Holaaaaa!
¿Puede ser más perfecto este día? La serie me hizo feliz con ese besoo *w* ohh no he podido dejar de verlo en todo el día ¡lo juro! *w* ¡Ame todo el capítulo! Y luego uds me hacen feliz con los 201 review ¿Qué hice para merecer tanta felicidad?
Y como lo prometido es deuda, aquí les traigo el capítulo xP confieso que casi no actualizo hoy, porque en mi afán de ver el cap 12 de shadowhunters apenas lo liberara Netflix, no dormí anoche y lo ví en la madrugada antes de irme a clases xD y como resultado caí muerta todo el día xD pero aquí está.
¡Gracias a todos por sus hermosos review y PM! A Guest (1), siriuslush, Cassie Malfoy, Marian, Sunako1993, Kyle Lancaster, marinasugus13, Hikari, Lalala, Guest (2), Fan, NUMENEESSE y Alejandra; y a los que le dan fav y follow a este fics :P
Guest: oh si pensaste que Alec había llegado recuperado? X.X bueno Maia está dolida, acusa a los Lightwoods por la muerte de Jordan, claro que quiere pelea. Oh descuida, yo también lo tengo en inglés, pero es que no entiendo nada Y_Y de todas formas gracias :D
Cassie Malfoy: jajaja si, tenías razón xD y sobre si sigue bajo efecto de la poción, este cap te lo responde :D
Marian: jajajaja, cuando una se pasa al lado oscuro, no sale a pesar de todo el remordimiento por Malec xD me alegra que te gustara el cap :P
Kyle Lancaster: aquí se vienen Sebastian, Max y los besitos Sebalec ;) jajajaja el capítulo de la serie me encantó pero eso no implica con quien quedara Alec aquí XD gracias por el comentario :3
Hikari: hola holaa :D me alegra que te animaras a comentar; y pues si, Alec se merece un Oscar y todo xD esperanza…esperanza…ya veremos xD Espero que hallas sobrevivido al cap de la serie, así que espero tu comentario ;) un beso :3
Lalala: ¡Están vivos y mutando! Por eso me encantan xD oh bueno prepárate para que ese kokoro sufra otra vez… Alec es un caballo de Troya, Sebastian es el caballo de Max… todos son caballos a fin de cuentas xD ok, me descubriste, ese era el plan con Magnus susurrándole al garbancito que lo amaba: matar gente :D jojojo tu lado Malec revivirá un poco más en este capítulo, estoy segura :D bueno, ya verás en este cap que hizo Sebas luego de que Amatis le chismeara. Izzy y Maia se traen ganas de guindarse del cabello en cualquier momento xD creo que de todo lo que dijo Alec, eso a Robert fue lo más fuerte; bueno, eso y lo que le dijo a Izzy sobre Max u.u oh bien, sospecha de la estela, sospecha del teléfono, haces bien jojojo ;D oh pero reamente no reveló todo del escondite: solo dijo Sebastian está en Idris; si quisiera hecharlo de cabeza habría dicho que estaba en la casa donde Jace lo mató, él sabe dónde está y habrían llevado una horda de Nefilims a atacarlo, nah, Alec sabe lo que dice xD oh eso pasa, cuando uno está medio dormida y todo pierde sentido xD seh, Alec destiló veneno en esa última escena jajajajajajajja me mató esa entrega del Oscar xD lo siento Leo, espera otro año, este se lo merece Alec xD ame a Max llevando el sobre y sobre todo el discurso de Alec xD "luz de mi hoguera" jajajajajajaja oh en realidad duermo con una gran sonrisa pensando en cómo hacerlas sufrir con cada capítulo (soy mala, lo sé jojojo) oh ya sabes que pedirá ;) ¿Qué te hace pensar que cada vez que se descubría el hombro no era intencional? Digo, ocurrió en los momentos oportunos frente a Robert y Magnus, como para que sufrieran más. Oh ver la serie, pero sobre todo ver a Matt Daddario en pantalla grande sería lo más hermoso del mundo *w*
Guest: Hola! Ohhh realmente no te puedo decir cuál es la pareja final, sino ¿qué chiste habría? Un beso :3
Fan: no desesperes, aquí está lo prometido :D
Alejandra: Wow estaba a nada de actualizar cuando llegó tu review xD menos mal actualicé la página antes o no lo habría visto D: oh que dilema: amar al Alec malo pero no querer que sufra el resto xD oh vamos, obviamente no te diré como terminara esto :D ese es el chiste: que mantengan la duda ;) un beso :3
¡Ahora sí, prepárense que les dejo leer!
Parte II: Al infierno se va en pareja
¿Qué pasa cuando se abrazan el amor y la muerte?
¿Se muere el amor o se enamora la muerte?
Tal vez la muerte moriría enamorada
y el amor amaría hasta la muerte
Anónimo
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Capítulo 21: Caballo de Troya
Le resultaba muy raro ser una extraña caminando por un lugar que había sido su hogar, ser una infiltrada donde en tiempos tuvo derecho a ir por donde quisiera. –
Ken Follet
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Sebastian se sintió pesado, abotargado, casi como si a medida que caminaba en dirección a Alec percibiera todo con una capa de irrealidad. ¿Había sido Alec quien delató a Seelie ante la clave? ¿Alec quien lo había traicionado? Si se comunicó con Jace para eso, quien sabría para que más lo hiciera.
Sacó su cuchillo serafín. Si Alec había sido capaz de traicionarle con eso, bien podía estar pasando toda clase de información a su familia; si tenía como hablar con Jace, ¿Quién le garantizaba que no lo hiciera con el brujo Bane?
Arremetió contra el Lightwood quien hablaba con el brujo Jaxx; este último retrocedió rápidamente al darse cuenta de lo que ocurría. Alec por su parte apenas y pudo esquivarlo apartándose a duras penas.
- ¿Sebastian que demonios? - Pero el rubio no se detuvo a responder; estaba furioso y arremetió una vez más; tomando a Alec del cuello y golpeándolo contra un árbol detrás suyo mientras su cuchillo serafín rozaba amenazante contra el cuello del muchacho.
- Tu acusaste a Seelie; le dijiste a Jace...
- ¿Qué? No...
- ¡No intentes mentirme! - Exclamó haciéndole un fino corte en el cuello. - ¡Fuiste tú! Te estas comunicando con él, ¿también lo haces con Bane? ¿Cuál es tu plan, Alexander?
- No tengo ningún plan - Exclamó Alec. Sebastian rugió amenazante - Jonathan…
- ¡No me llames así! - Rugió furioso; actuaba a la defensiva como un animal herido.- No tienes ningún derecho…
- ¡Si fui yo! - Exclamó Alec, no iba a soportar que Sebastian creyera que lo estaba traicionando - ¡Tenia que deshacerme de Seelie o te seguirías acostando con ella!
- ¿Qué? - Sebastian aflojó el agarre desconcertado. Alec aprovechó para empujarlo y soltarse ante la mirada impasible de Amatis y el brujo.
- No ibas a dejar de acostarte con Seelie si eso te da algún beneficio; y yo no estoy dispuesto a compartirte con esa zorra. Tenía que sacarla de en medio sin echarme a todas las hadas en contra así que le escribí a Jace. La clave se encargaría de todo el trabajo sucio – Sebastian tardó en reaccionar, sin duda eso no era lo que se esperaba.
- ¿Sabes cuánto me costó lograr que esa convenienciera se aliara a mí? - Rugió- ¿Tienes ideas de cuantos informantes he perdido por tu grandiosa idea? -Alec bufó.
Tú lo traicionas; él te traiciona: cosechas lo que siembras - Dijo la voz en su cabeza; Sebastian gruñó
- Consigue otros entonces – Lo retó Alec serio - Pero Seelie que se pudra en las mazmorras del Gard.
Sebastian soltó el cuchillo llevándose las manos al cabello al parecer sin saber que pensar o cómo actuar ahora; se dio media vuelta dispuesto a marcharse pero pareció pensárselo mejor porque se giró de nuevo hacia Alec acertándole un puñetazo que al no esperárselo tumbó al Nephilim al suelo.
- Nephilim estúpido y celoso - Gruñó tomándolo del cuello de la camisa para alzarlo de nuevo y besarlo.
Seguía enojado y mucho pero quería confiar en Alexander; en sus motivos. No había intentado traicionarlo, había actuado con pretensiones mucho más egoístas. Sebastian lo apretó de la cintura pegándolo contra sí; él no necesitaba a Seelie, podía conseguir nuevos informantes, nuevos aliados. Pero Alexander era otra historia, lo necesitaba a su lado y se había vuelto adicto a él.
El brujo se aclaró la garganta cuando los dedos de Alec se perdieron en las hebras de cabello rubias sin miras a detener el beso. Sebastian se contuvo recordando sus planes, de no ser por eso lo habría besado todo el día
No es mala idea; mejor que ese absurdo plan
Ignoró eso; no podían quedarse ahí; tenía que darse prisa: eran poco más de las dos de la mañana en New York, y su plan era empezar a movilizarse antes del amanecer.
- Me vas a pagar caro esta - Le susurró a Alexander al oído. El chico se ruborizó pero asintió con una sonrisa ladina. Sebastian se separó de él volviéndose al brujo. - ¿Le explicaste ya lo que harán tus hechizos Jaxx? - Preguntó serio.
- Completamente - Aseguró - No es más que un glamour poderoso para "reabrir" viejas heridas. – Se dirigió más específicamente a Alec- No te dolerá, estarás completamente a salvo.
- No temo a un poco de dolor - Comentó este serio.
- Es bueno que lo digas porque necesitas heridas nuevas que puedan curar o se darán cuenta que algo ocurre - Dijo Sebastian lacónico; Alec asintió y Jaxx continuó hablando.
- Estarás en un estado de aparente inconsciencia hasta después del medio día: podrás escuchar todo lo que hablen así te harás una idea de la situación cuando despiertes y a partir de ahí dependerá de tus dotes actorales.
Por primera vez Alec se mostró preocupado: él no era bueno mintiendo; pero estaba dispuesto a hacerlo por Max y Sebastian. Jaxx notó su expresión y suspiró chasqueando los dedos y lágrimas empezaron a surgir de los ojos azules del moreno.
- ¿Qué hiciste? - Exigió Sebastian de inmediato.
- Ayudo – Dijo sucinto; sin embargo explicó - Si las cosas se complican, solo llora un poco: ya te lo facilite; después de todo eres el hijo que vuelve al borde de la muerte, los distraerás con eso - Alec asintió secándose las lágrimas rápidamente. No es como si llorar fuera tan fácil, sin embargo solo hizo falta que lo pensara para que nuevas lagrimas surgieran de sus ojos. Se las secó otra vez a prisa, entendiendo. - Todos mis hechizos duraran solo unas veinte horas así que tienes que darte prisa.
- Lo haré - Aseguró. Jaxx asintió.
- Entonces aquí vamos - Aseguró moviendo sus manos mientras irrumpía en canticos demoniacos. Una nube violeta salió de las manos del brujo y envolvió a Alec por completo. Sebastian lo observó serio sin poder evitar respingar cuando minutos después la nube violeta descubrió a Alec.
Tenía todas las heridas que había recibido desde que llegó ¿habían sido tantas? Las de su lucha con los lobos en el bosque Brocelynd, el flechazo en su hombro izquierdo, los golpes de su batalla en Los Ángeles, y la de los lobos hacia unas horas en la sede del Praetor Lupus incluyendo el hombro desgarrado por el zarpazo, los golpes de su pelea con los oscuros y las marcas de las cadenas con que lo ataron a la estufa; incluso todos esos golpes y heridas que se causó entrenando con él o las marcas y mordidas juguetonas de las últimas noches. Todas estaban ahí y Sebastian tuvo el impulso de sacar su espada y decapitar a ese brujo por lastimar a Alec de esa forma.
Es un glamour - Le recordó su mente- Y en cualquier caso no fue el brujo quien se las causó en primer lugar; todas esas heridas son culpa tuya.
- ¿Cómo te sientes? –Preguntó intentando hacer caso omiso a la acusación de su mente. Alec se encogió de hombros; Sebastian casi podía sentir el dolor de ese movimiento en ambos hombros heridos pero no, Alec no hizo ni un gesto.
- No siento nada diferente - Aseguró.
- Él estará bien: no está perdiendo sangre realmente y no siente dolor, todo lo que vez es parte del glamour - Sebastian asintió.
- Bien es todo; yo me encargo a partir de aquí - Aseguró tomando la mano de Alec. Sentía la sangre mojar sus dedos, la veía, pero Alec no parecía notarlo en lo absoluto. El brujo asintió y Sebastian desapareció junto al ojos azules al sótano de la casa. Era más fácil así: se suponía que Max estaría en el tercer piso entrenando pero no quería arriesgarse a que viera a Alec en ese estado y causarle un trauma al niño.
Alec observó el sótano con interés: no había estado muchas veces ahí, era como una mezcla de sala de entrenamiento y cuarto de experimentos. Sebastian le había dicho que había sido algo así como el despacho de Valentine cuando este residió ahí y realmente ninguno había tenido motivos para acercarse allí antes.
- Pensé que iríamos a New York de una vez.
- Te lo dije: necesitas nuevas heridas.
- ¿De qué hablas? No... ¡Wow! - Exclamó al ver su reflejo en un escudo pulido colgado en la pared. Se acercó a observarse con más detalle mientras Sebastian sellaba la puerta con una runa y colocaba una segunda de silencio con toda la intención de mantener a Max alejado. - ¿Cuánto tienes que pagarle al brujo por esto? – Cuestionó tocándose el hombro desgarrado esperando sentir dolor, pero no había y al contrario, si se concentraba bastante podía sentir su piel intacta bajo toda esa ilusión.
- Eso no es tu problema - Dijo cortante.
- Por supuesto que si - Replicó - Quizás habría sido mejor idea si solo vas al instituto y arrasas con él como haces con todos.
- Ellos ya lo esperan – Dijo desenvainando su espada - Desde que Jace y Clary escaparon; no los tomaría con la guardia baja - Aseguró lanzando una estocada. Alec la esquivó tomando rápidamente su cuchillo serafín de entre los que consiguió en la habitación. Sebastian enarcó una ceja - No se supone que pongas resistencia.
- Es más divertido así - Aseguró. Sebastian lo golpeó con el codo en la nariz girando rápidamente y rozando con el filo de su espada el abdomen del chico que se apartó de un salto intentando estocarlo en represalia.
- Además el instituto de New York es de la familia del Inquisidor; una llamada y tendré a medio mundo de sombras ahí ayudándolos - Gruñó - Necesito distraerlos.
Alec retrocedió a prisa apenas escuchándolo y arremetiendo contra él una vez más. Sebastian lo interceptó y espada contra espada empujaban con fuerza para dominar al otro. Sus rostros resoplando por encima de las armas, uno cerca del otro.
- Y asegurar que todos estén ahí cuando llegues - Comprendió Alec. Sebastian asintió en medio de su pequeña batalla por dominar el arma del otro. Alec se desconcertó su abdomen estaba herido, no se suponía que él pudiera mantenerle el paso - No me duele - Se dio cuenta. Sebastian sonrió besándolo por encima de sus armas.
- ¿No pensaras que iba a herirte de verdad? - Preguntó. Alec sonrió culpable.
- Pues...- No pudo terminar, un cabezazo del rubio lo hizo retroceder y al segundo tenía un nuevo, feo y esta vez profundo tajo en el brazo. Alec lo observó, era realmente una herida profunda y él apenas sentía un rasguño. Esquivó una nueva arremetida agachándose y haciendo caer a Sebastian con el pie. El ojos azules se sentó sobre el regazo del rubio soltando su cuchillo serafín y sujetando a Sebastian de las muñecas para besarlo con una intensidad que había aparecido y crecía con cada segundo; con toda la urgencia y necesidad de sentirlo completamente, en su boca, en su piel y en su interior; llevarse el aroma de Sebastian; las marcas que este causaba en su piel, por el tiempo que no lo tendría cerca.
El rubio soltó las armas y se deshizo del agarre del pelo negro para aferrarse a su cabello, ignorando las falsas heridas del glamour o las pocas nuevas que había causado; ya luego se encargaría de eso. Hizo girar a Alec para dejarlo contra el suelo y este de inmediato aferró sus piernas alrededor de la cintura del rubio alzando las caderas para generar fricción. Sebastian gimió en sus labios soltando una de sus manos para tomar el mango de su espada y empujarla lejos, debajo de uno de los muebles de armas: lo último que quería era que Alec notara el espeso líquido dorado que se mezclaba con su sangre en la hoja de la espada.
- ¡Sebastian! - El grito de Max lo sacó de ese recuerdo. El rubio miró al niño con fastidio. Aun no amanecía en Idris, pero ese mocoso apenas y había podido dormir ansioso por el regreso de su familia.
Sebastian dejó de fingir que observaba los papeles delante suyo; con planes y estrategias, y miró al pequeño.
- ¿Qué quieres? Son las tres de la mañana.
- ¿Alec aún no vuelve? - Preguntó desde la puerta de la habitación del rubio.
- Obviamente no, o la puerta habría estado cerrada para que no entraras.
- ¿Porque? - Inquirió inocentemente. El rubio sonrió de lado, Alec lo mataría si se enteraba que le decía algo a su hermanito; así que solo se encogió de hombros.
-No me habrías encontrado solo - Dijo simplemente. Max no pareció entender por lo que él solo suspiró y preguntó - ¿Qué quieres?
- ¿Cuánto más se va a tardar Alec? - Preguntó preocupado. Sebastian suspiró con cierto fastidio que intentaba ignorar su preocupación: eran cerca de las diez de la noche en New York, Alec tendría una hora más antes de que todas las falsas heridas desaparecerían y eso lo pondría en problemas con su familia, pero el ojos azules aun no le avisaba que todo estaba listo para que él se dirigiera al instituto y eso le estaba desesperando.
Sebastian y Alec aparecieron en la entrada del instituto; el rubio había terminado de causarle heridas nuevas al pelonegro luego del arrebato de deseo del ojos azules. Habían acordado los detalles de lo que el chico Lightwood haría y lo que podía y no podía decir. En el interior del instituto había luces encendidas pero no se escuchaba nada. Alec lo observó: no había esperado volver allí, habría deseado no tener que hacerlo y volver a ver a las personas que lo habitaban, esos que se hacían llamar su familia; pero ahí estaba y ya no había vuelta atrás.
- Dame el anillo.- Le pidió Sebastian. Alec miró su mano; el anillo Morgenstern estaba allí y no quería dejarlo, no quería separarse de algo que lo unía a Sebastian; sin embargo entendía perfectamente que no podía llegar de pronto con él.
Se lo quitó entregándoselo a Sebastian quien sacó de su bolsillo una cadena, colocando el anillo a modo de dije. Luego tomó su estela tocando con ella una de las runas grabadas a lo largo del anillo. Y se agachó entre los arbustos cercanos a la puerta escondiéndolo entre sus ramas.
- Sabré cuando lo tomes - Aseguró - Hazlo cuando ya hayas resuelto todo; y prepárate, será entonces cuando venga.- Alec asintió.- ¿Estás listo? - Preguntó acariciando su mejilla moreteada.
- No - Admitió - Pero todo sea por Max. - Sebastian sonrió de lado.
- Entonces que comience el show - Dijo robándole un último y rápido beso antes de golpear al ojos azules en la sien dejándolo inconsciente en las escalinatas. Sebastian se escondió entre las sombras, no se iba a marchar hasta que Alec estuviera a salvo en el interior del instituto; aunque se carcomiera de ira y celos al ver que quien lo encontraba era el brujo.
- Quizás solo un poco más; está encargándose de todo – Respondió a la pregunta de Max en un tono que dejaba claro que se intentaba convencer a sí mismo.
- ¿Porque? - Sebastian rodó los ojos con fastidio.
- Porque tu familia me odia; y creo que haberte matado tuvo algo que ver - Dijo sarcástico. Max se estremeció. El rubio se masajeó el puente de la nariz intentando ser paciente - ¿Has leído la historia del caballo de Troya?
- ¿Caballo de Troya? ¿Es un manga? - Aunque pensándolo bien, volver a matarlo estaba sonándole tentador.
- ¡Por Raziel! ¿Qué clase de educación mediocre te daban tus padres? - Gruñó; el niño se encogió de hombros, había entrado a la habitación aun sin invitación y caminaba observando todo curiosamente. - Alec está esperando el mejor momento - Dijo exasperado - No querrás que algo salga mal ¿O sí? - Max negó.
- No, no - Dijo de inmediato y agregó - ¿Porque tu cuarto es tan desordenado? - Sebastian volteó con claras intenciones de correrlo pero en cambio se sostuvo al borde de la mesa al sentir la runa en su brazo arder: Alec había tomado ya el anillo Morgenstern.
Se levantó a prisa; no había notado que Max se había acercado a la mesa de noche de Alec y se disponía a servirse un vaso de agua. Se apresuró a él y se lo arrebató de las manos.
- Solo quiero un poquito de agua. – Se quejó el niño haciendo pucheros.
- Esa es la de tu hermano; ve a tu habitación - Gruñó tomándolo un libro de su biblioteca y al niño del brazo para sacarlo de allí y llevarlo hasta su habitación. Max se quejaba sobre que los grandes no sabían compartir y otras cosas. - Te quedaras aquí con Merrywell, voy por tu hermano.
- ¡Sí! - Exclamó el niño feliz - ¡Y por mamá y papá! ¡E Izzy! ¡Y Jace!
- Si, si, también te traeré un perro - Gruñó poniéndole el libro en las manos - Cuando vuelva tienes que haberte terminado el libro - Max lo miró rezaba "La Guerra de Troya" en la portada. Sebastian cerró la puerta dispuesto a salir de la casa pero antes le advirtió con voz alta para que lo escuchara - Y nada de tomarte el agua con la medicina de Alec.
- ¡Ya lo sé! – Gritó Max desde el otro lado de la puerta. Sebastian suspiró restregándose las sienes; era hora de atacar en todos los flancos, incluso algunos que Alec no tenía que conocer del todo; y lo último que necesitaba era a ese mocoso perdidamente enamorado suyo.
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Alec se calzó las botas de combate deprisa observando el reloj: las once menos cinco de la noche. Había subido a la que fuera su habitación inmediatamente después de haber recuperado el anillo Morgenstern; se dio un baño rápido y ahora se vestía con aun más prisa. Podía ver que las heridas más superficiales de su cuerpo habían desaparecido: los moretones, chupetes y golpes se habían estado borrando poco a poco; las veinte horas que Jaxx le había prometido para el glamour estaban por terminar así que esperaba que Sebastian se diera prisa o tendría que improvisar una buena escena que explicara su "mágica" recuperación.
Tomó la camisa parándose frente al espejo de cuerpo entero que estaba detrás de la puerta. En la cama descansaban un par de cuchillos serafines que había robado de la sala de armas así como su viejo arco y flechas y la estela de Robert. Los observó un segundo y luego nuevamente al espejo.
Su reflejo le devolvía un rostro para nada moreteado y las heridas de los hombros, brazos y abdomen eran menos claras. De hecho, si se esforzaba, podía ver a través del glamour. La cadena con el anillo Morgenstern descansaba sobre su pecho, la tocó, quizás en un intento de sentirse cerca de Sebastian, porque desde que había llegado al instituto se había sentido como un extraño, un extranjero en un país de fría roca; el lugar que alguna vez fue su hogar, las personas que tal vez si, tal vez no amó, lo hacían sentirse solo, vacío y enfermo. Él no necesitaba estar ahí, necesitaba estar junto al rubio semi demonio.
Llamaron a la puerta. Alec se dio media vuelta de inmediato colocándose a prisa la camisa porque la abrieron aun cuando él no había respondido. No pudo evitar una maldición mental e intentó que su desagrado no se reflejara en su rostro: era el hermano silencioso, Zachariah.
Había pasado casi media hora desde que este casi lo descubriera frente a todos y si se permitía demostrar su sentir ahora, sin duda lo delataría aún más rápido, y si a algo no estaba dispuesto era a dejarse arruinar toda la puesta en escena cuando estaban tan cerca del gran final.
- Si no le importa, me estoy vistiendo – Intentó sonar lo más educado posible. Zachariah suspiró pero no salió, al contrario terminó de entrar a la habitación ajustando la puerta tras de sí, sin cerrarla.
- Te vistes para cazar, pero no se supone que en tu estado puedas – Dijo perspicaz. Alec no hizo ningún comentario al respecto - ¿Sabes porque estoy aquí, Alexander? – Alec casi se tiene que morder la lengua para no ser mordaz, pero se limitó a asentir – Debes comparecer ante la espada mortal.
- Dije que estaba dispuesto a hacerlo.
- Herido como estás, sería peligroso para ti – Aseguró- Sin embargo, no pareces estar débil en lo absoluto; al contrario, parece que en la última media hora has mejorado bastante.
- Llevo todo el día poniéndome Iratzes, en algún momento tenían que funcionar. – Dijo con obviedad.
- Así veo – El hermano silencioso se acercó colocando su mano sobre el hombro. Alec se estremeció: aunque Zachariah no estuviese tan mutilado como el resto de los Hermanos Silenciosos, estos siempre le habían perturbado y él no era la excepción; al contrario, lo hacía aún más que fijara en sus ojos azules la mirada tan penetrantemente. El chico no supo cuánto tiempo estuvieron así estaba seguro que no había sido mucho pero a él le pareció una eternidad hasta que la puerta se abrió, esta vez cautelosamente.
- ¿Alec, estás aquí? Necesitamos… oh, lo siento – Se disculpó Magnus por interrumpir. Zachariah negó condescendientemente soltando el hombro de Alec.
- Está bien Magnus Bane; yo ya he terminado – Aseguró dirigiéndose a Alec luego – Creo que soportaras el interrogatorio, mañana a primera hora
- Lo estaré esperando – Aseguró Alec con una sonrisa ladeada. Zachariah lo observó un poco más y luego su mano con que le había tocado el hombro y finalmente salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí dejándolo a solas con Magnus quien lo observaba con cierta expectación y que cuando habló lo hizo en cambio con precaución, como si no quisiera alterarlo otra vez.
- Alec, cielo, creo que ya es momento de hablar.
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- Las salvaguardas fueron reforzadas – Jia asintió satisfecha al ser informada de esto mientras observaba como el último grupo de Nephilims que esperaban para esa noche llegaba a través del portal del Gard. Guardias se apresuraron a colocar runas para sellarlo hasta la mañana siguiente cuando estaba programada la llegada de más Nefilims. Toda la ciudad estaba en armas, preparados para un inminente ataque de Sebastian.
- Perfecto; los grupos de guardia estén atentos; no podemos permitir que Sebastian nos tome desprevenidos – Dijo. Había toda una tensión en el ambiente: oficialmente solo pelearían mayores de edad, pero extraoficialmente era un secreto a voces la cantidad de menores que se estaban haciendo con armas listos para la batalla. Suspiró - ¿El Hermano Zachariah no se ha comunicado?
- No todavía – Dijo el guardia; la mujer asintió. Podía decir que los Lightwood siempre habían sido así: anteponiendo sus intereses familiares antes que muchos de sus deberes como Nefilims, pero la verdad era que como su amiga, ella entendía a Robert perfectamente y sabía que en su posición, si Aline hubiese desaparecido a manos de un psicópata asesino por semanas y apareciera de pronto, ella también estaría al lado de su hija en lugar de Alacante; pero como Cónsul en un momento tan crítico como el que estaban pasando, necesitaba el apoyo del Inquisidor quien era, a ciencia cierta, la figura de autoridad; por eso estaba tan interesada en apresurar el proceso de la declaración de Alec, sacarle a Robert esa preocupación y conseguir que retomara sus funciones, rezándole a Raziel porque Sebastian no atacara antes de conseguirlo.
Se sentó en una silla agotada eran pasadas las tres de la mañana y no había dormido en lo absoluto; cuando todo eso terminara y si sobrevivía, consideraría seriamente en renunciar a menos que se le otorgara unas muy largas vacaciones.
Observó a los Nefilims recién llegados salir de la sala, provenían de Sudamérica, el instituto de Lima si mal no recordaba. Si bien las salvaguardas mantendrían a los demonios fuera de la ciudad, sabía que Sebastian podía burlarlas, lo habían aprendido por las malas y no estaba muy segura sobre si los Oscurecidos se verían o no impedidos por ellas y era eso lo que los tenía tenso a todos; casi deseaba que la batalla iniciara cuanto antes, era mejor el calor de la batalla que la angustia y la incertidumbre previa.
Un guardia entró a prisa llamando la atención de los cazadores de sombras que aún estaban cerca. Jia se incorporó, sabía que algo iba mal incluso antes de que el hombre hablara.
- Los hermanos silenciosos enviaron un mensaje de fuego. – Aseguró tendiéndoselo a la mujer. Esta tomó el papel escrito con la caligrafía sencilla de los hermanos y leyó, era una nota corta.
Iniciamos el traslado a la ciudad de Alacante del prisionero Bullheart tal como se nos comunicó.
- ¿Trasladarlo? – La mujer se desconcertó. Los traslados solo podían ordenarse por el Inquisidor o la Cónsul bien sea en persona o con mensajes de fuego enviados desde la estela de estos, y ella no había ordenado ningún traslado. La mujer se apresuró a su despacho; Robert tenía que haberle comunicado acerca de eso e informado si había algún motivo por el que el oscuro no pudiera permanecer en la ciudad silenciosa. Descolgó el teléfono para llamar al instituto de Nueva York pero no cayó la llamada. Frunció el ceño, eso le daba mala espina.
- Envía de inmediato un escuadrón a la entrada de la ciudad silenciosa en el cementerio para que los escolten hasta la ciudad – Ordenó a su guardia. Este asintió saliendo rápidamente para cumplir la orden. Jia tomó un papel a prisa para escribirle a Robert enviando el mensaje de inmediato con una runa de fuego. No le gustaba en absoluto como estaba pintando esa situación.
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Isabelle dejó la taza de café junto a la mesita a su lado. Clary, que había llegado hacía un rato ya, les preparó café luego de que Jace le contara lo que había ocurrido con Alec hacía poco. Pero la chica Lightwood sentía que no podía ingerir nada. Alec le había culpado directamente por la muerte de Max; y eso le había destrozado el corazón.
Ella sabía que era su culpa, sabía que su hermano tenía razón: él le había dado la orden de cuidar a Max, y ella había dejado la casa dejando a su hermanito al cuidado de Sebastian; se lo había ofrecido "en bandeja de plata" tal como le acusó el mayor y ese error la perseguiría por el resto de su vida.
Vio a Jace apoyar la cabeza sobre el hombro de Clary y masculló una maldición por lo bajo contra Simon; jodido submundo traidor; él debía estar en ese momento junto a ella, apoyándola, apoyando a Alec y no junto a Maia secundando sus acusaciones contra su hermano.
Gruñó; quizás le habría valido más acompañar a su madre a resolver el asunto de subterráneos con Raphael Santiago en lugar de quedarse ahí permitiendo que el cerebro le diera vuelta a sin fin de ideas.
Alec estaba realmente dolido e incluso resentido con ellos por dejarlo a manos de Sebastian, pese a todos los esfuerzos que habían hecho. Isabelle sabía que lo mejor era esperar que se calme e intentar luego hablar con él; aunque tenía la esperanza de que Magnus hubiese podido hacerle bajar un poco la guardia ahora que conversaba con él.
- ¿El hermano Zachariah aún no vuelve con el diagnostico de Alec? - Preguntó Robert entrando a la biblioteca con ellos.
- Aun no - Aseguró Jace; e Isabelle no pudo evitar pensar que eso era raro. Si Magnus estaba hablando con Alec ¿Dónde estaba el hermano silencioso? Robert suspiró observando su reloj: las once menos cinco. El hombre estuvo dispuesto a volver a salir pero se detuvo cuando un mensaje de fuego se materializó frente a él.
Lo tomó para leerlo; sabía que era de Jia; había un sello distintivo de confidencialidad en las runas de su estela igual a las del propio Robert. El hombre por un segundo temió que el ataque a Idris se hubiese suscitado y no pudo evitar sentir algo de remordimiento por no estar allí. Pero cuando hubo terminado de leer lo único que abrigó fue confusión.
Los Hermanos Silenciosos están trasladando a Bullheart a Alacante; no lo ordene yo.
Debiste avisarme de esa decisión: Alacante no está en el mejor momento para disposiciones sorpresa como estas, Robert.
- ¿Que pasa papá? - Preguntó Isabelle preocupada al notar su reacción.
- Trasladan a Bullheart a Alacante. – Dijo releyendo la carta aun confundido.
- ¿Porque? En la Ciudad Silenciosa está más seguro; especialmente si Sebastian va a atacar Idris.- Clary tampoco entendía; ninguno en realidad.
- Al parecer recibieron la orden; pero Jia dice que no fue de ella – Explicó el Inquisidor. Jace bufó incrédulo.
- ¿Quien más podría haberlo hecho? Ese tipo de decisiones requieren el sello de estela del Cónsul o el Inquisidor.
Algo en el cerebro de Robert hizo clic: la estela. El hombre negó con la cabeza y salió de la biblioteca con prisa sin decir ni una palabra más a sus hijos. Tenía que haber un error, porque su estela la tenía Alec y no había motivo por el cual el muchacho ordenaría trasladar al Oscuro haciéndose pasar por él.
- ¿Papá, que pasa? -Isabelle salió tras suyo. El timbre del instituto había empezado a sonar con desespero; se suponía que Maryse estaba allí cerca, ella abriría. Robert llegó hasta el despacho, tenía que darse prisa y hablar con Jia, descolgó el teléfono con línea directa a Idris pero la llamada no salió. Colgó y volvió a descolgar, nada, no había tono. El pulso de Robert vaciló; ¿Que significaba eso? El teléfono estaba muerto.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Salieron al exterior en silencio; el cielo sobre ellos se extendía en un tono violeta característico de cuando ya está próximo a amanecer. Dos hermanos silenciosos sujetaron de cada brazo a Bullheart haciéndolo caminar. Este lo hizo en silencio con las manos esposadas en la espalda y la mirada fija en el camino para no caerse. Otros dos hermanos silenciosos custodiaban la pequeña comitiva, uno al frente y otro detrás armados solo con sus báculos.
Caminaron a través del cementerio a las afueras de Alacante, en silencio.
- Tenemos compañía – Advirtió el que iba delante de pronto. Bullheart alzó la mirada al escuchar sus palabras en su mente y notó a un grupo de personas que los esperaban más adelante. Los hermanos silenciosos no se detuvieron.
Un Nefilim se adelantó de la comitiva, obviamente era él quien estaba al mando; y se plantó delante de los hermanos silenciosos.
- Soy James Keyland; la Cónsul Jia Penhallow nos ha enviado para escoltarlos – Explicó. Bullheart alzó la cabeza para observarlo al escuchar su nombre.
- Eso es inusual – Dijo el hermano silencioso en la mente de todos.
- Solo es el traslado de un prisionero – Comentó otro. Keyland se apresuró a explicar.
- La orden de traslado no era conocida por La Clave por lo que se consideró prevenir. – Los hermanos silenciosos asintieron y el grupo de seis Nefilims se distribuyeron a su alrededor, cuchillo serafín en mano durante todo el camino a la ciudad. Bullheart los observaba en silencio, había aparecido una ligera sonrisa en sus labios.
El viento sopló intensamente removiendo la copa de los arboles cuando hubieron llegado al límite de la ciudad. Intentaron atravesarlas pero las salvaguardas impidieron el paso de Bullheart. Eso era una complicación inesperada.
- ¿Qué ocurre? – Preguntó uno de los Nefilims al notar que no podían pasar.
- Al parecer su sangre es más demonio que ángel; la sangre de Sebastian ha corrompido demasiado la propia, no puede atravesar las salvaguardas.
- No podemos quedarnos aquí – Advirtió otro Nefilim.
- Le devolveremos a la ciudad silenciosa – Respondió otro hermano. El Nefilim a cargo se mostró indeciso por un segundo.
- Se podría bajar las salvaguardas para que pase – Dijo James – No todas, solo una entrada; como hacen en la ciudad de hueso.
- Es un procedimiento peligroso si tenemos en cuenta la amenaza bajo la que Alacante se encuentra ahora.
- Sin embargo se nos ordenó cuidar que llegaran hasta el Gard – Dijo testarudo. – La Cónsul los está esperando; no es como si la abertura fuese a quedar desprotegida mientras él pasa, solo será unos segundos.
- A veces menos que eso es suficiente para marcar la diferencia – Advirtió el silencioso.
- En cualquier caso lo peor que podemos hacer es quedarnos aquí parados – Intervino una chica joven parte del grupo de escoltas.
- Abra la apertura – El tono de Keyland fue imperioso. Los hermanos silenciosos se miraron; discutiéndolo entre ellos mentalmente.
- Está bien; pero tiene que hacerse rápido – Dijeron a unísono en una forma bastante tétrica. Los guardias se apresuraron a realizar un cerco alrededor del espacio donde los hermanos silenciosos abrirían las salvaguardas.
Por un segundo aguantaron la respiración mientras trazaban runas en el aire con sus báculos.
- Está hecho. – Aseguróel hermano silencioso; los dos que llevaban a Bullheart lo hicieron pasar a través de las salvaguardas. – Las levantaremos de nuevo.- Dijo; después de todo, los demás podrían pasar con normalidad.
- No lo creo – La voz de Keyland fue un siseo antes de arremeter contra uno de los hermanos silenciosos atravesándole el pecho con el cuchillo serafín tomándolos por sorpresa a todos.
- ¿James que demonios? – Exclamó otro de los guardias. Sin embargo no pudieron reaccionar: una decena de oscuros apareció en la oscuridad tomándolos por sorpresa y cortándoles el cuello; atravesando la apertura para enfrentarse a los hermanos silenciosos que quedaban vivos. Uno de los Oscuros que había cuidado a Max en el parque de Tokio se acercó a James que intentaba no observar.
- Hiciste bien hermanito – Dijo con una sonrisa ladeada mientras otro par de oscuros rompían las esposas de Bullheart y otras decenas más de Oscuros seguían apareciendo e ingresando a la ciudad a través de la apertura. – El Señor Sebastian te recompensaría con más poder como hizo con nosotros.
- El precio ha sido alto – Susurró viéndose las manos con la sangre de los hermanos silenciosos.
- Tal vez – Admitió y aseguró – Pero vale la pena; es una lástima que el Señor Sebastian dijera "Sin sobrevivientes" – No hubo terminado de decirlo cuando ya su espada atravesaba el pecho de James Keyland
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Maryse rodó los ojos con fastidio; no tenía cabeza para estar tratando asuntos del submundo justo ahora, no después de todas lo que Alec les había dicho; pero había recibido la visita de Raphael Santiago al instituto y no le había quedado de otra que recibirlo. Le había invitado a entrar a la cripta pero al este negarse excusándose que sería un asunto rápido tuvo que atenderlo en las escalinatas de entrada al instituto.
- Como bien sabes, envié a Lily para advertirte del par de lobos novatos en Team Square.
- Así es – Coincidió ella – Y debo decirte que la sugerencia de ella de llamar al Praetor cuando este estaba siendo atacado por Sebastian es por demás sospechosa.
- No nos interesa ser aliados suyo – Aseguró el vampiro – Pero si la envié fue por la clara amenaza de Maureen de deshacerse de los lobos – Maryse enarcó una ceja – Y dado que nuestra sugerencia no fue tomada en cuenta, ella lo hizo.
- ¿Asesinó a los novatos?
- Así es – Aseguró – Verá Maryse, nadie en el clan está interesado en una guerra con los licántropos en estos momentos, mucho menos si es causado por los arrebatos berrinchudos de nuestra…peculiar líder.
- En resumen, estás aquí para desligar al clan de las acciones de Maureen – Raphael asintió. – Hicieron lo mismo cuando no les convino el curso que Camille estaba tomando, quizás les conviene tomar mejores decisiones a la hora de elegir sus mandatarios.
- No siempre es un asunto de elecciones – Dijo con una mueca. – En cualquier caso espero contar con su ayuda como mediadora ante los lobos, porque aunque ese par de cachorros no tenía manada, estoy seguro de que no tardaran en enterarse y hacer un reclamo.
- Muy bien, lo haré – Aseguró, sentía cierta culpa por esa situación; no solo había perdido a Jordan Kyle sino también a esos jovencitos sin manada; y sin embargo su mente estaba puesta en su hijo.- Pero si no te importa justo ahora mi hijo acaba de aparecer y no tengo cabeza para nada más.
- ¿Alexander Lightwood está aquí? - Preguntó sorprendido. Maryse estuvo tentada a preguntarle si tenía otro hijo desaparecido, pero se contuvo y solo asintió - ¿Cómo lo rescataron?
- Creo que eso no es asunto de los hijos de la noche – Dijo seria.
-Sin embargo como representante de los vampiros ante la clave, se convierte en mi asunto. Te recuerdo que Alexander tiene cargos.
- En ese caso deberías tratarlo con el Inquisidor; está adentro, si quieres pasa – Dijo mordaz a sabiendas de que no podía. Raphael enarcó una ceja. La mujer suspiró, tenía que controlarse – Magnus Bane lo encontró afuera del instituto, sobre estas mismas escalinatas.
El vampiro se mostró escéptico.
- ¿Así nada más? – Preguntó; ella asintió – Tienen semanas tras él sin rastro alguno y de pronto aparece en su puerta ¿No se le ocurrió pensar en cómo esto parece una trampa?
- ¿Qué clase de trampa implicaría devolverme a mi hijo? – Dijo seria. El muchacho se encogió de hombros.
- Solo digo que es una posibilidad – Aseguró. – No dejes que tu amor de madre te ciegue - Maryse lo desestimó.
- Si no tiene nada más que decir me retiro; voy a ver a mi hijo- Dijo seria. Él asintió y ella se dio media vuelta entrando al instituto y cerrando la puerta tras de sí. ¿Qué se creían todos esos submundos intentando hacerles desconfiar de Alec? La Reina Seelie, Luke y ahora también Raphael Santiago; suponía que en el fondo, después de todo, entre submundos se apoyaban.
Su paso decidido vaciló. Había algo relacionado a su discusión con Luke que le venía rondando la cabeza. La forma en que Alec había reaccionado cuando se enteró que Sebastian había asesinado a Jordan; se había mostrado tan traicionado y sorprendido y había susurrado unas palabras que solo ella logró escuchar "Yo lo deje vivo" ¿Él lo dejó? ¿No había dicho Maia que Alec se había ido en medio del ataque al Praetor dejándola a ella y Jordan a su suerte?
La mujer negó con la cabeza sacándose esa idea de la mente ¿En que estaba pensando? Sin embargo debía admitir que todo eso era raro, La Reina Seelie era una manipuladora en la que no confiaba en lo absoluto y lo que Maia Roberts decía no tenía sentido, más tenía que aceptar que Raphael tenía algo de razón ¿Por qué Sebastian le devolvería a su hijo así sin más? Negó con la cabeza para sacarse la duda, en cualquier caso si el hijo de Valentine estaba planeando algo no tenía por qué Alec ser parte en ello, al contrario estaría usando también a su hijo quien hasta ahora solo les había alertado del ataque a Idris.
Un minuto ¿El ataque a Idris? Sebastian no sería tan idiota para dejar libre a alguien que arruinaría sus planes así de fácil. Eso no tenía sentido a menos que…
La mujer se detuvo por completo: ¿Y si ese era el plan de Sebastian? La clave había convocado a todos los Nefilims del mundo para proteger la ciudad; todos juntos en un mismo lugar, atrapados.
Reemprendió la marcha a prisa, prácticamente corría; tenía que advertirle a Robert o llamar directamente a Jia. Dobló la esquina escuchando el timbre sonar desesperadamente pero lo ignoró chocando contra el Hermano Zachariah.
- ¿Cuál es la prisa, Maryse? – La mujer se preguntó si los hermanos silenciosos podían mostrarse meditabundos, parecía pensativo, de hecho ¿Estaba preocupado? Por un segundo olvidó el asunto que la inquietaba: el hermano silencioso había estado evaluando a Alec.
- ¿Alexander está bien?
- Está listo para declarar ante la espada – Aseguró la voz etérea del hermano silencioso - ¿Pero que es estar bien? Hay algo en Alexander que me preocupa, sus heridas, su mirada; ninguno de los dos parece ser como deberían.
- ¿Qué espera después de todo lo que pasó? – Dijo la mujer ofendida; sin embargo negó con la cabeza rápidamente, no era el momento para ponerse a discutir con él. – Creo que entendí el plan de Sebastian: pretende emboscar a todos los Nefilims en Idris.
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Raphael no se movió, en cambio observó la puerta del instituto con los ojos entrecerrados: no sabía qué clase de plan tenía Sebastian, pero el hijo del Inquisidor era una carta demasiado útil y valiosa como para regresarla así de fácil, a menos que ya le estuviera usando.
Escuchó pasos rápidos a la carrera; Raphael desenfundó sus colmillos alertas. Girándose a prisa dispuesto a atacar y deteniéndose a último momento cuando se dio cuenta quienes eran: las amigas de Magnus Bane, Tessa y Catarina quienes corrían como si el infierno las persiguiera.
- ¿Qué demonios? – Masculló en español. Tessa le pasó por un lado apresurándose en abrir la puerta del instituto y entrar, deteniéndose al escuchar la maldición de Catarina. Ella no podía pasar, no tenía sangre del ángel y uno de los residentes del instituto debía permitirle el paso para eso.
- ¿Cat? – Tessa se detuvo al ver que no estaba ya a su lado.
- Busca a Magnus y explícale – Exclamó la de piel azul. La castaña asintió apresurándose al interior del instituto. Raphael se cansó de ser ignorado plantándose frente a ella.
- Muy bien, ¿Qué pasa con Magnus Bane? – Catarina lo miró con cierta desconfianza en primera instancia.
- ¿Raphael Santiago, cierto? – Este asintió con actitud defensiva –Ragnor me habló de ti: eres amigo de Magnus.
- Podría decirse, supongo – Dijo serio, aunque bajó un poco la guardia ante la mención de su viejo amigo Ragnor - ¿Qué está pasando con él?
- ¿Tienes influencia sobre el Clan de vampiros de New York, cierto? Llámalos, a cuantos puedas – Raphael enarcó una ceja; Catarina bufó exasperada - ¡El Nefilim de Magnus les está tendiendo una trampa! – Exclamó tocando al timbre deprisa, esperaba que Tessa ya hubiera conseguido a uno de los Lightwoods pero necesitaba que alguno de los otros le abriera la puerta.
Raphael no se mostró sorprendido en lo absoluto; de hecho lo único que le sorprendía era que nadie en ese instituto lo supiera ya. Catarina continuó tocando el timbre, el sonido que hacía cubría todo el ambiente nocturno ¿Acaso todos eran sordos?
- Aunque los traiga a todos, no podemos entrar al instituto – Dijo serio sacando su celular para escribirle a Lily un mensaje rápido. Él le debía mucho a Magnus, le había ayudado a superar su conversión en vampiro y había tenido esperanza en él cuando ni él mismo se la tenía. – Pero si realmente está aliado con Sebastian, podemos retrasar el que llegue al institu…
Catarina escuchó un quejido y la oración ser interrumpida; la bruja de piel azul dejó el timbre girándose a prisa, sus manos brillando en fuego blanco horrorizada al encontrarse a Raphael con las pupilas contraídas y una rubia figura tras suyo quien con un movimiento sacó la daga con la que le había atravesado el corazón por la espalda dejando al vampiro caer sin vida en medio de una risita burlona.
- ¿Retrasarme? ¿Él y cuantos más?
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Alec observó a Magnus con una ceja arqueada; estaba a punto de negarse a hablar con él; no había nada de lo que tuviesen que hablar, pero finalmente decidió lo contrario, asintiendo. Magnus se mostró un poco más seguro dando un paso hacia él.
- ¿Por qué vistes así? – Cuestionó notando la ropa de batalla.
- ¿Vienes para hablar de ropa? – Le recriminó – Típico de ti, supongo: desviando siempre la atención del tema que de verdad importa.
Magnus no respondió, solo torció el gesto. No soportaba que estuviera así de dolido con él, se sentía tan culpable por ese sentimiento de abandono que había despertado en el chico y este había expresado hace media hora frente a todos; él podía sobrellevar que Alec estuviese enojado con él, furioso si quería; pero esto era sencillamente insoportable.
- Veo que estás mejor – Sin embargo no sabía cómo iniciar el tema de conversación.
- Ya no me duele – Dijo seco. El brujo lo observó y Alec bufó cuando no dijo nada más. El Nefilim en cambio se dirigió al closet para tomar una chaqueta de caza y luego fue a la cama para tomar la estela de su padre que guardó en uno de los bolsillos siguiendo luego con los cuchillos serafines. Sus dedos estaban rozando el arco cuando Magnus finalmente habló de nuevo.
- ¿Recuerdas… recuerdas la última vez que estuvimos aquí?
Alec tardó en responder. Lo recordaba, habían hecho el am… se acostaron en esa misma cama luego de reconciliarse porque el brujo lo hubiese corrido de su apartamento tras enterarse de las reuniones del chico con Camille. Recordaba que Isabelle había llegado pegando gritos y golpes a la puerta arruinándoles el momento, histérica porque había pasado toda la noche buscándolo.
El pecho le palpitó fuertemente y se llevó la mano al corazón: había sido esa noche la primera vez que Sebastian le besó, la primera vez que tomó su mano y apenas se daba cuenta.
- Si, lo recuerdo – Su voz sonó un poco ronca.
- Desearía poder regresar el tiempo a ese momento – Dijo Magnus con añoranza – No… un par de días antes, cuando no había pociones, ni Sebastian, ni nada.- Suspiró con pesar – Antes de que él te dañara.
- ¿Te refieres al tiempo en que no confiabas en mi ni siquiera para decirme el nombre de tu padre? – Preguntó acido - ¿O cuando tenía que soportar cada vez la aparición de más y más viejos amigos y amantes de los que no sabía nada? Porque no veo la diferencia entre ese tiempo y este Magnus.
Magnus inspiró profundo intentando no hacer caso a la opresión en su pecho. No iba a dejarse afectar, no lo expresaría al menos; Alec estaba a la defensiva, pero no era culpa del muchacho: estaba herido y esa era la forma que había adoptado para protegerse a sí mismo, podía entenderlo, suponía que era la forma que le había funcionado para defenderse de Sebastian.
- Al tiempo en que no te habían lastimado – Dijo – Desearía haber estado ahí para ti Alec, haber sido suficiente para evitarte todo esto, todo cuando sufriste.
Alec bufó; eso era realmente lo que más le enfurecía: que todos asumieran de entrada lo peor de Sebastian y su estancia con él.
- Ustedes no dejan de repetir "cuanto sufrí" ¿Lo saben acaso? – Le espetó – Podría ser el mejor momento de mi vida o el peor infierno pero no lo sabrán porque no les interesa saber.
- Alec no…
- ¡Ni siquiera se han dignado a preguntarme! – Hizo constar - ¿Cómo pretendes venir a hablarme de una relación que se terminó hace semanas cuando no confiaste en mí? ¿Cómo intentas recuperar algo cuando no eres capaz de saber cómo me siento? Solo supones pero no sabes nada de cómo me trató Sebastian – Le espetó – Como eran las noches en su habitación.
Magnus hizo un ruido estrangulado y Alec suspiró intentando tranquilizarse. Adoptar una actitud hostil no era su mejor jugada aun, cuando no sabía cuándo podría salir de ahí; tenía que calmarse, había otros papeles que podía jugar, el de víctima, por ejemplo.
-¿Cómo crees que me siento Magnus? – Su tono bajó se volvió casi un susurró apagado – Cuando te veo sabiendo lo que tuve que hacer con Sebastian. Debo darte asco.
- ¡No, no Alec, nunca! Nunca podría…- Magnus se acercó a él; su mano ensortijada como acostumbraba a estar, acarició el rostro de su Nefilim, su pulgar delineando sus pómulos con tanto cuidado que parecía temer romperlo – Nunca podría verte con algo diferente a amor, Alexander- Intentó replicar pero Magnus no se lo permitió – Me muero sin ti Alec, me muero de la forma más lenta y dolorosa; me muero cada segundo que te veo de esa manera, en que las circunstancias te han cambiado. Sé que es mi culpa; desde el principio no debía haber hecho esas pociones pero va más allá, no debí dejarme llevar aquella vez, un buen novio se habría dado cuenta de la droga de hadas, debí escucharte y no ser tan testarudo – Su voz se volvió ahogada mientras las lágrimas inundaban su rostro - Solo fui egoísta: preocupándome porque se rompiera mi corazón solo rompí el tuyo.
- Magnus…- Susurró Alec. Magnus notó por un segundo el brillo en su mirada azul como el mar; como si hubiera logrado despertar algo en ese par de zafiros que estaban apagados, aunque solo durara unos pocos segundos.
-Te amo Alexander Lightwood – Susurró. Se había acercado a sus labios casi sin notarlo y sus palabras rozaron los labios del chico antes de que lo hicieran los propios en una caricia cargada de amor.
Alec se desconcertó y por un segundo se imaginó correspondiéndole. Él había amado a Magnus, y hacía semanas, quizás días, habría deseado ese beso por completo; pero justo ahora en lo único que podía pensar era en Sebastian y su amenaza "Si me engañas con Bane les arranco la cabeza" y cuan absurda le parecía ¿Había siquiera alguna posibilidad?
El brujo sintió la rigidez en los labios de Alec, desanimándose un poco; quizás lo había presionado muy pronto. Estaba por separarse del pelonegro cuando Alec simplemente lo apartara de si con un puñetazo. Magnus cayó al suelo con una mano en su mejilla, mirando a Alec con incredulidad, este en cambio lo observaba con sus dos zafiros refulgiendo de enojo.
- Escúchame bien brujo porque no te lo voy a repetir – Él había querido mantener toda esa farsa pero el brujo lo había colmado - Yo jamás estaría contigo de nuevo ¡Jamás!
Magnus abrió la boca, quizás para decir algo, quizás no, en cualquier caso no lo sabrían: un estruendo descomunal se escuchó desde la entrada del instituto y el piso vibró bajo sus pies.
Alexander sonrió ampliamente al darse cuenta de lo que ocurría, mientras que el brujo se incorporaba a prisa. Desde la ventana se observaba un resplandor anaranjado y se escuchaba el crepitar del fuego. De sus palmas brotó fuego azul; no había que ser un genio para saber lo que ocurría: estaban atacando el instituto y si Sebastian venía por Alec, estaba dispuesto a destruirlo por completo.
- Vamos Alec, te sacare de aquí– Dijo de inmediato disponiéndose a salir: Alec no estaba preparado para una batalla y tenía que sacarlo para crear un portal, lo enviaría al departamento de Catarina donde estuviera seguro. El pelonegro fue tras él, alcanzándolo antes de que pudiera llegar a la puerta, y para la sorpresa de Magnus, le tomó de la parte de atrás de la camisa y con un rápido movimiento barrió al brujo con un golpe fuerte contra el piso.
Magnus se mostró aturdido en un principio. Las llamas en sus manos habían desaparecido y sus pupilas gatunas estaban contraídas en dos finas rendijas debido al dolor.
- ¿Qué demonios? – Masculló.
- Se acabó el juego y tú no estás invitado a la reunión familiar Bane - Escupió Alec con todo el odio que había estado conteniendo. El brujo se desconcertó a la par que otro estruendo se escuchaba desde el piso inferior.
- ¡Están atacando el instituto! - Gritó desesperado; incorporándose.
- ¿Oh, en serio? - Se burló Alec atacándole con un golpe, Magnus se colocó ambos brazos en frente logrando bloquearlo pero ya el Nefilim había lanzado otro golpe que le sacó el aire al brujo. Magnus retrocedió un par de pasos con una mano en su abdomen, mirando al chico como a un completo desconocido, sin entender.
- ¿Que estás haciendo? Garbanc...
- Me tienes harto brujo – Le espetó interrumpiéndolo – Harto de tus estúpidas preguntas, y tus ridículos motes.
- Alexander…
- Y por sobre todo me tienes harto de creerte con el derecho a llamarme por mi nombre – Escupió realizando un salto que culminó en una patada; Magnus lo esquivó pero el Nefilim se enzarzó en una series de ataque que el brujo no sabía cómo responder: él no era bueno en el combate cuerpo a cuerpo y no se atrevía a hacerle daño a su Nefilim con magia.
Una patada doble impactó al brujo en el pecho. Magnus sintió como el aire quedaba atrapado en sus pulmones; estiró las manos para aferrarse a algo antes de caer tomando la pechera de la camisa de Alec y con ella una cadena que se rompió.
El brujo cayó al suelo. Intentando enfocar la mirada en lo que tenía en sus manos, horrorizándose por completo mientras veía a Alec: era el anillo Morgenstern.
Por un segundo fue como si el tiempo se detuviera y el entendimiento golpeara a Magnus; y por ese segundo deseó con todas sus fuerzas que no fuera verdad, no podía serlo.
- ¡Esto es mío! - Rugió Alec arrebatándole el anillo.
- Tu... no… Alec…- Tosió - Entregaste a tu familia a Sebastian - Dijo con voz ahogada entendiendo. Alec sonrió de lado era una sonrisa que Magnus nunca había visto en su novio: había tanto odio en ella que no lo reconocía; ese no era su Alexander.
- Mi única familia es Max - Dijo viéndolo con superioridad y agregó - Y Jonathan va a reunir a estos Nefilims con él.
- Sebastian mató a Max – Intentó hacerlo entrar en razón pero no pudo seguir por la tos que le sobrevino – Tienes que luchar contra lo que sea que te esté haciendo Alec, tienes que…
- ¿Lo que me está haciendo? Me hace el amor - Magnus lo miraba horrorizado desde el suelo; Alec rio con sorna – Oh vamos, no me mires así; no puedo creer que no lo supieras ya: Seguro la perra de Seelie les habló de mí en el juicio.
Magnus negó, quería negarse a lo que estaba viendo, a lo que escuchaba. Todo eso tenía que ser una maldita broma, una pesadilla. Alexander era un Nefilim bueno, él no sabía mentir, él jamás traicionaría a su familia, él nunca se aliaría con el asesino de su hermano.
- Ustedes los Lightwood siempre han tenido gusto por lo demoniaco – Susurró aun cegado por la incredulidad intentando levantarse - Pero es tu familia Alec.
- Los Lightwoods – Repitió Alec acercándose a Magnus y sentándose a horcajadas sobre su abdomen impidiéndole que se incorporara de forma que con sus rodillas inmovilizaba las manos del brujo – Cuando esto termine, me asegurare de cambiar ese asqueroso apellido – Se colocó el anillo en su dedo anular de la mano izquierda de forma que Magnus pudiera verlo bien – Alexander Morgenstern ¿Te gusta? – Preguntó con sorna cerrando el puño y tomando impulso para golpearlo con todas sus fuerzas. Magnus cerró los ojos y una lagrima se escapó de ellos, con todos los problemas que causó su inmortalidad en su relación, cuan irónico sería morir primero y a manos de Alec; en cualquier caso, si eso sería lo último que vería, no quería verlo, quería llevarse la imagen de su verdadero Alec y no de esta extraña parodia a la que Sebastian le había lavado el cerebro.
_OO_OO_OO_
El beso en la serie era demasiada felicidad, tenía que venir yo a angustiarlas xD
Realmente Alec está irreconocible D: pobre Magnus ¿Realmente morirá a manos de su Nefilim? ¿Este podría siquiera intentar matarlo? D: y Raphael Y_Y oh mi Raphael u.u juro que no quería matarlo, de hecho una vez les dije "matare a casi todos los que mueren en CoHF" porque pensaba dejarlo con vida, pero me di cuenta que me sirve más muerto Y_Y no tienen ni idea como me costó y me dolió hacerlo :´( y encima atacan Idris D: ¿Oh Alec, que has hecho?
Bueno, ya todo está en marcha, el próximo capítulo, como sospecharan será "Bajo Ataque" no hay que explicar mucho de que va ¿No? ;) y si lo quieren rápido tenemos que llegar a los 300 reviews!... emp…vale, vale, es joda xD
Nos leemos pronto
Besos :3
P.D.: En serio ¿Cómo la escena de un beso puede ser tan perfecta? *w*
