Espero que les guste, muchos besitos. Espero no sea un salto muy violento, pero tengo un par de cosas planificadas para ambos. Si es muy violento, lo cambio. Espero comentarios :).
Capítulo 20: Miedo
Dormir era en lo que menos pensaba, pero en aquel momento estaba tan cansado que simplemente se había dejado caer sobre la cama y cayó rendido de inmediato. Estaba exhausto de pensar en detalles sobre planes y preguntarse si cada paso que daba, era el correcto.
Y sin embargo esa noche, tenía sueños tan aterradores como no había tenido jamás. De vez en cuando soñaba con su muerte en manos de Lord Voldemort. Pero aún así, nada se comparaba con las pesadillas que tenía en aquel momento.
Minerva estaba en sus sueños y parecía en dificultades. Un mortífago que no podía reconocer, tenía su varita bajo su cuello y amenazaba con asesinarla. Estaba realmente delgada a tal punto de que podía ver los huesos de sus mejillas y sus costillas, mientras el hombre rasgaba su túnica y deslizaba sus callosos dedos por su piel.
Casi podía sentir la tensión sexual que el hombre expedía, mientras lamía su cuello de una forma que le pareció disgustante.
Despertó sobresaltado y miró a su alrededor. No, tenía que ser un sueño. En la prensa se había escrito que Minerva McGonagall era su esposa, su propiedad y que nadie debía meterse con eso o terminaría muerto. Tenía todo el derecho de matar por proteger, el señor tenebroso se la había entregado a él para que la cuidara.
"Effy, lo he estado pensando y prefiero que Minerva regrese a Hogwarts. Considero que será más seguro, si está en donde pueda vigilarla. ¿Siguen en el mismo hostal o han tenido que mudarse nuevamente?"
Dudaba que Effy estuviera siquiera despierta para leer el mensaje, pero se consideraba que escribirlo le hacía sentir un poco mejor al respecto.
- Creo que es hora de que vayamos a dormir, Effy. Siempre hay que hacerlo con un ojo abierto, vigilantes por si algo sucede. - declaró Minerva, soplando las velas en la habitación y encendiendo su varita para darle vida al fuego. - al menos espero que la nieve, detenga el paso de los mortífagos.
Effy asintió de inmediato y mientras miraba el fuego y la forma en que se movía gracias a la brisa que entraba por la única ventana, se dio cuenta de una carta que también pasó volando muy cerca de Minerva y aterrizó cómodamente sobre la cómoda junto a la puerta. Se apresuró a tomarla y esconderla dentro de sus ropajes.
- Casi olvido cerrar ésta ventana y correr las cortinas. - dijo McGonagall como si nada y Effy agradeció que no se hubiera dado cuenta sobre la carta. ¿Por qué el amo Snape escribía? ¿Qué era tan importante?
- La ama Minerva está segura. - murmuró Effy al leer la carta y Minerva alzó la cabeza de la cama en la que se había recostado, apenas mirando a la elfina, con la poca luz de la chimenea.
- ¿Dijiste algo Effy?
- No, Effy solo le desea buenas noches a la ama y que descanse. Effy va a dormir también.
Minerva miró una pequeña cama improvisada que había hecho gracias a la transfiguración y se preguntó cómo dormían el resto de los elfos familiares. Al menos estaba contenta de que mientras Effy estuviera a su lado, nada le faltaría.
- Espero que esa pequeña cama, sea suficiente.
- La ama ha sido generosa con Effy y Effy no sabe cómo pagárselo.
- Solo asegúrate de dormir bien, ya que por la mañana partiremos.
- Sí ama Minerva.
"La ama Minerva se encuentra bien. Está dormida y Effy está alerta ante cualquier ruido. La ama piensa viajar mañana nuevamente. Piensa ir hasta la casa de sus padres y refugiarse allí. Dice que nadie conoce su ubicación y que no han habido muchos reportes de mortífagos en la zona. Teme que la casa esté invadida, pero está lista para luchar. Effy le sugerirá que vaya a Hogwarts, como el amo pide".
Una respuesta que por un momento, calmó sus inquietudes pero que no alejaba las pesadillas de su mente. ¿Por qué de pronto le preocupaba lo que podía pasarle a una mujer que literalmente lo había rechazado, cuando había tratado de ayudarla?
"Señor Severus, espero que usted y Minerva se encuentren bien. Desde que se fueron de la mansión y en los términos por los que partieron, temo que algo malo pueda suceder. Si tienen algún problema, no duden en escribirnos a Robert y a mí. Las lechuzas saben cómo encontrar su camino.
Luce."
¿Problemas? Minerva no era precisamente una mujer de hablar sobre sus problemas.
- ¿Extrañar a mis padres? - preguntó Snape mientras la mujer lo miraba en el banquillo, bajo su abrazo. - nunca tuve una buena relación con ellos, para decir que los extraño.
- Lo sé pero... ¿no te sientes solo a veces?
- Siempre estuve solo, así que me acostumbré y ésto no representa ningún cambio para mí. En lo absoluto. - dijo con su cálido aliento sobre su frente, mientras la abrazaba bajo la nieve.
- Quisiera parecerme a ti, al menos en eso. - dijo la mujer, recobrando la compostura y separándose del regazo del profesor de pociones.
- ¿Qué debo entender por eso, Minerva?
- Nada realmente. Solo digo que hay rasgos de tu personalidad que detesto y otros que quizá me gustaría haber aprendido con el tiempo. Pero supongo que a cualquiera, una experiencia como la que has vivido, debe cambiar como tú lo haz hecho.
- Tengo la impresión de que una vez más, estás juzgándome. Ya no soy un niño, Minerva. Ya no me engañas.
- Por supuesto que lo sé, Severus. Hace mucho tiempo que ya no te veo como un niño. Ya no hay nada de ese niño en ti.
- ¿Por qué hemos llegado a ésta conversación, cuando solo trataba de animarte?
- No lo sé. Hay muchas cosas que hago, cuando estoy cerca de ti, que aún no las comprendo. Mucho menos lo que digo.
Una de las personas más complicadas que jamás había conocido, incluyéndose tal vez. Nunca sabía de qué humor iba a estar o con qué clase de reproche iba a salir. Minerva era una mujer muy difícil de complacer en todo sentido.
Pero las pesadillas no acabaron y se hacían cada vez más recurrentes, hasta el punto de soñar con una violación muy gráfica. Sabía de qué eran capaces los mortífagos y a qué punto podían llegar, especialmente con las mujeres. Negó con la cabeza, en medio de la cama, tratando de aclarar sus ideas.
Realmente no debía preocuparse, Minerva había dicho que no le necesitaba en lo absoluto.
En medio de la nieve, los pasos eran difíciles de escuchar. Algo se movía en dirección al hostal y el sonido se perdía en los confines del pueblo. Nada ni nadie parecía perturbar el tan preciado sueño en el que al fin se encontraba la ex jefa de Gryffindor, siquiera la puerta de la habitación abriéndose de par en par.
Solo Effy se había percatado de ello, pero ya era demasiado tarde y había caído en el suelo. Atada con cuerdas mágicas, la arrastraban fuera de la habitación y regresaban por más. Mirando a su alrededor y percatándose de la figura en la cama.
Una completa victoria, que se tratara de una mujer.
- ¡Maldición! - masculló Snape, en medio de otra pesadilla que tuviera que ver con ella. - sabía que no debí haberla dejado ir.
Se sentó en la cama y meditó la mejor opción para su sanidad mental. Podía rastrear la carta y aparecerse en la última locación donde había sido escrita, violar su código y decir la verdad sobre haberla estado siguiendo por días, a través de Effy. Podía atarla y hacerla volver contra su voluntad o podía quedarse allí sentado y consumiéndose como un idiota, pensando en ella.
Decidió que aparecerse y al menos asegurarse de que estuviera bien, iba a resultar. Se levantó de la cama y hurgando en el escritorio de la habitación, por su varita, tomó la carta y la golpeó con energía.
- Muéstrame la ubicación correcta.
El pergamino se iluminó sin chistar y muy pronto se encontró viajando a través del tiempo y el espacio, en una marejada de colores y ambientes.
Aterrizó muy pronto y miró el lugar. La chimenea estaba apagada y por el aroma, parecía que había sido recientemente. Los troncos parecían haber sido pateados y al inclinarse para tocar las cenizas, aún estaban tibias. Algo no andaba bien.
Miró a su alrededor y se dio cuenta de que la habitación estaba vacía. Quizá Effy le había mentido, puesto que Minerva se había dado cuenta de que le espiaba o tal vez porque no quería que le hiciera daño a su preciada ama y había enviado un mensaje falso para confundirlo.
Las sábanas de la cama, estaba en el suelo y Minerva no huiría, dejando la habitación hecha un desastre. A no ser que tuviera que haber huido rápidamente, algo no concordaba con los que estaba mirando.
Su baúl. Por qué sus cosas seguían en la habitación, si habían huido. No tenía sentido en lo absoluto y de pronto, temió que sus sueños comenzaran a convertirse en realidad y tan pronto.
- ¿Effy? - preguntó de inmediato y miró a su alrededor una vez más. Había marcas en el suelo, como si algo o alguien hubiese sido arrastrado. Se inclinó para mirar con sumo detalle, iluminándose con la varita.
Si la varita lo había conducido a aquella habitación, significaba que Effy había escrito la carta en aquel lugar. Temía que sus teorías se hicieran realidad.
Caminó en dirección a los armarios y miró dentro. No parecía haber nada sospechoso y tampoco en los baúles de la mujer. ¿A dónde podían haber ido?
- ¡Effy perdió a la ama Minerva, Effy debe escribirle al amo Snape cuanto antes! ¡Esto es muy grave, Effy no puede perder tiempo!
Escuchó la voz de Effy en el piso inferior y se dio cuenta de que la elfina estaba en medio del recibidor de la posada. Tenía grandes lágrimas en sus ojos y una mujer mayor, que le dio la impresión de que era la casera, trataba de consolarla.
- Effy. - dijo Snape de inmediato y la elfina, al verlo, corrió escaleras arriba.
- ¡Amo Snape, qué hace aquí!
- Una simple corazonada. - tuvo que admitir y observó a la elfina que temblaba llena de miedo. - dónde está Minerva.
- ¡La ama Minerva ha sido secuestrada mientras dormía! Effy no pudo hacer nada, los mortífagos ataron y amordazaron a Effy y a la gente que trabaja en el hostal. ¡Effy no se percató de nada, los magos hechizaron el cuarto para que no saliera ni entrara algún sonido!
- ¿Pudiste ver cómo lucían? - preguntó Snape con gravedad, mientras el tono de su voz se hacía cada vez más bajo y trémulo.
- No, llevaban máscaras. Otra redada, ¡Effy sabía que la ama Minerva no estaba segura en éste lugar, pero ella insistió en quedarse una noche más!
- ¿Y acaso esos inútiles no leyeron el artículo en el maldito Profeta, constatando que secuestraron a mi esposa?
Parecía que no y además, parecía que tenía un obstáculo en su camino.
