me acerqué a ti en aquella cafetería.
—¿Tú? —Bella le dio un apretón a mi mano mientras elegía sus palabras—, ¿por qué?
—El por qué —él balbuceó—, es una larga historia. En resumen, me uní a Victoria como su cómplice para ganarme su confianza. Ella fue quien facilito que mi hermano muriera, ella le hizo mucho daño —se detuvo y me miró también con pena—, igual que lo hizo con ustedes.
—Tu nos hiciste lo mismo —detuve a Bella con suavidad, apretando su mano.
—Si sabias que nos dañaría tanto porque permitiste que llegara tan lejos —intervine con frialdad.
—Estaba ocupado con mi venganza personal que no me importó a quien dañara, parece que esto no está ligado pero lo está —Riley me sonrió con tristeza—. Edward, tú… realmente eres parecido a mi hermano, al menos físicamente, creo que es por eso que ella giraba a tu alrededor. Tampoco ha superado la muerte de mi hermano.
Mi respiración se detuvo momentáneamente, no supe cómo reaccionar con su teoría por lo que me mantuve en silencio. Bella tampoco dijo nada así que Riley continuó.
—También… fue su cómplice en tu secuestro —confesó. Empuñé mi mano libre y cuadré mi quijada debido al enojo que me sentí al recordar esa situación—. Fue quien te alimentaba, fui uno de los secuestradores.
Isabella no sabía hacia dónde mirar o qué decir, sólo veía como las lágrimas se acumulaban en sus ojos. Tal vez se sentía enojada, dolida y traicionada.
—¿Todo lo que has dicho es verdad? —él lo aceptó—. ¡Todo este tiempo me mentiste! ¡Te creí brevemente mi amigo e incluso te hablé de mi vida! —ella se levantó de su asiento.
—Tienes razón, sin embargo, fui sincero sobre lo poco que te conté de mi familia y mi intención nunca fue herirte; mi plan era contra victoria.
—No puedo creerte, me siento traicionada —la vi dirigirse hacia la puerta dónde el oficial le permitió la salida, me levanté para seguirla y mostrarle mi apoyo de cualquier manera.
—Sé que no estoy en ventaja de que me creas o me tengas pena pero… ¿podrías hacerme un favor? —la voz de Riley me detuvo.
Me pensé mucho mi respuesta pero al final recordé que él me había hecho uno al ayudarme a recuperar a Bella sana y a salvo.
—¿Qué necesitas?
Bella
Edward me llevó de regreso a casa de mi abuela, en el transcurso no dije ni una palabra, no quería hablar sobre lo que acababa de suceder. No quería victimizarme pero tampoco quería pensar en disculpar a Riley por mentirme. Simplemente no quería malgastarme pensando en eso.
Edward se había mantenido al margen, desde que habíamos salido de la comisaria lo noté metido en sus propios pensamientos. ¿Él estaría ocultándome algo? Con ese pensamiento me sentí molesta. Me preocupaba que no pudiera volver a confiar en alguien.
—¿Te gustaría ir a cenar conmigo? —él me preguntó cuándo nos detuvimos frente a la casa de mi abuela.
—Hoy no —respondí, tratando de que no me notara enojada.
—¿Pasa algo? —por supuesto, no era tan buena escondiendo lo que sentía.
—Estaré bien —respondí con un suspiro.
—No te presionaré pero estoy a tu lado, ¿bien? —me prometió.
Edward me acompaño dentro y se quedó a conversar con mi familia. Me disculpe y me subí a mi vieja habitación para pensar, en mi cama deje salir mi exasperación. No podía dejar ir la imagen de james o Riley disculpándose, se veía arrepentido pero podría ser otra mentira. No sabía que pensar al saber que estuvo implicado en el secuestro, había tantos pros y contras.
Mi madre entró minutos después y me informó que Edward se había ido, sólo le bastó una mirada para que notara que algo estaba mal. Simplemente le conté todo lo que Riley me había revelado y cómo me sentía.
—No sé qué decirte, no lo conocí tanto como tú, aun así…cariño, las personas cometen errores y aunque hay niveles de esos errores nunca hay que ignorar cuando una persona realmente se disculpa por ellos —escuché a mi madre en silencio—. Lo que digo es que actuar y equivocarse es más fácil que disculparse. No quiero que pienses que estoy de su lado pero le debo el que ahora estés junto a nosotros.
Miré a mi madre con los ojos llenos de sorpresa. —¿Él delató a Victoria? —ella asintió con los ojos llorosos—. No lo sé, mamá,…podría perdonarlo pero nunca terminaré de comprender por qué lo hizo u olvidar lo qué hizo.
—Eso sobreviene con el tiempo, cariño —mi madre me sonrió con dulzura—, pero cada paso es de ayuda.
«•»
Cuando baje para desayunar me sorprendí al ver a Edward conversando animadamente con mi padre. Los saludé sin salir de mi estado de asombro, es decir, me alegraba que estuviera ahí pero no me había dicho que iría a verme.
—Estaba comentándole a tu padre que vine para proponerte que desayunáramos juntos —me explicó con una sonrisa espontanea.
—Deberías ir con Edward, de todas maneras tus padres y yo iremos a Port Ángeles —mi abuela apoyó a Edward.
Él me sonrió más abiertamente y terminé aceptando. Treinta minutos después estábamos yendo rumbo al restaurante del hotel dónde la mayoría de su familia y mi amiga estaban hospedándose. Por supuesto, todos ellos estaban esperándonos para desayunar juntos.
Pude conversar con Rosalie y ella se disculpó por desconfiar de mí, a pesar de que no lo sabía hasta ese momento. Sin embargo, Edward y yo aprovechamos esa oportunidad para explicar el asunto y no hubiera más malinterpretaciones. Cerca del mediodía Edward decidió raptarme.
—No es que dude de ti pero, ¿hacia dónde vamos? —le cuestioné con curiosidad.
—Hacia el aeropuerto de Seattle —me explicó con diversión.
—¡¿Qué?! —chillé con aturdimiento—. ¿En verdad me raptaras? —él comenzó a reírse.
—No, cariño. Iremos a recoger a alguien.
—¿Por qué siento que me estas ocultando algo? —pregunté un tanto incomoda.
Me miró apenado, como si entendiera porque mi mal humor hacia él. —Lo lamento, no creí que eso te enojara.
—No, está bien —reconocí, me sentí avergonzada por mis pensamientos aunque él no me estuviera reprochando—, siento haberme comportado así. No puedo evitar sentirme ajena a lo que pasa a mi alrededor, lo que hizo Riley me hace sentir estúpida.
Edward detuvo el auto en la orilla de la calle y me miró con disconformidad. —Tú no eres estúpida, cariño. Si me hubieras dicho que te incomodaba te hubiera explicado todo —me sonrió dulcemente—. No quería molestarte, te veías tan enfocada en lo de Riley, no quise estresarte más.
Tomé un respiro profundo, en primer lugar no podía creer que aquel hombre fuera tan real y comprensible, y en segundo lugar mi madre tenía razón respecto a Riley: cada paso me acercaría a la estabilidad.
—Ayer, Riley me pidió que contactará a Tanya —lo miré, confundida—, ¿sabías que le gusta ella?
Estuve pasmada por algunos segundos antes de decidir cuál sería mi siguiente paso.
—¿Edward, puedes dejarme en la comisaria? —me miró asombrado por mi petición pero aceptó.
Él se dirigió al aeropuerto después de dejarme y despedirse. Entré a la comisaria y pedí ver a Riley, pase a la habitación de declaraciones y espere por él. A diferencia del día pasado, esta vez noté lo cansado y pálido que se encontraba.
—Isabella —me saludó con asombro y aturdimiento—, no creí que regresaras. ¿Tu…novio?
Sonreí a medias, recordándolo como mi versión personal de Cupido.
—Él vendrá después, quería hablar contigo a solas —revelé, nos miramos y en silencio acordamos tomar asiento—. He pasado la noche pensando en mis sentimientos, no puedo tener algún sentimiento negativo hacia ti. Mi madre me contó cómo los ayudaste a encontrarme, gracias.
—Me enfoqué tanto en mis sentimientos contra esa mujer y caí muy bajo —comentó—, no me arrepiento del todo porque aunque suene sádico sé que ella tampoco lo está pasando bien —aunque no compartía ese pensamiento, Riley siempre sería Riley y tenía sus propios fantasmas con los cuales tratar—, pero después de entregarme y confesar a las autoridades me siento mejor, siento que estoy haciendo bien las cosas.
—Estás teniendo otra oportunidad para hacer las cosas mejor —le dije sinceramente.
—Puede sonar extraño, incluso un cliché, pero gracias por la confianza que me tuviste, el que estés aquí…lo agradezco —suspiré pesadamente e hice una mueca.
—A pesar de que quiero seguir, eso no quiere decir que olvidaré lo que hiciste y tampoco podremos ser buenos amigos —le aclaré.
—No pido más, sé que me has dado mucho —sonrió débilmente—. Al menos…trata de visitarme cuando me trasladen a California.
—No te prometo nada más lo intentaré —accedí y eso pareció agradarle.
—Estaré cerca de seis años asegurados en prisión pero la sentencia final lo influenciará mí comportamiento —se encogió de hombros con aceptación.
Haber hablado con él me hizo sentir mejor. Me despedí de Riley después de unos minutos más, Alice y Jasper me hicieron el favor de pasar por mí y después fuimos a recorrer los alrededores, pasamos gran parte de la tarde en la Push. Después fuimos hacia el hotel dónde Rose se nos unió para ver un par de películas. Eso me ayudó a distraerme mientras Edward y Tanya llegaban.
Aun así, cuando el timbre de la habitación de Alice sonó casi me tropecé por abrir. Me topé con los ojos azules y profundos de Tanya y sonreí sinceramente. —Hola, Tanya.
—Isabella —ella me saludo con un torpe abrazo—Edward me contó lo que les sucedió, me alegro de que estén bien.
Aunque por supuesto me afectaba, no le estaba pasando realmente mal. El hecho de que Victoria estuviera en el hospital y Riley se hubiera entregado y declarado me hacía sentir segura porque sabía no había nadie persiguiéndome.
Rosalie conocía a Tanya pero Alice la conoció en ese momento y la integró en una conversación pacífica. Edward me dirigió al pequeño frigobar por bebidas dónde me dio un rápido beso en los labios. Aunque no sabía cómo nombrar nuestra relación o si estábamos juntos, no me molesto.
—Creí que irían hacia la comisaria.
—Íbamos, pero es muy tarde —explicó distraídamente, acarició el dorso de mi mano con suavidad, en cualquier otro momento eso no hubiera sido extraño pero noté que se veía extraño.
—¿Qué ocurre? —ante mi pregunta reaccionó abrazándome y soltando un suspiro.
—Contarle a Tanya lo que sucedió, me hizo recordar y pensar por lo que pasaste. Sólo quiero tenerte entre mis brazos —confesó.
Me sentí enternecida y mis ojos se llenaron de lágrimas mientras mis brazos también lo rodearon. —Estoy aquí.
Después de varios segundos en paz, él se aclaró la garganta y me miró con preocupación. —¿Cómo estará, Victoria?
No sabía de la situación de ella, él no me contó nada desde que salí del hospital, ni siquiera Alice o Rosalie me quisieron decir.
—¿Cómo crees que esté? —regresé la pregunta, en un tono de vacilación.
—No sé, mis padres se niegan a hablar sobre ello y Kata se siente avergonzada que huye de mí —explicó—. Me gustaría ir, no estaré tranquilo hasta no saber qué pasa con ella.
—¿Qué te parece si vamos al hospital? —le pregunté, aunque no me sentía fuerte no quería verlo sentirse culpable—. Kata debe de estar pasándola difícil, y aunque no quiera no podemos dejarla sola, ella y Claire nos necesitan aunque se nieguen.
—¿Estas segura? —asentí—. La visita acaba dentro de dos horas… ¿prefieres ir mañana?
Negué. —Iré a cambiarme.
Mientras más pronto lo enfrentáramos, mejor.
LM.
