Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer y la historia pertenece a la gran She Isn't Here, yo sólo traduzco.
Aviso: La siguiente historia es rated M, tiene contenido sexual, violencia y mal lenguaje.
Gracias, gracias gracias! Agradezco cada uno de sus comentarios, alertas y favoritos. Gracias por leer, bienvenidos a los nuevos lectores. Disfruten del capítulo...
Ménage
Capítulo 21 – Sabiendo que ella estaba allí todo el tiempo
Esme no se consideraba una mojigata. Ella no era particularmente religiosa o prejuiciosa, pero tenía su moral, y les había inculcado lo mismo a sus hijos. El sexo no era necesariamente algo sagrado en su mente, pero ella creía firmemente que las personas sólo debían tener relaciones sexuales cuando estuvieran enamoradas. Ella disfrutaba del sexo, y no se avergonzaba de ello. Su madre, Martha Platt, la había criado en una familia estricta y religiosa. Ir a la iglesia cada domingo o te ibas al infierno, las relaciones sexuales premaritales estaban condenadas a una eternidad de fuego y dolor. Si maldecías, había que rezar de rodillas para pedir perdón y morirse de hambre durante dos días para expiar la culpa. El maquillaje estaba prohibido, incluso las horquillas le fueron prohibidas. La vanidad era un gran pecado. La belleza era pecadora, y Esme tuvo la desgracia de ser bastante bella. Su madre la había llamado prostituta en más de una ocasión.
El padre de Esme, Roger Platt, era un buen hombre. Esme se preguntaba cómo un hombre agradable, saludable como él terminó con semejante perra (y Esme nunca oró pidiendo perdón por usar esa palabra. Martha era una perra, y eso era todo). Él y Esme eran cercanos, y él era el policía bueno de la policía mala de Martha. Eran camaradas que luchaban contra la misma persona. Fue una pena que sus padres no creyeran en el divorcio. El divorcio era equivalente a darle puñetazos a Dios en el rostro, o eso decía su madre. Era una imagen ante la que Esme no podía evitar reír.
Roger fue el que más sufrió. Estaba atrapado y enamorado, lo que era una cosa terrible para estar cuando te casaste con la mujer equivocada. Esme sintió pena por él, y ella se enojó por él. Él estaba enamorado de una mujer llamada Ana, una mujer divorciado con dos hijos de los que Esme era amiga. Él la conoció cuando Nina, su hija, fue a la casa Platt. Ella fue a recogerla, y Roger fue el que la recibió en la puerta. Comenzó como un capricho, y semanas más tarde estaba completamente enamorado. Nunca tuvieron un romance. Ana ni siquiera fue consciente de sus sentimientos. No estaba destinado a ser.
Ana se mudó, eventualmente, y Esme vio la angustia de su padre. Estaba devastado. Martha no era la más sabia. Ella era la mujer más fría, en opinión de su hija, y le habría hecho la vida diez veces peor a Roger si hubiera sabido que él estaba enamorado de la bella pecadora Ana Bloom.
Cuando Esme tenía dieciocho años, empezó la universidad. Meses más tarde conoció al que pronto sería su marido Carlisle. Él era perfecto para ella, pero se mostró cautelosa. Él podría ser demasiado bueno para ser verdad. Elle podría terminar como su padre, pero Esme no estaba en contra del divorcio, y ella estaba decidida a ser feliz con su vida. Al final resultó que Carlisle era perfecto, y ellos eran perfectos juntos. Se casaron temprano. Él se convirtió en médico y ella en decoradora, (una profesión que su madre consideraba era para una puta inútil), y tuvieron tres hijos hermosos.
Su madre murió cuando ella tenía diecinueve años. Un ataque al corazón. Esme no podía decir que la echaba de menos, pero si que echaba de menos a la madre que Martha Platt nunca fue. Esme sabía que cuando ella se convirtiera en madre, ella amaría a sus hijos de la forma en que su madre nunca lo hizo, y los trataría de la manera correcta.
Cinco meses después de la muerte de su madre, su padre la llamó con algunas noticias.
Él se iba a casar. Esme se quedó atónita. ¿Ya había conocido a alguien? ¿Después de un terrible matrimonio de veintitantos años, él estaba dispuesto a darle otra oportunidad? Tenía que conocer a esa mujer y asegurarse de que su padre no estuviera cometiendo un gran error.
El día llegó a su encuentro, ¿quién era la que hacia que el rostro de su padre se volviera rojo y el corazón le latiera más rápido que nunca? Bueno, era Ana Bloom, ¡por supuesto! Roger se mantuvo firme en la búsqueda de la mujer a la que no veía desde hacía cinco años. Tomó algún tiempo, pero lo consiguió. Ana no siempre había estado enamorada de él, pero admitió que tuvo un pequeño flechazo. Habían sido amigos y ella le había admirado demasiado para un hombre casado. Se había sentido aliviado cuando se mudó. Si ella llegaba a conocerlo mejor, le dijo una vez a Esme, ella habría caído de cabeza por él y el dolor habría sido fenomenal.
Esme estaba encantada por ellos. Y, como nota al margen, Nina y Nathan Bloom ahora eran sus hermanastros. Era curioso como las cosas salieron tan bien.
Años más tarde, cuando se descubrió que su sobrina Alice era psíquica, todo el mundo se mostró escéptico. Era difícil argumentar cuando la niña estaba bien con todas las predicciones. La gente tuvo que revaluar sus creencias y dejar de lado su forma más lógica de pensar y considerar que una cosa tan extraordinaria no sólo era posible, sino que estaba justo frente a sus caras. Alice era psíquica, y ese era un hecho. Cualquiera que dudara de ella cambiaba pronto de opinión.
Así que cuando Edward le habló del alma gemela que su prima había previsto para él, Esme estuvo feliz. Ella deseaba que todos sus hijos pudieran ser tan felices y afortunados en el amor como ella.
Cuando a Emmett se le escapó que Alice le había dicho lo mismo, no estaba segura de qué pensar. Su primer pensamiento fue que ella les había dicho a todos sus hijos que tenían almas gemelas. Entonces otra idea se le ocurrió de la nada. Era imposible. No sabía por qué había pensado en eso. ¿Una mujer para ellos tres? No, eso no podía ser. Entonces enfrentó a Jasper. Él dijo que Alice no había mencionado nada al respecto. Esme no le creyó, pero ella no quería fastidiarle. Él estaba avergonzado, obviamente, y era personal. Si él realmente tenía un alma gemela, entonces eso era genial, ella estaba muy emocionada.
Pero la otra imposible posibilidad se escondió en el fondo de su mente. Simplemente no había manera…
Ahora había una chica y una cama tan grande como una casa. Esme lo sabía. Era un presentimiento. Carlisle estaba pensando en lo mismo a su lado. Lo habían discutido unos años antes. Ella había estado renuente a abordar el tema, pero cuando su marido comentó sobre las inexistentes vidas amorosas de sus hijos, tuvo que decirle. Era extraño, él dijo, pero explicaba mucho. Edward fue el que menos les sorprendió. Él era más sensible y casi asexual, y ni una sola vez mostró interés en las niñas. Jasper era más o menos lo mismo. Él era callado y bastante introvertido. Si había alguien que ellos esperaban que persiguiera a las chicas, era Emmett. Él era revoltoso como un niño, y tenía un montón de energía en su adolescencia. Tenia un gran sentido del humor y todo el mundo lo amaba, incluyendo las chicas. Pero él no tuvo una cita.
Sí, esta chica a la que Edward se aferraba en proteger era ella. Era evidente por los chupetones que adornaban su cuello.
Emmett no era ciego a la tensión que había. Vio cómo sus padres estaban atónitos, y honestamente no sabía como abordar el tema de Bella. No habían hablado realmente sobre lo que iban a decirles a sus padres cuando llegara el momento, y ahora aquí estaban.
Maldición.
Los hombres que llevaban la cama estaban esperando una respuesta, ajenos a las implicaciones que dicho colchón había traído con él. Bueno, ellos habían pensado que era extraño…
-Les mostraré.- Jasper se ofreció, encontrando el incómodo silencio intimidante. Necesitaba un minuto o dos para pensar en algo que decir.
Carlisle y Esme lo vieron desaparecer en la casa mientras los hombres luchaban para meter el monstruoso colchón.
-¿Cómo estuvo Italia? ¿No están cansados?- Emmett esperaba distraerlos, pero era poco probable. Así que se lanzó para otro abrazo. No la había visto a ella ni a su padre en qué ¿dos meses? Los extrañaba. Y él estaba preocupado por sus reacciones.
-Italia fue genial, Emmie. Pasamos un tiempo maravilloso.- Contestó Esme con una sonrisa forzada, incómoda. Ella seguía mirando de reojo a la tímida chica.
-Es tan bueno verte, mamá.- Edward se acercó despacio, tirando de Bella detrás de él. Se dio cuenta de su error, pero viendo que sus padres lo hacían feliz y estar cerca de Bella lo hacía estar en éxtasis, ¿por qué no unir los dos? No estaba pensando.
-A ti también, Edward.- él le dio un beso en la mejilla.
-No tenían que venir hoy, mamá.- él dijo. –Deben de estar cansados después de ayer.-
-Bueno, no hemos podido resistir.-
-¿Me trajeron algún regalo, papá?- preguntó Emmett.
Carlisle se rió. –Teniendo en cuenta todos los lugares en los que tu madre compró, puedes apostarlo.-
-No fueron tantos.- Esme objetó.
-Mi tarjeta de crédito está llorando.-
Edward se rió entre dientes. –¿Contentos de estar de regreso?-
-Como siempre. Me encanta viajar, pero es agotador. Quiero mi propia cama al final del día.- Él miró a Bella, luego a Edward expectante.
Edward no quería mentir. Ella no era sólo una amiga o una invitada temporal. Ella no era sólo su novia. Siendo sus padres tan amables y cariñosos, ¿lo iban a entender?
Carlisle decidió presionar al ver la vacilación de su hijo. –Entonces, ¿quién es esta encantadora jovencita?-
Bella se quedó helada. ¡Mierda! ¿Debía decir algo? Hola, soy compañera de cama de sus hijos. Gusto en conocerlos.
-Esta…esta es Bella.- dijo Edward, tratando de parecer fuerte y confiado y no ansiosos en lo más mínimo.
-Encantado de conocerte, Bella.- Carlisle le tendió la mano. Bella reunió todo el coraje que tenía y puso su mano en la suya.
-Encantada de conocerlo, doctor Cullen.-
Carlisle se quedó desconcertado. ¿Así que ella sabía que él era doctor? Curioso. Él dio a Edward una mirada astuta, haciéndole saber que estaba sobre él.
Edward entrecerró los ojos.
Esme se estaba impacientando. Su nombre era Bella, ¿y…?
-Soy Esme.- Ella metió su mano frente a Bella, sin querer parecer abrasiva pero saliendo de esa manera.
Bella se resistió. –Oh, encantada de conocerle, también, señora Cullen. He oído hablar mucho de usted.- Acerca de como se convertía en hombre lobo una vez al mes, pero no importa.
-¿Vives por aquí?- Esme estaba en modo de madre protectora, pero no tenía la intención de asustar a Bella. Simplemente quería saber más de ella. Asegurarse de que ella no fuera un fraude.
-Sí, ella vive muy cerca.- Emmett contestó, lanzando un brazo alrededor de los hombros de Bella. No había manera de que su madre hiciera a Bella retorcerse, no importaba lo buenas que fueran sus intenciones.
Jasper caminó rápidamente de vuelta hacia ellos, con las manos adentro de los bolsillos del pantalón.
-¿La metieron bien?- Edward preguntó.
Jasper asintió. –Sí, les tomó algunas maniobras, pero ya está ahí. Sólo están acomodándola.-
-¿Para qué necesitan una cama nueva? Es enorme.- Esme remarcó.
Jasper cruzó los brazos sobre el pecho, menos alegre con las circunstancias actuales.
-¿Quieres un poco de café, mamá?-
Esme y Carlisle sabían que estaba evitando el tema, y ellos no hicieron el baile de la fantasía a su alrededor. Todos eran adultos y eran capaces de ser honestos con los demás, a pesar de que era incómodo.
-Jasper,- Esme estaba a puno de reprenderlo.
-Creo que tenemos que hablar.-
Él le quitó las palabras de la boca.
Otra mirada a Bella le dijo lo incómoda que estaba. Los ojos marrones de Bella parecían abatidos, y ella parecía apagada por los últimos minutos. Esme se sintió culpable. Ella no tenía la intención de hacer que se sintiera mal recibida o avergonzada. Parecía una buena chica, y si sus hijos la amaban, no debía ser mala. Aún así, tenía qye verlo por sí misma, y ella tenía que estar en la misma página que sus hijos. No más mentiras. Era cotilla de su parte, pero eran sus hijos y ella tenía derecho a saberlo.
Carlisle tenía curiosidad, pero él no tenía la imperiosa necesidad de estar al tanto cuando se trataba de sus vidas amorosas. Él estaba preocupado por ellos, siempre lo había estado, pero cuando se trataba de sexo era mejor que se mantuviera fuera de ello. Dios no permita que alguna vez le pidan un consejo sobre el asunto. No tenía ningún problema para decirles a sus pacientes acerca de los pros y contras del sexo, cómo mantenerse saludable, y las precauciones adecuadas. Pero cada vez que había tenido que darles "la charla", perdió el sentido de la palabra. A lo mejor era porque ellos eran sus hijos. Recordó el día en que cada uno de ellos nació, sus primeros pasos, sus primeras palabras. Eran sus bebés, y verlos como hombres adultos era intimidante. Esme era más tolerante que él, y tenía un enfoque más sensible a la vida. Para él, parecía que fue apenas ayer cuando estaba en la cama con su esposa concibiéndolos. Ahora ellos estaban enamorados y probablemente en camino a tener hijos propios.
Oh, así que él no tenía necesidad de ir allí. ¿Cómo funcionaba realmente? Ellos eran cuatro. ¿Iban a decidir quién sería el padre del primer hijo, luego el siguiente y así sucesivamente? ¿No les importaba a ellos?
Era alucinante. Tenía que confesar que, como médico y como ser humano, encontraba la situación fascinante. Como padre, le resultaba inquietante.
No pienses en ello.
Esperaron hasta que los hombres de la entrega se fueron. No había necesidad de ser escuchados.
Esme se sentó en el sofá, dejando su bolso sobre el regazo. Edward fue a buscar un vaso de agua para ella, a pesar de sus protestas. Carlisle se sentó junto a ella, tenso. Él observó a Bella con gran interés, tratando de ocultarlo. Ella era tan pequeña y frágil. Era obvio que sus hijos fueran protectores con ella. Jasper la tenía en su regazo en el sillón reclinable con Emmett a sus pies, Edward tomó la otra silla y la puso más cerca.
-Está bien, mamá, puedes preguntar lo que quieras ahora. Sólo se amable.- Jasper dijo.
Los ojos de Esme se ensancharon. Eso fue muy brusco por parte de él. –¿He sido descortés?-
-No, pero puedo ver que estás molesta, y no quiero que Bella se lleve lo peor al final de esto.-
-Yo…lo siento, Bella.- Esme se volvió hacia ella, sincera, sin ser cautelosa. –Sólo estaba sorprendida de verte aquí…no te ofendas, pero es bastante impactante.-
-Así que ya sabes, entonces.- Edward dijo. Él la había visto afuera y el conocimiento fue evidente. En un instante, ella había puesto dos y dos juntos.
Esme asintió. –No voy a decirles que una madre siempre sabe o que fue intuición de madre, eso sería demasiado cliché, pero he sospechado durante años. Es tan…no sé que decir. Yo no lo entiendo, pero tenía un indicio desde la primera vez que me dijiste lo que Alice te había dicho, Edward. Y luego Emmett. Nadie lo confirmó, pero tan loco como parecía, tenía un instinto al respecto. Sin embargo, no puedo decir que realmente me esperaba esto.-
-Mamá, quiero que sepas que no es algo por lo que enfadarse. Nosotros la amamos, y nunca hemos amado a nadie así. Va a tomar algún tiempo para acostumbrarse, pero espero que ustedes puedan aceptar esto. Es hermoso, lo que tenemos, y eso no va a cambiar.- Edward se acercó a ella. Había un ambiente desagradable alrededor de ellos. Él no quería que esto causara una grieta. Amaba a sus padres, y tenía miedo de la tensión familiar entre ellos. Se dio cuenta de que Bella se veía afectada por lo mismo. Esta definitivamente no era la forma en que se suponía la iban a presentar.
Bella era una estatua. Esto era demasiado personal para ella. Quería meterse en un agujero oscuro y esconderse. Ella entendía que sus padres querían saber, pero ella no estaba lista para eso, esta charla. Ella todavía no había resuelto sus sentimientos y no estaba presentable.
-Cariño, estoy tan feliz de que por fin hayan encontrado a la persona correcta. Odiaría que pensaras que no estoy de acuerdo, yo sólo quiero saber lo que está pasando en sus vidas. Y si ella es mi nueva hija, entonces sólo quiero llegar a conocerla. Por favor no la escondan de mí.-
¡Dios, estoy aquí! Esto es tan embarazoso. Ellos deberían tener esa conversación de corazón a corazón en privado, Bella pensó. Ella era una intrusa, y no tenía ni idea de cómo reaccionar ante lo que Esme Cullen estaba diciendo. Bella apenas había llegado a conocer a estos hombres, y ella quería más tiempo para prepararse para saludar y conocer a sus padres. No podía estar dándoles una buena impresión con ella sentada frente a ellos pareciendo asustada y débil. ¿Ella quería su aprobación? Sí, la quería. Ellos eran factores importantes en las vidas de sus hijos, y si pensaban mal de ella, entonces era inevitable que sus hijos empezaran a verla desde una perspectiva menos positiva.
Es una pena que no tenga nada que ofrecer.
-No la estamos escondiendo.- Emmett se apresuró a decir. Esme le dirigió una mirada significativa.
Bella permanecía en silencio, y Jasper estaba preocupado. –¿Estás bien?- Le susurró al oído.
Ella negó con la cabeza. –Esto es incómodo. ¿Tal vez podamos hacer esto en otra ocasión? Ya sabes, tener una conversación real y presentarnos correctamente el uno al otro.-
Los ojos preocupados de Jasper se suavizaron. –Por supuesto.- Le dio un beso en la mejilla antes de dirigirse a su mamá.
-Mamá ¿podemos hablar en otro momento?-
Esme lo vio venir. Fue un poco decepcionante, pero otro día podría funcionar mejor para todos. –Oh, claro.-
-Tenemos cosas que hacer de todos modos, así que deberíamos irnos.- Carlisle dijo, lo cual no era cierto, pero estaba ansioso por irse. Se levantó, tal vez demasiado rápido, pero Esme ya estaba junto a él.
-Vamos a cenar pronto.- Ella sugirió.
-Está bien.- Ellos estuvieron de acuerdo.
-¿La semana que viene o mañana? ¿Es demasiado pronto?-
No era demasiado pronto. O tal vez lo era, pero decidieron que cuanto antes se despejara el ambiente, mejor.
El domingo sería.
Ellos les acompañaron hasta la puerta, Bella deseaba que algo inteligente saliera de su boca, pero sintió que no fue la única que se quedó sin habla.
Esme frunció el ceño todo el camino hasta el coche, pensando. Se volvió hacia Bella cuando llegó a la puerta del lado del pasajero. –Bella, ¿puedo hablar contigo un momento en privado?-
-Um, claro.- ¡Oh, Dios, no!
Todo el mundo las miraba con atención mientras iban a poca distancia en donde no pudieran ser escuchadas.
-¿Creen que deberíamos intervenir?- Preguntó Emmett.
-¿Por qué? Mamá no va a decir nada malo.- Jasper respondió, pero se lo pensó mejor tan pronto como las palabras salieron de su boca.
-No quiero que Bella se ponga en un aprieto.- Edward dijo.
-Su madre sólo se preocupa por todos, eso es todo.- Carlisle le dio unas palmaditas en la espalda a Edward. –Ella se preocupa por ustedes, no importa cuántas veces le recuerden que ya son adultos plenamente capaces. Y se tienen el uno al otro. Además, ustedes saben que siempre pueden contar con nosotros si necesitan cualquier cosa, ¿verdad? Incluso si sólo necesitan hablar.-
Ellos sonrieron. –"Hablar" significa todo lo que no esté relacionado con el sexo.-
-Sí, papá.- Jasper dijo.
-¿Hay algo de lo que necesiten hablar? No hemos hablado en tanto tiempo…-
De inmediato los tres se sintieron culpables. Siempre estaba James. No estaban seguros de si eso sería hacer el bien o simplemente haría daño. Ellos no querían poner a su papá en esa posición. Podría ser que se sintiera con la obligación de llamar a la policía, o peor aún, enfrentarse a él. No era de ese tipo, por lo general. Carlisle no era presa fácil o un debilucho, pero prefería no confrontarse a menos que fuera estrictamente necesario. La violencia hacia las mujeres y los niños era la excepción. Si había una cosa que él no podía soportar, era eso. Como médico, esposo y padre repudiaba la violencia.
Así pues, debían guardar silencio sobre James Mercury.
-Me disculpo por haber venido tan fría o dura.- Esme le dijo a Bella.
-No lo hiciste. Entiendo que quieras protegerlos, no me conoces ni sabes de mis intenciones. Yo estaría haciendo preguntas, también.- Bella le dio una pequeña sonrisa, pero por lo demás ella estaba lista para irse.
-Puedo preguntar…¿cuántos años tienes?-
Bella no esperaba esa pregunta. –Dieciocho.- Era joven, se daba cuenta, sobre todo en comparación con Jasper, quien tenía veintiséis años, y Edward que tenía veinticinco años. Emmett tenía casi veinticuatro años. Bella era casi una niña de acuerdo a algunas personas.
-¿Dieciocho?- Al menos ella es legal. Ella no se sorprendió. Bella parecía joven, y ella temía que fuera demasiado joven. Dieciocho era aceptable. Apenas.
-¿Qué piensan tus padres sobre esto?-
Bella odiaba esa pregunta, pero era previsible. Miente, miente, miente, miente.
-Están muertos.-
Esme inmediatamente se arrepintió de preguntar. –¡Lo siento mucho, Bella! No tebía idea.-
-Está bien. Estoy segura de que si estuvieran vivos tendrían sentimientos similares a los tuyos.-
-Bella, sólo necesito procesarlo. Estoy realmente feliz por eso, si mis hijos son felices y tú eres feliz. Espero poder llegar a conocerte mejor.- Esme sonrió suavemente. Era un comienzo. Habían empezado con el pie equivocado. –Bueno, ahora que parte de la incomodidad ya está fuera, creo que me voy. Entonces, ¿nos vemos mañana para la cena? ¿Alrededor de las siete?-
-Suena muy bien.- Bella le dio la mano, pensando en lo formal y rígido que era ese gesto. Era un poco pronto para abrazar. No sabía si ella les había caído bien, sin embargo, pero Bella podía ver que Esme era una mujer que cualquiera querría como madre. Eso no significa que Esme la vería a ella como una hija o incluso verla en ese sentido.
Todo el mundo dijo adiós, Bella aceptó la mano que le tendió Carlisle como lo había hecho con su esposa. Él estaba más incómodo que nadie, pero él era un hombre pensador y un profundo observador. Había estado viendo a Bella, y fue golpeado por algo curioso. Había algo en ella…no podía precisar con exactitud.
-Bella ¿nos hemos visto antes?-
Eso sorprendió a todos. Jasper, Edward y Emmett miraron a Bella y a su padre confundidos.
Bella dejó caer su mano. –No, yo no lo creo.-
-Me pareces tan familiar. ¿Has estado en el hospital? Tal vez te vi allí.-
Bella se armó de valor. ¿De qué estaba hablando? Ella no lo recordaba. Nunca había estado en el hospital, tampoco. Pero si él la había visto, ¿qué significaba eso?
-No, yo nunca he estado en el hospital. Probablemente estás pensando en alguien más.-
Carlisle se echó atrás. –Oh…bien.- Pero estaba seguro de que él la había visto en alguna parte.
Se hizo el silencio después de que ellos se fueron. Edward la miraba como si ella supiera de qué se trataba todo eso, pero no lo hacía. Sin embargo todos se estaban preguntando lo mismo: ¿dónde había visto Carlisle a Bella?
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Hola! ¿Qué les pareció? Bueno, para empezar vimos un poco de la infancia/adolescencia de Esme y creo que entendemos mejor su carácter jajaja ¿cómo vieron el encuentro entre Bella y sus suegros? ¿fue lo que esperaban? sólo sé que la pobre Bella lo pasó fatal jajaja Ahora van a tener una segunda oportunidad para conocerce mejor, ¿creen que les vaya mejor que en esta? Lo que me lleva a la última pregunta, ¿dónde creen que Carlisle haya visto a Bella? o ¿estará equivocado? Espero sus comentarios y teorías, no duden en preguntar si tienen alguna duda o sugerencia.
Ahora, si estás leyendo esto, ¡entonces el mundo no se acabó! Podremos llegar al final de la historia! Jajajaja. No, hablando en serio, publicaré como siempre cada martes aunque sea 25, pero desde ahora quiero desearles una Feliz Navidad y que tengan unas felices fiestas en compañía de sus seres queridos, un fuerte abrazo para todos.
Nos leemos el martes, que tengan excelente fin de semana.
¡Saludos!
Kelxi Ylönen
